Hola!! Por fin he vuelto!! Siento tardar tanto pero esq esto de estudiar ocupa mucho tiempo, ustedes me entienden no??

Bueno quiero agracereles a todas las reviews por que la verdad me alegra que les guste y espero q me sigan mandando^^

Este cap va dedicado a mi querida HelenCullenMalfoy mi mayor fan XDxD

Espero que disfruteis. Hasta la próxima.

Bss&Bye.

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Chapter 3.

-¿No me vas a contestar?- Le preguntó Draco. Ella calló, no sabía que decirle.

-Malfoy, no me gustan tus bromas. –Contestó para intentar escaparse. Él se levantó con dificultad del sofá y se colocó frente a ella. Hermione retrocedió un poco hasta que una pared le cerró el paso.

-No es ninguna broma.-Explicó con delicadeza mientras acariciaba un mechón de su cabello y lo llevaba atrás de su oreja. –De verdad me gustas, Hermione.- Acercó su cara para poder rozar sus labios pero la castaña se lo impidió y le empujó. Él apenas se movió.

-Malfoy, esto es imposible. No entiendo tus razones, no obstante, te pido que pares.

-¿A caso es cierto? Tú y la comadreja estáis saliendo, ¿verdad? –Retrocedió con lentitud. Pudo apreciar en sus ojos un brillo de ira mezclado con dolor.

-¡No! Ron es sólo mi amigo, yo no siento nada más por él.

-Pues no lo parecía en el Hogsmade, siempre vais tan 'juntitos' –Soltó con un toque de burla en sus palabras. Hermione notó como se le nublaba la vista y unas lágrimas luchaban por salir.

-¡No tienes derecho a hablarme así! –Gritó y por su mejilla cayó la primera. Eso ablandó algo al rubio aunque estaba demasiado enfadado.

-No eres más que una asquerosa sangre-sucia. Nunca vas a dejar de serlo.

-Estoy harta de ti, Malfoy. Desearía no volver a verte nunca más.- Corrió escaleras arriba y oyó como Draco le gritaba:

-¡No tanto como yo deseo que no hubieras nacido!

Se encerró en su cuarto y rompió a llorar. Las palabras del chico le latían en las sienes y le dolían mucho más de lo que nadie podía imaginar. Sus palabras bonitas, querer que fuera su amiga, todo era una mentira. Él la quería muerta y eso la quemaba por dentro. Ella quería estar con él, aunque sabía que sufría mucho si él le hiciera daño y no podía ocurrir, nunca se haría realidad.

Draco se maldijo mil veces a sí mismo por su ira, esa ira imposible de controlar cuando se imaginaba a Weasley y a Hermione, su Hermione, juntos. Sabía que ahora la chica estaba muy furiosa con él y que no iba a querer verlo. Pensó en disculparse, si fuera así de fácil ya lo habría hecho. Ambos no pudieron dormir bien esa noche.

Hermione no fue a desayunar esa mañana. No quería tener que ver al rubio, no confiaba demasiado en su estado de ánimo. En su lugar, fue a ver a Dumbledore. Ella le explicó que no podía mantener su convivencia más tiempo con él y que prefería volver a su antigua torre. El director la comprendió y dejó que se tomara las dos primeras horas de la mañana para mudarse a su antigua habitación.

Harry y Ron estaban bastante preocupados y con los nervios crispados. Temían que Malfoy le hubiera hecho algo mortal a su amiga, pero se resistían a preguntarle por si ocurría lo de la última vez. La castaña llegó justo para la clase de transformaciones. Notó como unos ojos la observaba unas bancas atrás, mas no le hizo caso. Se sentó entre sus dos amigos y estos comenzaron a interrogarla. La profesora McGonagall entró en la clase antes de que a Hermione le diera tiempo a contestar nada.

-Antes de comenzar la clase tengo un castigo que asignar a los señores Malfoy y Weasley por romper las normas del colegio. –Toda la clase empezó a mirarles y a cuchichear. -¡Silencio! Bien, deberéis hacer un trabajo extra para la clase del profesor Snape que os lo dirá cuando el lo vea conveniente. –Muchos de los alumnos se asombraron y otros notaron como Ron palidecía. –Comencemos.

Al final de la clase los tres chicos salieron a tomar un poco el aire. Tenían una hora libre así que podían relajarse con tranquilidad. Se sentaron apoyando la espalda sobre un árbol y comenzaron a charlar.

-No me creo que Snape me vaya a asignar el castigo con Malfoy, no me fio de él!

-Tranquilo Ron. –Dijo Hermione algo apagada.- No creo que sea para tanto.

-¿Y tú? ¿Por qué faltaste al desayuno y a las dos primeras horas? – La chica bajó la cabeza. No quería recordar todo aquello pero ella podía confiar en sus amigos.

-Fui a hablar con Dumbledore para volver a mi antiguo cuarto.

-¿Te hizo algo ese hurón? –Vociferaron lo dos chicos a la vez.

-Las peleas de siempre. Es una tontería convivir con alguien que no cambiará nunca.

-Hermione, ¿estás segura de que sólo fue eso? –Preguntó Harry.

-Sí, no te preocupe. –Le sonrió. –Contadme, ¿ha pasado algo interesante en mi ausencia? –Los chicos le comentaron todo lo que estuvieron haciendo y cuando sonó el timbre, volvieron a clase.

Cuando todas las clases finalizaron, fueron a su Sala Común. Hermione comenzó a poner al día todos sus deberes mientras Harry y Ron iniciaban una partida de ajedrez mágico. Tras dos partidas (en las cuales Ron había ganado) Ginny entró en la sala. Tras saludar a Harry con un beso en los labios, preguntó:

-Hermione, ¿no deberías estar en tu torre?

-Ella ha decidido que nos echaba de menos y que quería volver con nosotros. –Le contestó su novio mirando con complicidad a su amiga mientras que la pelirroja se extrañaba.

Draco llegó a su Sala Común con la esperanza de poder hablar con la castaña. Cuando Entró encontró una carta en la mesa y la leyó. En ella Dumbledore le explicaba que la señorita Granger había pedido volver a su antigua habitación y que pronto se le asignaría otro compañero. El chico arrugó la carta y la tiró a la chimenea. ¿Cómo se había atrevido a cambiarse de cuarto y a dejarlo solo? Eso había herido su ego y ahora si que estaba furioso de verdad.

Ginny acompañó a Hermione hasta su cuarto. Hacía tiempo que las dos no se sentaban juntas en la cama y charlaban sobre la primera tontería que se les pasaba por la cabeza. Aunque esa noche era diferente. Por mucho que la castaña intentara aparentar alegría, su amiga había notado que no estaba para nada contenta.

-¿Cuál fue la verdadera razón que hizo que volvieras? –Le preguntó con sincera curiosidad y preocupación.

-Ninguna, ya sabes lo que dijo Harry.

-Es por ese hurón, ¿no? ¿Te hizo algo malo? –La castaña bajó la cabeza. -¿Te hizo algo?

-¡No! ¿Qué me iba a hacer? Él sólo piensa de mí que soy una sangre sucia que no merece la pena y que ni siquiera debería haber nacido.

-¡Oh, Mione! –Ginny la abrazó con cariño e intentó consolarla. –No debes dejar que las cosas que diga ese estúpido te afecten en absoluto. No se merece ni que le mires, tú eres mejor persona que él.

-Gracias, Ginny, de verdad te lo agradezco. –Sonrió.

-Ya sabes que siempre podráas contar conmigo para lo que quieras.

A la mañana siguiente, la pelirroja despertó muy temprano, se duchó con tranquilidad y bajó a la Sala Común de Gryffindor para esperar a su novio. "Su novio…", suspiró. Aún no se acostumbraba a llamar a Harry así. Tanto tiempo había estado llevando en secreto su amor por él y ahora estaba llena de felicidad de que por fin estuviesen juntos. El chico bajó las escaleras al poco tiempo y los dos salieron para dirigirse al Gran Comedor.

-¿Hablaste con Hermione? –Preguntó Harry. La chica asintió débilmente.

-¿No la notaste algo extraña, como si ocultara algo?

-Sí, pero creo que sólo necesita el apoyo de sus amigos.

-Hablaré con Ron, entre él y yo seguro que conseguimos que se olvide de todo lo que le haya pasado y…

-Harry…

-¿Sí? –Preguntó con curiosidad. Ella le cogió su mano y lo miró con un leve sonrojo.

-Podríamos… Quedar… Bueno, tú y yo esta noche. –Intentó explicarse.

Al joven le pilló por sorpresa. Desde que habían empezado a salir a penas habían compartido tiempo juntos y la idea de pasar una noche con ella le apetecía mucho.

- Me parece bien.- Se sentaron a comer y a los pocos minutos llegaron Ron y Hermione. Los chicos comenzaron a hablar sobre lo que harían a lo largo del día.

Cuando terminaron las clases, los chicos iban al campo de quidditch a entrenar y Hermione y Luna decidieron acompañarles. Luna y Ginny se adelantaron ya que la castaña había ido a dejar unos libros en su habitación. Salió a toda prisa de allí y fue a encontrarse con sus amigos aunque alguien la agarró y la llevó a un pasillo en donde ningún alumno circulaba a esas horas. Pese a la oscuridad que había en ese instante, pudo distinguir algunos rasgos y supo que era Draco.

-¡Suéltame! –le gritó.

-Creo que tenemos cosas de qué hablar.

-Pues yo creo que no! Ya nos lo hemos dicho todo.

-Me parece que no…

-¿Por qué no me dejas en paz, Malfoy? ¿Qué ganas amargándome siempre la vida? ¿Tanto disfrutas viéndome sufrir?

-Yo no quiero verte sufrir.

-¡Ya! Claro que…! –La castaña no pudo hablar más. El chico la había besado tan de improvisto, casi como la primera ves, y sentía que estaba en le paraíso. Ninguno de los dos querían terminar con ese momento, aún así, Draco necesitaba hablar con ella.

-Cuando dije que me gustabas era de verdad.

-Entonces? Logró pronunciar sin poder salir del asombro.

-Hermione, ¿quieres ser mi novia? –Ella sonrió. Esta vez sentía que sus palabras eran sinceras y estaba segura de su respuesta.

-Sí! Contestó y se volvieron a besar.

Hermione estaba feliz de que su amor hubiera sido correspondido. Cuando le explicó al rubio que había estado enamorada de él meses, no lo podía creer. Los dos estaban sumergidos en su mundo y a la castaña se le había olvidado por completo que había quedado con sus amigos. Una media hora más tarde alguien la comenzó a llamar.

-Oh, ¡no! ¡Es Ron! –Exclamó ella.

-¿Weasley? ¿Qué quiere ahora?

-Había quedado con él y los demás para verlos entrenar, ¡se me ha olvidado por completo!

-¿De verdad tienes que irte? –Hizo un puchero. Hermione rió.

-Nos vemos mas tarde. – la chaca salió de su escondite y buscó a su amigo. -¡Ron! Estoy aquí.

-¿Qué estabas haciendo? Nos tenías preocupada.

-Lo siento, encontré un libro muy interesante y me puse a ojearlo, cuando miré el reloj ya era esta hora. –Mintió y no lo hizo nada mal.

Ambos chicos fueron hasta donde se encontraban los demás. Pasaron el resto de la tarde al aire libre divirtiéndose juntos. Cuando llegó la noche, Harry esperó a que su amigo Ron se durmiera y bajó cuidadosamente las escaleras temiendo no hacer ruido. Cuando llegó a la Sala Común allí lo estaba esperando Ginny. Se saludaron con un apasionado beso al que le siguió uno y otro. Los dos se necesitaban más de lo que creían. Salieron de allí cuidando que no les descubriera nadie y caminaron por los pasillos del castillo buscando un lugar donde pasar la noche. Pronto apareció ante ellos la Sala Multiusos. Entraron y comenzaron a besarse con mucha más pasión.

Los chicos no necesitaban palabras para demostrarse lo mucho que se amaban. Sus miradas ya lo decían todo. Harry recostó a Ginny sobre la cama que estaba en el centro de la habitación y se colocó sobre ella. El moreno comenzó a dar pequeños besos sobre su blanco cuello mientras ella suspiraba de placer. Para ambos iba a ser su primera vez y estaban muy nerviosos. La pelirroja metió las manos por debajo de la camisa del chico y acarició su abdomen. Él se sacó la camiseta y Ginny quedó asombrada mirándole mientras el moreno buscaba de nuevo sus labios. Toda la ropa acabó en muy poco tiempo en el suelo y los dos pasaron la noche entre besos, caricias y gemidos.

A la mañana siguiente despertaron muy temprano para que nadie sospechara nada. Ginny sabía que si su hermano se enteraba de que había pasado la noche con el moreno, sería capaz de matarle. Se despidieron con un tímido beso y la pelirroja fue a ducharse. Estaba llena de felicidad de haber estado por fin con Harry y nada en el mundo podría arrebatarle eso.

Las semanas pasaron. Hermione y Draco se seguían viendo a escondidas y aunque el chico le pedía que se volviera a mudar con él a la torre de los Premios Anuales, ella siempre contestaba que so sería muy prudente. La profesora McGonagall le asignó a Draco hacer guardias todas las noches con los prefectos, no obstante, el profesor Snape no les había dicho la otra parte del castigo y por ello Ron temía lo peor.

Una noche, poco antes de que el reloj marcara las diez, Draco y hermione estaban abrazados en un rincón de la torre de Astronomía. Ninguno de los dos hababa, sólo disfrutaban el uno del otro. Estaban felices por sentirse cerca, por saber que nada de aquello era un sueño y que podría durar para siempre. Luego, Draco recordó que debía hacer algo esa noche.

-Cariño… debo… irme… -Pronunció entre besos.

-¿Irte? –Preguntó con brusquedad. -¿Por qué quieres irte?

-Snape nos puso hoy el castigo y tenemos que ir al bosque prohibido a buscar unas plantas.

-¿Ahora? –La castaña lo abrazó con fuerza. -¿No puedes hacerlo mañana? Por favor… -Dijo con cara de niña buena. Draco dudó durante un momento. ¿Cómo podía resistirse a eso?

-Hermione, como no vaya voy a suspender. –Le susurró al oído y después la besó de una forma muy apasionada. Ella le soltó a regañadientes. –Mañana volveremos a estar juntos.

-¿Lo prometes?

-Lo juro.

Los dos se marcharon por caminos separados, después de otro largo y tierno beso, y Draco fue hacia la salida del castillo. Allí le esperaba Weasley co cara de pocos amigos y con los brazos cruzados.

¡Llegas tarde! –Le gritó.

-Bueno, ¿qué más da? Ya estoy aquí, ¿no?

-¡Vámonos! Tengo cosas mejores que hacer que perder el tiempo contigo.

Draco le apartó de su camino y pasó delante de él. El pelirrojo intentó controlarse, con un poco de suerte, en menos de una hora estaría de vuelta en su habitación. Recorrieron un buen trecho y aún no había encontrado nirrastro de la planta. Ron estaba harto de aquel silencio así que dijo lo primero que se le ocurrió.

-¿Qué le hiciste a Hermione para que se fuera de su antigua torre?

-¡Vaya! Ya era hora de que saliera la comadreja al rescate. Y para tu información, es patético, tú ni siquiera le importas.

-¿Tú qué sabes, hurón? Lo único que sabes hacer es molestarla.

-Por favor, todo el mundo sabe que esa rata de biblioteca se muere por mí… igual que todas las chicas de este colegio. –Dijo. Se sintió muy mal al haberla llamado de esa manera, mas no debía levantar sospecha.

-¡Por favor! Ella jamás sería tan tonta de enamorarse de una serpiente como tú.

-Ni tampoco de una comadreja pobretona, Granger aspira a mucho más.

-¡Ya me tienes harto, Malfoy! –Le gritó. Ron se abalanzó sobre el rubio y los dos comenzaron a pelearse sobre la tierra mojada.

Estaban magullados y tenían la cara manchada de sangre. Draco tomo el control de la pelea y comenzó a darle puñetazos al pobre Ron. El chico había quedado muy mal.

-No te vuelvas a meter conmigo, Weasley. –Se levantó y le dejó ahí tirado.

Cuando volvía de camino encontró la planta que buscaba y se la guardó en el bolsillo. Mañana se preocuparía de contar algo a su favor. Al amanecer, contó que se habían perdido y que él había conseguido volver gracias a su buena orientación. Los profesores, con mucha influencia del profesor Snape, le creyeron, pero los amigos de Ron sabía que eso era mentira y el rubio había notado que Hermione estaba muy furiosa con él.

Primero creyó que era sólo una pequeña rabieta, sin embargo, con el paso de los días se dio cuenta de que la chica se había enfadado enserio. Ella se fue acercando más a Ron y eso hizo que el pelirrojo empezara a confundirse y que cierta rubia se molestara mucho. Hermione no quería que Ron pensara que era algo más que su amigo, pero estar con él era la única forma de que pudiera ignorar a Draco. Eso le molestaba mucho y necesitaba hablar con ella.

Un día, Draco paseaba cerca del campo de Quidditch cuando vio a Herm apoyada en un árbol leyendo un libro. Se acercó a ella con decisión. La castaña miró a la sombra que le tapaba la luz y cuando vio a Malfoy su cara se volvió fría y distante.

-Creo que tenemos que hablar. –Dijo él.

-No, Malfoy. Tú y yo no tenemos nada de qué hablar. –La chica se levantó, recogió sus cosas y caminó hacia delante. Draco se puso frente a ella y la acorraló contra el árbol. –Creí que habías cambiado, que eras distinto… -Sintió unas fuertes ganas de llorar y no pudo seguir hablando.

Sentía unas fuertes ganas de protegerla cuando la veía así de frágil. La necesitaba. Se acercó cada vez más a ella y la besó. La chica al principió se dejó llevar, pero luego le apartó de un fuerte empujón.

-Hermione, yo…

-¡No quiero seguir escuchándote!

En ese momento Ron pasó por ahí. Al ver a Hermione y a Malfoy juntos no se imaginó nada bueno y corrió hacia ellos. Cuando llegó, cogió la mano de la castaña y le dio un suave beso en los labios. Tanto el rubio como ella quedaron muy sorprendidos.

- Te estaba buscando.

-¿A sí? –Preguntó confusa.

-Sí, no habíamos quedado para hacer un trabajo juntos?

-¿Qué trabajo? –Dijo Draco.

-¡Ah! Ya me acuerdo. Apártate de mi camino, hurón.

Ron y Hermione caminaron hacia el interior del colegio mientras Draco ardía de la rabia . Si era verdad que esos dos estaban saliendo, él no iba a dejar humillarse así y menos por una sangre sucia. Cunado los otros dos se habían alejado lo suficiente del Slytherin, Herm se paró.

-¿Qué ocurre?

-Ron, ¿qué ha significado lo de ante?

-Bueno, sólo ha sido un beso. No me digas que no te ha venido bien que apareciera por ahí.

-Sí, pero tú sabes que para mí sólo eres un amigo, mi mejor amigo. Ahora él debe pensar que entre tú y yo hay algo y eso…

-¿Está mal? –Interrumpió el chico. -¿Desde cuando te importa lo que él opine?

-No me importa en absoluto lo que él opine, es que no quiero verte sufrir. Yo nunca podré sentir nada más por ti.

-Nunca lo has intentado.

-No es así, Ron.

-¿A caso hay otra persona? – La chica no contestó. -¿Quién es?

-Yo…

-No me lo digas. Prefiero no saberlo. –El chico dio media vuelta para irse.

-¡Ron, espera! Yo no quería… -Se marchó. –acabar así. –Susurró.

Todo le estaba saliendo mal. El chico del que estaba enamorada resulta que sigue siendo el mismo idiota de siempre, su mejor amigo está enamorado de ella y encima se enfada porque no puede corresponderlo. ¿Qué más le podría salir mal?

El pelirrojo se sentía mal por haber sido tan injusto con la chica. Ella era libre y no tenía que haberse hecho esperanzas con ella. Se sentía mal por como le había hablado, mas no sabía como pedirle perdón. Sin darse cuenta se tropezó con Luna, que también iba algo distraída.

-Hola, Luna –Dijo sin ánimo.

-¿Ron? –Se sonrojó.- Ho, hola ¿Te pasa algo?

-Sólo que… nada, no es importante. –La chica le agarró del brazo e hizo que se sentara en un banco que había cerca.

-A mí me parece que sí.

-Es sólo que no sé si Hermione me podrá querer tanto como yo la quiero.

-¿No has pensado que no estéis destinado a estar juntos?

-Pues ya me dirás quién estaría dispuesta a quedarse conmigo.

-Yo. –Eso pilló por sorpresa al chico. –Nos vemos luego, Ron. –Luna se fue y Ron siguió asimilando aquella respuesta.

El día siguiente, Hermione y Ron estuvieron algo distante entre ello, aunque por una parte la castaña se encontraba más apagada de lo normal. A penas estaba comiendo y se veía muy triste. Por otro lado Ron había decidido que tenía que hablar con Luna. Se había pasado toda la noche dándole vueltas a lo que le había dicho y eso le hacía sentirse raro, nunca había pensado en la rubia como algo más que una amiga y ahora que lo hacía no sabía qué pensar.

Harry y Ginny intentaron averiguar qué les pasaban, no obstante, ninguno de los dos dijo nada. Eso hizo que se preocuparan. Hermione terminó de desayunar y les dijo que iba al baño. Cuando la castaña hubo desaparecido de su vista, Ginny se despidió de su novio y de su hermano y fue tras ella. Al llegar, Hermione no se encontraba sola. Se escondió detrás de la puerta y pudo ver que estaba con… ¿Malfoy?

-Ya te he dicho que te vayas. –Le dijo ella, por el contrario él agarró con fuerza su brazo para que no se pudiera mover.

-No y ahora me vas a escuchar. ¿Quién te crees que eres para humillarme de esa manera?

-¿Humillarte? No sé a qué te refieres

-Primero estás conmigo, dices que me quieres y luego te vas con Weasley cuando te aburres.

-Ron y yo sólo somos amigos, Malfoy, nada más.

-¡Qué mentirosa! -Le dijo y apretó más su brazo. Ella intentó soltarse pero se hizo más daño. –No creo que ese beso de ayer fuera de amigos.

-¡Suéltame!

-Te vas a arrepentir por esto.

-Eres un estúpido, Malfoy, no sé cómo puedo amar a alguien como tú.

-¿Amarme? ¿Tú?

-Te odio. –Dijo, con tanta rabia, que comenzaron a bajarle lágrimas por el rostro. Él la soltó y Hermione salió corriendo.

El chico se arrepintió de aquella pelea al verla así. Ahora ya sí que no iba a arreglar nada, todo estaba perdido para él. Dio una patada en el suelo y notó que había pisado algo. Era un libro. En la taba ponía "Eternamente Buscándote", el libro que la castaña no hacía nada más que leer.