RAKUEN

Cap 4: Te Quiero para mi

Los días habían pasado uno tras otro, a la velocidad que las hojas caen de los árboles durante el otoño, las cosas cambiaban de nuevo sin previa explicación, sin razón aparente, al menos para el Lord youkai de las tierras del Este.

El calor había comenzado a volverse agobiante para cualquiera ante la anunciación de la próxima llegada del verano, no había ser sobre Japón, humano o youkai, que no hubiera comenzado ya a cambiar las ropas de cama, a guardar las prendas de primavera por unas completamente frescas para el verano, los ríos se volvían ligeramente peligrosos si se iba solo, esto a causa de los youkais que buscaban atenuar el agobio del clima a cualquier costo, lo cual solo provocaba que Inumaru tuviera algunos conflictos extras que arreglar en la frontera e incluso dentro de sus propios dominios entre sus súbditos, tal vez era por estas revueltas que no le extrañaba del todo el que la princesa hubiera comenzado a reunirse con él muy de vez en cuando, aun así, la extrañaba.

A otros, el incremento del calor no hacía más que confundirlos un poco más, Sesshomaru aun no se explicaba porque había callado aquella noche en que su padre llegó casi al alba; lo vio entrar al palacio, estuvo esperándolo en el pasillo, justo a unos metros de la puerta de su habitación, pero al ver su expresión no dijo nada, no hizo movimiento alguno, ni siquiera un ademán de acercársele, el darse cuenta de que había una mezcla de alegría y tristeza en las posturas de su padre, el notar que había sido completamente ignorada su presencia de manera inconciente, la guardia baja por encontrarse aquel youkai sumido en lo más profundo de sus pensamientos, verlo ahí, detenido frente a la puerta, observándola sin verla realmente, moviéndose con lentitud para poder abrirla, y luego su paso, casi cansado, más tranquilo de lo usual, la impresión de ver a su padre ser devorado por las tinieblas de su habitación… había tenido que conformarse con portarse cortante y frío no solo con su padre, sino también con los sirvientes, ya no los acosaría, ni siquiera intentaría hacerlos trabajar de más, bastaba con despreciarlos por serle tan leales a su padre… al cual irónicamente no podía odiar, había algo que faltaba, algo que estaba incompleto, y él lo encontraría, era en lo que pensaba el joven youkai de cabellos de plata y fino semblante mientras ingresaba a sus aposentos en la casa de su madre.

El calor no hacía más que entorpecer el aprendizaje de niños y jóvenes, fueran estos mujeres u hombres, la princesa Izayoi era consciente de la dificultad que implicaba para su memoria el apremiante calor, no solo era que no podía concentrarse del todo en sus lecciones de modales, religión y conducta, no, había algo más, todo el tiempo se encontraba comparando aquel calor demencial con uno mucho más sutil, más agradable, más dulce… más de él, y es que a sus 15 años, la princesa no podía evitar pensar en ciertas cosas por más que tratara de alejarlas de su mente, se preguntaba a que sabría un beso, y si provocaría un calor semejante al de los días primaverales… o por el contrario, a los protectores brazos del youkai.

Así pasaba el tiempo para todas las criaturas del país-isla durante la entrada del verano, era por ese motivo, que una noche en especial, casi al amanecer, un joven de cabellos como rayos de luna y ojos como brazas de sol se encontraba levantado y caminando con apenas un pantalón de dormir, merodeaba con rumbo fijo a la cocina cuando el cansancio y el sueño lo hicieron dar vuelta en la esquina equivocada, tenía sed, mucha sed, pero eso no justificaba que apenas y notara por donde iba, se sentía como una cría excesivamente joven merodeando por ahí, buscando un rincón donde tirarse a descansar… cuando se tropezó con algo, eso terminó de despertarlo "Maldita sea¿es que estas sirvientas del demonio ya no pueden hacer nada…" consternación era lo que se podía leer en los ojos de Sesshomaru, quien no tardó mucho en incorporarse, sacudirse las ropas y luego acercarse sigilosamente al cuerpo de una youkai muerta, más que horrorizarlo, le produjo asco, ya era suficiente que las sirvientas se tomaran la libertad de tocarlo estando vivas, como para que tuviera que caer sobre una muerta…

-Pero que interesante, así que incluso muerta escondes secretos¡eh Sorata!

El youkai se acercó aun más al cadáver, algo no concordaba, durante las venganzas, los cadáveres se veían realmente escalofriantes, esos youkais de bajo rango solían despellejar a las hembras antes o después de molerlas a palos y arrancarles las vísceras cuando se trataba de una venganza, pero esta… esta por el contrario solo tenía las ropas desgarradas, Sesshomaru se apresuró a terminar de desnudarla para observar lo que ocultaban las ropas de la desafortunada víctima.

-Apenas y sangra… está caliente todavía, entonces no tiene mucho que has muerto ¿cierto Sorata?… mmh… esta herida fue hecha con una garra en exceso afilada… y por la forma en que se ve por dentro, juraría que han destilado veneno mientras lo hacían… un momento, esta es una arteria que va directamente al corazón… el que hizo esto no es un youkai cualquiera, sabía bien lo que hacía, y tiene las habilidades de un youkai un poco por debajo de mi nivel, casi me iguala, pero ¿quien habrá podido…

-¿Quién anda ahí?

-…

-Le advierto que si salgo de mi recámara deseará haber muerto de forma instantánea.

El joven perro se incorporó despacio, estaba pensando como preguntar cuando escuchó los pasos amenazantes de su madre, decidió que lo mejor era salir de la escena del crimen, ella se encargaría, así que solo dio la media vuelta y se encaminó hacia su cuarto, después de todo, aquella desagradable visión y la inquietante certeza de que "el intruso" existía, lo habían dejado sin ganas de tomar o consumir nada, lo mejor era dormir y olvidarlo todo por unos pocos momentos.

Lejos de ahí, a muchos kilómetros de distancia, justo en el medio de una mar de flores blancas, una joven reía a más no poder junto con un hombre… o mejor dicho, un youkai, solo acercándose era posible observar la razón de sus risas, un youkai pulga ya algo viejo hacía cabriolas y daba brincos sobre la palma extendida del youkai que reía a carcajadas y era observado por la joven frente a ellos.

Myoga.- Y fue así, con esos mismos movimientos como logré vencer a ese temible demonio serpiente, pero, no tiene que desmayarse mi lady, se que es una historia realmente impresionante, pero es verídica.

Inumaru.- Jajajajajajajajajajajajajaja, Myoga¿Cuándo dejarás de exagerar en todo?

Myoga.- ¿Pero si yo no… ash, está bien amo, como usted diga, le daré la razón por esta vez, pero solo, porque hacía años que no lo veía de tan buen humor.

Izayoi.- Jajajajajajajajajajaja, o Myoga San, es usted tan simpático, jajajajajajajaja, casi no puedo dejar de reír, jajajajajajajajajajajaja… supongo que, también eres un siervo obediente con tu señor¿o no?

Myoga.- Pero por supuesto que si mi lady, además, el amo Inumaru siempre me pide consejo cuando tiene algún problema, al ser yo tan sabio…

Inumaru.- ¡Myoga!

Myoga.- Bueno, bueno, está bien, tal vez exagero un poco, pero solo un poquito amo.

Izayoi.- Entonces, Inumaru San¿querías que conociera a Myoga San hace tiempo?

Inumaru.- A decir verdad, no sabía si sería buena idea.

Myoga.- ¿QUÉ¿CÓMO QUE NO SABÍA SI ERA BUENA IDEA?

Tanto el general como la princesa rompieron en carcajadas nuevamente al observar como aquella pulga se volteaba indignada, dándole la espalda a Inumaru para luego voltear de reojo a observar el semblante de su amo.

Inumaru.- Myoga San, no te ofendas, es solo que, eres algo, ehm…

Izayoi.- Pequeño.

In M.- ¿Pequeño!

Izayoi.- Si, yo soy muy despistada, Inumaru San no sabía si era prudente presentarte conmigo porque eres algo pequeño, Myoga San, y al ser yo tan despistada, podría no apreciar tu gran espíritu y tu formidable carácter y buen juicio.

Inumaru.- (Conteniendo la risa) Así es Myoga San, era por eso (conteniendo la risa un poco más)

Myoga.- Entiendo, con que pequeño ¿eh?... pero¿Qué decía usted, princesa, sobre apreciar mi gran espíritu y mi formidable carácter y buen juicio?

Izayoi.- (Conteniendo la risa también) O Myoga San, es que una joven como yo necesitaría prestar toda su atención a tu conversación y tus pantomimas para no perderse un solo detalle de tu grandeza.

Inumaru solo se llevó una mano a la boca para no dejar salir una carcajada con aquellas palabras, lo cual se le dificultó aun más al observar como la pulga en su mano hacía ademanes de creer cada palabra que la joven frente a él decía, entonces, luego de tomar un poco de aire, acercó a Myoga a su rostro y le hizo un ademán con sus garras para indicarle que requería de sus servicios.

-Myoga, necesito que vayas al lago y le traigas a la princesa Izayoi un poco de agua, antes de irse debe lavarse el rostro, hay un poco de polen y polvo adornándole las mejillas y creo que su nodriza no lo apreciará así.

-Si mi amo, si es por servir a tan simpática jovencita, no dude ni un segundo que su fiel sirviente le traerá el agua ahora mismo.

Myoga saltó de la mano del youkai y se perdió entre la maleza mientras daba grandes saltos colina abajo.

Una vez solos, la serenidad volvió al rostro de Inumaru, quien observó a la princesa mientras se acercaba a ella un poco más y comenzaba a acariciarle el rostro como si le estuviera quitando el polvo delicadamente.

-Izayoi¿Cuántos días faltan para que Fudozawa kun envíe el pago para que tu padre te entregue?

El rostro de la princesa se ensombreció ligeramente ante la pregunta, bajó los ojos un poco, para luego acomodarse al lado de Inumaru y comenzar a contemplar el cielo nocturno.

-Cuando la luna vuelva a ser luna llena, Inumaru San.

-Ya veo… no te ves muy contenta Izayoi.

-En estos momentos, mi felicidad no importa realmente Inumaru San, mi padre ya ha elegido para beneficiar a ambas familias y a los siervos con mi unión.

-Y sin embargo, tu padre perderá mucho si no eres feliz.

-¿A que te refieres?

-… A nada en particular Izayoi chan.

Casi sin darse cuenta, Inumaru había vuelto a abrazarla a lo largo de la pequeña conversación, casi sin notarlo, Izayoi había cerrado los ojos ante la respuesta de Inumaru, y había recostado su cabeza contra el hombro del general perro para olvidarse por un momento de su realidad. No hubo más preguntas ni más comentarios, solo imperaba el sonido del viento entre las hojas de los árboles y el canto de unos pocos grillos; había luciérnagas danzando a pocos pasos de la inusual pareja en el prado, era como si las estrellas hubiesen bajado de repente para tratar de alegrar a ambas criaturas, las cuales se encontraban sumidas en sus pensamientos, de pronto una idea pasó por la cabeza de Inumaru, sin embargo, no dijo nada, era mejor esperar un poco más antes de tomar cartas en el asunto, y entonces, un frío aterrador lo tomó desprevenido en su brazo y su costado izquierdo, Izayoi se había levantado de donde estaba… ¿Cómo se había acostumbrado tan rápido a su calor?

-Inumaru San

-¿Si Izayoi?

-Es hora de regresar a casa, la luna lleva un tiempo fuera de mi vista, si no me apresuro, no podré llegar a tiempo a casa.

-Entiendo¿quieres que te acompañe?

-Gracias, pero no me gustaría que los guardias te hicieran daño, por favor, despídeme de Myoga San, es un youkai muy agradable.

-¿Te lo parece?

-Si, así es, además… no creo que encuentres un siervo más leal a ti.

-…

-Hasta luego, Inumaru San, procuraré volver durante el próximo cambio de luna.

-Te estaré esperando Izayoi, sayonara.

-Sayonara.

La joven se fue corriendo con la destreza y agilidad habitual, dejándole al general una extraña y cálida sensación de alivio y gratitud tatuado en una mejilla, lo había hecho de nuevo.

-Amo¿Por qué presiento que ya conocía a la princesa?

-¿Recuerdas a la niña que te pareció muy descarada por darme un beso hace cinco años Myoga?

-Claro que la recuerdo, tomarse esas libertades, seguramente anduvo divulgando por ahí que hay un apuesto youkai en las montañas que se deja besar así como así.

-Te equivocas Myoga San, esa extraña criatura acaba de estar aquí, con nosotros de nuevo, y se fue transformada en mujer.

-¿QUÉ, QUÉ? Amo¿podría ser más específico?

-La princesa Izayoi es la niña de hace cinco años Myoga, y está por casarse contra su voluntad.

-¿Entonces ella es, era, digo… ¿Y porque se ve tan preocupado de que esa joven se case? Si, es muy simpática y sabe apreciar las buenas cosas, pero…

-Quiero que la sigas Myoga.

-¿Perdón?

-Síguela, escóndete donde nadie te vea, donde puedas observar cada movimiento y escuchar cada murmullo en ese castillo, quiero que vengas todas las noches a esta floresta cuando la luna esté en el cenit y me informes de todo cuanto veas.

-¿Pero amo?

-Es una orden Myoga, no me hagas repetirla.

-Entendido Amo Inumaru, voy tras ella.

Y así, la pulga se apuró brincando hasta darle alcance a la joven princesa, quien no sospechaba el drástico cambio que daría su vida una vez más.

Finalmente amaneció, entre las tantas sorpresas que daba el día, una fue anunciada por los tambores de las puertas del palacio Toriyama, mientras estas eran abiertas de par en par para recibir a un numeroso grupo de samurais, algunas mujeres y niños corrieron a dar la bienvenida a aquellos hombres, los cuales salían de las filas al ver a sus familias cerca de ellos, algunas otras mujeres se derrumbaban sobre llorando conmocionadas por no encontrar a sus maridos, hermanos o hijos junto con los demás soldados, las puertas se cerraron, y el señor Toriyama ya se encontraba en la puerta del castillo haciendo señas a uno de los hombres para que lo acompañara, su nombre era Setsuna Takemaru, era un hombre joven, tal vez unos cuantos años mayor que la princesa, alto y de complexión delgada, con el mismo cabello negro que todos los moradores del castillo, sus ojos negros mostraban determinación y lealtad a su señor, era un soldado entrenado desde la infancia, y ahora recibiría el premio que tanto anhelaba.

Los dos hombres se sentaron a la mesa por un momento, mientras una de las sirvientas les servía un poco de té verde para que pudieran charlar a gusto, un desvío de la mirada de Setsuna a la ventana, y observó a la princesa pasando frente a su campo visual con una chispa de felicidad encendida en los ojos, por un momento, sin embargo, se sintió como un pequeño de no más de 11 años, observando por la ventana a una hermosa niña de cinco brincoteando feliz por los pasillos con unas flores blancas en las manos, que lejos estaban ya aquellos tiempos.

-Debo suponer que mi antiguo jefe de la defensa falleció.

-Está usted en lo correcto, Toriyama Sama.

-Si tú has vuelto en su lugar, significa que estás listo para tomar su puesto, Takemaru San.

¡Takemaru San! Que bien se escuchaba su nombre de esa forma, tal vez entonces tendría una pequeña oportunidad de…

-Tu nombramiento tendrá que posponerse hasta pasada la luna llena, Takemaru San.

-No es que me sea urgente un nombramiento ahora Toriyama Sama, lo que es más, no me importaría si este tuviera que aplazarse varias lunas, pero me intriga su comentario, señor.

-La princesa Izayoi ya fue prometida al primogénito del terrateniente Fudozawa en Kyushu, y el pago por entregarla llegará el primer día de luna llena.

La boca se le secó por unos momentos al joven soldado, sin embargo, se contuvo de hacer cualquier tontería y decidió cambiar el tema luego de un rato.

-Por cierto, Toriyama Sama, le traigo noticias de la frontera.

-Te escucho.

-Verá señor, justo en los límites de sus tierras con las del terrateniente del sur, Morisue San, parece ser que se está preparando otro levantamiento armado para invadir sus tierras, señor, por si fuera poco, descubrimos que hacía el sureste se acaba de instalar un youkai bastante poderoso, señor.

-Ya veo, te agradezco el informe Takemaru San, ahora ve a descansar, mañana podrás informarme sobre la batalla con la gente de Morisue, hay que llevar el registro de las bajas para indemnizar a las viudas.

-Como usted ordene, Toriyama Sama.

El soldado salió de nuevo, cuando se dio cuenta, estaba en la puerta de la casa donde vivía junto con otros hombres solteros… tal vez, ese siempre sería su hogar.

El tiempo no espera a nadie, el tiempo sigue corriendo su loca carrera por el mundo entero sin detenerse a descansar, faltaba apenas una semana para la Luna Llena, todo era conmoción en el palacio de Inumaru al esperar la llegada de Sesshomaru nuevamente, así pues, en el palacio Toriyama imperaba el caos, la servidumbre tenía que estar constantemente arreglando y acomodando, escombrando cada sitio para recibir a los emisarios de Fudozawa kun junto con el pago por Izayoi, la cual en cambio, parecía marchitarse a ratos; Myoga había estado informando a su amo de todo lo que pasaba en el palacio, por tal motivo, una parte de sus sirvientes estaba aun más atareada seleccionando finas telas, piezas de oro y joyería de alta calidad, comida especial y hiervas medicinales, tabaco y todo aquello que pudiera ser de valor para youkais y hombres, aun no sabían de la razón, pero eran ordenes del General y debían ser cumplidas.

Los rayos del sol pudieron observar multitudes despertando y trabajando como pequeñas hormigas, en el caso de los siervos del castillo Toriyama, las puertas estaban abiertas de par en par puesto que debían ingresar algunos toneles de sake y comida para los emisarios que esperaban, había que agasajarlos casi como si se tratara del terrateniente Fudozawa y su hijo, sin embargo¿cual sería su sorpresa al notar que detrás del sake y la comida aparecía una comitiva de criaturas del bosque… youkais.

No tardó en correrse la voz por todo el palacio, Takemaru y sus hombres no tardaron en aparecer frente al castillo, sin embargo, los youkais no atacaban, en su mayoría iban ataviados con finos trajes semejantes a los de la servidumbre del palacio, a los lados de estos, venían youkais ligeramente armados con lanzas, parecían ser una escolta de soldados, finalmente, encabezando aquel grupo de criaturas, aparentemente pacíficas, iba uno sumamente hermoso, muy alto, de facciones finas y blancas, un par de marcas azules como arañazos adornaban sus mejillas, ojos dorados como el mismo sol observaban solo al frente, el cabello blanco, casi plata, iba elegantemente sujeto a una cola de caballo alta con hilos gruesos de seda roja mientras un pequeño flequillo enmarcaba el rostro antes descrito, una especie de capa blanca y peluda pendía de su espalda, viéndolo de frente era fácil notar la ropa que llevaba, hecha de las más finas y fuertes telas blancas, llevaba un kimono masculino con algunas flores azules aquí y allá, una especie de Obi masculino iba enredado a su cintura, este era rojo oscuro con terminaciones azul cielo en los extremos, no portaba espada alguna, en cuanto a los pantalones, estos eran abombados, a la usanza de los nobles de la época, por último, los zapatos gris oscuro veteados por un bordado de líneas en un gris más tenue completaban el atuendo. Para cuando aquel youkai llegó al pie de la escalinata, los sirvientes estaban ya formados a ambos lados del camino, dudosos de lo que hacían; por su parte, la princesa había llegado a toda prisa al escuchar el rumor, había corrido hasta el sitio que ocupara el día que conociera a Akira Fudozawa… y se había inclinado de una forma más elegante que la última vez. En cuanto al dueño del palacio, Toriyama San, este fue el último en llegar al lugar, al observar a su hija postrada en señal de reverencia y a sus criados confundidos, pero formados a ambos lados de los recién llegados, decidió que ocurría algo fuera de lo común, fue en ese momento, que el líder de la comitiva dio un paso al frente, captando al instante la atención de Toriyama San.

-Le ruego señor que no se asuste de mi gente, tienen órdenes precisas de no matar o atacar a nadie incluso si se nos atacara.

Una señal de la mano del youkai hizo que una jovencita de su séquito se adelantara con una charola de plata en las manos, esta subió unos cuantos escalones, destapó el contenido de la bandeja y la depositó tapada, a los pies de Toriyama San; perlas, perlas negras era el contenido de aquella bandeja, un caro y fino racimo de aquel extraño y escaso tesoro del mar.

-Agradezco el regalo, youkai, sin embargo, exijo conocer su nombre y sus intenciones al ingresar a mi palacio sin ser invitado.

-Ruego me disculpe excelencia, pero era urgente que me presentara en su palacio; mi nombre es Inumaru, soy el Inu no Taisho y Lord de las tierras youkais del Este, y el motivo de mi repentina visita es negociar la mano de su hija, la princesa Izayoi aquí presente.

Los murmullos no se hicieron esperar ante la sorpresiva declaración. ¿Qué pasaría ahora que Inumaru se había presentado en el palacio Toriyama para pedir la mano de Izayoi?

Notas de la autora:

XD ¡NO ME MATEN POR CORTARLE AHÍ! Pero era necesario, digo, tal y como les advertí, empezamos a ver un poco más de acción en este fanfic, claro que si, yo no se si se esperaban que Inumaru fuera a pedir la mano de Izayoi formalmente a sabiendas de que están por dar por ella el pago acordado desde Kyushu, pero ya ven¿lo que es querer hacerse el dramático xD? Y bueno, pasando a otras cosas, para aquellos que no lo sepan (y para los que pudieron haberlo olvidado) yo cuando subo fics, me tardo muy poquito en subir el siguiente cap porque me obsesiono con mis historias al grado de soñar lo que pasará en el capítulo siguiente y me pongo a escribir las ideas para el siguiente incluso a mitad de un examen… no deja muy buenas notas en la escuela, pero¿qué se le va a hacer? Si no puedes con tu inspiración, APROVÉCHALA XD, como dicen en la tele¡¡¡SÁCALE JUGO A LA VIDA! A no ¿verdad? Eso no era, bueno, la idea se entiende, en fin, esténse pendientes porque ya tengo el listado de ideas para el próximo capítulo y si no están atentos, este fic podría terminarse de subir la próxima vez que le echen una ojeada ;).

Pasando a los reviews, les agradezco infinitamente que dejen comentarios, no saben como me anima eso para seguirle a este proyecto, y bueno, Denissekagome, gracias por el comentario, y si, lo se, creo que le estoy exagerando un poco con el carácter de Sesshomaru kun, pero bueno, es un joven youkai adolescente, casi como los nuestros, y además todo consternado por la separación de sus padres, y pues, para meterle más emoción al asunto y que Sessho San se vea menos malcriado, empezará a jugar de detective ;) en cuanto a Azumi y su padre… si, tienes razón, algo metiches, pero tienen sus razones, ya las irás descubriendo en próximos capítulos; Kikyo-dono, te agradezco tu apoyo nuevamente, gracias por las flores y no te preocupes, continuaré la historia hasta llevarla a su final.

Y bueno, para finalizar y como cada capítulo que escribo, este está dedicado a mi linda caber mami Anaís, también es escritora de no duden en leer sus historias, son muy buenas, especialmente el proyecto que trae sobre Slayers, vale mucho la pena mis queridos lectores, 100 recomendada.

Ahora si, me despido de ustedes, cuídense, dejen reviews y nos veremos en el próximo capítulo, "Acepto".

SARABA

Kyushu: Es una región de Japón donde me parece que se estuvieron dando enfrentamientos entre terratenientes justo una era antes del Sengoku Jidai.