Instinto Humano

El caos reinante en aquella gigantesca habitación sólo era comparable a la intimidante realidad de estar dentro de aquel lugar sin tener la más remota idea de como ocurrió.

Se trataba de un lugar enorme reluciendo un blanco casi cegador en las paredes y el piso pulido; sobre el suelo, esparcidos a distancias constantes, se hallaban los ataúdes negros abiertos de donde todos salieron; algunos manchados de sangre y con los cadáveres desafortunados de las victimas todavía dentro. Quizás tomándose el tiempo para ver con detalle, todos notarían la tecnología alienígena de aquellos artefactos y se darían cuenta que en realidad se trataban de capsulas de regeneración.

Pero a nadie podría importarle menos ese detalle en aquel momento.

Todo era extraño, confuso, y atemorizante, sobre todo al encontrarse desnudos y desprotegidos, a merced de sujetos violentos que reían a carcajadas con su sufrimiento. Sobre todo de los estúpidos héroes que intentaban detenerlos y disfrutaban masacrarlos sin piedad.

Quien pudiera moverse se apresuraba a dejar aquel infierno atrás y seguir a la marea de gente aterrorizada, que caminaba guiada por lo pocos valientes que quedaban, a algún lugar a varios metros de distancia; donde los ataúdes parecían permanecer cerrados e intactos.

"Continúa avanzando para seguir vivo" es lo que Lincoln repetía en el interior de su cabeza. Se encontraba poseído por la adrenalina y el instinto de supervivencia que tomó control de su cuerpo; obligándolo a caminar mientras soportaba el intenso dolor en su espalda y pierna producto de la caída que sufrió a manos de sus agresores; pero a pesar del dolor se consideraba afortunado tras presenciar las profundas heridas sangrantes de algunas personas muertas en el camino.

Los pasos del muchacho peliblanco eran lentos y arrastrados; varias personas lo sobrepasaban sin siquiera mirarlo, empujándolo por la prisa de llegar a la seguridad del grupo lo antes posible.

Sin embargo, una vez congregados las cosas solo empeoraron. Más de un centenar de hombres, mujeres, niños y niñas, reunidos, confundidos, aterrados, incomodos por la cercanía de los cuerpos desnudos de extraños, pedían a gritos respuestas y llegar a un lugar seguro, cada uno en su propia lengua; español, ingles, hindú, alemán, japonés, etc.

En respuesta quienes los reunieron gritaban pidiendo orden y calma, pero lo hacían en sus propios dialectos. Quienes sí lograban entenderlos apartaban al resto para acercarse y dialogar tratando de encontrar respuestas.

Varios grupos comenzaron a formarse y a cerrarse, expulsando a los extraños que hablaran otra lengua o su acento fuera extraño; ya sea por racismo, ideologías, para proteger a los más pequeños, o simplemente por la forma como "esos estúpidos" pronunciaban las palabras.

Las peleas no tardaron en estallar entre diferentes grupos, aumentando el caos y los heridos. Los pocos líderes en vano trataron de calmarlos y restaurar el orden.

Lincoln se detuvo y observó desde lejos como el grupo de personas, que se suponía era el lugar más seguro, comenzaba a agitarse por las peleas, aumentando tanto en gritos y golpes, y terminaron dispersándose nuevamente, en pequeños grupos mientras varios salían corriendo sin dirección con la esperanza de encontrar la seguridad en otro lugar.

El muchacho peliblanco dejó que la decepción le permitiera recuperar el control de su cuerpo, dejar de perseguir ilusiones y concentrarse en el miedo que significaba estar vivo de nuevo contra su voluntad. Utilizó el ataúd más cercano como asiento, cubrió su rostro con ambas manos para intentar pensar.

Lo que necesitaba verificar era si alguno de sus compañeros, que murieron junto a él en el accidente se encontraran cerca, eso por lo menos le daría un punto de referencia para saber lo que estaba sucediendo. ¿Quizás todas las personas en la habitación murieron ese día, en todo el mundo?

Eso explicaría tantos idiomas y razas diferentes; pero no explicaría porque nadie parecía tener más de veinte años y menos de cinco. Por más que buscó entre el tumulto durante el camino y a lo lejos, no logró reconocer a nadie; la desnudez y la falta de cabello dificultaban mucho las cosas. Pero también estaba el hecho de que no conocía a toda la gente de Royal Woods.

La aterradora alternativa radicaba era que sus amigos no corrieron con la misma suerte frente a sus atacantes, o se encontraban encerrados dentro de los ataúdes esperando a ser agredidos. El impulso de regresar para cerciorarse invadió su ser; pero casi enseguida se esfumó.

¿Qué podría hacer adolorido y desnudo frente a esos asesinos armados? Lo único que lograría sería darles la oportunidad de terminar el trabajo. Pero la idea de quedarse quieto sin hacer nada mientras gente inocente era masacrada no le gustaba para nada tampoco.

Sin embargo, él ya estaba muerto…

Lincoln sintió un gran peso desaparecer de sus hombros al reflexionar sobre ello ¿Por qué le temía a la muerte si ya estuvo en sus dominios una vez? ¿Qué más daba ser asesinado si lograba salvar por lo menos a un inocente?

En ese mismo instante un frío aterrador se apoderó de la boca de su estomago y se extendió a todo su cuerpo haciéndolo temblar. Su propio cuerpo parecía estar en su contra, provocándole temblores para mantenerlo inmóvil y no cometiera una estupidez.

El momento de iluminación del muchacho peliblanco fue interrumpido por los gritos cercanos de una niña a seis ataúdes de distancia, quien luchaba por quitarse de encima al hombre histérico que la sujetaba con ansiedad y le restregaba el pene erecto contra su cuerpo. Lincoln no entendía lo que aquel sujeto gritaba, pero estaba claro que ni siquiera en su propio idioma hablaba con coherencia; tenía el rostro bastante golpeado e hinchado, con sangre seca en toda la superficie; lanzaba risas dementes mientras sometía sin problemas a su victima para colocarla en posición y que su miembro erecto la profanara.

Lo que más sorprendió a Lincoln fue ver como la gente, mujeres y hombre por igual, se alejaban apresuradamente en vez de ayudar o detener el ultraje, dejando a la pequeña a su suerte.

— ¡A-Alto! ¡ALTO! ¡Alguien ayúdela!— Lincoln comenzó a correr para socorrer a la niña, pero veía su movilidad limitada por sus heridas; al escucharlo la gente se alejaba de su camino debido a su dialecto diferente del suyo— ¡DETENGASE!— cuando el grito de intenso dolor de la niña, mezclado con evidentes suplicas y sollozos, llegó a sus oídos; su instinto de hermano mayor se activo y todo dejo de importarle.

El hombre del plan vio su mente invadida por imágenes de sus hermanas siendo agredidas de la misma forma; el miedo que ellas se encontraran ahí, sufriendo el mismo abuso le comprimieron el aire en los pulmones. El estrés y frustración contenidos encontraron una forma escape en la rabia que lo cegó, señalando a ese sujeto como el culpable de todo lo que estaba sucediendo. El dolor desapareció momentáneamente; su cuerpo escuálido y debilucho se tonificó con una avalancha de adrenalina.

— ¡DEJALA EN PAZ DESGRACIADO!— el grito masculino dicho en su idioma llegó a oídos del muchacho peliblanco mientras se acercaba.

Al llegar al lugar, el hombre del plan fue gratamente sorprendido por la presencia de otro muchacho de su edad, también intentando rescatar a la niña a toda costa. Pero por más fuerte que golpeaba el cuerpo del violador, no lo perturbaba en lo más mínimo de continuar saciando sus bajos instintos.

Lincoln no perdió tiempo y se unió a la lucha; golpeó y pateó cada parte del violador que tuviera al alcance; sujetándole los brazos en un intento de liberar a la niña del agarre. Pero su enemigo los apartaba fácilmente, acertando golpes y codazos en sus pequeños cuerpos, sin dejar de embestir el cuerpo de aquella niña, dando clara evidencia de la diferencia de fuerzas por sus edades.

No tenían nada al alcance para usar como arma más que sus puños, nadie vendría a ayudarles, y su enemigo los sobrepasaba sin problemas, pero eso no los detendría en absoluto. Lincoln y su nuevo aliado lograron entenderse con una sola mirada y atacaron al mismo tiempo.

El hombre del plan sujeto el cuerpo del violador, estrangulándolo con fuerza. Su enemigo rápidamente alzó las manos para librarse de esa molestia, y ese fue el momento que Lincoln aprovechó para golpear repetidamente, con todo lo que tenía, en la boca del estomago del agresor, dominándolo por única vez.

Lograron su cometido y la niña quedó finalmente libre.

— ¡Llévatela de aquí, rápido!— exclamó el misterioso muchacho mientras apretaba el agarre al cuello del sujeto, ya que este intentaba desesperadamente sujetar de nuevo a su victima.

Lincoln no dudó y se llevó a la niña a rastras. La pequeña gimoteaba y lloraba sin control, pero no tenía tiempo de consolarla; la llevó a una distancia prudente para no perderla de vista y la dejó recostada junto a un ataúd para que no la encontraran con facilidad. El muchacho peliblanco regresó de inmediato para auxiliar a su aliado.

El violador logró recuperar el dominio de la situación y ahora él estrangulaba al muchacho con ambas manos, manteniéndolo sujeto contra el suelo mientras intentaba insertar su miembro erecto en algún lugar que le permitiera continuar sintiendo placer para olvidar todo aquel infierno.

El hombre del plan se asqueó y enfureció todavía más al ver la escena, aumentó la velocidad para tomar impulso y darle un tremendo rodillazo a su enemigo en la cabeza. El plan funcionó, pero también le hizo perder el equilibrio estrellándose contra el suelo y contra un ataúd, lastimándose más de lo que ya estaba. Giró la cabeza, preocupado que su enemigo continuara en pie; pero se sintió aliviado de ver a su aliado pateándolo en la cara para dejarlo noqueado de una vez por todas. Así que se permitió quedarse recostado mientras el dolor en su cuerpo regresaba en toda su intensidad.

— Buen… ataque… La vi… demasiado… cerca…— la voz agitada del misterioso muchacho le permitió a Lincoln distraerse de su dolor— ¿Estas bien…? ¿Eh?— preguntó preocupado intentando acercarse.

— Lincoln… Me llamo, Lincoln— pronunció el muchacho peliblanco intentando controlar el dolor en su voz— No te preocupes por mí. Estoy… BIEN… Ve a buscarla, la dejé escondida por allá… a cuatro ataúdes…— Lincoln señalo el lugar temiendo más por el bienestar de la niña que la suya propia.

— De acuerdo. Gusto en conocerte, Lincoln. Ahora regreso…— dijo mientras se encaminaba al lugar donde señalaba aquel muchacho malherido que intentaba hacerse le valiente— …Por cierto. Mi nombre es, Andrew. Colega— pronunció mientras pasaba de largo al violador.

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La tormenta cobraba fuerza, las nubes se arremolinaban y oscurecían los cielos para impedir que el sol anunciara un nuevo día.

En una cabaña alejada del pueblo de Royal Woods, cerca de uno de los inmensos bosques que rodean al lugar; una pareja de estudiantes de preparatoria, de diecisiete años de edad cada uno, tienen una acalorada discusión. Al menos por parte de la muchacha rubia que se encuentra alcoholizada y sentada en el sofá; cubierta con algunas mantas y vestida únicamente con una camisa blanca, perteneciente a su acompañante, ya que toda su ropa quedó mojada por la lluvia.

— ¿Cómo esta eso de que te mudaras, Andrew?— preguntó enfadada Lily Loud por tercera vez en toda la noche.

— Mis padres son quienes se mudan, Lily. Yo sólo soy el equipaje extra con que deben cargar…— respondió Andrew cansinamente por tercera vez, devolviéndole una mirada inexpresiva a su amiga y compañera de clases, antes de dar un descomunal bostezo por la noche en vela que paso atendiendo aquella visita inesperada— Al menos nos quedaremos para la graduación— comentó con sarcasmo bajo la atenta mirada de Lily. Lamentaba haberle ofrecido café a la muchacha, ya que parecía que no dormiría en una semana, pero era eso o más alcohol para calentar su cuerpo helado por la lluvia— …Todos los cazadores de ovnis van para México ahora que permiten turistas en su "roca flotante de pandora"— explicó antes que surgiera de nuevo la pregunta agitándose la cabellera de color negro que poseía para reaccionar.

La muchacha Loud apuró la taza de café que traía en las manos, cada sorbo de la bebida le despejaba la mente; ayudándola a concentrarse en el grave problema que significaba la partida de su mejor amigo; mientras que el alcohol restante en su sistema adormecía los nervios y la vergüenza del espectáculo que armó hasta ese momento: desnudarse en medio de la sala, cantar "Play it Loud" a todo pulmón, culpar a su amigo desde las nauseas hasta las patrullas militares en todo Royal Woods, e insultarlo sin piedad. Algo de lo que jamás se atrevería estando sobria; debía aprovechar la oportunidad.

— ¿Todavía los llamas así? ¿Cómo esos fanáticos de hace quince años?— se burló la muchacha rubia sin poder contenerse.

— ¡Me gusta la película! ¿De acuerdo?— reclamó enfadado el muchacho pelinegro, pero le alegró darse cuenta que su amiga recuperaba algo de sobriedad— Pareces estar mejor ¿Más café?— tomó la taza de manos de Lily luego de una corta afirmación y se dirigió a la pequeña cocina de la cabaña— Y… ¿Puedo preguntar quien te dejó tan alterada?— inquirió desde la habitación.

— ¿Quién más va a ser? ¡Lemy! ¡Lemy! ¡LEMY!— exclamó iracunda la muchacha rubia.

— ¿Lemy…? ¿Es un nuevo novio?— preguntó intrigado el muchacho pelinegro.

— ¡AGGHH! ¡Quise decir MI MALDITO HERMANO, LINCOLN! ¡Lincoln!— gritó Lily todavía más iracunda— O debería decir el zombi sin emociones que los alienígenas nos dieron para remplazarlo— aclaró demostrando el odio que toda aquella situación le provocaba.

— Ajá…— dijo Andrew con escepticismo mientras le entregaba la taza llena de café a su amiga, conocía todos los detalles de la familia Loud debido a la fama de Lisa Loud y su amistad con Lily— ¿Entonces quien es Lemy?— preguntó un tanto acusador.

— No es nadie. Mis hermanas estaban leyendo un libro de nombres de bebe ayer… Ya sabes, quieren quedar embarazadas de mi hermano… ¡Y ese nombre me pareció lindo! ¡Es todo!— reclamó Lily sonrojándose ligeramente mientras llevaba la taza humeante a sus labios— Porque tanto interés ¿Celoso?— preguntó con una sonrisa picara.

— Para nada— gruñó Andrew sin poder evitar que su mirada se deleitara observando las curvas de las piernas expuestas de su amiga mientras daba otro trago de café— Ni siquiera lo pienses…— amenazó susurrante a su virilidad que comenzaba a endurecerse.

— ¿Qué?— Lily se mostro curiosa por el nerviosismo de su amigo.

— N-Nada, nada. Mira ¿Por qué no descansas un poco hasta que tu ropa este seca?— indicó Andrew extendiendo los brazos para luego dar un largo bostezo— Ya es de día. Limpiaré un poco y luego te llevaré a casa— se encaminaba a su cuarto para cambiarse de ropa, pero el brazo del muchacho fue firmemente sujetado por Lily, quien lo jaló para obligarlo a sentarse a su lado en el sofá.

— ¿Por qué mejor no nos tomamos el día libre y dormimos juntos como lo hacíamos hace años?— preguntó la muchacha Loud abrazando a su amigo como si se tratara de un oso de felpa.

— Teníamos cuatro años. Éramos niños…— reclamó Andrew, pero la comodidad y el cansancio pudieron más. Antes de darse cuenta se dejó llevar a los brazos de Morfeo de la mano de aquella maravillosa mujer.