Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro. Contiene texto violento, no apto para menores.

Capítulo 4: Proteger.

Sea and Scorpion

Scarleth Neddle Story

Shaina tras lo dicho, invito a Milo a seguirle hasta su recinto en completo silencio durante todo el camino, pues las palabras sobran cuando se carga en las manos los pedazos del corazón roto y Milo lo sabía. Y una vez dentro de su cabaña, la bella italiana se quedó apilada en su ventana, observando de pie el exterior de aquel lugar mientras Milo se sentaba en su pequeña cama observando con curiosidad el diminuto lugar un momento para después devolver su mirada completamente a la silueta a espaldas de la amazona.

La amazona al estar lejos de las demás miradas, se permitió dejar caer un par de lágrimas y se quitó la máscara ante la incomodidad de tener aquel metal húmedo en el rostro. Aspiro una bocanada de aire y lentamente el nudo en su garganta contenido le hizo quebrarse, provocando un ligero temblar en su silueta. Milo hasta entonces se mantuvo en silencio, observándola unicamente desde su sitio sin pronunciar palabra alguna.

Tras unos segundos de verle sollozar, pronto todo el dolor acumulado de años y la decepción ante la espera de algo que nunca llegaría para ella respecto a Pegaso, hizo que la amazona comenzara a doblarse de dolor pues su llanto era demasiado profundo y doloroso. Milo entonces no pudo evitarle más y cómplice, se acercó a ella entre el silencio.

Sin esperarlo, los brazos de Milo le rodearon suavemente arriba de su pecho en su espalda, tratando de reconfortarla mientras él suspiraba despacio. Ella no le negó quizás al no tener otro consuelo más que ese en el momento.

Milo de alguna manera sentía mal por ella e independiente de sus pretensiones personales, le dolía ver a aquella mujer de espíritu fuerte e inquebrantable totalmente abatida, por lo que se mantuvo así dejando que cada gota de sus ojos le llevará lentamente a la calma.

-Está bien, tranquila…-susurraba el escorpión apoyando su mejilla sobre la cabeza de la italiana con suavidad mientras cerraba sus ojos en su abrazo. -Todo estará bien, lo prometo.

Shaina en aquel momento, percibió una calidez inexplicable, los fornidos brazos del santo se sentían como manta cálida en su silueta, asimilando su dolor y siendo un refugio exquisito en ellos. No sentía malicia en ellos ni pretensiones, realmente era sincero el caballero con su abrazo, tanto que sus preciosas esmeraldas dejaron ver un brillo acuoso ligero ante la impotencia y dolor de ella.

Cuando las interrumpidas respiraciones de Shaina ante su sollozo comenzaron a ser nuevamente profundas y la calma volvía a ella, él santo le hizo enfrentarle lentamente, haciendole girar.

Milo entonces le observo fijamente y pudo ver la hinchazón roja en sus ojos provocado por sus lágrimas. Aquella imagen le partía el alma, por lo que con sus anchos dedos limpió sus mejillas y luego escondió su mirada, como si de un pequeño regañado se tratará.

- De verdad lo lamento por ti, Shaina-objeto el santo nostálgico. Un silencio profundo se hizo entre los dos. Tras el, inesperadamente Shaina lo irrumpió.

-Si le pidiera un favor caballero,… ¿podría hacerlo por mí? - aquellas palabras inesperadas de la italiana le hicieron alzar las cejas y mirada al griego, quien le asintió totalmente serio.

- ¿Puedes hacerme olvidar todo solo por hoy?

El corazón de Milo comenzó a latir rápidamente ante aquella propuesta mientras sus manos comenzaban a sudar completamente nervioso. Estaba confundido, no entendía como de un momento a otro la fiera amazona le había accedido a su cercanía.

- ¿Eso es lo que deseas? - contestó Milo, apoyando sus manos en los hombros de ella. Shaina de mirada baja y aun húmeda, le asintió. Milo paso saliva, dudando si eso era correcto, y casi por instinto, atrapo con fiereza los rosados labios de ella por primera vez y comenzó a removerse entre ellos como si de una deliciosa fruta dulce se tratará. Realmente era delicioso su frote con ella, nunca unos labios le resultaron tan exultantes como aquellos que besaba con tanta pasión a pesar de la situación. Era como si un veneno amargo, dulce y electrizante le recorriera todo el cuerpo, erizandole la piel.

Shaina gimió ante lo impulsivo de aquel movimiento, pero no le rehuyó, sintiendo las manos del santo deslizarse hasta el perfil de su cintura, apegando su silueta completamente contra suya. Shaina quien no era experta en el amor, permitió el dominio avivado del santo con su cuerpo, cuando sin esperarlo, su lengua se hizo espacio entre sus labios, adentrándose en su boca y meciendo rendida, su lengua quieta contra la suya. El santo entonces percibió el arder sus venas y la erección que se asimilaba tras aquel beso intenso.

La amazona apretó los ojos permitiendo que las últimas lagrimas que se habían quedado anidadas en sus ojos cayeran y fue en aquel momento que el santo la guió en su abrazo, lentamente hacia la pequeña cama. Milo podía sentir el temblar de Shaina en sus brazos y su respiración difícil tras su llanto, pero aún así continuo con su caricia.

Escorpio entonces, sintió en aquel avance, el borde de la cama chocar contra sus rodillas y jalo de inmediato el peso de ambos hacia ella, haciendo que los dos cayeran recostados en ella. Ante aquel intempestivo movimiento, Shaina detuvo su beso y quedo sobre él con la mirada fija acuosa y los mechones de su cabello cayendo por los bordes de sus mejillas.

Milo parpadeó uno segundos,y la observo inquieta sobre su cuerpo encendido, analizo sus respiraciones y bellos ojos y su corazón tembló, deteniendo todos sus movimientos. Un sentimiento en su interior le hizo sentir nostálgico, nublandole los deseos y le negó.

-Esto, esto no…no, está bien Shaina. - objetó el santo de mirada brillante. Ella le miró sin entender.

-Te deseo, te deseo con todo el corazón, pero no así…-el santo suspiro anhelante. - No con él en mente, no de esta manera.

El gesto de confusión de inmediato se dibujó en la bella amazona y el griego la empujo de si suavemente echándola sobre la cama mientras se incorporaba, llevándose las manos a la cabeza. En aquel momento se sentía como un completo estúpido.

-Tú no estás bien y sería aprovecharme de la situación. -sentencio el santo frustrado como si se lo dijera a si mismo más que a ella. -Además te prometí que contarías conmigo como amigo, pero no de esta manera.

El santo se puso de pie ante la mirada nostálgica de Shaina y tomó con rapidez los papeles de Camus que ella habia depositado en su mesilla. -Nos vemos Shaina.

Sin decir más, Milo salió de la cabaña y azoto la puerta, quedándose un momento apoyado en ella mientras suspiraba con fuerza para calmar su cuerpo y confusión personal.

Milo se quedó quieto y con la mirada fija al cielo y se preguntó a si mismo que había sucedido consigo, pues de haber sido cualquier otra amazona hubiese tomado aquella oferta sin control.

¿Acaso eran los profundos ojos verdes de Shaina los que le habían confundido, acaso era esa mirada sollozante, o el calor que ella le regalo en su abrazo lo que le tenía tan descontrolado? Era claro que Shaina ya no era un juego, no desde que la vio llorar en aquel Templo de Libra. Pero ¿y si esta vez era él quien por primera vez sentiría lo que era el desamor y dolor propio? Milo sintió miedo ante aquella cuestión, pues nunca una mujer le había despertado tal sentimiento, por lo que quizás alejarse al menos esa ocasión era lo mejor…lo mejor para sí.

Milo sonrió una última vez ante su confusión y comenzó su camino hacia la Sala Papal. La Cobra sin duda le habían inyectado el corazón con su veneno.

-x-

Shaina dentro de su habitación, se quedó completamente confundida ante la reacción del santo, sin embargo, lo olvido en cuanto el nombre de Seiya volvió a su mente. Y como una pequeña niña desamparada, se removió en la cama en posición fetal, envolviendose en las sábanas y permitió que su llanto fluyera lentamente mostrando su escondida debilidad, pues aquella noche, dejaría ir como un rio al agua al santo de Pegaso, lejos de su corazón.

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Al otro día, Milo llego un poco más temprano que de costumbre a la oficina, pues a pesar de haber dormido tarde tras haber visto una película en el Templo de Leo y llegar hasta altas horas de la madrugada al suyo, no había descansado adecuadamente durmiendo ocasionalmente, por lo que decidió ir a la oficina de las amazonas un poco antes de la hora acordada con su compañero Camus.

Milo,ne completa soledad en aquella oficina, saco de sus ropas una barra de arroz de chocolate y arándanos y comenzó a mordisquearla mientras trabajaba concentradamente en los últimos papeles por acomodar dentro de las cajas. Fue entonces que la puerta se abrió y trajo la presencia de la amazona de Cobra.

Milo alzo su mirada, curioso y esbozo una sonrisa suave cuando la vio penetrar. La vio suspirar con profundidad al adentrarse y encaminarse rápidamente hacia su escritorio como si le evitará.

Milo se acercó hasta ella lentamente, quien reacia parecía ignorarle tomando folders de su escritorio inmediatamente sin mirarle posarse a su lado. Milo se acomodó en el escritorio ante su ignorar, apoyado sobre de él con tranquilidad y saco de su pantalón una barra de arroz, similar a la suya, ofertándosela a un lado.

La amazona al ver aquel paquetito, giro momentáneamente su rostro bajo la máscara sin entender aquella acción.

- ¿Cómo estás?, te he traído una barra de arroz, seguro no has comido nada desde ayer. - esbozo sin mucho ánimo el Escorpión. Ella le negó con la cabeza, y volvió a su tarea, sin embargo, el insistente santo, tomo una de sus manos y deposito firmemente la barra de arroz en ella.

-Ignórame si quieres, pero no te hagas daño a ti misma dejando de comer. - la amazona inquieta, le dio momentaneamente su atención tras aquella sentencia. Su corazón le hizo temblar un segundo pues le "gustaba" sentir que él se preocupaba por ella, sin embargo, volvió a negarse lo mal que estaba ese pensamiento y volvió a tomar los papeles con ansiedad.

-Lo de ayer…- comentó la amazona por primera vez.

-Quiero que lo olvidemos, cómo si no hubiese sucedido. -objeto la amazona con su característico tono de voz seco. Aquellas palabras resonaron duras en el corazón del escorpión, pues para él era difícil olvidar el sabor dulce de sus labios con su beso.

- Me porte como una idiota débil, no debiste verme así. Solo olvídalo.

-Está bien, no te preocupes. - esbozo el santo con dolor en su voz y se dio media vuelta, dispuesto a darle su espacio, sin embargo, su determinación le hizo girarse, el no se quedaría asi, no después de haberse acercado un poco a ella y le hizo enfrentarle de nuevo.

-Shaina, vámonos de aquí. - suspiro con ansiedad el griego.

- ¡¿Qué?!

La propuesta tomó por completa sorpresa a la amazona.

-Si…-Milo desvió su mirada al suelo y luego la devolvió a la fría máscara de plata- Tú necesitas un tiempo lejos del Santuario y yo…-pauso para tomar aire. - Yo quiero ir a un lado lejos de aquí por uno o dos días. La amazona rio con sarcasmo ante la propuesta, sin duda una muy ingenua.

-Lo dices tan fácil, como si pudiera irme de aquí cada que quisiera, como si el ir contigo cambiara las cosas o quien soy. - se burló la amazona. - Es una tontería, por supuesto que no.

El santo observo la silueta fría de la amazona y chasqueó la lengua. Nada le detendría ya, menos con su corazón al borde del nerviosismo.

-Bueno mañana es sábado, y los dos estamos en descanso, así que si decides acompañarme te estaré esperando de cualquier manera en la terminal de tren de Rodorio a Atenas a las ocho, hay una enorme cafetería roja, te veré en la puerta de ella. - el santo suspiro fuerte moviendo ligeramente sus mechones verdes con su respiración, que provocaron un ligero escalofrío en ella. -Te estaré esperando, Shaina.

En aquel momento, la puerta se abrió y trajo al interior la presencia de Camus, quien sorprendió a la amazona y al santo del octavo Templo en cercana compañía. Milo gimió una última vez en forma de risa y se alejó de ella con aquella sentenciante propuesta. Luego entonces volvió a retomar su tarea de los papeles completamente concentrado en ello sin volver a pronunciarle palabra alguna e incluso ignorandole.

La propuesta estaba hecha, ahora solo quedaba en Shaina sujetar o no la mano del Escorpión en su aventura.

Sea Story

Se levantó de su cama con un ligero dolor de cabeza tras beber alcohol la tarde anterior con el Dragón Marino, estirando sus cervicales en un bostezo antes de poner un pie fuera de ella. Había dormido poco por pensar largas horas en la madrugada en lo sucedido en el pilar de Kanon, por lo que de inmediato decidió tomar un baño para estar despierta el resto del día. Se peinó los rubios cabellos con las manos una vez con desanimo y tomo aquella bata de lino que hacia juego con su pijama, colocandola en su piel, dispuesta dirigirse a aquel baño al exterior de su habitación, exclusivo para ella en su recinto justo al lado del Templo Principal de Poseidón.

Al llegar a la habitación contigua, una enorme tina del tamaño de la habitación, que era llenada por una bella fuente de piedras y mármol y aguas con delicadas flores blancas le recibió.

La bella sirena se despojó de su bata y aquel camisón blanco de seda de pijama dejando ver su fino cuerpo, digno de una diosa, y se adentró a las tibias aguas, nadando en ellas con satisfacción al sentir la calidez y frescura de ellas. La bella sirena inundo sus cabellos en las aguas y tras emerger un segundo a la superficie, los enrollo a un lado de su hombro para acicalarse la demás silueta.

Fue entonces que un mal presentimiento se hizo en ella al sentir una energía extraña en aquel lugar. Una mirada le observaba escondida entre los pilares y ella con su cosmos de inmediato le diviso, dibujándole una expresión de molestia al descubrirla.

- ¡Kasa, ¿Qué haces aquí?!- gritó la rubia agachándose en las aguas de su bañera para que el marino no le viera su desnudez.

El marino de piel azulada al darse cuenta de su descubrimiento, salió de su escondite cínico y sonrió hacia ella mientras ella nadaba hacia donde yacían sus ropas.

-Nada, solo pasaba por aquí, quería admirarte. - el marino sonrió lascivo- Eres hermosa, ¿qué tiene eso de malo?

- ¡Vete ahora! - gritó la sirena amenazante.

- ¿Por qué he de irme ahora yo cuando todo mundo sabe que ya has estado con el Dragón de mar? - objeto el marino con diversión hacienod que ella se detuviera en medio de la tina. -Todo mundo aquí sabe que pasaste toda la tarde de ayer con él en cuanto desapareciste del comedor con nosotros. Así que, ¿qué hace la diferencia qué él o yo te veamos sin ropa?

La irritación se hizo enervante en la sirena. ¿Así que había rumores sobre Kanon y ella?, se dijo mentalmente. Era una ridiculez.

- ¡Deja de decir estupideces y lárgate de aquí!

El marino comenzó a quitársela camisa, los zapatos y pantalón lentamente al ver a Thetis querer salir de la tina y adentro sus pasos hacia las aguas donde se encontraba ella nerviosa y quieta al notar sus pretensiones, y en su camino, comenzó a transformar su silueta. La dama rubia abrió sus ojos con incredulidad pues en cuestión de parpadeos y con las habilidades de su compañero, tenía a su frente a su más grande secreto de amor: Julián.

A los ojos de la sirena, su compañero Kasa fue convirtiéndose en su anhelado dios, en completa desnudez frente a ella y nombrándola con calidez mientras le extendía los brazos invitándola a su abrazo.

Los nervios se revolvieron para ella, la sirena comenzó a temblar ante la bella sonrisa de su dios, viéndola fijamente, provocándole un brillo en su mirada totalmente centellante. Era tan real que poco podía distinguir entre la realidad y la mentira.

- ¡Aléjate! -gritó la sirena luchando contra su mente, que claramente le indicaba que no se dejara engañar por el marino.

-Thetis…-Kasa en segundos y con aquella apariencia,llego hasta ella y la tomó de los brazos desnudos, observando bajo el agua su preciosa figura con descaro. -No me huyas, soy yo, Julián.

Las pupilas de la sirena se dilataron sumamente brillantes hacia "Julián", quien acaricio su cabello húmedo con una ternura indescriptible, que le hizo cerrar sus ojos y dejarse acicalar por ella.

-Te necesito Thetis.

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Kanon tras terminar de calzarse los zapatos sentado en su cama ese amanecer, oteo rápidamente por su habitación y observó la botella de licor vacía bebida por Thetis y él en su cumpleaños reposando en el suelo.

Sonrió para sí recordando lo placentero que se habían sentido aquellos labios tímidos de ella en su boca y se llevó una de sus manos a ella, rozando sus labios como si la memoria nítida se volviera a realizar y sus sonrisas esa tarde, tan inocentes y bellas se volvieran a provocar.

Recordó también el gesto de conmoción esbozado por ella ante su beso y supo bien que tenía que hablar al respecto con ella para que ambos continuarán su rutina como si nada hubiese pasado, pues para él no había sentimiento alguno que pudiera comprometer con su afán de venganza contra el Santuario y hermano. Por lo qué decidido, salió de su Pilar y se dirigió al de ella, dispuesto a conversar de ello antes de los entrenamientos.

Kanon llego tras largos paso a la puerta del recinto de Thetis y le llamo con su cosmos, esbozando una sonrisa cínica recordando las reacciones de ella la tarde anterior. Sin embargo, tras largos minutos de espera, ella no respondió, pero claramente podia sentirla en el interior. Kanon imaginando que ella le rehuía por molestia o pena, se adentró sin vergüenza al recinto con todo el poder que ser "su superior" le ía que buscarla.

El geminiano examino los alrededores principales del recinto, penetrando por todos los lugares posibles, incluso nombrando su nombre suavemente en su búsqueda sin respuesta aparente, hasta que, al penetrar a su habitación principal, vio en el baño exterior una escena peculiar. Kanon entrecerró sus ojos ante lo que parecía un engaño de su mente, enfocando aquella imagen a su frente y se acercó lentamente.

Parecía la silueta desnuda de Poseidón sosteniendo de los brazos a Thetis, mientras le acariciaba los cabellos. El rostro de Kanon se endureció ante la escena y se encamino hacia los dos. No podía ser posible aquella farsa.

- ¿Qué demonios pasa aquí?

Kasa al escuchar la voz de Kanon, de inmediato se volvió a transformar en sí mismo y la rubia que se reconfortaba en su caricia, abrió los ojos asimilando lo cerca que estaba su compañero marino de sí.

Thetis al volver a la realidad, de inmediato empujo a su compañero y le dio una sonora cachetada, dejando escapar un par de lágrimas traicioneras, completamente humillada y avergonzada por aquel evento.

- ¡Lárgate ahora! -grito la rubia a su compañero, quien completamente pálido salió de las aguas ante la mirada llena de fuego de Kanon. Kasa ni si quiera miro al griego a los ojos, pues no hacía falta verle para sentir que el ex santo le fulminaba con deseos ardientes de matarle.

-Vete ahora…-objeto duramente el Dragón marino cuando su compañero paso a su lado con el semblante húmedo y recogió sus prendas del suelo, para después salir de aquel recinto.

-Sal ahora sirena, te espero afuera…-la sirena, quien se abrazaba el cuerpo para cubrir su desnudez, obedeció lentamente ante la firmeza en las palabras de Kanon, quien, suspirando con fuerza lleno de ira, se alejó hacia la habitación contigua para no verle a desnudez.

Kanon ardía en coraje, por lo que comenzó a cerrar sus ojos tratando de contenerse y apresar sus puños dejando ver el azul de sus venas ante la presión. La amazona salió de la bañera en segundos con la bata a cuestas y el cabello chorreante, enfrentándose a la silueta a espaldas del geminiano en su habitación. El silencio abrumó a ambos.

- ¿Cómo fuiste tan tonta? - suspiro el ex santo, ladeando su rostro hacia la sirena detrás suyo.

-Dragón del mar…- las lágrimas contenidas por la sirena, forjaron un nudo en la garganta de ella ante las palabras duras del marino.

-Lo digo en serio, ¡¿Cómo fuiste a creer que Kasa era Poseidón?! - objetó el geminiano con ardor en sus palabras, mismas que le hacían hablar entre dientes sin poder mirarla. -Eres tan ingenua.

- ¿Cómo puedes decirme eso? - objeto con decepción la rubia. No entendía como aquel hombre se atrevía a cuestionarle e insultarle de aquella manera.

- ¡Maldición Thetis!,- el de cabellos azulados se giró hacia ella, aproximándose y agitándole de los hombros, esgrimiendo su ira. - ¿Qué hubiese pasado si yo no hubiera entrado, te haces a la idea, tienes una idea al menos?

La sirena ante la fiereza de Kanon, solo pudo sollozar mientras le rebatía sus brazos.

- ¡Déjame en paz, solo vete y déjame en paz!

Kanon la soltó y se giró violentamente sobre si, emitiendo un gruñido de frustración y saliendo de la habitación.

- ¡Maldición!

Esto no se quedaría así, no ante su autoridad.

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Sorrento avanzaba con cierta calma hacia el privado de su pilar tras terminar sus entrenamientos matutinos, atravesando el Templo Principal de Poseidón cuando al final de su sendero, vio a sus demás compañeros marinos reunidos, observando fijamente hacia un punto. El flautista se acercó a ellos y vio lentamente la imagen de su compañero Kasa de Lymnades amarrado de las manos con unas cadenas en dos pilares, con el cuerpo sangrante y múltiples heridas como si hubiese sido golpeado contra las rocas violentamente en repetidas ocasiones. Estaba casi muerto.

-Pero que horror…-objeto el de cabellos lilas al ver la imagen y se acercó incrédulo a Isaac ante el espectáculo. - ¡¿Qué ha sucedido?!

El de cabellos verdes con los brazos cruzados, le señalo con su mirada hacia Kanon, quien estaba a lado del golpeado Kasa, con total seriedad.

-Escuchen ustedes…-gritó de repente el geminiano con visible molestia en su rostro hacia el resto de marinos. –En nombre de nuestro señor Poseidón, no voy a permitir que nadie infrinja la disciplina de este lugar y cause el alboroto. -los marinos se miraron entre ellos sin entender la advertencia.

-Además…-pauso el de cabellos azules. -Les anuncio que Thetis es mi mano derecha de ahora en adelante y quien se atreva a fastidiarle, tenga en cuenta que es como si lo hiciera a mí mismo. - el geminiano señalo a su compañero sangrante a lado. - Ahora saben el castigo.

Todas las miradas de los marinos se centraron en la rubia mencionada de inmediato, que recién había llegado al lugar y notado la escena esbozando un gesto de horror. Ellos concluyeron mentalmente que entre ella y el Dragón Marino ya había sucedido algo y que, sin duda, ahora ella tenía un protector.

La sirena miro la escena con confusión, tapando su boca llena de sorpresa con una de sus manos y percibió las miradas totalmente sobre de ella.

Ella apretó sus puños y la rabia y tristeza le inundo al ser el centro de atención. Todo el orgullo y esfuerzo de respeto entre sus compañeros se había desvanecido con aquellas palabras y la venganza de Kanon contra Kasa le parecía "excesiva", por lo que de inmediato se dio media vuelta y corrió hacia su recinto ante la mirada desconcertada de los demás.

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Todo en el mundo marino continuo su curso aquella mañana hasta la hora de la comida como era rutina. Fue entonces que Bian suplico al Dragon marino por su compañero Kasa y fue así que él permitió que fuera desencadenado y llevado a su recinto para curarse. Él mientras tanto, fue en busca de Thetis hasta su habitación pues aquel día no había estado presente en sus doctrinas a los marinos ni habia tomado sus alimentos.

Penetró su recinto hasta su habitación y la vio a espaldas ahí, frágil y recostada en posición fetal sobre la cama mientras abrazaba su almohada sin emitir ningún ruido. La sirena al escuchar los pasos de alguien penetrando su habitación, se alzó de inmediato y giro su vista hacia la puerta para averiguar quien era.

De inmediato frunció el ceño al reconocer aquella silueta de cabellos azulados y se puso de pie furiosa, avanzando hasta él y golpeándole el pecho con frustración.

- ¡Eres un maldito, te odio!

Kanon se mantuvo de pie permitiendo los golpes de ella pues no le hacían ningún daño, no como el verle llorar de aquella manera e insultarle de aquella manera. Tras algunos segundos, Kanon le rebusco las muñecas y la sujeto con firmeza, la suficiente para no lastimarla.

-Basta.

La sirena forcejeo ante ello, sin embargo, él le hizo mirarle a los ojos sin ninguna expresión aparente.

- ¡¿Por qué haces esto, por qué me humillas de esta manera, porque me haces daño, qué demonios quieres de mi Dragón del Mar?!

Kanon aguardo un poco, acomodando sus ideas mentalmente, pues su "estima"por ella le estaba descontrolando su frialdad.

-Protegerte Thetis…-la sirena miró fijamente al santo ante lo dicho. -De ti, de mí, de los demás.

Ella le negó completamente alterada.

-Yo no te necesito, no quiero nada de ti, ¡déjame en paz, me rehusó a ser tu juego!

El dragón no cedió. -No lo eres, no lo eres Thetis.

El santo la atrajo a su silueta tras su murmullo y la apreso en un fuerte abrazo a pesar de la negativa de ella, quien intentaba alejarle presionando su pecho con fuerza. Kanon no era diestro con las palabras y la única manera de conservar aquello que "apreciaba" era sujetándose fuertemente a ello, por lo que por instinto, actuó de aquella manera. Solo así ella no le rehuiría. Era su manera de "proteger."

Con el transcurso de los segundos, lentamente ella dejo de forcejear al sentir sus esfuerzos vanos y comenzar a sollozar sujetada a él, sintiendo lentamente el acomodo cálido de los brazos de Kanon a su silueta, liberando su fuerza lentamente y permitiéndole inundarse de su varonil aroma. Era su forma de "proteger".

Continuará…

Gracias por leer y sus comentarios, este capítulo me gusto bastante, estuvo emocionante, Kanon y Milo me están contando buenas historias para ustedes, espero les haya gustado, vienen sorpresas y romance. Nos leemos.