Neji solo observa…

No era que la estuviera espiando, no, él jamás haría algo sí de inmaduro menos a un miembro de la rama principal de la familia. Es solo que el destino conspiraba para coincidir en los lugares en que ella estaba, que aunque sabía que él podía cambiar algunas cosas y nada era definitivo para el futuro de cada quien, seguía creyendo firmemente que no existían las coincidencias y de alguna manera el dichoso destino seguía resentido con él por algo que había hecho mal en alguna vida pasada o inconscientemente en esta, porque otra razón no encontraba para haber sido testigo de todo el lío.

La joven hija del dueño de la barra de ramen, a la que solo entraba cuando no quería hacer el papel de marginado social en las reuniones con los otros chicos, había regresado de un viaje por el país del fuego para reinaugurar el local de su padre como un restaurante-bar completo.

La popularidad del sitio obligó al hombre a recurrir al método de reservación para no tener atiborrado el local terminando por dar mal servicio. Pero lo importante no era eso, sino que no imaginaba a la menor de las hijas de Hiashi Hyūga con un henge, que había hecho poco antes en un callejón y por supuesto que él lo vio, haciendo fila para conseguir un par de pases o peor aún; dejando al rubio cliente número uno del Ichiraku inconsciente para quedarse ella con lo que supuso, era el último sobre, y protegerlo como si planos oficiales de una fortaleza militar enemiga se trataran.

Siguió su camino junto con su excéntrico equipo directo a entrenar donde fuera que se le ocurriera esta vez al peculiar sensei que tenía. Los asuntos de Hanabi-sama, eran de Hanabi-sama.

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Se sentía muerto, pero a fuerza de orgullo ni siquiera el rostro agachaba y con una demostración de resistencia sobrehumana había conseguido ser capaz de cargar la cabeza en alto como si nada pasara y sin quejarse por tomar el camino largo para "apreciar la belleza de cada rincón de la aldea de la hoja de la que eran orgullosos shinobi"

Y ahí el destino le hizo girar la mirada a una zona departamental; y de nuevo estaba ahí Hanabi-sama con su henge de la sirvienta nueva de la casa que engañaba a cualquiera menos a él por supuesto, y le parecía increíble que Naruto Uzumaki recibiera inocentemente a la "misma" chica que por la mañana lo había noqueado. Pero con lo distraído que era probablemente ni se había dado cuenta del detalle.

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Cenó apenas consiente porque lo único que deseaba era dejarse caer sobre el futón y dormir hasta el otro día que tendría extrañamente libre.

Se recuperó del cansancio con una técnica de relajación y casi total desconecte del mundo que había tomado como rutina básica desde que lo habían asignado al equipo de Maito Gai.

A la mañana siguiente, y como cada día desde que recordaba, cruzó la casa y el jardín de acceso para dirigirse al Dôjô, listo para empezar el día con un poco de meditación. Pero, insistía, el destino aún tenía algo en su contra y esa mañana se lo demostraba frotándose las manos y riéndose en su cara.

Si tan solo hubiese puesto los pies fuera de su habitación un minuto después de lo que lo hizo no habría visto a Tenten dejar una caja blanca cerca de la puerta principal y luego desaparecer saltando la muralla. Si tan solo no fuera tan metódico y hubiera cedido a la vocecilla que le pedía perezosamente cinco minutos más en la cama no habría visto a Naruto tomarla y luego entrar a la casa siguiendo a Hanabi-sama.

Por supuesto en ese momento nada de lo que había sido testigo le pareció tener mayor importancia, es decir: Hanabi resultaba ser fanática de la comida del Ichiraku cuando ni siquiera la había visto pisar el local y Tenten tomaba empleo de mensajera en sus días libres, sí, todo era muy lógico…

No, no lo era.

Se puso de pie tras su fallido intento de meditar y regresó a la casa, Hanabi no le ocultaría nada a él, de cualquier forma solo era raro en el sentido personal, realmente no esperaba que la pequeña tramara la traición del clan, era ridículo, pero no por eso menos inquietante esa extraña fascinación espontánea por el ramen. Y no era mucho menos que se entrometiera en los asuntos privados de su prima, tan solo era una sensación de ansias la que le ocasionaba la situación, el presentimiento shinobi de la venidera desgracia le tenía con los nervios en punta.

¿Pero qué era?

Llegó hasta la recepción donde aguardaba el chico de ojos azules. Un escalofrío le recorrió la espalda, desde la parte baja hasta la nuca erizándole el cabello de esa zona. Sabía que algo andaba mal pero no tenía ni idea de qué hacer, no podía saltarle encima y matarlo como si de un shinobi hostil se tratara, ni tampoco un ladrón. Era un invitado le gustara o no.

Casi en cámara lenta pero incapaz de moverse o cuando menos reaccionar, vio cada partícula de polvo caer a la alfombra de cuatrocientos hilos de seda; un millón de nudos por metro cuadrado hechos a mano traída desde Suna…

Hanabi apareció en la recepción.

— ¡Es para Hinata chan!— exclamó el rubio casi en pánico agitando la caja que momentos antes había visto a Tenten dejar en la entrada.

Como Naruto seguía agitando frenéticamente el paquete, ella no tuvo más opción que tomarlo e ir de regreso a la habitación de su hermana. Esta vez tardó menos en regresar y seguramente para cerciorarse de que el dragón estaba bien, cosa que aún tenía quieto al mayor de los presentes como armando mentalmente las piezas de lo que sucedería en cuanto el patriarca del clan regresara de donde fuera que pasaba los domingos.

Tragó amargo, una cabeza rodaría y no era capaz de fingir demencia si le preguntaban, si bien tampoco quería a Hinata-sama con orden de restricción para con el chico que años le había costado mantener diálogos de más de tres líneas.

Estaba de pie a menos de tres metros de distancia del rubio ahora con las manos en los bolsillos que ridículamente miraba todo en la habitación menos a él. Vio la forma en la que su mirada azul se encontraba con la pieza Ukiyo-e; un cuadro en papel de arroz de género artístico solo trabajado en el corazón del País de la Ola que reflejaba bellamente un paisaje del palacio que en otros tiempos fuera propiedad del clan en tal sitio.

Un nuevo escalofrío le advirtió peligro, pero esta vez se aclaro la garganta para llamar al chico que giró sobre sus talones una vez que recobró la postura, medio paralizado por haber sido descubierto, pero sus ojos azules se clavaron de lleno en la chica que tenía al frente.

—Hinata chan…

—Naruto kun…

—Y yo soy Hanabi, ¿ya salen? O esperan a mi padre para que los acompañe

Vio a la mayor de sus primas salir y al causante de la segura ira de Hiashi-sama pero no dijo nada, después de todo, Naruto no tenía la culpa de ser idiota, la culpa era de quien a sabiendas de eso había dejado a un chico peligroso en un sitio potencialmente peligroso completamente solo.

—Hanabi-sama…

— ¿Si Neji-oniisan?

—Creo que deberá preparar terracota nueva, Naruto arrojó los restos por la ventana y el viento ya debió habérselos llevado.

Ya tenía la mañana entera para arreglarlo. No porque ahora fuera un mal sujeto que no la ayudaría, pero si había armado un plan como kunoichi, debía arreglárselas para deponer el fallo de la misión.

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Y en momentos así se preguntaba sinceramente si el destino no conocía a Naruto Uzumaki o solo se llevaban bien, o quizás solo con él, con Neji Hyūga, se empeñaba en poner cara de perro.

— ¿Saben cuántos años tenía ese dragón en la casa?

—Sí— respondieron los dos testigos de la mutilación de la figura con la mirada baja.

— ¿Sabían que esa alfombra la enviaron desde Suna cuando se firmó el primer tratado de paz?

—Que para el caso no respetaron, la manchita podría simbolizar eso— aclaró la pequeña como broma de mal momento causando la casi expresión de Neji para pedirle que mejor se callara.

— Neji-oniisan no tuvo que ver padre, yo traje a Naruto-san a la casa sin avisarte.

—Pero según me dicen estaba ahí cuando sucedió y bien pudo evitarlo… Hanabi, vete, contigo arreglo todo mañana.

—Pero…

—Vete.

—Si padre— y la menor se fue.

Hacía ya unos tres años, desde el examen a chūnin en el que fue vencido y aparentemente había hecho las paces con el destino, tal como el primer tratado con Suna parecía no ser respetado ahora, que su tío no le hacía pagar los platos rotos de sus primas. Aunque para su fortuna Hinata no rompía nada y Hanabi lo pensaba dos veces.

Pero a resumidas cuentas el sello de sumisión seguía en su frente y la acidez estomacal que le había empezado desde que vio el polvo caer a la alfombra seguía quemándole el esófago. En cuanto el chico con cara de idiota perdido se le parara enfrente de nuevo le haría saber que cuando algo va a salir mal, simplemente sale mal, el destino no lo quería y fin de la discusión.

El hombre mayor estaba de espaldas pero sentía como si le clavara la mirada fijamente, cosa que con el Byakugan en su fase activa sería posible aún en tales circunstancias. El silencio era demasiado tenso para su gusto.

—Hanabi… escuchar sin permiso es de mal gusto— dijo tras un rato el patriarca. El más joven de los que se encontraban en la habitación se sobresaltó un poco, era verdad, su prima aún estaba al otro lado de la puerta, pero no lo había notado. O Hanabi-sama tenía un muy alto nivel o no estaba poniendo atención a otra cosa que no fuera lo que el dueño de la casa tenía que decirle. Los pasos que la niña marcó exageradamente a propósito le dejaron claro a los dos, que ya se había retirado.

—Neji…— llamó para tener su atención, cosa innecesaria porque el joven era lo único que esperaba.

—Solo quiero que le digas a Tenten que fue muy obvio el detalle, le pedí discreción.

En momentos como esos, cuando no entendía nada de nada aunque lo veía con sus propios ojos y escuchaba sin más distractores, cuestionaba la razón por la que le llamaban genio.


Ya lo decidí, si vendrá "La venganza de Hanabi" por supuesto con algo de lo que Hiashi le puso de castigo.

¿Neji resolvió sus dudas o se quedaron como él, armando las piezas y pensando que fue mala broma?

Bueno, ya avise, solo les resta esperar para ver de qué manera pagará Naruto su crimen XD

¡Gracias por leer!