Capitulo 4: La reina de hielo
"Vagabundo va tu corazón desnudo y sin saber
que destino le esperara"
"Los Elric fueron a visitarme y los envié a recuperar mis investigaciones. Ellos me dieron mi libro que resultó ser solo garabatos. Sin círculos de transmutación, sin palabras siquiera. Solo garabatos como de un niño pequeño."
"Tal vez nada de eso era real y ellos me lo dijeron. Y no podía decirles que no era así."
"El Fhurer fue a verme, para mostrarme que su asistente era una persona común y corriente y para quitarme mi reloj. Me estaba dando de baja del ejercito por enfermedad. Perdí todos mis beneficios de alquimista estatal y se me depositaría la pensión de baja por herida. Lloré tanto por ese reloj."
"Fue una época terrible, días enteros en un cuarto acolchado, la desesperación por no poder salir. Cada vez que miraba por una ventana volvía a ver a Elena y me ponía peor... Tal vez..."
"Tal vez sigo allá adentro, tal vez esto no es mas que uno de esos delirios mientras sigo gritando tonterías sobre piedras filosófales. ¿Cómo entonces sería posible que sea yo el Fhurer de este país? ¿Qué uno de esos homúnculos este ayudándome? ¿Qué estemos a punto de destruir Amentris sin que nada pueda impedírnoslo?"
Schieska se acercó para tomarle la mano en la que sostenía su vaso y decirlo con acento tranquilo.
–Te estas alterando, cálmate. ¿Quieres algo para el dolor de tu pierna?
–No –relajando los hombros – No mas pastillas, por favor.
–Cálmate entonces.
–Lo haré... lo haré.
De pronto un movimiento raro, el tren comenzaba a frenar a pesar de que faltaba mucho tiempo para que llegaran a la estación siguiente. ¿Acaso ocurría algo? ¿Falla mecánica... o algo mas?
Rápidamente al exterior, dejando al hombre al final por su necesidad de bastón. A las escaleras del vagón para ver lo que pasaba, viéndose de pronto rodeados.
Un gran tanque de guerra terminaba de bloquear la vía para que no pudieran escapar en reversa y se veían uniformes por todos lados. Tenían el tren del Fhurer rodeado.
Y encima de aquella maquina de guerra principal, una mujer rubia de hermoso rostro que sostenía una espada y parecía dirigir toda la operación. Olivia Milia Armstrong. La mayor comandante de la pared del norte, la reina del hielo... la mas poderosa después del Fhurer en cuestión militar.
Justo enfrente de ellos con todos sus hombres, lista para atacar a un tren que solo contaba con una guardia sencilla. Estaban atrapados.
–Ríndete Kalashnikov, te tenemos rodeado. –decía esta mujer.
–Schieska... ¿quieres saber lo que pasó después del hospital? –mencionó Antón con un susurró.
.
.
.
–Orden de liberación firmada por ordenes máximas. Y orden de reclutamiento hacia la oficina central. Dirigirse ahí inmediatamente – volvía a leer Antón en voz alta la carta que le entregaron al sacarlo del hospital. Listo ya para presentarse en la oficina del Fhurer como esta se lo indicaba.
Nada mas llegar el desastre era lo que mas se presenciaba, gente por todas partes, llamadas y mucha actividad, algo estaba ocurriendo. Le entregaron un sobre con documentos y un nombre de un militar en la ciudad. Necesario entregárselos.
De pronto formaba ya parte del cuerpo de administración bajo ordenes directas del Fhurer, se encargaba de llevar los documentos dentro del cuartel y en ocasiones de llevar el té para el Fhurer. De nuevo usaba uniforme pero no era un alquimista nacional. Solo un soldado sirviendo en una oficina.
.
.
.
–Alquimista del té, voy a tener una platica muy importante hoy por la tarde. ¿Podría hacerse cargo de las bebidas y los aperitivos? La señorita Douglas estará ocupada con las llamadas a la zona Oeste.
–Sí, señor... pero... ¿podría dejar de llamarse así?
–¿Alquimista del té? ¿Por qué? Se escucha muy bien –soltando después una de sus típicas risas del Fhurer. Esas que hacían que le cayera bien a la gente.
.
.
.
//Ahora//
–¿Puedo preguntarle algo, Mayor General Armstrong? –le decía Antón acercándose un par de pasos apoyado en su bastón. – Nunca se sabe donde esta el tren del Fhurer, elegimos rutas diferentes cada vez y viajamos muy rápido para que alguien sepa donde estuvimos y a donde vamos. ¿Cómo demonios supiste donde encontrarme?
Una sonrisa maligna por parte de la mujer rubia.
–Tu amiguita de lentes, se ha estado juntando con quien no debería.
Sacar el arma del cinto para apuntarle a Schieska sin mirarla.
–¿Ella me traicionó? ¿Ella te dio todos los datos de mi y mi escolta?
–¿Te habría atrapado de otra manera?
Una mirada a la mujer de lentes, que le miraba con miedo.
–Poco después – le dijo él – Bradley me regresó mi reloj de plata...
.
.
.
//Antes//
–Alquimista del trueno, le entrego su reloj de alquimista estatal, después de comprobar su estado mental y le entregó una misión.
–Adelante, su excelencia.
–La región de Lior ha tenido una gran cantidad de problemas sociales, y ahora es el momento de terminar con todo esto de una vez. De darle un ejemplo a todas las demás regiones de que la paz debe prosperar por sobre todo.
Practicaban esgrima en el salón del Fhurer, aunque con el sobresaliente nivel de este, Antón solo le servía como sacó de golpeo. Pero el hombre le enseñaba pacientemente los movimientos en los pocos momentos libres que tenían en medio del trabajo.
–Un mensaje.
–Y usted ira en medio del grupo como mi observador especial. No tendrá la máxima autoridad, claro esta. Pero me reportara todo lo sucedido y de ser necesario, entrara a ayudar a los hombres con su alquimia. Volverá a ser el alquimista del trueno.
–¿Vamos a organizar un escarmiento?
–Llaméelo como quiera llamarlo – dijo el Fhurer – lo importante es regresarle la paz a la región antes de que se convierta en algo mas grande.
.
.
.
//Ahora//
–¿Y que tal si mato a tu informante, Armstrong? ¿Te importa la vida de aquel que te ayudó?
–Si tiene que ser sacrificada, entonces espero que muera satisfecha.
Derrotado, el hombre volvió a guardar su arma y perdió la pose agresiva. No serviría de nada.
–¿Soy un prisionero? ¿O soy un cadáver?
–Adivina.
Una sonrisa triste antes de decir.
–Este país merece ser destruido, esta tan lleno de corrupción y podredumbre que nada puede surgir de él. Tu único deseo es gobernar y ocupar el puesto que Bradley dejó... ¡No avanzaras nada! ¡Solo ocuparas los mismos puestos con personas diferentes!
–O tal vez continúe la matanza que llevas haciendo desde que te adueñaste del puesto.
Un instante para mirarse terriblemente, en un duelo de voluntades.
–Antes de irme a Lior, me despedí de Juliet – de nuevo en un murmullo.
.
.
.
//Antes//
Durante su estancia en la oficina del Fhurer trabó amistad con aquella joven señorita, cuyos delirios le decían, era un homúnculo. Una persona muy amable aunque una buena cantidad de años mayor que él. La siempre atenta asistente del Fhurer.
Esta le llenó de recomendaciones al estilo de una madre y le encargó tuviera cuidado con los reportes de Scar cerca del área a tranquilizar. Guantes nuevos con el circulo del trueno hechos por ella para que estuviera seguro.
Hacia ya mucho que no tenía ningún delirio, era el momento de ir a la pelea.
.
.
.
//Ahora//
–Me derrotaste, señora Armstrong.
–¿Te rindes?
–Pero... si yo te dijera que mi pequeña niña, Schieska, es mucho mas fiel de lo que creías.
Un instante de duda en el rostro de la mujer antes de que muchos cañones de armas se asomaran por cada ventana del tren. Y una gran cantidad de siluetas de uniformados se mostraran a la distancia.
–¡Maldita! –gritaba la general rubia mientras Antón ya empujaba a Schieska de regreso al interior del vagón. Comenzando entonces la batalla. Explosiones y disparos por todos lados.
Los hombres del norte eran fuertes y estaban bien armados, pero se enfrentaban a una cantidad asombrosa de soldados. Carne de cañón suficiente y aun mas para derrotarlos. Embistes desde todos los puntos.
Y de pronto, un rayo azul cruzando el aire para meterse en el cañón de uno de los tanques, haciendo explotar su munición y todo el aparato.
Olivia alcanzó a saltar antes y sin perder tiempo embistió al muchacho de uniforme con su espada. Quien respondió al ataque con su bastón, sin poder esquivar. Evitarla por un momento y después, de un giro, retirar una parte de su muleta, mostrando el alma afilada y metálica en su interior. Una espada igual.
–Voy a destruir este país, y no podrás evitármelo. –decía él con gesto furioso.
.
.
.
//Antes//
Un grupo gigantesco de militares viajando por el desierto rumbo al pueblo de Lior. Muchos soldados preparados y todos conociendo lo que debían hacer. Matar, destruir, enseñarle a la gente que ese era el verdadero poder de la capital.
Antón no se sentía del todo bien con estas ordenes. Pero si el Fhurer lo consideraba necesario, entonces debía ser verdad. Quería creer en Bradley.
Mientras el ejército se alistaba dio una vuelta de reconocimiento al lugar, era un pueblo grande, cuyo signo principal fue su gran catedral. Pero que ahora se miraba casi ruinosa debido a la guerra civil en la que estaban sumidos desde hacia buen tiempo.
No necesitaba una escolta, era un alquimista estatal.
Y entonces vio a la gran armadura, Alphonse, peleando contra alguien.
.
.
.
//Ahora//
No podía enfrentarse a la gran reina del hielo con una pierna inútil, por lo que el camino mas lógico era la huida. Asustarla con un rayo de sus guantes y después lanzarse al interior del vagón a donde Schieska le esperaba. Atrancando la puerta tras de él.
–Vamos – le decía ella corriendo al centro del lugar, apartó una pequeña mesa y abrió una trampa en el suelo. Bajar a la vías y arrastrarse, mientras el vagón comenzaba a recibir fuego.
Al parecer a esos soldados no les importaba que los mataran, siempre que pudieran cuidar su objetivo.
–¿Estas bien? – le preguntaba ella casi arrastrándose bajó el vagón.
–Mi problema es en la pantorrilla, puedo gatear sin problemas.
–¡No me mires!
–¡Tengo problemas mas importantes que tus posaderas! ¡Muévete, mujer!
Fuego y explosiones por todas partes, ya no era el hábil alquimista del trueno capaz de enfrentarse a quien sea. Con una pierna casi inútil, lo mejor era dejar que los simples soldados se hicieran cargo de lo peligroso.
.
.
.
//Antes//
La destrucción de un pueblo como alguna vez la vio en el sur. Pero con muy pocas personas heridas. ¿Dónde estaba la gente? ¿Dónde estaban los supuestos revolucionarios a quienes debían vencer?
Entrar a la iglesia principal en donde se llevó una gran impresión.
Un circulo de diez picos, pero sin gente en él. El mismo circulo que alguna vez se encontró en la morgue del sur. La misma situación que aquella alucinación que tanto tiempo atrás le costo su reloj de alquimista.
Nuevamente, su cordura estaba fallando.
Con Elena al final del lugar, mirándolo como si le suplicara que lo hiciera. Que realizara al transmutación.
No podía resistir mas, si con aquello todo terminaría, su mente dejaría de perderse de aquella manera, entonces lo haría. Sabía como crear una piedra filosofal, a pesar de que no hubiera agua roja en el lugar. Podía hacerlo, era lo único que le impedía regresar a la normalidad.
Un instante para concentrase, para mirar una vez mas a su compañera y después iniciar la transmutación.
Impedido de pronto por una gran armadura que le embestía para detenerlo.
.
.
.
//Ahora//
Al salir en otro de los vagones, un hombre enorme les atacaba. Peinado de mohicano y con un brazo metálico en forma de motosierra con el que les embestía.
Antón empujo a la mujer fuera del caminó y despues chocó las palmas para juntar los círculos en el frente de sus guantes. Tocando por un momento la prótesis con un fuerte ruido eléctrico. Como un foco al fallar.
Y la prótesis quedó inútil de pronto.
–La electricidad mueve esos automails. Y yo soy el amo de la electricidad –le decía para después chasquear los dedos y quitárselo de encima.
Una puerta abriéndose para dejar entrar la escolta, lo importante era ponerse a salvo.
Asomarse por una de las ventanas para volver a hacer el ataque. Pero en esta ocasión no a la munición, si no al mismo aparato. Todo hecho de metal, conducía bien la electricidad aunque la distribuía sobre la superficie sin tocar a los ocupantes. Para eso era necesario intervenir en el sistema eléctrico de la maquina, provocando el fallo que de verdad eliminó a los conductores.
No necesitaba crear la electricidad, podía controlar la que había alrededor de él.
.
.
.
//Antes//
Alphonse le detenía ayudado por otros soldados para impedirle chasquear los dedos o tocar su tatuaje. Mientras Edward, acompañado del Ishbalita de la gran cicatriz atacaban a Elena.
–¡Déjenla! ¡No le hagan nada! ¡No la toquen! –decía Antón desesperado contra aquellos que le sujetaban. Pero la gran armadura, por si sola, era capaz de inmovilizarlo. Mucho mas ahora que contaba con la ayuda de mas personas.
Y veía como Acero y el hombre de la cicatriz atacaban a la mujer que él trataba de recuperar. Destruyendo el lugar, transmutando el suelo para atacarla mientras ella huía con miedo.
Hasta que la mano del moreno la tocó, destruyéndole parte del torso y tirándola al suelo.
Ante el grito de desesperación del muchacho.
.
.
.
//Ahora//
Con Schieska a salvo, podía unirse por fin a la pelea. Salir por la puerta principal tratando de cubrirse de las balas. Pero disparando sus rayos continuamente. Hacia todo lugar en donde estuvieran reunidos los enemigos.
Un disparo de uno de los tanques, destruido en el aire por el trueno de sus dedos haciéndolo explotar después con la toda su munición.
No podían defenderse de todas partes al mismo tiempo, pero extrañamente, los soldados de este nuevo Fhurer no trataban e acercarse. Cual si algo esperaran a que ocurriera.
.
.
.
//Antes//
Luz roja de las heridas de la mujer, sanándola igual que a los homúnculos. Cambiando después de forma hasta un joven de mirada de despreció y cabello largo. Con el signo del ourobus en la pierna izquierda.
–Es un homúnculo llamado Envidia. Puede cambiar de forma a lo que quiera. –le decía Alphonse.
–¿No era Elena?
–Te estaban engañando.
Le soltaron lentamente al ver que parecía mas calmado. Mirando como aparecían mas personas con el signo de la serpiente que muerde su cola.
–Cielos –decía una Juliet, de un largo vestido negro y que ya había visto. Y un hombre gordo de ojos pequeños, todos homúnculos. – Casi lo teníamos esta vez. Y nos hubiéramos librado de todos los estorbos al mismo tiempo.
–¿Mas homúnculos?
–Los Elric no sospechaban siquiera de que existía este nuevo alquimista capaz de hacer la piedra. Y mientras ellos peleaban, nosotros haríamos la transmutación por esta parte. Es malo cuando hay entrometidos.
–¿Me estaban usando?
–Ya no es inútil... lo único que queda es ir por aquella mecánica rubia. ¡Kimbley, encárgate de los estorbos!
Una poderosa explosión en el lugar, haciéndolos perder pie a todos.
.
.
.
//Ahora//
Ahí estaba el momento, cuando una ola de agua, surgida de ninguna parte les empapó a todos. A algunos les sacó de balance, mientras a otros solo resultaron un poco mojados.
Terminando al final en una mujer de uniforme y cabello castaño al lado de Antón. Preparado el campo, solo le quedaba a él terminar el golpe.
Así que, tocando el tatuaje de su pecho, invocó un voltaje poderoso que se esparció por el lugar. Eliminando a los oponentes. Una nueva demostración brutal del poder de su alquimia.
Aunque terminó agotado tras de ello, con una rodilla al suelo.
Sin mirar a la mujer que saltó al tren para evitar su ataque eléctrico y que ahora le atacaba por la espalda con su espada. Sin que se le pudiera evitar.
.
.
.
//Antes//
Al rayo-bola hizo su aparición en el templo de Lior como hacía mucho tiempo. Pero ahora con una facilidad sorprendente que daba la furia del muchacho al descubrir la verdad.
Enfrentándose así a la gran explosión de Kimbley. Y creando nuevas centellas sobre cada mano con gran velocidad. Seguro que ese tonto se estaba arriesgando mucho al hacer aquello. Con toda la gente cerca de él, si no lo paraban, de nuevo iba a terminar quemado y sin una alquimista medico que lo salvara como en la última ocasión.
¿Acaso Kimbley no estaba muerto? ¿O se lo arrancaron a las garras de la muerte como lo hicieron antes con el mismo Antón?
Explosiones también desde el exterior, el bombardeo del ejercito había comenzado. Era necesario escapar. Por lo que Scar destrozó las columnas principales y huyeron entre el colapso del techo de la catedral. Necesitaban ponerse a cubierto y rápido.
–El Fhurer es un homúnculo. – le decía Ed.
–No puedo creerlo.
–Su asistente también, ella es el falso intento de revivir a nuestra madre.
–¿Juliet? –una explosión cercana haciéndolos caer al suelo. Pero defendidos de la metralla por una transmutación de Edward. Aun en el suelo, Antón seguía diciendo – No puedo creerlo, yo la conozco, es una persona buena. Y el Fhurer también. Me niego a creer que son homúnculos.
–Ella se transforma en liquido. Querían obligarte a crear la piedra, en el sur primero y ahora aquí. Ya viste como Envy se disfrazaba de tu novia para hacerte creer que estabas loco.
–No puede ser verdad.
–¡Tenemos que irnos! –insistió el hombre de la cicatriz.
–Kalashnikov, los homúnculos existen – le rugió Edward sujetándolo de las ropas – ¡Y es tu deber ayudarnos a vencerlos! ¿Ya olvidaste tu promesa?
Un momento para pensar en toda aquella locura. De pronto, hasta el hombre de la cicatriz era compañero de los Elric, todo estaba mal. Necesitaba su medicina para...
¡NO!
No mas tonterías, no mas medicinas, momento de ser un hombre.
–Dijeron algo sobre la señorita Rockbell. Tenemos que ir a protegerla.
.
.
.
//Ahora//
Detonaciones de un arma de fuego impactando de llenó sobre la general. Haciéndola gritar y caer pesadamente al suelo.
Schieska sacó su arma y disparó sin pensarlo siquiera, como nunca antes lo había hecho. Hasta entonces había mantenido limpias sus manos, hasta el momento de defender a aquel al que seguía.
La general Armstrong se encontraba mal, iba a morir.
Antón se acercó rápido a pesar de su pierna. Para desarmarla y alejar de ella su espada. Rasgar sus ropas para descubrirle la herida y encontrar que solo una de las balas estaba incrustada. El resto atravesó limpiamente el cuerpo de la mujer, provocando daños graves.
–¡Pinzas, de las que sean!
Alguien con una navaja de bolsillo, usar la espada de la mujer para abrir un poco mas la herida, haciendo que se quejara y después sacar el metal con las pinzas. Mucha sangre, mucho dolor.
Hasta que pudo lanzar a un lado el trozo de plomo y con la misma sangre comenzó a dibujar un circulo sobre la herida.
–Estudie mucha alquimia medicinal, trate este tipo de heridas decenas de veces. No puedo dejarte morir, no me importas pero no quiero que esto le afecte a Schieska. ¿Entiendes, mi reina del hielo?
.
.
.
//Antes//
El doctor Marco, el alquimista de la vida, con el rostro destrozado. Una joven del país de Shin con un brazo metálico y una niña con un gato raro. También muchos otros compañeros.
Una gran batalla se estaba llevando a cabo para salvar al país mientras él se dedicaba a llevarle el té al Fhurer en su oficina. Tonto, tan tonto se sentía.
Lior estaba destruida, tal vez lo dieron por perdido durante el bombardeó.
Scar realizó un extraño ritual en donde destruyó todo el lugar incluidos a los soldados, ellos escaparon al correr. Pero ahora el brazo del moreno irradiaba un poder tremendo.
Kimbley estaba muerto ahora y no podría regresar. Y la mitad del grupo, se dirigía en un tren de Brigs, rumbo a Resembool para salvar a Winry. Pero por mas que se dieran prisa, no llegarían a tiempo.
La reina del hielo formaba también parte de su grupo y se encontraba en central arriesgando la vida, los soldados del norte eran sus compañeros.
Las noticias de la muerte del Fhurer en un ataque terrorista llegaban de todas partes. Muerto en su tren.
Los demás iban directo a central a pelear y destruir a aquel que manejaba a los homúnculos.
Pero en el mismo tren de Antón, acompañado de Alphonse, viajaba la mujer de la lanza definitiva. Se suponía que era su enemiga pero le decían que no la atacara. Que los estaba ayudando.
Algo muy difícil de entender.
Si Winry seguía ahí, les esperaba batalla al llegar a Resembool. Por lo que, con una navaja, Antón comenzó a completar el tatuaje de su pecho con heridas ante el desagrado de sus compañeros.
Necesitaba ser capaz de usarlo, aun si no podía tocarlo.
Se dirigían a una pelea peligrosa.
.
.
.
//Ahora//
Luz de transmutación sobre la mujer, cerrando las heridas de una manera que parecía casi mágica. Alrededor, los soldados tomaban prisioneros a todos los sobrevivientes, vencidos tras la poderosa descarga eléctrica.
Débil, pero al parecer ilesa, la general Armstrong descansaba sobre el suelo. Antón se levantó entonces usando aquella espada ornamentada como bastón, muy manchado de sangre.
–Señorita Douglas, cambie a la Mayor General de ropas, que use uno de los uniformes de usted. Confió en que podrá resolver cualquier problema que le dé.
Ya esposada la levantaban y cubrían con el abrigo de uno de los soldados. El tren del Fhurer acababa de convertirse en un transporte de prisioneros.
Extrañamente, pocos muertos.
El muchacho se acercó a Armstrong para mirarla a la cara, lentamente recuperaba la conciencia.
–Después de todo – le dijo – No puedo dejar que muera un sacrificio tan importante para mis planes... ¡Vámonos! Rumbo a central para terminar con todo esto.
.
.
.
Continuara...
