Primero que nada perdón por la demora, estoy algo complicada con el horario, lo siento.
Segundo, ya encontré el cuaderno podre seguir con la otra historia, siiiiiiiiiiiiiiiiii
Y Tercero de a poco irán apareciendo más personajes de forma muy distinta al presente que vivió hime, por cierto Ichigo tendrá trastornos de personalidad, en cuanto a la hechicera, lo medite y decidí hacerla parecida a mi forma de ser, cuando la vallan viendo entenderán que soy un a hija de **** jajajja, el villano no tarda en llegar, y no se apuren hime no será mamá todavía, tendrá que sufrir un poquito pero vale la pena, todo por Kazui T.T, además quiero que se vallan conociendo un poco sin contar que a Ichigo lo are pagar carito por eso lo prometo, sin más que decir espero disfruten.
Dudas o críticas constructivas son bienvenidas siempre besos.
La boda.
Los primeros rayos de sol cubrían él amplio bosque, la tranquilidad y silencio reinaba, bueno casi, no muy lejos de ahí el palacio, el gran palacio se encontraba lleno de movimiento, gritos, ruido y risas, los sirvientes se encontraban arreglando sillas, mesas, manteles, arreglos florales, la comida, los corderos y claro, el sake, todo parecía que iba a ser perfecto para la gran boda, bueno con un detalle: la novia había desaparecido.
-Maldita sea-rugió el peli naranjo el cual se encontraba tan solo con su yukata de algodón negra-¿Dónde esta mujer?-pregunto molesto seguido de un gran número de personas.
-N-no lo sabemos señor-respondió uno-Tatsuki fue a prepararla junto con las demás y no estaba-informo, su cuerpo y el de los demás, tembló ante la ira de su señor, unos cuantos pasos más y estaban en la habitación de ambos peli naranjos.
-Mi señor-saludo la hechicera.
-Déjate de rodeos, ¿Dónde está?-pregunto molesto.
-No sabría decirle, la mente de su mujer es muy extraña para mí-menciono divertida.
-Habla hechicera o no me contendré-amenazo.
-¿Quién sabe?, a lo mejor cuando uno pierde sus cosas hay que ir a buscarlas por donde las encontró-respondió para irse, vasto eso y una ráfaga de viento abrió las grandes ventanales del cuarto-es rápido- susurro riéndose-apronten todo ellos no tardaran-ordeno.
Él peli naranjo utilizo su habilidad llamada shumpo, el bosque no era un impedimento, él sabía dónde encontrarla y por los dioses eso haría.
No tardó mucho en llegar y encontrarla sentada frente a la estatua, los rayos de sol se colaban por las ramas, posándose sobre la cabellera naranja, y parte de la estatua, ella se encontraba con los ojos cerrados, como rezando, vistiendo solo una yukata de seda en color crema.
Una loca idea se le vino ¿y si vino a rezar para ser devuelta a su época?, no, eso jamás, pero la diosa de la fertilidad la trajo, bien podía llevársela, luego pensó que ella le rogaba, por un matrimonio en paz y llenos de herederos, eso sonó a lo más lógico dentro de su retorcida mente.
-Me parece bien que le reses mujer-anuncio mientras se acercaba y se sentaba junto a ella-recemos los dos para que esta noche seas tan fértil y pueda dejarte en…-las palabras murieron al recibir un golpe en el hombro.
-No seas tan vulgar frente a la diosa-ordeno molesta y sonrojada.
-De todas formas esta noche te dejare en cinta-menciono sobándose el hombro.
-N-no te creas muy importante-le recrimino sonrojada.
-Vamos mujer tienes que prepararte-ordeno mientras se paraba, ayudándola-¿Qué pasa?-pregunto al verla tan callada, la había espiado y escuchado reír y hablar mucho, ahora solo estaba callada.
-No sé cómo es una boda en tú época-confeso rápido, logrando que él parpadeara.
-Ven siéntate te explicare-suspiro, sería un largo día-veamos-menciono frotándose la barbilla y mirando a la copa de los árboles-veras no sé cuánto dura las ceremonias en tú época, pero acá son algo rápidas, ya que duran alrededor de veinte minutos, más o menos-mención arroscándose la cabeza-ahí tenemos que pasar por un ritual de purificación, tenemos que intercambiar votos y ofrecer ofrendas a los dioses-menciono girándose para verla.
-¿Solo eso?-pregunto curiosa.
-Luego de eso viene lo más importante que es el San sankudo*, eso viene después de los anillos-advirtió-tenemos que hacer una promesa a Gohonzon, ¿no sé si lo abras escuchado?, pero es un budismo de nuestra época, es donde tenemos que tomar tres veces sake-informo mirándola, quedando perdido por un momento de esa hermosa mirada.
-Nunca he tomado sake-confeso sonrojada, sacándole una sonrisa al peli naranjo.
-Bueno aquí tendrás que hacerlo-comento mirando un tronco-las tres veces que tomemos sake, primero tengo que ser yo y luego tú, es porque representa el cielo, la tierra y el hombre, si tomamos de a tres, nos traerá felicidad y representa además la unión de nuestro cuerpo, mente y espíritu, pero solo son tres sorbos- advirtió.
-¿Y eso porque?-pregunto sin darse cuenta que estaba más cerca.
-Porque es un número sagrado-informo girándose para verla y, ¡sorpresa!, la nariz de ambos se rozaban, pero ninguno de los dos se movió, bueno por unos segundos, hasta que él peli naranjo se movió y unió sus labios, dejando sorprendida a la oji gris.
Noto que ella puso algo de resistencia, pero basto que él la tomara de la nuca y profundizara el beso, sacándole un gemido de sorpresa a la joven.
-Maldición-mascullo colocándose encima de una temblorosa peli naranja-solo un beso y me la dejaste dura-anuncio mientras sonreía al verla fruncir el ceño.
-Te dije que no hables…
Las palabras murieron cuando esa traviesa lengua invadió cada rincón de su boca, con cuidado se colocó más cómodo sobre ella, solo besaba y una que otra vez, su mano curiosa recorría el costado de su cuerpo.
-Tú cuerpo me tienta mujer, tanto así que me es difícil esperar hasta el anochecer para tomarte-menciono moviendo despacio su cadera, logrando que ella notara el gran bulto que tenía-mira como me tienes mujer-menciono enterrando su boca en el cuello de la joven, un leve gemido se escapó de los labios hinchados, culpa de los fogosos besos que él le dio-a la mierda con todo tú ya eres mi mujer, no necesito esta ceremonia para saberlo-comunico para sentarse y comenzar a desarmar el nudo de la yukata.
La cruda realidad la golpeo, al verlo tan decidido, y, oh por todos los dioses, ese abdominal bien marcado y esos pectorales bien definidos, concéntrate, con toda la fuerza que su pobre y acalorado corazón, lo detuvo (nota de autora: para ser honesta me corto la inspiración, pero me recompongo para su noche de bodas muajaja).
-D-detente-pidió con la respiración entrecortada y como pudo se lo saco de encima-si quieres hacer las cosas hagámosla bien-pidió sonrojada.
-Bien-menciono no muy convencido, pero verla sonrojada con la respiración entre cortada, le inflo el pecho-vamos tienen que prepararte-menciono estirando su mano, una vez que acomodo su yukata, pero el bulto era notorio-si lo miras de nuevo mando todo al carajo y te preño aquí mismo-advirtió, la sonrisa torcida que puso al ver la cara de espanto de su mujer, le alegro el momento y ¿porque no?, el día.
Con cuidado la cargo y sin problemas la dejo en la entrada principal de la mansión. Las mujeres apenas la vieron la tomaron, y por los corredores se perdieron.
-¿Qué tramas hechicera?-pregunto molesto al sentirla detrás de él.
-Nada-respondió con una sonrisa-¿fue linda la sensación de perderla?-pregunto con malicia.
-Sabes de sobra la respuesta-respondió enojado.
-Perfecto-amplio su sonrisa y escondió su rostro tras el abanico-mi señor no haga tonterías con las empleada y cualquier mujerzuela y su mujer no se ira-advirtió ganándose una mirada acecina-imagínese que la señora ya está en cinta y usted hace una tontería, seria horrible perder al heredero por culpa de un calentón-menciono con burla, provocando que todos los músculos del cuerpo masculino se tensara.
-Eso no pasara-comento muy seguro, para luego irse.
-Uy pero ni en su boda cambia-menciono divertida, mientras se abanicaba-me iré a preparar, hoy es un gran día-menciono mientras se perdía por los pasillos rumbo a su cuarto.
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La preparación tardo más de lo previsto para la peli naranja, el vestido o kimono de novia era sencillamente hermoso, el shiramuko, se trataba de un kimono blancos con detalles en rojo, los cuales representaban la pureza y la buena fortuna, su pelo bien arreglado en un moño adornado con una peineta de loto, significando la pureza del cuerpo y alma, su rostro pintado de blanco para representar que la joven aún es pura, sus pies tenían puesto los tabi, que eran calcetines blancos con una abertura en el dedo pulgar, para calzar los okobos, unos zapatos muy altos, de madera con la hebilla de cuero en rojo.
-Lista mi señora-menciono orgullosa la peli azul.
-Gracias- susurro algo tristes.
-No se desanime mi señora, vera que todo pasar, al principio parecerá un trago amargo, pero luego vendrá lo dulce-aconsejo, la peli azul.
-Eso espero-menciono parándose-pero primero a dominar estas cosas-menciono riéndose mientras intentaba caminar con esos tacos, logrando hacer reír a las demás mujeres.
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En otra habitación.
-Ya está todo pronto señor, es hora de comenzar-anuncio la hechicera, la cual bestia un tradicional kimono, colorido de mangas larga, representando su soltería.
-Sigo sin poder creer el motivo de tú renuncia al matrimonio-menciono arreglándose el cuello de su kimono de color azul marino y de unos hakama, un pantalón holgado de color negro, su zanpakutous (acá la tendrá como el bankai), estaba en su lado izquierdo, muy bien colocada.
-Y yo no entiendo como andas con esa arma hasta en tú propia boda-respondió molesta.
-Siempre estoy preparado-menciono para irse.
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La ceremonia era de esperarse que estuviera llena de invitados, muchos apenas lograron llegar, otros se la perdieron.
Los novios ya estaban colocados frente al sacerdote, cambiaron los botos y los anillos, luego de los tres sorbos de sake, oficialmente eran marido y mujer.
Muchos se acercaron para saludarlos y conocer a la nueva señora, la cual se limitaba a sonreír y mirara extrañados a todos, sus ropas, costumbres, sin contar que los malditos zapatos la estaba matando, miro a su, ahora esposo y lo vio muy entretenido con algunos capitanes, con disimulo se retiró, pero torpemente como suele ser ella, choco con una persona, muy conocida para ella.
-Disculpa Abarai-kun-menciono una vez que se enderezo, no era de sorprenderse que el pelirrojo la mirara extrañado.
-Disculpe usted-vasto mirar la ropa y saber que ella era la novia-déjeme felicitarla mi señora, soy el General, Renji Abarai a sus órdenes mi señora-menciono mientras hacia una reverencia.
-Porque no me sorprende que llegues tarde Renji-menciono el peli naranjo colocándose al lado de su esposa.
-Me disculpo el caballo estaba cansado-menciono mirándolo fijamente-y no es mi culpa que estando a leguas del palacio se me notifique que tengo que volver rápido porque mi señor se casa-anuncio molesto causando la risa del peli naranjo.
-Mi culpa, espero el caballo este bien, sabes que aquí lo atenderán como es debido-menciono estrechándolo- te presento a mi esposa, Orihime Kurosaki-menciono lleno de orgullo, la nombrada tembló al escuchar su nombre así, y más porque era la primera vez que lo escuchaba llamarla por su nombre.
-Un placer mi señora-anuncio.
-Igual- respondió en un susurro.
-Ichigo no vayas a lastimarla esta noche-pidió en forma de burla causando las risas en masa de los hombres, y causando el sonrojo de la joven.
-Tratare-respondió sonriendo.
Las bromas y comentarios de lo que pasaría en la noche no pararon, el peli naranjo ya estaba ansioso, miraba constantemente a su mujer, la cual estaba al lado de la hechicera y Tatsuki.
-Me parece que alguien está ansioso-menciono el peli rojo con un vaso de sake, haciendo reír a los presentes.
-Valla mi señor y cumpla con su deber-menciono alguien.
Él peli naranjo jamás obedeció ninguna vez en su vida, pero por primera vez lo haría, se disculpó y con cautela se dirigió a su mujer, la cual al verlo venir, supo que la hora había llegado, y eso que rezo, imploro y suplico, que su esposo se embriagara y se durmiera, como algunos lo hicieron, pero valla que él era duro- mi señora ya es hora de retirarnos-anuncio con el chocolate de sus ojos casi derretido del placer que prometía, una vez que estuvieran solos.
-C-creí que teníamos que esperar-menciono mirando a su alrededor y noto que todos los miraba.
-Nos ganamos este privilegio-menciono riendo mientras tomaba las temblorosas manos de su esposa- Señores y señoras, coman y beban todo lo que quieran, mi esposa y yo ya nos retiramos-se despidió de todos, pero cuando cruzaron las puertas, escucharon como reían y menciono lo fogoso que sería el señor, con su dulce mujer, al llegar al cuarto principal, con cuidado cerró la puerta corrediza y la oscuridad reino el cuarto, junto con el silencio-al fin solos-menciono sacándose su kimono hasta quedar solo con el hakana.
Mientras tanto Orihime hacia lo imposible por no mirarlo, sabía que tenía que hacerlo, fue el acuerdo con la hechicera.
-"Cumple con el señor en tu noche de bodas y las veces que quiera, veras que se aburre y no me molestara mientras busco la manera de que vuelcas a tu mundo"-pidió.
Y eso aria, aunque le costara pero lo aria, respiro hondo y trato de prepararse para lo que venía.
-¿Lista?-pregunto estando de espalda a ella, le acaricio la espalda, se acercó a su cuello e inhalo el exquisito olor a vainilla, con cuidado desarmo el obi, dejándolo caer de forma suave, quito una capa del kimono de seda y no le importo dejarlo caer a sus pies, quito el naga juban, el cual era el kimono que se pone en la parte interior, una vez que lo quito, solo una suave y sedosa yukata quedaba, la cual protegía su total desnudes, cuando iba a quitarla ella se separó.
-Quiero quitarme el maquillaje- pidió mirando el piso y sujetando la yukata para que no se abriera, él la dejo ir al baño, en el cual se tranco y comenzó a quitarse el maquillaje, soltarse el pelo y mirarse en el espejo-tengo que hacerlo-susurro para ella misma-tengo que hacerlo-menciono, saco un frasquito el cual contenía un líquido verde, se sirvió un poco en una taza que se encontraba ahí, y no dudo en tomarse de una el trago amargo, cerró los ojos esperando que el mal sabor se fuera, según la hechicera eso impediría que quedara embarazada, talvez no podría recuperar su virginidad, pero cuando se fuera no se iría con un hijo de este Kurosaki, cuando termino salió y tomo valor, al levantar la cabeza se le abrió la boca, parado en medio del cuarto, se encontraba su esposo desnudo.
-Tardaste-menciono mientras se acercaba a una temblorosa mujer-déjame ayudarte- menciono y de un golpe, la dejo tan desnuda cono él-perfecta- la cargo y la deposito con cuidado en la cama-hermosa-susurro al verla de manera intensa, logrando que la peli naranja sintiera un cosquilleo en el vientre.
Se acercó despacio y unió sus labios, los cuales al tomar contacto danzaron a un ritmo lento, pero que duro poco, él se encargó de aumentar, las caricias aumentaron, los besos se esparcieron por el rostro y cuello, la mordió y succiono, haciendo que la joven gimiera asustada.
La experta boca del peli naranjo de dirigió a los enormes senos, los cuales pedían atención, mordió y succiono a su antojo, logrando que la joven le tirara del pelo y elevara la cadera, buscando algo que solo él podía darle. Cuando creyó que esos apetitosos senos ya estaban bien atendidos, siguió bajando a su vientre, el cual beso y acaricio con la lengua, para luego ir a la parte que más ansiaba.
Ella se encontraba presa en un mar de emociones, las caricias y besos le provocaban cosas que no entendía, quería que parar pero a la vez no, una parte de su cuerpo quería, no , necesitaba ser atendida, y sin saber cómo lo supo, él introdujo su lengua en su interior, haciendo que ella abriera la boca y un gemido escapara.
No esperaba tal placer, creía que sería rápido y un poco doloroso, pero para su sorpresa no lo fue, con cuidado el separo los pliegues femeninos con su lengua, estaba hechizado, el sabor de su mujer era demasiado para él, sabía que le quedaría grabado en su memoria por el resto de su vida, introdujo un dedo en el interior, un pequeño gemido se escapó de él, al descubrir cómo lo apretaba, volvió a gruñir al sentir la humedad escurrirse por el dedo.
Ella estaba ida, un nudo se formó en su bajo vientre, maldijo por lo bueno que se sentía, perdió la cuenta de las veces que la hizo gemir, y mover su cadera a él, no esperaba que fuera tan bueno, y por un momento un golpe de celos se presentó al recordar que él, se metió con varias mujeres, incluso la famosa Senna.
-Maldito-susurro molesta, logrando que él parara.
-Te lo advertí mujer-menciono mirándola de abajo, pero sonrió al ver los senos de su mujer impidiéndole verle la cara, una loca idea cruzo su mente-como deseo que tus senos me masajeen la verga-murmuro ronco.
-No d-digas eso-menciono molesta y acalorada ante la idea.
-Entrégate mujer y disfrutemos esta noche-murmuro para luego seguir con lo suyo, empezaba a volverse adicto al sabor de su deliciosa y apetitosa esposa.
Pronto el nudo que se había formado en su vientre bajo, se sentía cada vez más fuerte, como si necesitara liberarlo. Dejarlo ir, pero no sabía cómo, pero su esposo si, la sintió tensarse, mover de forma desesperada la cadera, y sin contar que tenía sus tres dedos, los cuales ayudaba a estimularla junto con esos látigo de lengua, en su interior, apretarlo.
-Déjate ir mujer-ordeno aumentando el ritmo, y a la vez torturándola, faltaba poco, muy cerca casi podía jurar que estaba a punto de explotar, y no era la única, su verga dolía, estaba grande y dura como jamás creyó sentirla-maldición- murmuro al rozar su pierna, está apenas lo toco y dolió, esperar por estar dentro de ella era un infierno, desesperado aumento el ritmo.
No podía explicar la exquisita sensación que tubo, cuando él movió en forma circular su lengua sobre su pobre y dolorido clítoris, creyó morir, y que decir de esos curiosos dedos los cuales no la dejaban descansar, era mucho, tanto que su cuerpo se rindió y se entregó, un potente gemido inundo la habitación.
-Perfecto-menciono con el cuerpo rígido, más duro no podía estar, necesitaba estar dentro de ella, se acercó hasta llegar a su rostro, el cual se encontraba sonrojado-te dije que te preñaría esta noche y siempre cumplo mis palabras- le recordó, se acomodó entre sus delicadas piernas, noto que ella se tensó-tranquila no quiero lastimarte solo relájate y pasara rápido-le pidió tomando el rostro femenino entre sus manos.
-¿Lo prometes?-pregunto en un susurro, no dudo en abrasarlo por la ancha espalda.
-Lo prometo-respondió sellando la promesa con un tierno beso, al notar que ella se estaba relajando con el beso, se acomodó mejor y de una estocada se llevó la inocencia de su mujer-
-Ah-gimió ante el dolor que sintió, no esperaba que él fuera tan grande, vale lo miro y ahora lo estaba sintiendo en su glorioso cuerpo, aunque este se resistiera.
-Se siente como si el infierno quisiera mi verga-mascullo, el calor del cuerpo femenino lo enloquecía, ni hablar de lo apretada que estaba-relájate mujer pareciera que me lo quieres cortar-murmuro.
-Eres un vulgar-le respondió sonrojada.
-Pero te pone más caliente-menciono para luego irse al cuello, lo acaricio con la lengua para luego comenzar a succionar y dejar marcas, las cuales serían vista al otro día-mi marca personal-susurro dándole un beso a la gran mancha del cuello.
Comenzó a moverse lento, apenas la sacaba y la volvía a meter, mientras las curiosas manos del peli naranjo la recorría por los costados, tocándola apenas con la yema de sus dedos, la textura de la piel de la peli naranja era suave, casi sedosa.
Los movimientos fueron en aumento sacándole suspiros más fuertes, hasta que él no soporto el ritmo suave.
-Que empiece lo bueno-comento, la tomo de la cadera y el vaivén fue más rápido y duro-eso son gemidos-menciono al escucharla gemir alto-vamos cariño dame más-ordeno se apoyó de sus manos para mover más fuerte la cadera.
-Ha- gimió al sentir que la quería atravesar-des… despacio-ordeno apenas sin voz.
-Nada de eso-menciono, salió del cuerpo femenino para girarla y penetrarla por detrás-maldita sea si-rugió al tener un nuevo ángulo, era realmente exquisito estar dentro de ella, no sabía si alguna vez se sintió así o no, pero que su mujer lo estaba volviendo loco, lo estaba-mueve la cadera cariño, sigue mi ritmo-ordeno.
¿Qué siguiera su ritmo?, el maldito desgraciado apenas y podía apoyar las manos en la cama, sin mencionar lo que le costaba mantenerse de rodilla, no sabía cuánto podría seguir, bueno, no negaba el placer que sentía pero el muy maldito, no era suave, no era como las novelas románticas, no había velas, ni música suave, ni besos, ni caricias, ni miradas cómplices. No, él era salvaje y tosco, directo, muy directo.
-Ah-gimió al sentirlo entrar más fuerte, se sonrojo más; como si eso fuera posible, al sentir que los testículos de su esposo le daban pequeños golpes en su clítoris, excitándola más.
-Lo sientes cariño- menciono encorvaba la espalda para susurrarle al oído-la tiene toda a dentro-susurro lamiéndole el lóbulo de la oreja-y no pienso parar, hasta que me asegure que estés preñada o corras riesgo de que te parta- menciono mientras se enderezaba, para continuar penetrándola fuertemente.
-No seas… tan vulgar-ordeno molesta al escucharlo hablar.
-Ya casi cariño-murmuro ronco sintiendo que lo apretaba- maldita sea que bien se siente-gimió, se salió de golpe para girarla y colocar una almohada debajo de la cadera de una sorprendida peli naranja-es un método que se usa aquí, se aplica para asegurar el embarazo-le comunico, sonrió al verla abrir los ojos de manera exagerada.
-Tú no…-callo al ser nuevamente penetrada, logrando que el aire se le quedara estacado en la garganta y no pudiera ni siquiera gemir, si ella creía que él era brusco ahora no tenía nombre, como pudo lo abrazo y no dudo en arañarle la espalda al sentirse cada vez más cerca, él se movía más rápido y su cuerpo pedía la liberación.
-Maldita sea-sonrió al sentir su miembro ser apretado por la peli naranja-eso cariño-murmuro y no dudo en correrse con ella, un gemido se escapó de sus labios, para callar ese vergonzoso momento la beso, mientras se movía despacio-toda tuya-susurro cansado, ninguna mujer jamás lo agoto así, noto que ella se movía un poco, como queriéndoselo sacar de encima-no señora, tenemos que quedarnos así un rato más-comunico-
-Pesas-murmuro casi sin aire.
-¿Mejor?- pregunto al apoyarse en su codo para animarla mejor-verdaderamente eres hermosa-menciono como si hablara del clima.
-No creo eso-susurro bajo evitándolo a toda costa, pero una mano fuerte se lo impidió.
-Si digo que eres hermosa es que lo eres mujer, no tienes por qué sentirte menos-ordeno molesto mirándola fijamente-tu cuerpo parece echo por los mismos dioses, me gusta tú pelo, y tú mirada esconde algo-menciono viéndola fijamente.
-Tú eres tosco y gruñón-menciono mientras lo miraba fijo-pero me gusta tú ceño fruncido-menciono tocándolo mientras le sonreía.
-Eres la primera que lo dice-sonrió de forma cálida-ups se salió- sonrió al verla sonrojarse y mirarlo serio-ahora si me puedo quitar-comunico saliéndose de encima para acostarse a su lado-ni se te ocurra moverte-ordeno al verla querer cambiar de posición.
-Pero necesito…-no sabía cómo decirlo sin morir de vergüenza.
-Quédate así hasta mañana, o hasta que se me pare de nuevo-menciono sonriendo, le gustaba verla entre avergonzada y enojada-aunque creo que va lo segundo-murmuro mientras le acariciaba el seno-me gustan y tengo varias ideas para ellas-murmuro acercándose y lamer el pezón, causando un leve escalofrío a la joven, la cual no dudo en intentar quitárselo de encima sin excito-empezamos de nuevo mi señora-murmuro con voz gruesa y mirada nublada, no dudo en subir sobre ella y penetrarla mientras la besaba, uno que otro gemido se escapaba.
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-Maldita-susurraba mientras llora, no muy lejos de la habitación de los ahora esposos, odiaba escucharlos gemir, principalmente como él lo hacía, ella jamás pudo sacarle siquiera uno, y su ahora esposa, le sacaba varios-esta me las pagas-juro mientras apretaba su pañuelo
Creyó que luego de tomarla se reuniría con ella, pero él nunca dejo el cuarto, todo lo contrario parecía que él no quería salir de ahí.
Escucho la risa de él en varias ocasiones y eso la molesto aún más.
-Él solo la está usando-trato de consolarse-volverá a mí, lo sé-menciono mientras se abrazaba y miraba al pasillo, el cual llevaba a la recama de los esposo-solo eres una intrusa-murmuro molesta.
Lo que no sabía era que él no volvería a ella jamás.
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San sankudo: la novia y el novio toman tres sorbos cada uno de los tres tazas de sake, unritual llamado san sankudo
