De nobleza y otros menesteres
- Señor padre…
Terry observó a su padre por un momento, y sintió que todos los rencores que albergó de adolescente regresaban en un solo impulso, lo que lo hizo fruncir el ceño, sin embargo, también observó frente a él a un hombre que parecía llevar sobre sus hombros un gran peso, y en ese momento recordó como en un relámpago, el peso que él mismo llevó durante tantos años sobre sus propios hombros. Optó por guardar silencio, preparándose para las agrias palabras y reproches de su padre.
Si alguien hubiese entrado en ese momento al camerino, se daría la vuelta dada la alta tensión entre los dos caballeros de porte y rasgos similares.
El duque observó a Terruce durante un momento, ya no era el muchachito que recordaba, además de estar más alto, sus hombros eran más anchos, y sus ojos aunque igualmente altaneros tenían una melancolía mayor a la que él pudiese recordar.
Richard de Grandchester, tenía en su sangre la estirpe de un ducado de más de 400 años de antigüedad y sin embargo, en un segundo olvido toda la flema y porte de su posición y avanzó hacia su hijo, para luego extender los brazos y abrazarlo como si pensara que en cualquier momento pudiese esfumarse.
Terry no salía de su asombro, conocía la dureza y altivez de su padre, por lo que esperaba cualquier cosa, reclamos, un golpe de su bastón, incluso una cachetada, pero nada lo preparó para sentir los brazos de su padre estrujándolo.
- Papá… fue lo único que Terry pudo decir.
Como si esas palabras hubiesen bastado, el duque sin soltar a Terry dijo:
- Bienvenido a casa Terry.
Annie Brigton, actualmente Annie Cornwell descansaba la taza de té que se había servido sobre sus rodillas, comenzando a mostrarse ansiosa pues Candy no regresaba del Padre Árbol.
No pudiendo más con su ansiedad decidió buscar a su amiga, ya que era la responsable que Candy tuviese en sus manos el periódico sobre la premiación de Terry.
Sabiendo que iba a dañar sus zapatos lilas de seda comenzó a caminar a través del prado, para después comenzar a correr a pesar de lo poco elegante o conveniente que fuese con ese calzado, pues al acercarse al árbol vio a una Candy ahogada en lágrimas. Cuando llegó a su lado, no sabía si abrazarla, correr a llamar a sus dos madres o retirarse. Optó por la primer opción:
- Candy que sucede.- le preguntó Annie
- El encontró a alguien Annie, él ya tiene con quien compartir sus logros, - hipo Candy.
Annie se quedó perpleja, no sabía si era que había otro artículo sobre Terry que ella no había leído, o algo le pasó desapercibido en el reportaje, pues la única mujer que aparecía junto al actor era la ahora revelada madre del mismo, Eleanor Baker, la actriz.
- A qué te refieres Candy?
- Mira sus palabras Annie, "Otra me liberó el alma y se convirtió en mi musa", más claro no puede ser, - le replicó Candy sin dejar de hipar por el llanto.
Si alguien hubiese visto a la elegante y siempre refinada Annie Cornwell en ese momento no la hubiese reconocido. Arrancando el periódico de las manos de Candy, comenzó a pegarle con él a la rubia, mientras muy alterada le decía:
- Candice White Andley, eres una atolondrada, que no ve más allá de sus narices, - gritó Annie.
- Annie, detente, que te sucede, - se giró Candy rabiosa.
- Que no entiendo como no fuiste escritora en lugar de enfermera, no puedo creer la cantidad de telaraña que le metes a tu cabeza en un par de segundos,- dijo Annie dándole un último golpe con el periódico y luego empezó a respirar como si hubiese corrido un maratón.
Candy se quedó perpleja, y mirando a Annie, le dijo:
- Puedes explicarme
- Lo que quiero decir Candice White, es que no sé dónde ande tu cabecita para decir que Terry tiene a alguien, cuando todos sabíamos desde el San Pablo que la única musa de Terry has sido tú, y que si no hubiese sido por la tonta decisión de permitir que Susana Marlowe se metiese entre ustedes ya estarías casada, viviendo en New York, con dos hijos y acompañando a Terry a sus giras, - resopló perdiendo el aliento Annie.
- Annie, tu sabes que Susana se sacrificó por Terry, y además hace un año que ella falleció y no he tenido señales de él. – se justificó Candy.
- Arggg, que voy a hacer contigo Candy, acaso no estudiamos lo mismo, y nos movemos en los mismos lugares. Que acaso no recuerdas que cuando enferme de neumonía y tú me cuidaste, mi madre en su desesperación al ver a Archie tan sereno, le recordó que si yo moría él debía como su prometida guardarme luto por dos años, y dado lo largo de nuestro compromiso no esperaba menos de tres años de su parte. Que esperabas de un hombre que es objeto de habladurías continuas por la prensa, que corriera al día siguiente a tu lado, como si nada pasase.
A veces creo Candy, que estabas tan decidida a que Terry sacrificase su vida al lado de esa actriz, y tú la tuya escondiéndote en el hogar de Pony que haces estos aspavientos y creas historias bizarras para no aceptar que tienes miedo de enfrentarte a las cosas como son ahora. Si tú no eres la musa a la que Terruce se refiere me quito el apellido Cornwell.
Y poniéndose de pie, Annie le dio una mirada de reprimenda a su amiga, y un último coscorrón con el periódico llena de frustración por la actitud de Candy.
Candy se quedó perpleja por la reacción de Annie, pero volvió a leer el periódico. Su amiga tenía razón, Terry debía guardar un tiempo de luto por Susana, fuese por el motivo que fuese. Además no se le conocían a Terry romances confirmados, ni noticias de escándalo luego de dejar el alcohol. Todo lo que se sabía sobre su vida estaba relacionado a su tiempo con Susana, las salidas con su ahora revelada madre, sus conocidos desplantes a los periodistas y los triunfos sobre el escenario. Si hubiese un romance confirmado, un desliz en su vida nocturna o algún escándalo relacionado a mujeres, cualquiera de sus conocidos no hubiese podido disimular y se lo contaría. No. Annie tenía razón, estaba aterrada, y hasta cierto punto, se sentía culpable. La carta que hace algún tiempo Susana Marlowe le envió pidiéndole que no buscase a Terry, que él era feliz con ella, aún pesaba sobre su conciencia a pesar de ya no existir la remitente.
- De acuerdo. – dijo Candy. Te prometo Terry que si quieres hablar, lo haremos. No sé cuánto tiempo te tome volver, pero sé que lo harás. El tiempo de luto de una prometida son dos años, si te he esperado una vida, puedo esperar un año más. Terry…aún te amo.
Y al decir esto por primera vez en mucho tiempo en voz alta, sintió como si algo se rompiese dentro suyo. Candy se secó las lágrimas y bajó a reunirse con Annie, quien esperaba estuviese más calmada, para contarle su decisión.
Volviendo a Inglaterra, parecía como si el tiempo se hubiese detenido para Terry. Su padre, el otrora frío y circunspecto duque de Grandchester lo abrazaba como si no quisiese soltarlo, le había dado la bienvenida, y si no lo conociese tanto juraría que el duque estaba realmente conmovido.
Poco acostumbrado a las demostraciones de afecto, Terry se separó de Richard, para poder hablar.
- Padre, es bueno verlo bien. – habló Terry sin saber exactamente qué decir.
- Terruce, ha sido una magnífica actuación la de esta noche, -respondió el duque recuperando su aplomo.
Nuevamente, se quedaron en silencio. Pero que podía Terry decir, cuando su mente se había preparado para cualquier reacción, menos para esto. Al fin, su lado sarcástico le gano al deseo de hablar sinceramente con su padre.
- Y dígame duque, dónde están?
- Dónde está quien, o qué. – preguntó el duque confundido.
- Los guardias de la torre de Londres para llevarme, por deshonrar mi ilustre apellido, ironizó el joven
- Terruce, aunque en primer lugar pensé venir y darte una tunda, no te lo voy a negar. He comprendido esta noche muchas cosas que me negué a ver aún después de tu partida. Y si decidí bajar a tu camerino fue para hablar con el joven que lleva mi sangre, pero no deseo perder mi compostura si eso es lo que intentas, estoy demasiado viejo para eso.
- Comprendo, le parece si intentamos hablar como dos adultos.
- Así lo espero, Terruce…
Decidieron salir del teatro y fueron al bar del hotel Savoy, como sugerencia del duque.
Al inicio como si un acuerdo tácito se hubiese marcado entre ambos, hablaron de la guerra pasada, del papel del duque en el parlamento. Y de la necesidad de reactivar la economía del país. Todo iba en esa línea hasta que el chofer del duque se presentó para decirle:
- Su excelencia, su apartamento privado está listo si desea usarlo esta noche o si el señor marqués también así lo desea.
- Gracias Jonh,- respondió el hombre mayor.
El duque guardó silencio, en lo que el sirviente se retiraba e hizo señas al camarero para que les sirvieran otra bebida a ambos.
- Terry, continuó el duque. Si te estas preguntando qué pasó con tu título de cortesía, no ha sido retirado, no quise tocar nada del ducado hasta volver a verte Terruce.
- Quieres decir padre, que legalmente sigo siendo el primogénito de la casa Grandchester?
- Así es Terruce, aunque por tu rostro veo que eso no te complace
- Padre, agradezco aunque le sea difícil de creer que no me haya retirado el apellido. Pero un actor de Broadway como usted sabrá no puede heredar un ducado.
- No he dicho eso Terruce, dije que seguías siendo el primogénito, no el heredero al ducado.
- No entiendo padre…
- Cuando te marchaste sin despedirte fui al colegio para informarme que había sucedido pues recibí una nota anónima que indicaba que te habías fugado debido a que deshonraste a una señorita hija adoptiva de la familia Andley de América
- Padre, eso no fue así…interrumpió Terry comenzando a molestarse
- Déjame terminar Terry y luego podrás decir lo que quieras, respondió con poca paciencia el duque.
Te decía que era una nota anónima que luego al investigar la hermana Grey, llegó a la conclusión que había sido un ardid de una tal señorita Leagan, prima de la señorita Ardley. Le dije a la hermana que quería hablar con Candice por si ella sabía de tu paradero, pero ella no tenía idea más que te habías marchado a América. Simplemente la ignoré y le dije a la monja que te traería de vuelta.
Candice siguió mi carruaje, se subió a él mientras estaba en movimiento para poder hablar conmigo, no podía creer como una señorita podía hacer eso. Hablamos y esa pecosa rubia me convenció que no te buscase y que te dejará buscar tu sueño.
- Candy…fue lo único que pudo pronunciar ante la impresión el joven Grandchester.
- Sinceramente hijo pensé que te casarías con ella, y luego vi en los periódicos que recibo de América que estabas comprometido con una joven actriz en silla de ruedas, y que ella murió hace poco más de un año. No entiendo que pasó?
- Quiere decir duque, que ha seguido pendiente de mi vida
- Al menos a través de los periódicos, aunque sea difícil de convencerte, eres mi hijo, y sufrí lo que un padre puede sufrir al perder a su primogénito. Sin embargo, como caballero, respete la palabra dada a quien pensé era tu amiga, y probablemente a futuro algo más.
Terry desconocía al hombre que tenía frente a él. Sin embargo, sabía que debía ser sincero con su padre. Le contó su partida a América, la entrada a la compañía de teatro, sus papeles principales, el accidente de Susana.
Al llegar a esta parte el duque presintió que aún el Savoy no era el mejor lugar para conocer la parte que imaginaba aún más difícil en la vida de Terruce.
- Te parece hijo si continuamos esta conversación en un lugar más privado, tengo un apartamento del que la duquesa ignora su existencia, donde podremos hablar tranquilamente.
- Está bien papá
El chófer los condujo por las calles de Londres a un departamento que se encontraba prácticamente escondido detrás de grandes arboledas. Terry miró a su padre con cara de sorpresa e ironía. El duque solo sonrió y le dijo:
- No estoy tan viejo como supones hijo, y aún tengo amigas a las que invitar a cenar, si me comprendes. Además comparto contigo el gusto por las rubias, aunque sin pecas. Y si recuerdas a la duquesa pues comprenderás mi necesidad de otras compañías.
- Que diría la duquesa padre
- Que su status, joyas y viajes bien valen ver hacia otro lado.
Terry solo sonrió pensando que si él no hubiese conocido a Candy probablemente seguiría vagando por Inglaterra y ya tuviese un apartamento discreto como su padre. Esa era la vida de apariencias que la nobleza se esmeraba en mantener y su padre era el vivo ejemplo de ello.
Al llegar al apartamento, se sirvieron las bebidas en el salón principal, y Terry comenzó el relato de la parte más oscura de su vida, luego del accidente de Susana, la llegada de Candy a New York, el intento de suicidio de la actriz, la separación con Candy, su caída en el alcohol, sus papeles en carpas ambulantes de mala muerte, y luego su resurgimiento para volver a Strafford, y a su responsabilidad con Susana, hasta que esta llevada por complicaciones de su precaria salud había fallecido.
El duque solo escuchaba y en algunas partes del relato, apretaba su bastón pero no se atrevía a intervenir.
- Terrence, que sucedió luego de la muerte de tu prometida y que pasó con la señorita Candice
- Susana antes de morir, me pidió como último favor que al menos le guardase un año de luto, y luego su madre se aparecía un día sí y otro también, ya fuese en mi apartamento o en el teatro para hablar conmigo de Susana y pedirme que respetase el luto por mi prometida.
- Llegaste a amarla?- preguntó el duque
- Jamás, le estaba agradecido por salvarme la vida y llegue a apreciarla, pero Susana era una mujer absorbente que vivió con la idea de ganar mi afecto a como diese lugar, la palabra de compromiso era un peso sobre mis hombros, pero jamás pude desposarla.
- Y luego que ella murió. Que sucedió?
- Pues hace más o menos un mes cuando ya se había cumplido un año de su muerte, hubo una entrega de premios a la que asistí con Eleanor.
Inconscientemente la cara del duque cambión para tratar de recomponerse a través de un nuevo trago y Terry le relató la entrega de premios y la aceptación pública de Eleanor como su madre ante la prensa. Además de su dedicatoria al recibir su premio. Y luego, la reacción y liberación de la Sra. Marlowe.
- Sabes Terry, que con esa declaración, has renunciado a todos tus privilegios. . espetó el padre.
- No estoy aquí por mis privilegios duque, estoy aquí para presentar una obra, mi trabajo en las tablas, y para poder saber cuál es mi status legal y darle a Candy, si aún me ama, un apellido legal.
- Me alegro que el fuego de tu mirada no se allá no se haya extinguido del todo. Pero me temo que esa declaración puede complicar las cosas. Lo primero que debo saber es si la declaración fue de Terruce Graham o Grandchester
- Graham
- Lo segundo es si estarías dispuesto a ser reconocido públicamente como un bastardo
- Eso no lo había pensado. Dijo Terry pues era la última pregunta que hubiese supuesto viniendo de su padre.
- Déjame explicarte, durante todos estos años fuiste reconocido como el primogénito rebelde de la familia Grandchester. Dado tu historial de comportamiento, no fue extraño para nadie que no prestaras juramento al rey, al cumplir la mayoría de edad. Pues se dijo que estabas en América. Nadie asocia tu nombre artístico al de la casa de Grandchester. Sin embargo, si deseas cambiar o reclamar un apellido a sabiendas que no serás el heredero por tu carrera; solo hay dos caminos.
- Estoy listo para saberlo, dijo Terry mostrando decisión en la decisión que había tomado.
- El primero es hacer público que eres un bastardo reconocido legalmente, aunque deteste el nombre. Y por lo tanto automáticamente perderías tu título de cortesía pero podría heredarte el apellido, y algunos fondos no asociados al ducado. – explicó el duque.
- No estoy aquí por tu dinero padre, - refutó Terry.
- El segundo es que tu tío abuelo el rey, autoricé que sigas utilizando alguno de los títulos menores pero deberás jurar fidelidad a la corona, podrás seguir siendo actor, con la bendición del rey, pero de decidir casarte con la señorita Andley deberá ser autorizado por su majestad y Candy no podrá tener un título de cortesía, aunque si tus hijos.
- No creo que un título de cortesía le interese a Candy, volvió a replicar Terry.
- Y hay una tercera forma no muy agradable, continuó el duque. Deberás renunciar públicamente a la casa Grandchester, tramitar el apellido que desees llevar, perderías cualquier herencia del ducado, o de mi persona; pero además para volver a Inglaterra deberás tener una autorización especial. Para mí aunque te cueste creerlo es la peor de las opciones.
- Cuál es tu preferencia padre
- La segunda opción sería la mejor para la casa Grandchester, en los últimos años con el fin de la guerra, Estados Unidos se convirtió en el respaldo económico para Europa; trayendo con ello a millonarias americanas que querían convertirse en Ladys, y a hombres de la nobleza cuyo patrimonio se ha visto mermado por sus malas inversiones o ninguna inversión económica; el duque de Marlborough, inicio esta tradición antes de que tu nacieras. (1)
- Conozco la historia, padre.
- Como verás a veces puede verse hacia otro lado, sobre todo si tu amada es una Andley, una de las familias más ricas y reconocidas de América.
- Tú no conoces a Candy, ella no aceptaría dar una dote a la casa Grandchester, para solventar un matrimonio. – dijo Terry comenzando a molestarse con aquella difícil charla.
- No te he dicho que pediremos una dote, pero será una forma de convencer al rey de dejarte ir con tu apellido, y poder a mi muerte saber que alguno de mis hijos aunque sea en una rama lateral llevo algo de mi sangre y de mi espíritu en la sucesión.
- Mi hermano Richard, es el Grandchester legítimo, padre.
- Su apellido, pero no el porte, la decisión y el fuego en la sangre de los Grandchester. Lamentablemente tu hermano no sabe ni limpiarse la nariz, previa autorización por la duquesa. Si no te hubieses marchado a América, nada me hubiese hecho más feliz que, el hijo de la mujer que tanto amé, y que tenía mi carácter y mi porte hubiese sido el heredero de mi legado, pero la vida es como es, y esta noche hijo me di cuenta que llevarás ese espíritu donde vayas.- finalizó el duque con tristeza y orgullo a la vez.
- Creo padre que necesitaremos un trago más esta noche, sonrío Terry.
- Debemos tomar decisiones, Terruce. Pero antes hablaré con el abogado.
Y ahora cuéntame cómo vas a lograr que la señorita Andley se convierta en mi nuera?
Y aquella noche, Terry se dio cuenta que entre él y su padre habían más coincidencias de lo que alguna vez quiso admitir. Pero a la vez un mar de distancia que tal vez después de aquella noche ya no fuese tan difícil de cruzar.
El abogado Smith, había llegado puntualmente durante 10 días a recoger el correo de Terry, sin ninguna notificación de la familia Andley. Por lo tanto, existían dos opciones, o la carta no había sido respondida por William Ardley, o esa carta no había llegado a su destinatario.
Sabía que Terry estaría ansioso por recibir noticias, pero prefirió averiguar qué había sucedido antes de viajar. Aún contaba con contactos en su vida anterior, así que inicio el camino para saber dónde se encontraba William Andley y la carta de su cliente.
(1) En 1895, Consuelo Vanderbilt, heredera norteamerica se casó con el 9º duque de Malbourg, divorciándose en 1921 y logrando la anulación del matrimonio en 1926. No fue el primer caso pero si el más sonado. Luego de ella otras americanas millonarias contrajeron matrimonios con nobles británicos.
