Título: Broken memories. Capítulo 4: Frisson.
Rating: PG-13.
Pareja: Boone/Shannon.
Resumen: Boone se presentó inesperadamente en la mansión, farfullando algo acerca de hablar con su madre sobre 'asuntos de empresa'. Shannon ni siquiera lo saludó; se limitó a indicarle lánguidamente el camino que ya conocía hasta el despacho de Sabrina, en la planta superior, y volver a sumirse en su estado de habitual ensoñación post-sábado noche.
Advertencias: puede contener spoilers.
Disclaimer: ninguno de los personajes de Lost, ni la serie, me pertenecen, lo cual es una pena.
Dejar reviews adelgaza.
Shannon recuerda el día en que adquirió plena consciencia de que Boone estaba enamorado de ella.
Desde que se conocieron, en las poco agradables circunstancias de la futura boda entre el padre de ella y la madre de él, Shannon lo había intuido. No era más que una vaga sensación que la embargaba cada vez que Boone andaba cerca, pero sabía que tenía algo que ver con el amor. Y no con el que ella sentía hacia él, precisamente.
Pero ese día obtuvo la confirmación que tanto tiempo llevaba aguardando. De los propios labios de Boone, ni más ni menos.
Era un caluroso domingo por la tarde en Los Ángeles y Shannon se dedicaba a recuperarse de la fiesta de la noche anterior. Sorbía un refresco de piña, tranquilamente tendida al sol en una tumbona junto a la piscina de la mansión Rutherford, los ojos protegidos por unas enormes gafas a lo Jackie Kennedy y el cuerpo, que ya comenzaba a presentar signos de bronceado, apenas cubierto por un diminuto bikini negro de Prada.
Boone se presentó inesperadamente en la mansión, farfullando algo acerca de hablar con su madre sobre 'asuntos de empresa'. Shannon ni siquiera lo saludó; se limitó a indicarle lánguidamente el camino que ya conocía hasta el despacho de Sabrina, en la planta superior, y volver a sumirse en su estado de habitual ensoñación post-sábado noche.
Debía de haberse quedado dormida porque, cuando volvió a abrir los ojos, se encontró la cara de su hermanastro a diez centímetros de la suya.
- ¡Boone! –exclamó, dando un respingo que hizo que se derramara medio refresco por encima. Él se alejó rápidamente.- ¡Mira lo que has hecho, joder!
Dejó el vaso con la sombrillita y la rodaja de piña en la mesita que había junto a la tumbona y se dedicó a agitar la muñeca hasta que tuvo la mano seca, más o menos.
- Ahora tengo la piel pringosa por tu culpa. –se quejó, frotando con ímpetu los dedos en la toalla.- Por cierto¿qué quieres?
- Venía a hablar con mi madre.
- Eso ya lo has hecho. –Shannon se volvió hacia él, fulminándolo con la mirada a través de los cristales tintados de las gafas.- ¿Por qué no te largas?
- También venía a hablar contigo.
- Pues rapidito.
Con lasitud, alargó un brazo y escogió una revista al azar del montón que tenía a su alcance. Vogue. Contempló apreciativamente la portada y la abrió por una página cualquiera mientras se preparaba psicológicamente para aguantar la perorata de su hermanastro.
- Creo que deberías dejar al tío ése.
Shannon bajó la revista con tanta rapidez que se hizo daño en las piernas cuando el papel satinado las golpeó.
- ¿Al tío ése? –repitió, incrédula.-
- Tu novio, o como lo llames tú.
- ¿Dick?
- Sí, eso. Dick.
- ¿Y por qué, según tú, tengo que dejarlo?
- … No creo que sea una buena influencia para ti.
Shannon se quitó las gafas y las dobló, colgándolas de la diminuta tira de tela que mantenía unida la parte superior de su bikini. No pudo evitar notar que Boone dejaba colgada la mirada allí más tiempo del considerado correcto, dada la relación de relativo parentesco que les unía.
- ¿Y quién eres tú para decidir quién es o no es una buena influencia para mí?
- Soy tu hermanastro, Shan.
- Efectivamente. Mi hermanastro. Lo que significa que no compartimos ni una gota de sangre, gracias a Dios. Y eso no te da ningún derecho sobre mí¿me oyes? Ninguno.
Boone apartó la vista con algo que una persona menos egoísta que Shannon podría haber calificado como dolor, y que ella tildó de simple incomodidad.
- Sólo era un consejo. –lo oyó mascullar mientras volvía a tomar el vaso y sorbía a través de la pajita un trago de refresco.-
- Pues no quiero tus consejos.
Volviendo a abrir la revista, Shannon trató de concentrarse en su lectura, pero la irritante presencia de su hermanastro a menos de un metro de ella la convertía en una tarea imposible.
- ¿O es por otra razón? –dijo de pronto.-
- ¿Qué?
- ¿No será… que estás celoso, Boone?
Rompió a reír a carcajadas y, a pesar del volumen de éstas, pudo escuchar perfectamente la respuesta herida de Boone, como el bajo y sorprendido gañido de un perro fiel apaleado por su querido amo en un acceso de ira.
- Tal vez, Shan. Tal vez.
