Capítulo 4: "Una mentira perfecta"
Su corazón no podía dejar de latir. Sentía que el mundo se le caía y de pronto sintió como las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos descontroladas. No sabía si era por el susto o por el agradecimiento. Intentó ponerse en pie, pero al intentarlo volvió a caer. Inuyasha la miró con temor y se agachó a su lado hasta quedar a la altura de su rostro.
- Vamos- Le susurró mientras que la tomaba de los codos y la ponía en pie de forma delicada.
Kagome aún no podía creer. ¿Era ese el mismo chico que iba a la escuela con ella?. ¿O es que acaso tendría un hermano gemelo?. Se reprochó por esa estúpida idea final. Mantuvo sus ojos clavados en los de él con intriga y con mucho miedo.
Inuyasha la miró preocupado. ¡Maldición! ¿qué hubiera sido de ella si no llegaba a tiempo?. Se horrorizó a penas con ese pensamiento. En realidad, su casa quedaba en la misma dirección que la de ella. Tenía que aceptar que no estaba muy lejos de Kagome cuando sucedió todo. En cuanto vio a ese hombro pasar por su lado en una actitud extraña, no pudo quitarle los ojos de encima. Finalmente lo vio atacando a Kagome. ¿Qué podía hacer? ¿dejarla sola? ¿permitir que algo terrible le sucediera?. ¡No!, eso jamás. Antes muerto.
- Gra... gracias- Musitó apenas la chica aún temblando. Jamás le había ocurrido algo parecido, y que además de todo fuera ÉL quien le salvara la vida, era algo aún más perturbador.
Kagome se aferró a la campera del chico y bajó la mirada avergonzada. Inuyasha mantenía sus ojos clavados en ella y la acercó hasta la pared baja de una casa, para que se sentara. Ella lo hizo sin protestar. Él se quedó de píe frente a ella, observándola. Siguiendo el ritmo de su respiración con sus ojos, intentando parecer calmado, pero en realidad, él también estaba un poco perturbado por lo sucedido.
- ¿Te encuentras bien?- Se animó a preguntar después de varios minutos de silencio.
- Eh... eeh... si, gracias-
Kagome observó sus ojos dorados, se veían tan... hermosos, sinceros. Brillaban de una forma extraña, con ternura, con cariño. No podía apartar la vista de aquellos ojos. Era claro que el espejo del alma de ese joven, eran sus ojos color dorado. Todo los sentimientos que ese chico experimentaba se vía reflejado en su mirada, ahora cálida.
El joven torció la boca en señal de disconformidad. Ese "sí" no lo convencía. Además, estaba claramente visible que ella no estaba para nada bien. Bufó y se revolvió los cabellos intentando calmarse. Kagome alzó la vista apenas y sintió que un rubor cubría sus mejillas. Cuando él la observó nuevamente ella la desvió al instante.
- Vamos- Dijo en tono de orden.
Ella alzó nuevamente la vista, esta vez sorprendida por las palabras del chico. ¿Ir?, ¿adónde?. Lo miró confusa y sin poder articular palabra. Inuyasha le devolvió una mirada seria, esta vez más distante y dura.
- ¿A dónde?- Preguntó ella sin comprender.
- ¿Pues a dónde más? ¡a tu casa! ¿o piensas que voy a dejarte ir sola?-
Nuevamente ese tono de burla. Aunque esta vez, estaba mezclado con algo de enojo. Kagome se agachó para recoger sus cosas, pero Inuyasha fue más rápido y las tomó antes que ella. La joven lo miró sorprendida, este chico era impredecible. Él comenzó a caminar y ella lo siguió lo más cerca que pudo.
Inuyasha iba con la vista alta, sin temor, orgulloso, altivo, como siempre. Kagome, en cambio, mantenía la vista fija en el suelo, asustada, confundida y muy perturbada. Era extraño, definitivamente, no entendía más nada. Él la odiaba, se lo había dejado muy en claro y ahora... ahora se comportaba de una forma tan... dulce con ella. Como si de alguna forma le importara.
Sus ojos dorados se desvían de vez en cuando a la muchacha que caminaba a su lado. Parecía estar tan alterada, tan mal. En ese momento sintió el deseo de tirar todo y abrazarla muy fuerte y para darle calma. Pero no. No podía hacerlo, no podía rendirse tan fácilmente. Sabía que esta actitud que estaba teniendo con ella la pagaría muy caro mañana. Lo sabía, era consiente de ello. Pero... ¿podría haberla dejado sola?. Se burló de sí mismo por esa estúpida pregunta. Era obvio que no podía. Qué imbécil. Tanto trabajo para que después viniera un idiota y se lo echara a la basura en cuestión de minutos. Bufó nuevamente hastiado de sus propios pensamientos. Esto era tan absurdo.
- Eh... es... aquí-
La escuchó casi susurrar. La miró de forma altiva y orgullosa, casi despiadada, nuevamente. Kagome se congeló ante esa actitud. Sus ojos ya no eran los mismos. Esta vez eran fríos, apagados, rencorosos... tan distintos a los anteriores. Inuyasha dejó las cosas de ella en el suelo y sin despedirse se marchó de forma fría. La joven se mantuvo en su lugar, mirándolo con los ojos abiertos, no creyendo que ese chico pudiera ser tan... tan... bipolar. No podían existir personas así. Se agachó para levantar sus cosas y se quedó esperando hasta que Inuyasha desapareció de su vista por completo. Una suave brisa jugó con sus cabellos un tanto desordenados. Suspiró y corrió escaleras arriba para refugiarse en su templo, en su hogar, con su familia, sus cosas, en su cuarto. A pesar de todo lo que le había sucedido en el día, lo que más miedo le dio, fue ver a Inuyasha alejarse de ella como si nada hubiera pasado.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
No había podido dormir en toda la noche. No pudo para de pensar. Su cabeza era un mar de recuerdos, de ideas, de pensamientos, conclusiones. Se masajeó la sien tratando de mitigar el dolor de cabeza que lo estaba matando. Se recostó en su banco de forma descuidada y harto de pensar. ¿Qué acaso no existía en todo el maldito mundo algo que ayudara a eso?. Cerró sus ojos, agobiado e intento descansar un poco antes de que comenzaran las clases. Ahora que lo pensaba, tendría que haber faltado, pero.. quería ver como...
- ¡Hola Inuyasha!- Saludó Miroku dando vuelta el banco de su amigo.
- ¡¡Maldita sea Miroku!!- Gritó el joven asesinando a su amigo con la mirada.
- Jajajaja- Se rió Miroku al igual que los pocos alumnos que estaban en el salón- Tenía que hacerlo, se veía tan tentador-
- Ya me las pagarás idiota- Gruñó.
- Ehhh, ¿qué pasa? ¿por qué el mal humor?- Preguntó el joven de ojos azules al verlo tan exasperado a su amigo.
- Nada- Se limitó a contestar.
- Oh vamos, dime... -
- No-
- Por favor- Rogó Miroku.
- No- Contestó secamente Inuyasha, mientras recarga su rostro en el puño.
- Por favor, dime, dime, dime, dime, dime, dime, dime, dime, dime, porfis, porfis, porfis, porfis, dime, dime, dime- Comenzó a decir mientras que tomó un poco de la ropa de Inuyasha y lo sacudía suavemente como un nene sacude a su mamá.
- Hola muchachos- Saludó Sango mientras que se acercaba a sus amigos.
- Hola Sango- Saludó Miroku- Dime, dime, dime, dime, dime... -
Sango miró la cara inmutable de Inuyasha y a Miroku sacudiéndolo de forma insistente. Abrió sus ojos y luego se llevó una mano a la cabeza, sacudiéndola negativamente de un lado a otro.
- ¿Cuánto lleva haciendo eso?- Preguntó.
- Más de media hora- Respondió Inuyasha que no cambió de posición.
Sango suspiró y dejó a Miroku y a Inuyasha con sus cosas y se acomodó en su asiento. Apoyó la cabeza en la mesa y cerró sus ojos por un instante. Vaya que estaba agotada, quedarse hasta tarde en el msn no era una buena idea. Su mamá tenía razón en cuanto a eso, pero es que... ¿nadie entendía que justo cuando va a desconectarse aparece una persona con la que hace mucho no habla y debe quedarse más tiempo?. Parece que no.
- Hola Sango-
La joven levantó la vista y sonrió ampliamente al ver a su amiga que la observaba de sonriendo también. Ella se levantó de inmediato y la saludó con un abrazo. Las dos rieron un poco.
- ¿Cómo estás Kagome?-
Inuyasha que seguía con Miroku colgado de su ropa levantó la vista apenas para observar a la joven que hablaba con Sango. Lucía cansada, muy ojerosa y un poco caída. Seguramente era por lo de ayer. Maldita sea, y él que no podía ayudarla. Agudizó el oído para poder escuchar a la chica. Cada tono de su voz, cada pausa, cada respiración, significaba algo.
- Ah... bien, solo un poco cansada... ¿sabes?, anoche no dormí mucho que digamos jaja- Comentó como al pasar.
- Pero... ¡debes dormir!, ¡necesitas descansar amiga!- La reprendió la castaña con el ceño fruncido.
- No importa, esta bien- Comentó ella sin darle mucha importancia a su falta de sueño.
¿No importa? ¡¿No importa?!. ¿Qué no importa?. Tenía ganas de gritárselo en la cara y sacudirla para que entre en razón. ¡Claro que su salud importa!. Bufó molesto por la falta de cuidado de la chica que lo observó de forma curiosa desde su lugar junto a Sango. Inuyasha desvió la vista y se hizo el desentendido.
- Hola chicos- Saludó Kagome.
- Hola Kag- Respondió Miroku- Anda, anda, anda, dime, dime, dime, dime... -
Kagome observó a Sango confundida por la actitud del chico de ojos azules que seguía sacudiendo al otro joven que parecía ausente del mundo, perdido en sus propios pensamientos y quien sabe en que otras cosas.
- Déjalo, es un chiquilín- Dijo Sango haciendo referencia a Miroku, que ladeó el rostro, le guiñó el ojo y siguió en lo suyo.
- Bue... buenos días Inuyasha-
Inuyasha abrió sus ojos. ¿Y ahora? ¿qué debía hacer?. Tomó aire e intentó calmarse. No podía tirar todo lo que había construido por un simple capricho tonto. Cerró sus ojos, contó hasta diez y volvió a abrirlos. Movió su cabeza apenas en un gesto de respuesta nula hacia la chica que se quedó parada sin comprender nada. Definitivamente esto era lo mejor, para los dos. No quería que volviera a suceder.
Se sentía tan tonta, tan estúpida. Pensar que él podría saludarla era una locura. Ya sabía que no le agradaba. Tal vez la actitud de ayer solo fue por cortesía, por compromiso, por ser la amiga de su amiga. Pero... sus ojos... demostraban otra cosas, cosas que eran sinceras, su preocupación había sido sincera. ¿Por qué ahora estaba tan distante y frío?. ¿Eso era parte de su personalidad?.
Ambos se quedaron sumergidos en sus pensamientos. Kagome intentando buscar la manera de poder acercarse a él, demostrarle que tenía un concepto equivocado de ella e Inuyasha buscando la forma de alejarse, de odiarla y de no permitir que nada pudiera hacerlo cambiar de parecer. No podía permitirlo. Kagome se sentó sin decir una palabra e Inuyasha mantuvo su vista fija en la ventana, aunque estaba al pendiente de todo lo que sucedía a su alrededor.
- Ey Kag, ¿pasa algo malo?- Preguntó Sango.
- No jaja, todo está bien- Contestó ella.
- Ah, bueno... y... ¿cómo estuvo tu día ayer?- Dijo de repente la castaña.
Inuyasha sintió que su corazón se salía bestialmente de su cuerpo. Si ella le contaba, si ella le decía lo que había sucedido la tarde de ayer, estaba perdido. Ya no tendría como fingir, porque Sango lo conocía muy bien. Era su perdición. Estaba seguro que ya no había salida. Kagome contaría todo y su esfuerzo se habría ido a la basura. Comenzó a pensar buenas excusas cuando de pronto la escuchó suspirar.
- Mmm... nada interesante me ha pasado, ¿qué tal tú? ¿hiciste algo que valga la pena contar? jaja- Respondió la morena codeando a su amiga y guiñándole un ojo.
No pudo resistirlo, se giró y la miró fijamente. Kagome alzó la vista y también lo observó. Ambos estaban sorprendidos, sin poder creer lo que pasaba. Inuyasha no entendía porque ella no lo había contado, ¿qué la detuvo a hacerlo?. Kagome, sin embargo, estaba atrapado nuevamente en esos ojos dorados que eran cálidos nuevamente, se veía tan indefenso, tan sincero, tan natural mirándola de esa forma, como si hubiera descubierto algo y quisiera compartirlo.
Ella se sonrojó apenas e Inuyasha reaccionó y le dio una mirada fría nuevamente y volvió la vista hacia la ventana. Kagome seguía sin entender. Iba a abrir su boca, iba a protestar a preguntarle que era lo que pasaba con él, cuando entró el profesor.
- Hola a todos muchachos, espero que hayan completado la tarea que les dejé-
Se escuchó un murmullo general que era la clara prueba de que nadie había hecho lo que el profesor había dejado la clase anterior. Kagome suspiró derrotada y se dio por vencida, ese chico era un caso perdido. Inuyasha también bufó de forma hastiada por todo lo que estaba pasando. El profesor acomodó sus cosas en el escritorio y antes de ponerse a escribir se dio la vuelta hacia donde estaba Inuyasha.
- Por favor Miroku, podrías dejar de sacudir a tu amigo... creo que distraes a los demás-
Todos rieron y Sango se llevó una mano a la cabeza avergonzada. Vaya amigos tenía, no había parado de insistirle a Inuyasha y estuvo así como casi ¡una hora!. Era increíble.
Inuyasha al fin se relajó y mantuvo su mente lejos de la clase. Ahora más que nunca debía ser cuidadoso en todo lo que hiciera, debía ser precavido y sobre todo astuto. No podía permitirse cometer un error... no con ella. Si volviera a suceder él... no podría, simplemente no podría seguir adelante. Movió su cabeza de forma resignada. Debía ocultar todo esto, tenía que hacer de cuenta que nada de lo que sentía era cierto. Debía crear... una mentira perfecta.
Continuará...
N/A: Estoy inspirada!! jaja 2 capítulos en un día :P que fuerza!! jaja, espero que les guste mucho chicas ^^ les mando un saludo enorme. Ya estuve dejando algunos mensajes personales a varias de ustedes. Si saben de alguien que haya estado siguiendo la historia avisen que volví a subir que voy a subir más seguido =) un saludo enorme! Las amo y gracias por el apoyo incondicional ^^
Kagome-Chan.
