Dos semanas más tarde….
Kate intentó llegar antes de que el teléfono dejara de sonar, pero fue muy tarde. No lo había escuchado desde la ducha, aún así no tenía ganas de contestar y, en el caso de que sean sus padres tendría que admitir su momentáneo fracaso en la gran ciudad. Ayer había ido a buscar trabajo pero no encontró nada que decente y no iba a volver a trabajar de camarera, así que se rindió, por el momento.
Después de su encuentro con Rick había esperado sin mucha esperanza una llamada de su parte pero tal y como lo había esperado, no recibió nada. Cogió el bolso y abrió la puerta de su casa, en el preciso momento en el que sonó su móvil.
-Joder… -se quejó refunfuñando. Llegaba tarde a su entrevista, sacó el pequeño aparato del bolso y miró la pantalla «número desconocido»- ¿sí? –casi gruñó.
-¿Kate?
-Sí, ¿Quién habla?
-¡Menos mal que me contestas!-exclamó una voz aterciopelada con un tono de angustia- llevo todo el día llamándote. Soy Rick.
No hacía falta presentación, ella lo había reconocido, ¿Cómo olvidarlo?
-Así que eras tú… -contestó con indiferencia.
-¡Si, era yo! Kate… te necesito.
A la chica le dio un vuelco el corazón ante aquellas palabras, pero enseguida sacudió sus sentimientos. Ella no era de las que se dejaban sorprender. No le gustaba aquello.
- ¿Qué pasa?
-Mi madre.
-¿En serio? – dijo, intentando no mostrarse interesada.
-Viene a mi casa, viene a verte.
-¿Qué, cómo va a ir a verme a tu casa? Yo no vivo allí.
-No hace falta que me lo recuerdes.
-¿Por qué le dijiste eso?
-No lo sé. Se lo dije antes de conocerte.
-Estás loco.
-Gracias por el recordatorio. Tienes que venir.
-¿Qué?
-No preguntes más y ven ya.
-No puedo hacer eso, ¡ni siquiera sé dónde vives!
-Eso tiene una fácil solución; te doy mi dirección.
-No voy a ir, no puedo.
-Por favor… -suplicó él.
-De verdad que no puedo –replicó mientras caminaba a paso lento, se daba cuenta de que se lo estaba pensando- Dile… no sé que estoy trabajando.
-Querrá que la lleve.
-¡Que difícil! ¿Por qué no le cuentas la verdad? Yo tengo que buscarme ese trabajo.
-¡No puedo contarle la verdad, se pondría a buscarme novia enseguida!
-Creo que ya eres mayorcito para elegir solo.
-Y yo… pero ella no, quiere ayudar.
-Pues deja que te ayude.
-Kate…
-¿Qué?
-Por favor –suplicó- sé una buena chica de nuevo, mi chica.
Ella suspiró.
-Dame tu dirección.
Adiós entrevista de trabajo ¿en verdad estaba dejando tanto solo por un desconocido?
-Sigo pensando que esto es una locura –dijo Kate a modo de saludo.
-Eres fantástica, te debo una grande.
-Me debes dos grandes. No saldrá bien.
-Ya verás que si…
-¡No sé nada de ti, nada, es imposible que salga bien! Como me pregunte algo ya la hemos liado.
-Tenemos veinte minutos para aprender algo.
-¿Veinte? Nunca se me dio bien memorizar. Yo debería de estar buscando un trabajo…
-Lo siento. ¿Cuántos años tienes?
-Diecinueve. ¿Tú?
-Veinte. ¿Hermanos?
-Tres –vaciló ella.
-Yo soy hijo único.
-¡Que suerte! –exclamó Kate.
-No, soy hijo único y soy del único del que pueden estar pendiente, no es suerte…
-Viéndolo así…
-Es un asco –terminó él.
-Esto no va a salir bien.
-¡Deja de ser negativa!
-Ni siquiera se tu apellido, ni en que trabajas. No sé nada.
-Castle, y soy escritor en mi tiempo libre. Mi trabajo oficial es en la empresa de mi papá. Te toca.
-Beckett, y no soy nada, aún no encontré trabajo.
El timbre sonó y Kate dio un brinco. Rick se movió con rapidez por la casa y se asomó a la mirilla.
-Mi madre –anunció.
-Oh, dios, oh dios, ni conozco la casa. Rick, será mejor que le digas la verdad.
-Me matará.
-Tendrás que arriesgarte –contestó ella.
-Kate, por favor, sé que apenas me conoces, pero por favor, ayúdame, te necesito.
-Rick no es bue…
-Por favor… -suplicó.
-Será la última vez.
-Me inventaré que hemos roto o algo para la próxima visita.
-Más te vale. ¡Dios, te conozco desde hace dos semanas, y ya has vuelto mi vida patas arriba!
-Así soy yo –presumió él. El timbre sonó.
-Ábrele –dijo Kate.
-Mejor abre tú, iré a dejar tu bolso en el salón.
-¿Yo? – Siseó- ¿estás loco o qué?
-Abre –la urgió.
Kate respiró hondo, le apetecía demasiado pegarle a Rick, y ella no era una persona violenta. Él desapareció por el pasillo, estaba perdida, ni siquiera sabía llegar al salón, cuando Martha se fuera, pensaba golpearlo.
El timbre sonó, la voz de Rick gritó, «en un momento» y ella se acercó a la puerta.
-¡Hola! –la saludó Martha animadamente.
-Hola –contestó.
-¡Por dios! ¿Se puede saber que estaban haciendo? ¡Han tardado siglos en abrir, ya me iba a ir y todo! –Kate vaciló, y abrió la boca, sin saber que decir- No, no, mejor no me digas nada, hay cosas que una no quiere saber.
Se sonrojó, y maldijo por lo bajo. Solo había visto a esa mujer dos veces, y las dos veces la había hecho sonrojar por sus comentarios.
-Pasa –dijo al ver que la mujer la miraba.
-Estás más delgada –anunció- tendré que decirle a Rick que te alimente mejor, no es bueno que estés tan delgada –Kate sonrió mientras aquella mujer hablaba.
Llegaron al salón casi por un milagro, pues Kate se sentía inquieta.
-¡Mamá! –Saludó - llegas pronto.
-Como siempre…
-Es cierto. ¿Te quedas a comer?
-Si cocinas tú…
-Por supuesto.
Al final, el día no fue tan mal, Kate se descubrió riendo y charlando animadamente con la madre de Rick, quien contaba anécdotas de Rick, que la hacían reír sonoramente. Rick estaba sentado a su lado, y más de una vez se descubrió entre sus brazos, él se acercaba y la abrazaba, y ella ya se había acostumbrado a eso.
Esperen, solo lleva un café y una hora con él ¿y ya se acostumbró?
De pronto, se sintió algo incómoda.
También había descubierto que era un magnífico cocinero. Había preparado el almuerzo mientras ellas charlaban, y había estado de muerte, tuvo que disimular para no soltar un halago demasiado exagerado.
Hace mucho que no hablaba tanto tiempo con alguien, desde que se mudó, había estado sola y solo había recibido algunos mensajes de sus amigos, aunque no sabía si debía llamarlos amigos. Eran compañeros que conoció en los pocos meses que duró en la escuela de leyes, eran buenas personas pero no muy cercanos a ella.
-¿Hago café? – Kate preguntó.
-Por mi está bien –dijo Martha.
-¿Rick?
-Sí, gracias.
De pronto, quiso buscar una excusa para salir de la habitación, pero… ¡¿por qué diablos dijo eso?! Podría haber inventado otra cosa mejor, como que quería ir al baño o algo parecido. Se había aprendido las habitaciones pero no el lugar de las cosas.
-¿Necesitas ayuda? –preguntó la voz de Rick.
-Por favor –casi rogó.
Rick comenzó a sacar cosas de los armarios mientras ella ponía la cafetera.
-Tenemos una situación más complicada, me temo –soltó Rick en un susurro.
-¿Qué pasa? –preguntó ella, no pensaba que esto se podía complicar más
-Bueno, mi mamá decidió remodelar su casa, por segunda vez este año, y no podrá quedarse allí, obviamente.
-Lo entiendo pero… ¿Cuál es el problema? ¿No quieres que lo haga?
-No. Sí, no tengo problema con lo que haga en su casa, es su casa, el tema es que creo que lo hace a propósito de alguna manera. Ella siempre se queda aquí cuando remodela, que ocurre bastante seguido.
-Oh…
-Sí, oh…
