TRIANGULOS I

Lunes. Última hora de clases.

La peli-negra no había estado prestando nada de atención a clases. Jugueteaba con su bolígrafo golpeando la mesa mientras miraba hacia el otro lado del salón, hacia la línea de asientos al lado de la ventana. Específicamente a la chica de cabello castaño y una coleta sencilla.

Azusa miró la hora en su celular y suspiró deseando que pasara el tiempo rápido. Había intentado hablar con Ui durante todo el día pero pareciera que alguna fuerza extraña se lo había impedido. Ya fuera porque Jun la necesitaba para algo o alguna otra compañera, incluso el titular de clase la había solicitado para que ayudara cargando unos papeles. Eso sin contar que Ui, obviamente, la estaba evitando.

Un par de minutos más.

Cuando por fin se dio por terminada la clase, la peli-negra rápidamente guardó sus cosas y se dirigió hacia la menor de las Hirasawa. Ui también se apuró con la intensión de evitar encontrarse con su amiga. Azusa se movió más rápido que la castaña y ya iba a cerrarle el paso cuando…

- Espera Azusa, ¿Cuál es la prisa? – Jun la había tomado del brazo, deteniéndola. – Necesito hablarte.

- Ahora no Jun. – Exclamó la peli-negra intentando flanquear a su amiga. – No tengo tiempo.

Eso me dijiste antes. – Respondió tomándola de las muñecas con fuerza. – Primero Ui y ahora tú. No sé qué les pasa para que se comporten tan extraño.

Azusa se quedó paralizada un momento.

- ¿Tu también lo notaste?

- Como no notarlo. Se ha estado portando rara desde… - Jun abrió bien los ojos, como si hubiera entendido algo soltando de su agarre a su amiga. – No me digas que…

En el momento que la soltó, Azusa le pasó por un lado para perseguir a Ui que aún no estaba muy lejos. Jun, intrigada, la siguió para averiguar qué era lo que estaba pasando y confirmar sus sospechas. Pero en el momento que cruzó la puerta de su salón de clases otros brazos la detuvieron en un fuerte abrazo.

- ¡Azu-nyan! – Exclamó con alegría Yui atrapando a la pequeña peli-negra con sus mimos. – No me podía esperar y vine por ti.

- ¡Yui, suéltame! – Replicó la kouhai intentando soltarse del abrazo de la guitarrista. Pero no sucedió, Yui no la soltó y siguió dándole pequeños cariños que la pequeña gatita ignoró. Azusa no pudo hacer otra cosa que ver como Ui se alejaba. Justo antes de perderla de vista, la menor de las hermanas miró hacia atrás, con sus ojos llenos de lágrimas observando a la pareja.

- Vaya… un triángulo amoroso. – Murmuró Jun que observaba la escena desde la puerta del salón de clases.

- Yui, tenemos que hablar. – Exclamó la peli-negra una vez Ui salió de su campo de visión.

Al escuchar esas palabras la mayor de las Hirasawa se tensó, paralizándose en el instante. Azusa no se percató de la reacción de su querida senpai, pues su atención estaba centrada en el problema con Ui. Pero un suave sollozo la sacó de sus pensamientos para encontrarse con el rostro lloroso de Yui.

- ¿Qué te sucede? – Exclamó Azusa alarmada.

- Vas a terminar conmigo. – Respondió la castaña con sus ojos llenos de lágrimas.

- ¿Qué? – Azusa la miró confundida.

- ¡Ya no me quieres! – Yui comenzó a llorar escandalosamente en medio del pasillo, llamando la atención de todos las que iban pasando.

- No es cierto. Yui, cálmate. – Replicó suavemente tomando las manos de Yui e ignorando a todas las personas que comenzaban a reunirse a su alrededor.

- En los doramas, siempre que dicen "tenemos que hablar" es porque van a terminar. – Yui la miraba aterrada y con la mirada llena de tristeza.

- Te confundes. No me refería a eso. – Suavemente acarició el rostro de su senpai. – Yui, hay algo importante que debemos discutir pero te juro que no tiene nada que ver con eso.

- ¿De verdad? – Respondió la castaña con más calma.

- De verdad. – Dijo la peli-negra con una sonrisa. – No tengo intensiones de dejarte ir. - Lentamente la pequeña gatita se acercó y rodeó sus brazos alrededor del cuello de la castaña. – Así que no pienses en cosas extrañas.

Terminando de acortar la distancia entre ellas, Azusa reafirmó sus palabras con un tierno pero apasionado beso.

- KYAAAAAA~

El grito generalizado de todas las chicas que miraban la escena hizo reaccionar a la pequeña gatita al recordarle donde se encontraba, dando un pequeño brinco hacia atrás. Su rostro se puso absolutamente rojo, nerviosa mientras miraba en todas direcciones y se daba cuenta de la cantidad de estudiantes que habían presenciado el "evento".

La mayoría, chicas de su clase.

Todas susurraban, cosas que alcanzaban a llegar a los oídos de Azusa y solo la avergonzaba aún más. Incluso Jun se había quedado algo sorprendida al principio, pero para el momento ya estaba a punto de echarse a reír por la reacción de su amiga.

Entretanto Yui estaba feliz, ignorando completamente el revuelto que ocurría a su alrededor. Para ella no había nadie más sino ellas dos. No paraba de mimar a su gatita con todo su cariño.

Y Azusa intentaba alejarla.

- E… espera… aquí no. – Tartamudeaba nerviosamente la peli-negra.

- No te preocupes Azusa-chan. – Replicó una divertida Jun.

- Si, Nakano-san. – Secundó otra compañera de clases también en tono divertido. – Ignora que estamos aquí y sigan… con lo suyo.

Era intolerable para la pequeña gatita. Tenía ganas de gritar de la vergüenza. Entonces hizo lo único que podía hacer. Huir.

Tomando de la mano a una Yui que estaba soñando despierta con su linda gatita, Azusa la arrastró por los pasillos y tomaron la escalera para ir al segundo piso.

- Kawaii~ - Exclamaron muchas de las chicas en un coro casi perfecto mientras se alejaban.

- Debí suponer que eran ustedes las del escándalo. – Sentenció Mio acompañada por Ritsu al ver a la pareja aparecer en el recodo de la escalera.

- No fue mi intensión Mio-senpai. – Se disculpó Azusa una vez llegó al segundo piso.

- ¿Qué fue lo que pasó? – Preguntó la chica de los ojos grises mientras retomaban su camino al tercer piso.

- Bueno… es que yo… nosotras… - No sabía bien que decir, no quería explicar de más la situación con las hermanas Hirasawa. Tampoco quería dar detalles sobre lo demás.

- Azu-nyan quería terminar conmigo. – Exclamó Yui con cierta tristeza.

- ¡Te dije que no era eso! – Reclamó acalorada la kouhai.

- ¿Terminar? – Preguntó intrigada la chica de ojos dorados. – No me lo creo, acaso que te dijo.

- Me dijo toda seria: Yui, tenemos que hablar. – Dijo Yui intentando imitar la voz de Azusa.

- ¡Wooo! Entonces si quería terminar contigo. – Dijo una muy sorprendida Ritsu. – Siempre lo dicen en los doramas.

- ¿Verdad que si? – Exclamó Yui feliz porque Ritsu pensaba igual. – Pero como soy tan linda, Azu-nyan se arrepintió.

- ¡Que no era eso! – Insistió de nuevo Azusa.

- ¡Y me pidió perdón con un beso! – Exclamó la guitarrista con una enorme sonrisa y los ojos brillantes ignorando las quejas de su kouhai.

- Me haces ver como la mala. – Replicó la peli-negra de coletas algo desanimada. – Ya te dije que no era eso.

- ¿En serio Azusa? ¿Besaste a Yui en frente las demás estudiantes? – Exclamó Ritsu con una sonrisa. – Ahora entiendo porque se oía tanto escándalo.

- Es que Yui-senpai comenzó a llorar… y… - Azusa intentaba explicar torpemente aún con el rostro rojo. – y… solo… se me ocurrió eso… y… - Finalmente optó por bajar la mirada.

- Jejeje. Azusa cada vez es más atrevida. – Exclamó Ritsu burlonamente. – Pero debieron al menos esperarse a llegar al salón de música.

- Ahora que lo mencionas. – Interrumpió Mio a la chica de ojos dorados. – Sigue prohibido hacer "eso" en el salón del club.

- ¡¿Eh? ¡¿Por qué? – Reclamaron al mismo tiempo Ritsu y Yui. – Creí que como ya tenías a Ricchan levantarías esa regla.

- Oi, no te refieras a mí como si fuera un objeto. – Reclamó Ritsu a su amiga. – Aunque Yui tiene razón… como tú y yo ya… bueno… creí que dejarías.

- ¿No se les olvida alguien más? – Intentó explicar Mio. – No solo nosotras cuatro somos los miembros del club.

- Mugi. – Susurró la baterista al entender lo que Mio quería decir. – Mio tiene razón. – Exclamó con tono más serio. – El salón del club no es para estar haciendo "eso" sino para algo más serio.

- ¿Ensayar? – Preguntó Azusa ilusionada.

- Tomar el té. – Respondieron de nuevo Yui y Ritsu al tiempo.

Cuando llegaron al salón ya se encontraba Mugi acomodando la vajilla y preparando el té para cada una de sus compañeras, así como arreglando la porción del pastel que para ese día había llevado una torta de chocolate adornado con fresas encima. Azusa tuvo que retener con todas sus fuerzas a Yui para que no se abalanzara sobre aquel delicioso postre.

Cualquiera diría que la reunión de ese día fue tan normal y rutinario como cualquier otro día en el club de música ligera y aunque la actitud de todas pareciera común y corriente, obviamente los problemas seguían presentes. Azusa estaba ansiosa por hablar con su querida Yui. Consideraba el asunto tan delicado y privado que cuando su senpai le pidió que le dijera lo que le tenía que decir, la peli-negra con coletas solo le dijo que tenía que ser cuando estuvieran solo las dos.

Por otro lado, aparentando lo mejor posible con su actitud despreocupada, Ritsu no quitaba su mirada de Mugi. Lo hacía tan disimuladamente como le era posible y sin dejar de prestar atención a sus amigas y menos a Mio.

Estaban cansadas emocionalmente, tanto Ritsu como Azusa. No era el jardín de rosas que aparentaba ser desde el principio. Para empeorar las cosas el asunto no era directamente con sus parejas, lo que probablemente hubiera sido más llevadero, sino con una tercera persona. Y no eran personas cualquieras sino que significaban mucho para ellas.

Para la peli-negra, la menor de las Hirasawa era una de sus mejores amigas a la cual le tenía mucho cariño. Su amistad con ella era importante y como con toda amiga le importaba su felicidad. Tener a Yui como su pareja y a Ui por el otro lado sufriendo por ello la ponía en una situación delicada pero esperaba que si lograba hablar tranquilamente con ella algo podría solucionar.

Ritsu se encontraba en un predicamento similar. Desde que todo esto comenzó su paz mental se había visto perturbada y gran parte de la culpa tenía nombre y apellido – Maldita seas Mugi. – pensó la castaña para sus adentros. Aunque la rubia la había incitado a regañadientes a aceptar sus sentimientos por Mio, lo que le había causado grandes molestias durante días, y que afortunadamente había llegado a buen término; algo más la tenía inquieta sobre la tecladista de la banda.

El tiempo transcurrió como siempre hasta que llegó la hora de partir. Mio, Yui y Azusa se adelantaron mientras Mugi terminaba de limpiar la vajilla. Ritsu se quedó para ayudar a la rubia o al menos eso uso de pretexto.

Las tres chicas que se habían adelantado ya estaban cerca del portón de la escuela, cuando Azusa se detuvo.

- ¡Oh no! – Exclamó la kouhai al tiempo que buscaba entre las cosas de su maletín.

- ¿Qué sucede Azu-nyan? – Preguntó curiosa la castaña.

- Se me olvidó devolverle una cosita que me prestó Mugi-senpai. – Suspiró con desgano la peli-negra con coletas. – Ya regreso, no me demoro.

Sin decir más se dio media vuelta y se dirigió de nuevo al salón del club.

- Pero Azu-nyan. – Susurró Yui confundida. – Podrías haberla esperado aquí, no tenías que volver. – Dijo más para si misma.

- Gracias por ayudarme Ricchan. – Dijo la rubia con tono alegre.

- No es nada Mugi. – Respondió Ritsu mientras limpiaba la mesa donde se suelen reunir. – Me gusta ayudar.

- ¿De verdad? – Replicó Mugi con una risita burlona. - ¿Entonces por qué en casi 3 años no lo habías hecho?

- Ehhh… bueno… yo… - Tartamudeó la castaña con nerviosismo. – Siempre hay una primera vez para todo, ¿no crees?

- ¿Acaso hay algo que quieras hablar conmigo? – Preguntó la rubia mientras terminaba de acomodar la vajilla en el mueble de siempre.

En ese momento Ritsu calló y dejó de hacer lo que estaba haciendo. Pensó una vez más en la razón por la que estaba ahí. Necesitaba confirmar algo.

Aún en silencio se acercó por detrás a su amiga que seguía ocupada terminando de organizar todo. Solo a un paso de ella.

- Mugi.

La rubia dio un brinco de la impresión, girándose de inmediato y quedando entre el mueble de la vajilla de té y su amiga.

- Ricchan… que susto me diste… - Su voz estaba llena de nerviosismo, no solo por haber sido tomada por sorpresa sino por los ojos de la baterista. Nunca la había visto tan seria. – Ya… casi termino aquí y nos podremos ir.

- Aún no nos podemos ir Mugi. – Exclamó Ritsu con un tono de voz muy serio que hizo estremecer a la tecladista. – No sin que antes me respondas algo.

- ¿Cómo que sería? – Mugi estaba realmente nerviosa. Tragó saliva en un esfuerzo de tranquilizarse, Ritsu no solo la miraba con seriedad sino que estaba cerca, muy cerca.

Ritsu tomó su mano derecha con firmeza con intensión de retenerla en caso de que quisiera huir y se acercó un poco más a su víctima.

- ¿Qué es lo que sientes por mí?

La rubia abrió los ojos tanto como pudo ante la pregunta y sintió su boca secarse. Nunca antes Mugi tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para guardar la compostura como en ese momento.

- Que… que pregunta tan rara. – Exclamó la tecladista intentando aparentar tranquilidad con su usual sonrisa. – Pues claro que eres mi amiga.

- ¡No me mientas! – Exclamó Ritsu casi gritando, la sonrisa de Mugi desapareció al instante, ahora miraba a la castaña casi con miedo ante tal reacción. – No mientas Mugi, no lo hagas… no más…

- No… Ricchan… - Como lo previsto por la baterista, la rubia intentó huir pero la chica de mirada ambarina rápidamente la retuvo abrazándola contra ella. – Déjame ir, por favor. – Los ojos azules de Mugi pronto se anegaron en lágrimas suplicantes.

- No… tú me dijiste que no huyera de mis sentimientos… ahora… yo te digo los mismo… Mugi…

- ¡No me hagas decirlo, por favor! – En ese momento Mugi comenzó a llorar amargamente. Lentamente las fuerzas la abandonaron cayendo al piso en brazos de Ritsu.

- Mugi… lo siento… - Susurró la castaña que ya había dejado de retener a la rubia para darle un abrazo más gentil el cual Mugi correspondió de la misma forma.

- Siento… que si lo digo… todo se caerá a pedazos… - Murmuró la chica de ojos azules en brazos de Ritsu. – Pero… Ricchan… tú… ya lo sabes…

- Maldita seas Mugi. – Pensó la baterista al sentir temblar a la rubia entre sus brazos. – Ahora, ¿Qué haré contigo? - Ritsu estrechó más el abrazo con su amiga pero de una forma más gentil en un intento, tal vez inútil, de consolarla. Ya no había necesidad de decir nada, todo estaba claro. Así que quedaron en silencio.

Entre tanto en la entrada del colegio, Yui y Mio esperaban a sus respectivas parejas.

- Así que tú y Ricchan por fin están juntas. – Dijo Yui rompiendo el silencio que había quedado luego que se marchara Azusa.

- ¿Umm? ¿A qué viene eso ahora? – Preguntó Mio algo azorada.

- Mio-chan. – Yui dirigió la mirada hacia su amiga peli-negra con total seriedad.

- ¿S… si? – La bajista se puso nerviosa ante esa mirada.

Tú y Ricchan… bueno… ustedes ya… - La mayor de las Hirasawa, en ese instante desvió la mirada totalmente apenada mientras jugaba con sus dedos. - ¿Lo han hecho?

- ¿Hacer qué? – La pregunta sobraba. No había que ser genio para adivinar a que se refería Yui. La bajista comenzó a ruborizarse y su corazón a latir con fuerza.

- Pues eso… - Yui hizo una pausa y tragó saliva. – sexo.

- Eso… eso… eso no te incumbe. – Exclamó Mio intentando fingir indignación.

- Entonces es un sí. – Replicó la castaña con alegría al tiempo que tomaba sus manos. - ¿Podría preguntarte algunas cosas?

- Maldición Yui. – Pensó la peli-negra completamente frustrada. – Eres como Ritsu. Astuta en las cosas más raras. – Mio Suspiró y se dirigió a Yui. - ¿Qué cosas?

- Para empezar ¿Cómo se hace?

- ¡Como si te fuera a decir! – Exclamó Mio exasperada.

- Ayúdame Mio-chan. – Yui casi se tiró de rodillas a suplicar.

- No puedo decirte ese tipo de cosas aquí. – La incomodidad de la bajista aumentaba así como el rubor de su rostro. - ¿Acaso estás loca?

- ¿Si me vas a ayudar? – Yui la miraba con ojitos suplicantes.

- ¿Por qué yo? – Mio buscaba una excusa para zafarse de eso. – Te llevas mejor con Ritsu, deberías hablar con ella.

- Porque Ricchan solo se burlaría de mí. Tú eres más confiable y discreta. – Ahora Yui la miraba con admiración. – Por favor, Mio-senpai.

Yui tenía razón con respecto a Ritsu. No es que la baterista no fuera confiable, todo lo contrario. Para Mio no existía nadie más confiable que su querida alborotadora de ojos dorados. Pero a veces Ritsu era indiscreta y más si podía divertirse a costa de ella. No quería que terminara contando algún detalle vergonzoso.

Los pensamientos de Mio la llevaron a ese día que estuvo con Ritsu y su rostro se puso más rojo que un tomate al recordar su propia actitud de ese día. – No puedo creer que haya hecho eso.

- No… no sé cómo podría ayudarte. – Respondió Mio intentando tranquilizarse. – Un momento… si me preguntas esto… eso quiere decir que tú y Azusa no han… hecho "eso".

- Moo… no te vayas a burlar Mio-chan. Por eso no quería preguntar a Ricchan.

- No es eso. Pero con lo melosas y atrevidas que son yo creí que… bueno… ustedes ya…

Ahora era turno para avergonzarse a Yui quien sonrió nerviosa y ligeramente ruborizada.

- No es que no queramos. – Dijo la castaña jugando nuevamente con sus dedos. – Lo que pasa es que…

En ese instante Yui divisó a su pequeña kouhai, distrayéndola completamente de su conversación con la bajista.

Como de costumbre, Yui se abalanzó sobre la gatita abrazándola y mimándola con cariño. Lo que no notó la castaña fue la expresión de Azusa, estaba algo pálida y tan distraída que casi ni prestó atención a lo que ocurría a su alrededor. Solo reaccionó cuando los suaves labios de Yui rozaron delicadamente el contorno de una de sus orejas lo que provocó como muy bien sabía la castaña ese melodioso gemido-maullido que tanto gustaba oír.

Entonces Azusa alzó la mirada para encontrarse con el rostro sonriente de su alegre senpai. Su sonrisa era algo especial, como si de alguna forma deshiciera todos los problemas y los enviara al olvido, como si el mundo fuera perfecto solo ser ella. La pequeña peli-negra solo pudo reaccionar de la única forma que sabía y por un pequeño instante olvidó todo aquello que la aquejaba fundiéndose en un apasionado beso.

Mio, que ahora solo era espectadora, no pudo evitar sonreír ante la muestra de afecto entre sus amigas. A pesar de tanta pasión había cierta pureza en la forma que se expresaban. Ciertamente había algo diferente entre el amor entre Yui y Azusa y el que sentían Mio y Ritsu.

Tal vez porque simplemente eran personas diferentes.

- Yui. – Interrumpió amablemente la chica de ojos grises a la pareja. – De lo que estábamos hablando. No lo presiones o podrías arruinarlo. Que ocurra cuando tenga que ocurrir.

- Gracias Mio-chan. – Sonrió alegremente la castaña mientras se estrechaba más contra su gatita.

Sin embargo la interrupción de la bajista trajo de regreso a Azusa de su privado mundo de fantasía con Yui a la realidad. Una realidad que parecía complicarse más.

- Tenemos que irnos Yui. – Exclamó la pequeña peli-negra con coletas mientras tiraba de la mano de su pareja. – Hasta luego Mio-senpai.

- Es… espera Azu-nyan… - La castaña estuvo a punto de tropezar por el repentino actuar de su kouhai. – A… adiós… Mio-chan… - Yui se despidió torpemente mientras era arrastrada. - ¿Qué sucede Azu-nyan? ¿Por qué la prisa?

Pero Azusa no respondió. Guardó silencio hasta se hubieron alejado bastante de la escuela. Entonces se detuvo de repente y miró a Yui, quien se le heló la sangre al ver el rostro pálido y afligido de Azusa. Nunca antes la había visto así, tanta tristeza.

Yui abrió la boca para decir algo, pero las palabras murieron en sus labios. La verdad es que no había que decir.

Azusa siguió caminando sin decir nada y Yui la siguió en silencio hasta el mismo parque donde había terminado su primera cita. Se sentaron en la misma banca de entonces, allí donde ocurrió su primer beso y por unos 15 minutos ninguna dijo nada ni hizo nada hasta que Azusa apoyó su cabeza en el hombro de la castaña.

- Yui… ¿Por qué las cosas tienen que complicarse tanto? – La dueña de Gitah no respondió. Toda esta situación la tenía tensa. Nunca había estado tan tensa en su vida. Casi sentía que si decía algo incorrecto iba a arruinar muchas cosas. Cosas importantes. - ¿Acaso cometimos algún pecado?

La peli-negra suspiró y con calma poco a poco le fue contando a Yui todo lo que había ocurrido con Ui y que además había otra cosa que podía arruinar al club de música ligera. Algo que había presenciado sin querer, lo de Ritsu y Mugi.

- ¿Qué vamos a hacer? – Preguntó la kouhai entre un suspiro.

Yui seguía sin poder pronunciar palabra alguna. Estaba totalmente abrumada por todo lo que Azusa le había contado. ¿En verdad todo aquello estaba sucediendo? No era capaz de procesar todo aquello y se preguntaba como hacía Azusa para no desesperarse.

Así que hizo lo único que podía. Abrazarla con todas sus fuerzas.

- Por Mio-chan, Ricchan y Mugi-chan no podemos nada. – Respondió finalmente Yui luego de un largo silencio. Azusa la miró sorprendida, no esperaba que la mayor de las Hirasawa fuera a tomar esa posición con respecto al problema con sus amigas. La peli-negra la interrogó con la mirada, buscando una explicación. – El problema es entre ellas y ellas deben solucionarlo. Si nos involucramos es posible que solo empeoremos las cosas. Solo nos queda confiar que todo saldrá bien.

- Tienes razón. – Exclamó Azusa bajando la mirada. Lo que decía Yui era cierto. Si lo miraba desde ese punto de vista no le gustaría que alguien más se metiera en su problema con Ui. Eso solo complicaría las cosas. Solo podían confiar en que ellas podrán solucionarlo.

- Y con respecto a Ui… - La castaña alzó la mirada al cielo como si allí fuera encontrar la respuesta. No sabía qué hacer. Nunca antes se había enfrentado a este dilema. Adoraba a su hermanita y haría cualquier cosa por ella pero como su kouhai planteaba la situación sentía que debía escoger entre Azusa y Ui. Eso era algo que no podía aceptar.

¡Cómo era posible que tuviera que elegir entre las dos personas más importantes de su vida!

No podía si quiera considerarlo. Solo pensar en ello la abrumaba a un punto que sentía que se ahogaba.

Finalmente las lágrimas abandonaron sus ojos y rodaron por su mejilla testigos de su frustración. Pero los suaves labios de su gatita, que delicadamente tomaba sus lágrimas, la hicieron reaccionar.

- No pienses en el peor escenario, Yui. – Dijo suavemente la peli-negra, intentando con sus palabras y besos evitar que se rompiera el corazón de la castaña. – Encontraremos la forma de que todo termine bien. - Yui solo pudo asentir en silencio mientras Azusa se acomodaba sentándose en las piernas de la castaña sin dejar de proporcionar la suave caricia de sus labios. La peli-negra había logrado tranquilizar a su senpai, pero no era la única que estaba más tranquila. – Gracias Yui. Realmente me hacía falta poder hablar de esto con alguien. Sentía que me iba a volver loca si no.

- ¿Qué debemos hacer Azu-nyan? – Preguntó Yui con obvia preocupación en el tono de su voz.

- Creo que lo primero que deberíamos hacer es hablar con ella.

- Déjame a mí hablar con Ui.

- No Yui. Debo ser yo.

- ¿Por qué?

- Porque fue a mí a quien agredió. Si vas tú se pondrá a la defensiva porque sentirá que te acusé contigo. – Un gesto de decepción apareció en el rostro de Azusa. – Es obvio que valora más lo que siente por ti y lo que sientes tú por ella que su relación conmigo.

- No digas eso Azu-nyan. – Replicó Yui con voz suave. – Ella también te quiere. Al menos confía más en ti al expresar lo que siente que conmigo.

- No es cierto. Ui no quería arriesgar a perderte… por eso…

Las dos se miraron a los ojos un momento antes de romper a reír.

- ¿Qué estamos haciendo Yui? – Dijo Azusa entre risas. - ¿Peleando a quien Ui quiere más?

- Eso parece. – Respondió la castaña mientras intentaba aguantar las ganas de tanto reír. Luego miró con una sonrisa a su kouhai para abrazarla de nueva cuanta contra sí. – Todo saldrá bien, ¿cierto?

- No lo sé. Pero haré todo lo que pueda para arreglar esto.

- Confío en ti y también en Ui. – Yui le regaló la mejor de sus sonrisas a Azusa. – Azu-nyan, me he estado preguntando, ¿Por qué no me dijiste nada de esto ese mismo día?

- Bueno… - La pequeña gatita se ruborizó. – Si te hubiera dicho algo hubiera arruinado ese fin de semana… yo…

- ¡Que linda! – Yui la abrazó fuerte frotando su mejilla contra la de la peli-negra. – Azu-nyan, decidiste dar prioridad a tus deseos y a mí. – La pobre kouhai solo pudo avergonzarse y bajar la mirada.

- Sé que hice mal… pero yo…

- Tranquila Azu-nyan, no te culpes. – Yui acarició suavemente su mejilla con cariño. – Pero ahora hay que arreglar esto. Ui debe estar en casa, ¿vamos? – La castaña terminó por darle un beso en la nariz de su gatita.

- ¡Nya! – Azusa sintió su cara arder. – E… está bien… pero déjame a hablar a mi primero.

Abandonaron el parque y se dirigieron a la casa de las Hirasawa, con mejor ánimo que con el que habían llegado allí. Yui, por un momento, realmente sintió que todo aquello que quería se estaba derrumbando pero ahora sentía confianza y tenía la esperanza de que todo saldría bien.

Seguramente estaban exagerando las cosas y no era tan grave como parecía.

De ninguna manera estaba dispuesta a tener que escoger entre su hermanita y su gatita. La vida no podría ser tan cruel.

Una vez en frente de la casa, las dos se tomaron un tiempo para organizar el "plan". Yui se quedaría afuera hasta que Azusa le enviara un mensaje de texto al celular, mientras la peli-negra entraría a casa para enfrentarse a Ui.

No podía ser más sencillo.

Ahora solo quedaba ejecutarlo.

Azusa suspiró y Yui le dio ánimos como solo ella sabía hacerlo. Con una gran sonrisa. Aunque parecían calmadas, la verdad es que estaban muy nerviosas. Casi podían escuchar el latir de sus propios corazones.

Tomando aire, Azusa entró con cuidado intentando hacer lo menos ruido posible. Se quitó sus zapatos y dejó su mochila a un lado. Ya se dirigía a la escalera del segundo piso cuando escuchó su voz.

- Onee-chan, ¿Eres tú?

Por un momento se quedó sin aliento y rápidamente su mente recordó lo ocurrido ese día. Tenía dudas de lo que debía decir y quería a Yui a su lado para que la apoyara, pero estaba segura que la presencia de la mayor de las Hirasawa solo complicaría más las cosas.

Haciendo acopio de todo su valor, Azusa comenzó su ascenso al segundo piso.

- ¿Onee-cha… - Ui quedó en silencio al ver que era Azusa quien estaba en su casa. - ¿Qué haces aquí?

Vine a hablar contigo. – La voz de Azusa era seria y seca, parecía molesta pero no era así. Estaba tan nerviosa que casi ni podía controlarse y simplemente no podía evitarlo.

- No… - Ui la miro con temor y dio un paso hacia atrás. – Vete de aquí. – Entonces la menor de las Hirasawa echó a correr.

- Espera… Ui, no huyas.

Instintivamente Azusa comenzó a perseguir a la castaña. Aunque el segundo piso no era tan amplio y no había mucho a donde correr, Ui se las ingeniaba para esquivar a la gatita. Sobre todo apoyándose en la pequeña sala donde la mesa le daba la distancia necesaria para estar fuera del alcance.

En un intento fallido de Azusa por atrapar a Ui, la castaña vio su oportunidad de llegar a su habitación. Esquivando a la peli-negra, se dirigió lo más rápido que pudo a su objetivo y cuando ya iba a cerrar la puerta tras de sí, la gatita saltó sobre ella cayendo ambas chicas al piso.

Momentáneamente aturdidas por el impacto, se quedaron quietas unos segundos hasta que Ui se percató que la había atrapado y ahora se encontraba debajo de Azusa.

- ¡Suéltame! ¡Déjame ir!

- No lo haré. – Azusa forcejeaba con la castaña, intentando controlarla.- No hasta que hablemos.

- ¡No hay nada que hablar! – Ui estaba histérica, pataleando con fuerza para quitarse a la peli-negra de encima y decidida a no escuchar lo que tuviera que decir. No se sentía preparada para el desprecio, o al menos ella pensaba que sería así. – ¡No tengo nada que hablar contigo! ¡Tú no entiendes nada…

Primero un sonido seco y luego silencio.

- Si lo entiendo Ui. – Azusa le había propinado una bofetada a la menor de las Hirasawa que la dejó paralizada de la impresión. – Entiendo lo que sientes. – Unas pequeñas lágrimas comenzaron a recorrer sus mejillas. – Te sientes abandonada, ¿no es así? Yui y yo te hicimos a un lado. – Azusa se recostó con cuidado sobre Ui. – Lo siento. – Susurró suavemente.

- Azusa-chan… tonta. – Suavemente la abrazó la menor de las Hirasawa. – Se supone que me odiarías.

- Tú eres la tonta. – Azusa dejó escapar una risita. Luego se quitó de encima de Ui y le tendió la mano para que se levantara. - ¿Vamos a hablar o tendré que seguir persiguiéndote?

La castaña no respondió nada pero tomó la mano de su amiga aceptando la invitación. Aún seguía tensa y nerviosa, pero extrañamente también más relajada y sin ofrecer más resistencia se sentó en la sala. Azusa por su parte se tomó el atrevimiento de ir a la cocina a preparar algo de té, aunque Ui insistió en que se lo dejara a ella, la gatita no se lo permitió.

Una vez hubo servido la bebida y unos bocadillos, la peli-negra se sentó al lado de su amiga. Una leve tensión se volvió a alzar entre ellas, por lo inminente de lo que iban a decir. Un leve silencio antes de continuar.

- ¿Por qué no dijiste nada Ui? – Comenzó Azusa. - ¿Por qué te guardaste todo esto?

- Yo solo… - Ui suspiró y bajó la mirada avergonzada. – No quería interferir en tu relación contigo y Onee-chan. No quería ser una molestia pero…

- No pudiste soportarlo más. Es lo que pasa cuando te guardas las cosas para ti, terminan explotando. – Azusa miró al techo intentando imaginar cómo se habrá sentido su amiga. – Debiste decir algo, hablarlo con Yui.

- ¡No podía! – Replicó la castaña. – Ella se veía tan feliz que de haberle dicho algo se lo hubiera arruinado.

- ¿Y crees que ahora las cosas son mucho mejor? – La voz de Azusa tenía un tono tan serio que hizo estremecer a Ui. Ciertamente las cosas no estaban mejor. – Aunque antes que regañarte por ello, creo que debo pedirte perdón y también de parte de Yui porque hemos sido bastante egoístas. Desde que todo esto comenzó hemos estado ignorando todo a nuestro alrededor. Finalmente terminamos por lastimar a alguien muy querida por nosotras.

Ui la miró sorprendida. Siempre creyó que tener que enfrentar a Azusa sería para pedir perdón no al contrario. Que sería la juzgada no la juez.

- No… ¿Qué haces Azusa-chan? – La castaña se sentía confundida. – Yo fui la que hizo mal, no tú.

- Te equivocas. – La peli-negra la miró con tristeza. – Tu solo actuaste en consecuencia a nuestro egoísmo y …

Las últimas palabras se quedaron sin pronunciar ante el repentino abrazo de Ui.

- No tienes que disculparte. – El abrazo y el suave tono de voz de Ui hizo estremecer a Azusa. En esa situación era casi igual que estar con Yui. Hasta su aroma era similar. La peli-negra se ruborizó al instante. – Estás enamorada. Creo que tienes derecho de disfrutar tu idilio con Onee-chan. – La castaña casi masculló esas palabras referentes a su hermana intentando ocultar su malestar.

Azusa quiso refutarle, pero su amiga tenía razón. Ella misma lo había decidido ese día al no contarle a Yui sobre lo ocurrido con su hermana. Había decidido su felicidad por sobre Ui y eso la había estado mortificando desde entonces. Era su derecho, pero de alguna forma no sentía que hubiera sido lo correcto. No cuando alguien más sufre por esa decisión.

- Lo siento. – Susurró de nuevo la gatita y terminó por darle un beso en la mejilla. – Creo que se está volviendo tradición.

- ¿Qué cosa? – Preguntó Ui mientras se tocaba donde le besó, el mismo lugar donde antes le había dado la cachetada.

- N… nada. – Replicó al tiempo que se separaba de Ui.

- Te acuerdas Azusa-chan, ¿cómo nos conocimos? – La peli-negra asintió lentamente. – Aunque tratabas de disimularlo estabas muy interesada con el club de música ligera. Casi tuve que arrastrarte al auditorio para que las oyeras tocar.

- Yo quería ser parte de una banda y saber que había una en el colegio me entusiasmó. – Azusa sonrió recordando lo ocurrido hace un poco más de un año. – El club de jazz no era exactamente lo que esperaba, pero el club de música ligera pareciera ser algo extraño.

- Tuve un presentimiento sobre ti entonces. Que encajarías bien con la banda. – Ui suspiró profundamente. – Antes de que te unieras, Onee-chan siempre me contaba las cosas que hacían en el salón del club, cosas de las chicas, sobre Mio-san, Tsumugi-san y Ritsu-san. Me hacía feliz escucharla. Pero cuando tú te uniste… - Antes de continuar, la castaña miró hacia el techo de la casa. – Cuando tú te uniste, poco a poco la conversación de Onee-chan sobre la banda comenzó a cambiar. Comenzó a hablar más sobre ti, y más todavía luego del campamento de entrenamiento. – Una risita escapó de los labios de Ui. – Tú te quejabas de que Onee-chan no hacía más que abrazarte, pero podía notar que eso a ti te gustaba aunque intentaras negarlo.

- Es que era incómodo. – La peli-negra se ruborizó. – No estaba acostumbrada a ese tipo de muestras de afecto tan directas como las de Yui.

- Al principio no le di mucha importancia, pero cada vez era más seguido y continuo lo mucho que hablaba sobre ti. Hasta que un día llegó a casa y lo primero que dijo fue: "Quiero mucho a Azu-nyan, es tan linda".

- Pero, no creo que eso fuera tan raro. – Replicó Azusa algo cohibida.

- Es cierto, no era la primera vez que decía que te quería o que eras linda, pero en su tono de voz y en sus ojos había algo distinto. Recuerdo que ese día casi me corto con el cuchillo de la sorpresa. – Ui sonrió divertida por aquel recuerdo. – Por cierto, ¿Qué pasó ese día?

- ¿Exactamente cuándo fue eso? – Preguntó la peli-negra.

- Fue más o menos a finales del otoño pasado. – Respondió la menor de las Hirasawa.

- A finales de otoño… ummm… - Súbitamente Azusa se puso toda roja y desvió la mirada. – N… no recuerdo… que pudo haber pasado. – Dijo con su voz quebrada de nerviosismo. Ui, que había notado aquella reacción, la miraba insistente buscando que le contara. Finalmente la peli-negra cedió ante el insistente silencio. – Bueno… ese día solo estábamos Yui y yo e insistió que hiciera el nyan nyan dance.

- Debió ser divertido, pero creo que no fue solo eso.

-No. Luego de insistirme, accedí. Cuando terminé de bailar, Yui estaba tan feliz que se puso a saltar. Terminó cayendo y golpeándose la cabeza contra la mesa. Tal vez estuvo inconsciente unos segundos pero me aterroricé y cuando finalmente despertó, le dije que era una tonta por asustarme así. Terminé abrazándola y llorando en sus brazos. – Azusa explicó aún algo ruborizada. – Finalmente le di un besito donde se golpeó y le coloqué una bandita en la herida.

- Ahora entiendo. En fin, desde ese día cada vez que hablaba de ti tenía en sus ojos un brillo especial. Pensando en la posibilidad de que estuviera enamorada de ti me hizo feliz, pero al mismo tiempo me sentí triste. Feliz que Onee-chan tuviera alguien a quien amar y triste porque eso quería decir que se alejaría de mí.

- No, Ui. – Azusa tomó la mano de su amiga. – Nunca ha sido mi intensión alejarte de Yui.

- Lo sé. Pero es lo que ocurrirá al final. Te escogerá por encima de mí. – La tristeza en la mirada de la castaña era evidente. – Cuando por fin formalizaron su relación yo las apoyé. Si Onee-chan no se iba a quedar conmigo al menos estaría contigo. Pero… -Las lágrimas de nuevo volvían a aparecen los ojos de Ui. – Pero con cada día que pasaba se hacía más difícil. Con cada día Onee-chan se alejaba de mí y se acercaba más a ti. Cada vez hablábamos menos y llegaba tarde a casa por estar contigo. – Ui miró directamente a Azusa a los ojos. – Te odié ¡Te odié Azusa-chan! – La peli-negra se estremeció por aquellas palabras. – Te odié. Quería a mi Onee-chan de regreso, la quería conmigo porque ella es mi vida. Te odié… o al menos así debió ser.

- ¿A qué te refieres?

- Ese día, cuando te besé buscaba lastimarte. Pero me di cuenta que yo no te odiaba para nada sino todo lo contrario. – La castaña bajó la mirada intentando ocultar su rostro.

- Ui… no me digas que…

- ¡No se supone que sería así! Yo… yo no supe que hacer… ¡estaba sola! ¿Acaso que debía hacer?

- Solo tenías que venir a mí.

Tanto Ui como Azusa giraron la mirada hacia las escaleras para encontrarse con Yui.

- ¿Qué haces aquí Yui?

- Lo siento Azu-nyan, no pude esperar más. – La mayor de las Hirasawa se acercó lentamente a las dos chicas. Ui la miraba con miedo pero una vez frente a ella, Yui la abrazó con cariño. – Siempre has estado para mi, Ui. Siempre me has cuidado y me has dado lo mejor de ti. Se supone que yo soy la hermana mayor, deberías confiar un poquito en mí y buscarme cuando tengas problemas sin importar cuan graves sean. Si no puedo ayudar al menos no estarás sola.

- Lo… lo siento Onee-chan.

Ui correspondió el abrazo de su hermana y comenzó a llorar, desahogando toda la frustración que había venido guardando. Azusa sonrió para si, al ver a las dos hermanas en aquel conmovedor abrazo, pero sentía que ya estaba sobrando ahí. Entonces se dispuso para marcharse pero en el momento que se puso de pie el agarre tanto de Ui como de Yui la detuvieron.

- Aún no te puedes ir Azu-nyan.

- Aún no te puedes ir Azusa-chan.

Las voces de las dos hermanas sonaron al tiempo.

- Pero…

-Sin peros Azu-nyan. – Las dos Hirasawa tiraron de la mano de la peli-negra haciéndola sentar justo en medio de las dos.

- ¡Pero Yui! – Exclamó la gatita algo acalorada. – Creo que ustedes dos deberían hablar un tiempo, a solas.

- Onee-chan tiene razón, Azusa-chan. No puedes irte aún.

- ¡No es justo! – Reclamó la peli-negra. – Las dos contra mí.

Rendida totalmente ante la presencia de las hermanas, la gatita se quedó alrededor de otros 45 minutos. La verdad fue ligeramente incómodo, aunque Ui propuso que se quedara fue la que menos habló. Para Azusa era obvio que había cosas que quería decir pero solo a su hermana.

Por su parte Yui fue la que más habló. Tal vez era demasiado optimista y quería que las cosas volvieran como antes, pero Azusa sabía que habían cruzado una línea de la cual no podía volver. Es como Ui había dicho y lo que Yui temía, tendría que escoger. Tal vez pudieran posponer esa decisión pero tarde que temprano habría que hacerla.

Suspiró mientras caminaba lentamente por la calle, tomando el camino más largo. Antes de entrar a esa casa creyó que al final del día se habrían aclarado muchas cosas pero había una cosa que había dicho Ui que la dejó pensativa.

Azusa atravesaba el distrito comercial cuando vio a lo lejos una figura conocida a la cual se acercó.

- Hola Ritsu-senpai. – Saludó la peli-negra. La baterista dio un brinco hacia atrás por la sorpresa, obviamente estaba absorta en sus pensamientos, cosa que no pasó desapercibida por la kouhai. – Supongo que tienes los mismos problemas que yo.

- ¿Azusa? Vaya sorpresa. – Exclamó Ritsu algo agitada. – Es bastante tarde para que estés en la calle. ¿Yui te mantuvo ocupada? – Dijo en tono pícaro recobrando la compostura.

- Algo así. – Respondió sin mayor sobresalto. – Ritsu-senpai. ¿Te puedo hacer una pregunta?

- Dispara.

- ¿Se puede amar a dos personas al mismo tiempo? – Ritsu fue incapaz de respirar al sentir caer dicha pregunta.

- ¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Acaso ya piensas engañar a Yui? – Dijo la baterista en tono burlón pero Azusa no reaccionó lo que obligó a Ritsu a tomar la pregunta en serio. – Ya en serio, ¿Qué haces preguntando ese tipo de cosas? Si quieres saber mi opinión, si puedes pero no es el mismo tipo de amor. El tipo de amor que sientes por Yui solo se lo puedes dar a ella. Y aún si pudieras, a la larga siempre terminarás por escoger a una.

- Lo supuse. Es imposible. No puedo amar a Ui de la misma forma. – Azusa sintió unas ganas terribles de llorar pero logró guardar la compostura. – No importa como, alguien saldrá lastimada. – La gatita tocó sus mejillas y recordó la particular despedida de las hermanas Hirasawa. Un beso de cada una, al mismo tiempo y en cada mejilla.

- Así es. – Ritsu suspiró. – Veo que tienes muchas cosas en mente.

- Al igual que tu.

- ¿Tanto se me nota?

- No eres de estar sola mirando con tanto detenimiento una vitrina de una tienda de vestidos elegantes y femeninos.

- ¿Eh? – La baterista giró su vista al lugar donde antes tenía fija su mirada. – Yo… bueno…

- Buenas noches Ritsu-senpai y gracias.

- De nada. – Tranquilamente Azusa se despidió y continuó su camino. – Oi, Nakano Azusa. No vayas a lastimar a Yui por un tonto capricho.

- Y tu Tainaka Ritsu… - Azusa dudó un segundo antes de continuar. – No hagas sufrir mucho a Mugi-senpai.

La baterista se quedó helada en su lugar mientas la menor de la banda se perdía de su vista.

- Lo sabe.

Entre tanto, en la casa de los Hirasawa, Yui y Ui cenaban tranquilamente mientras veían la televisión. Bajo un aire de cierta normalidad, como siempre, la menor de las hermanas había preparado la cena a pesar de la insistencia de la mayor en ayudar.

Yui estaba nerviosa y más desde que se marchó su pequeña gatita. La verdad es que había insistido en que Azusa se quedara solo para evitar hablar a solas con su hermana. También era cierto para Ui. La peli-negra había sido su escudo para enfrentarse a su hermana mayor, ahora sin ella estaba indefensa.

- Ya está listo Onee-chan. – Exclamó la menor de las Hirasawa intentando aparentar tranquilidad. – Espero te guste.

- Ummm. Esta rico Ui. – Respondió Yui con una sonrisa.

La menor se sentó a su lado para cenar también, pero Yui apenas si había dado el bocado y no había comido más. Obviamente Ui lo notó y quiso escapar. Intuyendo los pensamientos de hermana menor, Yui la tomó de la mano.

Ui se estremeció y esperó.

Pero ninguna palabra salió de labios de Yui. No sabía como empezar. Así que a falta de palabras decidió actuar.

Gentilmente tiró de la mano de Ui, atrayéndola hacia si y finalmente abrazándola con cariño.

- Onee-chan… - Susurró sorprendida la hermana menor por el gesto.

- Te quiero, Ui. – Exclamó la mayor, sin soltarla de su abrazo.

La menor de las hermanas sintió como si se quedara sin aire y las lágrimas se agolparon en sus ojos. Yui no necesito decir más, Ui entendía perfectamente lo que esa declaración quería decir y no era precisamente lo que quería escuchar.

La mayor rompió el abrazo y con sus dedos limpió las pocas lágrimas que ya comenzaban a fluir de su hermana menor. Regalándole su mejor sonrisa volvió a acercarse y ante la sorpresa de Ui, Yui la besó.

Un beso tierno y delicado pero turbulento en sus emociones que Ui no tardó en corresponder.

Fue un largo beso, pero que finalmente la misma Yui interrumpió delicadamente. Ui respiraba agitada por aquel gesto tan deseado que intentó recuperarlo, sentirlo de nuevo, pero Yui la detuvo colocando los dedos sobre sus labios.

- Lo siento, Ui. – Dijo con voz suave y triste. – Pero esto es todo lo que puedo ofrecerte.

Casi pudo oír como el frágil corazón de su hermana menor ser hacía pedazos con esa declaración. Sin poder soportarlo más, Ui corrió a su habitación cerrando la puerta tras de si y en total privacidad, en la soledad de su cama, llorar toda su frustración.

Yui se quedó en su lugar. Miró la comida ante ella y comenzó a comer muy despacio. No solo comió lo suyo, sino también lo que Ui había servido para si misma. Una vez terminó, recogió los platos y los llevó a la cocina para lavarlos.

Mientras hacía todo eso, Yui solo podía pensar en Ui y lo que significaba para ella. Habían estado juntas prácticamente toda la vida y siempre habían sido muy unidas. En su inocencia, Yui siempre quiso hacerla feliz, como cuando le ofreció una blanca navidad. Por su parte, Ui siempre estuvo al pendiente de su querida hermana mayor, a un punto que virtualmente había creado un mundo para Yui sin preocupaciones ni problemas.

Yui no desconocía todo lo que su querida hermana menor le había dado y siempre pensó que no le alcanzaría la vida para agradecerle sus cuidados y cariños. Pero por más que le debiera a Ui, nunca podría corresponderle su amor solo por compromiso. Primero, sería injusto para su hermana menor ofrecerle poco más que ilusiones vacías y segundo, su corazón ya tenía dueña. Solo podía hacer lo correcto, ser sincera y optimista de que todo saldría bien.

Una vez terminado con la limpieza, caminó hasta la habitación de su hermana y se quedó allí parada mirando la puerta en silencio. – Ui, ¿por qué no me lo dijiste antes? – Yui reconoció que había sido sobreprotegida. Por un instante quiso ser una verdadera hermana mayor y proteger a su querida hermanita. – Pero soy yo quien te hace daño.

Con cuidado entró en la habitación. Al parece Ui se había quedado dormida luego de llorar su tristeza. Se acercó en silencio y acarició con cariño el cabello de su hermana.

- Lo siento, Ui. – Susurró la mayor. – Tal vez mañana, todo sea mejor. - Con esas últimas palabras salió de la habitación.

Al día siguiente en la escuela antes de empezar clases, Azusa se encontraba concentrada, sentada en su escritorio mirando un punto en el infinito. Ya estaba cansada con toda esta situación y sentía como si se le hubiera fundido alguna neurona. Ya no era capaz de pensar en nada. – Necesito vacaciones.

- Hola Azusa. – Saludó Jun con mucha energía. - ¿Cómo estas?

- …

- ¿Azusa?

- …

- ¡No me ignores! – Gritó Jun al tiempo que le daba un golpe en la frente a la peli-negra.

- ¡¿Por qué fue eso? – Reclamó Azusa mientras se tocaba la frente.

- Por ignorarme. – Respondió indignada. – Parece que estas otro planeta y ni siquiera saludas. ¿Acaso tu pequeño triangulo amoroso te tiene preocupada?

- ¡Shhhh! – Azusa le tapó la boca a la indiscreta de su amiga. - ¿Qué te sucede? ¿Quieres que todo mundo se entere?

- ¡Déjame respirar! – La castaña se apartó respirando agitadamente. - ¿me querías matar?

- ¡Es tu culpa por estar diciendo esas cosas!

- Como sea. – Jun se aclaró la garganta. – ¿Entonces si es eso lo que te tiene pensativa?

- No estaba pensando nada, hace rato se me fundió el cerebro. – Dijo Azusa totalmente desanimada.

- ¿Cómo está Ui? – Azusa solo le respondió con un gesto negativo indicando que no sabía. – Eso explica porque ella ha estado tan dispersa y distante estas semanas. Creí que estaba enferma pero parece que son celos lo que sufre. – Eso último lo dijo Jun con cierta gracia.

- No es gracioso. ¿No ves que esta sufriendo?

- Traquila, conozco a Ui un poco mejor que tú y ella es más fuerte de lo que crees. – El rostro de Jun pareció ensombrecerse un poco. – Aunque me hubiera gustado que me hubiera buscado y así poder apoyarla. Supongo que es esa parte de ella que quiere hacerlo todo por su cuenta.

- Tal vez no quería involucrarte.

- Dejando eso a un lado. – Jun interrumpió al tiempo que señalaba hacia la entrada del salón de clases. – Creo que esas son fans tuyas.

- ¿Fans? – Azusa miró en dirección que señalaba Jun. Habían tres chicas de primero, mirando en su dirección, sonriendo y murmurando entre ellas.

- ¡Que linda eres Azu-nyan~! – Gritaron las chicas al mismo tiempo antes de marcharse. Las compañeras de clase de la peli-negra se rieron y corearon la frase de nuevo.

- Creo que el espectáculo de ayer fue muy bien recibido, sobre todo por las de primero. – Exclamó Jun de forma burlona. – y algunas de segundo.

- ¿Tu como sabes eso?

- Cuando venía para acá escuché algunas chicas de primero hablando de eso. – Era obvio lo divertido que era para Jun todo esa situación. – YuiAzu FanClub. Felicidades Azusa, ya eres muy popular ¿quieres hacerle competencia a Mio-senpai?

- Pero yo no… no… - Azusa solo podría imaginar las burlas de las chicas, en especial de Ritsu. Ya se imaginaba también a Yui feliz porque tenía club de fans, aún si no era por la música.

- Hola chicas. – La suave voz de Ui las interrumpió. - ¿Cómo están?

- Hola Ui. – Saludó Jun con total naturalidad.

- Hola… Ui… - Azusa también saludó un poco más nerviosa.

- Azusa-chan, ¿podría hablar contigo a solas durante el receso para el almuerzo? – Su voz era calmada y alegre, como la Ui de siempre.

- Claro.

- Entonces hablamos luego, que las clases ya van a empezar.

Ui se dirigió a su puesto y Jun antes de irse a su lugar le guiñó el ojo a Azusa en señal que se tranquilizara, que todo saldría bien.

Algo más tranquila, el tiempo de clase fue llevadero y hasta normal, algo que Azusa realmente daba gracias que luego de tanto pensar y tanto estrés hubiera un momento de calma.

En el momento del receso del almuerzo, Azusa siguió a Ui a un lugar solitario de la escuela para no ser interrumpidas por nadie.

- Aquí esta bien. – Dijo Ui con tranquilidad.

- E…esta bien. – Azusa comenzaba a sentirse nerviosa de nuevo y más porque Ui guardó silencio por unos segundos.

Finalmente la menor de las Hirasawa dio un paso hacia adelante y abrazó a la peli-negra.

- ¿Ui?

- Cuida mucho de Onee-chan, ¿sí?

- ¿Cómo? ¿Eso quiere decir que…

- Así es. – Ui le dio una sonrisa sincera. – Tienes mi aprobación para que estén juntas.

- Pero… - Algo confundida. - ¿Qué fue lo que te dijo Yui? – Ui miró al cielo y suspiró profundamente.

- Eso queda entre Onee-chan y yo. – La castaña bajó la mirada hacia su amiga. –Y perdona por lo que hice ese día.

- Por… por un momento creí que tu estabas… tu sabes… enamorada de mi.

- ¿Quién sabe? – Respondió Ui con una sonrisa. – Tal vez… en otra vida.

- Ui…

- Por cierto Azusa-chan, si haces sufrir a Onee-chan te la verás conmigo. Prométeme que nunca le harás daño.

-Lo prometo. – Respondió la pequeña gatita con seguridad. – Daré lo mejor de mí. Pero Ui, ¿Estarás bien?

- S…si… solo puede que me tome un poco de tiempo.

- Lo siento.

- Ya deja eso. No tienes nada por que disculparte. Mejor apurémonos o no tendremos tiempo para almorzar. – La castaña comenzó a caminar seguida por la peli-negra. – Por cierto, creo que me uniré al club de fans de YuiAzu. – Dicho esto, se rio y comenzó a correr.

- ¡¿Qué? – Sorprendida por esas palabras, Azusa se quedó quieta. – No puede ser cierto.

Una vez Ui estuvo fuera de la vista de Azusa dejó de correr y unas lágrimas comenzaron caer de sus ojos.

-Lo hiciste bien Ui. – La aludida se dio vuelta para encontrarse con Jun. – Ven, te invito el almuerzo. Supongo que con todo lo que ha pasado no hiciste el bento para hoy. – Ui, sin decir nada, amablemente aceptó su invitación.

El resto del día pasó igual que todos los días. Una vez finalizada las clases, Azusa de despidió de sus amigas y se dirigió hacia el salón del club pero nada más al entrar Yui la recibió con efusividad.

- ¡Azu-nyan! ¿Si te enteraste? Tenemos nuestro propio club de fans.

- Parece que su pequeño show de ayer llamó mucho la atención – Exclamó Ritsu con alegría. – Hasta ya venden fotos. – La chica de los ojos dorados entonces mostró a la pequeña kouhai la foto que tenía en la mano. – Tal parece que alguien la tomó con su celular. Es un beso bastante sensual, Nakano. – Ritsu apenas si podía contener su risa.

- ¡¿Qué? ¿De donde sacaste eso? – Reclamó alarmada la peli-negra con coletas.

-La vendían unas de primero. Creo que también hay una página web.

- No puede ser. – Dijo desanimada Azusa.

- Eso me da una gran idea. – Exclamó la líder de la banda. – Tengo unas fotos geniales del campamento de verano del año pasado. Me pregunto, ¿en cuanto podré venderlas? – La "genial" idea de Ritsu se derrumbó de un golpe propinado por Mio.

- ¡No la molestes! – Exclamó la bajista. – Tranquila Azusa, hablaré con Nodoka a ver si el Consejo Estudiantil puede hacer algo sobre eso.

- Gracias Mio-senpai.

- No es justo Mio-chan. – Reclamó Yui enérgicamente. – Yo quiero tener club de fans.

- Tal vez a ti si, pero es obvio que a Azusa le molesta. – Respondió firmemente la chica de ojos grises. – ¿O prefieres que ella se sienta mal siempre y cuando tengas tu club de fans?

- Claro que no. – Respondió Yui al tiempo que estrujaba a Azusa con su abrazo. – Nada me importa más que Azu-nyan sea feliz.

- Entonces déjame hablar con Nodoka.

- Perdóname Azu-nyan. – Le susurró Yui al oído a su gatita. – Me deje llevar y no pensé en lo que sentías.

- Descuida Yui. – Respondió la kouhai tranquilamente. – Sabía que te ibas a emocionar, pero prefiero pasar desapercibida y no que todo el mundo esté pendiente de nosotras.

- No lo pensé así. – Exclamó hoy al percatarse la posible falta de privacidad. – Pero no creo que Nodoka pueda hacer mucho.

- Tal vez, pero ayudará a disminuir las habladurías.

- Mejor vamos a comer. Mugi-chan trato unos postres deliciosos.

Ante la mención de la rubia, Azusa recordó lo que había presenciado el día anterior. Disimuladamente miró a Mugi quien alegremente servía el té como siempre. Luego puso su mirada en Ritsu, quien aún dolorida por el golpe de Mio, sonreía con gracia del asunto del club de fans. Una vez sus miradas se encontraron la baterista bajó la mirada. Azusa se acercó pero no tuvo que preguntar nada.

- No te preocupes Azusa. – Dijo Ritsu por lo bajo. – Yo sé que hacer.

- Confío en ti, Ritsu-senpai. – Exclamó la kouhai en un susurro. – No la hagas sufrir mucho.

Dicho eso, Azusa se retiró al lado de su querida Yui para disfrutar de los dulces de ese día. Finalmente sus problemas con Ui habían terminado, por el momento y podía disfrutar de una agradable tarde de las actividades del club.

Llegado el fin de semana, luego de unos muy comunes días de clase. La chica de ojos dorados se encontraba en frente de una enorme mansión. Dio un suspiro profundo, miró al cielo por unos segundos antes de volver a bajar la mirada hacia la lujosa construcción. Se arregló unos mechones de cabello que rebeldemente caían sobre su rostro y avanzó.

- Terminemos con esto.

NOTAS:

Hola a todos los que con paciencia… mucha paciencia han estado esperando la continuación de esta historia. Muchas cosas sucedieron como la corrupción del archivo donde escribía este capítulo lo que me obligó a escribirlo casi de cero, Diciembre con su alegría y distracciones sin fin xD además de falta de inspiración (más que todo depresión por el archivo que perdí). Así que les pido disculpas por la demora tan larga pero espero que haya valido la pena porque…eso va en las curiosidades :P

Primero: Este capítulo no es el último, debería pero no lo es. ¿Razón? Me salió tan largo que me vi obligada a dividirla en dos, además de no demorar más la publicación del capítulo. Así que habrá algo más de esta historia.

Segundo: Capítulo lleno de fanservice xD ehhh eso es precisamente por darle a la gente lo que pide (aunque fuera un poquito), espero no haberme pasado.

Tercero: Sé lo que algunos estarán pensando, que resolví todo muy rápido. La verdad es que si, pero como bien había dicho antes no quería y no quiero convertir esto en una novela eterna, así que no podía tardarme mucho en los desarrollos (no quiero imaginar lo largo que me habría salido esto si lo hubiera hecho con mesura).

Cuarto: Lo otro que deben estar pensando es que soy muy optimista en la resolución de los problemas. K-ON! Siempre ha sido optimista con la vida de las chicas (quien no hubiera querido irse de paseo a Londres al terminar el colegio por iniciativa propia lol) así que siguiendo el espíritu de la serie, resolví todo de forma optimista.

Quinto: YuiAzu FanClub Hell Yeah! Eso se me ocurrió cuando recién llegué ahí y pensé que sería deliciosamente gracioso molestar a Azusa con eso y más como es Ritsu para aprovechar esas situaciones.

Creo que eso es todo, espero no demorarme tanto para la segunda parte de este capítulo y darle conclusión a esta corta (o no tan corta) historia. Espero lo disfruten, como siempre espero reviews. Muchas gracias a todos y espero que hayan tenido un feliz día de San Valentín (y si no espero que igual la hayan pasado bien).

A veces creo que escribo mucho en estas notas :P

Copyright:

K-ON! Pertenece a Kakifly, Kyoto Animation y a los que sea que ganen dinero con él xD