QUÉDATE CONMIGO
Por Mary Martín
Antes que nada, agradezco infinitamente a Darkacuario, Linkyiwakura, andromedaperseo, Naomi D. R, Los anónimos, FeRi, Lizzmiu, Andry, Macrosslive, por su apoyo. Me han devuelto la alegría por escribir, es bueno saber que lo que comparto le importa a alguien, muchas gracias. Los fics son mi escape de la realidad, me refugio en ellos, esa una fantasía que me ayuda a soportar esta realidad llamada vida.
Reemplacé el aviso por este capítulo, en pocos días subiré el siguiente. Voy a tratar de esclarecer lo que pasó hace 5 años para continuar la historia del presente y no revolverlos. Espero no decepcionarlos. Gracias.
Capítulo 4
VERDADES
5 AÑOS ATRÁS
Su hermoso rostro estaba bañado de lágrimas, la imagen de Shun tendido en el pasto lleno de heridas hacía que su corazón se estrujara por completo. Apenas bajó del auto, se dirigió corriendo hacia donde su padre. A pesar de que Reda le insistió en que no lo molestara ya que este estaba en una reunión importante, eso a ella no le importó y tras limpiarse bruscamente las lágrimas, entró a su despacho azotando las puertas de par en par.
– ¿Cómo pudiste hacernos esto, padre? ¿Cómo?
El señor Hashimoto era un hombre poderoso y respetado, todos le tenían miedo, todos menos June que siempre había demostrado un carácter fuerte e impulsivo, quizá no midió las consecuencias de una intromisión como esta en medio de una reunión de negocios con los principales socios de su padre, pero en ese momento no le importaba nada. Hashimoto, levantó la vista de los papeles que estaba revisando y le dedicó una mirada indiferente. Los socios estaban a la expectativa de cómo reaccionaría ante la actitud poco adecuada de esa jovencita. De haber sido cualquier otro ser humano, ya estaría muerto. Reda, en el dintel de la puerta, igual estaba muy preocupado de lo que pudiera hacerle.
– Perdón, señor... no alcancé a detenerla, yo... – se excusó haciendo una reverencia pero Hashimoto hizo un además para que se callara. Contrario a lo esperado, el imponente hombre lo tomó con calma.
– Caballeros, deberán perdonar a mi hija, a veces no sabe cómo controlar sus impulsos y al parecer se le olvida el respeto que debe tener en esta casa. Les pido que nos dejen a solas. – sus socios dudaron en salir ya que sabían bien este acto imprudente iba a tener consecuencias serias y temían por la integridad de la jovencita – ¡Váyanse! ¡Largo de aquí! – gritó para que le hicieran caso.
Uno a uno salieron a prisa sin siquiera recoger sus pertenencias. Reda cerró la puerta mirando preocupado a la joven que seguía llorando, respirando agitada y apretando los puños intentando controlarse. Una vez que estuvieron solos, el hombre se sentó exhalando ruidosamente.
– ¿Por qué ordenaste que golpearan a Shun? ¡Pudieron haberlo matado! – azotando las manos en el escritorio.
– Siempre tan irreverente pero con un valor admirable, igual que tu madre. – Dijo al tiempo que encendía un puro para luego sacar algo de humo – Cuando mi amada Harumi, llegó a mi vida contigo en sus brazos, no dude en aceptarte como si fueras mi hija, como si llevaras mi sangre por amor a ella, y prometí cuidarte, eso es lo que hago ¿No te das cuenta? Te dije claramente que no quería que volvieras a ver a ese niñito jamás o habría serias consecuencias ¿Acaso creíste que estaba bromeando?
– ¡Tú no puedes decidir con quién puedo estar y con quien no! ¡Es mi vida!
– Te pido que te calmes, no querrás que me enfade contigo, June. – se incorpora encarándola desafiante.
– ¿Por qué? ¿Acaso vas a golpearme a mí también? – dijo sin temor, con los ojos húmedos.
– No me obligues a tomar medidas serias ¡Y fíjate cómo me hablas! – gritó imponente pero ella no se inmutó.
– ¡No me puedes prohibir volver a verlo! ¿Acaso no lo entiendes?... yo lo amo...
– ¡Cállate!
Sin pensarlo, le dio una cachetada con el dorso de la mano mandándola al suelo por el impacto y provocándole un moretón en la mejilla y una pequeña cortada en el labio que comenzó a sangrar ligeramente. Ella se llevó la mano a dicho lugar y volteó a verlo con rabia en los ojos sin poder levantarse.
– Tú no puedes amar a Shun Kido, enamórate de quien quieras ¡pero de él no! – June lo miró extrañada, no era la primera vez que su padre decía algo como eso ¿Que tenía de particular Shun que lo hacía alterarse así cada que hablaba de él? – Te lo voy a decir una vez más a ver si ya lo entiendes ¡Te prohíbo que vuelvas a ver a ese niño! A menos que quieras que destruya su vida.
– ¿Qué?
– Si quiero puedo hacer que le cancelen su beca, que no lo acepten en ninguna universidad, destruir su sueño de ser un gran médico ¡Puedo quitarle todo lo que yo quiera! Así que si estás dispuesta a arruinarle la vida, puedes hacer lo que quieras pero no digas que no te lo advertí.
– ¡Te odio! – dijo sosteniéndole la mirada.
– ¡Reda! – El nombrado entró presuroso – ¡Enciérrala en su habitación! Creo que tiene mucho que pensar esta noche.
– Sí, señor... venga, señorita – dijo suavemente.
– ¡Suéltame!
Quiso ayudarla a incorporarse pero ella lo rechazó de un manotazo y se levantó como pudo. La escoltó hasta su recámara en completo silencio, limitándose a oírla sollozar, se llenaba de rabia al ver cómo June sufría por Shun. Llegaron a su habitación y el muchacho le abrió la puerta pero antes le ofreció un pañuelo para que se limpiara la sangre y el rostro.
– Lo siento.
– ¡Déjame! Tú fuiste que quien lo golpeó más que los demás ¡No era necesario ser tan cruel!
– Yo… sólo hacía mi trabajo June… eh… señorita… perdón.
Apenas entró, cerró la puerta y se dejó caer de rodillas. Se soltó a llorar todo lo que se había guardado para no sentirse débil ante su padre. Quería ir con Shun, saber si estaba bien sin importarle las consecuencias, pero sabía que eso sólo serviría para empeorar las cosas. Se sentía tan impotente, no sabía qué hacer.
Faltaban sólo un par de semanas para que se acabara el curso escolar, por lo que el señor Hashimoto movió sus influencias y se las ingenió para que June no tuviera que asistir más. Sus excelentes calificaciones la exentaban de los exámenes finales así que no le fue difícil lograr apartarla de la facultad. Pasó una semana entera sin salir de casa, sin comunicación con nadie del exterior. La angustia la carcomía, no sabía nada de Shun, lo extrañaba mucho pero por ahora no debía buscarlo, debía hallar la forma de encontrarse con él a su debido tiempo.
Mientras tanto, Shun intentaba desesperadamente encontrar la forma de poder verla aunque sea un segundo. Apenas lo dejaron salir del hospital, lo primero que hizo fue ir a su casa pero era claro que no lo iban a dejar pasar, se conformó con mirar hacia su ventana deseándole que pudiera dormir bien desde lejos. Cada día que pasaba sin ella era una completa tortura, sabía bien del carácter de su padre y temía que la hubiera castigado o algo así. No sabía cuánto tiempo más iba a poder resistir.
– ¡Hey, Kido! Deja de soñar, llegó esto para ti. – Uno de sus compañeros le da un empujón en el hombro para traerlo a la realidad ya que estaba parado frente a su casillero perdido en sus pensamientos desde hace algunos minutos, pero a su amigo Koichi se le olvidó las condiciones en que estaba Shun por lo que no midió su fuerza.
– ¡Ah! ¡Duele! – se quejó tocándose la parte golpeada.
– ¡Ups! Perdón, se me olvidaba que te dejaron todo magullado por andar de terco tras esa linda chica Hashimoto.
– Se llama June y no me importaría recibir 1,000 palizas diarias con tal de seguir a su lado. – dijo un tanto enfadado, a su amigo le encantaba hacerlo rabiar.
– Sí, sí, ¡qué bonito! Tú la amas, ella a ti, su malvado padre los separa ¡Qué dramático! pero lamento decirte que con una sola paliza es más que suficiente, no creo que puedas resistir otra más, así que mejor búscate otra chica, aquí hay como 500 niñas hermosísimas que matarían por estar contigo y tú escoges a la única que está fuera de tu alcance, sufres porque quieres. Si yo fuera tú, me iría olvidando de ella y escogería a una de las tantas que están loquitas por ti, o mejor aún, a todas. – dijo con una sonrisa boba en el rostro.
– Gracias a Dios que no eres yo y lo siento, uno no elige de quién se enamora, sólo pasa.
– ¡Ay por favor! ¿Ya te dije que eres bien pero bien cursi, Kido?
– No te cansas de decírmelo a cada rato – dijo abriendo el sobre que le había entregado.
– Es una carta de tu hermano misterioso de cuál nunca nos hablas ¿Cierto?
– Sí – respondió simplemente leyendo con atención.
– A ver, explícame otra vez ¿Por qué es que no viven juntos y casi nunca se ven? – Shun suspiró fastidiado, no era la primera vez que alguien le preguntaba eso.
Incluso a June nunca le hablaba de su hermano mayor, ni si quera le había dicho su nombre. Ella intentó una vez conversar sobre ello pues parecía algo que lo perturbaba y quería ayudarlo de algún modo, pero Shun le había cambiado de conversación aquella vez y entendió que no era algo de lo que quisiera hablar. Respeto su silencio y no volvió a cuestionarle nada, confió que con el tiempo Shun le contaría eso que tanto quería saber.
La verdadera razón de ese distanciamiento… era que Ikki había descubierto que Shun y él no eran hijos del mismo padre, pero eso Shun no lo sabía. La mamá de ambos se lo había confesado al mayor en su lecho de muerte, sintió que deberían saber la verdad. Había querido hablar con sus hijos por separado, primero fue Ikki al cuál le confesó todo pidiéndole perdón por habérselo ocultado, a lo cual él contestó que no había nada qué perdonar… pero cuando el turno de Shun llegó… su madre sólo alcanzó a pronunciar un par de palabras y luego murió en sus brazos. Sólo le dijo "Cuida a tu hermano" y sus ojos se cerraron para siempre.
El golpe fue demasiado para Ikki, Shun era su hermano sin importar que fuera de un padre diferente, lo que realmente le afectó, fue saber quién era el padre de Shun. No supo cómo reaccionar a eso, amaba a su hermanito y lo que ahora sabía no cambiaba en absoluto lo que sentía por él… pero no podía aceptar de ningún modo que ese hombre lo haya engendrado. Fiel a su costumbre, se aisló de todo y de todos. Shun entendió lo que sentía y aunque quiso rogarle que no se fuera porque lo necesitaba más que nunca, no lo hizo porque no quiso ser egoísta, si su hermano necesitaba estar sólo él no le estorbaría… aunque por dentro se estuviera muriendo de dolor, primero la mafia japonesa mató a su padre cuando él era aún pequeño, luego su madre falleció hace apenas 2 años tiempo en el que también había perdido a su hermano. Era demasiado.
Y cuando todo parecía sombrío y sin esperanza, conoció a June y le devolvió la alegría a su vida, sintió que volvió a nacer en el momento en que la miró por primera vez y de algún modo supo que estarían destinados a estar juntos para siempre… aunque el mundo parecía decirle todo lo contrario, él no se iba a dar por vencido jamás.
Seguía perdido en sus pensamientos, con los ojos cerrados disfrutando de la fresca brisa, recostado en el pasto bajo ese hermoso árbol. Brazos cruzados debajo de la cabeza y los libros a un lado. Cuando al fin se pudo librar del molestoso Koichi, corrió hacia el jardín de la universidad para escapar de todo, solo que había alguien de quien no se podía librar.
– ¡Hey, pensabas dejarme plantada! – Se sobresaltó al escuchar ese reclamo tan repentino, abrir los ojos y toparse con esa chica que lo miraba con curiosidad. Sólo que no se lo esperaba y se levantó de golpe por lo que terminaron chocando sus cabezas.
– ¡Persi! Lo siento, es que me asustaste – se disculpo viéndola sobar su frente.
– Claro, es lo que una chica quiere escuchar ¿Acaso doy miedo o qué?
– No, claro que no, lo siento.
– Está bien, no es para tanto – se sienta junto a él en el pasto – te buscaba porque te tengo buenas noticias sobre tu beca.
– ¿De verdad? – dijo con alegría recibiendo una notificación que ella le entregaba. Comenzó a leer ilusionado pero su sonrisa se borró casi de inmediato – ¿Qué?... Aceptaron mi solicitud pero me tengo que ir por 3 años a estudiar en ¿Suiza?
– ¡Yei! ¿No es genial? – abrazándolo de manear algo efusiva.
– No, no lo es…
– ¿De qué estás hablando? Ahí tienen la más alta tecnología en equipos médicos, no hay mejor lugar al que puedas ir si es que quiere conseguir tu sueño. – se separa un poco y lo mira de frente.
– Pero Suiza está muy lejos y no quiero… no quiero irme si no puedo volver a ver a June.
– ¿June? – Preguntó algo enfadada – ¡Por favor Shun! Ya despierta, June no es para ti ¿Acaso tienen que matarte para que lo entiendas? Esta es una oportunidad inmejorable, no la puedes dejar pasar. ¿Recuerdas hace un año cuando me dijiste que viajaste por los pueblos más pobres de Japón y viste a tanta gente muriendo por falta de servicio médico y que tú querías hacer algo por ellos? ¿Ya lo olvidaste? – Tomándole la cara entre las manos para que la mirara. Tenía esa expresión tan triste y hermosa al mismo tiempo.
– No, pero…
– Shun, hace algunos años eso era un sueño solamente, hoy se puede hacer realidad ¿Vas a dejar a un lado todo eso por un amor casi imposible? Recuérdalo, Shun, tu lo dijiste, qué harías lo que fuera para que no haya en el mundo más niños sufriendo, por favor, no te puedes hacer esto a ti mismo. No renuncies a tu sueño, te lo suplico, has luchado tanto y ahora están tan cerca, debes ir.
– Pero es que no puedo, Persi – se abraza a ella en un acto inesperado para la chica – sé que tú me entiendes.
– Shun – ella se sonrojó por tenerlo tan cerca. Era muy fácil adivinar que ella estaba enamorada secretamente de él, incluso sospechaba que Shun ya se había dado cuenta pero ignoraba el hecho por no lastimarla. Le correspondió el abrazo, cerró los ojos para atesorar ese momento.
– Eres muy cruel conmigo, Kido – dijo sin pensar. Shun al principio no entendió a qué se refería – sabes lo que siento por ti pero no dejas de hablar de lo mucho que amas a June frente a mí y hasta llegaste a pedirme consejos para acercarte a ella. Hablas de que no quieres irte porque la vas a dejar sola… y no ves que a mí también me va a doler ya no poder verte. Pero aún así quiero que pelees por lo que realmente quieres, porque yo sé que es tu gran oportunidad y no me importa si me muero de dolor, sólo quiero que seas feliz. Sabes lo que siento, lo sabes y aún así me abrazas de esta manera
– Perdón, no quise… – se separa un poco quedando frente a frente.
– Shun, comprendo que no significa nada para ti, pero tengo que decírtelo antes que te vayas de mí…
– No, Persi, no lo digas…
– Te amo – confesó con los ojos húmedos y el corazón en la mano mientras le acariciaba la mejilla – Te amo y no me importa que no me correspondas, siempre será así…
– Persi… – susurró su nombre con voz quebrada, realmente no estaba consciente del daño que le hacía, por eso, quizá no pudo o tal vez no quiso detenerla cuando se acercó a sus labios y los rosó suavemente con los suyos, fue un par de segundos solamente, fue un inocente beso que le dio con todo el amor del que era capaz. Asustada por lo que hizo, ella se incorporó y le dio la espalda – Lo siento, no debí… perdóname… – y se fue corriendo dejando a Shun confundido.
Ya habían pasado 2 semanas más pero el señor Hashimito no podía tenerla encerrada de por vida, así que al fin tuvo que acceder a que saliera pero obviamente con casi medio ejército vigilándola y pisándole los talones. June se ilusionó con la idea de poder ver a Shun o por lo menos tener noticias suyas. Aunque luego se arrepintió de haber salido. Estaba colorada de la pena, pues toda la gente a lo lejos la miraba raro.
– ¿No creen que están exagerando? – preguntó turbada ante semejante despliegue militar a su alrededor.
– Lo siento, pero su padre nos dio órdenes específicas y las tenemos que seguir al pie de la letra.
Ella suspiró fastidiada, era el colmo que para dar un inocente paseo por el parque tuviera que ir escoltada así. Se sintió morir, de ese modo nunca podría acercarse a Shun de nuevo. Sus ojos se humedecieron de sólo pensarlo. Escogió ese lugar porque ahí fue donde Shun se le declaró y le pidió que fuera su novia. Se acercó a la fuente, pasó su mano por la fría piedra mojada, cerró los ojos recordando el primer beso que se dieron justo en ese sitio. Sonrió aún en medio de su tristeza cuando a su memoria vino el momento en que él pronunció esas maravillosas palabras. Estaba tan nervioso y sonrojado que se veía súper lindo y tierno, aunque llegó el omento en que pensó que le iba a dar un infarto o algo pues respiraba muy agitado y las palabras se le trababan. Pero cuando al fin logro decir "Te amo" todo cambió, ahí fue realmente cuando su vida comenzó.
Seguía recordando cuando de pronto notó algo extraño, ahí junto a la fuente, debajo de una roca había un trozo de papel, se agachó a recogerlo disimuladamente y lo desdobló, había un mensaje escrito que decía "Estoy bien, no te preocupes por mí. Sé que vendrás porque es aquí donde comenzó nuestra historia. Sigue buscando. Te extraño" Se frotó los ojos con una mano, volvió a leerlo y no podría creer que fuera real. Shun le había dejado un mensaje oculto en un lugar simbólico para los dos.
Comenzó a buscar con la vista a su alrededor, ¿Sería posible que estuviera ahí mismo? No, era imposible que alguien se acercara con tantos guardias. Fijándose mejor, notó que el papel estaba algo arrugado, como si se hubiera mojado y secado de nuevo con el sol. Eso quería decir que no había dejado el mensaje ese día, quizá tenía semanas esperando a que ella lo encontrara.
– Shun – susurró limpiándose una lágrima.
Reda notó que estaba actuando extraño e intentó acercársele, pero ella guardó el papel y comenzó a caminar poniendo distancia. Se puso a pensar si acaso habría otros mensajes ocultos por ahí por lo que comenzó a recorrer el parque pero ¿Dónde podría encontrar otro?
– Piensa, piensa – dándose golpecitos en la frente.
Luego de caminar un poco más, vio aquella banca blanca donde una vez se quedaron platicando hasta altas horas de la noche sin darse cuenta, estuvieron abrazados sin nada de ganas de soltarse, había sido algo hermoso, aunque después recibió una reprimenda de aquellas por llegar tan tarde pero había valido la pena. Se sentó añorando esos momentos y fijándose mejor, notó que había otra notita escondida entre las tablillas, la tomó rápidamente y haciendo como que buscaba algo entre su bolso, la desdobló y comenzó a leerla "Te veo a las 11 pm en dónde tú sabes, todas las noches estaré ahí y no me cansaré de esperarte hasta que llegues, sólo ten cuidado por favor… Ah sí, se me olvidaba… te amo."
Esta vez no pudo evitarlo, las lágrimas comenzaron a salir de sus bellos ojos. Todo este tiempo él había estado yendo a ese lugar noche tras noche para terminar sólo en la oscuridad sin saber si algún día llegaría. Se limpió rápidamente para que no se notara que algo le pasaba. Estaba decidido, esa noche se iba a encontrar con él y nada ni nadie iba a poder impedírselo.
Continuará...
