Antes de nada, tengo que decir... ¡Lo siento! He tardado muchísmo en actulizar porque han empezado las clases y en el instituto me están matando con deberes, pero hoy he conseguido hacer un hueco y decidí subir el cuarto capítulo de esta historia. Que por cierto, ¿os está gustando? Escribir en los comentarios lo que pensáis de ella, os lo agradecería muchísimo y, además, me motivaría a seguir escribiendo. Y sin más dilaciones, ¡aquí está el capítulo!
CAPÍTULO 4
A la hora de comer, Lily se volvió a sentar con los merodeadores. Desde que sabía lo de Remus, este siempre la invitaba a sentarse con ellos. A Peter le daba un poco igual, siempre y cuanto tuviera un plato de comida en frente, en cambio, Sirius y James no cabían en su asombro. No se podían creer la prefecta, que al principio siempre se alejaba de ellos, los acompañara en todas las comidas y en la sala común. Aunque solo una cosa no había cambiado: Lily seguía ignorando a James. Él intentaba pedirle que fueran a Hogsmade juntos, pero cada vez que se acercaba a ella, o cambiaba rápidamente de dirección o se encontraba con Quejicus. Ese era el nombre que le habían puesto James y Sirius a Snape. Este no soportaba que le llamaran así, por eso seguían haciéndolo. Se había convertido en un hábito.
- Sirius, Lily está sola, me voy a acercar a hablar con ella- informó James a Sirius, mientras que hacía ademán de levantarse, cuando un brazo lo volvió a sentar.
- Cornamenta no digas tonterías. Sabes que Evans va a marcharse antes de que tu digas la primera sílaba. Además, se acerca Quejicus- señaló con la cabeza en dirección a Lily que se giraba para observar a Severus acercarse.
-¡Mierda!¿Cómo es que cada vez que está sola aparece el pelo grasiento ese?- exclamó, mirando como Snape se sentaba junto a Lily y empezaban a conversar.
En ese momento, cuatro chicos se levantaban de la mesa y se acercaban a donde estaban hablando Lily y Severus.
- Eh, ¿ qué hacen aquellos?- preguntó Remus, viendo a los muchachos de la casa de Slythering.
- ¿No son Dolohov, Yaxley y Lestrange?-dijo James mientras que se levantaba. Metió la mano en la túnica y agarró su varita con fuerza. Se acercó al lado de la mesa en el que estaba Lily y escuchó atentamente a lo que decían.
- Vaya, vaya, vaya. Con que nuestro Spnape se junta con una sangresucia- dijo con maldad Dolohov- Eso no es algo que sea de nuestro agrado, ¿verdad chicos?- los otros dos asintieron- Mmhhm, me parece que voy a tener que hacer algo al respecto. Nuestra casa no puede quedar sin reputación por culpa de una como tú.
- Si me tocáis un pelo os arrancaré la cabeza de un manotazo- amenazó Lily.
- Huy,pero que atrevimiento tiene esta chavala. Si supiera de lo que somos capaces, no nos trataría así, ¿no creéis?- Yaxley y Lestrange empuñaron sus varitas, preparándose para lo que vendría después- Creo que tendremos que desmostrárselo.- el grupo apuntó a la pelirroja con sus varitas y esta, se quedó paralizada.
- A la de tres- comunicó Dolohov a sus amigos- una, dos…
- ¡Desmaius!- James había aparecido de golpe, seguido por el resto de merodeadores.
-¡Pero que…! Avada kedravr…
- ¡Confundus!- esta vez fue Sirius el que gritó. Remus luchaba junto a él, lanzando hechizos, a diestra y siniestra, a los atacadores. Mientras tanto, Peter había ido a buscar a los profesores y James sacaba a Lily del Gran Comedor. Todos los alumnos se habían levantado para ir a ver lo que pasaba, pero en ese momento llegó el director Dumbledore y puso orden a la situación.
- Haya paz- dijo intentando tranquilizar a los chicos.
- Profesor Dumbledore, querían atacar Lily- explicó Remus.
- Lo sé señor Lupin, me lo contó su amigo Peter, pero, ¿dónde se encuentra la señorita Evans?- preguntó mirando a su alrededor.
- Se la llevó James a la sala común- aclaró Sirius mientras tomaba aliento.
- Muchas gracias señor Black. Cuando los vean porfavor díganles que los espero en mi despacho a las siete.
- Profesor, James tiene castigo a esa hora.
- Ya hablaré yo con la profesora Mcgonagall- aseguró sonriendo.
En el cuarto piso, James consolaba a Lily, que estaba llorando a moco tendido en el suelo.
- Yo pensé que era mi amigo- sollozó- Pensé que me protegería de esos innombrables. Pero no hizo nada- y siguió llorando como si su vida dependiera de ello.
- Lo sé Lily- dijo torpemente James, que en su vida había consolado a nadie.
Al llegar a la torre, Lily se derrumbó en un sillón junto al fuego. Tenía los ojos rojos e hinchados. James se sentó a su lado, incómodo, sin saber que hacer, cuando Lily lo abrazó y se quedó dormida. El chico abrió los ojos como platos. Sabía cuanto le odiaba ella, pués no hacía nada para disimularlo, pero al sentir su abrazo le dio igual todo, así que la rodeó con un solo brazo y él también se durmió.
- Tío, que fuerte lo de antes- dijo Colagusano.
- Sip- asintió Sirius, frotándose con fuerza uno de los costados.
- ¿Ten encuentras bien Canuto?- preguntó Remus preocupado.
- En realidad no, creo que voy a ir a ver a Pomfrey.
-¿Nos vemos en el cuarto común?
- Vale- Sirius se dirigió a la enfermería, no sin antes dirigirle una mirada de odio a la mesa de las serpintes.
- Peter, será mejor que vayamos a buscar a James y a Lily, ya casi van a ser las siete- comunicó Lunático a Peter.
- Cierto- y dicho eso, los dos amigos dejaron el comedor y se fueron a buscarlos.
Cuando llegaron a la sala común, la escena que presenciaron les conmovió. Supieron al instante quienes eran, pués el pelo rojo intenso de Lily se veía a distancia. Además, el pelo revuelto de James era reconocible. Se acercaron a ellos para despertarlos sin hacer mucho ruido, pero, después, desearon haber hecho el mayor ruido posible, básicamente por la reacción de los dormilones.
- Chicoos, hay que despertaaarsee- susurró Remus, tocando el hombro de Lily. Solo por eso, la chica se sobresaltó y le propinó un puñetazo al que la había despertado. James abrió los ojos y los volvió a cerrar a causa de la luz. Cuando vio a Lily apoyada sobre sus piernas y con la mano sobre la boca, se sintió muy confuso. Después al ver a Remus tirado en el suelo, sangrando por la nariz, lo entendió todo.
- Ehhh, una preguntita, ¿por qué le pegaste a Remus un puñetazo?- preguntó.
- Es que vino a despertarnos y me tocó el hombro, pero yo me asusté e inconscientemente le pegué- explicó Lily, incorporándose y ayudando a Remus a levantarse. Cuando este pudo al fin calmar un poco la hemorragia les explicó lo que les había dicho el director.
- El profesor Dumbledore quiere veros a los dos en su despacho dentro de quience minutos- informó el hombre lobo, aún sujetándose la nariz con las dos manos.
- ¡Quince minutos!¡Si no nos damos prisa no vamos a llegar a tiempo!- y acto seguido, la pelirroja salió por el retrato de la Señora Gorda.
- Flipáis ehh- dijo James.
-Sinceramente Cornamenta, estoy impresionado- admitió Peter.
- Si,si, luego hablamos. Ahora date prisa, o no Lily se va a enfadar mucho.
- Adiós nos vemos luegos- y salió también por el retrato.
Snape paseaba por los terrenos del colegio. Las lágrimas inundaba sus mejillas. No había hecho nada para ayudar a Lily y que sus amigos no la hirieran. Y para empeorar las cosas, el que la ayudó fue Potter y compañía. Ahora estaba seguro de que Lily no querría ser más su amiga y toda su vida se derrumbaría. Recordó con nostalgia como hacían pociones en su tiempo libre, como se tumbaban en el césped y él le hablaba sobre los dementores… Al llegar a la entrada del castillo, se acordó de su venganza. Eso era lo único que lo podría animar. Empujo con fuerza la puerta y entró al vestíbulo. Allí se encontró a las personas que menos le apetecía.
- Hombreee, miren quén está aquí- dijo sonriendo Yaxley.
- No nos gustó mucho ver que ves a esa sangresucia- añadió Lestrange.
- Dejadme en paz- murmuró Severus.
- Huy, huy, huy, a ver esos respetos- Dolohov negó con la cabeza- me parece que hay que enseñarle modales a alguien.
- ¡Sectumsempra!- gritó Snape antes de que los otros pudieran coger sus varitas. Al instante pudo ver como la sangre manchaba sus túnicas y, cuando sus contrincantes se desplomaron, salió corriendo hacia las mazmorrar. Allí se encerró en su habitación, dispuesto a conciliar el sueño, aún sabiendo que no lo conseguiría.
Cuando Lily y James llegaron al despacho de Dumbledore, estaban con la túnica mal puesta y con el pelo despeinado. Tenían las mejillas como si fueran los fogones de la cocina y su pecho subía y bajaba irregularmente.
- Muchachos, no hacía falta que corrieran, yo los iba a esperar- Dumbledore rió al ver la cara de los chicos.
- ¿Para qué nos quería ver, Profesor?- preguntó educadamente Lily, mientras se sentaba en una de las sillas que le ofrecía el director.
- Me alegra que lo pregunte señorita Evans. Como bien sabe fui yo quién paró a esos alumnos, con la ayuda de los señores Potter, Black, Lupin y Pettigrew. El caso es que, me temo que esto es algo que podría volver a ocurrir- Lily se horrorizó al oír las palabras de Dumbledore- y quiero tomar precauciones. Desde ahora en adelante, los cuatro chicos que nombré antes, la acompañarán a todas partes.
- Pero profesor, me puedo defender yo sola.
- Estoy seguro de que si, pero no quiero disgustos a final de curso.
- Profesor- dijo James acercandose al escritorio del director-¿No podría quitarme el castigo que me puso la profesora Mcgonagall?- preguntó, mientras Lily ponía los ojos en blanco.
- Me temo que no señor Potter, pero no se queje, le he quitado un día de castigo- respondió Dumbledore sonriendo. Lily arrastró a James fuera del despacho y los dos bajaron por la escalera. James sacó la varita e iba apuntando a todos los lados.
- Por favor James, no tienes que exagerar tanto- dijo Lily mientras bajaba la varita de el chico.
- Vamos al Gran Comedor, ya va a ser hora de cenar.
Sirius esperaba a sus amigos en el vestíbulo. Llevaba una venda que rodeaba las costillas y parte del abdómen. Cuando divisó a los merodeadores, se acercó a ellos.
- Hola, ¿sabéis algo de Lily?
- No, lo último que sabemos de ella es que estaba con James en el despacho del profesor Dumbledore- explicó Remus- Supongo que ahora vendrán a la cena. Los amigos decidieron ir a sentarse y esperarlos. Pasaron quince minutos hasta que por fin los vieron entrar al comedor.
- ¿Qué os dijo el chiflis?- preguntó Siruis con curiosidad.
- Que necesitaba un guardaespaldas- contestó Lily molesta.
- ¿Y quiénes van a ser esos guardaespaldas?- dijo levantando una ceja.
- Vosotros- bufó la prefecta, sentándose y sirviéndose patatas cocidas en el plato.
- Venga, que tampoco somos tan malos- se defendió Peter con cara de inocente.
- Me parece pelirroja, que vas a tener que aprender a convivir con nosotros- opinó Remus sonriente.
- Si, eso parece. Pero eso no quiere decir que vaya a haceros excepciones cuando hacéis travesuras.- Los cuatro chicos agacharon la cabeza, desilusionados. Lily no daba señales de poder ablandarse. Pero lo intentarían, después de todo eran los increíbles merodeadores.
