Hola chicas... mil disculpas por la tardanza... me ha costado organizar las mil ideas que tengo sobre esta historia y plasmarlas como quiero... así que por ahora va el siguiente capitulo, aquí se comienza a explicar lo que le ocurrió a Bella cuando era una adolescente, el siguiente capitulo también continuará contando lo sucedido... espero les guste!

CAPITULO 3

Estados Unidos, año 1994

Bella POV

Habían comenzado las clases de mi último año de preparatoria, ya llevábamos casi 6 meses de clases, el mismo tiempo desde que mi pequeño y perfecto mundo había comenzado a cambiar sutilmente. A inicios del año escolar se había incorporado una nueva alumna a nuestro nivel, ella era Tanya Denali, en este tiempo se había vuelto muy amiga de Edward, mi novio, y la relación que teníamos él y yo desde ese entonces había sufrido cambios, Tanya se había encargado de absorber de a poco el tiempo que Edward pasaba conmigo, a su vez, para evitar caer en depresión y comenzar a pasarme ideas por la mente comencé a salir más con mi mejor amiga Alice y retomé mis idas a La Push. La Push era la reserva quileute donde tenía un gran grupo de amigos y a los cuales no veía tan seguido desde que había comenzado mi noviazgo con Edward. Mis amigos más cercanos allá eran Jacob (Jake de cariño) hijo del mejor amigo de mi padre Charlie y Leah, hija también de uno de los amigos de mis padres, ambos tenían mi edad y asistían al instituto de la reserva por lo cual no compartíamos clases y no podíamos vernos tan seguido como quisiéramos.

En fin, Jake era un chico moreno, delgado, alto de ojos marrones y un cabello negro. Tenía un carácter afable y era muy cariñoso con todos sus seres queridos. Mi amiga Leah, quien tenía un hermano menor que ella por dos años llamado Seth, era una chica curvilínea, morena, de estatura media, ojos marrones y cabello marrón oscuro que le llegaba bajo los hombros, la verdad es que era una chica muy linda, simpática y sólo mostraba su cariño abiertamente a las personas que estimaba, frente a desconocidos siempre se mostraba un poco más seria, incluso algunos la podían tildar de amargada, pero era todo lo contrario, lo sabía yo que había traspasado esa cara que muestra a todo el mundo que no la conoce. Otra característica que debo comentar de mis preciados amigos de La Push, es que siempre estaban discutiendo uno con el otro cuando estaban juntos pero; cuando me encontraba con ellos por separado cada uno no paraba de hablar del otro, ambos criticándose mutuamente, después de un tiempo me di cuenta que estaban enamorados uno del otro y no querían admitirlo. Tuve que utilizar muchas y variadas tácticas con ellos para que me admitieran que estaban enamorados el uno del otro, Jake fue más simple de hacerlo confesar, mientras que con Leah fue una batalla titánica que no hubiera logrado de no ser por Alice, que cuando las presenté y se hicieron amigas, unimos fuerzas para hacerla confesar.

Bueno, en el último tiempo los visitaba con más frecuencia ya que Tanya acaparaba a Edward parte del tiempo que antes compartíamos juntos, la verdad es que de a poco, en el último mes lo había sentido más distanciado ya que no me besaba ni hacia mimos como antes y, tampoco habíamos tenido intimidad tan frecuente como antes. Bueno, en realidad, ambos éramos vírgenes hasta el verano pasado, cuando nuestras hormonas, amor y que estuviéramos solos en su casa un día por la tarde (cosas del destino, nada planeado) dejarán a flor de piel nuestros deseos e hiciéramos el amor. Desde ahí habíamos buscado la forma de pasar más tiempo a solas y tener relaciones, era Edward quien había decido encargarse de la protección de ambos ya que yo no quería levantar sospechas respecto a este aspecto de mi vida asistiendo al ginecólogo del hospital y comenzando un tratamiento con anticonceptivos ya que el padre de Edward, era el Director del hospital y se enteraría de mi asistencia como paciente de ginecología. Por otra parte, mi madre ha sido muy conservadora respecto al tema y desde niña me dijo que deseaba que sólo me entregara al amor de mi vida luego de estar casada o, al menos, cuando hubiera terminado la preparatoria. Decía que no quería pasar sustos conmigo siendo sólo una adolescente. Fue por estas razones que Edward era el responsable en ese aspecto por los dos, bueno, yo también me preocupaba de que estuviera protegiéndonos cuando teníamos esas sesiones a escondidas, ni siquiera Alice sabía que ya no era virgen, era el secreto mejor guardado entre Edward y yo.

Fuera de estos cambios en mi relación con mi novio y mi renovación y fortalecimiento de lazos de amistad con Jake y Leah, en el último tiempo había ocurrido un hecho que a muchos en un pueblo pequeño como Forks, llamaba la atención. Habían llegado dos jóvenes desconocidos de 20 años aproximadamente, sus nombres eran Alec Vulturi y Demetri Volterra. De acuerdo a los rumores eran dos jóvenes universitarios que habían decidido tomarse un año sabático de sus estudios, provenían de familias acomodadas y habían convencido a estas de recorrer Estados Unidos, ambos eran de nacionalidad italiana y dos chicos muy atractivos y galantes; fue por esto que Alice y yo sabíamos de su existencia, pueblo pequeño equivale a que este tipo de novedades lleguen a todos a la velocidad de la luz y nosotras no éramos la excepción.

La diferencia era entonces, lo que nos había ocurrido con estos dos desconocidos en la última semana a Alice y a mí, por casualidad nos los habíamos encontrado en la entrada de un café cuando chocamos con ellos en la puerta y derramamos los cafés que llevaban cada uno en sus manos en su ropa, tuvimos que disculparnos por nuestra torpeza, ellos sólo aceptaron las disculpas a cambio de que los invitáramos a otro café y conocernos un poco. La verdad es que a Alice y a mí nos pareció extraño que dos desconocidos fueran tan carismáticos y que se contentaran con una charla con dos desconocidas adolescentes en un café. Pero bueno, al final nosotras aceptamos y estuvimos parte de esa tarde conociéndonos y de cierta manera forjando los cimientos de una amistad que nunca pensamos que creciera a futuro. Pudimos corroborar de primera fuente las noticias que habíamos escuchado en el pueblo, ambos eran chicos de 20 años, italianos y que manejaban su idioma materno y el inglés, por lo cual habían decido efectuar este viaje a EEUU, querían practicar más el idioma. Después de ese primer encuentro con estos chicos, paso otra semana antes de volver a verlos y yo comencé a confiar mucho más en ellos, especialmente en Alec, sentían en mi interior una calidez cuando estábamos cerca que no había sentido con nadie y desde el enfriamiento que estaba generándose en mi relación con Edward me hacía sentir bien y de cierta forma en paz y feliz conmigo misma. Comencé a frecuentarlos más, nos reuníamos casi todos los días en el parque o en algún café y pasábamos horas conversando, la mayoría de las veces nos reuníamos los cuatro, a veces, dependiendo de nuestras actividades escolares, por separado con ellos.

Fue en una de mis últimas reuniones con estos chicos, que ya consideraba mis amigos, que me confesaron que la verdadera finalidad de este viaje a EEUU no era realmente lo que nos habían contado a Alice y a mí la primera vez que nos encontramos, las razones por la que estaban en el país parecían completamente sacadas de una historia de ciencia ficción, resultó ser que Alec tenía una hermana menor que él por dos años y que había sido secuestrada el día de su nacimiento de una clínica de Seattle, no lo podía creer.

En ese momento tuve sentimientos encontrados respecto a esta confesión, por una parte me sentí traicionada por confiar tan fácilmente en gente que apenas conocía y por otra no sabía cómo reaccionar a esta revelación (y tampoco como lo haría Alice) más considerando que aquel día había quedado solo con Alec ya que Alice y Demetri habían tenido otras cosas que hacer y no habían podido llegar a la reunión que habíamos planificado los cuatro, dos días antes. Después de comenzar con el relato de esta revelación, Alec esperó que digiriera la novedad, lo único que atiné a preguntar en ese momento fue por qué nos habían contado otra versión a Alice y a mí cuando nos conocimos, la verdad que en medio del shock de darme cuenta que quizás no conocía tan bien a mis nuevos amigos y dada mi extraña forma de ser, la pregunta simplemente salió de mi con una voz neutral y tranquila, con esto Alec soltó el aire que había contenido en los segundos que mi cerebro procesaba esta nueva información y me pidió la oportunidad de explicarse, a lo cual yo acepté.

Según me contó, su padre era un empresario respetado y conocido en su país por la virtud que tenía en los negocios, lo que a su vez, además de generar que hubiera personas que admirarán sus habilidades, también había llamado la atención de personas que en ese entonces se convirtieron en grandes enemigos. Estos enemigos los había hecho debido a no querer entrar al mundo de los negocios ilícitos, lo cual claramente tenía un precio, en ese momento, el precio que pagó el padre de Alec, fue perder a su hija menor. Sus padres, Aro y Sulpicia, sólo alcanzaron a tener unos minutos con su hija al nacer, cobijarla en una manta con el emblema familiar y su nombre, antes de que un espía enviado por sus enemigos a tomar vendetta por su negativa a unirse a ellos secuestrara a esa pequeña bebé recién nacida.

Sus padres habían quedado desolados, habían intentado encontrar en ese entonces a la niña y al secuestrador pero les fue imposible. Tampoco la suerte había estado de su parte, ya que el nacimiento de la bebé estaba programado para tres semanas después de aquel evento, por lo cual Sulpicia, madre de Alec, había decidido acompañar a su esposo a una reunión de negocios a EEUU, al parecer les costaba mucho estar separados uno del otro por más de un par de días y el viaje había sido programado para estar una semana en EEUU, de lo contrario, el destino de esa pequeña niña no habría sido el que fue, ya que hubiera nacido en Italia en un lugar con mayor protección y crecido en el seno de su familia de sangre, que hasta el día de hoy no la olvidaba y que la seguía buscando sin perder la esperanza de volverla a tener con ellos. Alec me confesó que perder a su hermanita casi había destruido a su familia y que justamente, en este momento el investigador privado que ellos tenían contratado para ubicar el paradero de la bebé (ahora una adolescente) desde el fatídico evento, había dado frutos y existía evidencia sustancial de que la niña seguía con vida y no había muerto cuando fue secuestrada al nacer. De acuerdo a las investigaciones, la pequeña había sido encontrada por una mujer joven en ese entonces, abandonada en un callejón. El secuestrador se dio cuenta que lo seguían de cerca en medio de su fuga del hospital y optó por abandonar a la bebé a su suerte donde fuera difícil de encontrar, pensando que moriría antes de ser devuelta a sus padres cumpliendo así, indirectamente, con su principal objetivo, infringir el mayor daño y dolor al matrimonio Vulturi. Es así que, durante años, el investigador privado siguió pistas y evidencias que lo ayudaron a ubicar que esa chica se encontraba en Port Ángeles o Forks siendo criada con una estadounidense más. A raíz, del último informe del investigador a la familia Vulturi, que contenía por fin un posible paradero de su hija y descartando que hubiera muerto, fue que Alec se había ofrecido a viajar el mismo en búsqueda de su pequeña hermana, estaba seguro que cuando la encontrara la reconocería, había afirmado a sus padres que era el indicado, era su responsabilidad como hermano mayor y que como Vulturi sería capaz de encontrarla y decirle la verdad sin asustarla y alejarla de ellos. Su meta final entonces, era llevarla con su verdadera familia, ellos no sabían si los padres adoptivos le habían contado la verdad a la chica y por ende, habían decidido buscarla y cuando la encontrasen efectuar las investigaciones adicionales que se requirieran para confirmar que estas personas no estaban contratadas por los enemigos de su padre y mantenían cautiva a la chica.

Después de oír toda esta historia, creo que comprendí las razones de Alec y Demetri para no contarnos la razón real de su viaje, además siendo este un pueblo pequeño no podrían haber efectuado sus investigaciones sin saber si la familia adoptiva de su hermana menor se daría a la fuga y podrían perder el rastro que había costado años alcanzar y perdiendo las últimas esperanzas de reunirse con ella. Fue en este punto de la historia, que un detalle me llamó la atención, le pregunté a Alec cómo estaba tan seguro de poder reconocer a su hermana existiendo tanta adolescente de la edad de su hermana en Port Angeles y Forks. La respuesta que me dio para saber cómo reconocerla, fue lo que me impactó… ya que sin saberlo me encontré frente a una realidad nunca imaginada.

La explicación de Alec, se origina en la herencia genética de la familia Vulturi, todo integrante de la ésta tenía una marca de nacimiento, la pequeña hermana de Alec, no era la excepción, en los breves minutos que sus padres compartieron con su pequeña en el nacimiento, vieron que la niña tenía la marca familiar, una que se ubicaba en la espalda de cada integrante de la familia, la parte baja, a la altura de la cintura, por lo cual no era visible a simple vista… Cada palabra que Alec me contaba de la historia de su familia fue generando sentimientos poco conocidos en mí, hasta en cierta medida angustia y nerviosismo, era como si me estuviera contando una novela y estuviera a punto de conocer el desenlace de esta y no sabía el por qué, hasta que mi amigo mencionó lo de la marca de nacimiento… Tragué saliva, no podía ser lo que estaba pensando, el mundo se detuvo y giró rápidamente en unos segundos. Yo tenía una marca de nacimiento que nadie en mi familia tenía y que mis padres decían que tal vez se había iniciado una tradición conmigo que solo tendría certeza una vez fuera mayor y tuviera descendencia, en las reuniones familiares era un tema con el cual todos me lanzaban bromas y no me había preocupado más del tema después de esa explicación por parte de mis padres pero ahora, en estos segundos, dudaba… dudaba de mis padres, la verdad que sabía de mi vida y no supe cómo, todo a mi alrededor se volvió negro.

Desperté unas cuantas horas después en una habitación desconocida para mí, era una habitación que parecía más la de un hotel que la del hogar de una familia. Lo único que me convenció de que se trataba de la casa de alguien y no un hotel, fue por algunos detalles que habían en la habitación que le daba un toque de calidez que no entrega una habitación de hotel por lo impersonal. Después, me di cuenta que había más de una persona a mí alrededor y no eran otros que Alec, Demetri y Alice con cara de preocupación.

Me incorporé lentamente de la cama en la cual me encontraba tendida y pude concentrarme de a poco en el desarrollo de los últimos acontecimientos, me di cuenta que seguramente el lugar en que me encontraba era la casa de los chicos y, a juzgar por algunos retratos que se encontraban cerca, pude concluir que la habitación en la que estaba era la de Alec. En algunas imágenes podía observar a una pareja sonriendo feliz con un par de niños de un año, una chica y un chico, estos debían ser los padres de Alec y su hermana gemela, el me había contado tiempo atrás que tenía una gemela y que su nombre era Jane, sus padres se habían negado tajantemente a permitir que ella acompañara en el viaje a EEUU a Alec y fue así, que a cambio lograron convencerlos de que Alec no podía viajar solo y que debía ser acompañado por alguien de confianza, en este caso, su mejor amigo y novio de Jane: Demetri. Él era el indicado para ir en esta importante travesía junto a Alec. Había otra foto, una donde aparecía un Alec adolescente con su gemela abrazándolo, la chica, a mi parecer, era hermosa, tenía el cabello claro, ojos azules y unas facciones casi idénticas a las de su gemelo. Fue en ese instante que observaba mi entorno, que volví a enfocar mi visión y mi interés en las personas a mi alrededor, Alice fue la primera en abalanzarse hacia a mí, darme un abrazó y bombardearme de preguntas sobre mi estado de salud, los chicos mantenían la distancia mirándome preocupados, por lo cual, Alice al observarlos me soltó pidiéndome en un susurro disculpas por la efusividad de su reacción considerando mi estado de salud, lentamente asentí hacia ella y le dije también en un susurro que todo estaba bien, nos sonreímos.

En ese momento fue cuando vino a mi mente una de las preguntas de Alice sobre qué me había pasado y entonces recordé el relato de Alec… dudé de si contarle a Alice, pero como si estuviera leyendo mis pensamientos, Alec me miró y me dijo que Alice ya conocía la historia, que yo había estado inconsciente cerca de dos horas, tiempo suficiente para que Demetri y Alice llegaran a casa de los chicos y entre ambos, después de asegurarse de que estaría bien y despertaría sola cuando estuviera preparada, contarle su historia. Ahí fue cuando recordé los últimos segundos antes de perder la conciencia y el por qué de esto. Miré a Alec sin creerlo, pero el ya sabía lo que estaba pensando y solo estaba esperando que yo aceptara siquiera la posibilidad de la verdad. Su mirada y la mía se conectaron y lo supe… Tragué saliva y les dije a los tres mirándolos a cada uno a los ojos que lo sabía y que no podía comprenderlo del todo… ¿era posible que fuera esa niña secuestrada al nacer? ¿Mis padres no lo eran en verdad? Tenía sangre italiana en las venas y una familia que nunca perdió las esperanzas de encontrarme? ¿Mis padres eran parte de la organización que me había secuestrado al nacer, si yo era esa chica? Tantas preguntas y muchas sin respuestas, otras confusas. Estaba volviendo a marearme y a no sentirme bien, parece que Alec lo intuyó y me pidió que respirara lentamente, que me relajará. No era necesario, según sus palabras, preocuparme aún ni angustiarme por las dudas para las cuales el ya tenía varias respuestas y mucho más que contarnos a Alice y a mí, notaba la calidez con la cual me observaba y la ternura con la cual me hablaba, recién ahora me di cuenta de la diferencia en su mirada y su tono de voz al dirigirse a mí, aunque estaba presente desde hace un par de semanas.

Hace dos semanas nos reunimos a jugar voleibol en un parque los cuatro y mi torpeza hizo acto de presencia aquel día, haciendo que pasara una vergüenza al tropezar y que parte de mi polera dejara al descubierto toda la zona de mi abdomen y mi espalda (me había enganchado a la rama de un árbol al tropezar en camino a mi encuentro contra el suelo) me había puesto roja como un tomate y todos habían reído, hasta que Alec se apiadó de mí y se acercó para ayudarme a levantar del suelo… se quedó observando fijamente mi espalda, en ese momento no lo entendí, pero después de la historia de esta tarde sí, la marca, yo tenía la marca que el había descrito que tenían todos sus familiares y su hermana perdida, yo era esa chica, no era Isabella Swan como yo creía hasta este día, sino ¿Isabella Vulturi? No lo sabía, no sabía si al ser yo esa chica mis padres, es decir, los Swan, habían mantenido el nombre que me habían puesto al nacer, Isabella era un nombre italiano, tenía que ser así, debía aferrarme a la idea, aunque fuera la única certeza que tuviera en este momento, que mi nombre sí era Isabella, me permitía estar cuerda y no volverme loca en este instante, que no era una mentira, yo era real y por lo menos mi nombre era y siempre sería Isabella.

Después de esto, Demetri se alejó unos pasos para marcar desde su celular a otra persona, hablaba en italiano asi que ni Alice ni yo, entendíamos del todo lo que hablaba con su interlocutor. Al ver nuestros rostros de confusión, Alec explicó que Demetri estaba llamando al médico de cabecera de la familia Vulturi, este se encontraba en EEUU, había viajado por petición de la familia para que en el momento de que Alec y Demetri identificaran una posible adolescente que pudiese ser la Vulturi perdida, pudiera validar la identidad a través de una prueba de ADN, los Vulturi no permitirían un engaño o que alguien que no fuera de su confianza hiciera esta prueba, podrían alterarla, no sabían si los enemigos de antaño de la familia seguían sus pasos. Alec me pidió que permitiera hacerme la prueba, solo para tener el 100% de seguridad, aunque el insistía que era un mero formalismo ya que todo encajaba con la historia. Yo acepté, también quería tener la certeza de cuál era mi identidad, una vez plantada la semilla de la duda no podría seguir con mi vida así. Alice tenía mi mano entre sus manos, dándome apoyo, me conocía lo suficiente para saber cómo me sentía en este momento y el apoyo que necesitaba, hubiera deseado que además de Alice, fuera Edward quien estuviera en este minuto conmigo, pero como bien sabía el debía estar ayudando a Tanya a ponerse al día con las tareas del Instituto. Ese pensamiento me entristeció pero fue interrumpido cuando Demetri nos informó que el médico de la familia estaba en Port Ángeles y podía estar al siguiente día en Forks para efectuarme la prueba, fue entonces que acordamos reunirnos al siguiente día después de clases en su casa y efectuar la prueba. Ya se estaba haciendo tarde y Alice y yo debíamos volver a nuestras casas, Demetri se ofreció a llevarnos ya que con el imprevisto, ninguna de las dos andaba en vehículo. Alec se quedó en la casa, dijo que necesitaba descansar después de tantas noticias, aun no les diría nada a sus padres, no quería dejarlos ansiosos por conocer el resultado del ADN, aun así, cuando nos despedimos me abrazó muy fuerte y sentí ese lazo que no conocía antes, el de tener un hermano.

Demetri decidió llevarme primero a mi a casa, me pidió que no comentara nada a nadie hasta tener la certeza a lo cual yo asentí, Alice estaba de acuerdo con esto, me dijo que ni siquiera a Edward se lo contara, dijo que estaba irritable y extraño el último tiempo y cuando se colocaba así, tomaba decisiones equivocadas, su reacción podría incluso llevarlo a contárselo a mis padres, lo cual podría ser nefasto sin tener la seguridad antes de encararlos, si es que llegaba a reunir las fuerzas para hacerlo, así que respiré profundo, lo prometí y comencé a prepararme mentalmente para actuar lo más normal posible al llegar a casa. Cuando estacionamos, me di cuenta que adelante, había otro auto estacionado y apoyado en este una silueta de hombre que yo reconocía al instante, era Edward. Alice y yo nos miramos, no esperábamos encontrar a Edward en la puerta de mi casa, nos apresuramos a bajar y Demetri decidió irse de inmediato para no meternos en líos y terminar contando lo que estábamos haciendo. En ese instante Edward se nos acercó, yo caminé en su dirección para saludarlo, feliz por verlo justo en un momento así, pero esa felicidad se eclipsó cuando vi su semblante, estaba serio. Nos preguntó a Alice y a mí quien era el tipo que nos había traído en auto y por qué llegábamos a estas horas, Alice contestó por ambas antes de que yo reaccionara y le recordó que le habíamos contado de los nuevos amigos que habíamos estado haciendo en el último mes, aprovechando el tiempo que el ya no podía pasar conmigo. Edward no dijo más ante esta indirecta de Alice, además, el ya sabía de su existencia, no se lo habíamos ocultado a nuestros novios, e incluso lo había invitado en un par de oportunidades a ir con nosotros, al igual que a Jasper, pero nunca tenían tiempo, según ellos, así que no podía reclamar nada. Después de esto, se despidió de mi con un beso en la frente, estaba distraído y mas distante cada vez, me dijo que debía irse, sus padres estarían preocupados si no llegaba pronto con Alice, yo asentí apenada, Alice me observó y se fijó en mi mirada triste, me abrazó con efusividad y prometió pasar por mí al otro día para ir a clases, le dije que por esta vez aceptaba y nos sonreímos. Esperé que subieran al auto de Edward y luego respiré profundo, entré en casa antes de perder la poca valentía que había reunido fingiendo que no había ocurrido nada fuera de lo habitual en este día, lo que distaba mucho de la realidad.

Había sido tanto, la posibilidad de que mi familia no lo fuera, si me querían en verdad o solo era una farsa y la actitud cada vez más distante que tenía Edward conmigo, casi ya no parecía ni siquiera mi novio. Esto era otro motivo de preocupación, el cual esperaba poder aclarar pronto con él, no quería seguir una relación de esta forma, prefería mil veces dejarlo ir si ya no me quería o no era feliz conmigo, aunque lo amara más que a mi propia vida siempre priorizaría su felicidad, eso era algo que me había prometido a mi misma cuando me enamoré de él, tenía una larga noche para pensar en lo ocurrido y como desenredar el torbellino de cosas que me estaban ocurriendo.