Al día siguiente, Marinette se despertó temprano para poder atender su panadería. A las nueve de la mañana ya se encontraba atendiendo. No hubo muchos clientes, pero sí, a eso de las once de la mañana fue a visitarla su mejor amiga, Alya.

—¿Qué tal todo con tú abuela? —preguntó Alya sentándose en una de las mesas que tenía la panadería. Marinette dio un suspiró cansino, las cosas iban de mal en peor.

—Alya, mi abuela ha estado muy mal. Prácticamente no es la misma de antes, siento que quiere más a mis tías que a mí y eso me duele —la morena se levantó para abrazar a su amiga, Marinette aceptó el abrazo y Alya aprovechó de acariciar la espalda de su amiga, con cariño casi maternal.

—Marinette, sabes que ella te adora. Jamás te cambiará —le dijo Alya, con dulzura. Ella conocía bien la historia de su amiga y su abuela. Marinette adoraba a su abuela, tenían una relación preciosa, ella amaba a su abuela como a una madre. Vivieron juntas toda la vida, y entre las dos se cuidaban. Alya podía ver un brillo especial en los ojos de ambas cuando estaban juntas. Desde que Bridgette no estaba en casa, Marinette había perdido el brillo en sus ojos, y eso le dolía mucho a Alya —. Deberías salir, conocer gente.

Cuando Alya mencionó eso de "conocer gente" pudo sentir como Marinette se paralizaba un poco. Ambas se separaron, y Alya la miró con picardía.

—Me parece que tú conociste a alguien y no me has contado nada aún —dijo de modo acusador la morena.

—Yo... —no sabía cómo iniciar la conversación, ella siempre había sido una chica realmente tímida.

—¡No puede ser, si conociste a alguien! ¡cuéntame todo! —Alya la tomó por el brazo, y ambas se sentaron en la escalera del local. Alya colocó su rostro en sus codos, con completo interés y Marinette estaba más colorada que un tomate, no sabía por dónde comenzar esa conversación.

—Mm... —Marinette rascó su cola de caballo con algo de frustración, ciertamente no era buena con las palabras. Conversar sobre sí misma se le complicaba bastante —... ¿qué quieres saber exactamente?

Alya frunció el ceño, molesta. —Quiero detalles sobre la persona que conociste, cuéntame la historia. Pero rápido.

Marinette suspiró. —Bueno... un día salí con mi mamá, fuimos al Líder y yo me quedé cuidando el carro. Y... me fui a un lugar un poco apartado, porque sabes que no me gusta mucho estar en los tumultos, que me pongo nerviosa, que...

—Ya sé que dije que me cuentes todos los detalles, pero no quiero esos detalles —la interrumpió su amiga —. Y trata de no ponerte nerviosa, desvarias demasiado.

—Ya... bueno, como te decía, fui a un lugar un poco más apartado y sentía que alguien me miraba mucho. Entonces, seguí esa mirada y me encontré con un chico. Él me guiño el ojo, lo saludé con una sonrisa, hizo de nuevo lo del ojo y lo saludé con la mano y...

—¿Cómo era? —Alya se enderezó para observar fijamente a su amiga y sus expresiones, la historia era muy interesante y algo surrealista.

—Más alto que yo, Rubio, de piel blanca y ojos de color verde esmeralda —Alya hizo un sonido de "mm" a lo que Marinette la miró feo —. Alya, es solo un amigo —la morena levantó los brazos en señal de inocencia, como haciéndose la tonta —. Conversamos bastante, y quedamos en que la próxima vez que nos veamos nos daremos nuestros números, para no ir "demasiado rápido."

Alya emitió un grito, Marinette le tapó la boca, porque podía asustar a su madre y eso era lo que menos necesitaba.

—¡Es como una novela de romance! Un encuentro en un lugar común, un día normal que se convierte en algo diferente y una promesa de amistad, con otras intenciones bastante evidentes —Alya hablaba tan entusiasmada, Marinette recordó cuando ambas tenían quince años y leían muchas novelas románticas. Alya siempre era la que se emocionaba más, Marinette prefería mantener sus pies en la tierra —. Quiero saber más.

—Después de muchas semanas nos volvimos a ver, y si, ahora tenemos el número del otro —Marinette le tapó la boca a su amiga, antes de que ella gritara por la emoción. Le contó lo que habían conversado el día anterior, y Alya no podía borrar la sonrisa de su rostro.

—Yo diría que te habla de todas esas tonterías porque quiere llamar tú atención de un modo u otro, y eso es simplemente adorable —Alya se levantó, Marinette la siguió desde atrás —. Solo debes ser más segura de ti misma, y contarme lo que pase. Sabes que soy tu amiga, aunque también sabes que soy un tanto entrometida—bromeó. Ambas amigas se rieron de ese chiste.

A eso de las dos de la tarde Alya se retiró, porque tenía que estudiar y quizás juntarse con su novio, Nino. Alya estudiaba periodismo, mientras que Nino estudiaba Cine, para poder dirigir las películas que él quisiera. Realmente, iba a estudiar algo relacionado a la música, pero sus padres no lo dejaron. Así que se fue por su segunda opción. No se veían muy seguido, por lo que aprovechaban cada oportunidad que se les presentaba.

Ella encendió su teléfono, porque mientras trabajaba prefería mantenerlo apagado, para no distraerse y vio que tenía un mensaje de Adrien.

—Vaya novedad... —susurró como quién no quiere la cosa.

Adrien: Hola

a qué hora se despierta la bella durmiente? (Diez de la mañana)

《Creerá que soy una floja, son las dos y media de la tarde y recién ahora le voy a responder. ¿Por qué tengo que ser tan torpe?》

Matinette: Hola, como estas?

lamento la tardanza pero estaba trabajando

Adrien: también yo

Bien y tu?

Marinette: bien, gracias

Y que tal el trabajo?

Adrien: aburrido

Marinette: nada interesante?

Adrien: nada

Todo tranquilo y aburrido

Marinette: supongo que es mejor así, así tienes menos trabajo

Adrien: sip

Marinette decidió dejar la conversación hasta ahí. Ya había dicho lo que sentía necesario, ¿qué más podría responder después de una respuesta tan seca como aquella? Nada, porque nada venía a su mente.

Cuando se hicieron las cinco de la tarde, Marinette salió un rato de la casa. Había quedado de acuerdo en juntarse un rato con Alya y Alix, dos de sus antiguas compañeras de colegio. Alix había querido encontrar una actividad para ayudar a una de sus mejores amigas a distraerse, y no encontró nada mejor que enseñarles a patinar, ya que eso te distraía y al mismo tiempo te relajaba.

—Esto me hace recordar el día que competiste con Kim para que él dejará de hacer desafíos —dijo Alya mientras terminaba de amarrar sus patines. Lo curioso es que estaban en el mismo lugar. Debido a ello, las tres amigas sonrieron. Era lindo recordar su adolescencia, cuando todo era un desafío y todo era más emocionante. Aunque claramente también existían los problemas, solo que no eran tan fuertes como cuando ya eres casi adulto.

—Ahora que lo pienso, esos desafíos fueron lo mejor de nuestra época escolar —rió Alix.

—Siempre pensé que ustedes terminarían juntos —comentó Alya. Alix la miró incrédula —. ¿Qué? Tenían una gran química, ya sabes, los opuestos se atraen —se defendió la morena.

Marinette tenía los patines puestos, junto a todo el equipo de protección, pero aún se sentía bastante insegura. Lo cierto es que cuando era más joven era una chica bastante torpe y descuidada. Y ahora que es un poco más grande... sigue siendo la misma torpe. Aparentemente, hay cosas que nunca podrán cambiar.

—No creo que sea una buena idea que yo patine —Marinette interrumpió la pelea que sus dos amigas estaban iniciando. Ellas se percataron de lo triste que se mostraba la peliazul y se acercaron a ella. Ella estaba por quitarse los patines, pero Alix fue más rápida. La tomó de las manos y la levantó. Ella gritó del miedo, no se sentía estable con los patines; y eso que eran de cuatro ruedas, al igual que los de Alya. La única que estaba usando patines en línea era Alix.

—En la vida uno tiene que divertirse y arriesgarse —le decía Alix, sin soltar sus manos —. Además, yo me caí en más de una ocasión, pero aún así siempre seguí patinando.

—¡Más lento, me caeré! —gritaba la peliazul. Alya patinaba al lado de ellas, ya que ella tenía más práctica en el asunto. Entre Nino y Alix le habían enseñado.

Alix no soltaba a su amiga. Después de un rato, Marinette se relajó y dejó que sus dos amigas la guiaran mientras ella intentaba no caerse. Pasaron un rato agradable. Ella aprendió a mantenerse estable, a usar las manos y flexionar las rodillas. Vio que sus amigas patinaban rápido, parecía que querían volar. Entonces... ella se dio cuenta de que iba muy lento comparada con sus amigas.

—Intenta patinar rápido, así es más divertido —la ánimo Alya.

—Solo tienes que confiar en ti, date impulso —la aconsejó Alix—. Primero lento, y cuando ya tengas algo de confianza, ¡tomas todo el impulso! Tus brazos serán tu ayuda, al igual que tus piernas flexionadas.

Marinette se agachó un poco, movió ambos brazos, luego sus piernas y lentamente fue adquiriendo más velocidad. Se sentía increíble, muy similar a volar. Era algo grandioso.

—¡Bien hecho! —sus amigas la felicitaban y ella no pudo evitar sonreír. El problema fue cuando un árbol comenzaba a acercarse peligrosamente y ella no tenía ni la menor idea de cómo frenar los patines.

—¡Marinette, frena! —gritaron ambas, intentaron alcanzar a su amiga, pero fue demasiado tarde. Primero su rostro se arañó con la rama de un árbol, y después, impactó contra el árbol, cayendo de espalda al suelo. Dejó escapar un quejido de dolor, porque había golpeado su trasero y espalda. Curiosamente, lo que más le dolía era el trasero, fue un golpe directo contra el suelo, y eso sí que molestaba y aparte de doler, se sentía una especie de picazón incómoda.

—¡Marinette! —ambas corrieron a ayudarla. Se agacharon y la sentaron como pudieron.

Marinette sentía que todo su cuerpo iba a explotar, le dolía absolutamente todo y simplemente quería ir a su casa y acostarse en su cama para dormir hasta que todo se acabará. Y con todo, se refería a absolutamente todo, quería despertar en una nueva realidad, en su antigua vida. Necesitaba a su abuela de vuelta, la extrañaba muchísimo. No sabía cuánto tiempo más podría resistir está realidad. Ella sentía que su vida no era real, sentía que estaba viviendo una pesadilla. ¡Solo quería despertar y nada más!

—¿Estás bien? —le preguntó Alix, que se veía muy preocupada —. Me siento tan culpable, sino hubiese insistido tanto, no estarías en este problema. De verdad lo siento...

—No se preocupen, estoy bien —sonrió, aunque no fue una sonrisa sincera —. Me duele un poco el trasero, quisiera levantarme, pero primero... ¿alguien podría ayudarme a sacarme los patines? Por favor —cada una sacó un patín y luego ayudaron a Marinette a levantarse. Ella se dio cuenta de que todo su cuerpo le dolía, pero se hizo la que no tenía nada con sus amigas debido a que no quería preocuparlas.

La llevaron a casa en un taxi, entre ellas lo pagaron. Luego la llevaron a su casa, donde Sabine no estaba aún. Lo bueno es que ahora la panadería era distinta, aún existía el segundo piso, pero por inversión de su madre ahora también tenían habitaciones en el primer piso. La de Marinette estaba ahí, y su "sala de creaciones" estaba en la que antes había sido su habitación. Ellas la dejaron en su cama, la atendieron un rato, y luego, Marinette decidió que sería buena idea hablar un rato con su mejor amigo. Después de todo, eran mejores amigos desde los diez años, ambos eran como hermanos desde hace años, y él siempre le dijo que podían hablar de cualquier cosa, cuando ella quisiera. Él siempre estaba ahí para ella.

Marinette: Hola, Nath.