Continuamos con el cuarto capítulo. Espero que estéis disfrutando del fic. Adelanto que a partir de ahora viene lo bueno, bueno, en verdad, es lo malo, pero ya sabéis a lo que me refiero, aquí comienza la historia. Gracias otra vez por esas opiniones, y pido disculpa si algo en la traducción falla, pero hacer una traducción literal es imposible, hay que buscar el mejor modo de decir lo que está en otra lengua en la tuya. Por cierto, yo soy española, y en la traducción utilizo términos del español peninsular, pero aun así, intentaré no utilizar palabras que sé que en otras latitudes pueden ser ofensivas. Por eso en el tercer capítulo habréis notado que en vez de utilizar el verbo coger (aunque a lo mejor se me ha escapado alguna vez) utilizo sostener cuando traduzco lo del bebé en brazos. Lo he hecho por aquellos argentinos, sobre todo, que estén leyendo el fic. Pero seguro que el algún momento no me acordaré, así que pido disculpas de antemano.

Verdad

Se encuentra aún bajo el shock, completamente entumecida. Tiene un increíble dolor de cabeza. Cuando mira por su retrovisor resquebrajado, ve un pequeño hilo de sangre resbalado por su sien izquierda. De forma mecánica, intenta desabrocharse el cinturón para darse la vuelta y ver cómo está su hija.

No ve que una silueta se acerca a su coche y, en pocos segundos, abre la puerta trasera y arranca la sillita porte bebés. Regina, atada, no puede sino ver cómo un desconocido se lleva a su hija.

Mientras se peleaba con si cinturón, la silueta regresa a su altura y antes de tener tiempo para decir cualquier cosa, un pesado puño se abate contra su mandíbula, haciéndola desvanecerse otra vez.

Inconsciente, no siente cómo el desconocido le arranca el cinturón con un cuchillo, antes de sacarla sin contemplaciones del armazón del coche para arrastrarla al suelo.

Escucha lloros de fondo, como un eco. Es lo que la saca de su inconsciencia, los lloros de su hija. Abre los ojos penosamente y en un principio ve todo borroso. Distingue a penas el lugar donde se encuentra: ¿en el bosque? ¿Una cabaña probablemente? ¿Una casa? Poco importa, está en el bosque y hace frío, indicio de que no hay ventanas ni aislamiento.

Algunos muebles por aquí y por allá, pero ella se encuentra en el mismo suelo, las manos atadas por encima de su cabeza y sus pies también atados. Tiene un enorme dolor de cabeza como si un ser minúsculo tocase el tambor en su interior.

Ella masculla y ve una sombra pasar rápidamente delante de sus ojos, se sobresalta.

«¡Por fin despierta!, lanza una voz masculina «¡Venga, muévete!» dice él dándole una patada en las piernas, lo que la despierta definitivamente. Abre completamente los ojos y se encuentra cara a cara con…

«Ne..Neal...», suspira ella

El hombre estaba delante de ella, en cuclillas, con una sonrisa sanguinaria en el rostro «Y sí… Qué suerte que haya llegado a tiempo, ¿no?...» Se levanta, y Regina lo sigue con la mirada. «Si no, yo no me hubiera llevado esta pequeña sorpresa» Avanza hacia un tabla donde estaba colocada la sillita porta bebés.

«¡Olivia…Déjala!, chilla ella

Neal comienza a reírse burlonamente «Olivia, ¿eh? ¿Es ese su nombre? No es feo… Me pregunto a qué hombre has podido engañar para te deje embarazada…»

«…»

Se da la vuelta hacia ella y ladea la cabeza «¿Entonces?»

«…»

«Dime qué edad tiene»

«…»

«Yo diría…no más de cuatro o cinco meses…pero, en verdad, no sé mucho de estas cosas…si tenemos en cuenta que el único hijo que he tenido, no pude criarlo por tu culpa…»

«…»

«…y por tu maldición de mierda!, añade él. Después, pone su atención sobre el bebé y la toma en sus brazos, produciéndole a Regina un sudor frío.

«¡Déjala!»

«¿Por qué? Tengo el derecho de tomarla, ¿no?» Se aproxima a ella y la atrapa por el cuello, sosteniendo al bebé en la otra mano. «¡No tendrías que haber vuelto, sucia zorra! ¡Te lo había avisado! Te has arriesgado trayendo este bebé contigo…¿No tienes miedo de nada, eh? ¡Te crees intocable! Sin embargo, has podido comprobar que no lo eres» Regina no puede contener sus lágrimas, y esto le produce a Neal una gran satisfacción «Llora, nada cambiará. Entonces, esta niñita, ¿qué edad tiene? ¡Responde!» grita, sacudiéndola un poco más, causando los lloros de Olivia.

«Yo…Ella tiene apenas cinco meses…» dice ella como último recurso

Neal abre los ojos como platos, se levanta mirando fijamente a la pequeña que acuna dulcemente en sus brazos «Chut,chut…» Regina habría querido usar sus poderes, pero cuando ella agita sus manos, al menos lo que le dejaban las ataduras, nada sucede. «¿Qué intentas hacer? No estamos en Storybrooke, esta cabaña está en el exterior. Aquí, no tienes poderes, no eres nada»

«¡Devuélveme a mi hija, no le hagas daño!»

Entonces, él sonríe y estrecha a la pequeña un poco más contra él «¿Por qué le haría daño, eh? Es también mi hija, ¿no?»

Regina estalla en llantos mientras que la sonrisa de júbilo de Neal se agranda.

Regina ve cómo el coche de Emma se aleja. Ella aún no vuelve en sí: la velada había sido idílica desde la cena hasta los besos, desde el paseo por la playa hasta esta tierna despedida. Evidentemente, un cúmulo de preguntas emergen en su cabeza: nadie estaría de su lado, nadie creería en ellas dos. Henry quizás sería el único apoyo.

Pero, sin embargo, ella quiere creer, como una luz al final del túnel…como si, de las ruinas que había sido su vida, emergieran prometedoras semillas.

Vuelve en sí, el frescor le da en los hombros, cierra la puerta de entrada. Cuelga su abrigo y se quita los zapatos. Para relajarse se sirve un vaso de whisky y se acomoda en el sillón y en seguida la cabeza comienza a desvanecérsele, ayudada por la fatiga, cuando tocan a la puerta.

Incorporándose difícilmente, se dirige a la puerta de entrada y cuando abre, se encuentra con la desagradable sorpresa de ver a Neal.

«¿Qué quiere?»

«Hablarte, ¿puedo?»

Refunfuñando, ella lo deja, sin embargo, pasar «¿Qué quiere?»

«No te acerques más a Emma», dice él simplemente

Regina no pudo disimular una sonrisa divertida «¿En serio?»

«En serio. No te acerques más a mi familia, Regina. Ya has hecho suficiente daño. No envenenes más las cosas ahora que todo vuelve a la normalidad. Todos aspiramos a una vida tranquilla en ese momento»

«Pero yo también» dice ella alzando un ceja

«Tu vida no es con Emma» Ella entonces se hiela. «¿Crees que no me he dado cuenta de vuestros tejemanejes desde hace algún tiempo?»

«¿De qué habla?»

«Os he visto: pasáis tiempo juntas, también con Henry. ¿Piensas que puedes descartarme de la ecuación, eh? Es MI hijo… mío y de Emma»

«He criado a Henry durante sus primeros diez años de vida, soy su madre tanto como usted es su padre, si no más. Los genes no lo son todo, señor Cassidy»

Su aire condescendiente no gusta a Neal que siente cómo su sangre hierve en sus venas. Se aproxima peligrosamente a ella «Te lo advierto. No te acerques más a Emma»

«¿Quién es usted para decirme lo que tengo que hacer o a quién ver? Usted olvida quién soy yo y de lo que soy capaz.»

Él se tensa y se aproxima a ella hasta pegar su nariz a la suya «¿crees verdaderamente que me das miedo, eh? No eres nada Regina…una bruja, nada más. Has perdido todo, e intentas arrebatarles la felicidad a los demás»

«Dice cualq…»

«¿Ah,sí? ¿Acaso besar a mi mujer es algo que ha pasado así de repente? » Regina se queda inmovil. «¿Crees que no os he visto, eh? Emma me dice que cena fuera y cuando la sigo, me doy cuenta de que es a ti a quien ella ve» Regina abre los ojos como platos viendo en los de Neal algo que la aterroriza «Sí, en la playa, os he seguido…¡Es repugnante!» dice él empujándola ligeramente. Ella titubea y mientras ella levanta las manos para quitárselo de encima, él saca de su bolsillo un aparato con el que la electrocuta.

Ella cae pesadamente al suelo, el cuerpo entumecido y gimiendo de dolor.

«Tú no eres más que una lombriz…un parasito que se agarra a los demás para pudrirles la vida» Neal se inclina sobre ella «¿Creías que iba a venir a verte sin tomar mis precauciones?, se burla él «¡Nunca volverás a tocar a Emma, ella es mía!»

Regina se ríe e intenta ponerse de lado para levantarse, pero Neal le da una patada para que permanezca tirada en el suelo «Oh, no, tú vas a ninguna parte. Voy a hacer que comprendas que ya no eres bienvenida aquí, en este pueblo y en la vida de mi familia»

Él se coloca a horcajadas sobre ella, inmovilizando sus brazos y su torso, con una sonrisa sádica en su rostro. «¿Qué ha podido ella ver en ti, eh?» Agarra el borde de la blusa de Regina y tira violentamente hacia arriba, haciendo saltar todos los botones «Interesante…»

Él la agarra por la garganta, mientras que ella intenta luchar «Quédate tranquilla, no puedes hacer nada» Le propina una dura bofetada que la desvanece por un momento. Entonces, él se levanta y desabrocha su pantalón.

Regina se despierta apenas cuando él la electrocuta una segunda vez, anulando definitivamente las posibilidades de defensa de Regina. Él se arrodilla y levanta la falda de la mujer, inerte «Tú no eres nada… ¡Y después de esto, serás menos que nada, una mancha más para poner en su palmarés! ¡Has destruido mi ida, has destruido mi posibilidad de vivir feliz con Emma y mi hijo! ¿Y ahora crees que vas a quitármela nuevamente?»

Arranca sus bragas, obligándola a separar sus piernas. Regina no era sino un títere sin fuerzas, el cuerpo entumecido. Ella sabía lo que iba a pasar y era incapaz de defenderse, ella que había sido la bruja más poderosa de un país encantado…

En ese momento, él estaba sobre ella, ella sentía su cálida respiración, apestando a alcohol, sobre ella. Ella ya no sentía su cuerpo, anestesiado por las corrientes eléctricas y, en ese caos, está casi feliz de no poder sentir cuando él la penetra violentamente y sin consideración.

«Ves…después de esto, ella no se te acercará más» le dice orgullosamente dándole golpes más violentos, arañando sus muslos, agarrándola por el cuello para que mirara en su dirección, para que viera su sonrisa vencedora mientras la violaba.

Ella cierra brevemente los ojos, esperando que ese calvario se acabe pronto. Piensa en su primera vez con el rey cuando sus encuentros no eran consentidos y completamente desprovistos de amor y ternura. En aquel momento, ella era débil y joven…Pero hoy, se avergonzaba de poder hacer nada frente a este hombre abyecto.

Ella intenta, aun así, algunos movimientos de defensa, pero nada surtía efecto. Piensa que aquello estaba durando una eternidad, y se encuentra tranquilizándose cuando siente que él se corre en ella con un movimiento y un sonido ronco.

Él sale violentamente de ella y se vuelve a vestir sin esperar, liberando su cuerpo del peso del suyo «Eres patética…» le dice al ver cómo se acurruca sobre sí misa «Ahora sabes lo que es sufrir y perder lo poco que nos queda»

«…»

Se arrodilla cerca de ella y le da un tirón de pelos para que lo mire «Mírame bien: si te queda un poco de amor propio y de dignidad, te iras de este pueblo…Te irás y nunca volverás, ¿me entiendes?» le tira un poco más de los cabellos

«Sí…Sí» balbucea ella

«Bien. Evidentemente, tú no le contarás nada a Emma. Si lo haces, yo negaré todo y pasarás por una mentirosa. Harás que todos te odien, incluido Henry. ¿Tú no quieres que él piense que tú eres una zorra, eh?»

Regina llora y Neal deja su presa. Se levanta y la mira, contemplando su obra «Bah, no veo lo que ella encuentra en ti… No tienes nada de excepcional, pero sabes qué» La agarra por la garganta y la levanta, poniéndola en pie «Lo que está bien es que yo le voy hacer el amor todos los días, una y otra vez, hasta que ella olvide tus repugnantes besos. Ella te olvidará porque sabe en el fondo que tú no eres la persona ideal para ella. Henry necesita a sus dos padres, un padre y una madre… No a una psicópata que ha intentado matarlo varias veces a él, a su madre y a sus abuelos. No te necesita, él necesita estabilidad»

Después la suelta y, con las fuerzas al límite, cae pesadamente al suelo. Ella llora tanto como puede, esas palabras le dolían aún más que lo que acababa de vivir. Ella estaba mancillada, una mujer violada en su propia casa, sobre su parqué. Ella ya no tenía nada de alcaldesa, digna y con clase…Ya no era nada.

«¡Ahora, haces tus maletas y te largas de aquí! Si en algún momento sientes la ganas de esconderte o de regresar…» él le retuerce la mano, causando un grito de dolor por parte de Regina «Te mataré…»

Él suelta su mano y algunos segundos más tarde, la puerta de la entrada suena, haciendo sobresaltar a Regina. Permanece acurrucada en el suelo del hall de la entrada durante un momento antes de encontrar las fuerzas para levantarse, los efectos de la electrocución se estaba disipando.

Lo primero que hizo fue cerrar con llave la puerta antes de precipitarse al piso superior, arrancar sus ropas y hundirse bajo la ducha. El agua corría por su piel, ella apenas podía tocarla, cada centímetro había sido mancillado por las manos o por la lengua de su violador. Ella deja que el agua caliente se deslice, se insinúe, que le arranque aquel olor a alcohol, presente en el aliento de Neal. Los flashs invaden sus pensamientos en cuanto ella cierra sus ojos. Él, separando violentamente sus muslos, su respiración sobre su nuca mientras que la penetraba, su cuerpo sacudido por movimientos secos y rudos, sus pechos maltratados por manos rugosas, la humedad de su lengua recorriendo su cuello, su clavícula…

Ella se detesta. No puede ni mirar ese cuerpo que es suyo, pero que, durante unos largos minutos, no le había pertenecido. Su primera idea, evidentemente, había sido ir a ver a David y a Emma, gritarles que ella acababa de ser violada, pero… ¿quién la creería? Neal era el padre de Henry…¿Cómo reaccionaría su propio hijo?

Tenía miedo de las miradas que podrían posarse sobre ella: de asco, de miedo, de rencor y de cierta cólera. Porque sí, ella se avergonzaba de no haber podido utilizar sus poderes. ¿Quién la creería entonces? ¿Quién pensaría que ella había sido incapaz de defenderse, ella, la bruja, la reina con tantos poderes?

Permanece cerca de dos horas bajo la ducha, frotándose frenéticamente la piel, cada lugar, contorno, curva de su cuerpo hasta que la piel enrojece y sangra. Cuando cree que ya es suficiente, sale, se seca rápidamente antes de sentarse en el borde de su cama y reflexionar

Ella no puede permanecer en el mismo pueblo que su violador. Menos aún sabiendo que él estaría cerca de su hijo y de Emma, pero, ¿tenía ella otra elección? ¿Debía ella dejar a Emma entre las garras de ese desgraciado? Y Henry, ¿pensaría él por un momento que su padre era así?

Llora antes de mirarse en el espejo: sus mejillas están hundidas, y sus ojeras, a la vista, ella ya no se reconocía.

Entonces, se jura interiormente que no va a llorar más por ese hombre. Seca sus lágrimas, saca una maleta de su armario y comienza a llenarla con ropa y algunos objetos personales. Le había prometido a Neal no contar nada, pero era imposible para ella marcharse sin dejar una última nota a su hijo y a Emma.

Desciende y se dirige a su despacho. Saca una hoja en blanco y comienza a escribir algunas líneas, que se transforman en párrafos y finalmente en una hoja por delante y por detrás. Pliega con cuidado la hoja y la desliza en un sobre sobre el que anota «Emma & Henry»

La coloca sobre la chimenea, bien a la vista, echa una última mirada alrededir, suspira, y abandona la casa. Pasando sobre el lugar donde había sido violada, tiembla y entonces sabe que está haciendo lo correcto. Nadie amaba a las mujeres mancilladas. Y no habría nada más que Regina detestara que la piedad de la gente o que la mirasen como a un bicho raro. Y si Emma se enterara, ella nunca volvería, con certeza, a tocarla.

La noche era oscura, una ligera llovizna caía, volviendo la atmosfera pesada y húmeda. Sube a su coche y sin volverse, abandona el pueblo… Sin un ruido, sin una palabra.

Neal daba vueltas de un lado a otro con el bebé en brazos intentando calmarla «Ella tiene hambre», murmura Regina.

«¡Cállate! ¿Desde cuándo eres tú una madre responsable?» Él mira a la pequeña «Eres tan egoísta que te has quedado con el hijo de tu violador…» añade él divertido. «¿Qué pensabas decirle cuando fuera mayor, eh? ¡Responde!»

Regina gesticula y se repone «¡Que su padre no era más que un cobarde y un cerdo!»

Neal le sonríe «Oh, encantador…¿Sabes qué? Voy a salvar a esta pequeña…Yo voy a salvarla como salvé a Henry y a Emma de tu influencia»

«Qu..Qué..Pero»

«Me has privado de ser un padre con mi bebé una vez…Ahora, voy a retomar el tiempo perdido»

«No…» murmura ella comprendiendo

«Oh sí. Tú no tienes nada que decir. No eres más que basura…Este bebé estará mejor en un hogar estable: con una madre, un padre y un hermano mayor. Ella no sabrá nunca quién eras, no sabrá nunca qué asesina, qué psicópata has sido. Porque nosotros nos vamos, volveremos a nuestra tierra, tendremos una nueva vida. Una nueva vida en la que tú no tendrás cabida. Y Olivia crecerá con la legenda de Regina, la reina malvada que destrozó la vida de Snow White y la de su príncipe, que aprisionó un mundo en un encantamiento infinito. Ella te odiará y te temerá»

«¡No tienes derecho!»

«Tengo todo el derecho. Después de todo, soy su padre»

«¡No eres nada! ¡No eres nada para ella!»

Entonces, Neal sonríe «Eso, querida mía, es falso. Me la voy a llevar conmigo, Emma la criará como si fuera su hija»

«Ella no creerá ni por un segundo que yo he abandonado a mi hija»

«¿Ah, sí? En una crisis de remordimientos y en una toma de conciencia, te habrías dado cuenta de que no estás a la altura, que tu único acto sensato hacia esta niña es abandonarla para que tenga la vida que tú nunca podrías darle»

«¡Nadie te creerá!»

«Eso lo juzgaré yo mismo. La voy a coger, y me la voy a llevar. Y tú te vas a quedar aquí»

«¿Qué quieres de mí? ¡Mátame! Si me quitas a mi hija, ya no tengo ninguna razón para vivir»

«Oh, pero tú puedes aún serme de utilidad. Sabes, con Emma, en estos momentos, no estamos en nuestro mejor momento: ella está distante y fría. No hemos hecho el amor desde hace semanas… Tengo en verdad necesidad de…aliviarme» Regina se hiela, temblando ya «Tu puedes gritar todo lo que quieras, estamos fuera del pueblo, nadie podrá venir a buscarte, incluso queriéndolo» dice él, satisfecho de su plan.

Coloca a la niña en su sillita porta bebés, después escribe algunas palabras en una hoja que mete en un sobre, y lo coloca en la silla. Se dirige hacia Regina: le atrapa el rostro y la obliga a abrir la boca para que beba agua. Ella se atraganta y escupe la mitad. Después le pone una manta sobre las piernas, y le susurra en la oreja «No tienes que morir de frío, no tengo ganas de follarme a un cadáver mañana» A continuación, se levanta, mira divertido a Regina, y abandona la cabaña con Olivia.

Es en ese momento en que Regina deja escapar todas las lágrimas que tenía guardadas no sabiendo cómo escapar de esta trampa. Piensa que acabara como esclava sexual de Neal…Su único consuelo es saber que Emma cuidará de Olivia como si fuera su propia hija.