PUUUU

mil gracia spor los reviews

GRACIAS

^-^


Amiga Mía

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Por: mokona kuchiki

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Cuarto capitulo: !Que suerte la mía!


El aire golpeaba levemente se rostro de manera suave igual que una caricia. El sol salió de entre las nubes densas del invierno y permitió que el día fuera más que perfecto para dar un paseo junto a su pequeña Yume.

-¡Ishida!- miro a la dueña de sus pensamientos que sonreía alegremente. Sus cabello anaranjados brillaban con la luz del astro al igual que si piel de marfil. Vestía de manera casual, con un vestido color lila que la hacia ver aun mas tierna.

-¿Si… Yume?- pregunto al verle correr no muy lejos de él.

-¡Quiero un helado!- exclamo al fin con suma alegría señalando al joven detrás del mostrador.

-¿Es un poco temprano?, y no has comido- de nuevo miro a su acompañante y le causo un hueco en el estomago al ver su cara de desilusión.

-Pero… no es temprano- afirmo con voz baja.

-OK- soltó con un suspiro, ¿Cómo no negarse a una pequeña experta ene el arte del soborno?- pero no le digas a Kurosaki que lo hice, se enfadaría conmigo si te comprara comida chatarra cada ves que salimos.

-Como si le importara a mi papá- hablo de nuevo con frialdad- jamás esta en casa y ni siquiera le importo.

Miro atónico la pronunciación de esas palabras, Kurosaki no era un buen padre. Lo sabía. Pero tampoco era para negar que no le interesara su hija. Conocía a su amigo, desde su decepción amorosa con la madre de su hija no había vuelto a ser el mismo, se volvió frio e insensible con los sentimiento humanos, en especial con los de su pequeña hija, pero aun así…

-¿Por qué dices eso Yume?- se acerco lentamente hacia el lugar donde ella pedía su deliciosa golosina.

-Porque lo se- dijo rápidamente sosteniendo el enorme helado que el joven le había dado. Pareciera que la combinación de fresa, chocolate, pistache y chicle no era tan desagradable después de todo ya que su expresión lo decía.

-Tu papá te quiere, mas de lo que imaginas-de nuevo se centro en las expresiones de su rostro y si antes reflejaban alegría como ninguna, ahora era una tristeza como ninguna.

-No es verdad- sus ojos almendrados comenzaron a cristalizarse levemente y de nuevo su voz se rompía lentamente.

-Kurosaki siempre esta ocupado, su cargo le impide pasar tiempo contigo, no lo niego. Pero el papel de padre va mucho mas que solo eso Yume- cortó sus palabras, sabia que le estaba doliendo mucho sus palabras a esa niña y también sabia que ella estaba completamente consiente de su situación. Siendo una niña pequeña sufría ya los problemas de los adultos.

-mi papá es una persona importante, siempre mis maestro y las personas de la casa me lo dicen, pero…- su mano pequeña limpio la rebelde lagrima que se resbaló por su rostro- quisiera que mi mamá estuviera con mi papá. Que fuéramos una familia feliz como las que tiene mis compañeros de escuela.

Ese hueco en el estomago creció al oír esas palabras. Sentía el fuerte dolor de la Kurosaki Yume como si fuera propio, desde que nació la pequeña Kurosaki una extraña conexión se formo entre ellos. Su dolor era su dolor.

-Te quiere, no dudes Yume- trato de quitar con su mano las ya abundantes lagrimas que surgían de sus ojos almendrados pero se alejo bruscamente.

-¡NO! ¡Él no me quiere! ¡Jamás lo ha hecho!

Sin que se diera cuenta el helado había quedado en el suelo y su dueña había salido corriendo en dirección opuesta a la que estaban yendo. Con un rápido movimiento se giro para alcanzarla, pero de alguna manera, esa pequeña le ganaba en rapidez. Tenia que hacer más ejercicio o por lo menos ponerse en forma. Peor dejo eso pensamientos que eran más que fuera de lugar para tener unos llenos de temor.

-¡Yume!

Grito alarmado al verla cruzar la calle sin prestar atención alguna y vio con mas temor como un auto avanzaba peligrosamente a su pequeña. Escucho el chillar de los neumáticos al frenar sin intención y también, el leve crujir de un cuerpo al ser estrellado con el frio pavimento.

Corrió con todas las fuerzas que pudo sacar de quien sabe donde y se topo… con un ángel.


No tenia ni idea de lo que sucedía a su alrededor. Escuchaba algunas voces, unas más fuertes que otras pero una le llamo más la atención que las otras. Era un llanto, ligero pero era un llanto, demasiado cerca para que lo ignorara, trato de moverse, pero le dolía la parte de la cintura hacia abajo, entonces lo sintió, como si le hubiesen ensartado un cuchillo en el abdomen y este le hubiese atravesado. No sabia si el grito de dolor hubiese salido de su boca o no, pero ese dolor incrementaba con cada segundo que pasaba.

-No te muevas-escucho como alguien le hablaba ligera y tranquilamente.

Trato de abrir sus ojos que estaban cerrados pero se lo impidió de nuevo el tormentoso dolor en el mismo lugar haciendo que en vez de abrirlos los cerrar con mas fuerza.

-¿Puedes escucharme?

De nuevo la escucho, y como si al pudiera ver, trato de mover la cabeza en muestra de conciencia.

-Esta bien.

Con eso entendió que su movimiento logro su fin.

-La ambulancia llegara pronto, no te muevas.

Temió, en su agonía temió por las palabras pronunciadas por aquel desconocido. Sintió como su cabello estaba húmedo y el dolor que más conocía abundaba en aquel lugar. Sangre. Era seguro que lo que había sentido antes era el golpe de aquel automóvil, el que casi mata a esa niña tan descuidada.

La niña

No sabía si podía hablar o lo que pronunciara saliera de su boca, pero haría el intento.


-la…la… niña.

Escucho con dificultad lo que intentaba decir la joven que tenia cerca, tirada en el suelo, con sangre por la herida en la cabeza, rasgúñanos en los brazos por ser arrojada varios metros a causa del gran impacto y con posibles dos o tres costillas rotas, aun así, se preocupaba por la niña que salvo al protegerla con sus brazos de cualquier daño y recibiéndolo completamente ella.

-Esta a salvo, gracias a ti.

Aparto su mirada de aquella mujer tirada en el suelo para mirar a su pequeña. Lloraba fuertemente a unos pocos metros de ellos, sujetada por un hombre desconocido para que no se acercara donde estaba él. Podía escuchar las sirenas de la ambulancia que poco antes había pedido por medio de su celular. Sentías una completa responsabilidad de4que Yume llorara aterrada, y d4 ese ángel estuviera cubierta de sangre.

Aprecio la leve sonrisa que se dibujo en el rostro de la mujer, pudo ser causada por lo que había dicho. En ella se notaba una satisfacción total y un dolor que no podía disimular.

-Estarás bien. Me asegurare de ello.


No tenia mucho habían llegado a su departamento. Para mala suerte de ellos, aun seguí un poco desordenado, para no decir demasiado.

-¿Kasuki-san?-pregunto adentrándose aun más en la morada sin recibir respuesta.

-Aun es temprano- comento su acompañante- debe de estar paseando por allí.

Toco el interruptor que tenia al lado para iluminar un poco el cuarto. El joven pelirrojo dejo su maletín en una mesa pequeña para cuatro personas para después tumbarse en un cómodo sillón rojo.

-Pero no conoce la ciudad Abarai-kun- hablo con cierta demostración de angustia- ¿Y si le sucede algo?

-A Rukia le a sucedido de todo- bostecito levemente- además trae el celular, cualquier cosa con apretar un botón llamara.

Pareciera que lo dicho por el no hubiese causado efecto alguno en la pelinegra que seguía demostrando la preocupación por su compañera de cuarto. La vio caminar lentamente hacia la puerta y dudar en abrirla o no. Decirle que su amiga estaría bien seria malgastar saliva en vano. Miro el techo blanco tratando de perder el tiempo, también estaba levemente preocupado por su amiga, pero no lo demostraría tanto como su acompañante, le daría tiempo a Rukia para llegar, si no sucedía llamaría a su celular. Conocía el humor tomado por la mujer al ser interrumpida por una simple preocupación injustificada y lo que era capas de hacer. No tomaría acciones anticipadas después de conocer las consecuencias.

Observo el pequeño reloj de pared que habían puesto en la diminuta pero acogedora sala. Marcaba las 17:25. Estaba en lo cierto, no era tarde, y faltaba mucho para que la oscuridad cubriera el cielo azul de ese día.

-Hinamori- hablo dirigiéndose a su compañera que aun estaba nerviosa- si en tres horas ella no llega, marcaremos, hasta entonces no hay nada que hacer.

No sabía si había causado efecto en Hinamori ya que después de haber dicho eso, se volvió a tumbar en el sofá cruzando los brazos detrás de su cabeza tratando de dar a entender que daría una siesta. No escucho nada en los siguientes minutos así que no dijo nada. Miro levemente sobre su hombro y no la encontró, seguramente había ido a su habitación. No lo sabía.

Rukia… llama


Ya estaban en el hospital, gracias a dios el tráfico permitió que la ambulancia avanzara más rápido de lo normal ya que habían llegado más rápido que ellos. No pudo acompañar a la mujer ya que un Yume estaba con é. tuvieron que ir en su propio auto que no estaba muy lejos de donde ocurrieron lo hechos. A pesar de que insistió hasta el cansancio de dejarla en casa para que el fuera solo al hospital, Yume se salió con la suya y termino acompañándolo al hospital de la familia Ishida, su familia.

Estaba entre llamar a Kurosaki para decir donde estaban o simplemente hacerse el desentendido de que el límite del tiempo había acabado hace mucho. Rápidamente tomo el celular que tenía dentro de unas de las bolsas de su chaleco y lo apago. Yume seguía llorando, pero con menor, sus ojos estaban rojizos y levemente hinchados. Sentada a un lado de él en la sala de espera contando el tiempo en el que su padre saldría. Hasta que lo vieron.

Un hombre mayor de no más de treinta primaveras caminaba con elegancia entre los pasillos blancos. Con la típica bata blanca y el informe de pacientes en mano se dirigió con suma paciencia a ellos.

-¿Cómo esta?- pregunto dejando las formalidades a un lado.

-No esta tan grave como pensábamos- dijo con tranquilidad y con la misma puso el informe a manos de su hijo y cual leyó con rapidez cada detalle escrito en esas hojas- tiene tan solo una costilla rota, el golpe en la cabeza izo que perdiera demasiada sangre, pero nada que no podamos resolver.

Termino de leer rápidamente, desde pequeño se había acostumbrado a que por sus manos pasara ese tipo de documente lo cual le proporcionaba habilidad ejemplar. Miro a su padre de manera seria y noto que no le regresaba la mirada, en ves de eso la tenia fija en la pequeña que seguía a su lado sin falta.

-¿Es la hija de Kurosaki?- pregunto demostrando enfado.

-Sí- noto como la frente de su progenitor se arrugaba lentamente y sus ojos no perdían a su objetivo. Tubo que ponerse en frente de ella para que esa mirada de odio terminara- ¿Tienes algún dato confirmado?

Escucho un suspiro notable.

-No llevaba documentos ni credenciales. Solo encontramos un celular, en el estaban tres números registrados. En este momento se están comunicando con los dueños de cada número.

No dijo nada. No era necesario.

-Sera mejor que lleves a casa- rompió el incomodo silencio que se había formado entre ellos para dirigirse la niña- este no es el mejor sitio para que un pequeña este deambulando.

Se giro de repente a dirección contraria para caminar hasta perderse entre enfermeras y pacientes desesperados por recibir atención o datos de sus parientes hospitalizados. Giro su rostro para encontrar el de Yume un poco mas tranquila, estaba seguro que no entendió tanto la platica mantenía por su padre hace unos momentos.

-Yume- capto su atención con rapidez- es hora de irnos.

-¿No vamos a verla?- con su tierna voz pregunto.

-En estos momentos no se puede- afirmo- mañana tal vez, debemos dejarla descansa.

Vio de nuevo en sus ojos la desilusión por sus palabras, pero esta vez no había forma de complacer su pedido. Le tomo de la mano y se dirigieron a la salida mas cercana.


Faltaban quince minutas para que terminara el plazo dado para tomar el teléfono y marcar el bendito numero del celular de la ingrata de Rukia, pero no izo falta ya que había empezado a sonar con insistencia el suyo primero. Rápidamente le tomo y al echar un vistazo a la pantalla noto que no era el número de su amiga, y, que tampoco era uno que reconociera. Con demasiada curiosidad tecleo el botón de contestar y se lo puedo cerca del oído.

-Buenas tardes- escuchó una vos de una mujer proveniente del otro aparato- es usted es señor Renji Abarai.

-Sí…- contesto dudando- ¿Quién es usted?

-Estoy llamando del hospital centra señor…- con solo escuchar la palabra hospital la sangre se le congelo.

Rukia

-¿Un… hospital…?- si sus sospechas eran cierta, Hinamori lo mataría.

-Una joven fue traída esta tarde por accidente señor, no tenia ningún documento que la identificará pero traía consigo un celular en donde encontramos este numero y dos más. Se le ha marcado al primero pero no contesta y el segundo se encuentra apagado, es el único que ha contestado a nuestro llamado.

Escuchaba. Sí, no había duda. Pero no entendía lo que le decía la mujer tetras del auricular. Su mente estaba muy lejos de la realidad en un planeta llamado… RUKIA.

-¿Cómo dijo que se llamaba el hospital?

-Es el hospital centra señor est…

No la dejo terminar, colgó de inmediato en cuanto capto el nombre en donde estaba su amiga y se dirigió directamente a la puerta, aun no dominaba las calles de la gran ciudad, pero no costaba nada pedir un taxi. Faltaba tan solo unos pasos para cruzar la puerta y dar con el exterior…

-Abarai-kun… ¿Adonde vas?

No había notado que su compañera estaba pegada a la puerta de su habitación con ropa informal y su cabello sujetado con una media cola.

-Hinamori… yo…

-¿Kasuki-san aun no llega?- pregunto de nuevo.

-No llegara- mentir solo aria que retrasara mas la salida, y era muy malo para mentir. Estaba desesperado por llegar a ese hospital y estar para cuando ella despertara, tomarle la mano y acariciar su rostro, mientras pudiera- sufrió un accidente, esta en un hospital.

Miro su rostro lleno de pánico y como posaba su mano en la boca para ahogar un grito de desesperación.

-No…

-Es el hospital central según me dijeron- se pudo el ligero chaleco que colgaba en una silla cerca de él- ¿Me sigues?

No tubo que esperar demasiado, cuando se dio cuenta Hinamori ya estaba junto a el con su suéter puesto.

-Te sigo.


Estaciono el auto enfrente de la residencia Kurosaki, una casa sencilla pero que no pasaba desapercibida por quienes circulaban por esa calle. Bajo lentamente y se dirigió al otro lado para abrirle la puerta a la princesa de la casa. Sus ojos ya no están rojos, y mucho menos hinchados, lo único que quedaba del mal momento era su vestido sucio y con algunas manchas de sangre que esperaba que no notara.

Se acercaron a la gran puerta de madera que se abrió de golpe antes de llegar totalmente frente a ella. Detrás se pudo ver a una mujer vestida con delantal blanco y vestido negro, los miro con desesperación a ambos y se tiro con frenético abrazo a su acompañante.

-Señorita… que bueno que esta bien.

-Se preguntaba por que había reaccionado así la mujer del servicio, y al ver su muñeca noto la razón. Su reloj marcaba las nueve cuarenta demasiado tiempo habían pasado en la sala y el trayecto de vuelta se había demorado mas por el insoportable trafico que antes no habían sufrido.

-Tranquila Sun-chan- ese era el nombre de la criada- Ishida me ha estado cuidado.

Desearía que eso fuera verdad. Que junto a el no hubiera peligros ni tristezas para la joven Kurosaki, pero junto a él, bajo su cuidado estuvo a punto de perderla en tan solo unos segundos si no fuera por aquel ángel. Estaría en deuda por siempre con ella.

-Su padre a estado llamando cada cinco minutos para saber si llegaba- hablo lentamente y ambos notaron como fruncía la frente la pequeña.

-No se por que lo hace- dijo totalmente despreocupada.

-Señorita…

-Me voy a cambiar- dio totalmente terminada la platica con ellos por lo9 dicho, y rápidamente subió las escaleras rumbo a su habitación. Ambos la observaron hasta perderla de vista, como si necesitara vigilar cada paso que daba para que no se hiciera daño alguno. Podrían continuar con su labor por siempre, pero fueron intervenidos por el sonido de un insistente teléfono estacionario.

-Debe ser el señor- afirmo la señora con tono de preocupación.

-Yo me encargo- esa mujer no tenia que sufrir por sus descuidos. Se acerco a la pequeña mesa de cristal en donde se encontraba en teléfono negro sobre un hermoso mantel blanco. Lo tomo rápidamente y en cuanto toco la tecla para recibir la llamada se lo pudo en el oído.

-¡Sun, no me digas que ese maldito aun no a llevado a mi hija!- escucho la voz del doctor Kurosaki totalmente desesperado, no dijo nada y le dejo continuar.

- ¡Te juro que si no lo a echo lo voy a matar!

De nuevo no contesto.

-¡Sun si no contestas date por despedida!

-No desquites con esa pobre mujer la frustración de no tener vida Kurosaki- hablo al notar que estaba más furioso que de costumbre.

-¡Donde tenias a mi hija maldito!- podía escuchar su respiración agitada y el rechinar de sus de sus dientes.

- Tuvimos un percance, lamento no haber traído a tu hija a tiempo- hablo con toda la sinceridad que su voz podía demostrar, hiso una pausa para dejar que le dijera más de los insultos comunes en él pero no escucho nada.

-Solo tenías que llamar para avisar, me tenías totalmente desesperado.

Lo peor ya había pasado, con demasiada rapidez que lo de costumbre lo cual le extraño demasiado.

-Lo mas seguro eS que tuviera tu celular tirado en el consultorio o en un bote de basura de cualquier calle.

-…

-¿Trabajara hasta tarde de nuevo?- pregunto evadiendo el tema de la tardanza.

-Me toca el turno de noche, llegare en la madrugada- contesto de mala gana por el tono utilizado por su amigo, tenia entendido que le tenia gran afecto a su hija, pero no era para que se metiera en su itinerario de trabajo.

-¿Te importa si me quedo hasta que llegues?- miro hacia su alrededores y al notar que la mujer ya no lo acompañaba pregunto. Lo que siguió fue un casi eterno silencio hasta que…

-¿Qué sucedió Ishida?- su voz ya no demostraba ninguna emoción como las anterior, en cambio y estaba llena de…

-¿Qué te sucede a ti?- bajo la voz lo mas que pudo para que nadie de la casa pudiera escuchar lo dicho y surgieran sospechas. Se mantuvo al pendiente de la respuesta pero no llego-¿Kurosaki?- se aventuro a preguntar de nuevo.

-Llamo Matsumoto- de nuevo utilizo el tono de vos que lo delataba al mencionar ese nombre. Espero a que siguiera pero no lo izo. Tubo que hacerlo él.

-¿Qué quería?

-No lo se- imaginaba como su cara se arrugaba mas de lo normal y su mano derecha se colocaba cerca de sus ojos para dar un leve masaje improvisado- ¿Crees que le conteste sus malditas treinta llamadas?

Si que era insistente esa mujer. La conoció por casualidad cuando estuvo en el nacimiento de Yume. Alta, elegante, de fracciones que enloquecerían a cualquier hombre, parecería que la habían sacado de una revista donde las mujeres modifican su cuerpo para ganarse por lo menos una cuarta parte en esas hojas. Pero no. Jamás la habían visto en una de esa clínicas donde se hacen o al menos donde dan seguimiento al tratamiento, era cien por ciento natural. Al igual que su hija.

-Debe de ser algo importante- dijo después de meditar un poco las circunstancias.

-Dinero es lo que a de querer- bufo con cólera.

-Tú tienes la culpa por aceptar las condiciones.

-Eres mi amigo, deberías de apoyarme- noto cierto sarcasmo utilizado por el peli naranja detrás de la bocina.

-No siempre apoyare todas las estupideces que haces en tu vida.

-Te parece que llegando continuemos la platica, tengo pacientes que atender- escucho como lo había interrumpido una mujer alegando cosas que no entendía.

-te espero.

Corto la llamada al escuchar el tintineo de la otra línea. Lo puso en el lugar donde lo había tomado, sobre aquella mesa de cristal que le encantaba, lo único que quedaba de la antigua relación de Kurosaki.

-Ishida-sama

-Sun, no esperes al señor- comento al verla detrás suyo, pensó que tal ves lo estuviera espiando peor noto como su ropa estaba medio mojada y sus mangas arremangadas- ¿Yume ya se baño?

-Por supuesto- afirmo con una gran sonrisa- ¿Me a mandado a preguntar si gusta acompañarla para cenar?

No necesitaba preguntarlo.


Llegaron en cuanto pudieron, tardaron en encontrar un taxi disponible y un poco mas en recorrer el camino hacia aquel lugar. En cuanto llegaron, Hinamori rápidamente pidió informe dando los datos que el habían dado con esa llamada. Una mujer alta de apariencia simpática los atendió de inmediato. Los largo pasillos blancos los radiaban por doquier, el mármol reflejaban las luces de cada esquina con gran intensidad, la puertas quedaban levemente separadas no mas de 3 metro de separación. Llegaron a la puerta número 569, en donde gentilmente la mujer les abrió la puerta.

La vieron recostada a unos cuantos metros de ellos, recostada en una blanca cama en medio de la habitación, vestida de bata larga y acobijada por una ligera sabana estaba ella sumida en un letargo profundo. Su piel estaba más pálida de lo normal, y una venda adornaba la parte superior de su cabeza, cubriendo incluso su ojo derecho.

-Esta mucho mejor. Cuando la trajeron tenía abierta la cabeza por el golpe que había sufrido, tiene una costilla rota- se formo en su rostro la preocupación al escuchar eso- pero no se preocupen, no hay daño interno, no hay necesidad de que ella permanezca en el hospital.

-¿En serio? –pregunto Hinamori sorprendida a lo cual la enfermera asintió.

-Solo necesita una revisión más de doctor Ishida y estará libre para irse- dijo con una sonrisa en su rostro.

Sin decir nada más, la mujer salió de la habitación cerrando lentamente la puerta detrás de ella dejándoles tener un poco mas de privacidad. El silencio gobernó la habitación por unos minutos más hiantes que uno de ellos se atreviera a romperlo. El solo pensar que podrían molestar a su compañera que lo que mas necesitaba era descansar, se miraron fijamente para intentar decirse algo con la mirada, la ver que ninguno entendía al otro.

-Abarai-kun- se acerco al lugar en donde su amigo había encontrado haciendo-¿Que vamos a hacer?

-Dijo la enfermera que estaba bien- noto la pequeña risa en ella- ¿No era eso?

-Kasuki-sama debe saberlo.

-¡Que!- trato de suprimir el grito de sorpresa pero no pudo.

-¡shhh!- le tapo rápidamente la boca- ¡si gritas la vas a despertar!

-No estoy loco para llamar al histérico de Kasuki- bajo el tono con el que hablaba pero no la forma en que se refería al padre de Rukia.

-Me dijiste en el camino que habían hablando a los números que tenía registrado el celular de Kasuki-san, el mío tenia baja la batería por eso no pude atender cuando me llamaron, pero… también lo llamaron a él ¿No?

Se quedo en silencio por poco segundos para darse cuenta que su amiga tenía razón.

-Maldición- dijo en susurro- pero la mujer que llamo menciono que no le habían contestado.

Escucharon leves quejido por parte de la persona que estaba recostada en la cama, ambos subieron la vista y la encontraron revoloteando las sabanas aculatando su rostro.

-¿Dónde estoy?- se acercaron mas al escuchar su melodiosa vos y estar completamente seguros que no era una acción causada por pesadillas comunes en ella.

-Es un hospital Rukia- noto que tras su respuesta no hubo ningún cambio en la forma en la que estaba, es mas, un ligero temblor debajo de ellas pudo ser notado por los dos.

-Me duele… la espalda y…

-Kasuki-san, te golpeaste muy fuerte, tienes rota una costilla- se acerco a la orilla de la cama e interrumpiendo sus dolores le hablo.

-Solo recuerdo… que iba caminando y una niña… esa niña-trato de componer la postura en la cual se encontraba, pero el tratarlo un leve quejido salió de su boca. Rápidamente Hinamori que era la que estaba mas cerca la volvió a tumbarse en la cama, pero con la delicadeza de Hinamori.

-Lo que faltaba- resoplo frustrado el peli rojo- que te pases salvando criollos como si tuvieras poderes. Rukia eres humana. No tienes poderes ni nada por el estilo para salvarte del hospital.

-¡Abarai-kun!

-¡¿Qué?!- preguntó sin bajar el tono de voz- ella se da el lujo de saltar a un precipicio sin importarle lo preocupados que podemos estar por ella.

Ya no hablaba fuera del tono de vos, gritaba a todas sus anchas sin importare que hubiera pacientes en las habitaciones que los radiaban, o que alguna enfermera o doctor de alrededor lo viniera a reprender como niño pequeño.

-¡Renji cállate de una buna vez! Me duele mucho la cabeza ¡Como para estarte aguantando!

De nuevo los tres guardaron silencio por el tremendo grito de la peli negra, se sujetaba la cabeza con fuerza y el dolor en su rostro se reflejo. No tardo demasiado para que la puerta se abriera dejando pasar a una enfermera, era diferente a la otra, con unos poco años de más encima que se veían reflejados en la nieve de su cabello.

-¿Se encuentra bien señorita?- ignoro olímpicamente a Renji y Hinamori para pasar directamente al lado de Rukia.

Su posición no cambiaba y mucho menos los gestos que hacia. La enfermera comprendió sin que ella soltara palabra alguna.

-No se mueva, en doctor Ishida vendrá enseguida.

Salió a paso apresurado de la habitación blanca no sin antes dirigirle una mirada severa al único hombre adentro de ella.

-¿Te duele mucho Kasuki-san?- Pregunto con tono dulce Hinamori, volvió a estar cerca de ella en cuanto no cio peligro de que la mujer volviera, con su mano removió unos de los mechones del cabello de su amiga que estaba fuera de lugar.

-No... Es solo que me dan piquetes en el abdomen- dibujo una leve sonrisa que no engañaba a nadie.

-Sera mejor que no te muevas- de nuevo hablo, pero al parecer ya estaba mas calmado- si lo sigues haciendo terminaras por estar en este hospital de por vida.

No tardo mucho en llegar la enfermera acompañada por el doctor a cargo, aun que el dolor era insoportable levanto la mirada levemente y vio a un hombre te cabello blanco y mirada gélida. Hinamori se había apartado para dejar que el doctor la revisara, pero no tanto como para no observar todo lo que hacia. Aquel hombre le quito levemente la bata que tenia encima y dejo ver las gruesas vendas que tenia alrededor de su cuerpo. De manera rápida, examino el pecho, los pulmones y la espalda.

-Usted tiene suerte- tomo la postura de antes y dijo manteniendo la misma mirada- si el golpe hubiera sido mas fuerte sus órganos hubieran sido perforados por las costillas que se romperían.

-Entonces fue mi día de suerte- la anestesia que la enfermera le estaba inyectando, cumplir su cometido. El dolor comenzó a disminuir en el tórax y la cabeza- ¿Necesito quedarme aquí?

-No, solo necesita mucho reposo. No solo por las costilla rota, el golpe en la cabeza es lo único en lo que no estoy seguro de la gravedad- abrió la carpeta roja que tenia en manos y con el lapicero de su bolso empezó a registrar lo sucedió- mientras, le daré Ibuprofeno y Naproxeno para aliviar el dolor y reducir la inflamación-señalo la parte que tenia vendada.

-¿Cuántos días tendrá de vacaciones?- pregunto Renji metiéndose totalmente en la conversación.

-Mínimo una semana máximo tres- dijo sin mirarle- ¿Haces deporte?- ella negó con la cabeza- eso esta muy bien… evitara que te expongas a una recaída.

No hacia deporte desde pequeña, su Horo no la dejo practicar deporte por ser "peligroso" y no lo contradecía en eso. Dedico su infancia a estudiar música. Amaba el violín, y el piano era como su mejor amigo. En New York tenia un cuarto con los instrumentos que tocaba, varias veces su padre había echo que diera mini-conciertos en cualquier evento, para practicar sus habilidades con cada uno de ellos.

-Esta bien- dijo con resignación, todavía no comenzaban las clases y ya iba a faltar. Si su padre se enterara enviaría a alguien de inmediato por ella, con el argumento que estaba desperdiciando tiempo valioso d su educación en cualquier cosa.

¡Que mas podría salir peor!. En la primera semana ya había sufrido una depresión que no sabia si ya no la tenía, la habían atropellado, se le rompió una costilla y la cabeza la tenia rota. ¡Que suerte la suya! Sin duda alguna Kasuki Rukia tenía la mejor suerte del mundo.


La cena estuvo más que exquisita. Como siempre. Ya era costumbre que por lo menos una vez a la semana él terminara por comer o cenar en esa casa y la cocinera ya sabia lo que le gustaba. Compartía los mismos gustos que Yume, eso facilitaba el deber de ella al hacer solo un tipo y no muchas como cuando estaba Kurosaki en casa.

-¡Sun-chan hace comida rica!- caminaba a unos paso alejados de él. Sabían la larga escalera hacia su habitación. Estaba muy emocionada por que Ishida se quedaría a "dormir" o por lo menos a acompañarla. Lo guio hasta el pasillo mas amplio y después frente a la puerta rosa que le pertenecía.

-¡Entra!- finalmente giro la perilla y como si el viento la empujara, se abrió lentamente. Obedeció a la pequeña admirando como si fuera la primera vez que entrara. Trataba de encontrar cualquier cosa que no estuviera en su última visita. Encontró unos adornos en la pared pegados de forma simétrica, la enorme pared rosa y violeta tenía en ella fotos y dibujos de su pequeña. Era creativa a no más poder cuando no se entretenía con él en sus ratos libres, dibujaba, pintaba y decoraba su habitación.

Todo estaba bien, solo encontró un inconveniente.

-Yume…

-¡No lo toques!- con rapidez le arrebato lo que poco antes había tenido en manos y lo protegido de manera "ridícula" como diría Kurosaki.

-Yume… ¿Tu papá sabe que hiciste eso?- vio la pequeña mesa donde había encontrado el objeto. O más bien la foto.

-¡Claro que no!- chillo levemente- Ya la destruyó una vez. ¡No voy a dejar que lo haga de nuevo!

Vio como se acomoda en la cama de un brinco sorprendente. Acomodo las sabanas y se tapo hasta la cabeza. Suspiro a la muestra d ella de no querer hablar sobre ello. No tenia remedio.

-No me vas a dar las buenas noches- le hablo muy cerca de la cama, no quería irse sabiendo que ella estaba enojada con él.

-¡Buenas noches!- dijo aun dentro de la protección que le brindaban sus sabanas.

- Buenas noches para ti Yume- solo sonrió. Que más le quedaba. Apago la luz principal dejando solo prendido la pequeña lámpara que tenia al lado su pequeña. No cero la puerta tras de él. La dejo semi abierta por si ocurría algo o necesitaba cualquier cosa.

Bajo las escaleras y se situó en la reconfortante sala. Se sentó en el más grande y se puso cómodo, tal vez tendría que esperar unas cuantas horas antes de que Kurosaki pasara por la puerta principal.

-Señor Ishida-salió un hombre de la puerta de servicio mas cercana- ¿Esperara al señor Kurosaki?

-Sí- el hombre no dijo nada más y se retiro. Coloco ambas manos en la cabeza y como si no pudiera despertar se las tallo una y otras vez. Tenia mucho que discutir con su mejor amigo, sobre Yume… su deber como padre y… Inoue Orihime. La antigua esposa de Kurosaki Ichigo, y madre de su hija Yume Kurosaki Inoue


No me maten!!!!!