Advertencia: Insinuaciones sexuales

Había un olor a cigarrillo y a whisky por todo el club. Voces y carcajadas se entremezclaban con el compás del contrabajo mientras las trompetas entraban increscendo con el nuevo beat de jazz. El muchacho que reposaba su espalda contra la pared tomó un vaso de coñac de la barra y se dirigió al escenario, esquivando las grandes plumas de una sensual bailarina de charlestón que coqueteaba con un magnate gordo y bien vestido. EL pelirrojo acomodó el cuello de su camisa apoyándose con su bastón de madera de olivo y mango de oro traído desde Australia a la vez que otros adinerados lo reconocían entre la muchedumbre y le vitoreaban al verlo.

Hans se mantuvo esquivo ante los amistosos llamados pues en aquellos momentos, solo tenía ojos para la banda de músicos que se iba a presentar frente a todos los presentes en aquel viejo club denominado "Bloody Mary".

Cuando la cantante apareció en el escenario, decenas de caballeros la vitorearon y alabaron. Envuelta en grueso saco de piel blanca, parecía un elegante armiño; su cabello blanco como las perlas era decorado con unos arreglos plateados a modo de copos de nieve y su vestido cerúleo entallado y partido en una pierna, daba un toque dulce y atrevido a la joven de apenas veinte años. Hans los odió por unos instantes, pues aquella bella mujer solo le pertenecía a él. El micrófono chilló antes de que volviera el compás y se oyó la delicada respiración y la acción de su garganta para quitarse los nervios de encima.

Su voz parecía el canto de una flauta dulce, a diferencia de las potentes trompetas y el sensual compás del piano que la acompañaba. Hans intentó no desvelarse y sacó un cigarro para llevárselo a la boca. Sus miradas se conectaron y ella le dio una leve sonrisa. Las manos enguantadas de Elsa subían y bajaban conforme cambiaban las notas y Hans pudo imaginar ese movimiento delicado sobre su torso, sitiendo cada centímetro de su piel como suya. Su mente divagó como las olas, siendo interrumpidas por el potente alarido de la audiencia, indicando que el show había culminado. Había pasado en la nebulosa imaginando lo que ocurriría luego del espectáculo con su amada cantante que no se había percatado que la chica, ya habiendo bajado del escenario, se dirigía a él con una copa de champán en la mano.

-Buenas noches, Lord Westergaard. ¿Sería tan gentil de acompañarme al camarote?

Hans sonrió pícaramente. Y ella devolvió el gesto envolviendo su cuello con sus brazos.

-Y por cierto, se te veía la prominente erección desde arriba del escenario –sostuvo ella mordiendo de manera sensual el lóbulo de su oreja.

Hans quedó rojo como tomate y se cubrió de inmediato a lo que ella se alejaba y reía. El pelirrojo la siguió y, cuando ya nadie los podía ver, deslizó una mano pícara por encima de su vestido en la zona de su bajo vientre y trazó círculos en la tela.

-Hora de castigarla, mi ruiseñor de nieve…

Si quieres continuación de esto déjame saberlo en un sexy review 7/u/7