¡Nueva viñeta! Con ésta, me quedan cuatro más, así que las seguiré posteando cada cierto tiempo, sea cual sea la respuesta. Después, pues dependerá de mi inspiración.


Episodio 6: El ejército de los muertos

IV: Vuelta a casa

"Si pudiera pedir un deseo… si pudiera pedir un deseo, pediría que su hijo, y todos aquellos valientes soldados que dieron la vida por cumplir con su deber, regresaran para decir que lo que piensan, que realmente mereció la pena su sacrificio".

Eso, o algo parecido dijo aquel desgraciado en la tele. Dios lo maldiga, a él y a todos esos asquerosos políticos.

Porque ellos le escucharon.

Mi Sean era un buen muchacho. Valía mucho, nadie se esperaba que decidiera alistarse en el ejército. Y mucho menos que nos lo devolvieran hecho pedazos tras pisar un mortero en uno de esos infiernos de Oriente Medio. Recuerdo que me estremecí sobresaltada con las salvas que dispararon durante su entierro, y que la bandera americana que me entregaron pulcramente doblada tenía un ligero olor a naftalina.

Poco después de emitirse esa entrevista en la tele, ellos volvieron. Sean entre ellos. Creí desmayarme cuando oí en la puerta aquellos tres golpes cortos más los dos largos (él siempre llamaba así), y abrí la puerta y lo vi parado frente a mí. Había vuelto a casa. Estaba vivo, o por lo menos no estaba muerto, pero su aspecto seguía siendo de cadáver. Estaba grisáceo y con costurones en la cara debidos a los desgarros provocados por la explosión, y se me revolvió el estómago al pensar cómo estaría el resto de su cuerpo, oculto bajo el uniforme con el que le enterraron.

Al principio, todo el mundo estaba igual de confuso y asustado ante aquella multitud de soldados surgidos entre los muertos. Pero las cosas se calmaron (o algo parecido) cuando nos dimos cuenta de qué querían realmente aquellos seres. Que era, ni más ni menos, lo que había deseado aquel relaciones públicas en televisión: expresar su opinión sobre su sacrificio en la guerra. Y la forma que habían elegido no era masacrar a nadie ni comerse cerebros: era, simplemente, votar. Tras emitir su voto, volvían a su estado de muerto anterior, pacífica y fulminantemente.

En la tele oí una frase que me impactó: decían que era el caso más insólito de conciencia ciudadana.

No sé qué ocurrió, ni a quiénes votaron. Yo pensaba que votarían a la oposición, que se manifestaba en contra de mandar a nuestros muchachos a guerras como aquélla en la que mi hijo había muerto, pero finalmente las urnas dieron la victoria al anterior presidente, el que sí favorecía la guerra. Hay quien habla de conspiraciones y de trapicheos con los votos, no lo sé. Es posible, no sería la primera vez.

Entonces fue cuando ellos se cabrearon. Volvieron a abandonar sus tumbas, pero esta vez fue de forma muy diferente. Ya no eran tan pacíficos. Y ya no estaban solos. La primera vez sólo habían resucitado aquellos soldados que habían muerto en las últimas guerras. Ahora eran todos los que estaban caminando sobre la tierra, todos los soldados muertos en combate remontándonos a las épocas precoloniales. El aspecto de la mayoría de ellos… Dios, era espantoso.

Y todos ellos, dispuestos a hacer valer su opinión. Por las buenas o por las malas. Y si tenían que acabar con los vivos para hacerlo, lo harían. Después de todo, necesitaban todos los no muertos que pudieran conseguir para unirse a su causa. Se abre la veda del humano. Buffet de cerebro fresco, chicos.

Ya suponíamos que serían los políticos los que acabarían con el mundo, pero nadie imaginó que fuera de esta forma.

Esperad, creo que llaman a la puerta. Tres golpes cortos más dos largos. Sólo mi Sean llama así…