Capítulo cuatro: "Aprender a ¿cocinar? y nuevos regalos.
-Así que están juntos. -comentó el troll. En el salón del Refugio, se encontraban el topoide, el peliazul y él, comiendo y jugando videojuegos. La documentalista, por su parte, se encontraba arriba descansando, ya que había pasado una noche de insomio.
-Pronto cree que empezaron muy rápido su relación. -agregó el rastreador, mientras comía un gran bocado de papas. -¿Qué vas a hacer tú, Eli? -le preguntó a su amigo.
-No puedo decirle a Trixie lo que pienso de ella ahora, arruinaría su relación con Finn. -respondió el chico, pensativo. -Dejaré que pase un tiempo, y le diré.
-¿Qué dirás? -preguntó una voz femenina. Los tres giraron sus cuellos, y se dieron cuenta de que la pelirroja estaba allí.
-¿Hace cuánto estas ahí? -le preguntó el topoide. El ojiceleste estaba pálido. ¿Y si ella escuchó la conversación?
-Acabo de llegar. -contestó la ojiverde. -Hoy no me reuniré con Finn, dijo que tenía que juntarse con un viejo amigo. ¿Puedo jugar?
-Sí, claro. -le dijo el troll de las cavernas. El Shane no decía ni una palabra, tan solo estaba ahí, pálido, callado y mirando atentamente a la chica.
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-Y... ¡golpe final! -exclamó la camarógrafa, ganandole a el ingeniero una vez más. Este soltó un bufido y el chico rió. Al parecer, este último se había calmado un poco con respecto al momento incómodo de hace unas horas.
-¿Puedes enseñarme a jugar como tú? -le preguntó el grandote azul. ¿Cómo era que la chica le ganaba siempre en los videojuegos? Y el que creía que las mujeres no eran buenas en estas cosas...
-Jamás. -le respondió ella, con una sonrisa burlona. -¿Quieren cenar? Puedo cocinar yo, porque Pronto está en la colina topo. -por parte de sus compañeros, recibió un grito de felicidad, que la hizo brincar. Sí, la comida del topoide era mala pero... ¿para tanto? -Bien, cuando esté lista los llamo.
Al momento en que la chica se fue, el mecánico miró al peliazul.
-Te salvaste. Menos mal que no escuchó. ¿Qué hubieras hecho? -le preguntó.
-Intentaría arreglar la situación con alguna excusa. Probablemente, nuestra amistad hubiera terminado. -respondió el chico.
-Ve a ayudarla con la cena. -le ordenó su amigo azul.
-¿Qué? ¿Por qué? -le preguntó esta vez el muchacho, alzando una ceja. -No soy bueno cocinando, Kord. Lo sabes. Tan solo se hacer una pizza, gracias a Mario Bravado.
-Por eso puedes ir. Dile que te enseñe a cocinar algo simple. Aprovecha la oportunidad para estar con ella. -le ordenó de nuevo, empujandolo por los hombros "suavemente". Al ser un troll, casi tira al ojiceleste al pisó.
-¿Trix, necesitas ayuda? -le preguntó cuando llegó a la cocina, viendo como la muchacha comenzaba a sacar algunos ingredientes.
-¿A qué se debe tanta amabilidad? No quiero ser mala, pero... ustedes nunca se ofrecen a ayudarme en las tareas del refugio. -confesó la ojiverde, siguiendo con lo suyo. Sus palabras decían toda la verdad: al ser la única mujer en el grupo, sus compañeros se aprovechaban un poco de esto y ella hacía todas las tareas, cosa que le fastidiaba un poco.
-Lo siento... Por eso, también vine. Para ayudarte y para que me enseñes a preparar algo. -dijo el lanzador, apenado. -Solo sé preparar algunas pizzas gracias a Mario.
-Bien. Pronto me aviso que cenará allí, así que solo haremos la comida para nosotros tres. -comenzó ella. -Comienza a cortar estos vegetales en pequeños trozos. -le indicó ella, mientras hacía lo mismo que el Shane. -¿Sabes hacerlo, no Eli?
-Ehm, eso creo. -dijo nervioso. -¿Así?
-Sí, esta bien.
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-¡Kord, ya esta listo! -gritó la chica, llevando a la mesa los tres platos con la cena ya servida. Cabe decir, que el del troll era el más grande que todos, ya que comía el doble o el triple que sus compañeros de banda.
-Genial. -dijo el susodicho. Disimuladamente, le indicó al joven que se siente al lado de la chica, pensando que él no lo haría por si mismo, equivocandose completamente. -Wow, Trix. Está delicioso.
-Gracias. -respondió la mencionada, sonriendo. -Pero no fui la única en hacerlo. Eli me ayudó. -agregó, sonriendo de nuevo, pero, esta vez, al Shane, quien le correspondió el gesto.
En ese momento, la puerta del Refugio se abrió. No era nada más ni nada menos que Pronto, con cara de dormido.
-Pronto el Magnífico irá a dormir. -dijo. -Sus dos grandes cerebros necesitan descansar. ¡Buenas noches!
-Ehm, yo lo acompañaré. ¿No les importaría lavar? Estoy muy cansada. -agregó la chica, obteniendo por respuesta un no por parte de sus amigos. Les dió un beso en la mejilla a cada uno y subió las escaleras.
El peliazul se quedó mirandola mientras se iba hacia arriba. El ingeniero notó al instante esto, y lo codeo, llamando la atención del joven.
-¿Sabes? Podrías regalarle algo. El otro día la escuché hablar con Katherine sobre un vestido verde largo, que vió en el centro comercial. -le comentó el grandote azul al chico.
-Es una gran idea, Kord. Mañana iré a comprarlo. -dijo sonriente el ojiceleste. -Gracias.
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Cierta mañana, el Shane despertó antes que sus compañeros. Desayunó unos cereales y se dirigió al centro comercial. La mayoría de las tiendas estaban abiertas, por lo que fue a una de ellas donde vendieran ropa femenina. Al verlo entrar, la mujer que trabaja allí se sorprendió.
-¡Wow! Un Shane. Nunca uno de ellos ha entrado aquí. Solo la chica de tu Banda entra cada tanto a comprar algo. Mucho gusto. ¿En qué puedo ayudarte? -le preguntó amablemente, mareando al joven de tantas oraciones juntas.
-Estaba buscando un vestido largo color... verde. -se lo pensó. Recibió un "ya vuelvo" como respuesta, y se quedó esperando. Mientras tanto, buscaba una excusa para decirle a la documentalista porque le regalaba algo tan bonito. ¿Estoy enamorado de ti y por eso te lo regalo? No, esa no era una opción. Ella aún no iba a saberlo.
-Aquí esta. -lo sacó de sus pensamientos la voz de la vendedora. -Serían 75 monedas de oro.
-Gracias. -dijo el chico. Antes de que la mujer pueda preguntar algo más, se retiró.
Ya voy a subir el capítulo 5. Estoy emocionada por este :)
Estan contentas/os de que Finn no haya aparecido en este capítulo? Sea cual sea su respuesta, por qué?
Saludosss,
Violett Vader.
