Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Nolebucgrl, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Nolebucgrl, I just translate.


A todos los chicos de los que me enamoré

Capítulo 3

—Entonces, ¿cómo estuvo tu primer día? —le pregunté a Alice mientras se ponía el cinturón de seguridad y, maldición, su tonto casco de nuevo.

—¡Estuvo bien! David Ayers se metió en problemas por tirar a Lauren, y ahora los maestros lo está vigilando más. ¡Ya no podrá ser un idiota durante un tiempo!

Me reí de su entusiasmo y deseé haber disfrutado más del quinto grado cuando estuve ahí. Entre más crecías, menos divertida era la escuela y toda la mierda que la rodeaba.

—Pues me alegra que David se metiera en problemas. Siempre ha sido un abusón.

—Uh-huh. Y Maddie me invitó a su fiesta de cumpleaños. Y Lauren quiere que tengamos una pijamada durante este fin de semana. ¿Puedo?

—Tendrás que preguntarle a papá.

Bufó porque, sí, era un comentario tonto. De todas formas, papá me preguntaría a mí si ella tenía permiso. Él trabajaba mucho y mayormente dejaba que la mayor estuviera a cargo de cosas como agendar actividades. Ahora que Rose no estaba, eso recaía en mí. Mientras fuéramos honestas sobre donde estábamos y tuviéramos cuidado haciendo lo que estuviéramos haciendo, él estaba de acuerdo.

—Siempre y cuando yo no tenga que llevarte. —Ir de casa a la escuela era una cosa. Manejar por toda la ciudad era otra.

—Por favor, como si fuera a pedírtelo —me dijo, señalando su casco para darle énfasis a su comentario.

—Sí, sí, malcriada.

Bien, podíamos hacer esto. El estacionamiento estaba casi vacío ya que Ali salía más tarde que yo. Usé mi tiempo mientras la esperaba para leer unos cuantos capítulos más de Corazones prohibidos, mi más reciente lectura de romances vulgares. Todos tenían sus adicciones y la erótica era la mía. Ni siquiera me disculparía por eso, incluso si Emmett se la pasaba a lo grande burlándose de mis libros.

Encendí el carro, lancé una rápida oración a todas las deidades santas, y puse la camioneta en reversa, manteniendo el pie en el freno mientras lo hacía, arrancándola lentamente. ¡Bien! Nos estábamos moviendo y lo hacíamos lentamente, y…

—¡Mira por dónde vas, Swan!

Santa mierda. Pise el freno, horrorizada cuando el mismísimo Edward Cullen se apartó del camino de mi parachoque izquierdo.

—¡De hora en adelante usaré mi bicicleta! —me dijo Alice, cruzando los brazos.

No tuve tiempo de contestar eso porque Edward Cullen estaba tocando en mi ventana. Doble mierda. La bajé, manualmente por supuesto, ya que la camioneta fue hecha en los sesentas.

—Hola, Edward —dije, como si fuera algo común que él tocara mi ventana.

Miró la cabina de la camioneta, sonriendo cuando vio el casco de mi hermana.

—Es inteligente —me dijo.

Abrí la boca para defenderme, pero ¿qué podía decir?

—La camioneta es muy vieja, pero veo que sí tiene espejo retrovisor y los laterales.

Idiota.

—Así es.

Finalmente me arriesgué a verlo y me sentí aliviada al ver que sonreía.

—Entonces, ¿qué te parece si los usas antes de que atropelles a algún compañero distraído? La mayoría no estarían tan tranquilos como yo al respecto. —Sonrió al elogiarse a sí mismo. Imbécil.

—Tal vez lo hice a propósito.

—Todo un infierno sobre ruedas, Bella Swan. Hells Bells*. Te queda —dijo con una carcajada—. Creo que no he hecho nada para merecer ser atropellado por ti, ¿o sí?

Bueno, técnicamente no.

—Tal vez tenía la esperanza de que tu novia estuviera contigo. No puedes decirme que ella no lo merece.

Su linda media sonrisa cayó.

—No estoy seguro de dónde está Tanya. Pero lo que dijo hace rato…

Negué con la cabeza.

—No te preocupes. Estoy acostumbrada a eso viniendo de ella.

—Igual no estuvo bien. Y se lo dije cuando estábamos solos.

Hubiera sido más agradable que le dijera algo en el momento, pero al menos era más de lo que esperaba de él. Era muy dócil cuando se trataba de Tanya.

—Gracias. Pero puedo cuidarme yo sola.

—Obviamente. —Me dedicó esa sonrisa de nuevo—. Simplemente atropellas gente con este enorme tanque tuyo. Nadie tiene oportunidad contra eso.

Tuve que reírme.

—Es cierto. Así que no te metas conmigo, Cullen.

—Ni siquiera lo soñaría, Swan. —Sacó su teléfono y frunció el ceño—. Me dirías si la hubieras atropellado, ¿verdad? Porque no sería amable hacerme esperar aquí si supieras que ella no va a llegar.

—Soy demasiado inteligente para delatarme, pero puedo decir con la consciencia limpia que no la atropelle. Al menos hoy no. No puedo prometerte nada sobre mañana.

Se rio y retrocedió un paso.

—Mañana pondré una etiqueta de advertencia en mi parachoques, para que todos sepan que no deben caminar por detrás en ningún momento. Estoy seguro de que hacen señalamientos de Tengan cuidado con el cisne*.

Dios. No pude evitar reírme al imaginar uno en medio de la defensa. Ahora como que sí quería uno, aunque no quería que fuera por mi mala manera de manejar. Sólo lo quería porque sí.

—Sería divertido.

—Divertido y un servicio a la comunidad para el resto de nosotros. —Se rio entre dientes—. Cuídate y usa tu retrovisor de camino a casa, ¿de acuerdo?

—¿Y dónde queda lo divertido? —le dije mientras se despedía y se dirigía a su Audi, que era todo lo contrario al pedazo de basura que tenía como camioneta.

Revisó su celular de nuevo y luego intento llamar a alguien; supongo que a Tanya. Se despidió de nuevo al meterse al carro con el celular pegado a la oreja.

Vaya, de verdad fue más amable de lo que merecía.

—¿Quién era ese? —exigió saber Alice, haciendo que me concentrara en ella de nuevo.

—Edward Cullen —le dije, poniendo la camioneta en marcha. Pasé junto a Edward, intentando parecer más competente que su última impresión de mi forma de conducir.

—¡Es muy lindo! —me dijo, puntuando su afirmación con un saltito.

—Está saliendo con Tanya —le dije, esperando aplastar cualquier fantasía sobre Edward Cullen que intentara tener.

—Oh. —Suspiró y palmeó mi rodilla—. ¿Siquiera sabes por qué ella te odia tanto?

Tenía teorías, pero no una razón sólida.

—Tuve que besar a Edward durante un juego de la botella cuando estábamos en primaria, ella estaba enamorada de él y yo lo sabía. El día después de eso, ella dejó de hablarme a menos de que fuera para decir algo malo. —Me encogí de hombros—. Además, Angela y yo nos hicimos más cercanas, y quizá ella se sintió que la dejamos fuera en ese momento. No sé. Parece una locura odiarme después de que, al final, ella fue la que se quedó con él.

—El amor te hace hacer locuras —me dijo Alice.

Suspiré aliviada cuando entré en nuestra cochera.

—¿Y tú sabes eso… por qué?

—Los libros que lees —dijo, riéndose mientras apagaba la camioneta.

—No los has leído, ¿verdad? —exigí saber porque, mierda, papá me mataría.

—¡No! Sólo estaba suponiendo. Leí las contraportadas. —Se veía tan orgullosa de sí misma mientras se quitaba el casco y abría la puerta—. Y mañana me iré en bicicleta a la escuela.

Suspiré y me bajé por mi lado.

—Le pediré a papá que nos deje y Angela o Emmett nos pueden traer a casa. —Era hora de admitir la derrota. Un rey de la preparatoria arrollado era suficiente. Tuve suerte de que Edward fuera más amable de lo que debería ser.

—Buena idea, hermana —me dijo, saltando hacia la casa.

Síp. Era mejor mantener mis pies en el suelo. Mi cabeza ya estaba en las nubes, como siempre decía mi hermana. No necesitaba que el resto de mí también lo estuviera.

Xoxoxoxoxoxoxo

—¿Bella?

Alcé la vista de la estufa, donde estaba preparando macarrones con queso.

—¿Qué necesitas? —le pregunté a Alice.

—Estoy haciendo una tarjeta de cumpleaños para Maddie y necesito pegamento. ¿Sabes dónde está?

—En mi escritorio —me dije—. Ve y tómalo, pero luego aséate para la cena. Ya está casi lista.

—Bien. —Corrió a buscar su pegamento mientras yo sacaba el pollo del horno.

Papá llegó justo cuando estaba poniendo los platos en la mesa y Alice se unió a nosotros unos minutos después.

—Aquí están mis niñas. —Nos abrazó a cada una—. ¿Cómo estuvo su primer día?

—Bien —le dije, y Alice se lanzó en un recuento detallado de todo lo que había pasado en el quinto grado mientras comíamos. Habló durante toda la cena sin parar.

No le presté atención ya que ya lo había escuchado todo, hasta que vagamente oí algo sobre "Bella casi atropella a un chico muy lindo".

—¿Bells? —preguntó, dándome su mirada de policía.

Suspiré.

—Lo sé. Apesto para manejar. ¿Podrías llevarnos a la escuela? Puedo conseguirnos quién nos traiga a casa.

—Seguro. —Su bigote se movió—. Intentaré buscar algo de tiempo este fin de semana para sacarte a manejar en la camioneta.

Sonreí, sabiendo que no iba a pasar. Papá trabajaba mucho y muy duro, y durante el poco tiempo libre que tenía, le gustaba relajarse. Manejar conmigo no era relajante para nadie.

—Suena bien, papá.

—Y ahora, ¿qué te parece si ponemos Rueda de la fortuna y apostamos? —preguntó papá, sonriendo.

—Sabes que siempre te gano. —No era nada más que la verdad.

—Ali me va a ayudar, ¿verdad, nena?

—¡Sí, papi!

—¿Bells? —preguntó mientras llevábamos los platos al fregadero y comenzábamos a lavarlos.

—Seguro.

—Bien. Extraño a mis niñas. A todas.

Sonrió con tristeza y supe que estaba pensando en Rose. Dios, yo también la extrañaba. No me di cuenta de lo mucho que dependía de ella hasta que ya no estuvo aquí. Ayudé a papá a cargar el lavavajillas y luego me acomodé en la sala. Nosotros tres era nuestra nueva normalidad. Los cambios apestaban.

Xoxoxoxoxoxox

El resto de la semana fue mejor ya que yo no era la que estaba tras el volante. Papá nos dejaba, lo cual era vergonzoso ya que manejaba la patrulla, pero supuse que era menos vergonzoso que matar a uno de mis compañeros, incluso a Tanya.

Angela estuvo de regreso durante el almuerzo y Emmett se nos unió una vez. Supongo que los demás días los pasó solo. Sabía que iba a extrañar a Rose y estar cerca de mí debía recordarle a ella. Nuestras sesiones de juegos luego de la escuela habían quedado completamente olvidadas. Aunque eso estaba bien. Yo tenía tarea. Y mis libros.

Llegó la noche del viernes y me acomodé felizmente a ver 16 Velas con Alice por billonésima vez.

—¿Estás segura de que no tienes nada mejor que hacer? —preguntó, acostando su cabeza en una almohada en mi regazo.

Pasé mis dedos por su cabello oscuro.

—¿Qué podría ser mejor que pasar la tarde contigo y Jake Ryan?

—¿Pasarla con un chico de verdad? —sugirió.

Mi mente automáticamente fue a Emmett, pero sacudí la cabeza. Ahora las cosas eran diferentes, sin Rose para detener mis sentimientos y con sus sentimientos por ella coloreando todas nuestras interacciones.

—Chicos de fantasía como Jake Ryan son más divertidos que los de verdad —le dije—. Menos drama.

—Creo que necesitas un novio.

Me reí.

—No lo necesito, pero incluso aunque así fuera, no es como que pudiera conseguir en un santiamén.

—Sí se puede. —Alice se sentó y me miró—. Eres muy bonita, Bella.

Bufé por eso, pero ella sólo sacudió la cabeza y siguió.

—¡Lo eres! Y eres inteligente y divertida cuando quieres. Y te vistes genial.

Ahora sabía que estaba exagerando.

—Eres dulce, Alice. Y te amo. Eres todo lo que necesito.

Bufó antes de acostarse.

—Te mereces tu propio Jake Ryan.

—Gracias. Si lo encuentras, me lo mandas. —Como si alguno me estuviera esperando, especialmente aquí en Forks.

—Bien.

Negué con la cabeza y me concentré en mi película favorita. La ficción era suficiente para mí. Era más segura. La gente de verdad se iba, o incluso peor, morían. La gente de fantasía no. ¿Quién necesitaba la realidad? Yo no.


*Juego de palabras entre Hell -Infierno y Bells -Bella.

*Juego de palabras con el apellido de Bella, Swans -Cisne.


¡Gracias por leer!