El príncipe Mako y la sala de los vasallos
Korra soñó un sueño de hastío. Vagaba por el castillo en el que había vivió toda su vida, sin nada que hacer, y de tanto en tanto se detenía en alguna ventana para observar cómo todos, allá en el salón, bailaban animados, mientras otras parejas se ocultaban en la oscuridad, llenándose los pasillos de susurros y gemidos.
La princesa tenía la impresión de que no podía hacer nada que no hubiera hecho ya mil veces antes, y luego, de pronto, llegó a sus oídos un sonido que no supo identificar, pero que ya había escuchado con anterioridad. Curiosa lo siguió, hasta que vio una puerta entreabierta que con cuidado abrió y observó lo que sucedía: había dos mujeres adentro, pero sólo podía observar la morena espalda de una, mientras apreciaba cómo sus músculos se contraían con cada movimiento que hacía con su brazo derecho, seguido por el estruendo de un látigo y de un gemido.
- Así que ese es el sonido, pero ¿quién es?
- Ven a verlo tú misma, princesa - la interrumpió la mujer morena, poniendo el látigo entre sus manos mientras se apartaba sin mostrarle la cara, escondiéndose en la oscuridad. Korra alcanzó a sentir un poco el peso y la textura de la empuñadura de cuero antes de volverse hacia la mujer que se encontraba recostada en una mesa, mostrándole todo ese adorable y enrojecido trasero. A continuación la observó un momento. No estaba completamente desnuda, solo estaba descubierta en las piernas. Vestía una blanca blusa que casi parecía perderse en esa pálida y marmólea piel. Su pelo negro y ondulado estaba desordenado sobre su espalda, la cual subía y bajaba violentamente a causa del esfuerzo por ser castigaba, de cierta manera le recordaba a alguien.
- ¿Qué esperas? continúa - le ordenó la ronca voz desde las sombras.
Vacilante, Korra impulsó aquel látigo hacia atrás, tomando vuelo, y acto seguido lo impactó sobre las enrojecidas nalgas. El sonido del cuero impactando en la piel le pareció exquisito, pero más aún el gemido de dolor mezclado con placer que soltó aquella mujer.
Korra no lo pensó más, necesitó escuchar aquella melodiosa voz de nuevo, por lo que siguió castigándola, obteniendo como recompensa pequeños gritos de agonía y reprimidos gemidos de placer. Se estaba excitando, necesitaba más de ella, necesitaba sentir directamente todo, por lo que soltó el látigo y con sus manos hizo todo el trabajo. Así abarcaba más, así sentía el calor de su piel, sus poros abrirse, lo húmedo de su sexo; la sentía a ella, y quería más, así que la cogió por las caderas atrayéndola hacia sí, uniendo sus pelvis mientras sus manos subían ansiosas por su vientre, hasta agarrar uno de sus suaves senos, escuchando a la mujer gemir, oh... eso era demasiado, necesitaba besarla desesperadamente, así que mientras afirmaba su vientre con una de sus manos, la otra subió hasta su mentón afirmándola casi de manera ruda, y entonces volvió su cara, prendiéndose de esos oscurecidos ojos verdes, de esos carnosos labios rojos, de esas suaves y delicadas facciones.
- Asami...
Sudorosa, abrió sus ojos despertando de aquel extraño sueño. Parecía tan real, excepto en la parte de que no la estaban castigando ¡ella lo estaba haciendo! ¡y a Asami!
Por Raava ¿es en serio? ¿yo estaba soñando eso? ¡con Asami por todos los espíritus!
Estaba impactada. Demasiadas cosas habían cambiado en su mundo en apenas 48 horas, o eso creía, ya que había perdido la noción del tiempo, o por lo menos allí no parecía importar.
En sus tierras ella era la princesa, siempre hizo lo que ella quería. Podía estar con cualquier chico que quisiera ¡Con más de uno si así lo deseaba, y al mismo tiempo! Pero de repente una atractiva mujer la había despertado ¡y la había poseído! Por dios, la había hecho sentir cosas que con dificultad había alcanzado a vislumbrar con un hombre. Pero ella no era de esas, nunca le interesaron las chicas, ni siquiera se le había pasado aquella idea jamás por la cabeza.
Hasta que llegó ella... ¿Por qué justamente ella? Si hubiera sido cualquier otra mujer habría sido más fácil todo, habría podido haberla odiado sin vacilar, pero ella... Asami, por Raava ¿por qué es tan jodidamente atractiva? ¿por qué siento que me ha hechizado de tal manera que en poco tiempo me ha hecho cambiar todo lo que yo pensaba? Digo ¡Mira la clase de sueños que estoy teniendo! Estoy teniendo pensamientos que jamás hubiera imaginado. Esa mujer me castiga, me besa y me posee cada vez que quiere... y no puedo hacer nada... ¡y no me desagrada del todo! ¡Mierda! ¿Qué estoy haciendo?
Las sombras del fuego iluminaban la habitación. Veía el relumbrar de los postes tallados en la cama, y los coloridos cortinajes que caían en torno a ella.
Estaba angustiada, a simple vista no parecía haber rastro de Asami por lo que se levantó y entonces se dio cuenta que ella esta allí, junto al fuego, con el codo apoyado en la piedra de la que pendían dos espadas cruzadas. Estaba absorta, con su rostro endurecido por la contemplación del fuego.
El pulso de Korra se aceleró, algo en ella comenzó a correr con toda velocidad, intranquilizándola, haciéndola soltar un débil suspiro que despertó a la Princesa Roja de sus pensamientos, quien se aproximó a ella. Korra se sentó de la cama esperando el encuentro. No podía ver su expresión en la oscuridad.
- He estado pensando, y sólo encontré una respuesta - le dijo repentinamente a Korra -: deberás acostumbrarte a todas las vistas del castillo y yo me habituaré a verte acostumbrada a ellas.
Asami estiró su brazo hasta alcanzar y presionar un botón que estaba en la cabecera de la cama, luego levantó a Korra y le indicó que se sentara sobre sus propias piernas en un extremo del lecho. No alcanzó a pasar ni un minuto cuando entró un paje a la habitación, tan inocente como el muchacho que había castigado al príncipe Mako con tanta diligencia. Era un hombre extremadamente alto, como todos, y tenía unos brazos poderosos. No cabía duda de que, si se lo ordenaban, podría sujetarla boca abajo por los tobillos, pero mostraba un rostro sereno, sin el menor indicio de mezquindad.
- ¿Dónde está el príncipe Mako? - preguntó Asami. Parecía enfadada y decidida.
- Oh, esta noche tiene problemas muy serios, alteza. La reina está muy inquieta por su torpeza, puesto que debería ser un ejemplo para otros, así que ha ordenado que lo aten en el jardín, en una postura sumamente incómoda.
- Si, bien. Haré que esté aún más incómodo. Pídele permiso a mi madre y tráelo ante mi presencia. Y que venga el escudero Tahno con él.
Korra se asombró al oír todo esto. Intentó mantener el rostro tan calmado como el del paje, pero sentía algo más que alarma. Iba a ver al príncipe Mako otra vez y no se imaginaba cómo podría ocultar, si es que sucedía algo, a Asami. Pero cuando Korra soltó un leve susurro, Asami le ordenó de inmediato que debía permanecer en silencio ahí mismo donde la había dejado, y que debía bajar la vista.
El escudero Tahno apareció casi de inmediato. Tal como ella sospechaba se trataba del paje que anteriormente había azotado al príncipe Mako con tanto vigor. Llevaba consigo la pala de oro, que colgó a un lado del cinturón cuando hizo una reverencia ante Asami.
Todos los que sirven aquí son escogidos por sus atributos - pensó Korra mientras observaba al escudero.
- ¿Y Mako? - preguntó Asami. Mostraba un leve enrojecimiento en su rostro y sus ojos brillaban casi con malicia, lo que asustó a Korra.
- Lo estamos preparando, alteza.
- ¿Y por qué demoran tanto? ¿Cuánto tiempo ha servido Mako en esta casa para mostrar tanta falta de respeto?
En aquel instante trajeron al príncipe Mako.
Korra intentó disimular su turbación. Mako estaba completamente desnudo, y a la luz del fuego advirtió su rostro sonrojado, mientras algunos mechones de su pelo negro caía suelto sobre sus ojos, que mantenía bajos como si no se atreviera a alzarlos ante la heredera.
Ambos tenían casi la misma edad, y parecida altura, pero ahí estaba Mako, más moreno, indefenso y humilde que Asami, quien se movía de un lado a otro, con una expresión fría y ligeramente perturbada, mientras el príncipe estaba de rodillas pero con la espalda derecha, exponiendo su erecto miembro.
- Después de todo este tiempo, y no estabas listo para mí - comentó Asami, acercándose un poco más hacia Mako, inspeccionándolo. Miró su órgano tieso, y luego, con la mano le dio un brusco manotazo, que lo hizo retroceder en contra de su voluntad.
- Quizás necesites un poco de instrucción para estar siempre preparado - susurró.
Asami levantó la barbilla del príncipe y lo miró a los ojos. Korra los observaba a ambos sin el menor atisbo de timidez.
- Acepte mis disculpas, princesa - dijo Mako. Su voz sonó con un timbre bajo, calmado, sin mostrar rebelión ni vergüenza.
Los labios de la heredera esbozaron lentamente una sonrisa. Su mano pasó por el órgano del joven y le dio una palmada juguetona, y luego otra. El sumiso joven bajó de nuevo la vista, pero conservó la gracia y la dignidad de las que Korra había sido testigo anteriormente.
Así es como debo comportarme - pensó ella -. Debo tener estas maneras, esta fuerza para aguantarlo todo con la misma dignidad.
Korra no dejaba de sorprenderse. El príncipe cautivo se veía obligado a mostrar su deseo, su fascinación, a todas horas, mientras que ella podía ocultar su anhelo entre sus piernas.
Detrás de ellos, el escudero Tahno observaba la situación con indisimulado placer. Se había cruzado de brazos y permanecía de pie, mientras sus ojos se movían ávidos de deseo por el cuerpo del príncipe.
- ¿Cuánto tiempo llevas al servicio de mi madre? - preguntó enfadada Asami.
- Tres años, princesa - respondió con tono pausado.
- ¿Fuiste enviado aquí por tus padres para prestar vasajalle?
- Así es, princesa.
- ¿Y para servir cuántos años?
- Tantos como le plazca a usted y a mi señora, la reina.
- ¿Cuántos años tienes? ¿veinticuatro? ¿Y eres un modelo entre los demás tributos?
El príncipe Mako se sonrojó.
Asami le indicó que se diera la vuelta, situándolo frente a Korra y a continuación lo encaminó hacia la cama.
Korra se irguió, notando el rubor y el calor en su rostro.
- ¿Acaso eres el favorito de mi madre? - requirió la Princesa.
- Esta noche no, princesa - repuso Mako, sin el menor atisbo de sonrisa.
Asami recibió estas palabras con una risa apacible.
- No, hoy no te has comportado muy bien ¿cierto?
- Únicamente puedo suplicar perdón, princesa - respondió.
- Harás más que eso - le dijo al oído mientras lo empujaba más cerca de Korra -, sufrirás por ello, y darás a mi Korra una lección de buena voluntad y de perfecta sumisión.
En ese momento Asami había vuelto la mirada hacia ella, escrutando en su rostro alguna emoción, mientras su palpitar se volvía acelerado sin detenerse a pensar el porqué de su carrera. Korra bajó la vista avergonzada, no quería provocar de nuevo aquella fría mirada en Asami, estaba aterrorizada ante la posibilidad de contrariarla.
- Mira al príncipe Mako, Korra - le ordenó, y cuando alzó los ojos vio al cautivo príncipe a tan sólo unos centímetros de distancia.
Tal como temía que sucediera, Asami levantó el mentón de Mako, y cuando éste la miró con sus grandes ojos marrones, le sonrió por un instante, de forma lenta y serena, sin que la Princesa heredera se diera cuenta. Korra abrió los ojos incómoda, pero aun así se sació de él con la vista, pues no tenía otra elección, abrigando la esperanza de que Asami advirtiera únicamente su apuro.
- Besa a mi joven princesa y dale la bienvenida a esta casa - ordenó Asami, haciendo que Korra la mirara asustada y contrariada por tal orden.
El príncipe Mako volvió a sonreírle fugazmente mientras se acercó a ella, quién sintió como sus labios se aproximaban hasta su boca. Korra apretó sus ojos, esperando el inminente contacto, y en vez de eso sintió como aquellos delgados labios se posicionaban en su frente, dándole un cálido beso.
- ¿Qué estás haciendo, príncipe? - le preguntó Asami.
- Lo que ordenó, alteza.
- Te dije que la besaras.
- Y lo hice, sólo que no me permito tocarla en otra parte más.
- ¿Y eso por qué? - preguntó inquisidora Asami.
- Porque ella es suya, y por eso no me atrevo a tocarla más de lo debido - respondió tranquilamente.
Korra estaba aliviada y sorprendentemente desilusionada. No esperaba una respuesta tan considerada e inteligente como la que Mako había dicho. Ciertamente la orden de Asami tenía una trampa, y con seguridad si Mako la besaba iba a ser castigado, que era lo que esperaba. Korra estaba asombrada, y expectante observó el rostro de la Princesa, intentando leerlo.
- Muy listo, príncipe. Pero necesitarás mucho más que tu inteligencia para poder satisfacerme.
Mako bajó la mirada y retrocedió, mientras que Korra no pudo evitar llevarse las manos a la cara, pero Asami se las retiró de inmediato.
- Observa bien Korra. Estudia este ejemplo del príncipe obediente y considerado, listo para satisfacer los deseos de sus amos. Acostúmbrate de tal modo que no lo veas a él, sino más bien al ejemplo que representa para ti – dijo y muy bruscamente volteó al príncipe Mako para que Korra pudiera observar las marcas rojas en sus nalgas.
Era evidente que había recibido un castigo mucho peor que el de Korra: estaba magullado y sus muslos y pantorrillas cubiertos de ronchas rosadas. La heredera observaba todo esto casi con indiferencia.
- No vuelvas a apartar la mirada ¿Me has entendido, Korra?
- Si, princesa - respondió Korra al instante, demasiado ansiosa en demostrar su obediencia. En su dolorosa angustia, le invadió un extraño sentimiento de resignación.
Asami había dejado de observarla. Tomó una de las muñecas del príncipe y lo guió hasta el centro de la habitación. Puso el pie en el travesaño del taburete y empujó al vasallo sobre su rodilla al igual que había hecho antes con Korra.
Mako estaba de espaldas a la princesa, de manera que ésta no sólo veía su trasero, sino que sus otras partes. El escudero Tahno se adelantó a la Princesa extendiéndole un bastón plano enfundado en cuero y de aspecto pesado, con el cual Asami le propinó rápidos golpes en todas direcciones, mientras el príncipe no oponía resistencia. Apenas profirió un sonido. Tenía los pies plantados en el suelo y en su actitud no mostraba ninguna tentativa de escapar al alcance del bastón, como seguramente lo hubiese hecho Korra.
Pero mientras observaba, asombrada e intrigada por su control y aguante, percibió las señales de tensión en él. Se movía de forma sumamente leve, las nalgas se elevaban y descendían, las piernas temblaban; luego oyó un minúsculo gemido, un sonido susurrado que reprimía con los labios cerrados.
Su piel comenzó a adquirir un color rojo cada vez más oscuro, con cada golpe, y luego, cuando parecía que había alcanzado el punto máximo, Asami se detuvo agotada.
Korra observaba con la boca abierta, no solo el aguante del príncipe Mako, sino que también la fuerza y la ira de Asami. Si no era contra ella la podía observar bien, se veía hermosa. Salvaje y temeraria, sudorosa, con el pelo desordenado cayendo libre por sus hombros, con sus ojos brillantes y su boca entreabierta, buscando oxigenar sus pulmones. Korra notó como aquel padecimiento localizado entre sus piernas formaba un fuerte nudo, obligándose a morder sus labios con fuerza.
- Tahno - llamó Asami a continuación, mientras se sentaba en el taburete -, estoy cansada, ocúpate de él, yo me encargaré de que te obedezca.
- Por supuesto, su alteza.
- Ve hasta el cofre del rincón - le ordenó Asami a Mako -, y tráeme la argolla que hay dentro.
El príncipe Mako se dispuso a obedecer rápidamente, pero era obvio que su señora no estaba satisfecha, así que chasqueó los dedos y al instante el escudero condujo al cautivo con su pala, guiándolo hasta el rincón y siguió atormentándolo con azotes mientras Mako abría el cofre y extraía una gran argolla de cuero que se la llevó a Asami, ofreciéndoselo de rodillas en frente a ella.
- Colócasela - le indicó Asami apuntando hacia el escudero.
Mako amarró las correas de cuero de la argolla al cinturón de Tahno.
- Ahora síguelo, síguelo adonde él vaya
En aquel instante Tahno comenzó a andar lentamente por la habitación, mientras Mako hacía un terrible esfuerzo para seguirlo de rodillas, con los dientes en la anilla de cuero, evitando tocar al escudero.
Tahno andaba a grandes zancadas sin tener en cuenta las dificultades del príncipe. Se aproximó a la cama, luego se dio la vuelta y caminó de regreso hasta la chimenea, con su vasallo esforzándose ante él. De pronto, giró bruscamente a la izquierda para quedarse frente a Korra y Mako tuvo que agarrarse al escudero para mantener el equilibrio. Sólo se sujetó un instante, pero al hacerlo apretó la frente contra el muslo de Tahno, quién le rozó el pelo distraídamente, casi como si hubiera sido un gesto cariñoso.
- ¿Así que te desagrada esa postura ignominiosa, no es cierto? - se acercó Asami hasta Mako, pero antes de que el príncipe pudiera contestarle, esta le asestó un violento beso en los labios, afirmándolo por la nuca. Korra profirió un grito ahogado de sorpresa mientras escuchaba con enfado como Mako liberaba un suave gemido.
Cuando el beso hubo acabado Asami observó divertida el rostro de Korra, quien sin aguantarlo le corrió la mirada, bajando su rostro con el ceño fruncido, mientras su rostro se enrojecía poco a poco y empuñaba sus manos sobre sus piernas. Asami rió por lo bajo, aquella visión era encantadora.
Así que no soy la única celosa. Y yo que pensaba que Korra me odiaba…
- Korra - la llamó, haciendo que esta enrojeciera un poco más su rostro.
- Si, mi Princesa.
- ¿Mi Princesa? - repitió divertida Asami -, quiero saber, con sinceridad, qué es lo que sientes.
- Estoy sorprendida por el príncipe Mako, Princesa - comenzó sin titubear –, en lo servicial y sumiso que se muestra.
- Así es como debes ser - la interrumpió, acercándose lentamente hacia la cama en donde estaba sentada.
- Lo sé... - bajó más el semblante -. Yo... la complaceré desde ahora, sin duda...
- ¿Pero? – se adelantó Asami mientras se sentaba frente a ella.
Korra podía notar el calor emanar de ella, el aroma que expelía, tanto de su cuerpo como de su perfume, que se mezclaba levemente con el aroma de un perfume varonil, de Mako, lo que la hizo perder el hilo de sus pensamientos mientras revivía en su mete una y otra vez aquel ignominioso beso.
- Cariño - la llamó Asami, acercando su rostro hacia ella, cambiando su expresión hacia una cariñosa, esa que tanto había deseado ver Korra, poniéndola en jaque, perdiéndose en aquellos expresivos ojos verdes -. Dime qué más es lo que sientes.
Y no pudo aguantarlo más, sin pensarlo se abalanzó en búsqueda de esos labios, abrazándose a su cuello. Asami no esperaba tal respuesta, no estaba preparada para ello, por lo que sin querer dejó escapar un gemido que llamó la atención de todos los que estaban en la habitación. Korra detuvo su beso, mirando con un inesperado deseo a los ojos de su captora. Era como en su sueño, aquel gemido provocó lo mismo que en él. Hizo querer desear escuchar más. Que dulce sonaría su nombre en un agónico gemido salido de una ronca voz cargada de deseo de su Princesa.
Asami estaba tan sorprendida como los demás en la habitación. Quiso sobreponerse a la situación, pero los oscuros ojos con que Korra la miraba le estaban dificultando la tarea.
Por Dios, esta mujer va a matarme. Ya la he castigado y poseído dos veces este día y quiero volver a hacerlo ¡Y ella me insta a hacerlo!
Asami sonrió, no le importó haber hecho eso. Estaba extrañamente feliz, y sólo podía sobreponerse a la situación de una sola forma.
- No sabía que también eras una mujer celosa, mi dulce princesa - le dijo juguetonamente.
Todo el deseo y la determinación de Korra se vinieron abajo ante el comentario de su ama. No es que esperara tener tan pronto y tan fácil una oportunidad con Asami, pero eso la había hecho olvidar sus celos, al parecer sus evidentes celos. Korra avergonzada cerró los ojos y derrotada apoyó su frente en el hombro de Asami.
- Lo siento, Asami - susurró, de modo que sólo Asami pudiera escuchar.
Aquella disculpa fue tan sincera que Asami no se enfadó en que Korra la llamase por su nombre. Ciertamente estaba pasando por una tormenta de emociones a causa de ella, que si bien era lo que quería lograr, no esperaba que explotara ni que perdiera su control sólo por una escena de celos. Asami quiso abrazarla, mecerla en sus brazos y besarla, pero no podía hacerlo, no con ellos presente. Por esta vez dejó pasar aquella falta de su avergonzada princesa, haciéndole saber, a través de un beso en su morena frente, que estaba bien.
Korra disfrutó el contacto. Cuando Asami se comportaba así con ella, era otra mujer. Sentía que la quería, podía darse cuenta como en tan poco tiempo se estaba convirtiendo en alguien importante para ella. Tal vez era el hechizo del castillo y de su situación, pero ya no podía dejar de pensar en complacerla, en tenerla a su lado, en sentir su calor envolviéndola.
Asami lentamente quitó sus labios de su frente para ir hasta su oído, en donde dulcemente le susurró:
- Y ahora, mi celosa princesa ¿Qué es lo que quieres que haga con el príncipe Mako?
Korra abrió los ojos, observando a Mako y al escudero por sobre el hombro de Asami, quienes estaban visiblemente contrariados por el atento comportamiento que su ama estaba teniendo con ella. Korra observó a Mako, quien obediente y callado estaba de rodillas ante ellas. Su mente volvió a atormentarla con aquel beso entre él y Asami, haciéndola cerrar los ojos enfadada. Sólo había una cosa para sacarse eso de la cabeza.
- ¿Y bien?
- Castígalo - susurró tímidamente Korra.
- ¿Qué dices? - preguntó sonriéndole.
- Castígalo, mi princesa.
- Como desees - dijo con una media sonrisa -. Ya la escuchaste Tahno.
- Por supuesto, alteza.
Y con un pie sobre la espalda de aquel chico lo obligó a apegar su rostro al suelo, de manera que así exponía en alto su maltratado trasero. Tahno con una gran sonrisa no esperó para tomar su pala bañada en oro y comenzar a zurrarle casi sin descanso sonoros golpes sobre su trasero.
Korra observó embelesada, aquella había sido su primera orden y Asami se la había cumplido. Una gran satisfacción subió por su pecho, a la vez que sentía avergonzada cómo entre sus piernas comenzaba a sentir un calor cada vez más intenso, que sin poder evitarlo descendió hasta perderse entre las sábanas de la cama.
- ¡Mas rápido! - demandó Asami.
Korra percibió el terrible padecimiento del príncipe Mako, escuchaba como había comenzado a llorar, pero necesitaba verlo castigado, necesitaba hacerlo por la osadía de tocar los labios que Korra desde ya sólo quería para ella. La gracia y dignidad se habían perdido. La serenidad y ligeresa que había mantenido el príncipe habían sido, obviamente, su consuelo.
Pero ¿realmente las había perdido? ¿o simplemente también se las entregaba a Asami con toda tranquilidad? Era incapaz de distinguirlo. A pesar de lo excitada que se estaba poniendo, se estremecía con los golpes de la pala.
De repente el escudero se detuvo súbitamente.
- Le he hecho sangre, su alteza.
Mako seguía con la cabeza agachada, con su frente apoyada en aquel frío suelo de piedra. Asami se levantó de la cama, acercándose hacia Mako, lo observó y luego hizo un gesto de asentimiento. Chasqueó los dedos para que el príncipe se levantara y con una de sus manos levantó su rostro el cual estaba surcado en lágrimas.
Así que la regla consiste en que pueden azotar hasta que salga sangre – determinó Korra.
- Por esta noche has logrado que suspenda el castigo que mi celosa y querida princesa me había pedido para ti, en virtud de esa delicada piel que posees – dijo Asami, soltándole el rostro y a continuación les dio la espalda a todos, aproximándose hacia el fuego de la chimenea -. Es suficiente Tahno, llévatelo. Móntalo en el pasaje y comprueba que nadie lo satisfaga, veo que está a punto de querer liberarse - dijo volviéndose a observar su erecto y palpitante miembro, mientras sonreía ante el creciente sonrojo de Mako.
En seguida Tahno se llevó al príncipe, sin antes hacer una reverencia a Asami, quién sólo los observó parada desde la chimenea.
Apenas cerraron la puerta Korra se levantó de la cama, yendo temerosa al encuentro de Asami, que estaba de espaldas a ella. Vacilante levantó sus brazos rodeando la cintura de la heredera, quien no se movió ante el contacto. En seguida Korra apoyó su frente en su espalda, descansando por unos momentos en aquella pose.
- Dijiste mi nombre - susurró Asami.
- Yo no quería... Lo, lo siento - se disculpó temerosa Korra.
- No... - dijo volviéndose a ella, sin soltar el agarre de Korra -. Esto es extraño. Nunca antes me había sucedido esto, Korra.
Ella levantó su mirada esperando a que Asami continuara hablando, pero había callado. En su rostro podía ver como combatía con muchos sentimientos. Ella estaba igual, pero no esperaba encontrar a Asami de la misma manera, aunque sabía que no estaba confundida por la misma razón que ella, el simple hecho de que lo estuviera le dio el valor de levantar sus manos y posicionarlas en ambas mejillas, atrayéndola hacia sus labios, besándola con suavidad, observando cómo la heredera cerraba sus ojos, entregándose por completo en aquella acción. Entonces Korra decidió profundizar el beso, tocando con su lengua los labios de Asami, pidiendo permiso para entrar. Asami abrió los ojos, observando a Korra, quien sin esperar entró sin permiso con su lengua, comenzando a explorar su boca, entregándose mientras sus mejillas se encendían.
Korra lo estaba logrando, sin proponérselo lo estaba haciendo. Apasionó el beso, acariciando con su lengua la de Asami. Envolviéndola, rozándola, con el objetivo de sacarle gemidos a su ama. Cuando lo consiguió una descarga eléctrica recorrió su espina dorsal. Empujó a Asami contra la pared, posicionando una de sus piernas entre las de ella, mientras sus manos exploraban su cintura y su boca bajaba desesperadamente por su blanco cuello.
Asami a estas alturas estada jadeando, excitando más a Korra. Por su parte Korra ya no tenía dominio de si, una extraña fuerza se había apoderado de ella ordenándole que debía poseer a Asami en ese instante, nunca lo había hecho pero sólo quería escuchar a Asami gemir bajo su cuerpo. Sus labios desesperadamente besaban cada centímetro de la caliente piel que descubría bajo el cuello de la camisa. Sentía como el pulso de Asami se había disparado.
Comenzó a sentir sed, aquella piel la estaba secando, su garganta le ardía y por ello, sin esperarlo, hundió sus dientes en la tierna piel ubicada entre su cuello y hombro, sacando de los labios de Asami un fuerte gemido que la llevo completamente a la perdición.
Pero de repente unas manos la afirmaron por los hombros, trayéndola violentamente de vuelta a la realidad.
El pecho de Asami subía y bajaba con brusquedad, mientras la observan con el ceño fruncido, completamente sonrojada.
- Korra... detente - dijo dubitativa.
- ¿Por qué? - respondió atrevida.
- Esto no está bien... no debería ser así.
- Asami...
- Por favor, no digas mi nombre de nuevo - dijo cerrando los ojos.
- Asami - repitió, acercando sus labios a su oído.
- ¡No! ¡Basta! - dijo sobreponiéndose, afirmando con fuerza a Korra - No puedes hacer esto... Yo... ¡Yo soy tu ama! ¡No puedes hacer esto!... No puedo permitirlo - dijo corriendo la vista.
- Pues no te veo muy convencida - continuó Korra, y ante el silencio de Asami decidió seguir hablando, a pesar de que probablemente la castigarían por ello.
- Asami... -
- No digas... - la interrumpió.
- Todo esto ha sido muy confuso para mí - la interrumpió Korra -. No es nada fácil procesar todo esto, ni siquiera sé si lo he hecho aún. Has sido tan dura conmigo...
Asami levantó la mirada, observándola atenta, por lo que Korra continuó.
- Al principio planeaba odiarte. Todo lo que hacías, la humillación por la que me hacías pasar. Hasta que llegamos aquí. Cuando observé que yo no era especial me decepcioné. En ese entonces no lo sabía, me sentía aliviada de no ser la única, pero había algo que me oprimía el pecho, y lo supe con seguridad cuando me di cuenta que tú nunca me pertenecerás.
- ¿A qué te refieres? - preguntó interesada Asami.
- A que yo soy tuya, pero tú no eres mía. Al principio no le tomé el peso, hasta que esa princesa te besó. Algo en mí se rompió, me sentí tan sola. De repente todo se revolvió dentro de mí, y comencé a necesitarte. Cuando besaste a Mako casi no pude mirar - dijo cerrando los ojos -. Si bien me habías castigado por observarlo... ¡Tú lo estabas besando!... Sé que no es lo mismo, sé que me castigarás por esto, por pretender ponerme a tu altura, pero ¡Por Raava que estaba molesta!
- ¿Molesta? - enfatizó juguetona Asami.
- Esta bien, estaba celosa ¡Completamente celosa! ¡¿y por qué?! aun no lo entiendo... ¿Por qué?... No te conozco Asami, en absoluto, pero siento que no puedo... no quiero separarme de ti. Quiero complacerte, quiero que me castigues, quiero que me beses y me hagas tuya ¡Pero sólo a mí! No podría soportar verte con alguien más...
Asami estaba anonadada. No esperaba tal confesión ¡No esperaba nada de esto! Pensaba que Korra la odiaba, y estaba mentalizada para afrontar ése escenario, pero no esperaba tal comportamiento de su princesa. Ciertamente era una caja de sorpresas.
- Oh mi querida Korra, mi pequeña y sorprendente princesa.
- ¿Está… bien que sienta esto? ¿Está bien que te confiese tan pronto esto?
- Por supuesto que sí, Korra. Me interesa todo por lo cual estés pasando. Quiero saber todo de ti, eso incluye tus pensamientos.
- Me siento tan confundida - dijo Korra mientras se afirmaba de la blusa de Asami.
- Es lo normal. Pero ya te acostumbrarás, ya verás cómo te acostumbraras al vasajalle dentro del palacio, a las órdenes de tus amos y…
- Pero sólo te quiero a ti - la interrumpió Korra -. Sólo quiero que tú me castigues.
- Oh, mi princesa. Eso a veces será imposible. Te prometo que el 90% de las veces yo lo haré, pero no puedo acapararte para mi sola.
- Pero tú eres la Princesa, puedes hacerlo ¿No?
- Claro, pero en vez de eso no te habría traído acá al castillo, y te hubiera llevado a mi hogar, en la ciudad. Si vienes acá tienes que pasar por todo lo que pasan los demás vasallos, aunque claro tú tienes una gran ventaja.
- ¿Ah sí?... ¿Cuál es? - preguntó Korra esperanzada.
- La ventaja de que tu ama está locamente prendida de ti, Korra - le dijo regalándole una intensa mirada.
Korra bajó su rostro avergonzada. Ya no odiaba a esta mujer, al contrario, su cuerpo la llamaba. Nadie nunca antes la había desarmado, y con tanta facilidad. Con una acción o una palabra Asami revolvía internamente a Korra, manejándola a su gusto y por ello había optado por contarle la verdad, para que fuera consciente de las repercusiones que generaban sus acciones.
Quiero llegar a ella... quiero que yo sea de ella tanto como ella de mí.
- Asami - la llamó, aún sin observarla.
- ¿Si?
- ¿Puedo llamarte así?... cuando estemos solas.
- No puedo negar que me gusta cómo suena mi nombre en tus labios. Por supuesto que puedes llamarme así, pero sólo cuando estemos solas. Será nuestro secreto - le dijo coquetamente -. Pero si alguna vez vuelves a decir mi nombre en público, tu castigo será severo, Korra, lo digo en serio. Y no seré yo quien te lo dé - dijo seriamente, haciéndole entender que no toleraría otra falta, menos en el palacio.
- No lo haré, ama.
- Bien - dijo sonriendo -. Ahora vamos a la cama, estoy cansada y aún debo castigarte.
- ¿Castigarme? ¿por qué? - preguntó contrariada.
Asami sonrió, le encantaba aquella expresión en el dulce rostro de su morena.
- Que esté fascinada por ti no significa que no dejaré de castigarte por cada falta que cometes, con mayor razón lo haré, para dejar claro de una vez quién es la que manda.
Korra descendió tímidamente la mirada, felizmente avergonzada, lo cual satisfizo a Asami.
- Está por amanecer – dijo –, y aún no hemos descansado. Ve a la cama y afírmate de la cabecera, no quiero que te muevas.
- Como ordene, princesa - dijo feliz Korra, mientras se volteaba y se encaminaba a la cama, arrodillándose y gateando por ella mientras Asami observaba la vista de aquel trasero enrojecido, aquellos pliegues que se escondían bajo él, y aquellos pechos que colgaban de su atlético cuerpo. Tragó con dificultad y pasó nerviosa una mano por su negra cabellera.
- Definitivamente esta será una larga noche.
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Era media tarde cuando Korra se despertó. Asami e Iroh estaban ensartados en una discusión, y prefirió no hacer ruido para ver de qué hablaban, al parecer Iroh era partidario de llevar a Korra a la sala de los vasallos para que la preparasen debidamente.
- Asami, te estás enamorando de ella - la reprendía Iroh -. Tienes que controlarte, ¿quieres que suceda lo mismo que la última vez?
- Oh, cállate Iroh... - respondió Asami con aspereza, pero luego se detuvo, como si éste hubiera dado en el clavo, y añadió-: Mierda... Quizá... quizá debieras llevarla, aunque sólo por un día - aclaró.
Inmediatamente después de eso Iroh despertó a Korra y esta con suerte alcanzó a ver el rostro de Asami quien había volteado deliberadamente a mirar por la ventana cuando ya Iroh le había lanzado la blusa que le había dado Asami para que se pusiera y al siguiente momento iban caminando rápidamente por el pasillo mientras recibía un gran número de azotes, apurándola aún más.
- Tienes que mantener la cabeza y los ojos bajos - le dijo con frialdad -. Tu espalda tiene que ir en todo momento recta, y no mires a los lados ¿está claro?
- Si... eh - no sabía cómo debía dirigirse a él.
- Milord - le respondió.
- Si, milord - respondió seriamente. Podía ver un gran pasillo de piedra ante ella, y aunque los azotes de la pala no eran muy fuertes la ofendían enormemente, puesto que no venían de Asami. En ese momento Korra se percató de que se encontraba a merced de Iroh, lo que la asustó.
No es junto. Asami me prometió que yo sería de ella ¡De ella! ¿por qué me dejó a solas con Iroh? ¿es que acaso me ha mentido?
- No te preocupes, princesa - dijo con ironía -. No te haré nada, todavía - rió y enseguida le dio un fuerte azote -. Ahora muévete más rápido, tienes que adoptar siempre un paso rápido que demuestre afán por complacer a tus señores.
Habían llegado hasta una puerta estrecha que los condujo hasta una vasta estancia en el piso inferior, para este entonces el trasero de Korra le ardía ligeramente. Una vez adentro a Korra le llamó la atención que ahí estaba lleno de gente. Lo que alcanzó a ver fue que a lo largo de las paredes habían anchas repisas excavadas en el muro, en las cuales, sobre unos amplios y suaves almohadones dormían numerosos vasallos, hombres y mujeres.
Ante ella había una hilera de muchas mesas y entre éstas había cuencos con agua humeante de los que surgía una deliciosa fragancia.
- Aquí es donde siempre te limpiarán - informó Iroh -. Y cuando Asami se haya saciado lo suficiente de ti, éste será el lugar donde dormirás, a no ser que ella te dé órdenes específicas. Tu criada será Katara. Ella se ocupará de todos los detalles referentes a tu persona, y tú le mostrarás el mismo respeto y obediencia que a todos los demás.
Korra vio ante él la figura delgada de una joven y morena mujer de ojos azules, quien también parecía tener sus orígenes en las frías tierras del sur. Cuando se acercó un poco más a ella, Iroh chasqueó los dedos y le dijo a Korra que mostrara su respeto. Korra se avergonzó y bajo la vista de inmediato.
- Debes demostrar respeto hasta al último fregón - dijo Iroh -. Y si alguna vez detecto la más mínima altanería en ti, te castigaré con severidad. No estoy tan... digamos, impresionado contigo como la Princesa Roja.
- Si, milord - respondió Korra con sumo respeto, aunque estaba furiosa puesto que creía que no había dado muestras de altanería, sino de curiosidad. Pero la voz de Katara la calmó de inmediato.
- Ven, querida - le dijo dándole una palmadita en el muslo para que la siguiera. Al parecer Iroh desapareció cuando Katara condujo a Korra al interior de un nicho revestido de ladrillo, donde humeaba una gran bañera de exquisita madera y al centro de esta había un pequeño taburete para sentarse.
Katara le indicó que se sacara la blusa y que se sentara en el taburete dentro de la bañera, Korra lo hizo y enseguida sintió la deliciosa agua caliente subir por su cuerpo, envolviéndolo hasta la altura de las rodillas. Katara recogió su cabello en una pequeña cola en la nuca, sujetando su cabello con varias horquillas. En aquel instante la pudo ver con claridad. Era mayor que los pajes, pero se asemejaba a ellos en belleza, pero no cualquiera, sino como la de ella, algo poco común. Su ondulado pelo trigueño lo tenía amarrado en pequeñas trenzas, dándole un aire aún más tribal, y tenía unos azules ojos almendrados que conmovían por su bondad.
- ¿Estas muy cansada? - la interrumpió, dándose cuenta que la estaba mirando muy fijo y por lo tanto bajó la mirada.
- No tanto, mi...
- Señora servirá - dijo con una sonrisa -. Incluso el más humilde mozo del establo será tu señor, Korra - explicó -, y debes contestar siempre respetuosamente.
- Si, mi señora.
Ella ya había empezado a bañarla y el agua caliente que escurría hacia abajo le sentaba sumamente bien. Le enjabonó delicadamente el cuello y los brazos.
- ¿Acabas de despertarte?
- Si, mi señora.
- Ya veo, de seguro estas cansada. Los primeros días los vasallos están siempre sobreexcitados, no sienten su agotamiento. Luego, cuando se les pasa, duermen muchas horas. Pronto lo experimentarás y te llenarás de nudos que se extenderán sobre todo tu cuerpo. No me refiero que sea por los castigos, sino por la fatiga. Cuando eso suceda, yo te masajearé para calmar el dolor.
Su voz era tan dulce que Korra simpatizó con ella de inmediato.
- Te han castigado con mucha severidad ¿No es cierto?
Korra alzó los hombros y se sonrojó, a lo que Katara se rió tranquilamente.
- Muy bien Korra, estas aprendiendo. Nunca tienes que responder una pregunta así; podría interpretarse como una queja. Cuando te pregunten si te han castigado mucho, si has sufrido mucho, u otra cosa así, lo más inteligente que puedes hacer es sonrojarte.
Mientras seguía hablando con cariño, empezó a lavarle los pechos, y Korra se ruborizó aún más. Notó como se endurecían sus pezones, y pese a que no veía nada más que el agua jabonosa que tenía delante, estaba segura que ella se daba cuenta, mientras sus manos se ralentizaban poco a poco para luego hacer una suave presión en la parte interior del muslo.
- Separa las piernas, querida - le dijo ella.
Korra obedeció y separó más las piernas. Ella se secó la mano y entonces procedió a tocarle el sexo, lo que hizo que Korra se estremeciera.
Tenía el sexo húmedo e hinchado de deseo, y para su horror, aquella mano alcanzó a tocar una pequeña y dura protuberancia en la que se acumulaba buena parte de su anhelo, por lo que Korra retrocedió involuntariamente.
- Hmm - profirió Katara, retirando su mano. Se dio vuelta y llamo a Iroh -. Aquí tenemos una salvaje señorita sumamente preciosa - dijo - ¿la has vito?
Korra enrojeció a más no poder. Los ojos comenzaron a llenárseles de lágrimas y necesito de todo su control para no bajar las manos y cubrirse el sexo mientras que sentía que la miraba minuciosamente.
Iroh soltó una risita.
- Si, es una princesa verdaderamente destacable, pero no he podido observarla más de cerca. Asami es un poco posesiva.
- La Princesa Roja ¿eh?, ya veo por qué la cela tanto.
Korra emitió un apagado sollozo de vergüenza pero el violento deseo que experimentaba entre sus piernas no cesaba. Cuando Iroh le habló, Korra sintió que el rostro le quemaba.
- Los primeros días, la mayoría de nuestras princesas están demasiado asustadas para demostrar tal voluntad por servir, Korra - dijo con el mismo tono frío -. Suele ser necesario despertarlas y educarlas, pero ya veo que eres muy apasionada y estas sumamente encantada con la Princesa y con todos los que te quieren enseñar.
Korra se esforzó por contener las lágrimas. Ciertamente esto era más humillante que cualquier otra cosa que hubiera sucedido antes. Iroh la cogió por la barbilla para forzarla a mirarle la cara.
- Korra, posees una gran virtud. No es motivo de vergüenza, solo significa que debes aprender otra forma más de disciplina. Estás convenientemente despiertan a los deseos de tu ama, pero debes aprender a controlarlo al igual como vez que los vasallos varones lo controlan.
- Si, milord - susurró Korra.
Katara se retiró y volvió al cabo de un momento con una pequeña bandeja blanca en la que había varios pequeños objetos que Korra no pudo ver.
A continuación Iroh le separo las piernas y aplicó a aquél pequeño nódulo atormentado una especia de emplasto que la cubrió y que quedó adherido a ella. Lo modeló hábilmente con los dedos, como si no quisiera que Korra disfrutara de ello.
Después de superar el horror inicial, Korra sintió un gran alivio. De haber alcanzado el placer final se hubiera estremecido y ruborizado con la liberación de ese tormento, y esto le hubiera supuesto sufrir la mayor de las vergüenzas. Sin embargo, el pequeño emplasto le produjo un tormento añadido - ¿Qué puede significar?
Iroh pareció leer sus pensamientos.
- Esto evitará que te resulte demasiado fácil satisfacer tu indisciplinado y recién descubierto deseo, Korra. No lo aliviará, sino que simplemente evitará, digamos, el alivio accidental, hasta que adquieras el debido control de tu cuerpo. No creía que fuera necesario comenzar esta instrucción tan pronto, pero ahora me veo en la obligación de decirte que nunca se te permitirá experimentar el pleno placer, salvo por capricho de tu ama y otro. Nunca, jamás debes tocarte tus partes íntimas con tus manos, ni tampoco debes intentar aliviar tu propio padecimiento de otro modo.
Unas palabras muy bien escogidas, pese a toda su indiferencia conmigo.
Iroh desapareció de inmediato y Katara siguió bañándola.
- Disculpa por ello - le dijo -, pero no te asustes ni sientas vergüenza. Date cuenta que es una gran ventaja. Hubiera sido difícil que te hubieran tenido que enseñar a sentir tal placer, y mucho más humillante. Tu pasión innata te dota de una frescura que de otro modo no puede conseguirse.
Korra dejó caer unas lágrimas de frustración en silencio. El pequeño emplasto aplicado entre sus piernas la hacía mucho más consciente de sus sensaciones carnales. No obstante, las manos y la voz de Katara la sosegaron. Esta le dijo finalmente que iba a lavar su hermosa y corta melena, y ella experimentó una sensación muy agradable cuando el agua caliente recorrió su cuerpo.
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Una vez limpia y seca, Korra se acostó en una de las camas próximas, boca abajo, para que Katara pudiera aplicarle un aceite aromático en la piel.
A ella le pareció una delicia, comenzó a oler a vainilla.
- Y bien, con toda seguridad - comenzó Katara mientras le masajeaba los hombros -,querrás hacer algunas preguntas. Hazlo si quieres, no es bueno para ti que te confundas innecesariamente. Ya hay bastante que temer sin necesidad de sufrir temores imaginarios.
- ¿Entonces, puedo... hablarte? - preguntó Korra.
- Sí, soy tu criada. En cierto modo, te pertenezco. Cada vasallo tiene un criado, que se debe a él, a sus necesidades y deseos, así como debe prepararlo para su amo. Pero bien, por supuesto, habrá veces en las que tendré que castigarte, no porque me plazca, sino por cumplir las órdenes de la Princesa. Puede ordenar que se te castigue por desobediencia, o simplemente que se te prepare para ella con algunos golpes. Yo sólo haré lo que sea mi obligación.
- Pero eso... ¿eso te produce placer? - preguntó Korra con timidez.
- El difícil resistirse a una belleza como la tuya - contestó mientras masajeaba sus tonificados brazos -. Somos de una belleza exótica. Pero prefiero mucho más servirte y cuidarte.
Ahora le frotó enérgicamente su cabello con la toalla y acomodó su almohada.
- Pero, como te decía antes, puedes preguntarme sólo cuando te dé permiso. Recuerda, sólo cuando te diga, como acabo de hacerlo.
- No sé qué preguntar - susurró -, hay tantas cosas que quiero saber...
- Bueno, de seguro que ya sabes que aquí todos los castigos son para complacer a tus señores.
- Sí.
- Y que nunca harán algo que realmente los lastime. Nunca te quemarán, o cortarán o lesionarán - dijo.
- Eso es un alivio - dijo Korra, aunque creía conocer los límites antes de que se lo explicara -. Pero, los demás vasallos, ellos ¿están aquí por diversos motivos?
- En su mayoría sus padres los han enviado como tributos, como a ti. Nuestra reina es una mujer muy influyente en el mundo, cría líderes. Por supuesto, todos los tributos están bien alimentados, custodiados, y bien tratados, exactamente igual que tú.
- Y... ¿qué les sucede a ellos?, quiero decir, todos son jóvenes y...
- Regresan a sus casas cuando la reina lo ordena, y obviamente, en mejores condiciones gracias a la servidumbre de aquí. Dejan de ser tan vanidosos, muestra gran autocontrol, y a menudo, poseen una visión diferente del mundo que les permite alcanzar una mayor capacidad de comprensión.
Korra difícilmente podía imaginar lo que eso quería decir. Katara seguía untando aceite en sus escocidas pantorrillas y en la tierna carne de la parte posterior de sus rodillas. Se sintió amodorrada. La sensación le era cada vez más deliciosa.
- Entonces, puede que me envíen a casa - comentó, más como un pensamiento que como un anhelo.
- Si, pero nunca debes mencionarlo, y ciertamente nunca tienes que preguntar sobre ello. Eres propiedad de tu Princesa y su vasalla por entero.
- Si... - susurró.
- Rogar por tu liberación sería algo terrible - continuó Katara -, aunque, de todos modos, con el tiempo te enviarán a casa. Hay pactos diferentes para cada vasallo ¿ves a esa princesa de allí?
Sobre una cama que parecía una especia de repisa, se hallaba tumbada una muchacha de pelo oscuro en la que Korra había reparado anteriormente.
- Es la princesa Mai, y según lo acordado debía ser devuelta al cabo de 2 años. El plazo casi se ha cumplido y tiene el corazón destrozado. Quiere quedarse con la condición de que la prolongación de su vasallaje exima otros dos jóvenes de prestar servicio.
- ¿Quieres decir que quiere quedarse?
- Oh si - dijo Katara -. Está loca por el príncipe Zuko, el primo mayor de la Princesa Asami, y no puede soportar la idea de ser enviada a casa. Aunque hay otros que siempre se rebelan.
Podía sentir la mano de Katara que se acercaba hasta su trasero, y de repente, todas aquellas ronchas y puntos irritados volvieron a la vida cuando sus dedos los tocaron. El aceite le quemó ligeramente mientras Katara seguía masajeándola sin tener en cuenta la rojez. Korra dio un respingo, pero incluso este dolor escondía cierto placer. Sintió como sus nalgas eran moldeadas por sus manos, que las levantaban, las separaban y luego las volvían a calmar. Se ruborizó al pensar que Katara le hacía eso, porque antes le había hablado de un modo tan civilizado.
Esto no tiene fin, las formas de ser humillada.
Katara la volvió boca arriba y cuando la vio doblada sobre ella, tan próxima, sintió vergüenza y cerró los ojos, suspirando. Ella hizo penetrar el aceite friccionando su vientre y sus piernas, y Korra las juntó con fuerza e intentó volverse de lado.
- Te acostumbrarás a mis servicios, princesa - le dijo -. Con el tiempo no pensarás en nada cuando yo te cuide.
Korra abrió los ojos con cautela para observar la dedicación de su trabajo. Los claros ojos de Katara se movían por su cuerpo sin pasión, pero obviamente concentrados y absortos.
- ¿Obtienes placer... de esto? - preguntó en un susurró, asombrándose al oír que estas palabras salían de su propia garganta.
Ella vertió un poco de aceite en la palma de su mano y comenzó a frotar sus pechos, levantándolos y apretándolos como había hecho antes con sus nalgas. Korra volvió a cerrar los ojos y se mordió el labio. Sintió que me masajeaba los pezones con brusquedad. Casi soltó un lamento.
- Quédate tranquila, querida mía - dijo cariñosamente -. Tus pezones son tiernos y es necesario endurecerlos un poco. Tu señora, enferma de amor, todavía no los ha ejercitado demasiado, por el momento.
- ¿Enferma de amor? - se dijo, y al instante se dio cuenta de que no lo había pensado, sino que lo había verbalizado.
Sentía sus pezones dolorosamente duros y sabía que su cara se había puesto colorada, por la acción y la confesión. Gracias a Dios Katara soltó sus pezones y se alejó a colocar más aceite entre sus palmas.
- Por supuesto - le respondió mientras lo hacía -. La Princesa Asami es una mujer muy caprichosa. No muchas veces ha tomado un vasallo propio, pero al parecer siempre suelen ser mujeres.
- ¿Siempre?... quieres decir, que ¿no soy la primera? - dijo sin poder ocultar un tono de tristeza, empañando el recuerdo de la noche que le había regalado Asami.
- Oh, querida. Me alegra que ya sientas cariño por Asami, pero debes entender que ella es una mujer con poder, que lleva haciendo esto casi diez años, a pesar de ser joven.
- Puedo saber ¿cuántos vasallos ha tenido?
- ¡Propios? sólo dos: tú y la señorita Kuvira.
- ¿Sólo dos?... ¿Y qué pasó con Kuvira? ¿Por qué no tomaba a más vasallos? – preguntó intentando calmar sus celos.
En ese momento Katara desapareció de su campo visual y con horror sintió como le separaba las piernas, y no sólo ellas, sino que también los labios del pubis, como si fuera a examinarla.
- Oh por favor - susurró y giró la cara de un lado a otro con los ojos vidriosos por la vergüenza.
- Vamos Korra - la regañó cariñosamente -. Nunca, jamás debes suplicar nada a nadie, ni siquiera a tu leal y devota criada. Debo inspeccionarte para comprobar si estás escocida, y como pensaba, lo estas. La Princesa Asami ha sido bastante... fiel.
Korra se mordió el labio y cerró los ojos mientras ella empezaba a cuidar de sus partes íntimas.
- Como te dije, la Princesa Asami es una mujer muy ocupada allá en el exterior, y por ello no tiene mucho tiempo para tomar a un vasallo. Pero de vez en cuando viene a visitarnos y es ahí cuando toma a uno o dos jóvenes príncipes por capricho. Pero princesas... Digamos que es algo más serio. A pesar de mostrarse fría, es alguien tremendamente pasional, tanto así que siempre se teme que se enamore más de lo debido de sus vasallos. Justamente como pasó antes...
Katara calló por un momento, dejando a Korra la cabeza llena con interrogantes.
- ¿Qué sucedió?
- En realidad no es una buena historia para contar. Sólo te puedo decir que Asami salió muy lastimada y eso no ha hizo poder volver en dos años. Pero mira, ahora estás tú, y de nuevo puedo ver cómo el brillo en los ojos vuelve a aparecer en nuestra querida Princesa Roja.
Korra se quedó pensando. Ciertamente algo malo había pasado con Kuvira, algo había hecho que había dañado a Asami y ahora estaba ella, pero ella no la quería dañar, ella quería entenderla, dedicarse a ella.
- Ahora, incorpórate – le dijo Katara sacándola de sus pensamientos -. Si fuera por mí, te dejaría descansar, Korra. Pero Iroh quiere que veas la sala de adiestramiento y la de castigos. Te cepillaré el pelo rápidamente para que vayas con él.
Korra asintió y su cabeza se hizo un lío. Pensaba sobre Asami, sobre Kuvira, y sobre lo que Iroh quería mostrarle.
Esto no tiene cara de parecer algo bueno - dijo finalmente por todo.
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~o~
N. de la A.:
Esta vez les traigo un laargo capitulo, en parte porque no me satisfacía subir sólo algo relacionado con el "príncipe Mako" y porque quería intentar dar algunas respuestas de la estancia de Korra en el castillo, a través de Katara. Espero poder haber aclarado algo (aunque no esperen que les llegue la luz de la verdad y el entendimiento de golpe)
Otra cosa, que meta a Mako no significará que acá habrá un Makorra, Masami o Mak-algos, nopes. Tengo que meter a personajes porque así lo requiere la adaptación, de hecho a llegado el momento de preguntarles otra cosa: En la real adaptación el príncipe Mako tiene su protagonismo, no con Korra obviamente, pero si tiene su énfasis aparte, con todas su aventuras y castigos (con hombres). Mi duda es que de partida, este es un fanfic korrasami, por lo que no sé si quieren que meta a otras parejas, y lo segundo no sé que tanto yaoi quieran ver (chan!) y si quieren ver a Mako, también. No soy ciega y sé que para la mayoría hay una cierta tranca hacia este personaje, según yo es todo culpa de las Makorra lovers. Bueno, ahí me dicen.
Y ha llegado la hora de los reviews, que siempre me sacan sonrisas e ideas para manejar la historia:
HanelBlumaTanu: Llamativo... Intenté que este fuera más aclarador. Gracias por seguir leyéndolo ;). Aile1323: Hahaha, siempre me haces sonreír con tus confesiones. Pero debo contenerme. Una cosa es atraparlos con la cochiná y otra muy distinta es meterles castigos y cosas que pocos digieren inmediatamente. Como dije por allí, la primera vez que yo me enfrenté a esta clase de lectura fue choqueante, así que poco a poco lo presento endulzado para ustedes, así ni se darán cuenta cuando sean unas completas pervertidas. Gracias por tus reviews mujer, los amo. catching RE: Desde ahora poco a poco veras como los personajes irán dejando sus papeles. Todos queremos ver a una Korra dominante. Luna RedDragon: Wow, no sé como sentirme al respecto. Pero es una de las tácticas que se ocupan para desarmar, en este caso nunca será sólo por placer, soy una convencida en que se hace para el bien de la misma persona, aunque no se sienta así de buenas a primeras. Y no, no habrán abusos, o por lo menos Korra no lo sentirá así. kykyo-chan: Y no me dijiste la canción que te recordaba el capítulo :O. Ruha: Nunca esperé dar una buena impresión en realidad, pero si este libro pulió mis gustos hacia el BDSM, es que es maravilloso. Pero ya habrá amor y de esas cosas de princesas, o sea, the real princesas... Y claramente no quieres solo apapachos. No lo niegues, deseas ser latigada. Shizuma94: Hahaha, excelente descripción. Ahora tocó el turno de una Korra celosilla, que si bien no fue nada ya verás cuando tenga poder! Muchas gracias por tus comentarios. DjPuMa13g: Te echaste al agua sola hahah, sos una cochina. Poco a poco introduciré la historia con Kuvira, y lo de saber sobre Tonraq es pura sucia curiosidad. No sé si realmente escribiré algo de ello. Ahora Korra se destapó un poco, o por lo menos logró tener permiso de Asami, para algunas cosas. Ya veras cuando saque el látigo y bang!, todas veamos lo que queremos ver (azzzzzzzzzzzzzzzótala!). Gracias por tus comentarios, si bien este capítulo no fue "tan" intenso, espero pudo haber sido un poco aclarador en lo que se le viene a Korra. Silvia Godoy: Ya te acostumbraras. No te darás ni cuenta cuando comiences a interiorizar todo esto, tanto así que tendrás tu propio látigo, con mujerzuelas y juegos de azar. Isabel Guzman: Mujer! Hahah! Me encanta saber que usas bien mis historias, sólo con eso siento que ya hice bien mi trabajo. Aunque este no fue como los otros (me disculpo) intenté que fuera un poco más introductorio a lo que vivirá Korra más que a lo que sólo sentirá, aunque eso es lo que todos queremos. Gracias por tu apoyo. AdriSato: ¿Es una propuesta indecorosa?, me halagas, pero soy una mujer comprometida. Para qué preguntarte si te esta gustando la historia, Hahah. Guest: Creo que el concurso que abriste era el que creía, pero me dió verguencita participar (aunque no lo creas) No encontré que hubiera una escena que se permitiera ilustración, hubiera sido muy sucio. Pero te agradezco con todo mi kokoro el haberme invitado. Marilinn: Nadie escapa al ojo inquisidor de Asami. No, te preocupes, no bajaré nada. Me mantendré en mi suciedad. Gracias por tu apoyo!. west jori: Somos unos Asami Lovers, imposible no amarla, aunque me haga todas esas cosas la continuaría amando (y más). No es mi intención pervertir, sólo "enseñar" que hay otras cosas que se pueden disfrutar, hahaha. Yuhennysiso: O: Tenemos un lector que ya lo leyó! Me siento presionada, y a la vez feliz. Que ganas de leer cómo crees que va la adaptación, aunque claro, también meto de mi cosecha. ¿Y a qué película te refieres, a la de Emily Browning?. Iriz2367: Muchas gracias. Aunque preferiría el "me enseñas" más que el corrompes, es más amigable.
