NA: Prometí a alguien que hoy lunes tendría una nueva actualización de esta historia. La gente odia los lunes. Para mí tienen un significado diferente que para la mayoría de las personas. Los lunes son para volver a empezar. Los lunes te brindan una nueva oportunidad para darte cuenta de que sigues vivo y de que eres afortunado de poder comenzar una semana más.
Gracias a todas las personas que me apoyaron el viernes con lo que pasó en el grupo de Facebook de Muérdago y Mortífagos. Gracias por cada palabra de afecto y ánimo que me recordó que no estoy sola en esto :)
Recomendación musical: "Skinny love", Birdy.
Capítulo 4:
Día 10.
Después de la cena Malfoy se había levantado de la mesa y dirigido al cuarto de invitados intentando no apoyar el pie izquierdo en el suelo. Hermione se había quedado sentada a la mesa frente a los platos sucios. Debería haber supuesto que no iba a ayudarle a limpiarlos… pero ella no estaba dispuesta a convertirse en su criada. Demasiado duro era ya pasar por todo eso como para que viniera alguien a ponerle más presión encima. No iba a permitirlo.
Finalmente, Hermione se levantó y también subió las escaleras. Entró en su habitación y, aunque se había prometido no hacerlo, cerró la puerta tras ella con fuerza sólo para que él escuchara el portazo. No quería enfrentar la realidad de tener que verle la cara todos los días a partir de ahora. No tenía ganas de aguantar sus tonterías ni de escuchar sus comentarios.
Secándose la última lágrima de irritación que había caído por su rostro, Hermione se metió en la cama y se tapó hasta arriba con las mantas.
Eran las once de la mañana, pero Hermione no tenía ganas de levantarse. La llegada del insolente Slytherin la había enfadado sobremanera. ¿Por qué el destino era tan cruel de dejarla literalmente sola en el mundo con él? ¿Es que no había otra maldita persona donde elegir?
A pesar de que la noche anterior había estado movidita y de que ninguno había dormido bien, llevaba tiempo oyendo a Malfoy caminar de un lado a otro del pasillo. De vez en cuando resoplaba, otras veces refunfuñaba… y ella terminó levantándose para no escucharlo más.
Abrió la puerta y se quedó plantada en el umbral.
—¿Qué quieres? —espetó ella.
—Tengo hambre —respondió.
—Prepárate el desayuno tú mismo.
—Lo he intentado —dijo él, algo molesto—. No entiendo los aparatos muggles.
Hermione cambió el peso de su cuerpo a la otra pierna y se cruzó de brazos.
—Si yo cocino tú limpias los platos sucios —ofreció.
La expresión del rubio se tornó desconcertada, como si le hubiera pedido que se pusiera a hacer el más duro de los trabajos.
—Nunca antes he limpiado un plato —dijo con toda la dignidad que le caracterizaba.
—Tienes tu maldita varita —le recordó ella—. Puedes limpiar la casa entera en unos segundos sin tocar un trapo —él sopesó aquello un momento y al final pareció de acuerdo con su planteamiento. Ella lo vio darse la vuelta y empezar a bajar las escaleras sin apoyar su "malherido" pie en el suelo—. ¿Sabes una cosa? El corte que te hiciste anoche era superficial. No vas a quedarte cojo.
—Fue tu culpa que me lastimara —le recriminó.
—No deberías haber andado descalzo por la casa —dijo ella, encogiéndose de hombros y siguiéndole hasta la cocina.
Hermione se percató de que Malfoy se había vestido cuando se sacó la varita del bolsillo de su túnica y, con un ligero movimiento de muñeca, hizo volar los platos sucios de la noche anterior hasta el fregadero, donde inmediatamente se pusieron a limpiarse solos. Ella puso café en polvo en la cafetera y esperó a que se hiciera mientras preparaba unos huevos revueltos para ambos.
Draco bostezó a su espalda.
—¿Por qué no volviste a por tu varita? —Hermione agarró el mango de la sartén con más fuerza—. Prepararías el desayuno mucho más rápido y no me tendrías esperando una eternidad.
No respondió. En su lugar siguió dándole vueltas a la comida para evitar que se pegase al teflón. Lo cierto era que se sentía algo indefensa sin su varita, pero era perfectamente capaz de vivir sin magia en una casa muggle y eso le ahorraba el mal trago de volver al castillo, donde estaba segura que reviviría momentos con personas que le harían derrumbarse del todo. No estaba preparada para volver allí, y dudaba seriamente que lo estuviera algún día.
Hermione puso dos tazas encima de la mesa y sirvió el café. Luego repartió la comida en dos platos y se sentó a la mesa frente a Malfoy.
Empezaron a comer en silencio, cada uno absorto en sus propios pensamientos. El sonido que hacían los tenedores sobre los platos la hizo estremecer un par de veces. Él parecía no percibir el repentino frío que había inundado la habitación de repente.
—¿Por dónde quieres empezar a buscar? —dijo Malfoy cuando estaba a punto de acabarse el desayuno.
Hermione levantó la mirada de su plato, la posó en él un par de segundos y luego la desvió hacia la ventana. En el fondo sabía que iba a preguntarle algo así tarde o temprano, para eso había ido hasta allí, ¿no?… pero ella no estaba preparada todavía. No sabía qué decir, y en esos segundos de silencio pudo apreciar a través de las cortinas cómo fuera las ramas de los árboles se movían con violencia. El cielo seguía oscuro y parecía brindarle la excusa perfecta para no salir aquel día.
Se aclaró la garganta antes de responder.
—Va a llover —él se giró en el asiento para mirar por la ventana. Cuando volvió a ponerse derecho parecía contrariado. Ella aprovechó la ocasión para terminar de convencerlo de que se quedaran—. No tiene sentido enfermarnos ahora. Esperemos a que haga buen tiempo para salir. De todas formas no hay prisa, ¿no?
Malfoy resopló y se levantó de la mesa. Sin ni siquiera preguntarle si había terminado, movió la varita e hizo que su plato vaciara los restos de comida en la basura y empezara a lavarse junto al suyo propio. A Hermione se le pasó por la cabeza rechistar, pero luego pensó que realmente no iba a comérselo y no le apetecía iniciar un conflicto con él.
Después de que Malfoy hubiera salido de la cocina, ella volvió a mirar fuera. Tenía la sensación de que salir al exterior sólo incrementaría la presión en su pecho. Verse en medio de calles desoladas y oscuras la haría sentir mucho más pequeña, mucho más sola. Sería la confirmación de algo que ya sabía, pero que estaba tratando con todas sus fuerzas de dejar aparcado en el interior de su mente. Sería tener que aceptar que no quedaba nadie más, que la ciudad dónde había crecido estaba deshabitada. Que sus padres no cruzarían la esquina con el coche, que el perro del vecino no volvería a despertarla en las mañanas de verano. Los edificios se le vendrían encima. El silencio se haría más pronunciado. Y ella… ella no estaba preparada para eso. Bajo el techo de su casa se sentía segura, era agradable no tener por qué salir fuera. Podía quedarse allí por ahora, ya encontraría el momento oportuno para ir en busca de alguien más, quien fuera. Tal vez fuera cierto lo que decía Malfoy y realmente no estuvieran completamente solos.
La simple idea de que quedara alguien aparte de ellos le proporcionó un atisbo de esperanza de que hubiera una explicación coherente, de que, tal vez, no todo estuviera perdido.
Finalmente Hermione se levantó de la mesa y salió de la cocina. La figura de Draco le llamó la atención desde el salón. Estaba de pie, completamente quieto, con las manos a la espalda y frente al mueble de las fotos. Hermione dudó entre si quedarse allí o acercarse disimuladamente para comprobar qué estaba haciendo. Sin saber muy bien qué hacer, se limitó a observar cómo el rubio movía una de las manos y cogía uno de los marcos.
—Tienes una postura muy extraña en esta foto —dijo, sin volverse para mirarla.
Su voz la sobresaltó. No había esperado que supiera que estaba allí. Se tomó unos segundos para recomponerse y luego se adelantó un par de pasos para ver de qué fotografía hablaba.
Se quedó clavada en el suelo cuando vio de cuál de ellas se trataba. Tuvo que tragar saliva para deshacer el nudo que se había vuelto a formar en su garganta.
—Es en París. Lo que ves al fondo es la Torre Eiffel —Hermione tomó una profunda respiración antes de continuar. Fuera ya había empezado a llover, se escuchaban las gotas golpeando con fuerza los cristales de las ventanas—. Les había pasado los brazos por los hombros a mis padres. Ambos eran altos, por eso tuve que ponerme de puntillas mientras nos hacían la foto —hablar en pasado, como si sus padres hubieran muerto, era una de las cosas más dolorosas que había hecho nunca—. Era una foto preciosa. Todos sonreíamos ampliamente a la cámara porque nos sentíamos felices de tenernos, de estar juntos. Mis padres me amaban y yo los amaba a ellos. Ahora sólo quedo yo en una posición rara.
Malfoy volvió a dejar el marco en su sitio antes de girarse lentamente. Hermione observó su mirada impasible mientras la veía derramar lágrimas sin hacer ruido.
—Te compadezco —dijo al fin—. Debe ser triste perder a tus padres.
Hermione abrió mucho los ojos ante sus palabras.
—¿Encontraste algún indicio de que tus padres siguen vivos?
Él sonrió ladeadamente, pero la sonrisa no le llegó a los ojos.
—No —respondió—. Pero ellos me querían lo justo y yo no llegué a amarlos nunca.
Hermione lo siguió con la mirada mientras salvaba la distancia y subía las escaleras. Un extraño escalofrío recorrió cada una de sus vértebras hasta el vello de su nuca.
Día 13.
La lluvia no hizo más que intensificarse. El agua caía en grandes cantidades y los truenos creaban gran estruendo fuera. Ellos apenas habían hablado en los días siguientes. Ella se había limitado a cocinar y él a limpiar los platos, aunque el movimiento de muñeca para agitar la varita no le llevara más de dos segundos de su tiempo.
Hermione casi había terminado de leer el libro que tomó de la habitación de sus padres. Le gustaba sentarse junto a la ventana del salón para escuchar con más detalle la lluvia caer. Le relajaba, casi tanto como un baño.
Aquella tarde había bajado las escaleras con el libro en la mano, dispuesta a seguir su lectura, pero la manera en la que Malfoy miraba aquel aparato era relativamente graciosa.
—Se llama televisión —comentó, haciéndole dar un respingo ante su inesperada llegada. Él fingió no estar interesado en esa gran cosa muggle, pero cuando Hermione se sentó en el sofá, dejó el libro a un lado y cogió el mando, no pudo evitar observar lo que hacía—. Los muggles también hacen magia —dijo, apuntando hacia ella y presionando el botón de encender.
Él frunció el ceño mientras se sentaba lentamente en el otro extremo del sofá. Que la pantalla se hubiera encendido sin necesidad de tocarla parecía causarle confusión.
—¿Para qué sirve? —preguntó, observando la imagen que mostraba.
—Entretenimiento en su mayoría. Aunque eso que ves es un plató de televisión —explicó. Luego miró la hora en el reloj de pared—. Se supone que ahora deberían estar dando las noticias… pero de lo único que nos informa es que seguimos estando tan solos como al principio.
La imagen no se movía. La escena mostraba un plano del plató, donde había una larga mesa de cristal, papeles y bolígrafos encima y dos sillas algo torcidas
La lluvia sonaba con fuerza en la calle. El silencio dentro se hizo casi abrumador.
—¿Cómo puede esto entretener a los muggles? —preguntó él al fin.
Hermione empezó a cambiar los canales.
—La imagen parece congelada porque no hay nadie que mueva la cámara al otro lado, pero por lo general solía moverse bastante. Enfocaban a los presentadores, luego daban imágenes de otros lugares y otras personas… En la televisión había concursos, echaban los deportes y ponían películas… —pronto se percató de que no tenía la más mínima idea de lo que le estaba hablando—. Las películas son obras cinematográficas que narran de manera audiovisual una historia o un hecho. Existen películas de fantasía, romance, ciencia ficción… También hay algunas de época —Hermione paró en un canal que mostraba un campo de fútbol—. Parece que se iba a disputar un partido antes de que todo esto pasara.
—¿Cómo se juega a eso? ¿Por qué hay líneas pintadas en el suelo?
—Es como el Quidditch —respondió ella, estrujándose el cerebro para explicárselo lo mejor posible—, pero aquí se juega con los pies. Y con una sola pelota. Nunca fui muy fanática del fútbol, pero me suena que las líneas delimitan el campo de cada equipo. Las que hay frente a las porterías no sé para qué son.
—¿Con los pies? ¿Le dan patadas a un balón?
—Sí. También pueden usar la cabeza y el pecho —la expresión de Draco se volvió desconcertada—. Aunque el portero puede usar cualquier parte de su cuerpo.
Era extraño estar hablando de fútbol con Draco Malfoy. Ella no estaba muy familiarizada con el tema y él parecía pensar que el deporte por excelencia de los muggles era algo estúpido, así que siguió cambiando de canales. La mayoría de ellos no tenían señal o mostraban la pantalla completamente negra.
De repente un fugaz pensamiento atravesó su mente.
—Me pregunto si… —Hermione se levantó del sofá y se arrodilló frente al mueble de la televisión. Abrió el cajón y sacó una de las cintas de su interior. Miró la carcasa un momento. Una mujer vestida con una minifalda cortísima y botas de tacón demasiado altas agarraba de la corbata a un hombre enchaquetado mientras ambos sonreían a cámara. Hacía tiempo que le habían regalado esa película a su madre, pero nadie en aquella casa tuvo interés en verla alguna vez—. Esto contiene una película en su interior. Se mete en este aparato, que está conectado a la televisión, y se puede empezar a ver su contenido —explicó a Draco, señalando el aparato que estaba sobre la tele —Hermione puso la cinta en él y volvió al sofá. Draco la miraba por el rabillo del ojo mientras intentaba adivinar por qué de repente estaba tan excitada.
La pantalla de la televisión empezó a mostrar una urbanización de grandes casas con coches aparcados en línea. Una canción había empezado a sonar. La cámara mostraba diferentes ángulos de la carretera. Luego salió el emblemático cartel de Hollywood y a continuación más y más carreteras. Parecía como si el inicio de la película se hubiera filmado siguiendo algún tipo de vehículo. Luego se veía cómo habían grabado desde el cielo aquella lujosa urbanización y, de repente, aparecía en mitad de la imagen las palabras "Pretty Woman".
Hermione estaba tan concentrada en lo que veía que no se dio cuenta de la mirada extrañada de su invitado hasta que éste, aburrido, se levantó del sofá y se dispuso a volver a su habitación. Pero ella salió de su ensimismamiento al sentirlo levantarse.
—Espera, no te vayas —pidió, levantándose también.
Un relámpago cayó cerca de allí mientras la lluvia seguía sonando de fondo. El interior de la casa había ido quedándose sin luz con el atardecer, que había llegado demasiado rápido, y algo en el rostro de la muchacha, cuyas facciones ahora se veían mucho más pronunciadas con el juego de sombras y luces que hacían la oscuridad y la televisión sobre ella, le indicaba a Draco que debía interesarse por lo que fuera que hubiera descubierto.
—Habla —exigió.
Ella parecía no saber por dónde empezar, como si aquello fuera demasiado difícil y confuso como para hacer que su mente colapsara cada vez que pretendía decir una palabra. Había empezado a mirar atrás, como si quisiera seguir viendo aquella película tan extraña.
—Es como… Parece que… —había empezado a balbucear y era más que evidente que la paciencia de Malfoy se estaba acabando. Tenía que intentar encontrar las palabras adecuadas en su cabeza cuanto antes—. Esto no tiene sentido —logró decir.
—¿Qué cosa en los últimos días lo tiene? —espetó él—. Estar alojado en tu diminuto cuarto de invitados y tener que compartir baño contigo ya es demasiado extraño para todos.
Hermione había aprovechado esos segundos en los que se había metido con el tamaño de su casa para pensar algo coherente que decir.
—Me refiero a que no había pensado en ello antes. Me dijiste hace unos días que los archivos del Ministerio de todo mago y bruja habían desaparecido. Yo lo interpreté como si fuera que nunca nadie había existido antes. ¿Qué otra explicación tenía eso? Pero si ningún muggle ha existido antes, ¿quién ha rodado esas escenas? Si no ha habido ningún mago antes que nosotros, ¿quién construyó Hogwarts? ¿Quién ha puesto las estanterías de las que me hablaste en esa sala del Ministerio? —las palabras habían empezado a salir a borbotones de su boca tan rápidamente que Draco tuvo que hacer un sobreesfuerzo por seguirla—. Parece como si algo, o alguien, quisiera hacernos creer que nunca ha existido nadie aparte de nosotros. Como si quisiera que nos volvamos locos. Como si pensara que no íbamos a darnos cuenta de esto —Draco frunció el ceño, haciendo funcionar su cerebro al máximo de sus posibilidades para comprender todo lo que estaba escuchando. Hermione había empezado a moverse por la habitación—. ¿Quién ha construido esta casa? ¿Quién ha fabricado nuestras varitas? —se acercó con rapidez a aquel mueble cercano y tomó entre sus manos el marco que días atrás había sido tema de conversación—. ¿Quién ha tomado esta foto? —Hermione apretó el marco contra su cuerpo e intentó mantener su respiración a raya—. Las personas han desaparecido, sus registros parecen haberse esfumado, incluso su imagen se ha desvanecido de las fotografías, de las películas… No queda rastro de nadie, pero sí de lo que han hecho. Todo lo que se ha construido, los edificios, los muebles, la comida… Todo sigue intacto.
Había empezado a nacer una chispa de esperanza en su corazón. Hermione había comenzado a pensar que tal vez las personas estuvieran atrapadas en algún lado, presas por alguna fuerza mayor o por alguna otra razón que no lograba imaginar. Draco había asentido con la cabeza.
—Tú y yo también somos un ejemplo para ello. No cabe la teoría de que nadie haya existido antes que nosotros porque no hemos podido aparecer de la nada. Es obvio que tenemos unos padres, y por alguna razón somos los únicos que quedamos aquí, junto con todo lo demás —Draco se percató de que había dejado de llover justo cuando había terminado de hablar. Giró la cabeza para mirar por la ventana. Fuera estaba oscuro, pero Hermione veía en él unas ganas desmesuradas de aprovechar aquel momento sin lluvia para, al menos, empezar a investigar por el barrio.
—Mañana —se adelantó ella, temerosa de que pudiera proponerle salir. Draco la miró de nuevo—. Mañana empezamos.
¿Me dejas un review? :)
Cristy.
Capítulo editado el día 14/12/2017
