Hola a todos, les traigo nuevamente un pequeño fic makorra, espero que lo disfruten. Ah… por cierto, a aquellos que me hicieron peticiones de fics no crean que me he olvidado de ustedes. Los siguientes van a ser 1) un drabble borra, que me pidieron en tumbrl 2) un angst makorra (el anon que lo pidió solo dijo "que acabe con mis feels") que me pidieron en un Mp de ffnet. Y bueno, eso es todo por ahora.
pdt: muchas gracias por sus comentarios de veras me ponen muy feliz. Y por favor... si hay alguien que escriba fics makorra por ahí, por favor que los publique, me muero por leer fics de mi "cuasi OTP" en español. adiós
INOCENCIA
Mako jamás había pasado horas tan largas como aquellas en las que tuvo que esperar con Korra la llegada del rally en el que tendrían por fin una pista del paradero de Boilin. Por lo que el muchacho decidió quedarse sentado en su sillón, en silencio, mientras esperaba que anocheciera.
— ¿Te encuentras bien? — preguntó Korra. Mako levantó su mirada, y se encontró con un par de ojos azules llenos de preocupación.
— ¿Que no es obvio? — preguntó el chico con un toque arrogante en su voz— claro que no me encuentro bien— dijo. Al escuchar la respuesta, Korra frunció el seño molesta y se sentó pesadamente junto a él.
— No hay necesidad de que te molestes conmigo, yo solo preguntaba…— murmuro Korra. El maestro miró a la chica rápidamente, y por un instante, se sintió avergonzado. Después de todo, ella no tenía la obligación de ayudarlo, y aún así, lo hacía sin pedir nada a cambio, sin condición alguna.
— Lo lamento, no debí haberte hablado así — murmuró Mako.
— No hay problema — contestó Korra en voz baja - yo sé que esto no ha de ser fácil para ti.
— No, no lo es — comentó Mako quien dejó caer su cabeza sobre el viejo sillón rojo de su departamento.
Los dos maestros se quedaron en silencio por un momento, hasta que el chico sintió que Korra se recostaba en el espaldar de la silla. La respiración de Mako se aceleró al percatarse de esto, no sabía porque, pero la cercanía al avatar lo ponía más y más nervioso conforme pasaba el tiempo. Y una parte de él, deseaba volver a sentirla tan cerca como lo había estado la noche anterior, en la que ella había dormido sobre su hombro. El chico negó suavemente con la cabeza, como si tratara de desprenderse de estos pensamientos, ya que él sabía a la perfección que pensar de aquella manera de un Avatar no era sensato.
Mako se movió ligeramente en su puesto en tanto trataba de calmarse, pero, sorpresivamente, Korra puso su mano en su frente.
— ¿Qué estás haciendo? — preguntó Mako sin perder su compostura.
— Solo quiero asegurarme de que no tengas fiebre. De repente te pusiste muy rígido, y tu rostro está algo sonrosado, parece que estuvieras enfermo— dijo Korra con el tono de preocupación que había utilizado momentos atrás.
— No digas tonterías, estoy completamente bien — respondió Mako retirando bruscamente la mano de la chica de su rostro. Korra no dijo nada, pero el maestro fuego sabía que la había ofendido, pues su respiración se aceleró y se alejó ligeramente de él, lo que hiso sentir al chico aún más culpable que antes.
— Korra yo…
— No te disculpes…— lo interrumpió Korra quien había volteado su rostro para que él no pudiera ver su expresión — ya sé que estás nervioso, no tienes que explicármelo.
Mako se la quedó mirando por algunos minutos, pero no halló palabras para disculparse así que cerró sus ojos y cruzo los brazos. Él hubiese querido que lidiar con Korra fuese más fácil, pero cuando estaba junto a ella se sentía torpe y algo estúpido, como si no pudiera hacer nada bien, y estuviera condenado a ofenderla una y otra vez.
En principio, a Mako no le había gustado la excesiva personalidad de la Avatar, ella era demasiado orgullosa, demasiado arrogante, y en general, ella era demasiado para él… pero, con el tiempo había aprendido a ver detrás de todo aquello para descubrir en Korra una persona algo solitaria y muy, muy ingenua.
— Korra… — empezó Mako tratando de entablar una conversación.
— ¿Sí? — preguntó la chica.
— Me preguntaba… bueno yo… este…
— Pregunta— dijo Korra incitándolo a que continuara.
— Bien… ¿Por qué viniste a Ciudad República?
— Porque Tenzin no podía entrenarme en el Polo Sur. Él dijo que debía esperar, pero yo no quería quedarme sentada cruzada de brazos, así que una noche tomé a Naga, me despedí de mi maestra Katara y de mis padres, y me colé en un barco hacía Ciudad República— dijo muy emocionada. Al escuchar aquella historia, Mako la miró sorprendido.
— Quieres decir… ¿Qué decidiste viajar tu sola, sin dinero y sin permiso de nadie, a una ciudad que no conocías, a miles de kilómetros de tu casa? Es una locura…— opinó el chico.
— Tú no entiendes Mako — trató de justificarse Korra — yo soy la Avatar, y este es mi destino. Mi deber es aprender a usar los cuatro elementos, y ayudar a las personas.
— ¡Ha! — exclamó Mako divertido.
— ¿Qué es lo que encuentras tan gracioso? — preguntó Korra frunciendo el entrecejo.
— ¿Lo dices en serio? — preguntó el maestro fuego pensando que todo aquello del "destino" y "ayudar a las personas" debía ser una especie de broma
— Claro que sí, mis obligaciones como Avatar son lo más importante para mí— dijo Korra seriamente. Mako se la quedó mirando a los ojos por un momento, y se dio cuenta de que ella era completamente sincera. Por un momento, el muchacho no supo cómo reaccionar, jamás había visto a alguien tan inocente como la Avatar, quien no solo había cruzado el mar sola y sin un centavo, sino que además lo había hecho con el único propósito de ayudar a personas que no conocía.
— ¿Es por eso que me estas ayudando? ¿Porque esa es tu labor como Avatar?
— Pues…. S-si — tartamudeó Korra — y porque… bueno, tu sabes, yo pensé que éramos amigos…— completó la chica nerviosa. Mako sonrió al darse cuenta de que Korra temía que él le dijera que no era su amigo.
— Por su puesto, tu y yo somos amigos — asintió Mako, por lo que la chica le dirigió una pequeña sonrisa. En aquel momento, Korra miró el reloj de pared que se encontraba frente a ellos.
— Mako — exclamó — son las ocho, pronto será el rally, tenemos que alistarnos.
— Tienes razón — dijo Mako, quien se paró y caminó hacía un par de viejas y sucias bolsas junto a la entrada del sótano. De ellas, el chico sacó un viejo abrigo y un sombrero en igual estado, que habían comprado esa tarde en una tienda de beneficencia.
— Ponte esto Korra— le indicó el maestro fuego mientras le lanzaba las dos prendas. Korra las atrapó, y se las puso rápidamente. Después, se volteó y le preguntó a Mako:
— ¿Cómo me veo? — el maestro fuego la miró de reojo, y se dio cuenta de que su rostro no estaba completamente oculto, lo cual podía ser un problema, ya que la chica había aparecido en cada uno de los diarios y revistas de Ciudad Republica, cualquiera podría reconocerla.
— No es suficiente — contestó Mako pensativamente.
— ¿Cómo que no es suficiente? — preguntó Korra — no es justo, tu tan solo usas un sombrero, y yo tengo que usar el armario completo— arguyó la chica en un tono un tanto infantil.
— Puede ser, pero yo tan solo soy un "don nadie", tú eres la Avatar — dijo, por lo que Korra tan solo le dedico un mohín y se cruzó de brazos. En aquel instante, el chico se froto el cuello tratando de encontrar una respuesta a su problema, fue allí, cuando recordó la existencia de su bufanda.
Mako paso sus dedos por el viejo tejido rojo, y dudo por un momento, ya que aquella pieza significaba mucho para él, pues era el único recuerdo de su papá, la misma que lo hacía sentir seguro en las tenebrosas noches de las calles de Ciudad Republica. En aquel momento, el maestro fuego levantó la mirada y se encontró con un par de expectantes ojos azules que lo miraban con curiosidad. Fue allí cuando el chico se dio cuenta de que no podía dejar desprotegida a Korra, ella había puesto todo en juego por ayudarlo, aún cuando no sabían a lo que se enfrentaban.
— Toma — dijo el chico mientras se quitaba la bufanda — usa esto, te cubrirá el rostro— continuó Mako mientras se la ponía alrededor del cuello.
En ese momento, el maestro fuego volvió a encontrarse con la mirada de la Avatar, y una ola de pánico se apoderó de él. En realidad, ninguno de los dos sabía a lo que se enfrentaban, pero aún así esa loca e ingenua chica estaba dispuesta a poner su seguridad por ayudar a un par de ratas callejeras de Ciudad República, a pesar de que su vida era mil veces más valiosa que la de Boilin y Mako juntos, por lo que lo único que podía hacer era darle aquella vieja prenda y esperar a que ella estuviera a salvo.
— Mantén esa bufanda contigo, yo la uso como una especie de "amuleto de la buena suerte" — dijo Mako seriamente.
— Si — respondió Korra quien también se veía algo ansiosa.
Mako se colocó cuidadosamente su gorra, y observó una última vez a la Avatar, quien se veía más pequeña escondida tras todas aquellas capas de ropa, y, por un momento, el chico deseó que no vieran ninguna escena aterradora aquella noche, como esas a las que el maestro fuego se había acostumbrado durante su tiempo en las triadas, ya que odiaría que toda aquella inocencia de los ojos de Korra se perdiera por culpa de las calles de la ciudad.
— Korra — empezó Mako al salir del sótano — prométeme que vas a tener mucho cuidado.
— Lo haré si tú me lo prometes.
— Te lo prometo…
— Entonces, yo también te lo prometo.
