Capitulo 4: En un mundo de cobardes, de prejuicios y viejas heridas, ¿seré valiente
Capitulo 4: En un mundo de cobardes, de prejuicios y viejas heridas, ¿seré valiente?
Rose maldijo por sus adentros, aquel maldito día estaba pasando demasiado rápido, no podía dejar de pensar en esa nota, y necesitaba todas sus fuerzas para no volverse a mirar al rubio, hasta que no estuviera segura, sabía que la discusión había sido culpa de los dos, pero ahora no estaba segura de lo que debía de hacer, debía arriesgarse y vivir o por el contrario, debía quedarse quieta y tener una vida tranquila sin saber que es lo que sucedería.
Albus los miraba a ambos sentado desde su sitio, era raro que Scorpius no levantara la mano para responder las preguntas o ni siquiera mirara a la profesora, pero era más raro que Rose se limitara a apuntar cosas de vez en cuando, no como siempre solía pasar, que su pluma echaba humo de la rapidez con la que escribía.
Susan, se encontraba entretenida atendiendo en la clase al lado de él, y el esbozo una sonrisa pensando que le harían falta después sus apuntes a todos. Susan y el, por fin, pensó, pero no había tenido tiempo de contarle, aún tenía que preguntarle porque lloraba la noche anterior, y en ello pensaba que tenía que ver Scorpius porque si la vida en Hogwarts le había enseñado algo es que poco existen las casualidades.
Necesitaba pensar, necesitaba relajarse y solo había dos personas con las que podía hablar, una de ella era su hermano, que junto a Albus, Lily y James eran los que mejor la conocían. Avanzo un poco más y esbozo una sonrisa cuando lo vio haciendo el tonto con sus amigos por medio del pasillo, lo miro y el entendió que necesitaba hablar con ella. Caminaron largo rato sin hablar, hasta que finalmente se sentaron debajo del haya.
-¿Qué piensas de Malfoy?-dijo ella directa.
-Que es un engreído, egoísta y clasista.-dijo Hugo seguro.
-¿Lo conoces?-pregunto ella con una ceja alzada, no le gustaban los prejuicios.
-No, pero es así como se muestra ante los demás, acaso crees que en verdad es distinto, cuando una persona es de esa manera no puede cambiarlo.-dijo el serio.- ¿Qué te pasa con Malfoy?
-Estaba pensando en intentar conocerlo mejor.
-Para salir dañada.-dijo Hugo.-Lo único que vas a conseguir es salir dañada, ese Malfoy es incapaz de tratarnos como igual, hay demasiadas cosas.
-Ya lo se, pero siempre nos han enseñado a no tener prejuicios.-defendió ella.
-Pero la vida no es Hogwarts ni las cuatro paredes de casa, Rose. La vida es más complicada, y la verdad es que quieras que no los prejuicios existen, ¿acaso el va a ser distinto? Si lo fuera no estaría en Slytherin y seguiría siendo amigo de Albus, y muchas cosas más. No seas su juego de este año.
-Te basas en cosas que pasaron hace muchos años.-dijo ella, no quería escuchar esas palabras de la boca de su hermano.
-Quizás me baso en esas cosas, pero el no ha demostrado lo contrario, es el quién tiene que demostrarlo. Prométeme que no te acercarás a el.
-No puedo.-respondió ella con sinceridad.-Porque aún no lo he decidido.
-No puedes acercarte a él, es un Malfoy, sabes lo que hicieron sus padres y sus abuelos.
-Eso es justo lo que te intentaba decir, lo hicieron sus padres y sus abuelos, pero no el. ¿Por qué lo juzgamos por eso?
-Y cuando ha demostrado que no es igual que ellos. Rose no te acerques a él.
-No te lo puedo prometer.
-Soy tu hermano y te lo prohíbo.
-Hugo, no te voy a prometer eso, porque no se lo que voy a hacer…así que si piensas seguir con ese tono es mejor que te vayas antes de que discutamos.
-Pero Rose no puedes…
-Vete Hugo.-dijo ella con una mano en la cabeza.
A veces llegaba a pensar que Hugo con esa manera de pensar era más hijo de su tío Percy que de sus padres, en toda su vida sus padres le habían enseñado que los prejuicios dieron a la guerra hace unos años y que no se debía de tener prejuicios de ningún tipo con nadie. Hugo pensaba lo contrario, pensaba que si sus padres eran de una manera el tenía que ser de la misma. Y ahora estaba aún peor que antes, porque no sabía que hacer y su hermano de alguna manera la había defraudado siendo de una manera que ella no pensaba que sería.
-Hay veces que tío Percy ejerce una mala influencia sobre nosotros.-dijo la grave voz de Albus detrás de ella.-En estas ocasiones entiendo porque nunca ha llegado a ser ministro de magia y porque todos se oponen a ello.
-¿Has escuchado a Hugo?
-Me parece que si, aunque nada más que lo último, venía con Susan que se ha tenido que volver porque se le han olvidado los apuntes de transformaciones para estudiar.-dijo el sonriendo.- Pero resulta que soy muy mal pensado y creo que hay pocas casualidades en el mundo.
-¿Te has dado cuenta?-el asintió.-Albus si vienes a decirme que Malfoy es de una manera que creo que no es…
-¡Ey! Frena Rose.-dijo el con una sonrisa.-En realidad, venía a contarte uno de los secretos mejor guardados en Hogwarts. Rose, Scorpius y yo nunca nos peleamos.
-Solo os distanciasteis.-dijo ella.
-Tampoco, cenamos todas las noches de los viernes en las tres escobas, sin las miradas de nadie, y sin nadie que le pueda decir a su familia que esta conmigo.-dijo el con una sonrisa.-Sigue siendo mi mejor amigo.
-¿Cómo…? ¿Y tus padres?-pregunto incrédula.
-Lo saben, desde el principio, de alguna manera mama me dio la idea, y papa dice que soy yo el que tengo que elegir mis amistades.
-Entonces, ¿crees que debería…?
-No te voy a decir lo que deberías y lo que no. Esa es tu decisión y es bastante difícil, por eso no te voy a decir lo que debes hacer.-dijo el levantándose, cuando vio a una chica rubia agitando la mano.-Me espera Susan. Adiós Rose, no olvides que el te estará esperando esta noche y todas las noches, sabe que se ha equivocado.
-¿Cómo…?
-Tenemos nuestros métodos.-dijo Albus caminando hacia Susan, a la que ante la mirada confusa de Rose cogio de la cintura para caminar hacia dentro.
Y ya eran las ocho de la tarde, y todavía no sabía que hacer, no sabía que hacer, sus piernas inconcientemente la llevaron hasta esa sala de la biblioteca que tan poca gente utilizaba. No se dio cuenta hasta que no llego a su nariz el olor a libro, mezclado con humedad y con piedra antigua.
Sus ojos entonces lo buscaron, y allí sentado estaba con una luz encima de los libros, y con una expresión de cansancio en la cara, mirando al frente con la mirada perdida en sus pensamientos. Lo observo por unos instantes, y lo que no pudo negarse era lo guapo que era, con esa tez tan blanca rozando la palidez y esos ojos grises demasiado grandes y rasgados que tanto la atraían, el pelo rubio siempre perfectamente peinado, pero hoy más revuelto que nunca le caía sobre la cara.
Dio un paso y algo crujió bajo sus pies sacándolo de su mundo, se volvió y entonces sintió esas ganas de lanzarse al vacío de decirle que si, que lo perdonaba, pero no podía ponérselo tan fácil, ella no era fácil. Sus ojos la miraron con demasiada expectación y sorpresa, no había llegado a pensar que ella iría.
-¿Has venido?-pregunto el con un susurro nervioso.
-Y si te soy sincera, sino sabría que venía caminando no me lo explicaría.-dijo ella con una sonrisa.
-¿Me perdonas?
-No lo se, estoy confundida.-dijo ella con sinceridad.- Hay demasiadas cosas y no se lo que quiero.
-Lo siento, de verdad, es que pensé que dijiste eso por el momento, porque había sido amable por…
-Lo dije porque lo sentía, soy sincera, quizás a veces demasiado, pero es lo que soy.-dijo ella ante su mirada.-Quizás esto no es buena idea.
-Yo creo que si, solo déjame demostrártelo, si vuelvo a hacerte daño yo mismo me alejare.
Ella esbozo una sonrisa, mientras el le quitaba los libros de los brazos, y que perdía después de todo por conocerlo, por saber como era en verdad y por hacer caso a lo que decía su corazón una vez en su vida. Todavía estando en sus pensamientos, observo como el recogía parte de sus cosas para situar las de ella enfrente de él, y con una sonrisa le retiraba la silla para que se sentara. Quizás y solo quizás no era tan mala idea, por lo menos tendría al mejor compañero de estudio.
Los días pasaban lentos y las horas de la noche rápida, tenían que tener cuidado de no dejar entre ver que entre ellos podía haber una amistad, aunque entre ambos sabían que eso no era lo que realmente había, las miradas en clases eran más evidentes de lo que jamás pensaban, y poco a poco Rose fue descubriendo un Malfoy que ella pensaba que no podía existir, en realidad el verdad Scorpius tenía unos ideales bastante contradictorios de los que tenían sus familiares más directos, tenía sus propia manera de hacer las cosas. Las noches pasaban entre pergaminos interminables, risas y pequeñas discusiones en las que seguían demostrando que eran ellos, en alguna que otra ocasión terminaban tonteando con los pies debajo de la mesa, aunque ellos parecían no darse cuenta pues seguían "igual de concentrados" estudiando.
Una noche Rose llego corriendo a la biblioteca y con el pelo aún húmedo de haber corrido un buen trecho, Scorpius ya estaba sentado en la mesa y ocupando su trozo con numerosos pergaminos de pociones del cual tenían un examen la semana siguiente. Una sonrisa de medio lado se instalo en su cara en cuanto la vio llegar con el pelo húmedo y sujetándose un lateral, mientras caminaba hacía la mesa intentando recuperarse de la carrera.
-Por mucho que entrenes no nos vas a ganar.-dijo el con arrogancia.
-Eso es lo que tu piensas buscador.-dijo ella con una sonrisa.-Que sepas que voy a olvidar cualquier delicadeza encima de la escoba.
-Lo dudo, porque tu no eres delicada, más bien eres bruta, demasiado bruta.-dijo el con una sonrisa.
-Oye.-se quejo dándole un pequeño golpe en el hombro, al tiempo que se sentaba en frente de el y descansaba un momento.-Tengo que contarte algo.
-¿Te ha hecho algo Nott?-pregunto cambiando su cara con preocupación.
-No, no me ha hecho nada.-respondió ella quitándole importancia con la mano.-Es de Albus, ¿tu sabias que lleva cerca de un mes con Susan?
-Si.
-¿Y no me has contado nada?-pregunto ella dándole en la pierna.
-Eso me ha dolido Weasley.-se quejo el.
-Pues te jorobas, habérmelo contado.-dijo ella con enfado fingido.-Parece que siempre soy la última en enterarme de todo.
-No es culpa mía si eres un poco corta.-le encantaba ver ese brillo en sus ojos cuando buscaba con rapidez una buena replica.
-Perdona, que hablo Malfoy el superdotado, perdona sino llego a tu nivel, tiene que ser una verdadera vergüenza cuando te supero en alguna asignatura.
-Cosa que no ocurre muy a menudo si somos realistas. Ya en serio.-dijo el antes de que le soltara un puñetazo.-Me he enterado esta mañana, me los he encontrado besándose detrás de una estatua, ha sido un poco vergonzoso para los dos.
-Según ellos, ha sido vergonzoso para los tres.-dijo ella con una sonrisa.
-Si te soy sincero, me lo he pasado bastante bien, creo que tendré tortura para Albus por lo menos un mes.-dijo el con una sonrisa.
-No se como mi primo te soporta.
-¿Cómo me soportas tú?
-La verdad es que no lo hago.-sonrío satisfecha mientras el le tiraba una pelota de pergaminos que tenía hay a su lado, la cuál reboto en ella y tiro su tintero.-Toma, por intentar agredirme.
Rose sonrío cuando vio la cara de espanto de el cuando vio la tinta caer encima de todo, mientras que él observo como rápidamente ella cogía su varita y lo limpiaba, con una destreza solo propia de una gran bruja como ella. Con su ayuda terminaron cogiendo todo lo que se había caído cuando el se retiro rápido de la mesa.
Los dos estaban agachados y cuando se levantaron sus cabezas chocaron, haciendo que ella trastabillara hacía atrás, pero los reflejos de él fueron más rápidos y en seguida la cogieron de la cintura con seguridad arrimándola a ella.
Hacía demasiado tiempo que no se veían en una situación como ella, y volvieron a sentir las respiración agitadas del otro mientras sus mirada no se apartaban de sus ojos, pero aquello era demasiado difícil, era demasiado difícil no ver aquellos labios rosado y resistirse a no besarlos, era demasiado difícil no resistirse a cada una de las pequeñas pecas que tenía en su nariz o aquel cuello blanco como la nieve que le invitaba a ser mordido, que hacía que deseara ser un vampiro y que levantaba en el instintos caníbales.
Sus ojos seguían fijos en el otro, vio como ella ponía su mano en su brazo aferrandose aún más a el, mientra cambiaba su mirada de sus ojos a sus labios, y se mordía el labio con nerviosismo como una clara invitación a que besara esos labios.
-No hagas eso.-susurro el con voz ronca.
-¿El que?-pregunto ella inocente.
-El morderte el labio, creo que no podré resistirme más a besarte y tu eso no lo quieres.
-Quizás si quiera que me beses.-dijo ella con voz ansiosa.
-No lo quieres, no quieres complicarte la vida, así que no lo hagas más.
-Esto.-digo ella, mientras volvía a morderse el labio.
Scorpius en un movimiento rápido atrapo sus labios con ansias, con deseo y con pasión. Un escalofrío recorrió su espalda, mientras que sus manos tiraron los pergaminos que tenía para con una mano revolver su pelo perfectamente peinado y con la otra tocar su brazo. Los brazos de el la aprisionaban contra el aún más, la necesitaba, la deseaba. La poca cordura que le quedaba la estaba perdiendo en ese beso deseoso, en ese pasional y tan soñado. Con delicadeza la sentó encima de la mesa, sin llegar a romper el beso.
El aire empezaba a faltarles mientras ellos seguían en ese beso que no deseaban que terminaran, apenas se separaron unos centímetros Scorpius, abrió sus ojos fijándolos en los de ella que lo miraban con un brillo inocente, para después fijarlos en su nuevo objetivo, su blanco y suave cuello.
-Me parece que los libros nos sobran.-susurro el, haciendo que ella riera tontamente pero ninguno notaron eso.-Mira que te lo advertí.-dijo antes de lanzarse a besar con avidez el blanco cuello de ella.
