La sabiduría consiste en saber cuando evitar la perfección.

-Cállate de una vez, Sirius.- gruñó un muchacho con destellantes ojos dorados.

-¡Venga, Lunático, no es para tanto! Que a ti nunca te castigan por nada… Por una vez…

-Por una vez NADA. ¡Es tu culpa!- respondió más molesto que antes mientras el otro tragaba duramente. Era complejo enfrentarse a Remus John Lupin incluso para un Black, por que el lobezno siempre tenía la razón. - ¡Si no hubieras copiado mi trabajo de transformaciones, no estaríamos ahora limpiando el aula!

-Bueno… Dime la verdad, ¿me lo hubieras prestado si te lo pedía?- tanteó tratando de mantener su semblante de indiferencia y de no caer pidiendo perdón a los pies de su lobito.

-Vete a la MIERDA.- masculló mientras terminaba de limpiar la ventana.

-¿Lo ves, Remmsie? Tengo razón. Además, no pluralices. TU no estaría limpiando, yo si.- Se alejó unos pasos de su compañero para estar fuera de su alcance. No es que Lupin fuera violento, pero las maldiciones entraban a la perfección en su repertorio.- Pensadlo de esta manera; me salvaste el pellejo. O al menos lo intentaste. Eres algo así como… como un héroe.- resumió al tiempo que el licántropo estrujaba el trozo de paño húmedo que estaba en su mano.

-Con que un héroe, ¿eh? Bien, yo te diré como debes pensar lo que pasó para que NO te vuelva a ocurrir. Eres un verdadero idiota, Sirius. Al menos para los profesores. Eres una larva, la vagancia encarnada, un insulto al estudiante promedio.- decía mientras se le acercaba al tiempo que el perro se iba alejando, extremadamente sorprendido por tal enojo en el hombre lobo.- Y por eso, JAMÁS podrías presentar de un día para el otro un análisis como el mío.

-¿Qué? ¿Me estás llamando idiota?- indagó ofendido, pero manteniendo las distancias.

-Te voy a cobrar caro lo que has hecho.- murmuraron los labios rosados del licántropo, ignorando la pregunta. Sirius sonrió con sarcasmo, como si esa amenaza no fuera real.

-Venga, Remmsie, ¿Qué puedes…?- comenzó, pero se quedó mudo en cuanto entendió a lo que iba el Lupin.- No, Remus. Eso no… ¡No es justo!- lloriqueaba mientras su compañero terminaba de limpiar su parte.

-Es la única manera que lo aprendas, ¿verdad?

-¡¡No, no, no, no!! ¡Te juro que no lo voy a hacer nunca más, Remmsie! ¡En serio! ¡Lo juro por mi escoba!- se desesperó el animago, totalmente pálido por su cruel final.

-No. Es una semana. A propósito, Canuto, todo lo que esta de ese lado es lo que debes limpiar.- le recordó antes de besarle la mejilla, tomar su mochila, y salir del aula.- Hasta luego. Espero que hayas aprendido la lección.

Y vaya que la había aprendido.

Sirius Black se dejó caer de rodillas al piso, mirando con frustración la cantidad de mesas sucias y tratando de asimilar que pasaría una semana sin poder tener sexo con su novio.