NUEVA VIDA
El sol ascendía con tranquila naturalidad, apenas y se veían los primeros rayos de él en la mañana. El cielo despejado mostraba un alegre azul oscuro que se aclaraba con cada minuto. Algunas aves comenzaban a emitir su canto alegre y el último de los cazadores nocturnos se acurrucaba en su guarida buscando protección.
En la plaza del pueblo, la chica dormía plácidamente en el suelo, la banca que alguna vez fue su aliada, demostraba con marcas en la misma la lucha de la chica por acomodarse en dicho mueble. Un pequeño cachorro corría libremente por la plaza, se divertía siguiendo a una mariposa. Fueron los alegres ladridos del can los que terminaron con el letargo de la joven: Dio un gran bostezo mientras se sentaba y, acto seguido, estiraba los brazos para disminuir el dolor que sentía a causa de la dura superficie donde durmió.
El pequeño cachorro se acercó corriendo a la chica lleno de júbilo y, a través de un salto, pidió algunas caricias a su nueva compañera, la cual cumplió amable.
– Buenos días, pequeño – dijo ésta con una gran sonrisa. El pequeño can ladró alegre y se apartó un poco moviendo la cola. –Veamos si hay algo para comer. – siguió diciendo la chica, recibiendo un ladrido de aprobación.
Dando una breve caminata llegaron a la iglesia del pueblo, aquel terrible y escalofriante edificio mostraba alegres colores desde su ventanal, dando una apariencia mucho más amigable. Las enormes puertas abiertas dejaban ver un enorme espacio interior con algunas bancas de madera clara, bastante sencillas.
– Buenos días, hija mia – dijo una voz, al fondo, en realidad fue más un bostezo que palabras
– Hola– contestó ésta. – Buscaba ayuda para encontrar una dirección.
El hombre se acercó y la chica notó que se trataba de un pastor, el rubio hombre lanzo una mirada confusa ante la extranjera, no debía tener más de 35 años, pero la piel clara y el alegre rostro le confiaban juventud adicional. La chica, atónita, revisó su bolsillo y sacó aquel anuncio arrugado.
– Buscaba este lugar – dijo la chica señalando la publicación.
El pastor miró detenidamente el viejo papel y levantó la mirada para contestar.
– Es de la granja de Pete– sentenció. – No sabía que buscara ayuda.
– ¿Granja? – dijo desilusionada la chica. – Pensé que sería algo mejor. – añadió
– Uno no debería menospreciar el campo – dijo paternal el hombre. – El señor nos otorga el regalo de los cultivos y depende de nosotros ayudar a su creación y regocijarnos con el fruto de su tierra.
La chica bajó la cabeza en señal de arrepentimiento, el hombre sintió su perdón y en religiosas palabras otorgó absolución para su anterior comportamiento aparentemente negativo.-
– ¿Puede decirme donde está la granja? –
– Está al sur del pueblo, en el otro extremo. Pero Pete no se encuentra, creo que se fue a la ciudad. – respondió el pastor
– El alcalde – dijo un muchacho, que hasta el momento permanecía al margen de la conversación. – Jack le dijo al alcalde que contratara a alguien.
– ¡Es cierto! – dijo maravillado el responsable del edificio. – Ve a ver al alcalde, si aun quieres el trabajo– dijo un poco cabizbajo.
La chica se mostró pensativa un momento, luego miró al muchacho; un joven un poco menor que ella, con andrajosa vestimenta, su castaña melena estaba mejor aseada que su atuendo, pero un apuesto rostro claro dejaba en claro que era posible confiar en él.
– ¿Podrías llevarme con él? – preguntó la chica.
El chico no contestó, sólo se limitó a asentir con la cabeza.
– Todo arreglado. – dijo con una gran sonrisa el pastor – Pero primero lleva a la chica a desayunar algo – dijo buscando algo en su túnica. – Su estómago no para de gruñir
La chica acercó sus manos a su abdomen y se sonrojo ante el comentario. El muchaho miró con desgana la situación y acepto las monedas que el pastor le ofreció. Salió con un tranquilo paso del lugar con un fastidio mal disfrazado dibujado en su cara.
– Muchas gracias, mi señor – se despidió la chica.
– ¡Oh! – respondió éste con una risilla. – Por favor, llámame Carter.
– Mucho gusto, mi señ… digo, Carter –
A pocos metros, el muchacho esperaba a su compañera, la chica Salió apurada en busca de éste, pero tropezó con su nuevo cachorro, el pobre animal chillaba por el dolor y corrió a perderse en unos matorrales cercanos; la chica, que cayó con la cara en el suelo, se acariciaba la nariz, comprobando así que no tenía ningún daño mayor.
– ¿Estás bien? – dijo el muchacho con la preocupación marcada en su rostro.
– Sí, claro – respondió
El muchacho se agachó junto a la sentada chica y se acercó a revisarla. La chica, con atónita incredulidad, miraba a aquel joven amargado que ahora se preocupaba por ella.
– Vamos te llevaré a la posada – dijo el chico mientras la ayudaba cuidadosamente a levantarse.
Ella contemplaba al paternal muchacho y no pudo evitar sonrojarse cuando éste le dedicó una suave sonrisa. No habían recorrido mucho terreno, cuando una joven mujer se acercó a ellos, su tenso y delgado cuerpo avanzaba con rapidez, y su rostro pecoso denotaba la furia que sentía. Ante tal imponente persona, la joven herida retrocedió unos pasos, pero la agresora fue detenida por el muchacho.
– Tranquila – decía éste. – Esto es cosa del Carter
– No me vengas con cuentos – farfullaba ésta. – ¿Quién es ella? – gritaba con furia
El joven se sorprendió al percatarse que no lo sabía, expreso su ignorancia pero la chica se enfrascó aún más en su drama. El chico no hallaba como calmarla y la agresora adquiria un tono cada vez más rojizo en su piel casi concordando con el tono de su adornado cabello.
– Soy Claire – Dijo asustada la extranjera ante tal demostración de ira. – Vengo por el trabajo de la granja
La agresora pareció calmarse un poco. Giró la cabeza para cruzar la mirada con el muchacho, el cual asintió.
– Carter me dijo que la llevara a la posada – añadió
La pelirroja enfriaba su cabeza a medida que la situación se aclaraba. Claire se acercó un poco a la pareja y con tranquilidad en su voz terminó de explicar sus intenciones en el pueblo a la pequeña mujer, ésta terminó con su ira y se mostró como la mejor y más alegre de las personas, algo a lo que por supuesto el muchacho ya debería estar acostumbrado, pues no mostraba emoción ante el drástico cambio de personalidad.
– Me llamo Ann – dijo la bipolar chica. – y él es mi novio
– Cliford – Añadió el castaño. – Puedes llamarme Cliff – La chica lanzó una fulminante mirada a su pareja, pero él ni se inmutó
– No importa, ya te he perdonado – continuó la pelirroja. – Ibas a la posada, ¿cierto?
– Sí – respondió la foránea con la confusión reflejada en su rostro.
– Mi Cliford siempre lleva a los turistas a la posada – añadió al notar la curiosidad de su nueva amiga. El muchacho se sonrojó un poco y no dirigió palabra alguna por el resto de la tarde.
– ¿Podrían guiarme a la posada?
– Claro – respondió la pelirroja. – Me encantaría, pero Cliff tiene que irse ya – el chico la miró confuso pero al ver su mirada supo la verdad de la situación y prefirió no arriesgarse a otro súbito cambio de actitud.
La bipolar chica tomo del brazo a su compañera y pasó el resto del camino explicándole a su nueva amiga el menú del lugar, así como su supueto regocijo al hospedarse, lo mucho que se divertirían y todo el tiempo que pasarían juntas. La nerviosa Claire descubrió algo tarde que se hospedaría toda la semana en el lugar, que tenía una nueva amiga, y que no podría alejarse de ella por una buena temporada.
