CHAPTER 4

Nota: (1) Harry Potter y sus personajes no son míos. Y sí a J. K. Rowling y Warner Bros. Entertainment Inc. Este fanfic no tiene fines de lucro, es pura diversión. (2) Contiene slash (Relación chico x chico), Lemon (sexo explícito entre personajes) y MPREG (embarazo masculino), así que si no te gusta o te sientes incómodo con él, es simple: No lo leas. (3) Esta es una historia UA -Universo Alternativo- o sea, ocurre en una realidad paralela e inexistente en la cual TODO puede ocurrir.

Esta historia pertenece a Tassy-Riddle.

Cursiva: Escritos en cartas; Entre – "…" – Pensamientos; Entre –… – Diálogos y escenas.


Era la vigésima vez que intentaba colocar su cabello en su lugar. Misión imposible, finalmente decidió, y lanzó una que prometía ser su última mirada en el espejo. El reflejo que esta ofrecía era la imagen de un joven altivo, como solo un noble podría ser, pero con un aire juvenil encantador demostrado por las mejillas sonrosadas y los expresivos ojos color verde esmeralda. El pequeño, pero moldeado, cuerpo, se encontraba oculto bajo la túnica beige, con bordados en oro, que contaba con un ajustado pantalón negro y botas de cuero del mismo color debajo. Una cadena tachonada de esmeraldas le rodeaba la cintura y daba apoyo a la túnica. E incluso contemplando esta bellísima imagen, Harry James Potter-Black, el príncipe doncel de Hogwarts, se mostraba inseguro y nervioso.

Y no, no era por la proximidad de su casamiento, que él aún recordaba.

Era porque estaba a punto de encontrarse con Tom Riddle, su Conde.

―Mío… – Una sonrisa boba, esa que tenían especialmente a las personas enamoradas, apareció en sus labios.

Poco más de un mes Harry y Tom se encontraban a escondidas en la capilla abandonada que hacia división con los sub-reinos de Gryffindor y Ravenclaw, en la mayoría de las veces, Hermione acompañaba al príncipe, pero cuando eso no ocurría –como en esta misma mañana, pues la chica necesitaba resolver unos asuntos del palacio cerca del pueblo– momentos ardientes y apasionados los esperaban, y el calor de esos momentos hablaba en voz alta, a pesar de nunca suceder nada más allá de los permitido por Harry pues Tom lo respetaba. Y el pobre monarca tenía que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no entregarse por completo al seductor Conde que parecía tener las manos más rápidas de todos los reinos. ¡Y cielos! Estás manos casi lo llevaban a la locura, así como la boca ardiente, los ojos penetrantes, la sonrisa seductora… En fin, ese hombre era lo que podríamos llamar un pecado que ascendió a la tierra.

―¿Vas a salir a cabalgar de nuevo?

La curiosa voz de su James pareció despertar al chico, que no notó la entrada del rey conyugue al aposento.

―Por supuesto, está haciendo un lindo día, Pa.

―Sí. – Estrechó los bellos ojos avellanos. – Fue lo que dijiste ayer.

―Ahora, ayer también estaba un lindo día.

―Andas saliendo mucho últimamente.

Con su aire más resignado y deprimido, Harry suspiro:

―Y es lo mínimo que puedo hacer, aprovechar cada segundo de mi libertad antes de caer en las garras de aquel reptil lord. Sentir el viento batir en mi rostro cuando cabalgo por los alrededores para intentar olvidar que muy pronto seré encerrado en el castillo Malfoy y obligado a obedecer los caprichos de alguien que aun no sale debajo de las faldas de su madre.

Y James, inconscientemente, se encogió un poco. Era evidente su incomodidad al observar el mirar afligido de su hijo. Así que, apenas asintió y le deseo una buena cabalgada antes de salir del cuarto.

―Eso fue por poco… – Murmuro Harry, relajando finalmente su musculatura. Ese compromiso inservible estaba sirviendo, por lo menos, para acabar las preguntas de su Pa.

Sin embargo, Harry no se preocupaba con el compromiso en sí.

Tom le había prometido que no dejaría que llegase al altar.

Y él confiaba en el Conde.

Por otra parte, el mencionado Conde, Tom Marvolo Riddle, dio apenas al costado del imponente corcel negro que su amigo le emprestó e hiso una breve inclinación al criado del pequeño, pero hermoso, castillo Rosier, de acuerdo con los servicios del mismo. Tom estaba siendo tratado bien por Evan y Mary, que eran buenos y antiguos amigos de la familia Riddle. La pareja estaban separados de su único heredero, pues éste viajaba por el reino de Beauxbatons por negocios, y así, aprovechaba para mitigar la soledad con la presencia del Conde. El propósito de la visita, evidentemente, era ocultado por Tom, que argumentó lo mismo que le dijese a sus padres: necesitaba la presencia de aire fresco. El "aire fresco" que él necesitaba, sin embargo, tenía nombre, apellidos y título nobiliario.

―Harry… – Una leve sonrisa surgió en el atrayente rostro del Conde, al montar en el caballo y dar impulso en dirección a la tan conocida capilla.

Cuando dejo Durmstrang para encontrarse con el príncipe, Tom no pensó en nada, sino en mantener a su lado aquel que parecía ser el único destinado a compartir con él el resto de su vida. Percibiendo esto luego de la primera cita, consolidándose con las cartas intercambiadas, y más tarde se hiso evidente con los ardientes besos, las divertidas conversaciones, los toques insinuantes, las miradas apasionadas y los maravillosos momentos que pasaron juntos en ese largo mes. No tenía ninguna duda sobre el hecho de estar perdidamente enamorado de aquel sonriente doncel de ojos esmeraldas que siempre lo miraba con confianza y amor. Por eso, mientras pasaba esa temporada en el reino de Hogwarts, Tom aceleró la compra de un pequeño feudo al norte de Prusia, que tenía un acogedor y modesto castillo para dar inicio a sus vidas, lejos de las obligaciones que los consumían y haciendo uso solo de su fortuna personal y la dote de Harry, que éste robaría de sus padres cuando estuviesen listos para huir.

―Disculpa el atraso… – La dulce voz de Harry le trajo de vuelta al escenario de la capilla.

―No te preocupes, pequeño, acabo de llegar también.

El menor sonrió, dejándose envolver por esos fuertes brazos, suspirando feliz al sentir sus labios siendo tomados con dulzura y cariño.

Harry podría vivir así para el resto de su vida.

Ambos podrían. Y era lo que pretendían.

―¿Qué tal un picnic? Traje vino, pan y las mejores pastas de la región, o al menos era lo que Evan me dijo.

―Me encantaría. – Sonrió emocionado, correspondiendo a un beso más que le hacía perder los sentidos.

~•~

La familia real de Hogwarts, así como la familia Malfoy, estaban en cuenta regresiva. Poco más de quince días era lo que faltaba para el matrimonio de Harry y Draco. Y el último no podría mostrarse más animado, probándose la elegante chaqueta negra que usaría en la ceremonia, o si no, discutiendo con su padre los detalles para la noche de nupcias, al igual de la emoción que sería la llegada de su primer heredero. El joven príncipe, sin embargo, soltaba suspiros resignados al verse rodeado de criadas mientras éstas daban los últimos retoques en su túnica. Pensaba para sí que sus padres y la pareja Malfoy estaban gastando tiempo y dinero –mucho dinero– innecesariamente, pues a cada día que pasaba Tom organizaba los principales detalles para la fuga que acabaría ese martirio.

―¿Quieres dejar de moverte, Harry?

―Oh, disculpa, Pa.

―De esa forma Ginny acabará equivocándose pronto.

―Bueno, me detengo.

La más nueva criada del palacio bajo los ojos rápidamente, concentrándose en la costura. La pequeña y pelirroja chica no debía de tener más de quince años y, a veces, Harry la sorprendía mirándolo con adoración, lo que le desconcertaba de sobremanera.

―¿Podemos continuar esto mañana? Estoy cansado y quiero pasear un poco antes del anochecer.

James reviró los ojos al observar la silenciosa suplica en las esmeraldas de su hijo.

―Está bien. – Suspiro. – Minerva, ayúdalo con la túnica y después guárdala con el resto del traje.

―Sí, majestad.

Una radiante sonrisa surgió en los labios del príncipe. Quería encontrarse pronto con Tom para disfrutar de una linda mañana más, y aquel día planeaba llevarlo al lugar que era su favorito en toda la inmensidad del sur-reino de Gryffindor, un lugar que sin duda alguna él consideraba mágico y perfecto para compartir lindos momentos con el amor de su vida.

Horas más tarde, cuando ingreso en esa conocida capilla abandonada, Harry no demoró en vislumbrar la imponente presencia de Tom Riddle, concentrado en un libro cualquiera en su espera. Éste, al levantar los ojos del libro para mirar al príncipe, dejo que su característica sonrisa seductora le envolviese el rostro. Harry suspiró. Era tan increíblemente hermoso y con un toque de arrogancia, seducción y altivez que lo enaltecía aún más.

―Tarde. – Tom indicó, sin dejar de sonreír.

―Disculpa, tuve que probarme la túnica del matrimonio.

―Tiempo perdido. ¿Será que tus padres aun no se dan cuenta de eso?

―Desgraciadamente, no. – Suspiro, pero luego sonrió al sentir los cálidos brazos envolverlo. – Creo que ellos solo notaran la realidad cuando yo les mande una carta de Prusia diciendo que hice un buen viaje y que ellos ya pueden mandar al imbécil de Malfoy a la mier…

―¡Ese no es lenguaje de un príncipe! – Interrumpió divertido.

Harry, sin embargo, apenas alzó los hombros y se acurrucó más contra el fuerte pecho del Conde, que le acariciaba los cabellos con dulzura.

―Quiero mostrarte un lugar. – El menor sonrió, separándose un poco para ver esos hipnotizantes ojos escarlatas.

―¿Un lugar? ¿Por los alrededores?

―Hm… No exactamente. Se encuentra cerca del castillo, pero te garantizo que nadie nos verá, solo yo sé exactamente donde está.

El Conde arqueó una ceja sospechosamente, pero antes de que pudiera discutir, el hiperactivo príncipe lo arrastró hacia los caballos. Y no podía negarle nada a esas dulces esmeraldas que lo miraban ansiosos y excitados. Tal vez era el lugar apropiado para darle a Harry el pequeño regalo que llevaba en el bolsillo, un regalo simple, pero con un gran significado.

Y cuando miró el precioso escenario, Tom Riddle, en una rara ocasión en su vida, se quedó sin habla.

Todo el desprecio que le acompañó durante el recorrido del túnel de diez metros, lo cual viajaba a través de un pequeño pasaje de rocas, con Harry guiándolo, al dejar los caballos descansando en el inmenso bosque que ocultaba el pasaje de piedras, se disipó para dar paso al asombro. Esa estrecha, mal iluminada e incómodo pasaje de rocas los llevaron aun lugar indudablemente mágico.

―Guau.

―¿Te gusta?

―Es bonito.

―Lo sé. Descubrí este lugar cuando tenía doce años y siempre que puedo vengo aquí a relajarme.

El lugar donde el pequeño túnel de piedra desbocara estaba poco iluminada, pero encantadora. Era una cueva circular, totalmente forjado en piedras de mármol, piedra caliza y cuarzo que iluminaba la habitación con su suave resplandor. El suelo de mármol frío llegó a la mitad de la cueva y se bordeaba con el agua cristalina que tenía un pequeño muelle allí, ésta parecía una pequeña cascada, y el mármol limítrofe con agua dulce parecía contemplar una pequeña playa en la cueva mientras que el cuarzo que colgaban del techo en sus formas puntiagudas sólo incrementaba el paisaje afrodisíaco.

―¿Trajiste la manta? – Preguntó un sonriente Harry, y después tomó el paquete negro que Tom le ofrecía. Éste no entendió cuando el menor le pidió que trajese la manta de terciopelo rojo con la cual cubrían el gramado siempre que hacían sus picnics, pero ahora tenía sentido, después de todo, para contemplar aquel bello lugar era necesario estar protegido del frío aire que el mármol ofrecía.

Debidamente acomodados sobre el terciopelo, y abrazados, aprovechándose para tocarse con pequeñas caricias, la pareja se perdió en el sonido de la cascada y de sus propios pensamientos. Un aire tranquilo y feliz los invadía.

―Tom…

―Harry… – Los dos hablaron al mismo tiempo. Y cuando sus ojos se encontraron, el mundo desapareció. Solo rojo-rubí y verde-esmeralda podrían entenderse.

Y ocurrió tan naturalmente que ellos siquiera pudieron pensarlo.

Sus labios pronto se perdieron en el sabor del otro, ese sabor dulce y embriagador que entorpecía los sentidos. Con cuidado, Tom recostó al menor sobre la manta de terciopelo, admirando el contraste de la piel inmaculada con el rojo oscuro que invitaba al pecado, por lo que no demoró en desabotonar la elegante túnica perla que Harry llevaba, dejándolo solo con la camisa de seda blanca, los pantalones del mismo color y las botas de cuero beige. Los ojos verdes brillaban, sumergidos en placer y anticipación.

―¿Estás seguro? – Preguntó Tom con la voz ronca. La simple visión del chico entregado lánguidamente, con las mejillas sonrojadas y el mirar ansioso, conseguía nublar sus pensamientos y hacer una ola de pura lujuria recorrer su cuerpo.

―Sí.

―Harry… piénsalo bien, no quiero forzarte a nada, no necesitamos seguir si tú…

―Por favor. – Aquel susurro necesitado, seguido por las suaves manos acariciando su nuca, fue mucho para el pobre Conde.

Por lo tanto, con el mayor haciendo uso de gran cuidado y dedicación, los trajes reales abandonaron el cuerpo del joven príncipe, dejándolo como había venido al mundo y posibilitándole al Conde la visión de la más hermosa obra de arte que haya contemplado en la vida. Porque, sin duda, Harry era una obra de arte. El pelo desordenado sensualmente acariciando el terciopelo oscuro; el cuerpo lánguido retorciéndose, seduciéndolo, inconscientemente; las mejillas teñidas de carmesí mostrando su molestia por la timidez; y esas esmeraldas , cuyas pupilas estaban dilatadas por la excitación , brillando del mismo modo que el sol podría, formaba una obra de arte que ese momento fue inmortalizada en la mente del apasionado Conde.

―Ven... – Harry murmuró, deslizando la elegante chaqueta verde musgo de los anchos hombros de Tom, y éste parecía pensar finalmente, corriendo a deshacerse de sus prendas sofisticadas. Pronto, los pantalones y las botas negras hicieron compañía con la camisa de seda blanca y chaqueta que dejó su cuerpo, seguido por último, la ropa interior, y así, dejándolo en la misma condición del joven monarca.

El color rojo de las mejillas de Harry se hizo aún más intenso cuando éste contempló a su amado como vino al mundo. Cielos... Eso era lo que se podría llamar un dios griego. La ancha espalda de Tom lo cubrió completamente, los músculos estaban bien marcados y definidos, el cabello negro siempre impecable tenía un mechón fuera de lugar que lo hizo aún más sensual y sus ojos del color del fuego, junto con una sonrisa coqueta, formaba una imagen que llevó a Harry a perder el aliento. El mirar del chico siguió entonces por el cuerpo escultórico hasta ese punto decisivo de la musculatura de un hombre.

Santo Cielo.

Harry pasó la lengua por los labios inconscientemente. Era tan impresionante. Y grande... Definitivamente grande.

―Relájate. – Susurró el conde. Sus labios una vez más se unieron y sus manos recorrieron la cálida piel de su cuerpo.

En medio de las caricias, Tom lamió sus dedos y llevó uno al interior de Harry, forzando un poco para profanar la entrada virgen. Un murmullo de dolor escapó de los labios de éste, pero pronto fue callado por el beso ardiente del mayor, que lo distrajo de la molestia acariciando sensualmente cada centímetro de la piel sensible del joven cuerpo.

―Ah... – Gimió Harry y se arqueó hacia atrás ligeramente. Era una mezcla de sensaciones tan intensas que apenas podía dejarse llevar, dejándose guiar por las manos expertas y apasionadas del Conde.

Pronto otro dedo de Tom entró en el pequeño cuerpo de Harry y después de unos minutos, el tercero estaba presente, dilatando un poco más aquella virginal entrada. El movimiento circular de la cadera de Harry siguió los dedos de Tom, en un pedido mudo que luego fue respondido cuando el mayor retiró los dedos para sustituirlos por su miembro excitado, que palpitaba de deseo a cada gemido que dejaban los labios de Harry. Y gritó cuando sintió tamaño órgano invadir su cuerpo. Grito que resonó en toda la cueva, pero pronto se quedó en silencio por un beso ardiente del Conde, que trató de distraer al chico y a él mismo, ya que así se contenía de no comenzar con las estocadas rápidas y profundas que tanto necesitaba.

El líquido caliente y rojo que corría por sus piernas, Harry pensó, representaba claramente la virginidad dando su adiós. Estaba ennoviado, prometido al joven Malfoy, y aún así se entregaba al Conde Riddle, pues confiaba en éste, confiaba en que no iba a dejar que llegara al altar. Y nunca pareció tan seguro de lo que estaba haciendo como ahora, pues se estaba entregando, en cuerpo y alma, al hombre que amaba y con quien compartiría su vida.

―Ah... Tom... – Un suave gemido de placer escapó de los labios de Harry al sentir el dolor disminuir considerablemente y el impulso necesitado del Conde dándole en un punto clave e inmensamente placentero.

Esa era la gloria.

El paraíso en la tierra.

La mezcla de sensaciones que quemaban el alma y los sentidos.

El paisaje afrodisíaco de la cueva pronto se vio invadida por los gemidos de éxtasis, necesitados y sumergidos en la lujuria. El sonido de la pequeña caída de agua se veía abrumados por la verdadera melodía de los dos cuerpos que chocaban, haciendo eco en medio de susurros y gemidos de placer. Dulces palabras, ardientes y apasionados dejaron sus labios mientras sus cuerpos se unieron más y más. Los besos ardientes, vehementes caricias, el roce constante de la piel, que ardía como carbón y que se deleitaba en medio del aire frío de la cueva, hicieron este escenario la visión del limbo de cualquier puritano que lo contemplase, pero representa el verdadero Edén, inmerso en amor y deseo, de la pareja de nobles enamorados.

―¡Ah...Tom...! – Rodeando la cintura con las piernas, Harry se arqueó, gimiendo en voz alta y sintiendo poderosas corrientes eléctricas pasar por tu cuerpo.

―Hmm... Harry...

Con un gemido ronco, después de unas cuantas estocadas, mientras que estimulaba el miembro del muchacho, Tom sintió esa sensación abrasadora del orgasmo nublando su vista por completo. Por lo tanto, casi al mismo tiempo, los dos llegaron al punto culminante: Harry en las hábiles manos del Conde y éste derramándose en el interior del joven príncipe, que nunca se había sentido tan satisfecho en su vida.

Cerrando los ojos para normalizar la respiración, los dos pudieron centenares de puntitos plateados, radiantes, y sabían que ese encuentro los llevó, literalmente, a las estrellas. Segundos después, con mucho cuidado de no hacerle daño, Tom salió del interior de Harry para acostarse a su lado y de inmediato el chico aprovechó para acurrucarse en el pecho caliente.

―¿Estás bien?

―Ajá... – Asintió con una sonrisa. Esas hermosas esmeraldas estaban todavía más brillantes e inundadas de satisfacción.

Un cómodo y agradable silencio, luego se instaló entre los dos.

Cada uno perdido en sus pensamientos. Y en sus alegrías.

No podrían estar más felices.

De repente, Tom pareció recordar algo y cuidadosamente se apartó de Harry para ir a buscar un objeto en el bolsillo de su abrigo. Éste miró con curiosidad e interés, que se hiso aún mayor cuando el Conde se sentó a su lado con una caja de terciopelo negro en su mano.

―Es para ti – Anunció Tom, abriendo la caja y sacando el delicado objeto de oro que estaba allí. – Me gustaría habértelo dado antes, pero llegó apenas esta mañana, ya que fue hecho por encargo para ti.

―Tom… —Murmuró encantado, volteándose para que el Conde pudiese ponerle el collar en su cuello.

Este collar se compone de una cadena delicada y delgada de oro, del que pendía un colgante en forma de corazón elaborada que tenía el tamaño de una moneda, pero el detalle con el cual Harry quedó sin palabras fue contemplar, al abrir el pendiente, una pequeña y elaborada letra "T" forjada en rubí puro en un lado y una igualmente hermosa letra "H" forjada en esmeralda pura en otra. Tom y Harry. Un corazón de oro, con sus iniciales perpetuadas para que Harry llevase en su pecho.

―¿Te gusta?

―Yo... No sé qué decir...

―Así que no te gustó. – Tom lo miró con preocupación.

Harry, sin embargo, se limitó a mover la cabeza en negación, con lágrimas visibles en los ojos y se abrazó a su cuello con fuerza, demostrando lo que realmente sentía.

―Me encantó. – Susurró en su oído. – Y Te amo, Tom. Te amo con todo mi corazón.

―Yo también te amo, Harry, como nunca pensé que podría amar a alguien.

~•~

¿Por qué dos malditas semanas pasan tan rápido?

¡Parecen horas! Sobre todo cuando suceden el día de su boda.

Esta pregunta persiguió la mente de Harry, que al gritar a sus criados, consiguió un momento de descanso en su habitación antes de que se viera obligado a subir al coche que lo llevaría al castillo Malfoy, donde se celebrará la ceremonia. Mentiría si negase su nerviosismo y preocupación, pero confiaba en Tom, confiaba en que éste interceptaría el carruaje y lo secuestraría antes de que Malfoy pudiese siquiera verlo. Sí, es obvio que confiaba en Tom, por el cielo, se entregó a él con verdadera pasión y deseo casi todos los días de esas dos semanas en el paisaje que rodea aquella cueva afrodisíaco.

―Todo estará bien... – Murmuró para sí mismo, apretando el colgante en forma de corazón que pendía del collar que llevaba en el cuello.

Todo iba según lo previsto, el dinero de la dote estaba en el carruaje que Tom hurtaría en unas pocas horas, así seguirían rápidamente al sur, hacia Prusia, era un camino largo y difícil, pero que pocos sabían. La mayor parte de los guardias escoltaría al carruaje de los reyes delante, por lo que sólo se esperaría el momento adecuado y actuar con astucia sin siquiera ser vistos. Y si Tom tenía una característica sobresaliente, esta era la astucia junto a la elegancia, la seducción, el carisma, la inteligencia, la belleza... De todos modos, no había manera de que salga mal.

―¿Estás listo? – La voz emocionada de James lo despertó.

―Sí, Pa.

―Ven, déjame verte. – El rey conyugue apenas podía contener las lágrimas al ver al chico. Porque Harry era más que un chico. Un chico que pronto subiría al altar y dejaría atrás a su familia – ¿Por qué creces tan rápido?

Una melancólica sonrisa cruzó los labios del joven príncipe. Sentiría mucho de menos a su Pa, sus hermanas, Alex y por supuesto, a su padre Sirius.

―No lo sé, Pa, pero yo quería seguir siendo ese mocoso que vivía persiguiendo conejos en el jardín.

―Y vivía con las ropas sucias porque no veía por dónde iba. – Comentó divertido. – Pero mírate ahora, un hermoso doncel, que pronto tendrá su propia familia.

―Pero lo haré. – Dijo sonriendo. – "Pero no con el imbécil de Malfoy" – Completó en sus pensamientos.

Con algunas lágrimas traicioneras dejando sus ojos, James acomodó la corona de Harry y descubrió que su hijo era simplemente divino. El cuerpo adolescente se hallaba ocultó por un conjunto de pantalones y una camisa de seda, ambos en blanco, y las botas que llegaban a sus rodillas. Cubierto por completo, sin embargo, por una magnífica túnica de seda de color blanco adornada con cientos de diamantes, con mangas largas que se abrían en el codo, escote en V y una hermosa cortina con pliegues que llegaban a la altura del suelo, abierto de la mitad del muslo, y terminando en una larga cola. Una tira de seda transparente, tachonada con diamantes también, rodeaba la cintura de Harry y acentuando el brillo de la corona de oro que descansaba suavemente sobre su cabeza, y que ayudó a domar el rebelde cabello. La corona era la única joya que debe usar, pero oculto bajo la capa estaba el collar con la que Tom le regaló, y que no había abandonado su cuello desde que fue puesto allí por el Conde.

―¿Y el ramo? – Preguntó James.

Harry suspiró, tomando de la cama el hermoso ramo en forma de cascada que tenía lirios blancos –que representa la supuesta pureza del doncel–, Celosia lila –que representa la fertilidad– rosas de color rosa –que representaba el amor esperado de la unión–.

El rey conyugue sonrió luego, alineando su propia túnica de color beige con bordado de hilo de oro, y le tendió la mano para acompañar a su hijo a la carroza.

―¿Vamos?

―Sí. – Consiguió una falsa sonrisa, dando una respiración profunda y luego siguió con el mayor hacia la entrada del palacio, donde su familia y sirvientes esperaban.

Tom...

Este era el único nombre al que su mente acudía.

―"No te tardes". – Pensó con angustia, al sentir el arranque de los caballos.

~•~

Y el Conde estaba en camino, cabalgando como si su vida dependiera de ello, vestido completamente de negro para no ser identificados fácilmente, cuando, de repente, se vio sorprendido antes de llegar a la carretera que llevaba al castillo Malfoy durante al menos diez hombre corpulento y mal encarados. Rápidamente rodearon Tom, quien sacó una daga de plata de su cinturón, haciendo que mostrasen las espadas afiladas que llevaban consigo

Fue una pelea ganada.

―¿Tom Riddle? – Uno de los hombres fornidos se adelantó.

―Depende. ¿Quién quiere saberlo?

―Mi nombre es Vincent Crabbe. Y mi señor envía esta carta para usted.

Con sus ojos escarlata inundados de desconfianza, Tom cogió la carta y usando su daga, la abrió:

Conde Riddle, ¿Cómo estás?

Por el momento creo que bien, pero puedo asegurar que mis empleados cambiarán esta situación, espero que no te importe la incomodidad de algunos golpes. Después de todo, es poco en comparación con lo que se merece para seducir a mi prometido.

¿De verdad crees que podría salirte con la tuya?

Oh, por favor, no seas ridículo, desde su nacimiento Harry me pertenece. Pero anímate, mis empleados no van a matarte, solo generaría un cierto enfado con el reino de Durmstrang que quiero evitar. Pero pasar unas horas atado y amordazado, sufriendo con los dolorosos moretones recientes no hace daño a nadie, ¿verdad?

Le pido que perdones mi ausencia, tenía muchas ganas de presenciar algunas de sus costillas siendo rotas, pero tú entiendes, ¿no es así, Conde Riddle?

Hoy es el día de mi boda, no puedo llegar tarde, mi hermoso prometido nunca me lo perdonaría.

Mis más sinceros deseos de felicidad,

Draco Lucius Malfoy.

Tom no vio el primer golpe llegar. Y entonces, estaba en el suelo.

¡Eso no puede ser verdad!

Pero lo era...

La enamorada pareja no había contado con la intervención de una niña pelirroja que encontraría una carta debajo de la almohada de su amado príncipe, desesperándose con la posibilidad de que abandone el terreno de Hogwarts para siempre, y se acudió a quién ella creía que era capaz de protegerlo, después de todo, ellos eran una pareja muy hermosa. Ginny Weasley, la criada más joven del palacio, desde pequeña admiraba la belleza y la dulzura del Príncipe de Hogwarts en las ocasiones en que este salió del palacio para visitar el pueblo. Ella sabía que era un doncel y un príncipe, o sea, nunca la miraría, pero sólo el hecho de que él ya estaba sirviendo en el reino hacía sus días más cálidos y alegres. Y la presencia de Draco Malfoy con el príncipe le parecía tan protectora y correcta que la chica quería un amor como ese un día, y cuando se topó con la carta de un tal Tom Riddle mencionando escapar los dos lejos, ella no lo pensó dos veces y corrió para evitar ese error que pensó inconcebible.

Qué cruel la mente humana...

Especialmente si estaba dotado de nobles intenciones.

~•~

Las lágrimas bañaban el rostro de Harry.

―¿Qué ocurre, mi hijo? – Sirius preguntó preocupado, ofreciendo su mano para que el muchacho descendiese del carruaje. Éste sólo se negó en silencio, aceptando el gesto del padre.

Malfoy había llegado al castillo.

―No te preocupes, Harry, todo irá bien. – Susurró James.

Tom no había cumplido su promesa.

―Ven. – Llamó el rey. – Es la hora.

―Sí, mi padre.

Y Harry se quedó destrozado.

Tras el enorme jardín rodeado de fuentes y estatuas de estilo clásico, al ver las orquídeas, tulipanes, margaritas, crisantemos y otros especímenes hermosos de la flora del lugar, en medio de enormes árboles y arbustos, hasta llegar al palacio, equivalía a un camino de los condenados a la horca para Harry. No se dio cuenta de la belleza del castillo, lleno de lujosos tapices, candelabros de cristal, adornos de oro y piedras preciosas. Tampoco se dio cuenta de los nobles invitados levantándose cuando entró en el gran salón de baile, del brazo de su padre. No escuchó la marcha nupcial tocar, mientras caminaba por la larga alfombra roja que lo llevó al final de la sala, donde un arrogante Draco Malfoy le estaba esperando, con el mejor abrigo negro que el dinero puede pagar, pantalones a juego y las botas del mismo color, en contraste con la camisa de seda blanca y rosa que llevaba en la solapa. Y cuando le tocó la mano, Harry finalmente parecía despertar, como si un pedazo de asado encalase sus dedos.

¡Aquello era una pesadilla!

Quería correr. Quería correr lo más rápido posible de ese lugar. Quería arrojarse al abismo más próximo y esperar la muerte llegar a él. Pero luego vio la sonrisa de su Pa, la mirada orgullosa de Sirius, la risa de las gemelas y la onda alegre Alex. También vio la alentadora sonrisa de su padrino, Dumbledore, y el mirar conmovido del rey Grindelwald, que de vez en cuando lanzaba algunas miradas hacia su padrino. Todos mirándolo en la primera fila. Miró el reverendo, que sonrió, abriendo el libro marrón grande en el altar.

―Damas y caballeros. Hermanas y hermanos aquí presentes. Es con gran alegría que doy comienzo a esta ceremonia...

Y más lágrimas comenzaron a bañar el rostro de Harry.

No se dio cuenta del paso del tiempo.

Perdido en el dolor.

―Draco Lucius Malfoy, ¿usted acepta Harry James Potter-Black como tu legítimo esposo y se compromete a amarlo, cuidarlo y respetarlo a partir de ahora hasta el día de su muerte?

―Sí , acepto.

―Harry James Potter-Black...

Cerró los ojos con fuerza, no quería responder a la pregunta, no quería verse obligado a mentir.

―"Tom... ¿Por qué, por qué me has abandonado? ¿Por qué me salvaste tanto? ¿Sólo para tener mi cuerpo? ¿Fui solo un doncel más cuya alma destruiste? Te amaba demasiado... No, ¿a quién quiero engañar? ¡Todavía te amo, con todas mis fuerzas, desgraciado, te sigo amando!".

Perdido en sus pensamientos, Harry no vio una silueta familiar siendo violentamente sujetada por dos hombres enormes detrás de uno de los pilares, y uno de ellos le tapaba la boca. Con un esfuerzo sobrehumano, Tom logró librarse de las cuerdas que lo dejaban inmóvil en el inmenso bosque que rodeaba el sub-reino Slytherin, llegó a su caballo y se dirigió directamente al palacio Malfoy, haciendo caso omiso de su maltrecho cuerpo por los golpes. Apenas llegó, pero los empleados del heredero del Duque fueron más rápidos y lo interceptaron antes de que pudiera interrumpir la ceremonia, antes de que Harry y los invitados pudiesen verlo.

―¿...aceptas Draco Lucius Malfoy como su legítimo esposo y promete amarle, cuidarlo y respetarlo a partir de ahora hasta el día de su muerte?

Pero vio el resultado de la boda.

Y oyó de los labios del príncipe:

―Sí, acepto.

Sin darse cuenta, sin embargo, la inmensa tristeza que inundó los ojos llorosos de Harry. Para éste, el mundo se había derrumbado por completo y su vida terminó con la condena del sacerdote:

―Ahora los declaro casados ante los ojos de Dios y la ley de los hombres.

Harry James Potter-Malfoy no podía sentirse más miserable. El simple rozar de labios con Draco envió náuseas a su estómago, pero aún ignora un hecho importante:

"Nada es tan malo que no se pueda empeorar."

Pronto comenzaría la noche de bodas.

Continuará…


Próximo capítulo: Se estaba muriendo lentamente.

Pero cuando estaba a punto de darse por vencido...

―¡Harry! – Gritó asustado.

(…)

―¿Un bebé?

N.T.: ¡Plz, no me maten! No es mi culpa, sino de la autora. TT^TT Aaw. Créenme, yo estoy igual que ustedes. Sufro. Agradezco sus reviews.

¡Gracias, Tassy-Riddle!