En su curso la tenían por una chica especialmente aplicada, una Lily Evans aburrida y empollona cuya única afición en la vida residía en pasar horas y horas engullendo libros en la biblioteca. Por extensión también veían en ella a una persona que observaba las normas de forma estricta y que no se salía del molde bajo ninguna circunstancia. Pero nadie conocía realmente a Elizabeth, su obsesión le había transformado. En realidad su carácter hubiese encajado mejor con el de Potter y Black, pues le daba igual saltarse las reglas para conseguir sus objetivos o por simple diversión.
Cuando sus compañeras de habitación se hubieron dormido, Elizabeth salió de la cama completamente vestida y abandonó el dormitorio sigilosamente para llevar a cabo su plan. Tuvo buen cuidado de agudizar el oído pues la Señora Norris, la gata del señor Filch, era sigilosa y parecía tener una conexión especial con su dueño que aparecía inmediatamente después que ella cuando esta encontraba algo digno de ser castigado.
Hubo un momento en uno de los pasillos en el que sintió algo pasar por su lado, dio un respingo y se pegó contra la pared, pero no vio nada. Imaginó que era un fantasma oculto o algo por el estilo, en un lugar como Hogwarts podía tratarse de cualquier cosa. Pero la sensación de algo siguiéndola no se le quitó en todo el camino, así que cuando llegó a la puerta de la biblioteca se giró repentinamente y lanzó un embrujo paralizante. Se oyó un golpe sordo en el suelo y de repente aparecieron dos cabezas y una pierna de la nada.
- ¡Maldita sea, ha paralizado a Pettigrew!- susurró la cabeza de Black, que flotaba a unos centímetros del suelo.
Elizabeth rodó los ojos tras contemplar la escena.
- ¿Qué cuernos hacéis siguiéndome? Y ¿qué mierda lleváis puesto?- preguntó agachándose y quitándoles la capa invisible de encima descubriendo a Potter, Black y Pettigrew tirados en el suelo. La sostuvo en el aire admirada.- Con que así es como conseguís escabulliros por todas partes ¿eh?
- Lo que yo me pregunto - comenzó Sirius quitándose a Peter de encima e incorporándose- es qué hace la estudiante modelo a estas horas pululando por la biblioteca.
- Aunque no es de tu incumbencia no hace falta ser un lince para entender que a la biblioteca se viene a consultar libros.
- No vayas de listilla. El tema no es el lugar, es la hora a la que vienes, sólo puede ser porque quieres entrar en la sección prohibida.- dijo Sirius con una sonrisa de triunfo al ver la expresión de la chica.
- Nosotros te podemos ayudar con la capa.- añadió Potter- Está bien ver que no eres sólo un ratón de biblioteca y que estás dispuesta a romper un par de normas.
- La esencia estaba ahí, recuerda lo de Eleanor a principios de curso. - apuntó Sirius.
Elizabeth sopesó el ofrecimiento de James, esa capa era algo a tener en cuenta aunque la compañía no le gustase demasiado.
- Vale, ¿entramos los cuatro?
- Sí, a veces la usamos con Remus y es más alto que tú. Pero tendrás que quitarle el maleficio a Peter, si le dejamos aquí y pasa Filch o su estúpida gata nos meteremos en problemas.- explicó Potter.
- Finite incantatem.- susurró Elizabeth rompiendo el hechizo de parálisis de Pettigrew.
El paseo por la sección prohibida fue toda una experiencia para los cuatro, entendieron de inmediato por qué no se les permitía entrar libremente hasta sexto curso y requerían el permiso de un profesor. Los títulos de los libros iban desde Historia del mal, a Maleficios horribles para tus peores enemigos. Para cuatro estudiantes especialmente reacios a cumplir normas, aquello era un parque de atracciones.
Elizabeth localizó con rapidez un libro de Transformaciones avanzado donde se detallaban los inicios a la transformación humana pero cerca de este, otro llamó más su atención, Animagos, una guía peliaguda. Sin dudarlo un momento echó mano de él y se sentó en una de las mesas mientras los otros tres fisgoneaban y murmuraban entre las viejas estanterías.
Tras unos minutos copiando con un hechizo las páginas que le interesaban de los dos libros que había escogido, un grito atronador restalló en las paredes de piedra de la biblioteca.
- ¡¿QUE MIERDA HACÉIS?!- exclamó alterada mientras cerraba los libros de golpe, guardaba sus copias en la mochila y corría a colocar todo en su lugar.
- Date prisa Bennet, el idiota de Pettigrew abrió lo que no debía.- la apremió Sirius destapándose la cabeza para que pudiese localizarlos.
Se apretujó con los tres amigos debajo de la capa a tiempo de que Filch entrase corriendo por la puerta de la biblioteca con cara de emoción.
- ¡AHORA SÍ QUE LA HAS HECHO BUENA PEEVES!- gritó entusiasmado mirando por todos lados- Sal de tu escondrijo maldito poltergeist, has despertado a todo el colegio. Te voy a pillar.
El conserje se paró a tres centímetros de la nariz de Sirius, que estaba aplastando a James y a Elizabeth contra una de las paredes de la biblioteca. Ninguno de ellos hacía el más mínimo ruido, ni siquiera respiraban. Cuando Filch fue a husmear hacia otra sección de la biblioteca los cuatro comenzaron a moverse sigilosamente hacia la salida, con los ojos de la Señora Norris fijos en cada movimiento que hacían.
- Yo creo que esa maldita gata nos ve.- susurró James una vez llegaron a los pasillos.
- Siempre se nos queda mirando cuando nos la encontramos con la capa puesta.- añadió Sirius - Una de dos o nos ve, o nos huele.
Al llegar a la sala común se quitaron la capa y se sentaron en los sofás de una de las mesas, Elizabeth sacó sus copias de la mochila y les echó un rápido vistazo ante la atenta mirada de Sirius.
- ¿Qué es eso en lo que estás tan interesada? - preguntó sentándose a su lado y observando el montón de pergaminos.
- Estoy especialmente interesada en la asignatura de Transformaciones por un tema en concreto, la animagia. - explicó, después del favor de la capa les consideró dignos de confianza - Avancé tanto este año que los libros básicos se me quedaron cortos, así que necesitaba algo más.
- Ya son ganas de complicarte la vida.- comentó James.
- Sarna con gusto no pica.- dijo Elizabeth recogiendo todo y levantándose para ir a la habitación.- Yo me voy ya, que son las cuatro de la mañana y el despertador no tendrá en cuenta mis juergas nocturnas. Muchas gracias por la capa.
Los tres chicos la observaron perderse en la oscuridad de las escaleras, tras un momento de silencio Sirius habló.
- Le prendí fuego al vestido en una fiesta de los McKinnon.
- ¿De qué hablas?- preguntó James extrañado.
- Ya sabes que mi madre quiere que me relacione con familias de sangre pura- dijo Sirius entonando las dos últimas palabras con asco - Pues este verano fuimos a una fiesta y estaba Bennet. La vi sentada en un banco y pensando que era una de esas niñas tontas estiradas que van a ese tipo de fiestas, le pegué fuego a su falda.
- Tío…
- Ya lo sé James, pero mi familia me vuelve loco.- se excusó el chico visiblemente agobiado.
- ¿Le pediste disculpas al menos?
- No, y no creo que lo haga.
- Tu orgullo será tu perdición amigo.
- ¿Y me lo dice James Potter? ¿El orgulloso presumido número uno?
- Si tuviese tanto orgullo no iría tras Evans como un perro baboso.
- Claro, como que eso no lo haces para molestarla.
James esbozó una sonrisa ladina y miró hacia Peter, que se había quedado dormido despatarrado en un sofá.
- Vamos a llevarnos al inútil de Pettigrew a la habitación y de paso a dormir.- dijo levantándose.
Los dos amigos hicieron levitar a Peter y se perdieron por las escaleras hasta el día siguiente.
