4. Broma

Los niños han crecido. Luego de Dom, Percy y Audrey tienen una segunda hija: Lucy. Y también nace Louis, el último de Bill y Fleur. Las tías Hermione y Ginny tuvieron a Rose y Albus, respectivamente, y dos años después, dieron a luz a Hugo y Lily; los primeros y los últimos con las mismas edades.

El tiempo pasa rápido. Teddy, que es como el hermano mayor de todos, ya está en su cuarto año en Hogwarts. Vic, Molly y Fred también; éste empezando su primer año.

De hecho, ahora está allí, en uno de los pasillos del colegio, riéndose a carcajada limpia mientras están sacando a todos del salón. Sus compañeros se miran entre sí, intentando adivinar quién de ellos era el que acababa de poner una bomba fétida bajo el escritorio del profesor, y es su risa la que lo delata como el culpable.

—¡Fred Weasley, veinte puntos menos para Gryffindor!

En lugar de frustrarse, sonríe más ampliamente. Es apenas la primer clase que tiene en la escuela, y ha conseguido jugarles una broma pesada en tiempo récord.

Lo castigan con severidad y mandan una carta a sus padres informándoles de lo que ha hecho.

Al día siguiente, cuando llegan las lechuzas al Gran Comedor con la correspondencia, toma el papel que la suya trae entre las patas y lee con despreocupación lo que su padre le ha escrito:

Estoy orgulloso de ti. Sigue haciéndoles la vida imposible a los profesores y no te tomes tan en serio los castigos. Es lo divertido del asunto.

Y toma sus palabras al pie de la letra. Los próximos años en el colegio se encarga de demostrar que Fred Weasley tiene lo bromista en la sangre pero no es como su tío fallecido, que lleva su mismo nombre.

Es muchísimo mejor.