—Aún no puedo creerlo. –Se repetía a sí mismo Grimmjaw entre las voces del bar, mientras de vez en cuando tomaba un sorbo de su cerveza. –¿Como pudo decirme que no? ¿Humillarme así? –Apretó sus dientes al decir aquello último, llamando la atención de su compañero.

—Aún no me creo que sigas obsesionado con la bella princesa. –Rió Nnoitra, dandole un buen sorbo a su cerveza. –¡Mírate! Tienes a todas las mujeres del pueblo a tus pies, y te preocupas por la hija del inventor. ¡De seguro en unos años termine igual de loca que él!

Grimmjaw apenas le dedico un gruñido, levantándose hacia la barra a pedir otro trago. Sí, Orihime era hermosa, pero también diferente a las demás mujeres de aquel lugar. Si es que estaba enamorado, o simplemente le dolía el orgullo el hecho de que una mujer lo rechazara, no lo sabía. Volteó su mirada hacia el reflejo de uno de los escudos de metal colgados en la pared y arregló un poco su cabello, causando más de un suspiro provenientes de las mujeres del lugar. ¡Es que esa chica debía de estar ciega! ¿Como era posible ser rechazado? Era el hombre más apuesto del pueblo, sin decir el más fuerte, más hábil... No sería el más inteligente, ¿Pero porque un hombre debía de serlo? ¿O una mujer? ¿Para que servía el cerebro cuando se tenía belleza?

Sus pensamientos se vieron interrumpidos al escuchar como la gran puerta de madera era abierta de golpe, dejando ver a Urahara, con su rostro pálido, mostrando temor. Las miradas de las personas en el bar se enfocaron el él, quedándose en un silencio muerto hasta que el sombrerero hablo.

—É-él la tiene... –Dijo en un susurro, con su vista perdida en la nada.

—¿Que? –Preguntó con confusión Grimmjaw, haciendo que por fin el hombre reaccionara.

—¡El la tiene! ¡A mi hija! ¡Tienen que ayudarme a salvarla! —Gritó, mientras se acercaba hacia el chico de cabello azul, tomándolo de su camisa.

—¿A Orihime? –El rostro de Grimmjaw se volvió completamente serio por un momento. –¿Quien la tiene?

—¡El monstruo! –Contestó, enfrentándose a los demás. –¡Era gigante, con pelo naranja, y la tiene encerrada en la torre!

Por unos segundos, el silencio se mantuvo, hasta que las risas comenzaron a resonar por toda la habitación.

—¿Un monstruo? ¿Con dientes grandes? –Preguntó aún entre risas Yammy, un hombre grande quien se dedicaba a vender y cortar madera en el pueblo.

—¿Y garras afiladas? —Continuó Nnoitra.

—¡Si! ¡Gigantes! ¡Y sus garras podrían desgarrar tu cuerpo en segundos!–Respondió con desespero Urahara, sin notar la broma detrás de las preguntas que respondía. –¿Me ayudarán?

—Oh, pero claro...

Nnoitra dejo de reír, aunque manteniendo una sonrisa cínica sobre su rostro, mientras tomaba al hombre rubio del hombro, arrastrándolo hasta la salida.

—¡Pero a salir de aquí!

Las risas resonaron al ver como el rostro de Urahara caía sobre la tierra húmeda y la puerta era cerrada sobre sus narices, aunque Grimmjaw mantuvo su rostro serio mientras observaba la escena.

—Oye, ¿Porque tan serio, campeón? –Preguntó en tono de burla Nnoitra, mientras limpiaba sus manos sobre su camisa, como si el hombre que acababa de tocar tuviera gérmenes. Al ver que no contestaba, su sonrisa desapareció. –No estarás pensando una locura, ¿Verdad?

Grimmjaw le hizo una seña con su dedo para que se acercara, y cuando lo hizo le susurró en el oido su idea.

—Es demasiado arriesgado. –Comentó Nnoitra, volviendo a sonreír.

—Lo sé.

—Me agrada.

—No funcionará. –Interrumpió Ulquiorra, quien había escuchado toda la conversación en silencio. –La chica te odiará.

Grimmjaw se levantó de su asiento de cuero fino, y se acercó al hombre de ojos esmeralda observándolo a los ojos con rabia.

—No creo que nadie quiera saber tu opinión luego de lo que pasó esta tarde, ¿No crees?

Ulquiorra simplemente mantuvo su rostro de indiferencia, volviendo a tomar de su bebida mientras desviaba la mirada. Eran un par de idiotas si creían que eso funcionaria, pero ya no le interesaba.


Orihime no sabía cuánto tiempo había estado llorando en aquella habitación. ¡Dios mío! ¡Había perdido a su padre! A su único amigo, su única familia... ¿Como sobreviviría sin él en aquel lugar tan horrible? Se sobresaltó al escuchar unos golpes en la puerta, y con algo de miedo, preguntó;

—¿Quien es?

—Yuzu... ¿No quieres algo de té?

Orihime se dirigió a la puerta aliviada de que no fuese la voz de aquella horrible y terrorífica bestia, si no de una chica, la cual sonaba amable y algo más joven que ella. Abrió la puerta mientras pasaba la manga de su vestido por sus ojos, intentando limpiar las lágrimas y que su rostro se viese un poco menos patético.

—No tienes porque... ¿Que? –Los ojos de Orihime se abrieron de par en par al observar cómo unas pequeñas tazas de té entraban a su cuarto, seguidas de una tetera, todas hermosamente decoradas con flores de distintos colores. –¿Ustedes pueden hablar? Pero es... –Se detuvo antes de continuar hablando, mientras se sentaba nuevamente sobre la enorme cama de la habitación. –Supongo que nada es imposible a este punto...

—¿Es muy extraño, no?

Orihime ahora soltó un grito por la sorpresa, al sentir como el armario que se encontraba al lado de su cama, ahora estaba reclinado sobre su cuerpo, observándola con dos hermosos ojos azules.

—¡Oh! Lo siento si te asuste, preciosa.

—N-no es nada... Es solo que estoy muy sorprendida. –Respondió, aún procesando todo lo que estaba pasando. –Solo leí de situaciones como estas en libros, ¡Pero nunca creí que podría ser real!

Yuzu se acercó a ella, mientras vertía algo de té sobre Yachiru.

—Te dije que estaba diciendo la verdad. –Le susurró la pequeña a su jefa en tono superior, mientras que esta simplemente le sonreía y le indicaba que fuera con ella.

—¿Porqué no tomas algo de té para ordenar tus pensamientos? –Le ofreció Yuzu con un tono amable.

—Muchas gracias. –Respondió Orihime, sentándose sobre el suelo para así poder observarlos a todos con más facilidad, mientras tomaba a la pequeña tacita con cuidado bebiendo un sorbo de ella, aunque la separó tan pronto sintió como unas burbujas picaban sobre su nariz.

—¿Te gusta mi truco? –Preguntó con emoción la pequeña, haciendo que Hime sonriera por primera vez desde que había llegado a aquel lugar.

—Es muy impresionante, si. –Le respondió dejándola sobre el piso nuevamente. –¿Cuál es tu nombre, pequeña?

—¡Yachiru! Y esa de ahí es Matsumoto, pero yo solía llamarle Pechos-san. –Respondió dando un pequeño saltito, señalando al gran armario.

—¿Solías? ¿Entonces todos ustedes eran humanos...?

—¡Oh! ¡Mira la hora y la cena aún no está servida! ¡Vamos, vamos! –Interrumpió Yuzu con nerviosismo, empujando a Yachiru hacia la salida, dejando a una muy confundida Orihime con sus palabras en la boca.

La hermosa chica supuso que sería difícil buscar respuestas, aunque tendría toda su vida para conseguirlas, ¿Verdad?... Su animo volvió a entristecerse al darse cuenta de su realidad, y al notar aquello, Matsumoto tosió un par de veces llamando la atención de la muchacha.

—Bueno, bueno. ¿Porque no mejor elegimos tu vestido para la cena? –Preguntó abriendo sus puertas de par en par, dejando ver la gran variedad de prendas que poseía. –¿Cuál es tu color favorito? Usar algo bonito de un color que te guste de seguro levantará ese animo tuyo.

—Eres muy amable, pero no creo que sea necesario. –Respondió simplemente, mientras caminaba hacia el ventanal, observando cómo la nieve comenzaba a caer.

—¡Pero claro que lo es! ¡Mira el vestido que llevas puesto! No puedes bajar así.

—No habrá problema con eso, porque no bajaré. –Dijo sin mover su vista de la ventana.

En ese momento, Ishida apareció en el umbral de la puerta, dedicándole una sonrisa cordial a ambas damas. Y en aquel momento, Matsumoto solo pudo sentir lástima por el pequeño reloj... El amo lo mataría a él y a medio palacio al enterarse de la noticia.

—La cena está servida.


Ichigo caminaba de un lado a otro frente al fuego que la gran estufa proporcionaba, fuego que él mismo había encendido, ¿Y así el mundo le devolvía aquel gesto? Había enviado a Ishida hacía media hora, ¿Que tan difícil era arreglarse para una mujer?

—Ichigo, tranquilízate. –Habló Yuzu en tono firme pero tranquilo.

—¿Como puedo tranquilizarme? ¡Esa chica ya tendría que estar aquí!

—Perdió a su padre y posiblemente todos sus planes de vida en un mismo día, tenle algo de paciencia, por Dios. –Con pequeños saltos, la tetera se acercó a la bestia, haciendo que esta se parara en seco observándola. –¿Cómo esperas romper el hechizo con ese genio tuyo? –Al escuchar esto, Ichigo simplemente gruñó y miro hacia otro lado. –¡Y mírate! ¡Hasta estás caminando en cuatro patas! Te comportas como todo un animal.

—¡Ya, ya entendí! –Se quejó mientras caminaba, ahora de forma bípeda, hacia su sofá, tirándose sobre este con cansancio. –Es demasiado hermosa para enamorarse de una bestia. Esto no funcionará.

—¡Oh, claro que lo hará! –Comentó Renji, quien hasta ahora solo había observado a su amo desde una distancia prudente en caso de que quisiera desquitarse con alguien. –Solo debes demostrarle que aún tienes un apuesto y amable caballero en tu interior. –Se colocó sobre uno de los brazos del sofá y Yuzu en el otro. –Siéntate derecho.

—Se amable con ella. –Continuó Yuzu.

—Pero también tierno.

—Dile un cumplido cuando la veas.

—¡Sonríe! Y sobre todo...

—¡Controla tu malos modales! –Dijeron al unísono.

El pobre Ichigo escuchaba todos los consejos que recibía, intentando memorizarlos e imitarlos al escucharlos, pero sintió que su mente estaba en blanco al sentir como la puerta comenzaba a abrirse. Enderezó su postura intentando sonreír un poco, cuando vio a Ishida entrar a la sala... Sin la compañía de ninguna dama. Ichigo soltó un gruñido acercándose al pequeño reloj de madera, haciendo que este temblase.

—¿Donde está?

—Bueno, es una historia graciosa. –Dijo Ishida entre risas, mientras juntaba sus manitas de madera y miraba hacia otro lado, intentando deshacerse de la mirada de su amo, quien parecía querer asesinarlo. –Ella... Ella... No bajará. –Dijo en un susurro que apenas Ichigo escuchó.


Al escuchar aquel rugido, Orihime simplemente se recostó sobre la puerta de madera de forma derecha, mientras mantenía su vista en la ventana, y ni siquiera se movió al sentir los tres golpes en la puerta, que hicieron que esta temblara.

—¡Te dije que bajaras a cenar! –Al escuchar aquel tono, Orihime simplemente rodó sus ojos. Olvidaba que después de todo, estaba tratando con una bestia.

—No tengo hambre.

—¡Si no bajas, juro que...!

Orihime pudo notar como habían otras voces además de él, pero no fue capaz de reconocerlas totalmente, ni tampoco era que le importara demasiado en aquel momento.

—Serías tan amable de acompañarme a cenar... ¿Por favor? –Escuchó a Ichigo, esta vez un poco más amable, cosa que a la chica le alegró, aunque sabía que no dudaría mucho.

—No, gracias.

Ni siquiera se mutó cuando la personalidad amable de la bestia se vio interrumpida por otro de sus rugidos.

—¡Pues si no comes conmigo, no comerás nada!

Esperó unos segundos a que los pasos ya se hubieran alejado antes de soltar un suspiro pesado, dedicándole una mirada a Rangiku.

—Preciosa... El amo no es tan malo como parece, tenle paciencia. –Su tono era parecido a uno maternal, y no pudo evitar sentir como si algo se rompiera dentro suyo al ver una pequeña lágrima caer por la mejilla de la bella chica. –Oh, tranquila, te prometo que todo estará bien. –Le susurró, mientras le ofrecía un pañuelo de tela, el cual Orihime tomó con delicadeza pero simplemente se le quedó viendo.

—No creo poder hacer nada más que sobrevivir en este lugar...


¡Dios mio! Lo se, lo se, por favor no me maten :-(. No he tenido tiempo para hacer nada, y cuando lo tenía la inspiración no aparecía, así que espero que este capítulo no sea demasiado vago :-(. Intentaré actualizar más pronto, lo prometo.

¡Por favor sigan dejando reviews! Me motivan para volver a escribir todos los días 3. Y gracias a la página Ichihime, quien creo que atrajo a gran parte de mis reviews, lol. ¡Me encanta su página y todo lo que postean! .

Con mucho mucho amor hacia cada uno de ustedes, Cam.