Disclaimer: JRR Tolkien, o Peter Jackson.


~Tu recibes a un perro con un hueso y él salta sobre ti para lamerte la cara~

toc toc

Ambos hermanos se detuvieron justo antes de sentarse en la mesa. No pasando más que un minuto luego de poner los platos recién hechos, cuando el ruido los interrumpió. Ellos se vieron confundidos por los golpes en la puerta - ¿Esperas a alguien? – preguntaron al mismo tiempo, igual de impactados de la inesperada visita. Fidelia iba a recibir a quien sea que estuviera afuera cuando su hermano la detuvo con una mano.

- Yo voy, hice una promesa para esto – él sonrió burlón, seguramente divertido por lo rápido que tenía que cumplir su parte del trato, aunque ella no iba a quedarse tan tranquila si la que estaba afuera era su némesis personal. Ella se sentó aburrida y espero a que su hermano volviera para poder empezar a comer, con la suficiente paciencia al saber que la comida no se enfriaría por un tiempo. Pensó de nuevo en la conversación que tuvo con Bilbo, en lo tonta que era en no confiar en su hermano, él no era como los demás, era familia y no se debe dudar nunca de eso. Y aun así, no podía olvidar esas palabras, que aunque no sean dichas para ella, eran igual de molestas. Tal vez solo tenia que darle tiempo para acomodar sus ideas.

Suspiro cansada de tener un nuevo motivo que seguramente la mantendría despierta esa noche... como si las pesadillas no fueran suficiente. ¿Dónde estaba Bilbo, por cierto?

Pero no fue la voz de su hermano la que oyó acercarse desde la otra habitación, sino una nueva y desconocida para ella, demasiado masculina y ronca como para pertenecerle a Bilbo. En ese instante, justo luego de su audición, entro a la vista un imponente hombre que nunca había visto antes en su vida. Era alto, musculoso, y con mucho pelo en la zona inferior de la cara pero dejando la parte superior de su cabeza calva, a excepción de los tatuajes. Tenia un largo cabello negro cayendo por su espalda, y una ropa de tela y pieles hacían el accesorio final para convertirse en la perfecta imagen de un enano en toda su gloria. Atrás del desconocido entro Bilbo, haciendo malabares con lo que parecía ser una muy pesada capa oscura.

- ¿Amigo tuyo? – Bilbo bufo, viéndola sorprendido por tal impensada acusación pero ella no le hiso caso porque una astuta sonrisa se deslizo en sus labios al pensar en lo divertido de la situación. Oh, así que aquí tenemos un claro ejemplo de lo que sucede cuando intentas salirte con la tuya con una promesa a tu hermana, o mejor; el karma de Bilbo, por contradecir sus propios principios, y que le apuñalaba por la espalda.

Esto definitivamente lo usaría para más adelante, ahora solo tenia que encontrar a quien contarle tan entretenida anécdota.

- Dwali, a su servicio – el enano hiso una reverencia hacia ella, no dejando de verla curioso con esos ojos brillantes. Ella iba a presentarse también cuando fue interrumpida - ¿Esa es la comida?

- Erm, creo que si – Fidelia alzo una ceja, no sabiendo realmente que hacer ahora – Fidelia, un gusto.

- No sabía que el señor Bolsón estuviera casado – "Dwalin" se sentó en el asiento designado a Bilbo y empezó a devorar el pescado como un animal ante la atenta mirada de sorpresa de los hermanos – espero que eso no sea un inconveniente. Esto esta delicioso.

Fidelia miro a su hermano confundida ¿De qué mierda está hablando este sujeto? – Bilbo no es mi esposo, y es bueno que le guste pero… ¿A que se refiere con eso?

- ¿Qué la comida es deliciosa? - puso los ojos, como si le dijera una obvia observación que ella no tendría la capacidad de entender por si misma... como si fuera una idiota. Fidelia mantuvo su sonrisa pero ahora ya no viendo el humor de la situación. ¿Sería muy extremo poner el jarrón preferido de su madre en la cabeza de Dwalin, que curiosamente estaba a su alcance, para luego sacar su cuerpo inerte de la casa? Si, definitivamente eso llamaría mucho la atención no deseada. Y Bilbo seguro la detendría antes de siquiera golpearlo.

- ¿Hay más?

- ¿Qué? – los hermanos dijeron a la vez, confundidos con su pedido, pero Fidelia entendió rápido a lo que se refería, y ágilmente le paso su propio plato viendo que su apetito había desaparecido luego de ver todas las migajas desperdigadas en la barba del enano y la mesa del comedor, incluso ella intuía que también en el suelo habían partes de comida. Arrugo la nariz en desagrado al pensar en toda la limpieza que ella y Bilbo tendrían que hacer después.

- Um, Señor Dwalin.

- Solo Dwalin.

Fidelia sintió un pequeño tic en una de sus cejas, señal de que su muy corta paciencia se agotaba. Por el rabillo del ojo noto a Bilbo removerse en su asiento y, alejarse de ella en silencio. No le importaba, ahora mismo tenía un problema más grande, y entre nos, ella era la más apta de los dos para hacerle frente a este... esta bestia tragadora de alimento.

- Disculpe ¿Le molestaría explicar mejor lo que está pasando? Ninguno de nosotros lo conoce.

- Eso fue lo que dije – ella callo a Bilbo antes de ver de nuevo a Dwalin.

- Y no creo que usted este en el lugar correcto.

Dwalin gruño mientras masticaba al mismo tiempo, dándole un grotesco mordisco a la cabeza del pescado como un salvaje. Fidelia abrió la boca sorprendida de la brutalidad de su invitado y un pequeño aguijón de culpa la ataco al pensar en todo el tiempo que el pobre tuvo que pasar sin comer para que tragara todo de esa forma, mientras ella se preocupaba por los modales en la mesa y la manera de deshacerse de él. Y fue solo hace un momento que reprendió a Bilbo por su falta de cortesía. ¿Qué tan hipócrita puede ser ella?

Dwalin agarro una galleta y se la metió por la garganta sin siquiera saborearla - Estas no están tan buenas.

Si, el pobrecito que- ¿Cómo que no están buenas? La comida de Bilbo es la mejor. No hay mejor cocinero de la Comarca, y las galletas que ella prepa... ¡¿Es una de sus galletas la que acaba de despreciar?!

Fidelia y Bilbo se congelaron, la primera por la indignación mientras el segundo no reaccionaba por miedo. Él sabia lo mala que su hermana era cocinando, al menos que fueran postres, su especialidad y preferencia, el resto era una constante lección de prueba y error, mucho error. Pero aunque Dwalin no supiera la ofensa que acaba de hacer, aun dudaba que Fidelia lo dejara pasar y que él saliera en una pieza de esa casa cuando terminara la noche.

Sobre todo cuando se metían con sus creaciones, un tema que jamás se debería de tocar.

toc toc

Ella tembló al oír el golpeteo, y le frunció el ceño a su hermano como si él fuera de alguna manera el culpable de la situación. Bilbo levanto sus manos en defensa propia, viéndola nervioso.

- Abre la puerta – Dwalin gruño a Bilbo, ignorante de la tención a su alrededor, o mejor dicho, no importarle en realidad.

- Bilbo ve, yo me encargo aquí – él empezó a negar con la cabeza antes de que ella le mostrara sus dientes en advertencia – ahora.

No hiso caso a la forma rápida en que su hermano salió del comedor, ni que haya dejado tirada la capa del invitado en la silla tras su huida. No, ella solo tenía un problema más serio entre manos, que resolvería de una u otra forma. Volteo a ver a Dwalin, para darle un pedazo de su mente, y dejarle claro otras cosas, cuando se sorprendió al ver que el hombre ya no estaba sentado en la silla, sino que estaba fisgoneando en los estantes por más comida. Ella podía entender que no haya comido nada antes, también que el tan conocido apetito de los enanos sea lo suficientemente grande como para no llenarse con la cena de dos hobbits, pero había un límite que no se debía pasar cuando estás en casas ajenas, menos si ella estaba a su propio límite de tolerancia.

- Señor Dwalin, yo creo que debería sentarse antes de que -

- Dwalin.

- Dwalin - dijo con lentitud, guardándose el gruñido para después - Aquí hay un malentendido. No hay posibilidad de que llegara a la casa correcta, si me lo permite, puedo ayudarle a llegar a donde-

- Hablas mucho. ¿Tienes algo más para comer? - sacudió un frasco de especias, con el mínimo cuidado del mundo.

Ella tembló, ya no aceptando más la actitud de este hombre. Enano o no enano, esto se terminaría aquí. Le pediría luego una disculpa a su difunta madre, ahora solo quería hacer las cosas a su manera. Fue cordial hasta sobrepasar su límite, intento comunicarse con este salvaje incluso después de desechar sus preciadas galletas, e incluso le ofreció su apoyo para buscar el verdadero lugar que debería de estar pero nada de eso importaba ahora.

- Se lo advertí…

Fidelia aprovecho que el hombre le daba la espalda para acercarse sigilosa. Mientras estaba distraído, agarro su brazo y jalo de él hasta desequilibrar su peso, y darle la vuelta hacia la mesa para luego tirarlo contra la madera. Antes de que Dwalin pudiera reaccionar, ella inmediatamente se posiciono atrás de él y sostuvo una de sus manos tras la espalda, presionándola en una dolora posición. Se permitió una pequeña sonrisa al ver su truco funciono mejor de lo que esperaba.

- Bien ¿Ahora si podemos hablar,"señor"?

Dwalin dejo de seguir ignorando a la muchacha cuando se dio cuenta de la posición en que estaba. Frunció el ceño y gruño al entender que una pequeña niña había logrado derribarlo con tanta facilidad, lo cual debería ser imposible, y que lo estaba dominando perfectamente bien. Aun no sabía como fue que hiso para hacer lo que hiso pero no le gustaba esta situación, sobre todo la burla que oía en su voz.

– Bien, ya te divertiste. Ahora, cariño, te advierto que te quites de encima si no quieres salir lastimada.

- O ho ¿Soy yo tu preocupación ahora? ¿O tengo que tomar esas palabras como una amenaza? Porque te diré algo, chico grande, mi paciencia se acabo contigo – Como si fuera una afirmación, ella puso su pierna entre las del enano, moviéndola para demostrar su ventaja – ahora mismo puedo muy bien dejarte sin herencia de una patada.

Fidelia sonrió complacida al sentir la rigidez del enano, suspirando internamente que algo bueno saliera de esa noche – Quiero hablar, pero antes debes entender que aquí hay reglas. Normas que usted va a seguir si quiere que le sigamos alimentando ¿Vamos bien hasta ahora, señor Dwalin? – frunció el ceño cuando Dwalin se quedo quieto, no haciendo ningún ruido que pudiera ayudarle a saber si iba a obedecer o simplemente rebelarse contra ella. Claro que las amenazas eran el último recurso a usar, como su madre siempre decía, pero también era cierto que a veces no quedaban de otra que utilizar medidas desesperadas. Solo esperaba que su ansiedad e inexperiencia no se notara, porque no estaba muy segura de que pudiera hacer un segundo milagro de derribar de nuevo a Dwalin.

Él gruño, mirándola con intensidad.

- ¿Iras a partirme las bolas si no respondo, cariño?

- ¡Tu…! – ella cerro sus ojos y respiro hondo antes de volver hablar – No, solo quiero tener una conversación normal.

- No es muy normal tener a un invitado contra la mesa, jovencita – Dwalin sonrió con descaro para su desconcierto – al menos que quiera una relación más personal que el de una anfitriona.

- ¡Claro que no! Eres un rufián insolente que no sabría cómo tratar a una mujer ni aunque la tuviera enfrente.

- En algo que estamos de acuerdo. No veo a ninguna dama en este momento.

Ella tembló, furiosa por el insulto. Ninguno de ellos noto que tenían una audiencia ni que estaban entreteniendo al segundo invitado de la casa.

- No necesito ser una dama con necios ignorantes como tú. Si pudiera, me encantaría tirarte al rio más cercano, tal vez así se te quite lo idiota.

Ambos dejaron de fruncirse el ceño y levantaron la vista cuando oyeron un carraspeo. Fidelia se sorprendió de ver un segundo enano en su casa, aunque este parecía más sociable ella no quería arriesgarse a tener otro encuentro con más enanos gruñones. Se sonrojo al pensar en que no solo hiso todo un acto frente a este nuevo extraño, sino que además su hermano había visto como ella estaba arqueada sobre un hombre mientras le amenazaba a voz alta con patearle en sus partes intimas. Bilbo sufría la misma vergüenza que ella si el rojo fuerte en sus mejillas significaba nada.

- Veo que estas más bajo y más ancho, hermano – ella parpadeo asombrada por las palabras de Dwalin. ¿Hermanos? – Como ves tengo una situación aquí.

- Si, lo veo… - el enano de pelo blanco sonrió divertido por la escena. No era común ver a su hermano apresado por una pequeña chica hobbit. Miro con picardía a Dwalin, mostrando lo mucho que estaba disfrutando esto – Estoy más ancho no más bajo. Todavía pienso por los dos, al parecer.

Fidelia soltó a Dwalin y se alejo de él como si fuera una peste. ¿Qué demonios estaba haciendo? Dwalin pudo muy fácilmente romperle un brazo por su osadía. Pudo haber salido seriamente herida por actuar precipitadamente. Mierda.

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