Sinopsis: ¿Cuan lejos puede ir los celos por alguien a quien consideras tuyo?, aunque éste en realidad no lo sea. ¿Qué tan profundo puede llegar a ser el amor por alguien?, aunque éste te sea "infiel''. ¿Serías capaz de perdonarlo cuando éste te trate como una desconocida?
Parejas: SasuHina, KakaHina; mención ItaSaku y SasuSaku (unilateral)
Edad: Hinata 20; Sasuke 21 años; Sarada 11; Itachi 30; Sakura 29; Kakashi 36.
Género: Gore, Horror, Yandere, Romance, Asesinato, Song-Fic, Muerte de personaje.
Adaptación: Enbizaka no Shitateya.
Advertencia: No recomendado para Fan's de Sakura y Sarada por posible Ooc exagerado.
Sastrería de Konoha
En una esquina de las calles de Konoha, en una zona apartada del centro, donde la mayoría comercios se encontraba, una sastrería aislada pertenecía a una joven doncella.
De porte elegante, una tez pálida y buena actitud poseía finas habilidades al portar sus tijeras de coser, en el pueblo siempre se hablaba de su inigualable belleza, encantaba a los hombres con su refinada educación y gentileza, los enamoraba con su figura delicada y sublime, era adorada por todo el vecindario, pero en la mente de tan distinguida dama solo embargaba la actitud infiel del único hombre al cual amaba.
A pesar de que me tienes a mí, no has de venir. Nunca estás en casa,
¿Qué es lo que te pasa?
Sus perlas lavanda pasearon por el taller en donde trabajaba en un bello kimono lavanda, sentada sobre sus propias rodillas sobre el tatami en el centro de la habitación, observó cada rincón del recinto y notó con tristeza lo apagado que se veía el local, para ella todo se veía sin color cuando él no estaba para acompañarla.
- Hace semanas que no viene. - pronunció afligida tratando de idear una razón por el cual no regresaba, sacudió su cabeza y detuvo la mirada en el espejo, observando su reflejo.
Debía de seguir trabajando.
Empleando nuevamente en movimiento de sus tijeras procedió a cortar los bordes del kimono en sus manos, apoyado en su regazo. Debía verse bonita para cuando él regresará, arreglarse para su amado, no podía permitir que la viera tan descuidada y acabará desagradado con su apariencia, bajo sus tijeras la tela cedía.
Pero debo de seguir trabajando, y las tijeras en mis manos he de poner, estas son las tijeras que mi madre solía usar, cuan mas afiladas estén mejor han de cortar
La aldea tiene el ambiente de siempre, un lugar pacífico y tranquilo. Con una sonrisa dibujada en sus labios ella caminaba por la calle principal con una pequeña bolsa en manos, cargando las telas recién adquiridas para su vestuario, los rayos cálidos del sol bañaban su rostro pálido coloreando sus mejillas por el calor, los hombres la saludaban quitándose sus sombreros de paja y las mujeres mayores con una pequeña sonrisa de reconocimiento, a la cual contestaba con un cortés movimiento de cabeza.
Con las sandalias de madera que golpea el suelo de tierra, las piernas largas cubiertas por el kimono lavanda que traía, sus caderas se balanceaban delicadamente al igual que sus atributos pronunciados, una mujer virtuosa con una larga melena azabache tan oscura que brillaba azul por la luz del medio día, atraía la mirada de los habitantes.
Satisfecha con su nueva adquisición ignoraba los murmullos de los hombres ya que a sus oídos lo único que deseaba escuchar eran las palabras de él
- Ese kimono te sienta bien. - esas eran exactamente las palabras que deseaba oír, con esa voz profunda y seria que tanto adoraba, que por mas carente de emoción que pareciera era la mas perfecta melodía que podría escuchar.
Sin embargo esas palabras no estaban dirigidas a ella.
Sus ojos se ensancharon ligeramente ante la escena que presenciaba, su amado estaba hermoso con ese kimono azul oscuro, con ambas manos dentro de las mangas de éste, el abanico orgullosamente dibujado en su espalda, parado fuera de una tienda de té a la espera de su encomienda, su rostro impasible y sereno, con rasgos tan finos que la hacían suspirar, estaba tan relajado como jamás lo había visto al lado de ella.
¿Pero quien era esa a su lado?
Se veía tan amistoso con esa mujer.
Con un largo cabello oscuro azulado al igual que el de ella, y una tez pálida como ella misma tenía, ¿es que acaso las había confundido?
Eso sería imposible, esa mujer, con esos ojos tan negros color carbón y pareciendo tan mayor.
Pero él tenía razón, ese kimono blanco le sentaba bien, una color tan puro y elegante.
- Así que es por eso que no vuelves a casa. - murmuró a la nada con agobio en la voz.
El corazón de la joven se marchitó en su interior, jamás había recibido una sola frase halagando el kimono que vestía, ninguno de sus kimonos habían recibido una sola palabra de aprecio, un nudo se formó en su garganta y su estómago se removió en repulsión, no soportaba seguir viéndolo, en su hermoso rostro de porcelana se reflejó la angustia, así que dio media vuelta y se retiró allí.
De pronto su kimono lavanda bien trabajado parecía demasiado simplón, se sintió avergonzada de su vestimenta sin gracia, quizás el blanco luciría mejor.
No podía perder tiempo, ahora debía volver al trabajo.
[...]
Sus mejillas se mojaban con las lágrimas que seguían resbalando hasta caer tejido.
Pero debo de concentrarme en mi trabajo, tomó mis tijeras con mucha ansiedad, estas son las tijeras que mi madre solía usar, mientras mas se afilan, mejor cortarán
Con inaudibles sollozos se concentró en entallar el kimono blanco en su regazo, era su deber hacer un maravilloso trabajo, creyó encontrar el motivo por el cual él no regresaba a casa, seguramente se había de aburrir de su apariencia tan sencilla.
- Pero no hay problema, sé que volverá una vez vea como me arregle especialmente para él - declaró esperanzada, esforzándose en terminar su labor. Produciría el mas bello kimono.
Debía de verse como la esposa perfecta.
El barrio amaneció inquieto ese día, en su busca por tejido blanco que le faltaba para cubrir el enorme agujero en el pecho que su kimono tenía, fue detenida por una multitud que impedía su paso. Los murmullos de los aldeanos estupefactos se oían atormentados, hablaban de la mujer tirada en el suelo a unos metros escondida entre la muchedumbre.
Un brutal asesinato que dejó a todo encolerizados.
El largo cabello negro azulado desparramado por la tierra, el cuerpo extendido en el suelo, cubierto apenas por las prendas íntimas, pero su cuerpo expuesto era nada en comparación a la horrenda perforación que había sufrido en el pecho, la carne deformada y expuesta por la herida abierta, donde la sangre seguía acumulada y empezaba a coagular, como si fuera poco el dejarla muerta, el rostro antes de facciones finas había sido tan maltratado y agujereado dejándolo magullado al punto de ser casi irreconocible, la sangre que escurrió de los orificios creados por algo de afilada punta, que había brutalmente atravesado su piel hasta llegar a los huesos y músculos, la bañaban en un mar rojizo, contrastando con la tez pálida antes tan blanca y perfecta como la porcelana, ahora tan sucia y descuidada.
¿Quien sería capaz de tal atrocidad?
Los oficiales negaban el paso a todos los campesinos curiosos, y censuraban la escena del crimen, para mantener la sensibilidad y el orden de los aldeanos.
Y entre toda la gente estaba él.
Aparentaba estar tan desolado y decaído, su aspecto era tan demacrado que simplemente no parecía el mismo hombre relajado de ayer, el agobio la inundó al verlo tan turbado.
Parpadeó al darse cuenta que él venía en su dirección a toda prisa, la dama sintió como su corazón aceleraba a cada paso que acortaba la distancia entre ambos, lo encaró con expectación, esperando que viniera a ella y por poco abría los brazos para recibirlo, sin embargo, él pasó de largo, ignorándola por completo y ella ensanchó los ojos.
¿Acaso no la había visto?
Giró el cuerpo hacia donde su amado se dirigía y notó que éste salía a prisas en dirección al puente, extendió una mano en dirección a la larga espalda del varón, preocupada decidió seguirlo, pero sus pasos cortos por las sandalias que llevaban fueron ultra-pasados por otra chica, de un largo cabello rosa que corrió a toda prisa tras el azabache.
- Sasuke-kun, por favor, no cometas una locura - la acción de la muchacha la dejó atónita, lo había detenido en la entrada del puente con una mirada de reprensión y preocupación, sosteniendo el brazo de su amado con toda seguridad.
¿Quien es chica a tu lado?
Tenía unos ojos esmeraldas tan verdes y profundos, verdaderamente bellos, la piel blanca ligeramente bronceada por los intensos rayos de sol de verano, un sobrero de paja con finas cuerdas atadas bajo su mentón, sobre su kimono rosado llevaba un manto blanco por encima, dándole así un toque elegante que contrastaban con su cabello realmente hermoso y exótico.
- Lárgate Sakura - lo oyó gritar y su voz fue audible aun a la distancia que se encontraban, la dueña del taller no era la única que presenciaba el teatro protagonizado por ambos Uchiha, él pareció querer zafarse de su agarre, pero la pelirosa le sostuvo la mirada firme y lo retuvo determinada por el brazo, negándose a dejarlo cometer alguna estupidez.
Los ojos perlas se abrieron a par cuando después de algunas palabras intercambiadas en secreto entre los dos, el azabache dejó sus hombros relajaren y se derrumbó por completo, llorando en los brazos de la pelirosa.
Sus entrañas se revolvieron, indignada con el poco trato que recibía e incrédula por ver como su amado se dejaba consolar por esa mujer a quien ella jamás había visto.
¿Qué debía hacer ella para que la notará?
¿No se daba cuenta de que la estaba hiriendo? Tratándola como si fuera invisible y dejándose reconfortar por semejante mujer, frente a toda la aldea, incluso a distancia podía ver lo que transmitía los ojos jades y no había solo preocupación, reconoció el amor y lujuria en los ojos verdes y esa mirada le hizo revolver el estómago. Frunció el ceño.
No era suficiente dejarla abandonada en su casa, donde incontables noches lo esperaba en el lecho frío hasta caer dormida, él tenía que humillarla frente a tantos espectadores, ¿su esposa estaba ahí y él se aferraba a otra dama? ¿Qué es lo que pretendía?
- ¡Ah! ¿Acaso es eso lo que debo usar? - cuestionó para si misma, sin ser notada por los demás aldeanos que estaban al lado de ella, muy concentrados observando curiosos a los dos Uchiha, con una expresión de dolor incapaz de seguir presenciando tal acto de infidelidad la azabache se retiró adentrándose entre la multitud para volver a su taller.
Su kimono bien elaborado no parecía mas suficiente para realzar su belleza, un manto blanco sentaría como un perfecto adorno para el traje de la novia.
Debía de volver de inmediato al trabajo.
Sus ojos ya estaban hinchados y rojos de tanto lágrimas derramar.
Reprimiendo sollozos en su garganta atorada, se obligó a retener el llanto incontables veces, por que en lugar de llorar debería concentrarse en su labor.
Sin embargo debo de esforzarme en mi trabajo, con una tijera en mi mano, con toda mi fuerza, mientras mis ojos se hinchan, pongo toda mi energía en remendar un manto
Abriendo una sonrisa forzada quiso mostrarse alegre, ensayando la expresión que le pondría una vez lo viera, pero sus labios temblorosos y sus secos ojos enmarcados trataban de contrariarla.
- Si a él le gustan la chicas firmes y seguras de sí, cambiaré mi forma de ser para volverlo a tener a mi lado - gimoteó esforzándose en sonreír mientras reparaba el tejido cortado del manto.
Debía de actuar como la esposa perfecta.
[...]
La aldea está peor que la semana anterior.
Confundida de tanto alboroto, detuvo sus compras por un momento, dejando a una lado el listón sobre la banca de la tienda, el ambiente parecía denso e inquieto, sosteniendo la bolsa con ambas manos frente a su cuerpo encaró un par de jóvenes que transitaban por esa misma calle.
- ¿Lo has oído? Al parecer hubo otro crimen. - el primer joven de unos cabellos negros y mirada aburrida, murmuraba con una mano al lado de su boca como en tono confidencial, aunque ella podía oírlos muy bien.
- He visto el cuerpo, era la nuera de Mikoto-sama, ambas fueron tan...- la voz del segundo se fue desvaneciendo y una expresión de dolor y repugnancia apareció en su rostro - Tan laceradas...tan...- notábase que le constaba quitar las palabras, su amigo lo vio con preocupación y le puso una mano en el hombro cuando él puso la mano en su boca, amenazando con vomitar.
Era un chico rechonchito de apariencia simpática, que al recordar aquel cadáver en descomposición, hizo que regurgitara y devolviera completamente el almuerzo que había ingerido en el arbusto mas cercano, el morocho con peinado de piña le daba palmaditas en la espalda, apoyándolo.
- Ya Chouji, ya...- murmuró al no saber que decir en tal situación, comprendía el estado de su compañero - No quiero imaginar que será cuando su esposo vuelva... - la frase quedó al aire.
Había sido una escena grotesca, encontrada por la mañana en la entrada del puente donde muchos aldeanos afirmaban haberla visto por última vez, estaba tendida en el suelo al igual que la anterior víctima, al contrario de la primera ésta aun seguía con la ropa puesta, ésta estaba rasgada por varias partes, lo único que faltaba de acuerdo a muchos testigos era un manto blanco, cosa que fue irrelevante ante la brutal masacre que sufrió el rostro de la joven, sus ojos, o mas bien la falta de ellos provocó que mas de uno vomitará, tan solo dos enormes agujeros negros y sangrientos en su lugar, el largo cabello que la destacaba entre la multitud había sido cortado hasta cerca de las orejas y esparcido por su alrededor, mezclándose con la sangre y tierra, de su boca abierta las moscas empezaban a salir y entrar, rodando sobre el cuerpo y posándose en las demás heridas abiertas, había muerto con una expresión de terror, y la herida que causó su muerte era los cortes consecutivos en su abdomen.
- Señorita Hinata. - la nombrada parpadeó y volteó al hombre que recién llegaba a su lado y la saludaba caballerosamente con una educada inclinación, portando su kimono verde oscuro, le sonrió bajo la mascarilla.
Hinata llevó el puño cerrado a la altura del pecho y la otra mano cubriendo su boca, mirándolo con preocupación.
- ¿Sigue usted enfermo Kakashi-san? - cuestionó consternada refiriéndose a la mascarilla que este llevaba desde hace meses cuando contrajo una enfermedad.
- Estoy mejor, pero lo que me preocupa es usted - confesó el mayor, ella parpadeó sin comprender, el hombre de cabellos plateados puso las manos dentro de sus mangas y volteó la mirada en dirección al puente a los lejos, Hinata lo imitó - Han asesinado a otra joven, un crimen atroz realmente, no me gustaría que nada le pasará - aseguró volviendo a clavar sus orbes profundas en la dama, Hinata lo encaró en silencio - ¿Qué sería de mi sin sus hábiles manos? En el invierno ni se diga, me congelaría sin sus bufandas tejidas a manos, además de que mi estilo es todo lo que tengo para conquistar a las jovencitas - bromeó dejando el ambiente mas ligero. Hinata soltó una suave risa y luego sonrió.
- ¿Así que sólo para eso le sirvo a usted? - preguntó fingiendo sentirse ofendida, uniéndose al ambiente ligero y acogedor que él transmitía, Kakashi tan sólo sonrió bajo la máscara, ella al notarlo, por sus ojos que se achicaban cada vez que sonreía, le correspondió - Agradezco su preocupación, Kakashi-san, aun así, la verdad es que poco salgo del taller a causa de la cantidad de trabajo - aseguró la joven azabache.
- ¿De verdad? ...No es que quisiera atarear-la aun mas, pero...- apenado alzó su brazo y reveló la costura descocida del kimono que dejaba un enorme agujero bajo la manga, ella volvió a soltar una melódica risa con las mejillas ruborizadas - Y eso que acabo de comprarla en un viaje, no hay que confiar en los sastres desconocidos - bromeó con algo de razón el hombre de cabellos plateados.
Hinata le sonrió dulcemente.
- Tranquilo, pase a mi taller la próxima semana y le haré una costura reforzada, no volverá a tener esos problemas nuevamente - aseguró antes de retirarse.
- Ahí estaré - prometió Kakashi al aire, viéndola desaparecer en una esquina hacía el centro comercial de la aldea.
[...]
Sus ojos buscaron alguna tienda donde podría adquirir hilos de coser para su nueva encomienda, pero su búsqueda se vio interrumpida al encontrarse con su amado, nuevamente en compañía de otra chica.
Un oscuro cabello azabache hasta los hombros, un kimono rojo llamativo, un par de anteojos del mismo color.
Se veía tan joven.
Ensanchó los ojos a mas no poder cuando le vio poner en el cabello de la menor un lirio blanco con amarillo, unos pétalos casi transparentes que contrastaron con el azabache del pelo corto de la chica. En los labios de su amado se dibujó una diminuta sonrisa, casi imperceptible pero ahí estaba. Con lentitud se alejó de la joven que sonreía con tristeza.
- Te queda bien - lo oyó decir a la joven muchacha.
¿Cómo eres capaz? No hay duda, se ve que no puedo confiar en ti.
Sus ojos se entrecerraron encarándolos con frialdad, aunque por dentro aun seguía sintiendo un profundo dolor.
¿Cómo se atrevía?
¿Era tan ciego cómo para no ver el cómo la lastimaba?
A ella jamás le había regalado siquiera una diminuta flor, ni un halago ni un toque de afecto.
- ¿Qué haces? ¿Cómo pudiste ser capaz? - su sangre hirvió por su atrevimiento, se había pasado de la raya y su corazón cada vez más marchito oprimió en su pecho al presenciar tan dolorosa escena para ella - Está claro que en ti no puedo confiar nunca más - murmuró parada en la esquina, observando cómo él se retiraba y dejaba atrás a la menor que decaída acariciaba la flor en su pelo con una sonrisa desanimada.
El manto para adornar ahora no parecía suficiente y su amado no tenía límites, mira que coquetear con una menor.
Sus labios se hicieron una línea delgada, el lirio blanco era lo que faltaba.
Debía volver al trabajo.
[...]
La joven pelinegra vio al mayor partir en dirección a su casa, donde la esperaría pacientemente, sabía que él había tratado de reanimarla pero una herida en el corazón no es fácil de sanar, mas si se pierde a alguien, además, ella sabía que él también sufría aunque no dejará que lo viera.
- No es tu culpa - murmuró al viento con la mirada en la cresta Uchiha de la espalda del mayor, que a cada paso se hacía más pequeño y se alejaba más - Si tan solo mi padre estuviera aquí. - susurró cabizbaja tocando suavemente la flor sobre su oreja, mirando el suelo se volteó para ir a otro lugar - Ugh! - un quejido escapó al chocar contra alguien que venía en su misma dirección. Alzó la mirada encontrándose con la sonrisa suave de la bella dueña del taller, provocando un ligero rubor en sus pómulos - ¡Oh! Yo...Yo lo siento - pronunció aturdida sacudiendo ligeramente la cabeza.
La mayor negó despreocupada y agachó para recoger las bolsas de compras que habían caído al suelo, que sólo en ese momento la pequeña notó, habían caído a causa del choque entre ellas.
- Lo lamento, te ayudaré a recogerlo de inmediato - declaró agachándose y tomando una bolsa de compras con listones rojos adentro, llamando ligeramente su atención. Por pura curiosidad quiso abrir la bolsa pero la voz de la señorita la distrajo.
- ¿Porqué con tan bella flor de adorno muestras tal tristeza en tu fino rostro? No concuerda - dijo acariciando la mejilla de la menor provocando que ésta se ruborizará y la mirará maravillada.
~ Parece un ángel ~ fueron los pensamientos de la Uchiha que rápidamente alejó los pensamientos con cierta vergüenza y tomó la mano ofrecida.
- Es que...mi madre ha muerto ha algunos días - con agobio y dolorosa angustia confesó. Sus pequeñas manos se detuvieron sobre su propio kimono rojo y temblando ligeramente arrugó la tela de su vestimenta - La flor fue un regalo para levantar mi ánimo pero...me parece imposible que eso suceda - confesó sintiendo cómo las palabras empezaban a atorar en su garganta, volviendo doloroso el proceso de hablar y pesado el acto de respirar, su visión se volvió borrosa y se dio cuenta que en sus ojos las lágrimas empezaban a acumular, nublando su vista. En el suelo una gota cayó mojando la tierra que rápidamente se secó pero dejó la marca seca - Lo-lo siento no debería estar diciendo esto - se excusó rápidamente llevando el dorso de su mano bajo los lentes para secar las demás lágrimas que amenazaban en caer.
Sintió la mano de la mayor acariciando su cabello con una palmada suave y consoladora.
- Está bien - dijo de forma comprensiva - Mi madre también se ha ido cuando yo era aun pequeña - confesó con cierto aire de tristeza y una sonrisa desanimada - ¿Cual es tu nombre joven? - preguntó maternal y la menor cohibida contestó tragando sus lágrimas.
- Sa...Sarada.
Hinata sonrió.
- Sabes, cuando quiero sentirme cerca de mi madre hago lo que ella amaba hacer. Tejer y confeccionar hermosas vestimentas. Así terminé heredando su taller, y es algo amo - confesó la ojiperla captando toda la atención de la menor - ¿Hay algo que a tu madre adore?, ¿a parte de ti claro? - bromeó quitando una pequeña y diminuta sonrisa de la menor, aligerando el ambiente.
- Bueno, le gustaba lucir sus vestimentas y adoraba las flores de cerezo ya que su nombre significaba eso.
- Bien, tengo algo para ti, estoy segura que le encantará a tu madre y podrás sentirte cómo ella se sintió cuando lucía sus vestimentas, de esa forma te sentirás cerca de ella - aseguró recomponiéndose y sonriendo con alegría. Sarada parpadeó, se sintió maravillada y agradecida pero rápidamente negó con la cabeza.
- Lo siento, no...no tengo el dinero suficiente señorita - respondió apenada.
La adulta pareció sopesar meticulosamente la información y luego sonrió con amabilidad. La mayor se levantó con elegancia del suelo extendiendo la mano a la muchacha, ofreciéndole que la siguiera.
- No te preocupes con ello. Muéstrame donde puedo conseguir hilos de coser de un color rojo y estaremos a mano.
Sarada la encaró detenidamente y desobedeciendo las órdenes de Sasuke de ir directo a casa donde dijo que la esperaría para la cena después de ir a la policía, tomó la mano de la mayor.
La cerámica de las tazas de té resonó contra la madera de la mesa cuando ambos adultos la pusieron al mismo tiempo sobre la tabla.
Obito suspiró satisfecho y sintió una gota fría resbalar por su nuca cuando Kakashi volvió a ponerse la máscara a la velocidad de la luz.
Ignoró ese movimiento por el momento.
- Entonces...¿Ya tienes algún avance con la señorita Hyuga? - comentó malicioso con una sonrisa burlesca. Kakashi lo encaró con la expresión aburrida sin contestar nada por varios minutos - Oh vamos, vi tu escena de preocupación frente a las tiendas hoy a la mañana.
El peliplata volteó el rostro hacía la ventada, observando cómo afuera el día era soleado y cálido.
- Pero realmente estaba preocupado. Hasta ahora dos señoritas fueron víctimas, y no eran cualquier aldeana - comentó con seriedad el Hatake. El Uchiha encaró su reflejo distorsionado en la taza de té de hierbas - Los rumores se esparcieron ¿sabes?
- ¿Y cuando no ocurre eso? La familia Uchiha siempre fue cómo ver una novela para los demás habitantes. Principalmente después que llegó esa chica Haruno, o más bien Sakura Uchiha - escupió con cierta acidez el pelinegro.
Kakashi comprendía su actitud reacia a la antigua Haruno, después de todo las actitudes egoístas y su obvio interés en el menor de los Uchiha aun estando casada no era motivo para adorarla.
- Dicen que Itachi finalmente descubrió que Sakura se casó con él para poder acercarse a Sasuke, no se rindió incluso al tener una hija - comentó el Hatake, compartiendo con su compañero los rumores que se creaban alrededor de los recientes asesinatos - ¿Crees que él pudo...? - la frase quedó al aire y fue cortada por el Uchiha.
- Todos sabían del interés de la joven en el menor de los Uchiha, excepto Mikoto, Itachi y Sarada, no era por menos que Sasuke siempre la tratará con desprecio. Pero sería imposible pensar que Itachi sería capaz de tal cosa, además que está de viaje de negocios, siquiera lograría cometer el asesinato. ¿Y porque heriría a su madre?, la amaba mas que nada. Será una tragedia para el pobre cuando regrese - pronunció con pesar Obito, ya que aun alejado de la familia no podía evitar sentir pesadumbre por tal tragedia.
Kakashi no pudo mas que estar de acuerdo, entonces bajó su máscara y tomó otro sorbo de té.
Pero debo de seguir trabajando, aferro las tijeras en mi mano otra vez,
¿Qué extraño eran las tijeras de éste color?
La elegante costurera trabajó duro hoy nuevamente, sin importar con las lágrimas que no lograba contener trató con esfuerzo de evitar que éstas cayeran sobre su vestimenta casi terminada.
Extrañada miró las tijeras que en sus manos portaba y confundida parpadeó provocando que una lágrima traicionera cayera sobre el kimono.
- ¿Era antes de este color rojizo? - preguntó para si misma analizando las hojas de su instrumento de trabajo.
Las tijeras están hechas de dos hojas.
Ellas levan a cabo su tarea juntas, rozándose una contra la otra.
Al igual que una pareja casada que se lleva bien.
Eso es lo que mi madre solía decir .
Sonrió pensativa y dejó el kimono sobre el tatami antes de levantarse y dirigirse al baño para lavar sus manos y tijeras manchadas. No quería ensuciar su ropa cuando ya casi terminaba.
Cuando abrió el grifo y refregó sus manos viendo como el líquido rojo se mezclaba con el agua sintió que su visión difería con el presente, cómo si viera recuerdos pasando frente a sus ojos.
"- Puedo ver esa flor?
- ¿Eh? Por supuesto."
El color rojo se volvía cada vez más transparente y caía con el agua en el fregadero.
" - Hinata-san. ¡Por favor baje eso! ¡Me asusta!
Sus pedidos fueron ignorados y sus suplicadas calladas cuando la punta de la tijera atravesó su garganta.
- No te preocupes quedarás tan bella cómo tu madre."
Tarareando un pequeña canción que su madre solía cantar se secó las manos en la toalla lavanda, dejando manchas secas de rojo.
" - Mhn, mhn, mhn...- tarareaba suavemente tomando el hilo rojo y la aguja. Con la cabeza de la pelinegra sobre su regazo acercó el hilo rojo y la aguja a los labios de ésta y los cosió, después hizo lo mismo con su garganta."
Se acercó a la mesa de centro y tomó la horquilla que había hecho con el lirio blanco, recogiendo su pelo puso la flor en su cabello.
Vio su reflejo en el espejo y sonrió.
- Al fin he terminado ...Sí tu no vas a ser quien se acerqué, entonces yo iré hacía a ti, amor.
Había tomado sus días de descanso de la policía. No podía con el trabajo cuando su cuerpo mal respondía a sus comandos, su mente divagaba y el único motivo por el cual se mantenía de pie era esperar el regreso de su hermano mayor.
Sasuke estaba destrozado.
Su corazón oprimido velaba en nombre de su madre. Deseaba vengarse, utilizar su profesión para arrastrar al asesino de Mikoto no tras las rejas, sino bajo la tierra, pero sus propios compañeros decidieron que debía dejar el trabajo por el tiempo que fuera necesario, aun más cuando el comandante Itachi aun no había vuelto y ahí estaba otro motivo para Sasuke estar hecho pedazos.
Apenas soportaba a Sakura, que se convirtiera en la esposa de su hermano no le obligaba a llevarse bien con ella, pero se sentía culpable de no haberla protegido. Su hermano no sólo estaría destrozado cómo él al recibir la noticia de la muerte de su madre, sino que sería recibido por la noticia de que su esposa de igual forma había sido asesinada.
Lo única familia que tenían ahora era la pequeña Sarada.
Abandonando la comisaría donde entregaba su placa para confirmar que estaría de ''vacaciones'', Sasuke volvió a casa.
Preocupado notó que Sarada aun no había regresado, no había vuelto de inmediato cómo le había ordenado.
- ¡Sarada!¿Donde estás? - esperanzado de que estuviera en el baño o en su habitación gritó su nombre, pero para su desesperación no oyó respuesta. Corrió otra vez a la entrada de la casa y buscó en la recepción los zapatos de la menor para estar seguro de que no estaba dentro de la casa. Fue cuando alguien tocó la puerta, por segundos tuvo la ilusión de que fuera Sarada, pero ella sin duda no tocaría la puerta y entraría por si sola, por lo que irritado frunció el ceño.
La semana entera las personas venía a su casa con regalos y palabras de condolencias, Sasuke ya estaba cansado de recibir visitas de esa clase, no por que eran vacías las palabras pero por que no lo reconfortaban.
- Maldición. ¿Justo ahora alguien tiene que aparecer? No tengo tiempo para esto - gruñó en medio a la entrada. La próxima semana se aseguraría de dejar encerrado el portón del patio por donde los aldeanos se tomaban la libertad de pasar. Aun con los muros más altos de la aldea Sasuke sabía que en ese lugar no podía tener privacidad si les permitía entrar cuando quisieran.
Caminó a la puerta irritado sin saber que le esperaba detrás de ésta, cuando la abrió su mandíbula cayó y un jadeo escapó de sus labios, incluso tuvo la sensación de que su corazón dio un salto y casi salía por su boca.
{Un kimono blanco,
Un suave manto,
Un lirio cómo horquilla he puesto en mi cabello,
listones rojos dejan todo más bello,
Ahora soy el tipo de mujer que te gusta,
Dime, ¿No crees que soy la perfecta esposa?}
El joven la miró maravillado y sin articular palabra encaró fijamente a la dama que sonreía frente a él, por un momento olvidó su propio nombre y se sintió embobado por tal hecho.
~ Parece un ángel ~ fue lo que pensó.
La miró hechizado, cómo si fuera una salvación, cómo si ella lograría quitarlo de su propria miseria y recomponer cada fragmento de su corazón, sintió que el tiempo se había congelado y que no había nada más que un ser celestial que le sonreía con labios carmesí, firmando su propia sentencia.
Jamás había visto algo más bello que la mujer frente a él, siquiera paró para analizar que estaba vestida de novia y lejos de encontrarlo raro por primera vez se sintió frustrado en pensar que estaría por comprometerse.
Y Hinata esperanzada notó en sus ojos el brillo y con el corazón golpeando errático en pecho se acercó hasta ponerse a solo centímetros de distancia de él, sonriendo con felicidad.
Pero cuando el azabache habló los labios rojos de Hinata se entreabrieron soltando un jadeo incrédulo.
Hinata ya no volvería a llorar.
De forma tan horrible él la había tratado en su opinión. Le habló cómo si de una desconocida se tratará.
Es un gusto conocerte, ¿qué la trae por aquí?
- He perdonado tus injurias y ignorado tus coqueteos con diversas mujeres, he esperado en el lecho frío a que volvieras, lista para recibirte de brazos abiertos, en mis dedos se han formado ampollas de tanto portar mis tijeras, me he esforzado en arreglarme y solo para ti. Madre me lo decía, que las parejas podían tener sus altos y bajos, pero a sido suficiente...¿Cómo puedes simplemente mirarme y fingir no reconocerme?¿A tu propia esposa? ¿Qué tan lejos llevarás tus mentiras?
Las tijeras en sus manos empuñó. Los labios que muchas veces había deseado que la besaran los cortó de oreja a oreja. Los ojos que deseó que sólo la miraran los arrancó. El rostro hermoso de suave piel que tanto deseaba tocar, lo desfiguró.
El corazón que deseaba fuera solo suyo lo arrebató, después de clavar su pecho consecutivas veces la tijera que su madre le había regalado.
- No soportaré más mentiras - fue su última oración.
El vecindario ya no era más un lugar pacífico cómo solía ser. El alboroto entre los aldeanos y el llanto de mujeres traía un ambiente caótico a la pequeña aldea escondida entre las hojas.
La noticia de que una familia entera había sido asesinada trajo pánico y terror a la aldea que una vez fue tranquila.
La imagen del hombre pelinegro sosteniendo el cuerpo de su hija conmovió a los habitantes.
Itachi había vuelto de su viaje sólo para encontrarse con su esposa, hermano y madre brutalmente asesinados, casi irreconocibles y con una imagen que la perseguiría cómo pesadillas por el resto de su vida, pero que le quitaran a su hija era cómo quitarle el alma. No habría en el mundo alivio para el dolor que sentía.
Cómo una broma de mal gusto Sarada estaba más hermosa que nunca.
Su piel blanquecina estaba ligeramente maquillada y se veía suave con un pequeño rubor rosado, efecto también del maquillaje. Sus lentes rojos no estaban y sus pestañas parecían más largas, sus labios rosados al igual que sus párpados cerrados y su garganta estaban perfectamente cosidos con un hilo rojo.
Con las manos juntas en su pecho había sido acostada sobre cientos de cerezos que la rodeaban y su pelo negro parcialmente despeinado contrarrestaba con las flores, al igual que su kimono negro bien acomodado.
Tan, tan bella.
Una pena estuviera ella muerta.
- Es una verdadera tragedia - con lo que parecía una autentica angustia en la voz puso la mano en su pecho, reflejando consternación en su expresión - ¿Quien sería capaz de tal atrocidad?
Kakashi sentado frente a ella, quien tejía un kimono azulado, pertenencia del Hatake ya que cómo prometido le estaba cosiendo su prenda, tomaba una taza de té caliente informaba a la joven sastra que vivía apartada de las zonas principales del pueblo sobre las noticias de la semana, tratando de advertir que era mejor resguardarse.
- Me voluntario a quedarme unos días con usted señorita Hinata. No estaría de más tener algo de protección con tal peligro rondando libre por el pueblo - ofreció con amabilidad el Hatake.
Ella sonrió consternada.
- No creo que sea necesario Kakashi-san. Ha de tener usted deberes y no quisiera molestar - pronunció sincera la azabache, parpadeó cuando el mayor negó con la cabeza.
- Insisto - declaró Kakashi dejando la taza de té sobre la mesa. Hinata sonrió agradecida.
- Sí es así. Le agradezco profundamente sus intenciones Kakashi-san - agradeció la peliazul abandonando el kimono sobre su regazo.
Cuando Kakashi sonrió bajo la máscara la puerta se abrió llamando con el sonido de la campanilla, la atención de los dos presentes.
Ambos ensancharon ligeramente los ojos.
- Itachi-sama - pronunció el peliplata al ver al jefe de la comisaria entrar por la puerta. Su rostro demacrado y su porte decaído traían un sentimiento de pena, capaz de retorcer el corazón de quien fuera.
- Uchiha-san. Ha regresado de su viaje... - dijo Hinata levantándose del tatami y poniéndose en la entrada para recibir al recién llegado - Mis condolencias - pronunció haciendo un reverencia educada mientras Kakashi aparecía detrás de ella.
Cuando Hinata enderezó la espalda Itachi la observó por primera vez, cruzando sus ojos con los de ella.
Parece un ángel. no pudo evitar notar.
Sacudiendo ligeramente la cabeza alejó de sus pensamientos tales palabras, ya que aun siendo verdad que con una piel de muñeca de porcelana y esa sonrisa pareciera tan pura no estaba en condiciones de admirar la belleza de alguien y sentirse reconfortado.
- He venido a pedirle un favor. Quisiera que hiciera kimonos para un funeral.
No que ellos lo hayan notado, quizás por estar tan concentrados en su pena pero, Hinata sonrió en respuesta.
Pero debo de seguir trabajando,
Las tijeras que fueron un regalo de mi madre, ahora pintadas de rojo están.
Tal y cómo mi madre siempre decía,
Mientras más se afilan, mejor cortarán
