Disclaimer: no poseo nadita de HP.
No autorizo a nadie a utilizar este fanfic.
Encuentro
-Notaba que Granger le estaba observando, el fuego de sus ojos quemándolo. Ahora que se encontraba allí, no sabía qué decir ni por dónde empezar…
-Malfoy, ¿qué quieres? – preguntó Hermione pasado un rato, cansada de esperar alguna explicación por su parte.
La miró por primera vez desde que había llegado, tenía los brazos cruzados y movía el pie izquierdo frenéticamente. Al menos parecía que no era el único nervioso por la situación.
-Yo…- comenzó él, siendo incapaz de continuar.
-Si he venido hasta aquí, me imagino que será por algo, ¿no? Pues suéltalo ya.
Realmente la situación era complicada y la chica no le estaba ayudando absolutamente nada con su impaciencia. Suspirando, se pasó una mano por el cabello y se acercó a ella, que retrocedió inmediatamente como si pensara que iba a echársele encima. Era normal que le tuviera miedo, para nada le extrañaba, tal y como se había comportado los últimos años se merecía que ni le mirara a la cara.
-Granger, cálmate un poco, ¿sí? No creo que tengas otra cosa que hacer a parte de estudiar, así que deja de meterme prisa de una puta vez – soltó el mago.
-Mira, Malfoy, me voy. No eres nadie para hablarme así. Aquí te quedas.
Se había ofendido por su oportuno comentario y comenzaba a abrir la puerta para largarse, cosa que él impidió cerrándola rápidamente. No podía dejarla ir, probablemente esa iba a ser la única oportunidad que tendría para acercarse a ella. Se encontraba pegado a su espalda y el corazón le latía desbocado.
-No te puedes ir – ordenó el slytherin.
-Ni se te ocurra decirme lo que puedo o no puedo hacer, Malfoy. No he venido a este lugar para que me trates como una mierda, si piensas seguir en el plan de antes, puedes ir despidiéndote de mí.
-Está bien, está bien. Intentaré controlar mi lengua.
Separándose de la bruja, que parecía conforme con su respuesta, se dirigió a una de las mesas, sobre la cual se sentó.
-Resulta que tengo un problema muy gordo, Granger – dijo el chico mientras se masajeaba las sienes-. El problema es que me gustas.
Y entonces el tiempo se ralentizó, y el ambiente se tensó aun más de lo que estaba antes, si cabe. Después de minutos y minutos de indecisión, Draco Malfoy había ido directamente al grano, y ni él mismo se lo creía. En silencio, esperaba expectante alguna reacción parte de la implicada en sus palabras, que parecía una estatua en ese momento.
-Deja de mirarme como si tuviera dos cabezas y di algo, me estás poniendo nervioso –insistió.
Ni sospechaba lo que se le podría estar pasando por la mente, fuera lo que fuera, quería enterarse. Necesitaba algo más que un silencio por parte de la sabelotodo.
-Soy, como tú bien dices siempre, una asquerosa sangre sucia, Malfoy. ¿Por qué he de creerme que te gusto? No me fío ni de ti, ni de nadie que tenga tu apellido. Nunca has demostrado una pizca de bondad, y no creo que seas capaz de sentir algo por nadie, menos por mí- recalcó ella, notablemente sobresaltada y con el ceño fruncido. Emanaba furia e indignación a partes iguales-. Si esto es una broma, o algo por el estilo, puedes reírte ya y acabar con esto.
-No es ninguna broma, Granger, simplemente es algo difícil de entender, algo que no tiene explicación alguna. Sé como soy, y sé como he sido siempre, pero no tengo la culpa de que me pase esto, es algo inevitable. Si hubiera podido elegir una tía para que me gustara, te aseguro que tú habrías sido la última de la lista, no lo dudes, pero en la vida las cosas no funcionan así – replicó él, con sus palabras manchadas de resignación.
El encuentro no se podía estar desarrollando peor y seguramente una parte de culpa la tenía su terrible forma de explicarse. Draco poseía un carácter bastante especial y ser amable o atento no era su fuerte, así que relacionarse con los demás no se le daba especialmente bien. Estaba acostumbrado a que fueran los otros los que se tomaran la molestia de acercarse a él por ser quien era.
-Lo siento, pero no te creo. Si piensas que con una sonrisa, un par de miradas, y unas cuantas palabras voy a ver en ti otra persona diferente del día a la mañana, estás muy equivocado. Las cosas hay demostrarlas –le reprochó la leona, señalándole con el dedo índice y levantando la voz.
Tras decir esto, se dio la vuelta, amenazando con marcharse definitivamente.
-Una cosa más, Granger, antes de que te vayas. ¿Por qué me sonreíste tú aquel día?
-Eso no es asunto tuyo, Malfoy –susurró.
Y sin más dilación, se fue.
Fin del chap!
Aish, creo que Hermione no se fía de Draco, tantos años siendo un cabrón es lo que tiene, queridas...
