Disclaimer: Nada de esto me pertenece. Los personajes, escenarios, hechizos, etc., etc., le pertenecen a la maravillosa J.K. Rowling. La trama, a SomethingBlue42.


Capítulo 4: cena con el diablo.

La Mansión Malfoy era un lugar interesante para vivir. Jardines extendiéndose, animales exóticos, y la mayor comodidad con la que una bruja podría soñar. Si no fuera por todo el rollo de estar captiva por su peor enemigo, Hermione Granger podría haber encontrado algo parecido a la felicidad ahí. Pero, su lujoso acomodamiento no hacía nada mas que enojarla. Era la peor tortura, esta falta de ella.

Había pasado una semana desde que había llegado y se había enterado de que Draco Malfoy cumplía su palabra. Tenía acceso a cada parte de la mansión y a sus jardines. Los elfos domésticos le servían las comidas, preparaban sus baños. Para cualquier observador externo parecería que era la invitada de honor y no su rehén. Era suficiente para ponerla furiosa.

Por despecho puro se había quedado en su habitación, lo cual había resultado satisfacorio en el sentido en el que nunca había tenido que mirar a su captor, aunque la habitación en sí era un testamento del enfermo juego mental que Malfoy sin ninguna duda intentaba jugar con ella.

Su habitación era espaciosa y exquisitamente femenina, sábanas de suave seda, visillos de gasa cubriendo la repisa de la chimenea. La fastuosidad del espacio estaba contrarrestado con pequeños toques personales; reliquias de familia y baratijas en repisas y vestidores, perfumes y pociones de belleza en el tocador. Éstas cosas no las tocó por saber a quién habían pertenecido, y ya que Narcissa Malfoy llevaba mucho tiempo muerta, pareciera que hubiere vivido ahí. Lo habían mantenido exactamente igual, como un santuario. Hasta que Hermione había llegado.

Sus pensamientos y sueños estaban plagados de sus amigos, muertos y vivos. Bueno, vivos hasta donde ella sabía. Extrañaba las excéntricas reflexiones de Luna, la torpeza de Neville en cualquier cosa que tuviera que ver con coordinación, la esperanza ciega de Ginny, la valentía feroz de Harry, los besos gentiles de Ron…

Todos estos pensamientos formaban un gran y revuelto desastre en su cabeza cuando miraba el atardecer sobre el extenso césped. Sonó un suave toque en su puerta y giró la cabeza para ver la pequeña figura de Gadsby, haciendo una reverencia cuando entró a la habitación.

Hermione suspiró. Cada noche era lo mismo. El pequeño elfo, que tenía como único trabajo cumplir las órdenes de Draco Malfoy, entraría y le diría que el amo había solicitado su presencia en la cena. Y cada vez ella respondería mordazmente, usando un vocabulario que el elfo nunca repetiría a menos que quisiera que le dieran la prenda.

—Señorita Hermione, el amo Draco solicita su presencia en la cena —las largas orejas de Gadsby crisparon mientras le hacía una reverencia tan abajo como podía.

—Dile que se haga un crucio él solito —Hermione murmuró, volteándose completamente hacia la ventana.

—El amo Draco dice que vendrá por su propia cuenta o que él usará el imperius… —la cabeza de Hermione se volteó hacia el elfo, que se estaba retorciendo las orejas, —…y que usted tendrá el más absoluto deseo de quitarse su ropa antes de bajar.

La boca de Hermione se abrió mientras Gadsby movía sus pies incómodo. Apretó sus dientes antes de levantarse y observó al pequeño elfo suspirar con alivio. Caminó antes que ella, guiándola al final del pasillo, pasando las paredes vacías donde cuadrados de papel tapiz descolorido sugerían que antes habían estado retratos ahí.

Al final de la gran escalera y pasando la sala de dibujo, siguió al elfo hasta que se detuvo y jaló la gran puerta, mostrando el comedor.

Draco Malfoy estaba sentado en la cabecera de la mesa y se paró cuando ella entró a la habitación. Hizo un gesto hacia la silla al lado de él y ella se cruzó de brazos, viendo la mesa de estilo banquete. Caminó hasta la silla de la otra punta de la mesa, y justo cuando estaba por tomar la silla y jalarla, Malfoy chasqueó los dedos y todas las sillas desparecieron, exceptuando dos: la suya, y la siguiente.

Una pequeña sonrisa estaba jugueteando en sus labios cuando ella dio un pisotón y jaló la parte trasera de la silla, teniendo el infantil impulso de arrastrarla por la habitación lejos de él. Casi se desgarró el hombró cuando la jaló y la silla no se movió de donde estaba.

La sonrisa de Malfoy se había desvanecido y se miraron fríamente hasta que se desplomó en la silla, tragándose su orgullo por la que parecía ser la millonésima vez en esa semana. Malfoy se sentó después de ella, caballero hasta el final.

—Muy amable de su parte unírseme, señorita Granger —dijo, sirviéndole vino a ella y después a él. —¿Confío en que se está adaptando bien?

Ella resopló, con la vista fija en su plato vacío.

—¿Hay algo que necesites?

Sólo obtuvo su silencio, mientras los platos se llenaban solos con chuletas de cordero y papas. Un veloz recuerdo de Hogwarts trepó por su mente, pero se deshizo de él. Tomó el cuchillo y el tenedor y empezó con su comida, pensando en que mientras menos tiempo tardara, menos tiempo tendría que soportar su presencia.

—¿Hay algo que te gustaría?

Hermione soltó los cubiertos de plata con estrépito, y alzó los ojos para encontrarse con los suyos. Su rostro estaba en blanco, dejando aparte el cuestionamiento de su ceja.

—Mi libertad —soltó, y él sonrió fácil, comenzando con su comida.

—Me temo que eso es imposible —suspiró, masticando lánguidamente, observándola, y ella frunció el ceño.

—¡No me puedes mantener aquí para siempre! —Hermione exclamó, y él rió, tomando un trago de vino.

—Y es ahí donde te equivocas —dejó el vaso en la mesa, sus ojos encontrándose con los de ella. —Verás, soy tu dueño. Eres mía —pausó viendo cómo su mandíbula se desencajaba, dejando que las palabras penetraran —para hacer lo que yo digo —añadió, tomando otro traguito de vino.

—Ellos vendrán —se encontró Hermione diciendo, un tono histérico en su voz. —Ellos vendrán-

—¿Y quiénes son "ellos"? —Malfoy frunció el ceño, y Hermione se calló, apretando los dientes, luchando contra las lágrimas.

—Seguramente… —pausó, tratando de recuperar su compostura. Seguro algunos de ellos están aún…

—¿Vivos? —Malfoy terminó por ella, riéndose. —No puedes realmente creer eso, ¿verdad?

—¿Por qué yo? —preguntó de repente y él paró, su vaso a medio camino a sus labios. —¿Por qué no alguno de los otros? Ginny… ella está cargando con el hijo de Harry. Neville… él mató a Nagini. Luna-

—¡Para! —dijo Malfoy fuertemente, poniendo el vaso en la mesa con más fuerza de la que pretendía. Suspiró. —Pensaría que es obvio. Nosotros fuimos… —se humedeció el labio inferior, —íntimos alguna vez.

—Sí —Hermione dejó salir, conteniendo la bilis en su garganta, —antes de que te volvieras un traidor y nos mandaras directo al matadero.

Fue ahí cuando Malfoy pareció tambalearse, cayendo contra el respaldo de su silla, inmutándose como si sus palabras lo lastimaran físicamente. La semblanza de algo parpadeó en sus ojos plateados, pero se había ido antes de que Hermione pudiera analizarlo.

—Todos tomamos nuestras decisiones, Granger —fue su respuesta, tomando el resto de su vino y sirviéndose otro vaso.

Le sonrió con la boca sobre su vaso de vino, viendo su boca abrirse y una lágrima deslizarse por su mejilla. El cerebro de Hermione parecía haberse quedado estancado, todo su cuerpo temblando, un recuerdo de ella corriendo a su lado, nada más que un destello de cabello rojo en la esquina del ojo – un minuto ahí, y al siguiente se había ido.

—Tú…

—¿Cuándo lo comprenderá ese cerebro que tienes, Granger? —preguntó, sus ojos plateados brillando con la luz de las velas. —No me podrías lastimar ni siquiera cerca de la misma intensidad con la que yo podría.

—Oh, claro que puedo lastimarte —Hermione gruñó, sus ojos almendrados destellado, su puño contra la mesa.

—No, sin tu varita no puedes.

—¿Es por eso que me querías aquí? —preguntó, su voz temblando de enojo y lágrimas. —¿Para jugar más de tus retorcidos juegos mentales?

—En realidad no, pero ya he probado que es entretenido —sonrió. —Solicité tu presencia esta noche para informarte que tendré a unos amigos para unos tragos mañana.

—¿Amigos? —cuestionó Hermione con una risa. —Te refieres a aliados. ¿Mortífagos?

—Pelean por nuestra causa, sí.

—No mi causa —Hermione soltó, y Draco le dio una sonrisa condescendiente.

—Te quedarás en el segundo piso, alejada del rellano y la escalera —dijo, y luego la miró. —Fuera de vista.

—¿Y si no? —le preguntó con ojos fríos, retándolo.

—Oh, amor, no querrás saber lo que te podría pasar si te vieran.


¡Perdón, perdón, perdón! Sé que prometí subir otro capítulo ayer compensando lo corto del capítulo anterior, y lo siento.

Dejando de lado eso, ¿qué tal el capítulo? Esto se empieza a poner intenso, omg. Ya empezamos a saber sobre su pasado, y eso me emociona terriblemente. Y hay mucho diálogo, una pelea... ¡y ahora ya sabemos que fueron algo en el pasado! Un capítulo mucho más largo, también - 1,553 palabras de contenido puro. Una aclaración: un visillo, según la RAE, es una cortina pequeña que se coloca en la parte interior de los cristales para resguardarse del sol o impedir la vista desde fuera. Lo digo porque yo no sabía lo que era. Oh, y otra cosa, el lunes comienzo el colegio de nuevo, y mi promedio está realmente bajo - estoy a punto de reprobar matemáticas - pero trataré de postear capítulos cada pronto tiempo. Eso es todo, ¡nos vemos luego!