Cuatro Paredes
Tres paredes rodean el escenario. La cuarta pared, el 'agujero negro', es el constante desafío de quienes se atreven a poner sus pies sobre las tablas y se permiten hablar con el lenguaje corporal. Hermione y Ron no saben que, mientras trabajan en un nuevo proyecto para el taller del Instituto al que asisten, le dan libre albedrío a la maraña de sentimientos que tienen por el otro. Con la complicidad de sus amigos Harry y Ginny, lograrán mostrar algo más que simple y pura sensualidad.
4. Errores
Podía escuchar la música proveniente de la sala de ensayos desde el final del pasillo. Harry estaba tocando y Ginny lo acompañaba con un tarareo distraído. Ron vio la imagen de lo que estaba sucediendo adentro en su mente antes de comprobarla con sus propios ojos. Él estaría sentado en el escenario, con las piernas colgándole por el borde y la guitarra en su regazo conectada al viejo amplificador; ella, sentada a su lado, descalza y con el cabello atado en un apretado rodete. Efectivamente, más o menos así estaban aquellos dos, jugando a seguirse el ritmo el uno al otro en una versión alterada de Blackbird. Ninguno de los dos lo oyó entrar y cerrar la puerta tras de sí.
-¿Con qué vamos a empezar hoy? –preguntó, haciéndose notar subiendo de un salto al escenario para acercarse a la batería.
-¿Por qué estás tan entusiasmado? –replicó Ginny suspicazmente, entrecerrando los ojos. Su hermano se encogió de hombros y tomó los palillos del estuche. –No podemos empezar a ensayar para la muestra si Neville no está aquí. Si él va a tocar con nosotros, no puedo ser siempre yo la que ensaye en su lugar.
-Ella tiene razón. –coincidió Harry. –Como Neville siga faltando a los ensayos nos quedaremos sin bajista.
-¿Y qué? Tú lo haces mejor que Neville. –le dijo Ron a su hermana. Y en el momento en que Ginny iba a replicar, una cuarta persona entró en la conversación:
-Pues qué bien, porque yo venía a avisarles que me marcho.
Neville Longbottom estaba de pie junto a la puerta abierta de la sala de ensayo, sosteniendo su propio peso en dos muletas. Tenía la pierna derecha enyesada desde el muslo hasta el tobillo y una venda fuertemente apretada alrededor de la cabeza. Desde la distancia, era difícil leer la expresión de su rostro, al igual que fue difícil discernir el tono de su voz, puesto que no se lo esperaban. Se acercó lentamente hasta ellos, caminando con gran esfuerzo. Ron estaba con la boca abierta y lo miraba con horror. Mientras lo veía caminar hasta ellos, oyó un susurro de Harry:
-Estás hecho para meter la pata, amigo.
-Neville, yo…
-Está bien, Ron. –interrumpió el recién llegado con un gesto de la mano y una ligera sonrisa en el rostro. –Tienes razón de todas maneras, lo sé. La verdad es que había estado pensando en abandonar desde hace un tiempo, pero no me atreví a decirlo porque pensé que me necesitaban para la muestra de este semestre.
-Te necesitamos, Nev. –se apresuró a agregar Ginny con sinceridad. –No le hagas caso a mi hermano, tienes que seguir dentro.
Neville le dirigió una mirada cargada de simpatía y le sonrió abiertamente, volviendo a negar con la cabeza.
-No puedo hacerlo, Ginny, mírame. Estoy todo roto. Además, necesito el tiempo que paso en los ensayos para recuperar algunos exámenes pendientes. Estoy sobrepasado.
Hubo un largo minuto en silencio en el que sólo se miraron unos a otros, considerando las alternativas y midiendo las consecuencias. El primero en hablar fue Ron:
-Lo siento, Neville, lamento haber dicho lo que dije. No te vayas por eso, por favor.
-Ya te he dicho mis razones, Ronald, no me hagas discutir contigo. No voy a enojarme por algo que es completamente cierto. Ginny puede hacerlo mejor que yo, y ya lo he decidido. No voy a cambiar de opinión.
-Bueno, Nev, estará bien si piensas que es eso lo que a ti te conviene. Pero considera volver a la banda después de la muestra, cuando ya no tengamos exámenes. –propuso Harry, y Neville asintió.
-Lo haré, no te preocupes. Me voy ahora, la pierna me está matando. Tengan éxito, chicos.
Dicho esto, se giró lentamente hacia la puerta y salió con paso tambaleante, el sonido de sus fuertes pisadas haciendo eco en el estrecho corredor. Los otros tres se quedaron mirando la puerta cuando la cerró tras de sí, y luego se voltearon para mirarse entre sí con perplejidad.
-¿Eres estúpido? –gruñó Ginny, poniéndose de pie y acercándose a Ron con actitud amenazante. –Pudiste haber herido sus sentimientos. ¿Es que no puedes mantener tu boca cerrada?
-¿Y cómo iba yo a saber que Neville acababa de entrar en la sala? Ninguno de nosotros lo oyó. –se defendió él, igualmente enojado. –Además, no se lo tomó tan mal. Sólo fui honesto.
-¡No se lo tomó mal! ¡Ese chico es un santo! Yo, en su lugar, te habría golpeado hasta que no quedara un solo diente en tu gran bocota. Hay formas y formas de decir las cosas, Ronald.
-¡Ya te dije que no me había dado cuenta de que estaba allí parado! ¡Y no tenía intención de herirlo tampoco!
-Seguramente tampoco tenías intención de herir a Hermione como lo hiciste esta mañana, ¿verdad? –estalló Ginny, colérica. Ron palideció, y Harry abrió muy grandes los ojos, pasando la mirada entre uno y otro con sorpresa. -¡Tú y tu idiotez! ¡Lo único que sabes hacer es decir y hacer estupideces! ¿No te das cuenta de que la gente tiene sentimientos? No puedo creer que seas mi hermano.
-¿Pero qué…? ¿Qué dices, Ginny? ¿De qué hablas? –barbotó Ron, mientras sus mejillas se iban poniendo más y más rojas.
-¿Y todavía me lo preguntas? –replicó ella con mordacidad. -¿De verdad creíste que Hermione no te escuchó esta mañana? ¡Ha estado llorando durante más de una hora por culpa tuya!
-¿Estuvo… llorando? –se entrometió Harry, sorprendido y preocupado. Ginny se volteó hacia él con violencia y asintió con gesto severo.
-Yo no… yo no quise…
-Ya sé que no quisiste, Ronald, pero el hecho es que lo hiciste. Puede que Neville no se ofendiera con tu ataque de honestidad brutal, pero Hermione está realmente herida. Y es tu culpa.
Ron se quedó de piedra ante esa declaración. Abrió y cerró la boca varias veces, pero no encontraba las palabras para expresar lo que sentía. De repente se le habían ido todos los colores de la cara y sintió que nada de lo que dijera o hiciera tendría sentido, porque había arruinado todo. Se sentía una máquina diseñada para cometer errores. ¿Por qué tenía que ser de esa forma? ¡Debería haber nacido mudo para no decir estupideces que hirieran a las personas que más quería! Neville se podía ir al carajo si fuera por él. Era un buen tipo, cierto, pero no le importaba tanto como le importaba Hermione. Y ella no se merecía su maltrato, no se merecía haber estado llorando una hora entera… ¿por su culpa?
-¿Por qué estaba llorando? No pude haber sido tan ofensivo…
A Ron le sorprendió que Ginny frunciera el entrecejo con escepticismo y que su mejor amigo rodara los ojos, como si estuviera presenciando una conversación sin sentido. Pero ninguno de los dos parecía tener una respuesta a su pregunta.
-No seré yo quien te diga lo que tienes que hacer y dejar de hacer. Abre los ojos de una vez, Ron. –contestó Ginny en un tono más suave, aunque aún sonaba de mal talante, y se giró sobre los talones levantando el bajo que estaba en el suelo del escenario, apoyado contra la pared del fondo, para echarse la correa al cuello. –Empecemos con esto de una maldita vez antes de que te golpee en nombre de todos.
oOoOo
A Ginny no le sorprendió llegar a su habitación después del ensayo y encontrarla en perfecto orden y completamente vacía. Sabía que, en sus ataques de ansiedad, Hermione no podía estarse quieta en un sitio. La conocía lo suficiente como para saber cuáles eran sus reacciones más comunes cuando se enfrentaba a una situación desagradable, y conocía a la perfección todos y cada uno de los refugios en los que su castaña amiga se escondía cuando no encontraba una mejor manera de llevar la situación. Con un suspiro, encendió la luz del cuarto, puesto que ya era casi de noche, y tiró el bolso que llevaba al hombro descuidadamente sobre la cama. En días normales se hubiera quitado los zapatos una milésima de segundo después de cruzar la puerta, y hubiera caminado hasta la ducha comenzando a desvestirse incluso antes de llegar al baño. Los días como ese solían ser agotadores. Pero esta vez las cosas serían distintas, lo sabía. Había pasado por situaciones semejantes con su amiga el año anterior, cuando había descubierto que su hermano se besaba furtivamente con la estúpida de Lavender Brown. Ginny se preguntaba qué demonios se le había pasado a Ron por la cabeza para hacer semejante estupidez, aunque, por otro lado, agradecía que aquella época le hubiera servido a Hermione para reconocer que estaba locamente enamorada de uno de sus mejores amigos; aunque jamás se permitiera demostrárselo. Tonta Hermione, pensó Ginny con desgana mientras se acercaba al escritorio de su amiga para corroborar que, tal y como pensaba, no había dejado ni una nota avisando dónde estaba. Si supieras…
Había estado tentada en decírselo esa misma tarde, cuando llegó a la habitación después de su última clase y la encontró derrumbada sobre la cama, con la cara enterrada en la almohada y llorando silenciosamente su frustración. Pero tuvo que hacerle caso a Harry, que aunque parecía no seguir sus propios consejos, tenía mucha razón. El le había dicho que cuanto más se entrometieran en la relación entre Hermione y Ron peor sería para ellos.
-No hay peor ciego que el que no quiere ver, Gin. No tiene sentido que les grites en la cara que están enamorados el uno del otro, porque no lo verán hasta que no se decidan a abrir los ojos.
-Hermione sabe lo que quiere, sabe que lo quiere a él. Es el imbécil de tu mejor amigo el único que no ve más allá de su nariz. –espetó ella, casi con ira.
-Hazme caso, amor, deja que se den cuenta por sí solos. Si están hechos para estar juntos, en algún momento sucederá. Y el imbécil de mi mejor amigo es también tu hermano, ¿recuerdas? –replicó Harry en tono burlón.
Si hubiera sido por ella, esa misma tarde hubiera tomado a Hermione por los hombros y la hubiera zamarreado hasta que dejara de llorar para gritarle a la cara que no fuera tonta, que no llorara por una causa perdida. Le hubiera dicho que su hermano no valía la pena, pero que saliera a buscarlo de todas maneras, que le confesara lo que sentía, porque seguramente él le diría que sentía lo mismo. Pero no fue así. Aceptó lo que Harry le había dicho y se resignó a dejar que las cosas pasaran. Aquello era como una novela barata e irritante, de modo que tuvo que convencerse a sí misma de no cometer un error y serenarse antes de salir a buscarla.
La encontró en el primer lugar en el que había pensado que estaría. Tenía el presentimiento de que ella estaría allí para esconderse de todo y de todos. Era como su pequeño santuario. Su lugar preferido para pensar y no pensar al mismo tiempo.
La biblioteca estaba casi vacía cuando Ginny recorrió las largas mesas buscando a su amiga. La encontró en un sitio apartado de los demás, escondida entre dos grandes pilas de libros, con la cabeza hundida en las páginas de una redacción que comenzaba a parecerse a una monografía. Escribía a toda velocidad sobre el papel sin levantar la cabeza ni consultar ninguno de los libros que la rodeaban. Eso era extraño.
Se sentó a su lado lo más silenciosamente que pudo e intentó observar lo que estaba escribiendo para tener algo que comentar, pero el largo y ondulado pelo de Hermione le caía sobre un hombro y cubría una buena parte del cuaderno sobre el que estaba inclinada. Se limitó a apoyarle una mano en el hombro para atraer su atención.
La chica se sobresaltó y dejó caer el lápiz sobre la mesa, dando un respingo. Cuando la reconoció lanzó un suspiro.
-Ginny, me asustaste.
-¿Qué haces? –preguntó la pelirroja, mirando por encima de su hombro. Hermione cerró la carpeta de un golpe brusco y lo hizo a un lado, apartándolo del camino.
-Nada, sólo… um, practicando para el examen de Cálculo.
Sí, claro, y mi novio es Luciano Pavarotti, pensó su amiga, mordiéndose el labio inferior para no sonreír. Aún así no volvió a molestarla con eso.
-Es tardísimo, Mione, ¿por qué estás aquí todavía? Vamos a la habitación, si nos apresuramos llegaremos con el tiempo justo para cenar.
-No tengo hambre. –se apresuró a contestar Hermione, desviando la mirada hacia la pila de libros que tenía a su alrededor. Ni siquiera los había abierto. Sólo eran una muralla tras la que se resguardaba del mundo exterior y de sí misma. Al menos por esta vez. –Tengo que terminar mi trabajo de Cultura, y luego…
-Ya déjalo. –interrumpió Ginny, poniéndose de pie y tomándola de las muñecas. –Si no tienes hambre, entonces no comeremos. Pero vayámonos de aquí, tengo que hablar contigo.
Hermione se dejó arrastrar fuera de la biblioteca con actitud resignada, aunque por dentro estaba sumamente agradecida con Ginny. Sabía que ella lo estaba haciendo por su propio bien, porque quería hacerle las cosas más fáciles, porque estaba preocupada por su salud mental. Bueno, ella misma estaba preocupada por eso. Si no conseguía concentrarse en los próximos días estaría en serios problemas con los exámenes. Necesitaba estar concentrada, tener la mente despejada…
-¿Qué tal estuvo el ensayo? –preguntó distraídamente mientras caminaban por el pasillo, eligiendo un tema al azar para no pensar en la causa de su angustia.
-Una mierda. –contestó Ginny con sinceridad. –Neville dejó la banda, apenas hemos practicado dos de los tres temas que preparamos para la muestra, y sólo quedan dos semanas hasta entonces.
-¿Qué Neville hizo qué? –espetó la otra, perpleja.
-Lo que oíste. Dice que no da abasto con los exámenes, que no puede tocar con la pierna rota, y no sé cuántas estupideces más. Harry le ofreció volver a nosotros a fin de año, aunque, honestamente, dudo que lo haga. Y Ron… bueno, Ron no da pie con bola.
Hermione no comprendió el final de aquella frase, ni tampoco entendió el significado del tono censurado que su amiga había puesto al decir esas últimas palabras. Pero no preguntó, porque tan sólo escuchar ese nombre le provocó un vuelco en el estómago. No creía que fuera capaz de pronunciarlo. Continuaron caminando en silencio hasta que llegaron a la puerta de la habitación que compartían. Ginny había dejado las luces encendidas. Dio un par de zancadas hasta la cama de Hermione y se sentó en ella, mirándola, y dándole unos golpecitos al colchón con la mano. La castaña captó el mensaje y se dejó caer a su lado con un suspiro resignado.
-¿Quieres hablar de lo que pasó?
-No realmente.
-No puedes tener este asunto atravesado por mucho tiempo más, Hermione. Si no lo liberas, creo que vas a estallar.
-Si eso sucede, por favor recoge mis restos y envíaselos a mis padres. –intentó bromear, pero en seguida se dio cuenta de que no había funcionado. Ginny la miraba con el entrecejo fruncido y las manos cerradas en puños apoyadas en las caderas, un gesto que había heredado de su madre. –No te enojes conmigo, Ginny, no es personal. No eres tú… simplemente no quiero hablar de esto. No tengo nada para decir.
-Oh, no, yo creo que tienes mucho para decir. –replicó Ginny sin maldad.
-¿A qué te refieres?
-Bueno, podrías empezar por cruzar esa puerta e ir hasta la habitación de los chicos para hablar con Ron y decirle lo que sientes.
-¡¿Estás loca?! –se escandalizó, dando un salto en la cama y alejándose unos centímetros de ella como si de repente estuviera prendiéndose fuego.
-Tal vez, pero, ¿qué tiene que ver?
-¿Me estás hablando en serio? –Ginny asintió solemnemente. –No puedes decir una cosa así, no después de… Mira, Ginny, si existía una mínima posibilidad de que me armara de coraje y se lo dijera, eventualmente esa posibilidad está muerta y enterrada cinco metros bajo tierra. Creí haberte dicho con claridad lo que le escuché decir hoy.
-¿No crees que quizá lo que escuchaste no era… um, lo que creíste escuchar? –titubeó Ginny, y en seguida se mordió la cara interior de la mejilla para no hablar de más. Hermione no se dio cuenta de ese gesto, porque estaba muy ocupada enterrando la cara entre las manos.
-Sé perfectamente lo que oí, soy de todo menos sorda. –musitó por entre sus dedos, haciendo un gran esfuerzo por controlar la voz para que no saliera ahogada por las lágrimas que estaban amenazando con escapársele de un momento a otro por entre los ojos cerrados.
-Sé que no eres sorda, tonta. Lo que quiero decir es que… bueno, tal vez no sea cierto. –dijo de un tirón, aún sabiendo que luego, mientras Harry la regañara, se arrepentiría de no ser prudente con las palabras que elegía. Pero Hermione, por una vez, no pareció captar el doble sentido de aquella frase.
-No sé a qué te refieres. –la castaña suspiró pesadamente y bajó las manos para mirarla a los ojos. –Lo único que sé es que tengo que quitarme a tu hermano de la cabeza, antes de volverme loca.
-¿Ah, sí? –Ginny tenía una mueca divertida, como si aquello le causara mucha gracia. -¿Y cómo vas a hacer eso? ¿Vas a huir del Instituto? ¿Vas a hacer de cuenta que no existe?
-Tal vez. Lo que sea necesario para dejar de pensar en él.
En ese momento la pelirroja sintió que algo se encendía en su cabeza. Todo el asunto de no entrometerse entre ellos y la ridiculez de ser un personaje pasivo en aquella enredada historia de lleva-y-trae cobró sentido en una fracción de segundo. Sabía lo que tenía que hacer y estaba muy segura del consejo que tenía que darle a su amiga. Ella no iba a hacer nada por abrirle los ojos a Ron o lograr que Hermione se declarara. Ella sólo iba a dar un pequeño empujoncito para que ambos se dieran cuenta de lo que les estaba pasando.
-A lo mejor lo que dices es cierto. –comentó, fingiendo reflexionar. Hermione la miró extrañada. No esperaba una respuesta como esa, más bien estaba esperando que Ginny insistiera con aquello de declararse. –Tal vez sea una buena idea que lo ignores. Que hagas como si él no te importara. Que no te demuestres, ni siquiera a ti misma, lo mucho que te afecta. De esa manera… quizás acabes creyéndotelo. Quizás así te olvides de él.
Se quedaron en silencio, cada una en sus propias cavilaciones. Hermione estaba considerando las palabras de Ginny con suma atención, buscando, como de costumbre, un mensaje oculto que no hubiera captado a la primera. Pero la inteligencia que poseía y su gran intuición no le bastaron para comprender el verdadero objetivo de Ginny. O tal vez la idea que le estaba proponiendo sonaba irresistiblemente tentadora. ¿Qué más podía hacer, de todas formas? ¿Qué otra posibilidad tenía? En palabras, aquello sonaba como una locura. Pero si lo llevara a la práctica, tal vez…
-Voy a considerarlo. –admitió, más para sí misma que para Ginny. Su amiga sonrió entre dientes, satisfecha por haber logrado su último objetivo. Por la mañana, Hermione sería una persona decidida a cambiar su actitud y su forma de ver las cosas. Sólo esperaba que Ron tuviera suficiente cerebro como para sumar correctamente dos y dos son cuatro. Si él no veía la razón del repentino cambio en ella, tendría que estampársela en la cara. Una excelente excusa para darle un buen puñetazo. Y vaya si se lo merecía.
Una condecoración especial a Nat (CissyCardbuge), mi beta, socia, amiga y semimusa, por seguir dándome siempre su apoyo.
