Estabas ahí, justo frente a mí, después de todo lo que tuve que buscar, después de despertar asfixiado en mi cuarto, después de correr hasta quedar sin aire ¿O podía respirar bien? Las cosas parecían algo irreales, no podía entender bien qué pasaba, como si estuviera drogado aunque nunca hubiera probado sustancia, como si fuera un sueño, pero no lo era porque ahí estabas, Oh, cuánto te necesitaba. Apresuré el paso y pronto llegué a la suficiente distancia, frené antes de llegar a tocarte porque lo sabía, sabía que desde aquella discusión las cosas no habían estado bien, pero nada importaba, yo te necesitaba, te necesitaba ahora y por el resto de mi vida, de nuestras vidas, no podía vivir sin ti y no quería hacerlo, así que te llamé, pronuncié tu bello nombre y tú reaccionaste, oh, estabas por voltear, por favor, solo debías girarte y verme…

Pero no lo hiciste, no terminaste de voltear, sabía que me habías escuchado porque reaccionaste, pareció que incluso te sorprendiste un poco, entonces, ¿Por qué no te giraste a verme? Devolviste la cabeza al frente y negaste con la cabeza, ¡Oh, por favor! Comencé a llamarte de nuevo, te pedí perdón, pedí tu atención, comencé a subir el tono porque dejaste de reaccionar a mi voz, no querías verme ¿No querías estar conmigo? No, no podía aceptarlo, tenía que intentarlo un poco más. Pero ni cuando subí el tono ni cuando me acerqué otro paso, solo cuando volví a gritar su nombre pareció dar otro respingo y querer voltear, pero nuevamente volvió la vista al frente, ¿Qué le pasaba?

¡Por favor, mírame! Fue lo último que dije cuando vi a alguien más aparecer, un tipo. ¿Qué hacía él con ella? Y ella se le acercó comenzando a sonreír. No. ¡Ella no podía haber comenzado a mirarle a él! ¡Yo seguía ahí, solo debía mirarme! ¡Solo un momento! Pero él la besó, ¡Frente a mí! Y él también me ignoraba, no cupe en mi rabia, partí a correr el corto tramo y empuñé mi mano para darle el golpe más fuerte que hubiera dado jamás a alguien.

Pero pasé de largo. ¿Qué, me esquivó? Caí al suelo y me levanté con un grito para empujarlo con todo mi cuerpo, pero de nuevo, pasé de largo. No, ¿Cómo? Le choqué de frente, ni siquiera se movió. Grité el nombre de ella de nuevo y traté de sujetarle el brazo, pero no pude sujetarle, no pude, no podía tocarla. ¿Qué pasaba? Oh, por dios, ¿Qué me pasaba? Miré mis manos y las vi algo borrosas en los costados, ¿Por qué? ¿Cómo era posible? ¿Por qué no podía tocarla? Y ellos siguieron caminando como habían estado haciendo hasta el momento, tomados de la mano, inmaculados.

Hasta que frenaron. Y les volví a seguir, pero me frené a unos pasos cuando la vi llorar en sus brazos, me quedé pasmado al verla, tan frágil, tan bella como siempre había sido, tan perfecta, ¿Por qué lloraba? No resistía verla y no poder hacer nada. ¿Por qué él le abrazaba y no yo? No, no lo aceptaba, ella debía estar a mi lado, ¡Íbamos a casarnos en 3 meses! No podía terminar tan fácilmente, ella debía estar a mi lado. Volví a acortar distancia, llamándole una vez al tiempo que ella reaccionaba un poco, pero fingió que no me escuchó otra vez y lo miró a él. Intenté poner mi mano en su hombro pero entonces frené, me quedé frío al notarlo, frente a mí yacía una blanca lápida… Con mi nombre. Él le entregó a ella unas flores y ésta las dejó junto a la lápida, acuclillándose y persinándose en el acto ceremonial y respetuosamente. Y lo entendí, ahora sus sonrisas serían de él, porque yo no pude cuidarla, ella ya no iba a mirarme, porque no pude estar ahí para ella, él estaría en mi lugar. Cuanta impotencia, pero no podía hacer nada, ¿Verdad? porque yo estaba muerto.