He vuelto. Después de unos meses de ausencia acá está el cuarto capítulo de esta historia que espero aún sea de su interés. Como lo prometí, ahora veamos todo desde el punto de vista de Severus. ¿Qué pasará por su cabeza? Les recomiendo escuchar a Børns durante el capítulo, su disco Dopamine fue mi inspiración.

Disclaimer: todo le pertenece a JKR y Warner, yo solo me divierto.

Complicado. Esa era la palabra que podía describirlo. Y no sólo hacía referencia a su persona, también a su vida en general.

Había vivido de la forma que le había tocado. Hizo cosas de las que nunca se sentiría orgulloso, rectifico algunos errores; unos mejor que otros; salvo las vidas que pudo y vivía cada nuevo día con un sentimiento de culpa, que a pesar de los años pasados, seguían haciendo mella en el.

Severus Snape tenía ya 45 años. No era lo que se podía decir un jovencito, mucho menos era un abuelo, pero sentía que su vida debía haber terminado después del ataque de Nagini. Sabía que ese era su destino, lo había aceptado y estaba dispuesto a abrazarle en el instante que llegara.

No sabía muy bien cómo había pasado todo, perdió el conocimiento por la excesiva pérdida de sangre que sufrió por la mordedura y despertó meses después con una orden de Merlin, primera clase, una vacante tanto en Hogwarts como en el Ministerio de magia, y lo más extraño de todo, con cientos de personas desesperadas por saberlo todo de él.

¿En qué momento dejo de ser el "Murciélago de la mazmorra" para convertirse en el soltero más cotizado en "Corazón de Bruja"? Siempre lo había sabido, pero ahora lo confirmaba, el mundo estaba completa y totalmente loco.

Potter se encargó de dejar su nombre limpio junto a Weasley y Granger, no sólo evitaron un juicio en su contra sino que se encargaron de que todo el mundo supiera su trágica historia fungiendo como doble espía, la terrible verdad sobre la muerte de Dumbledore y de Lily y la cantidad ingente de veces que les ayudó en su camino a vencer al señor Tenebroso.

El chico no tardó en aparecer por el hospital en cuanto supo que había recuperado el conocimiento. Decir que la reunión había sido de por más incomoda es poco. Potter estaba agradecido, era notorio, pero los años que el mismo Snape se había encargado de alejarle seguían rindiendo frutos. La verdad sea dicha, él nunca había tenido nada en contra de él. Al contrario, sentía un tonto afecto por el, incluso sentía que era casi como el hijo que nunca había tenido. Casi.

Era una verdadera pena que fuera una copia fiel de James, eso siempre iba a complicar su relación.

Después de unas cuentas visitas en las que ambos se limitaron a mirarse en silencio y contestar preguntas tontas con monosílabos, el moreno empezó a interactuar más. A él no le molestaba escucharlo y al parecer Potter necesitaba de alguien con quien hablar.

Supo que la joven Weasley y el había terminado su incipiente relación. Que entraría en el verano a la Academia de Aurores y que el señor Weasley y la señorita Granger probablemente irían con el.

No se sorprendió mucho al enterarse de aquella noticia. La chica Granger estaba dispuesta a seguir a esos dos al fin del mundo, cosa que siempre le había parecido estúpido considerando que la única lo suficientemente capaz para lograr cosas increíbles era ella.

Recibió el alta al mes de haber recuperado el conocimiento. Su siguiente decisión no fue difícil. Quería un nuevo comienzo. Empezar de cero. Lejos de todo aquello que le traía recuerdos, lejos de esa gente que decía admirarle pero que años le escupió en la cara, lejos, solo eso.


Volvió a Hogwarts, al final de cuentas era el único lugar que había considerado su hogar. Minerva y el platicaron largo y tendido sobre el futuro, algo que para él seguía siendo tan extraño. Ella le pidió su apoyo un último año y le aseguro que se encargaría de ayudarle a entrar a ese master que tenía en mente.

Decir que fue el año más extraño que hubiera pasado en el colegio, se quedaba corto. No sabía cómo, pero ahora las alumnas de Hogwarts suspiraban por el y ponían tanto empeño en la clase para ser felicitadas que se sentía intimidado. Irónico.

La única que parecía seguir su vida sin hacer caso de los chismorreos de "Corazón de Bruja" era una de sus principales protagonistas. La señorita Granger había vuelto al colegio y aparentemente había terminado su relación con el señor Weasley y sorprendentemente, su amistad con Potter. Asistía a su clase y por lo poco que Minerva le había dicho, estaba aplicando a todas las universidades de prestigio del mundo mágico.

Se sorprendió al descubrir que se sentía feliz por la chica. Ella merecía mucho más que casarse y llenarse de mocosos pelirrojos y chillones. Se apostaba una mano a que lograría grandes cosas.


El año pasó en un suspiro y pronto se vio listo para empezar de cero. Estudiaría un master en Hierbas medicinales en Escocia y si las cosas salían de acuerdo al plan, quizá no tendría que preocuparse mucho por lo que viniera en el futuro.

Se sentía vivo. Esa era la verdad. Nadie le conocía ni le miraba mal. Era admirado por sus compañeros por su amplio conocimiento, compartía sus días con otros expertos en el tema que cursaban junto con el la master, pero sobre todo, era feliz. ¿Qué tan tonto era eso? El que renunció a la felicidad el día en que Lily murió, ahora la volvía a sentir y con más intensidad que antes.

Lana Simmons apareció un día de invierno en la taberna donde celebraban Navidad el y sus compañeros. Era nieta del rector de la universidad, tenía 32 años y acababa de especializarse en encantamientos curativos en Irlanda.

Como habían terminado juntos también le parecía un sueño, ella era terriblemente hermosa, sofisticada y joven. El estaba entrando a los 40 y no tenía nada para ofrecerle. Pero a ella parecía no interesarle. En cuanto se graduó de la master compraron un departamento juntos en el centro de Edimburgo, ella entró a trabajar en el Hospital Mágico de Carlton Hill y el estaba trabajando como asesor y profesor de pociones avanzadas en la Universidad de Old Town.

Rara vez visitaba a Minerva, cenaba una vez al mes con el ministró de Magia y cuando podía visitaba a su ahijado Draco y sus padres. Casi siempre procuraba que fuera los días en que Lana tenía guardias en el hospital, no le gustaba dejarla sola o perderse la oportunidad de verla despertar.

Parecía que su vida estaba resuelta. Era feliz, su trabajo lo satisfacía en demasía y tenía una mujer increíble a su lado. Por eso cuando se sorprendió comprando un anillo de compromiso, una tonta sonrisa se le dibujó en el rostro. Tenía todo planeado. Lana tendría guardia aquella noche, el llegaría de sorpresa a verla y le haría la pregunta.

Nunca se había imaginado casado, mucho menos la posibilidad de tener hijos, pero era eso lo que quería. Una familia. Un pequeño Snape corriendo por el departamento jugando con Lucas, el gato de Lana y teniendo pequeños accidentes mágicos que lo llenarán de orgullo.

Pero bien dicen que nunca te debes acostumbrar tanto a la felicidad. Llego al hospital esa noche con su mejor túnica, un nuevo corte de cabello que lo hacía lucir un poco más joven y varonil, y un enorme ramo de tulipanes rosados.


Los tulipanes terminaron en el suelo en cuanto abrió la puerta del consultorio de la doctora Simmons. Ahí estaba, medio desnuda con el cabello revuelto y con el doctor Adams encima de ella. Siempre había escuchado sobre lo que era que te rompieran el corazón, ahora sabía de qué hablaban.

Se sentía tan estúpido. Él, Severus Snape, el espía doble héroe de guerra, no había sido capaz de descubrir que la mujer con la que compartía su vida lo engañaba en sus propias narices. Desapareció al instante en que sus ojos hicieron contacto con los de ella. No iría a su casa, ni siquiera estaba seguro de que aquel lugar pudiera ser llamado de esa forma. ¿Cuántas noches habrán pasado desde la primera vez que ella le engañó?

Apareció en la entrada de la vieja posada en la que vivió los primeros meses en ese país. Alquiló un cuarto por el resto de la semana y se quedo despierto pensando en Lana. ¿Qué seguía?

Tres días estuvo encerrado en aquel lugar. No comió, no bebió y no durmió. Al cuarto día salió de ahí y se prometió seguir su camino. Llegó al departamento que compartió con la doctora Simmons, aprovechando que ella seguramente estaría en el hospital, y empaco sus pocas pertenencias en menos de 10 minutos. Se dignaba a irse cuando la puerta de la entrada hizo ruido.

Lana Simmons entró en todo su esplendor. Cabello suelto y lacio hasta la cintura, mejillas sonrosadas por el aire y esos ojos, que antaño despedían un brillo especial, estaban enrojecidos.

-Severus-dijo su nombre con la voz entrecortada y una fugaz sonrisa apareció en el rostro de la chica.

-No te preocupes Lana, ya me iba.-

-Por favor, deja que te explique... - la súplica en su voz era palpable. Las lágrimas recorrían su rostro y aún así, el no podía sentir un poco de empatía por ella.

-No hay nada que explicar. Las cosas están muy claras.-no iba a flaquear. La decisión estaba tomada. Ya había sufrido bastante en su vida como para volver a recorrer ese camino.

Hechizó su equipaje y lo metió en su abrigo, los sollozos de la chica hacían eco en su cabeza al instante en que se desapareció. Tenía un traslador listo para Inglaterra en el Ministerio de Magia de Escocia, quizá nunca debió haber salido de su hogar. Si es que así podía llamarle a la pocilga que siempre había sido La Hilandera.


Había hablado brevemente con Lucius, se hospedaría en Malfoy Mannor unos días en los que trataría de encontrar un nuevo lugar para vivir y sí, también un nuevo trabajo.

Ahora lo que más le dolía, no, le molestaba, era el hecho de haber aventado por la borda esos años de investigación, sus clases en la Universidad y la satisfacción de ver los avances que sus alumnos hacían día con día. En ese aspecto sí que había sido impulsivo.

El director se había quedado muy sorprendido cuando le presentó la renuncia aquella semana. Pero la acepto si rechistar y accedió a darle una carta extensa de recomendación, además de un par de contactos que podrían ayudarle en Inglaterra.

Visitó a esas personas y de pronto se vio comprometido con una importante firma de conferencistas mágicos, se dedicaría a dar algunos seminarios, muy bien pagados, por todo Inglaterra sobre pociones, maldiciones, hierbas medicinales y demás temas que manejaba a la perfección.

Era preferible estos seminarios que tener que volver a Hogwarts. Sus primeros días sirvieron para volver a darle rumbo a su vida. Rentó un apartamento cerca de San Mungo y una vez instalado comenzó lo realmente importante.


-¿Susan?-

Una voz chilló emocionada del otro lado de la línea. La lista era larga pero él se había prometido velar por todas y cada una de esas personas hasta el día en que muriera, era lo menos que podía hacer por ellas.

Todos y cada uno eran squibs o hijos de muggles, los sangre sucias que la guerra contra Voldemort había dejado heridos, huérfanos, fuera del registro de magos... Todos ellos le debían la vida, pero Snape sentía que la deuda era suya. Nunca de otra forma.

Con cada llamada su ceño se hizo más y más profundo. Había charlado con al menos 5 de ellos que todavía tenían problemas con el Ministerio de magia, tenía que verificar que diablos estaba pasando.

El primer mes pasó sin ningún contratiempo. Dio un par de seminarios en Liverpool y en Gales, visitó a algunos de sus protegidos y se contentó con verlos bien, felices con sus familias y eternamente agradecidos con el.

Lana había tratado de contactar con él infinidad de veces. Incluso había tenido el descaro de asistir a una de sus ponencias, pero él no había dado pie a nada. Para el todo había terminado. Aunque le doliera haberla visto con esas enormes ojeras y mucho más flaca de lo que la recordaba, lo suyo no tenía remedio.

Ahora su preocupación mayor eran esas personas que había ayudado y a las que el Ministerio les había dado la espalda. Había visitado a la gran mayoría y sabía que algo tenía que hacer y pronto. ¿Pero qué?


El trabajo era su escape. Aceptaba cada vez más y más invitaciones a congresos y eventos internacionales, hasta que algo sucedió.

Impartía una plática especial para los trabajadores del Ministerio de Magia, era un seminario especial sobre Pociones oscuras y maldiciones y durante toda la conferencia había sentido una penetrante mirada posada en el. Con años de experiencia no le fue difícil identificar quién era la persona que le miraba con tanta vehemencia y su sorpresa no pudo haber sido mayor. Hermione Granger, la fiscal más joven de Inglaterra, lo miraba con algo que no lograba identificar. ¿Cuántos años habían pasado desde la última vez que le había visto?

Deshecho cualquier idea tonta y concluyó el evento. Saludaba a algunos funcionarios quienes le felicitaban por la ponencia y celebraban su regreso a Londres hasta que ella apareció con una mirada que era capaz de incendiar el mismísimo Parlamento.

-Excelente conferencia profesor-

La miro con detenimiento, ya no era la chiquilla odiosa que recordaba en clase. Estaba deslumbrante con esa falda entubada y unos tacones que amenazaban con quebrarle los tobillos, su cabello caía en suaves ondas enmarcando su rostro y esos ojos que le habían seguido sin descanso parecían llamear con intensidad. ¿Odio?¿Respeto?¿Deseo?

Estrechó su mano con la de ella, se sentía tan pequeña y suave entre sus enormes manos. La chica apretó fuertemente su mano, como si no quisiera soltársela.

-Gracias por venir señorita Granger, un gusto volver a verla.-¿qué más le podía decir?

El le soltó la mano y le dio la espalda para seguir saludando a los presentes. De pronto una idea paso por su mente, ¿acaso no era ella abogada? ¿Estaría dispuesta a ayudarle?

Se giró en redondo para buscarla pero ella ya no estaba ahí.


Algo extraño comenzó a ocurrir. Después de ese brevísimo encuentro con la señorita Granger había logrado divisarla en casi todas sus conferencias de los últimos tres meses. Siempre sentada en la parte de atrás, siempre mirándolo como si quisiera prenderle fuego y siempre abandonando la sala antes de que las luces iluminarán todo.

Había comenzado a frecuentar de nuevo a Draco en su casa y había coincidido con ella en un par de cenas, pero sin cruzar una sola palabra en absoluto. El siempre se iba antes del postre, evitaba la necesidad de hablar con todas las personas que a su ahijado y a Ginny les encantaba invitar a esas cenas.

No sabía que le sucedía con ella. Se sentía halagado, agobiado, preocupado por recibir tanta atención por parte de la chica y le rogaba a todos los dioses que ella no tuviera un tonto enamoramiento con el.


Lana llamó una mañana de septiembre. Su abuelo había fallecido y él aparecía en el testamento del anciano rector. Se pensó mucho si debería asistir o solo mandar un representante legal, pero recordó al rector Simmons y todo el apoyo que le brindó durante su estancia en Escocia.

Volver a Escocia le supuso un enorme sacrificio, había tantas cosas ahí que le traían buenos y malos recuerdos, se sereno y entro en el despacho del abogado. Ahí estaba Lana, igual que como la recordaba, solo que ahora una pequeña panza sobresalía de su vientre. El impacto que le causa verla embarazada cuando no había pasado ni seis meses de haberse separado lo oculto debajo de su fría mirada.

-Viniste.-la voz de Lana sonó anhelante y las lagrimas pronto enturbiaron sus ojos.

-Buenas tardes.-se sentó al otro lado de la enorme mesa que ocupaba la sala y espero.

Lana lo miraba con lágrimas en los ojos. El podía sentir su mirada penetrante desde el otro extremo de la sala, incluso podría asegurar que había rencor. Que cinismo.

El abogado no tardó en entrar a la sala. El testamento era corto y conciso. Lana era heredera absoluta de una bóveda en Gringotts y de la casa que había ocupado su abuelo hasta sus últimos días. Severus por su parte era heredero de la investigación del rector Simmons, le dejaba su puesto dentro de la Universidad y una fuerte suma de dinero para continuar y concluir la investigación que le dejaba a cargo.

Decir que estaba sorprendido era poco. Jamás pensó que el anciano le apreciara tanto como para dejarle su investigación a cargo, mucho menos el puesto de rector en la Universidad, honestamente, no merecía tanto.

Lana y el firmaron cartas responsivas y documentos oficiales en los que quedaba sentado que se cumplía la última voluntad del anciano. Tenía mucho que pensar, en especial sobre lo que pasaría con el puesto de rector que ahora le pertenecía.

Salió del despacho con la cabeza hecha un lío cuando Lana lo tomo del brazo.

-Severus, espera-

La miro. Simplemente la miro, no hablo, no grito, no hizo nada, solo la miro.

-Yo quisiera... Saber... ¿Cómo estás?... Te extraño.-

Rodó los ojos y miro al cielo. No podía creer lo que escuchaba. ¿Con qué clase de persona había convivido todo ese tiempo? ¿Quién era realmente Lana Simmons? Se soltó de su agarre y la dejo ahí. Cuando ya salía del edificio se giró y le habló

-Felicidades por el bebé.-


Tenía poco tiempo para arreglar todo sus asuntos en Escocia. Draco y Ginny estaban organizando su fiesta de compromiso y el estúpidamente había asegurado que estaría de vuelta para la reunión.

Los reportes de la investigación ya estaban en su poder y el montaje de un nuevo laboratorio en Londres ya estaba en curso, el problema que ahora había era encontrar al nuevo rector de la Universidad. Habían pasado ya tres semanas y los directores de carrera aún no se ponían de acuerdo de a quién querían en esa posición privilegiada.

Después de mucho debate, Carswell Gibson fue nombrado rector de la Universidad. Su viejo colega era la persona ideal y parecía estar igual o más emocionado que un jovencito con el nuevo nombramiento. Después de una breve ceremonia en la que se le presentó a la comunidad universitaria, Severus volvió a Londres.


Draco y Ginny por fin se casarían. Ambos habían tenido una relación que incluso el admiraba. Tan diferentes pero tan iguales a la vez. Su ahijado no pudo encontrar mejor mujer para el. Bueno, quizá era Ginny la que no pudo haber encontrado alguien mejor que Draco.

La fiesta estaba en su pleno apogeo cuando ella hizo su aparición. El vestido que traía dejaba poco a la imaginación, sus curvas la hacían mirarse perfecta y el pronunciado escote era una clara invitación a mirar. Poco o nada podía creer que esa mujer fuera la misma Hermione Granger que se sentaba en sus conferencias.

La chica se le acero en cuanto lo divisó y sin proponérselo, sus manos empezaron a sudar.

Lo saludó con una efusividad excesiva, como si verlo fuera lo mejor que le hubiera pasado y se soltó a hablar sin freno de cosas que no podía retener. Estaba bastante ocupado tratando de ignorar la belleza de mujer que era realmente.

¿Pero qué diablos estaba pensando? ¡Podría ser su padre! Sacudió levemente su cabeza y se disculpó alegando hacer uso del sanitario. Cuando se perdió de vista se acercó con sigilo a Draco y Ginny, les felicito por el compromiso y abandonó el lugar.

Algo tenía Hermione Granger que le ponía los nervios de punta. Momento. Ella podía ayudarle y él tendría un pretexto para descubrir que era eso que le sucedía cada que la miraba.

No se lo pensó demasiado, iría al otro día aunque no tuviera cita, si algo había aprendido después de tantos años era que el momento era ahora. Se durmió y por algún extraño motivo la castaña apareció en sus sueños.


Se apareció sin invitación en su oficina.

-Buenas tardes Granger, espero no ser inoportuno.-

Inspeccionó el despacho con ojo crítico. Estaba impoluto, a excepción de un arreglo floral que desentonaba con la sobriedad del lugar.

-Profesor...-la voz de la chica sonó titubeante y se sonrió internamente. Hasta que por el rabillo del ojo divisó a un individuo que no había visto hasta ahora. Su ceño se endureció. ¿Ese quién era?

-Ahm... Profesor le presentó a Robert Starr, es el director del Departamento de Cooperación Mágica Internacional.-

-Es un honor conocerle señor.-le dio la mano de muy mala gana y le obsequió un ligero asentimiento con la cabeza. No tenía ganas de hablar con el. Cuando se soltaron se giró hacia la chimenea y espero.

-Hermione creo que es mejor que me retire, te llamo después.-

¿Te llamo después? Acaso ellos... Bueno, si así fuera a él no tendría porqué importarle entonces ¿qué era esa sensación de molestia en la boca de su estómago?

-Y dígame profesor, ¿a qué debo tan sorpresiva visita?-ella le distrajo con su voz, si había que ser honestos, Granger se miraba de por más imponente y profesional en su lugar de trabajo. Estaba casi seguro que su petición iba a ser pan comido para ella.

-En efecto señorita Granger, tengo una consulta que hacerle-me miro frunciendo el ceño, casi podía escuchar los engranes de su cabeza moviéndose a toda velocidad.

Le contó sin muchos preámbulos la situación de sus protegidos. Estaba indignado, había confiado ciegamente en el Ministerio. Jamás pensó que pese a tantos años aún hubieran esos escupidos prejuicios que había durante la guerra. Quería que sus registros y varitas volvieran con ellos, les debía eso y mucho más. Nada sería suficiente para aliviar el dolor al que se habían visto sometidos en esos calabozos de la mansión Malfoy.

-Me gustaría saber si está interesada en el caso señorita Granger. Sé que usted ha logrado ganar juicios importantes como el de los gigantes de los Andes y la defensa de los derechos de los hombres lobo, sé que es la persona indicada para este caso.-

La chica abrió sus ojos con sorpresa. Era claro que no pensaba que el supiera sobre su trabajo previo, pero había investigado un poco sobre lo que ella había realizado en los años anteriores y sin adular, era impresionante. La llama que se encendió en los ojos de la castaña le decía que la respuesta sería afirmativa.

-Será un gusto poder hacer algo por todas esas personas. Me gustaría que empezáramos a trabajar a la brevedad en el caso, pero debo pedirle un poco de paciencia. Si no tiene inconveniente podríamos empezar las entrevistas la próxima semana, esta semana tengo la última audiencia sobre los trolls de Baviera, ¿qué le parece?-

No pudo reprimir su risa. Granger no había tomado aire ni para respirar. Además sus orejas y mejillas estaban de un subido tono carmesí, como si estuviera apenada de su propia perorata. Ella definitivamente era un caso especial.

-Tranquila Granger, no mintieron al decirme que era la más apasionada de las defensoras mágicas-palabras de Ginny-La próxima semana es perfecto. Si no le importa, les acompañaré a las entrevistas.-

Las mejillas de la chica subieron dos tonos de rojo mientras asentía y anotaba en su agenda la cita pactada. Era tan extraño verla así. Siempre había tenido la idea de que ella era una perfecta y fría abogada. Sin duda era una caja de sorpresas y estaba totalmente intrigado con ella.

-Sin problemas profesor, lo veré entonces la próxima semana al medio día.-

Ella se levanto de su asiento y se acercó hasta mí para estrecharme la mano. Era la segunda vez que tenía esa delicada y perfecta mano entre las mías. Si tenía que ser sincero, moría por regresar ahí. Sinceramente, moría por desentrañar el misterio que Hermione Granger representaba.

-Gracias señorita Granger. Estaré eternamente agradecido por esto.-

Después de un ligero asentimiento de cabeza y una fugaz sonrisa, salió de su despacho. Esto iba a ser muy interesante.

Notas de la autora.

¡Hola! Ya se, no tengo perdón. Han pasado tres meses desde la última actualización pero la vida se interpone en el camino. Espero estén increíble, ojalá aún recuerdo esta historia y me digan que opinan de este capítulo. Severus sabe, los hombres siempre saben cuando una chica está enamorada de ellos, pero ¿el qué sentirá por ella, además de curiosidad?

Nos leemos en el próximo capítulo, ya tengo muchas ideas revoloteando en mi cabeza.

Saludos a tod s y no olviden "nadie te amará si no te arriesgas a que alguien te aborrezca".