Disclaimer: CCS No Me Pertenece.

Summary

Apenas tenía 19 años cuando conoció al famoso Shaoran Li. El hombre más guapo que podía existir sobre la faz de la Tierra según los canales de T.V. y todas las revistas. Era el sueño de toda mujer alto, delgado, de cuerpo muy bien definido, cabello color chocolate al igual que sus ojos de impresionante mirada penetrante y sexy y lo mejor era que a su corta edad era el dueño de todo el imperio Li, llegando hacer unos de los hombres más ricos. No pudo evitar enamorarse al verlo, según ella era un ángel caído del cielo y que mujer no pensaría así teniendo a tremendo hombre de frente.

―"Teléfono"―

Pensamientos y Recuerdos―

Amor y Conflictos

Capítulo 4: Declaración

Cuando se levantó tenía unas nauseas terrible apenas puso pie fuera de la cama y tuvo que ir al baño corriendo por las ganas de vomitar. Se lavó la cara y se miró al espejo, a pesar de que había dormido muy bien su cara parecía mostrar otra cosa. No se sentía muy bien y esas nauseas no la ayudaban.

Salió de la habitación y fue hasta donde había dejado al castaño al cual encontró en la mesa.

−No tienes muy buen aspecto− le dijo cuando la vio sentarse.

−Creo que el viaje me está afectando más de lo que creí− dijo mientras apoyaba prácticamente la mitad del cuerpo sobre la mesa.

−¿Desea algo de comer señorita?− le preguntó Wei.

−No creo que aguante nada en el estómago− observó el plato del castaño con asco.

−Le traeré algo− luego se marchó.

−Debiste quedarte en la cama− la regañó cuando estuvieron solos.

−Son solamente nauseas− Shaoran la observaba con mucha atención. −Tengo mucha hambre− a pesar de sus nauseas su estómago le pedía comida. −Odio los aviones− dijo con frustración.

−Eso es en lo que te acostumbra−

−Es horrible− se quejó. −No le veo nada de gracioso− le dijo al verlo sonreí.

−Como digas− dijo al llevarse el tenedor a los labios. −Sabes, eres la primera que se muestra en pijama sin yo pedirlo− había olvidado completamente que se encontraba en ropa de dormir, un intenso sonrojo le subió a las mejillas.

−Tonto− por un momento olvidó sus nauseas, no se atrevió a mirarlo. Se puso de pie y se alejó.

Largas piernas− pensó al verla marchar. −Perfecto trasero− sonrió con malicia.

Una hora después de aquella situación se encontraba sentada en unos de los asientos.

−Creo que el té me hizo muy bien, gracias señor Wei− le dijo con una sonrisa al hombre.

Miró al castaño quien durante esa hora no había apartado la mirada de aquellos papeles. Tal vez estaba buscando fantasma donde no lo había, quizás el señor Yue era inocente.

−¿Y si el señor Yue no es culpable?− preguntó en un susurro.

Tragó al ver la mirada que el castaño le dedicó.

−Es una posibilidad− bajó la mirada al sentirse intimidada.

−Hay muchas cosas que no tengo claro, él es el único que tuvo acceso a todos los archivos− definitivamente él estaba convencido de que Yue le estaba robando a su familia.

−¿Y qué crees que pudiera estar haciendo?− le volvió a preguntar.

−Vender el petróleo en cantidades más grande de lo que reporta y comprar equipo de segunda mano−

−Eso sería fraude−

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Al fin habían aterrizado, cuando salió pudo ver dos limusinas negras, cada una con su chófer al lado de la puerta.

−Vamos− le dijo a la esmeralda quien no se había movido desde que bajó del jet.

Shaoran solamente se limitó a ir hasta unos de los hombres el cual abrió la puerta de la limusina permitiéndole entrar en esta.

Se despidió de Wei y fue hasta la limusina donde se había subido su jefe.

−¿Conseguiste lo que te pedí?− cuando entró a la limusina encontró a otro hombre hablando con el castaño.

Reconoció a aquel sujeto, Lang Li, tío del castaño. Un hombre dedicado a los negocios y el cual constantemente aparecía en las revistas de los mismos. Por lo que había leído era un hombre de cincuenta y tantos años, su cabello era castaño y ojos oscuros, de figura esbelta y muy apuesto.

−Sólo esto, pero hay algo muy raro− le dijo mientras le entregaba unos papeles. Cuando Sakura se sentó al lado de su jefe los observó con picardía. −Muy buenos gusto Xiao Lang−

−Ella es Sakura Kinomoto y no es lo que estás pensando− le dijo mientras ojeaba los papeles que minutos antes le habían entregado.

−Si como no, andas con una chica preciosa y no es lo que estoy pensando− la castaña se sonrojó levemente al escuchar las insinuaciones de aquel hombre.

−Él es el señor Lang Li− presentó el castaño a aquel hombre.

−Soy su tío pequeña− le dijo con una sonrisa mientras le ofrecía la mano, sentía su mano pequeña delante de la de aquel hombre.

−Mucho gusto− el castaño los observaba a ambos de reojo.

−El gusto es mío preciosa− fulminó a su tío con la mirada, siempre era igual.

−Pudiera ser tu hija− le dijo con la frente arrugada.

−Pero no lo es− dijo con una sonrisa al liberar la mano de la esmeralda de su agarre. −Espero que esta si sea en serio y que la hagas una Li pronto− la castaña se sonrojó notablemente y bajó la mirada.

−No es lo que piensas, es mi secretaria− la verdad que si alguien sabía molestarlo era su tío y Eriol.

−¿Cómo van las cosas en Japón?− de repente se había puesto muy serio.

−Todo está bien y todo lo que he visto o leído en orden− también se había puesto serio.

−Yue sabe cómo jugar sus cartas, tienes que tener mucho cuidado− Lang nunca había confiado en Yue, algo en este no le gustó desde el primer momento que lo vio.

Hien y Lang Li habían sido hermanos gemelos, Lang mayor sólo por tres minutos de diferencia. La fortuna Li estaba dividida por partes iguales la cual luego de un tiempo ambos hermanos decidieron unir y formar un imperio.

Yue había estado en la central de París, pero luego de la muerte de Hien lo habían mandado a la empresa de Japón ahí las sospechas de Lang se hicieron más fuertes al comparar las ganancias de la empresa.

−Mi madre confía plenamente en él−

−Yue era la mano derecha de Hien− dijo. −Nunca lo despedí porque le tenía mucho aprecio y al morir tu padre, Ieran quedó como representante de tu padre y lo siguió protegiendo− continuó. –Cuando empecé a sospechar de él lo comenté con tu padre, pero él estaba ciego− Sakura permanecía en silencio.

Toda la mañana y la tarde fueron muy agitadas para la castaña ya que tenía que acompañar al castaño a las reuniones que tenía ese día. Estaba cansadísima sólo quería dormir por algunas horas ya que sabía que esos quinces días iban hacer de puro trabajo.

Si la casa que estaba en Japón se la encontraba grande esta se la encontraba grandísima.

−No cenaré− no esperó a que Wei se lo dijera, fue directamente al estudio,

La castaña lo siguió con la mirada.

−Supongo que tendrá hambre− le dijo con una sonrisa, ella sólo asintió. −Sígame−

Luego de haber comido le mostró su habitación en la cual dormiría durante su estadía allí, cuando estuvo sola observó la habitación la cual contaba con su propio baño, vio su maleta en unos de los muebles de la habitación, luego decidió arreglar su ropa en el clóset. Decidió tomar un relajante baño de burbujas, preparó el jacuzzi, se recogió el cabello para luego desnudarse.

−Que rico− susurró cuando sintió el agua contra su piel.

Observó el techo del baño, no había visto al castaño desde que llegaron.

−Shaoran− susurró mientras cerraba los ojos, estaba muy cansada y ese baño hacía que todo su cuerpo se relajara. Largos minutos después se había quedado dormida.

Había llamado a la puerta y al no escuchar repuesta de la castaña había decidido entrar, la buscó con la mirada, no encontrándola. Apenas entró al baño su mirada se posó sobre el jacuzzi, ahí estaba ella, con la cabeza recostada en el borde de este y los ojos cerrados.

Se acercó con pasos silenciosos y cuando estuvo frente al jacuzzi inclinó el cuerpo hacia delante acercando el rostro hasta el femenino. La miró en silencio durante unos minutos, su aliento era relajado. Sus ojos recorrieron el rostro femenino para luego seguir un recorrido por el cuello. Cuando su mirada se posó sobre el comienzo de sus pechos, sonrió.

−Hermosa− susurró volviendo a mirar su rostro.

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Estaba con la mirada fija en unos papeles cuando sintió como la puerta del estudio fue abierta. Alzó una ceja al ver a la castaña entrar, miró la hora, una de la madrugada.

−¿Qué haces despierta a esta hora− le peguntó.

−No puedo dormir− se había quedado dormida mientras se duchaba y al despertar pudo ver que había dormido por largos minutos. Se había puesto un camisón blanco con azul de tiros y luego se hubo acostado. Había despertado con sed y decidió ir a buscar un poco de agua, al bajar el último escalón su mirada vagó por donde el castaño se había ido al llegar y fue cuando notó una tunes luz y había decidido ir a ver.

−¿Y tú, qué haces despierto a esta hora?− se quedó de pie recargada en la puerta

−Trabajo− la recorrió de abajo arriba deleitándose con su figura, esa mujer se mostraba muy fácilmente en ropa de dormir en su presencia. −¿No tienes frio?− una sonrisa maliciosa se posó en sus labios. Miró sus pechos sobre la tela, no llevaba sujetador, eso lo podía asegurar y jurar.

Imaginarla sin aquel camisón y sin sujetador hizo que la parte sur de su cuerpo empezara a reaccionar, no era posible que se excitara sólo verla en ropa de dormir. Se puso de pie y caminó hasta donde ella estaba.

−¿Qué haces?− le preguntó cuando vio como él la acorralaba contra la puerta.

−¿Estás intentando provocarme?− inclinó el rostro sobre el de la castaña y ella no pudo más que sonrojarse fuertemente.

−Creo que la falta de dormir te está afectando− se ponía demasiado nerviosa con su cercanía.

−¿Te gusto, Sakura?− esa pregunta la sorprendió, no solamente le gustaba sino que lo amaba. ¿Qué le podía responder, que lo amaba?

−Eres muy guapo...pero...− de repente la boca se le había secado.

−¿Pero qué?− se separó lo suficiente como para que pudiera escapar pero la esmeralda no lo hizo.

−Nada− bajó la cabeza avergonzada, enamorarse de su jefe podría ser el peor error que pudiera cometer.

−No soy tonto, lo veo en tus ojos o cuando te beso−

−E...to...− ahora qué le diría, quería huir de allí, quería ir y encerrarse en la habitación mas sus pies no se movían.

−Lo siento− sus ojos se humedecieron y los deseos de llorar la invadieron.

−¿Por qué?− preguntó.

−Por...− sintió una lágrima deslizarse por su mejilla. −Por...a verme...fijado en...en...ti− ya lo había dicho ahora esperaba que él no le rompiera el corazón.

Aunque se había dado cuenta se sorprendió oírlo de su boca, ella tenía la mirada en el suelo y algunas lágrimas bajaban por sus mejillas. Un incómodo silencio se hizo presente. El castaño estaba algo sorprendido, ninguna mujer antes se disculpó por haberse enamorado de él, eso era algo nuevo.

Sintió como la tomó entre sus brazos y la abrazó, quedó sorprendida al sentirse rodeada por los fuertes brazos masculinos, ahogó un sollozo y le correspondió.

−Sabes− le acarició el cabello. −Es malo enamorarse de tu jefe− inclinó la cabeza y le susurró al oído.

−Yo... − se separó al escuchar aquello.

−Shhhh− la calló poniendo un dedo sobre sus labios.

Nuevamente estaba acorralada y el acercándose para besarla, cerró los ojos cuando sintió como le rozaba los labios.

−Eres encantadora− sonrió. No podía negar que se veía preciosa con los ojos cerrados y las mejillas sonrojadas.

La besó con lentitud, tomándose todo el tiempo necesario. Esa niña tenía algo que le atraía y estaba dispuesto a descubrir que era. Si en algún momento había amado a Kaho ahora estando con su secretaria no estaba seguro. No podía darse el lujo de enamorarse de ella ni de ninguna otra mujer.

Una mano la tenía en su cuello la otra permanecía en su pequeña cintura. Mientras deslizaba la lengua por el interior de la boca femenina una mano se deslizaba por debajo del camisón acariciando la tersa piel de sus muslos.

De sus labios pasó a su cuello besando toda la suave piel, lamió y mordió delicadamente haciéndola suspirar. Si seguía así perdería la cabeza, pero desde que la había visto entrar al estudio vestida en ropa de dormir sintió una reacción en su cuerpo que no había sentido en meses por ninguna mujer. Sólo quería probar un poco más de ella, quería escucharla gemir su nombre, quería perderse con ella en las llamas del deseo y eso era justamente lo que iba hacer si ella no lo detenía.

Se separó de ella solamente un momento para mirarle el rostro el cual estaba sonrojado, los labios estaban rojos y entreabiertos. Con la mano que tenía sobre su cuello fue descendiendo hasta su pecho izquierdo, todo esto sin dejar de mirarle el rostro. Se mordió el labio inferior para no gemir cuando sintió una caliente mano masculina sobre su pecho.

−Dime que no y me detengo− le susurró al oído mientras seguía con sus caricias. Sintió el pequeño pezón endurecido contra su palma y amó que su cuerpo reaccionara tan fácilmente a su toque.

Se llevó las manos a la boca para callar el gemido que salió de su garganta cuando él deslizó la mano bajo su camisón y acarició su pecho sin ninguna barrera.

Sentir aquellas masculinas manos acariciándola era tan íntimo y nuevo, no quería que se detuviera, su cuerpo deseaba algo más.

−Di que si y aquí mismo te hago el amor− le volvió a susurrar al oído mientras tomaba el lóbulo entre sus labios y mordisqueaba.

Su boca hasta su cuello el cual acarició con la punta de la lengua, dejó libre aquellos pechos que estuvieron entre sus manos, empezó a subirle el camisón mientras seguía acariciándole el cuello con la lengua. Le subió el camisón dejando ver los pechos femeninos, se separó de su cuello y la observó al rostro. Estaba sonrojada y respiraba de manera agitada, un gemido se le escapó cuando sintió como el castaño atrapaba unos de sus pequeños pezones entre sus labios. Mordisqueó con suavidad el pequeño montículo, sintiéndolo endurecido y suave contra su lengua.

−…Shao….− arqueó la espalda y gimió. Sus piernas le flaqueaban y juraba que en cualquier momento podría caer.

−Shhhh− susurró contra su pecho mientras seguía succionando el pequeño pezón, unas de sus manos se deslizó por su plano vientre hasta llegar a la ropa interior femenina.

Se sentía como un mocoso el cual tendría su primer revolcón, todo su cuerpo estaba tenso y la erección le apretaba el pantalón pidiendo ser liberada. Dejó sus pechos cuando se hubo saciado de estos y la besó nuevamente mientras su mano iba al encuentro de su parte íntima la cual tocó sobre la tela de la ropa interior, húmeda, ella estaba húmeda por él.

Los gemidos de la esmeralda fueron callados por su boca, saboreó nuevamente el interior de su boca y luego se separó lo suficiente como para quitarse la camisa blanca que traía puesta.

Gimió involuntariamente al ver el magnífico y perfecto torso del hombre que permanecía frente a ella. ¡Dios! Estaba segura que era un pecado ser tan perfecto y guapo. Por primera vez se atrevió a tocarlo y cuando lo hizo el jadeó, sus manos acariciaron los hombros masculinos y amó la perfección de la piel del castaño. Se retorció y detuvo sus caricias cuando él la siguió acariciando sobre su ropa interior. El calor líquido entre sus piernas era la prueba de que ella disfrutaba de lo que le estaba haciendo

Terminó de quitarle el camisón y se maravilló al observarla, ahí estaba ella, sólo con unas bragas color azules guardando ese lugar tan secreto del cuerpo femenino. Se quedó sin aliento al sus ojos encontrarse con la mirada llena de deseo del castaño, la observaba como el plato más delicioso, estaba segura que no había hombre más perfecto que él. Recorrió su abdomen con la mirada deteniéndose en la parte baja de este, no pudo evitar sonrojarse fuertemente al imaginarse ese perfecto cuerpo sobre el suyo.

−Me gustas− las palabras abandonaron sus labios y él no se molestó en retenerlas. Cubrió su boca con la suya y la besó apasionadamente.

Estaba perdiendo la cabeza por esa niña, ella tenía algo, algo que no se podía resistir. Había mandado al diablo todo, aunque quisiera no podría detenerse, ella ya le había permitido probar más de su cuerpo y el seguiría hasta el final. La tomó en brazos y la llevó hasta el negro mueble. La depositó con cuidado, el mueble no era grande pero si lo suficiente como para poder tomarla. Sonrió con malicia cuando vio como luego de que dos de sus dedos se colaran bajo su ropa interior la esmeralda gemía y todo su cuerpo se tensaba.

La besó de manera tierna mientras que a la misma vez sus dedos iban al encuentro de aquel pequeño botón de placer. Ella gimió sin aliento al sentir los dedos masculinos jugar con su parte intima.

−Córrete hermosa− susurró contra sus labios. –Déjame sentir cuanto me deseas dentro de ti− sentía como la húmeda entre sus dedos se escurría hacia la palma de su mano, mojándola. Con suma lentitud empezó a deslizar un dedo dentro de su húmeda cavidad. La quería hacer llegar al clímax antes de continuar, quería escucharla gemir su nombre cuando llegara al placer máximo.

−Sha..o… − jadeó, su cuerpo se tensó de manera deliciosa. El cosquilleo que sentía en su bajo vientre se sentía insoportable y el calor entre su entrepiernas por igual. −….Te...amo− gimió fuertemente mientras el orgasmo invadía todo su cuerpo.

La sintió estremecerse y arquear la espalda por el placer recibido. Él también estaba tenso, estaba duro como nunca lo había estado en su vida por una mujer, deseaba con todas sus fuerzas sumergirse en ese estrecho y apretado canal, marcarla y poseerla. Sin embargo la tensión de su cuerpo no se debía a su excitación sino al hecho de que ella gimiera que lo amaba. Siguió acariciando su cavidad con lentos toques, tan lentos como los toques de una pluma, cuando su respiración se hubo tranquilizado un poco apartó los dedos de su cuerpo, la besó en la frente y se alejó de ella dejándola confundida.

Esa confesión lo cambiaba todo, todo. Se había acostado con muchas mujeres por su propio placer y nunca le hubo importado si algunas de esta estuvieran enamoradas de él pero ahora con su secretaria era diferente, esa mujer lo frustraba. Se recargó contra el escritorio, se cruzó de brazos, cerró los ojos, no podía dar crédito a lo que acababa de pasar, cómo pudo perder el control de esa manera, si ella no le hubiese dicho que lo amaba ahora mismo estaría tomándola allí sobre ese mueble. Abrió los ojos y la observó de manera larga y profunda.

Apenas se estaba recuperando del orgasmo cuando su mirada se encontró con la chocolatada del castaño quien la observaba de manera profunda. Sus mejillas aún estaban sonrojadas, sus pechos subían y bajaban por su respiración.

Tuvo que llevarse una mano al rostro y frotarse el puente de la nariz al sentir la punzada entre sus piernas, nuevamente su miembro se endurecía, pero no, no podía darse el lujo de perder la cabeza nuevamente.

Se enderezó en el mueble y tomando unos de los cojines cubrió su cuerpo desnudo. Estaba confundida, no entendía la razón que llevó al castaño apartarse de ella.

Sonrío cuando la vio taparse. Fue hasta donde estaba su camisa y el camisón que minutos atrás le había quitado, ella lo siguió con la mirada. Cuando estuvo frente a la castaña le quitó el cojín con el que se había tapado, la observó largamente para luego sentarse a su lado y besarla lentamente, le sonrió al separarse de ella y le puso el camisón.

−Será mejor que te vayas a la cama− habló.

−Pero... − no quería separarse de él, no luego de la íntima escena que acababan de compartir.

−Mañana hablaremos− ella lo miró no muy convencida. −Te lo prometo− suspiró.

−Que duermas bien− le dijo mientras se ponía de pie con una sonrisa.

−Tú también preciosa− le dijo para luego ponerse de pie y besarla.

Suspiró cuando la vio marcharse, no daba crédito a lo que acababa de hacer, si la esmeralda no le hubiese dicho que lo amaba ahora mismo estuviera tomándola sobre aquel mueble. Volvió a suspirar mientras se desplomaba en el mueble.

−Sakura− murmuró mirando hacia el techo. −Me estas volviendo loco niña− y la erección que tenía entre las piernas no ayudaba mucho que digamos. Todo era nuevo para él, quedarse con una erección y con un cuerpo femenino con que saciarse y sin poder tocarlo era algo realmente nuevo.

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Cuando llegó a la habitación se tiró en la cama con una sonrisa y un sonrojo al recordar lo que había pasado minutos antes, todavía no lo podía creer, su jefe casi le hace el amor. Su cuerpo todavía se sentía caliente, aún sentía sus toques, sus besos y caricias sobre su piel.

−Shaoran− susurró cuando estuvo metida bajo las sábanas. −Te amo− quedó profundamente dormida luego de aquellas palabras salir de sus labios.

−¿Qué diablos hiciste Shaoran? − se reprendía mientras salía del baño con una toalla en la cintura.

Cuando subió a su habitación decidió tomar una ducha bien fría ya que todavía su potente erección era muy vidente y al parecer no lo dejaría dormir.

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La noche anterior apenas había pegado los ojos pensando en todo lo que había pasado, se odiaba sí mismo por jugar con ella, aunque prácticamente no estaba jugando con ella, tenía sentimientos hacia la esmeralda sólo que esos tenían que ver con una fuerte atracción física y sexual. Maldición, Sakura era el tipo de mujer que le gustaba y tal vez por esa inocencia que mostraban sus ojos cuando lo miraba era que le gustaba.

Tenía que dejarle claro sus sentimientos ante de lastimarla, tal vez ella sólo estaba confundida.

−Xiao Lang− lo llamó su tío.

−¿Qué pasa? − le preguntó este cuando salió de sus pensamientos.

−Eso mismo te pregunto a ti− lo miró con una ceja alzada.

−No es nada− le aseguró.

−Sabes, te conozco demasiado bien como para saber cuando algo te molesta o te tiene preocupado− vio como se puso de pie y eso confirmó sus sospechas.

−No es nada− se pasó las manos por los cabellos con nerviosismo.

No entendía que le pasaba con aquella mujer.

−¿Es ella verdad? − vio como su sobrino lo miró y supo que había dado justo en el blanco, el castaño estaba dispuesto a negarlo pero lo interrumpió. −No te atrevas a negarlo, sé cómo te pones cuando una mujer te atormenta− le dijo.

−No sabes lo mucho que me ayudas− dijo con sarcasmo.

−No te preocupes, las mujeres han sido un problemas para los Li desde nuestra existencia− Shaoran sólo lo miró con reproche. −Te digo algo−

−Mejor no me lo digas− tenía la sensación de ya saber lo que su tío le diría.

−Es una niña preciosa y si no la quieres no juegues con ella− le aconsejó.

−¿Qué te hace pensar que estoy jugando con ella?− preguntó con las cejas fruncidas.

−Porque todavía no le perdonas a Kaho lo que te hizo−

−¿De qué estás hablando? – nunca le había dicho a su tío los motivos por los cuales terminó su relación con Kaho.

−Por favor Xiao Lang, no soy idiota, sé lo mucho que quisiste a Kaho− el castaño lo miraba con atención. −Sólo hay una cosa que pueda poner a un hombre tan furioso y que quiera desquitarse con las demás mujeres−

−¿Y eso que es, según tú? − le preguntó con una ceja alzada.

−La infidelidad, esos es lo único que un Li no perdona y creo que eres tú quien lleva más alto el apellido−

−Al grano− exigió.

−Quieres de quitártelas− su sobrino lo miró con sorpresa. −Recuerda que hay algunas que se enamoran de verdad− le dijo.

−Tal vez sólo esté impresionada− le dijo mientras se volvía a sentar.

−Puede ser, la mayoría de mujeres quedan deslumbradas cuando conocen un hombre guapo y con unas de la cuentas bancarias más grande del mundo−

−¿Crees que sólo le interesa mi dinero? – la duda de que la esmeralda solamente estuviera impresionada por su dinero lo atormentaba en gran manera.

−Las mujeres son un verdadero misterio, pero no creo que ella esté deslumbrada por el dinero, sus ojos muestran demasiada inocencia como para querer sólo eso− sonrió. −Te mira con amor−

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−¡No puede ser, me quedé dormida!− gritaba mientras salía de la cama.

Con rapidez tomó la toalla y fue al baño para tomar una rápida ducha, al terminar se cepilló los dientes y volvió a la habitación y donde fue al clóset, sacó una falda color gris que le quedaba por las rodillas con una camisa blanca de botones.

−Eso te pasa por dormilona− se reprendió mientras iba a unos de los cajones y sacaba su ropa interior poniéndosela lo más rápido que le era posible. Cuando hubo terminado de vestirse se soltó el cabello para luego cepillárselo, se recogió el pelo en una alta coleta.

−¡Oh, no!− dijo con frustración al ver la hora.

Salió rápidamente de la recamara y no pudo evitar chocar contra alguien.

−¡Ouch! − se quejó.

−Lo siento mucho señorita− se disculpó la chica haciendo una inclinación de cabeza y ayudándola a ponerse de pie.

−No, discúlpeme usted a mí− dijo avergonzada.

−No tiene porqué disculparse− dijo con la cabeza baja.

−¿Dónde está Shaoran?− decidió preguntar al ver que esa mujer no aceptaría que se disculpara.

−El joven salió bastante temprano− observó a la castaña y la vio palidecer.

−¡Queee!− no pudo evitar gritar.

Suspiró con derrota, ella estaba allí para trabajar y a la primera se quedaba dormida, que desastre.

−Veo que ya se despertó− escuchó la voz del sirviente del castaño mientras este se acercaba.

−Buenos días, señor Wei− lo saludó con una sonrisa.

El hombre le devolvió el gesto para luego darle algunas instrucciones a la mujer que estaba con la castaña.

−Sígame, por favor− le pidió el hombre.

Así lo hizo hasta llegar a un elegante comedor.

−Por favor desayune− le pidió. −El joven Xiao Lang pidió que se le atienda−

Se sentó en unas de las sillas y luego vio como una chica de servicio se acercaba y dejaba un plato frente a ella mientras otra se acercaba con dos jarras de jugo.

Ella sonrío, Wei le recordaba mucho a su padre y se sentía cómoda platicando con él, no pudo evitar preguntarse cuanto tiempo llevaría trabajando para Shaoran.

−El joven ordenó dejarla descansar ya que de seguro estaba cansada con todo lo de ayer− vio como sus mejillas adquirían un ligero color rosa.

−Shao...ran...usted...− se sintió abochornada al pensar que Wei pudiera saber lo que había pasado entre ella y el castaño la noche anterior. Se llevó el tenedor a la boca.

−Señorita− los interrumpió otra chica al acercarse. −Tiene una llamada− le dijo.

−Una llamada− dijo un poco confundida.

−Una señorita llamada Tomoyo Daidouji− dijo mientras le pasa el teléfono.

−Gracias− le dijo con una sonrisa y se llevó el teléfono al oído. Wei hizo una reverencia y luego se marchó al igual que las chicas que permanecían allí.

−"Eres una mala amiga, no puedo creer que no me llamaras"− escuchó la voz de su mejor amiga.

−Lo siento Tomy ya sabes, hay mucho trabajo− dijo con una sonrisa mientras daba un sorbo de jugo.

−"¿No se supone que esté trabajando?"− le preguntó.

−Sí, pero Shaoran se fue sin mí− dijo con un dejo de tristeza.

−"No te preocupes"− la animó esta.

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−¿Ya estás más tranquilo?− escuchó la voz de su tío que acababa de entrar.

−Ya te dije que no me pasa nada− dijo mientras apartaba la mirada de los papeles que tenía en mano para mirar a su tío.

−Si como no, pero no venía a eso− dijo mientras se sentaba frente al escritorio.

−¿Pasa algo− le preguntó.

−Zoé le quiere conocer− el castaño al escuchar aquello se tensó.

−No puedes tener la boca cerrada−

−Esas no son formas de hablarle a tu tío− lo reprendió. −Lo entenderás cuando esté casado, las mujeres saben muy bien cómo convencer y sobre todo si es tu esposa− le dijo con una sonrisa mientras se ponía de pie. −Los estaremos esperando a las ocho, ya sabes cómo es Zoé así que no te recomiendo que te niegues− luego de decirle aquello se marchó.

Shaoran maldijo por lo bajo, quería a la esposa de su tío como si fuera su tía pero algunas veces era exasperante.

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Las doce y media del mediodía y el castaño ni siquiera se había molestado en llamarla, no pudo evitar sentirse algo triste, luego de lo que había pasado la noche anterior pensaba que pasarían el día juntos.

−Señorita− llamó a la puerta, estaba preocupado ya que había pasado toda la mañana encerrada en su habitación.

Se levantó de la cama con pesar y fue a abrir la puerta encontrándose con Wei.

−¿Se siente bien?− le preguntó cuando la vio abrir la puerta. Ella asintió con tristeza. −Me gustaría mostrarle la mansión− le dijo con una sonrisa.

−¿De verdad?− preguntó con emoción. −Pero...Shaoran se puede enojar− su verde mirada se entristeció nuevamente.

−No se preocupe− le dijo con una sonrisa, ella no pudo evitar también sonreír.

No quedo ningún rincón de la casa que Wei no le mostrara, era una casa bastante grande, con una decoración elegante y un hermoso jardín.

−¡Wow!− estaba encantada mientras miraba toda el área de la piscina. Todo estaba perfectamente combinado.

−Señor Wei− ambos giraron sobre sus talones y pudieron ver unas de las chicas de servicio acercarse. −La señora Marie lo necesita en la cocina−

−Disculpe señorita− hizo una inclinación de cabeza para luego marcharse acompañado de la muchacha.

−No imaginé que tuviera tanto dinero− susurró mientras miraba todo su alrededor. Decidió que lo mejor era ir al estudio a leer algo, estar en esa casa tan grande sin nada que hacer podía ser completamente aburrido.

Al llegar al estudio no pudo evitar sonrojarse al recordar lo sucedido la noche anterior, sacudió la cabeza para que los recuerdos se alejaran, observó detrás del escritorio y pudo ver unos que otros libros.

−A ver− miró todo a su alrededor para ver cómo iba a alcanzar el libro que quería leer, acercó la silla y se quitó los zapatos para luego subirse en la silla, se detuvo al ver que habían unos libros con el lomo color rojo, tomó uno y pudo ver que estaba forrado. −No le veo nada en especial− decidió abrirlo, echarle un vistazo no estaría mal o sí. Empezó a leer la primera página donde abrió el libro. −Le rodeó el cuello, le acercó la boca y tiró de él encima de ella. Luego lo envolvió con las piernas, y alzó las caderas contra él. Él se hundió en su cuerpo suave y femenino. Con un poderoso empuje, él llenó su cuerpo completamente. Le tomó la cara con las manos y la miró mientras comenzaba a moverse con voluptuoso ritmo. Bianca cerró los ojos para evitar la vergüenza de que la viera entregada a las demandas de su cuerpo. Abrió la boca y gimió mientras el deseo iba creciendo en ella. Gimió de placer. Era un exquisito tormento, que parecía no tener fin− sus mejillas se tornaron rosadas y rápido volvió a colocar el libro en su lugar. −Es una novela erótica− se dijo a sí misma.

Decidió bajarse e irse a su habitación, pero la verdad no estaba segura, miro los libros y luego a la puerta así sucesivamente. ¿Por qué no echar un vistazo?, no se podía quedar virgen de por vida, Tomoyo le había dicho que tarde o temprano lo haría y que no le tenía que dar vergüenza nada relacionado con el sexo ya que en pleno siglo XXI las chicas que quedaban virgen se podían cortar.

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Había decidido que lo mejor era ir almorzar a su casa y así hablar con Sakura antes de que se compliquen más las cosas.

−¿Dónde está la señorita?− le preguntó a Wei.

−Está en el estudio− el castaño se alejó con pasos firmes.

Volvió a tomar otro libro de lomo rojo pero no era el mismo, otro libro sin portada, su respiración se hizo entre cortada y el sonrojo en sus mejillas se hizo más notorio al abrir el libro y ver unas fotos con posiciones sexuales, respiró profundo y con manos temblorosas pasó a la siguiente página.

Se quedó sorprendido de ver a la esmeralda parada sobre su silla y con un libro entre las manos.

La recorrió con la mirada y pudo ver su perfecta figura, a pesar de no ser como las modelos con las que había estado, su secretaria tenía un cuerpo que llamaba su atención, cerró la puerta tras sí sin que ella lo notara y sonrió mientras su mirada recorría su cuerpo, era pequeña, de piel clara y cabellos oscuros, sus otras novias habían sido todo lo contrario, altas, mucho más delgadas, cabellos claros, todas tenían cuerpo perfecto mas en algo si se parecían y eso era en que desde su niñez le gustaron las mujeres de ojos claros aunque nunca había tenido una con los ojos como los de ella. Tal vez si no fuera por su tamaño podría ser modelo, ella tenía curvas y muy bien puesta. Le recorrió la espalda hasta posar su mirada sobre su trasero y podría jurar que tenía el trasero más perfecto que hubiese visto.

Estaba demasiado concentrada con lo que hacía como para notar que el castaño la estaba prácticamente devorando con la mirada.

−Mmm, veo que está muy interesante lo que lees− su sonrisa se borró al ver lo que a continuación pasó.

Espantada por escuchar la voz de Shaoran tiró el libro y este fue a caer en manos del ya mencionado mientras ella cayó al piso por segunda vez en el día.

−¡Ouch!− se quejó mientras se acariciaba el trasero ya que había caído sentada. −Eso dolió− dijo con unas pequeñas lágrimas en los ojos.

Rápido llegó al lado de ella para ver si se encontraba bien, no le dio tiempo de actuar porque el castaño la había tomado en brazos y cuando su cerebro pudo analizar lo que había pasado se encontraba sentada en unos de los muebles del estudio.

−¿Te encuentras bien?− le preguntó mientras le apartaba un mechón de pelo del rostro.

−Sólo me sorprendiste− le dijo con una pequeña sonrisa pero esta no duró mucho al ver el libro en las manos del castaño. −Yo...yo...es...te...− dijo mientras señalaba el libro, Shaoran lo miró para luego mirarla nuevamente. −Lo...lo siento− dijo con nerviosismo y se cubrió el rostro con las manos para que él no viera su sonrojo.

−Pequeña pervertida− dijo con una sonrisa maliciosa.

−Yo...no...− se apartó las manos y lo miró con el sonrojo muy notable, no supo que contestarle ya que él la había encontrado con la mano en la masa como quien dice.

−Y yo que pensaba que eras una niña inocente− se puso de pie sin dejar de mirarla.

−Yo...− dudó. –Me llamó la atención− soltó de sopetón.

El castaño abrió el libro y pudo ver de que se trataba, el Kamasutra.

−Recuerda, la práctica es mil veces mejor− le dijo con malicia y ella sólo se sonrojo. Lo vio alejarse y poner el libro donde minutos atrás había estado.

Unos toques en la puerta llamaron su atención.

−Pase− ordenó el castaño, vieron a una muchacha entrar.

−La comida ya está servida− dijo esta.

−Enseguida vamos, se puede retirar− la chica hizo una reverencia para luego marcharse. −¿Qué pasa pequeña?− le preguntó al verla tan pensativa.

−Se supone que vine a trabajar y de primeras me quedo dormida− lo vio tomar sus zapatos.

Se acercó y se puso a su altura para luego ponerle los zapatos, al terminar le ofreció la mano para ayudarla a ponerse de pie.

−No te preocupes es normal, estabas agotada y necesitabas descansar− le dijo.

−Pero...− se mordió el labio inferior al no encontrar las palabras adecuadas.

−Shhh− la calló. −¿Qué te parece si por ahora comemos?−

No se atrevió a contradecirle y ambos salieron del estudio hasta llegar al comedor, donde ya todo estaba preparado. Quedo maravillada digamos ella solamente estaba acostumbrada a comer sola y cuando había comido acompañada sólo eran por su padre, hermano y Tomoyo pero nunca con un hombre tan guapo como Shaoran.

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−Yo estoy de acuerdo con mi hermano− le decía una Mey muy enojada.

−Tranquila preciosa, yo solamente decía− le dijo su prometido el cual estaba revisando unos papeles de la empresa.

−¿Crees que estamos mal?− dijo mientras bajaba la mirada ya que se había enojado con él y este no tenía culpa alguna.

−La verdad no sé, todavía no hay pruebas congruentes− alzó la mirada y la vio cabizbaja y supo que se sentía triste por haberse enojado con él.

−Papá confiaba ciegamente en él, pero nosotros no− dijo en susurro.

Decidió ponerse de pie y acercársele.

−¿Por qué nunca confiaste en él?− colocó sus manos sobre sus hombros.

−No sé, hay algo que nunca me gustó− dijo mientras lo miraba. −Tal vez sea una tontería pero su mirada destella malicia y odio cada vez que ve a Xiao Lang−

−¿Qué razones tendrá para odiarlo?− le preguntó con una ceja alzada.

−Tal vez porque Xiao sea hijo de papá− le dijo.

−Eso no tiene sentido, si así fuera también odiaría a Shiefa y a ti− le dijo.

−Xiao Lang siempre se interesó en los negocios de papá, él sabía que si Xiao quedaba frente a su fortuna la agrandaría−

−¿Y Shiefa y tú?− le volvió a preguntar, aunque ya esa historia se la sabía por conocer a la familia Li desde pequeño.

−A mi hermana nunca le interesó estar al frente de la empresa− le dijo. –Siempre nos interesó el modelaje− sonrío al recordar que cuando eran pequeños Mey siempre le decía que iba hacer la modelo más famosa del mundo. −Nos gustaba todo lo relacionado con el modelaje mientras Xiao desde pequeño le interesaban los negocios de papá− continuó. −Papá sabía que si Xiao Lang estuviera frente a sus negocios estos estarían en buenas manos− dijo finalmente.

−No entiendo preciosa− dijo mientras hacía pequeños círculos con su dedo índice en ambos hombros.

−Estoy segura que Yue creía que con la muerte de papá él iba hacer unos de los mayores propietarios−

−No podría− le dijo. –De cualquier forma estamos Ryo y yo−

−Sí, pero mi primo está representando a mi tío y tú a tu padre− sintió como besaba la parte derecha de su cuello. –Papá no tendría quien se hiciera cargo de nuestro dinero− dejó escapar un suspiro al sentir el suave beso. −Cuando papá murió sabía que mamá tomaría el control pero no contó con que sólo era hasta que Xiao pudiera hacerse cargo− dijo. −Me imagino que pensó que cuando mamá anunció que ya no sería la presidenta de la sucursal de Hong Kong todo pasaría a sus manos por ser el hombre de confianza− sonrío al ver que le soltaba el cabello.

−Pero no contó con que nos nombrarían presidentes mayoritarios− hundió sus dedos entre la negra melena.

−Creo que fue ahí cuando ya no pudo aguantar su odio, estuvo muy tranquilo porque sabía que a Shiefa no le interesaba ser la presidenta y ahí fue cuando notó que a Xiao Lang si− susurró al sentir las caricias sobre su cuero cabelludo. –Mi tío todavía no se retiraba y tu padre tampoco−

−Si es cierto que Yue odia a Xiao Lang supongo que Ryo y yo también entramos en su odio− inclinó el rostro hacia ella al verla como entrecerraba los ojos. −Si hemos mantenido las empresas en primer lugar entre las primeras cincos estoy seguro que así seguirá siendo−

−Si…− fue sólo un susurro antes de que él cubriera su boca con la suya.

La morena lo empujó un poco cuando sintió como su lengua acariciaba el interior de su boca.

−…Eriol− jadeó contra la boca de su novio.

La hizo retroceder hasta que su trasero chocó contra el escritorio.

−Eriol…− gimió al sentir como deslizaba una mano hasta sus pechos.

−Shhh− susurró contra sus labios. −Será rápido− le aseguró.

−No…− se separó muy a su pesar. −Tengo una sección de fotos− dijo con la respiración agitada.

El moreno la miró con la frente fruncida.

−Lo siento− se disculpó, se arregló la ropa y salió con rapidez.

El moreno suspiró con fastidio. Estaría allí hasta quien sabe a qué hora y ella lo dejaba así.

−Genial− susurró.

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Hacía una hora que habían salido de la mansión, no sabía si lo mejor era llevarse a la castaña o dejarla en la casa, pero qué más daba, ahí estaba, en una reunión con unos socios, su tío y la esmeralda a su lado.

Arthur y Hubert, dos socios de las empresas Li & Hiragizawa Oil Company. El primero con más años en la compañía mientras el segundo con pocos años. Desvió la mirada de los papeles que tenía en manos para posarla sobre su secretaria quien permanecía en silencio a su lado izquierdo. Arthur no le quitaba la mirada a la castaña desde que habían entrado a aquella sala de juntas, unas miradas lascivas e insinuantes, apretó con rabia el papel en mano.

Observaba en silencio la tensión de su sobrino, había notado como aquel hombre miraba a la secretaria. Mientras ambos hombres estaban concentrados en los papeles en manos se inclinó un poco hacia la esmeralda.

−Ve con la señora Sabagni− fue una orden.

La castaña no entendió muy bien pero prefirió hacer lo pedido al ver como el castaño tenía apretadas las mandíbulas fuertemente.

−Celoso− le dijo su tío en susurro con una sonrisa maliciosa.

Nuevamente vio como aquel hombre la devoraba con la mirada y no sólo su inocente rostro sino que también su cuerpo. Maldición, él también era hombre, sabía de sobras que clases de pensamientos se colaban en la mente de aquel imbécil.

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Salió de aquella sala de juntas, caminó hasta acercarse a un escritorio donde había una chica quien la miraba con envidia.

−¿La señora Sabagni se encuentra?− preguntó con una sonrisa a pesar de como aquella mujer de cabellera negra como el azabache la miraba.

−¿Quién la busca?− preguntó con indiferencia.

−Sakura Kinomoto− estaba segura que esa mujer sabía que era la compañera de Shaoran ya que el día anterior la había visto y esta la había mirado con profundo odio.

−Espere− Sakura sólo frunció las cejas al ver lo detestable que podían ser algunas personas. −Puede pasar− dijo de malas ganas.

−Gracias− dijo con una sonrisa.

Tocó la puerta y entró cuando escuchó una voz dándole el permiso para entrar, recorrió toda la oficina no era tan grande como la oficina del tío de Shaoran pero sí bastante espaciosa.

−Tú debes de ser la señorita Kinomoto, un gusto en conocerla− se acercó a ella y le ofreció la mano en forma de saludo.

−El gusto es mío señora Sabagni− se veía que era una señora muy amable.

−Por favor llámame Alissa, me haces sentir más vieja de lo que soy− le dijo con una sonrisa.

Era una señora de algunos 40 años, de estatura media, su cuerpo se veía bien para su edad, de cabellos rojizos y de piel clara, por lo que Shaoran le había contado era la empleada de confianza de su tío y una que estaba segura de que el señor Yue le robaba a la familia Li desde antes de Hien Li fallecer.

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Dos horas después los ejecutivos se habían marchado, sólo quedaban Arthur y Hubert.

−¿Se les ofrece algo más señores?− preguntó Lang.

−Fue todo una sorpresa que quien se reuniera con nosotros fuera tu sobrino y no Yamamoto− dijo Hubert.

−Decidí hacerme cargo personalmente− estaba seguro que para ambos hombres fue una verdadera sorpresa que fuera él quien representara a la sucursal de Japón.

−Recuerden señores, Yue es un empleado más nuestro− les recordó Lang con una sonrisa.

−Señores, por favor− interrumpió Arthur. –No es para tanto, hay cosas más placenteras de las que hablar−

−Explíquese− pidió el castaño. Estaba seguro que se refería a Sakura.

−¡Por favor Li!− dijo con ironía. −Aquella preciosidad que te acompaña−

−Usted siempre observando mujeres que no son suya− dijo el castaño con tono sarcástico.

−Es bueno debes en cuando− sonrió con malicia. −Los ojos se cansan de mirar la misma vieja carne−

−Claro− lo apoyó el castaño. −Por eso su esposa es una cornuda feliz− sonrió con arrogancia.

−Mi querido socio, a veces el cuerpo te pide carne nueva y joven− dijo sin importancia. −Y mientras la que tienes en casa no se entere no hay problema−

El castaño sólo escuchó lo dicho con tanto descaro. Tío y sobrino vieron a ambos hombres alejarse.

−Pensé que le ibas a pegar− dijo su tío.

−Ganas no me faltaron− aceptó para luego dirigirse hasta la oficina que ocuparía durante su estadía allí.

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Acababa de salir de la oficina de la señora Alissa, iba con la cabeza baja y no pudo evitar chocar con alguien.

−Lo siento− se disculpó, levantó la mirada y pudo ver dos de los hombres que dos horas atrás estaban en la sala de juntas.

−Te perdono si me aceptas un café− dijo con galantería.

−Yo... − pero una voz la interrumpió.

−¿Todavía por aquí señores?− escuchó la voz del tío de su jefe. −Pequeña, mi sobrino la necesita− le dijo con una sonrisa.

−Disculpen− hizo una reverencia y rápido se fue dejando solos a los tres hombres.

−¿Por qué tanto interés en esa chica Lang?− preguntó Hubert con interés. −No me digas que le has echado el ojo−

−¡Vaya!− se expresó Arthur. −El recto y perfecto Lang Li mirando a una jovencita que pudiera ser su hija−

−La de ustedes también− les dijo con seriedad.

−Sí, pero nosotros no tenemos hijas−

−No se equivoquen, la señorita Kinomoto es una empleada muy preciada para nosotros−

−De seguro, no tardará aparecer en los medios como la nueva amante de tu sobrino−

−Es más recomendable que aparezca en los medios involucrada con Xiao Lang que con unos viejos como ustedes− sonrió. −Ahora si me disculpan, tengo mucho trabajo−

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−Adelante− decía al escuchar unos toques en la puerta.

−El señor Lang dijo que me necesitabas− cerró la puerta tras sí al entrar.

Shaoran alzó una ceja, no recordaba haberle dicho a su tío que la necesitaba. La miró de arriba abajo para luego posar la mira en su rostro el cual estaba sonrojado y no necesitó mucha imaginación para saber el porqué de aquel sonrojo.

−Siéntate− le pidió al señalar la silla frente al escritorio.

Así lo hizo, no pudo evitar sentirse nerviosa, estaba segura que hablarían de la noche anterior.

−Sakura– no quería ser cruel. −Lo de anoche nunca debió de pasar− la vio cabizbaja y se sintió miserable al decirle aquellas duras palabras. −Disculpa mi falta de autocontrol−

−Sí, no debió de pasar− lo apoyó en un susurro. Se sentía tan estúpida, tan tonta. Claro, que hombre rechazaría la oportunidad de un revolcón con una mujer que se le ofrece tan fácilmente. −Discúlpame tú a mí− se mordió el labio al sentir deseos de llorar.

El castaño la observaba en silencio, ella se veía tan frágil.

−Fui una tonta− dijo con voz quebrada.

−No digas eso− se puso de pie y se acercó a ella al verla levantar de la silla.

−Solamente una tonta se imagina con su jefe− esta vez levantó la mirada y él pudo apreciar como contenía las lágrimas. −Digo, mírame una simple secretaria− dijo mientras se encogía de hombros. −Y tú, bueno tú eres el sueño de cualquier mujer− hablaba con rapidez. −¡Oh, Dios mío!− ocultó el rostro entre las manos. −Me comporté como una cualquiera−

−No− la tomó de los hombros y la hizo mirarlo. −No digas eso− la miró con seriedad. −Escúchame bien, no eres una cualquiera−

Nuevamente se mordió el labio para ahogar un sollozo.

Le acarició las mejillas con los pulgares y sintió deseos enormes de besarla a pesar de haber dicho que lo de la noche anterior había sido un error. Apoyó la frente contra la femenina y respiró sobre su rostro.

−Eres preciosa−

Justo en el momento que estaba por besarla la puerta se abrió dejando ver a su tío.

La esmeralda con rapidez se separó del castaño. Notó la mirada de su tío sobre él y luego sobre la castaña quien permanecía con la mirada baja y las mejillas sonrojadas.

−Sabes pequeña, Zoé quiere conocerte− decidió hablar para romper el incómodo silencio que se había hecho.

−¿Zoé?− preguntó con confusión.

−Es mi esposa y le he habla de ti, ha quedado encantada− Shaoran sólo volvió a tomar asiento. −Espero que hayas aceptado la invitación−

−¿Invitación?− volvió a preguntar.

−Zoé nos invitó a cenar− esta vez fue el castaño quien habló.

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El resto del día fue agitado, pero ya estaba en la habitación de aquella impresionante casa. Apenas habían llegado el castaño se había ido a su estudio no antes de decirle que la esperaría a la 7:30 p.m. en el recibidor.

Salió del baño dejando una cortina de humo detrás, no había podido evitar que lágrimas bajaran por sus mejillas mientras se duchaba, recordaba lo sucedido en la oficina y era algo que dolía. Agradecía de haber puesto un traje entre sus ropas, se acercó a la cama donde antes de meterse a duchar había dejado el corto vestido, era de color amarillo pastel y de una sola manga, la noche era fresca y el vestido le sentaría muy bien. Se desamarró el cabello y lo dejó caer libremente por su espalda.

Al terminar de ponerse la ropa interior se colocó algo de sombra en los parpados y lápiz labial en los labios para luego ponerse el vestido y peinarse después.

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−¿Cuánto más se tardará esa niña?− permanecía mirando su reloj al pie de las escaleras. Llevaba unos cinco o diez minutos esperándola. Su mirada se posó sobre el punto más alto de las escaleras al sentir una presencia y quedó maravillado al ver a la esmeralda. Preciosa, no, hermosa, esas eran las palabras para describirla. Tenía un corto pero delicado vestido color amarillo pálido, el color amarillo resaltaba su cremosa y delicada piel.

Sintió la garganta seca mientras recorría las largas piernas. Deseos de tomarla en brazos y llevarla hasta su cama y tomarla no le faltó.

No pudo evitar sentirse nerviosa. Allí estaba él con un impecable traje negro, camisa blanca y corbata gris con blanco, estaba tan perfecto, su porte elegante y radiante de seguridad masculina. Lo comprendió en aquellos momentos, un hombre como Shaoran Li nunca la podría ver como una mujer a su altura. Aquel hombre estaba acostumbrado a las mujeres más bellas y despampanantes.

Empezó a bajar con lentitud notando la penetrante mirada sobre su cuerpo, recordó a Kaho Mitsuy, era una mujer elegante y sofisticada, con la cual él estuvo saliendo largo tiempo. No la recordó de inmediato al verla pero luego si, como olvidarlo, durante un largo período estuvo saliendo en las portadas de las revistas agarrada del brazo del castaño.

Estaba tan sumida en sus pensamientos que al llegar al pie de las escaleras y él ofrecerle el brazo no lo notó.

−¿Te encuentras bien? – le preguntó al verla distraída.

−…− tardó unos segundos en comprender, miró el brazo ofrecido y sonrió con timidez. –Sí, gracias− susurró al tomar el brazo.

La limusina los estaba esperando, el chofer les abrió la puerta.

Se estrujó las manos con nerviosismo cuando la limusina estuvo en marcha, cenar con la familia del castaño la ponía nerviosa.

−Tranquila− tomó unas de sus manos entre las suyas para tranquilizarla.

El camino fue tranquilo y silencioso, de vez en cuando la pillaba mirándolo de reojo y al verse descubierta sólo se sonrojaba y bajaba la mirada. Luego de largos minutos apartó la mirada de sus manos al notar la limusina detenerse, el chófer les abrió la puerta para permitirles bajar. Nuevamente le ofreció la mano para ayudarla a bajar y ella la aceptó gustosa.

−Buenas noche joven Li− saludó un hombre quien parecía el mayordomo, haciendo una inclinación de cabeza y permitiéndole pasar. −Por aquí por favor− pidió el hombre. Los guió hasta una elegante sala.

Las paredes eran blancas con bordes dorados, muebles blancos y rojos y cortinas del mismo color. Unos pasos acercándose llamaron su atención. Al mirar hacia donde provenían los pasos pudo ver a una joven de cabellos rubios, delgada, ojos de impresionante azul y de estatura media.

−¡Xiao!− chilló aquella joven, corrió hasta el castaño y se colgó de su cuello.

Continuará...

No dejaré notas hasta llegar a los capítulos nuevos….recuerden que en mi perfil iré subiendo las imágenes de unos que otros capítulos…claro, para el que desea verlos xDD!

Espero que sea de su agrado y por favor dejen reviews.

Besitos...

Hasta el próximo capítulo...