Gracias a los que leen y dobles a los que dejan comentario :p

FELIZ 2011 QUE EL AÑO LES TRAIGA MUCHAS COSAS BUENAS

antano Muchas gracias por tu comentario :p Dante el el heroe, claro que se tiene que salir con la suya jajajajaja

Error (Mistake)

El viento corre gélido, crea pequeñas curvas al seguir soplando, hace estremecer al sentir como acaricia con amargura el rostro. Incluso dentro de la estación del tren se filtran las bocanadas de aire. El cazador va a buscar los boletos, mientras el chico mudo lo observa un poco apartado. No hay muchas personas, por ser temprano, además es entre semana.

El tren está por llegar, así que van al andén. Las luces fluorescentes iluminan mientras el sol termina de establecerse en el horizonte, mientras el cielo aún está dividido entre la oscuridad y la luz del día. Al otro extremo hay una familia esperando el tren también, Dante los observa con e rabillo de su ojo, el hijo de la pareja durmiendo entre las maletas, ellos abrazándose para conservar el calor; no puede evitar recordar a sus padres y a su hermano, los días que se han ido y no volverán jamás.

El sonido de las llantas sobre los rieles, saca al cazador de sus pensamientos, lo hace volver a frío presente. Las puertas se abren frente ellos, les permiten entrar al interior que está menos frío y a salvo del viento cortante. Toman asiento, uno enfrente del otro, se observan un momento, después miran hacia la ventana, mientras hay silencio entre ellos.

Las puertas se cierran y el vehículo emprende la marcha, será un viaje de unas horas, llegaran al medio día o un poco más tarde, pero aún tendrán tiempo, pues lo más seguro es que la invitación fue hecha para la noche. No le preocupa que aquel sujeto intente matarlo, pues una escopeta no es suficiente para dañarle. Mira por el vidrio el reflejo del mudo, vuelve a la realidad, no tiene tiempo para perderse en sus pensamientos, necesita saber si sus sospechas son ciertas. Observa a los ojos al chico al decirle:

— Vas a relatarme lo qué te pasó a ti. — El chico asiente, al sentir la imperiosa necesidad de obedecer al cazador. — ¿Sabes escribir? — El muchacho asiente. Dante saca un cuaderno de uno de los bolsillos interiores de la gabardina, se lo da al chico, el cual toma la pluma y comienza a escribir en la primera hoja.

Dante vuelve a recordar a Vergil, si su hermano estuviera, no necesitaría leer lo que el mudo escribiera, sino podría verlo en su mente. Hacer eso no era algo que solieran hacer, a Vergil le parecía que no era de caballeros, algo deshonroso.

El cazador da una mirada fugaz al chico. El muchacho llora en silencio, las lágrimas escurren por sus mejillas a raudales; sin embargo no emite sonido alguno, sigue escribiendo, mientras se limpia las lágrimas con sus mangas.

El cazador vuelve a mirar hacia fuera, la hierba es más visible a cada momento, al igual que las vacas, los árboles, las nubes en el cielo azul. Le parece un día muy brillante, una contradicción a lo que espera en el lugar a donde van. Es una oscura trampa, un ritual donde necesitan la sangre del hijo del traidor Sparda, se pregunta si los demonios no se cansan de formular mitos alrededor de la sangre de Sparda. Sonríe un momento, al pensar que le atribuyen propiedades capaces de hacer casi todo, brindar poder, abrir portales demoniacos, sólo falta que también sirva para limpiar el piso.

El mudo le extiende la libreta con su mano temblorosa. El cazador toma el cuaderno. El chico se abraza a si mismo al clavar la mirada en sus zapatos, mientras el llanto sigue cayendo por su nariz, al deslizarse por su rostro, aprieta los dientes para contenerse, pero le es imposible. Dante comienza a leer en silencio.

El nombre del mudo es Alexander Braganza Estremoz; nacido en Portugal en cuna de oro. Era el heredero de dos de las familias más ricas de Portugal. Ya no puede recordar el rostro de sus padres, recuerda vagamente lo que fue su casa y lo que se sentía tener un hogar.

El mayordomo de la familia murió en extrañas condiciones, todo apuntaba a un asesinato, pero nadie pudo comprobarlo; en su lugar entró otro mayordomo, desde entonces las cosas comenzaron a ir mal. La primera en enfermar fue su madre, después su padre, buscando una cura, llegaron a la ciudad donde está la agencia de Dante.

La noche en que llegaron, se establecieron en el mejor hotel de la ciudad, al rentar un piso para ellos; sin embargo esa fue su primera y última noche en ese lugar.

El mayordomo se desenmascaró, era un demonio, el cual masacró a los padres del mudo delante de él. Después tomó al niño por el cuello para terminarlo también, estaba por sacarlo los intestinos, cuando algo lo detuvo, se quedó con su garra en alto y lo dejó caer al piso.

El mudo intentó irse, pero no pudo, ese demonio no lo dejó salir. El mayordomo volvió a adoptar su forma humana, sedó al niño y lo sacó del hotel.

Lo siguiente que el mudo vio fue una luz segadora y personas a su alrededor, estaba inmóvil, pero pudo apreciar el bisturí que se aproximó a él, después sintió dolor, un dolor indescriptible, no podía gritar ni patalear. La sangre salió por borbotones, manchándole la vista y el rostro. Esos sujetos cortaban algo dentro de su cuello, podía sentirlo. Algo ensangrentado le sacaron, no supo qué pues se desmayó.

No recuerda cuanto tiempo estuvo en el hospital, pues solían tenerlo dopado, en sus momentos lucidos, sólo tenía en mente escapar de ahí. Una noche, logró hacerse de un pequeño trozo de cristal, lo escondió entre sus ropas, esperó a que la enfermera se fuera, comenzó a cortar una de las cintas, la aflojó hasta que pudo sacar su mano, se quitó con premura la aguja del suero. Con su vista nublosa aún, se desató su otra mano y piernas, bajó de la cama tambaleante, siguió adelante, no supo cómo evadió todo el personal del hospital, pero pudo llegar afuera.

Era invierno y nevaba, los copos de nieve habían dejado blanca la ciudad. Tenía frío, sus pies y manos comenzaron a ponerse azules igual que sus labios. Cayó al piso, presa de la hipotermia. Cuando regresó en si, notó que estaba en una especie de ático o sótano, había muchas cosas viejas y polvorientas. Una anciana le sonrió al mostrar los dos dientes que le quedaban. Ella lo había puesto sobre su cama, la escuchó decirle:

"Muchachito, eres fuerte…"

Comenzó a llorar, todo cayó de nuevo sobre él. La mujer lo abrazó al consolarlo mientras le decía:

"Calma, calma mudito…"

Vivió con esa mujer por un tiempo, ella le gustaba sacar cosas de la basura y coleccionarlas, él le ayudaba, la acompañaba, así ninguno estaba solo. Aquella paz no duró mucho, porque ella se enfermó de tos, la cual se complico y la mató. Así llegó a las calles, uniéndose a los otros chicos, vagando, robando para sobrevivir, hasta que se encontró con Juan. Al verle sintió que algo fuerte les unía, era como si fueran hermanos, como si compartieran algo que los hiciera inseparables.

Dante chasquea los labios, mira por al ventana, aquello le deja claro, esos engendros hicieron todo para poner cada pieza al alcance, a ese niño lo habían traído de lejos y despojado de todo.

El cazador mira al mudo sobre la libreta, se ha quedado dormido. El peliblanco sabe que ese muchacho se embarcó en la aventura para salvar a Juan, por ese lazo inexplicable que les obliga a no separarse.

Mira su rostro reflejado en la ventana, conoce bien ese sentimiento. Su hermano, con el que fue inseparable durante su niñez, hasta que las cosas comenzaron a ir mal, entonces se distanciaron; sin embargo, aunque ninguno lo aceptara, esa unión aún estaba ahí, haciéndoles encontrarse. Hay días que piensa que podrá encontrar a su hermano de nuevo, que ese día se topará con él, tal vez en la calle o lo verá entrando por las puertas de su local; pero al llegar un nuevo amanecer nada pasa, lo cual le deja un sabor amargo en la boca y un agujero más grande en el corazón.

El tren llega de noche al pueblo. Despierta con suavidad al mudo, recordar los momentos trágicos de su vida no es algo que lo deje con bienestar. Caminan por los pasillos vacíos de la terminal, los pocos pasajeros que arribaron salen en silencio.

Se hospedan en un hotel, pues el niño parece algo débil. Suben a la habitación. El chico no tarda en dormir. Dante se sienta en una silla, se inclina hacia delante al poner sus codos sobre sus rodillas, puede sentirlo, todo el pueblo ha sido cubierto por una nube oscura de poder demoniaco, los demonios están por todos lados, los escucha reptar sobre las paredes de los cuartos contiguos. Dejará que el niño descanse unas horas. Ellos son los invitados de honor.

El cazador cierra sus párpados, finge dormir pero está despierto. Una sombra pasa por debajo de la puerta, se materializa como una mujer voluptuosa, de curvas pronunciadas, cabello dorado largo, ataviada con un vestido sugerente color negro, ella se para frente al hombre al decirle:

— Pesamos que estarías ansioso de ir a rescatar a tus amiguitos. — Dante responde con frialdad:

— Los necesitan con toda su sangre, en mejores condiciones sus cuerpos será mejor el ritual. Es por eso que no me atacaste.

— Es una aseveración arrogante, hijo del traidor.

— ¿Quién sabe?

— He venido a llevarte al salón donde se desarrollará nuestra reunión.

— Que considerada. — Ella sonríe.

— Al ver que no llegabas no hubo otra opción. —

Dante se levanta, se dirige hacia donde está el niño, lo despierta al decirle que es momento de trabajar. El chico se incorpora de inmediato. Los tres salen de la habitación, caminan por los pasillos bordeados por demonios, al igual las calles, hay una valla de demonios marcando en camino, haciendo guardia de honor.

Las calles lucen desiertas, no hay humanos dentro de las casas, el camino es iluminado por flamas negras que danzan delineando el camino, el cielo está lleno de nubes negras que se arremolinan sobre ellos, mientras la sombra oscura de una serpiente enorme es visible por instantes.

El silencio es inquietante, además del aire gélido que pasa alrededor de ellos formando espirales. Es como si se elevara para entrar a una puerta invisible aún. El lugar es una gran trampa, pero dónde se han ido las personas, no hay rastros de sangre en el ambiente ni destrucción. La mujer le dice al mirarlo con el rabillo de su ojo:

— Debemos preservar toda la sangre posible. Después todo este inmundo lugar se sumirá en las tinieblas. — Dante comenta:

— Lo tienen todo ¿No?

— En realidad no. Aún falta la sangre del otro hijo de Sparda. — Aquello hace que Dante detenga sus pasos, su hermano, ella habla de su hermano. — Sabemos donde está, pero no pudimos sacarlo. Seguro para ti será fácil hijo de traidor.

— ¿Cómo?

— Lo verás por ti mismo. —

Ella se detiene, eleva sus brazos al extenderlos. Frente a ella aparece una columna donde la gente de ese pueblo está incrustada, alrededor están los chicos que contienen las piezas, entre ellos Juan y Jean, hay un puesto disponible que pertenece al mudo y al centro un círculo donde los gemelos deben verter su sangre. Ella inicia su discurso:

— Estamos aquí reunidos para traer del sueño a nuestro amo. El tiempo de la profecía se ha cumplido, las piezas han sido reunidas, los hijos del traidor han emergido de la oscuridad, hoy es el día en que nuestro amo se erija sobre este mundo y derrame sobre nosotros su poder. — Hay una ovación generalizada. — Para ello, necesitamos traer al otro hijo del traidor. —

Una puerta al inframundo se abre frente a Dante. Ella señala al portal y exhorta:

— Trae al otro hijo del traidor, hijo del traidor. —

Dante chasquea sus labios, esa arpía sabe que hará lo que sea por traer de regreso a Vergil, todos estos años lo ha buscado, ha intentado encontrarlo, sería muy estúpido dejar ir esta oportunidad, puede comportarse como un estúpido, pero no significa que lo sea. Ellos no harán nada aún, pero cuando los ingredientes estén reunidos, cocinarán de inmediato.

El cazador corre al portal, aunque esté yendo contra una de sus reglas, pero no le importa si puede tener algo de su familia de nuevo. Avanza cortando en dos a todos los demonios que encuentra, son monstruos que parecen gusanos con piernas, otros animales deformes, seres alados de formas extrañas. Nota que no han emitido ruidos, tampoco lo han atacado, se detiene un instante, no hay energía demoníaca, son proyecciones, una especie de ilusión, la cual es creada por alguien.

Sigue avanzando por aquellas tétricas proyecciones, hasta que llega a un sembradío de flores multicolores. Una mujer de cabello rubio, con un elegante vestido amplio está al fondo, puede reconocerla es su madre, su padre viene caminando acompañado por el pequeño Vergil y el pequeño Dante. Ellos sonríen, lucen felices.

El cazador los observa un momento con un dejo de tristeza, porque ninguno es real, como esas flores son falsas, al igual que los espectros anteriores, todos proyecciones. Dante aprieta su puño, sigue adelante, debe encontrar al dueño de esos deseos. Sigue adelante por ese laberinto, comprende porque no pudieron encontrar a su hermano.

La presencia de Vergil se encuentra en todo el lugar, dentro de cada una de esas ilusiones, las cuales son fantasmas del pasado contra las que no se puede pelear, pero se ven y siguen ahí irremediablemente. No tiene tiempo para cavilar, así que corre, da largas zancadas al dirigirse hacia su hermano entre ese mar de confusión.

El avance es detenido cuando se encuentra ante él un lago de sangre, al centro ve una mujer parada, viste de blanco, su piel es casi transparente y su cabello es dorado. Ella le dice:

— Descansa conmigo. — Dante le apunta con sus pistolas al decirle:

— No eres mi tipo. — Ella insiste:

— Si te quedas conmigo, no habrá más dolor. — Dante escupe a un lado, le responde:

— El dolor me hace sentir vivo. —

Las aguas comienzan a burbujear. Dante escucha la risa de la mujer, la cual extiende su mano al decirle:

— Entonces te haré sentir más vivo de lo que has sentido alguna vez.

— Ya lo veremos. —

Dante grita al correr hacia su oponente.