Los seis cincuenta
Capitulo 4
"Regrésame a la realidad"
-Espero que te gust…- el pelinegro no logro terminar la frase ya que las palabras se le quedaron atrapadas en la boca, jadeo debido al miedo de sentir un objeto cortante sobre su garganta.
-Aléjate de el.- exijo una voz demandante a su espalda.- un paso en falso y te rebano la garganta.- amenazo la misma persona quien atentaba su vida.
Frió, sucio y doloroso, esas eran las sensaciones que sentía día a día desde que llego a ese lugar, todo era tan sombrío, las lagrimas querían hacerse camino por sus mejillas pero él se los impedía, no podía llorar tenía que ser fuerte si querían salir de ese lugar.
A diario pinchaban sus frágiles brazos para impedirle hacer uso de su habilidad, no veía la salida, quería escapar, ser libre nuevamente y sonreiré al mundo, sentir el sol sobre su rostro al igual que el viento, todo era tan injusto, ¿Cómo era posible que los humanos atacaran a su propia especie? Estaban enfermos eran peor que animales.
Jaulas a su alrededor, mesas para experimentar con su cuerpo y las malditas agujas las odiaba tanto, el dolor estaba presente nuevamente pero en esa ocasión era diferente, la sustancia que entro por sus venas hacia arder todo su cuerpo, el olor a piel quemada inundo su nariz haciéndolo sentir nauseas.
Todo era tan confuso, sentía como si en un sueño se encontrara, no había nada solo dolor, sufrimiento y angustia estaba seguro que se perdería así mismo, no faltaba mucho para que se rompiera, la locura lo alcanzaría.
Gritos desesperados se escuchaban a su alrededor ya no sabía si eran los suyos propios por la agonía que sentía, todo era confuso, tan confuso pero aun que su mente estuviera borrosa el dolor no desaparecía, la oscuridad se hizo presente dándole la bienvenida, el estar inconsciente era lo más maravilloso que había experimentado, pero tenía que despertar, el lo sabía, ¿Por qué? Ya no lo recordaba pero aun así tenía que despertar de su sueño profundo.
-¡Hermano!- escuchaba a lo lejos el grito desesperado.
-"¡abre los ojos maldita sea!" –se reprendía mentalmente así mismo por su debilidad.
Ojos dorados inyectados en sangre se abrieron ante los gritos, y ahí frente a él se encontraba lo más importante de su vida, Alphonse su pequeño hermano estaba siendo sometido por barios hombre a su alrededor, pero ¿si era él? Lucia tan diferente a como lo recordaba.
El hilo de sus pensamientos fue cortado por el grito lleno de angustia del menor.
Ellos planeaban hacerle lo mismo que a él, pero no lo permitiría primero muerto, soltándose de sus restricciones se lanzo hace adelante haciendo presente sus afiladas armas, la droga parecía a ver salido de su sistema, ahora era libre de manipular su cuerpo nuevamente a su antojo.
Solo faltaba poco y estaría a lado de su hermano, solo un poco mas y serian libres, ya no tendrían que permanecer en ese infierno.
Fue sobre su primera presa, sin titubeos lanzo de sus brazos las luces doradas, formando a su paso una larga y delgada espada parecida a una katana, la coloco sobre el cuello del hombre que amenazaba la vida de Alphonse.
-Aléjate de él.- amenazó colérico, no tendría piedad con esos hombres no mas, estaba cansado, si tenía que arrebatar una vida para salvar a su hermano lo haría sin pensarlo dos veces. –"un paso en falso y te rebano la garganta."-
-¡Hermano!-
La mirada dorada se sacudió ante la grotesca sonrisa que mostraba el hombre, dientes afilados se hicieron presentes provocando que se le erizara la piel, sus manos comenzaron a temblar y sus ojos se cristalizaron, no lo quería admitir pero tenía miedo de esos hombres, le habían hecho pasar por tanto dolor que el tan solo recordarlo le provocaba nauseas.
-¡Ya basta no lo hagas!- se lamentaba el menor al observar lo que su hermano mayor estaba a punto de hacer.
En un rápido movimiento lanzo a su presa con uno de sus pies haciendo que este se estrellara contra una de las paredes del cuarto en el cual se encontraban, rápidamente se abalanzo contra él, esta vez no dudaría, cortaría la maldita garganta de ese bastardo, el artefacto cortante se elevo, estaba a punto de dar el golpe final pero alguien lo detuvo, fuertes brazos lo inmovilizaron.
-¡Hermano despierta!-
¿Al…? pero ¿Por qué lo detenía? Si no acababa con él, torturaría a muchas personas así como lo hizo con él.
-¡Despierta, ya no estamos en ese lugar!-
¿Despierta?... ¡¿Estaba dormido?! No el ya no quería dormir, ya lo había hecho durante mucho tiempo, ¡ya no quería dormir!
-¿Alphonse…?- susurro con voz temblorosa, sus manos habían comenzado a temblar nuevamente mientras sostenía aun la espada afilada sin dejar de apuntar con ella a la persona frente a él.
-Aquí estoy, tranquilo no es real…-
No es real ¿Cómo que no es real? ¡¿Qué estaba sucediendo?!
Su respiración se engancho, todo a su alrededor comenzó a dar vueltas, se sentía tan mal, ya no sabía en dónde se encontraba.
Las lágrimas querían salir de sus ojos debido a la incertidumbre que sentía, parpadeo un par de veces para despejar su mente, y todo una vez más se empezó a distorsionar, ya no se encontraba en ese cuarto oscuro todo era más claro, logro sentir el fresco viento sobre su rostro al igual que el calor de los rayos solares.
-¿Dónde estoy?- se pregunto aun confundido.- ¿Al…?-
-Tranquilo respira.- escucho la serena voz de su hermano sobre su hombro.-suelta eso Ed no quieres hacerle daño verdad.-
-¿Daño a quien?- cuestiono el mayor mirando a su alrededor con ansiedad topándose con la mirada de su hermano, este lo tenía sujeto por detrás, su rostro estaba recargado en uno de sus hombros.- Al ¿Dónde estamos?-
-Estamos en el bosque ¿Recuerdas? Cerca de nuestro hogar…- hablo con dulzura el menor de los hermanos tratando de tranquilizar al mayor.
-¿Bosque? No…. Yo no.-
-Si Ed recuérdalo, estábamos en el bosque y te quedaste dormido.-
Ojos dorados se abrieron con horror.- ¡No! ¡Yo no quiero dormir Al, no otra vez!- grito frenético negando con su cabeza una y otra vez.- ¡ello van a venir y nos llevaran de nuevo a ese lugar!-
-¡Ed! ¡Tranquilízate, escúchame!- grito Alphonse al ver como la angustia y desesperación se apoderaba de su hermano.
-Ed…-
Esa voz… ante ella paro su parloteo, su histeria se había desvanecido cambiándola por la incertidumbre, el conocía esa voz ya la había escuchado no hace mucho tiempo ¿Quién era?
-Está bien, nadie te hará daño.- aseguro la misteriosa voz.- te lo prometo…-
La tranquilidad lo inundo al escuchar las suaves palabras, nadie le haría daño no de nuevo, si nadie lo haría, guiándose por el dulce sonido volteo su rostro hacia su dirección, su mirada se topo con un par de carbones negros.
Oscuros ojos como la noche lo miraban con miedo, duda y ¿preocupación?, eran tan negros como lo era el mundo sin fin de sus pesadillas, pero esa negrura tenía algo diferente, poseían esa chispa flameante de vida, se sentía tan cálido y reconfortante que lo hacían salir de su locura.
Parpadeando una vez más su vista se hizo nítida, logrando observar la persona frente a él.
-¿Mustang…?- pidió en un murmullo debido al miedo de que fuera alguien más.
Frente al rubio acorralado contra uno de los grandes árboles se encontraba Roy con ambas manos alzadas en señal de rendición, todo su cuerpo temblaba debido a la conmoción que se había creado, fijamente observaba el arma la cual era sostenida por Ed con ambas manos apuntando a su dirección amenazando su vida.
Ed miro conmocionado lo que pasaba a su alrededor, su cuerpo tembló una vez más al entender la situación en la cual se encontraba, sus manos se abrieron liberando el objeto cortante asustando al azabache debido a que el arma caería y lo heriría, pero eso nunca ocurrió ya que esta se desvaneció en el aire como pequeñas partículas doradas que poco a poco morían en el cielo.
Era una escena hermosa, como el arma se desvaneció con el aire como si se tratara de arena brillando ante la luz del sol haciendo contraste con el azul del cielo y lo verde de la vegetación del lugar.
Soltando un suspiro tembloroso Mustang dejo caer ambas manos a sus costados, se sentía aliviado por un momento creyó que el chico lo mataría, esa mirada llena de locura no podría borrarla nunca de su mente al igual que su rostro angustiado.
Todo había sucedido tan rápido, de un momento a otro Ed estaba a su espalda amenazándolo con esa extraña espada dorada, su mirada denotaba odio, tanto que se lleno de miedo, pero rápidamente su expresión cambio, su cuerpo comenzó a temblar sin control haciendo que el objeto sobre su garganta se sacudiera provocándole miedo debido a que gracias a ello su piel seria cortada.
Pero esos pensamientos se fueron al olvido al mirar su rostro, los labios del chico estaban tan apretados que le parecía doloroso, su mirada se había vuelto cristalina delatando las salinas lágrimas que estaba reteniendo, Alphonse por todos los medios intentaba hacer entrar al chico en razón pero nada funcionaba, parecía estar atrapado en un trance o en alguna pesadilla.
Un gemido escapo de sus labios al momento que levantaba una de sus piernas, el golpe fue rápido y limpio mandando al pelinegro volando hasta toparse con uno de los muchos árboles del lugar.
Antes de recuperarse por completo el rubio ya se encontraba acorralándolo con la dorada espada, no había escapatoria el gran árbol tras de él le impedía huir de la situación, una mirada desquiciada se poso en los ojos dorados al momento que levantaba el arma para acabar con su vida, pero todo se detuvo gracias al menor de los hermanos.
Alphonse fue rápido y tomo al mayor por la espalda, una vez más le rogaba tratando duramente de traerlo a la realidad y al parecer estaba funcionando.
Al nuevamente persuadió al mayor con palabras dulces, y fue ahí cuando quedo al descubierto su nombre "Ed" así lo había llamado, nuevamente el azabache se había perdido en sus pensamientos, por fin había descubierto su nombre lo cual provocaba que su pecho se llenada de calor aun así en la situación en la cual se encontraba.
Pero nuevamente fue sacado de su mundo cuando los gritos desesperados de Ed retumbaron en su cabeza, no sabía exactamente lo que le había pasado al mocoso ya que su mirada mostro terror.
Y fue ahí cuando el azabache decidió intervenir, no estaba seguro si seria de ayuda pero lo intentaría, en un susurro nervioso pronuncio su nombre y palabras de consuelo, y rápidamente Ed se detuvo, dudoso el chico giro su rostro hacia su dirección y el alivio inundo los hermosos ojos dorados.
Al soltar el arma en sus manos esta se desvaneció de la nada dejando sorprendido al ojinegro, pero su atención fue tomada nuevamente por Ed, el chico con pasos temblorosos fue retrocediendo tropezando con el saco el cual había traído, haciéndolo caer sobre la hierba.
El rubio estaba temblando mientras cubría con una de sus manos su rostro, Alphonse por su parte trataba de consolarlo dando pequeñas palmaditas sobre su espalda.
Roy estaba seguro que los chicos tenían su pasado al igual que él, pero al parecer algo terrible ocultaban, un pasado lleno de desdicha, desesperación y dolor, ¿Quién se los había provocado? ¿Quién sería capaz de lastimas a dos niños? Un sentimiento de ira comenzó a nacer en su pecho, se sentía impotente al ver como sufrían, no era justo, ¿Por qué el mundo se empeñaba tanto en joder a las buenas personas?
Un suspiro tembloroso hizo que saliera de sus pensamientos, nuevamente presto atención al par de hermanos frente a él, al parecer Ed había recuperado su compostura.
-Lo siento Al.- se disculpo el mayor con mirada arrepentida, ya que no era la primera vez que mezclaba las pesadillas con la realidad, se sentía tan patético por mostrar esa faceta de debilidad frente a su hermano y Mustang….
Un momento…
¡¿Mustang?!
¡¿Pero qué demonios hacia el hombre ahí?! Su mirada se levanto encontrándose con el hombre frente a él aun recargado sobre la corteza del árbol, su seño se profundizo, estaba molesto, estaba tan molesto por muchas cosas, quería gritarle al idiota por haber regresado.
-¡¿Pero qué carajos haces aquí?!- exigió Ed mirando al azabache con odio.
-¡Oh vaya! Aquí vamos de nuevo…- exclamo Roy al ver el rostro fruncido del mayor de los hermanos.
Él tenía la pequeña esperanza de salir vivo al ver que Ed se había tranquilizado y no había mencionado nada sobre su presencia, pero se equivoco nuevamente, ese mocoso era el mismo diablo cuando se lo proponía.
Continuara…
