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Me levanto unas cuantas horas después me echo mi capa por encima y dejo a Mirto durmiendo. Bajo un nivel y entro en el baño que 'comparto' con Snape. Afortunadamente no está aquí. Lanzo un hechizo a los grifos para que se expulsen agua y esencias olorosas a la par.
Me acerco lentamente a la terma mientras dejo caer la capa a mis pies. Desciendo los escalones y en un momento dirijo una mirada de reojo a la puerta. No noto nada diferente.
Me sumerjo completamente y buceo hasta el fondo. No me molesta el agua en los ojos al abrirlos. Me acerco a los grifos y veo que además del agua caliente he activado la esencia de sándalo y la de vainilla. Hay de menta, chocolate, alhelí, malvas, frutos exóticos, leche de almendra, miel, aloe vera, ¿vino?, ¿blanco y tinto?, esto tengo que probarlo, río suavemente, las esencias continúan, hay decenas de ellas. Más arriba observo otros grifos menos numerosos, de crema capilar y champús con distintas funciones, una de ellas quitar la grasa del pelo, otra reparar, alisar, rizar y tintar entre otras. También lo probaré. Lo que me lleva a pensar si todos los baños son así o si esto es obra de Snape. Lo del champú quita grasa es un poco revelador. Más arriba aún hay unas manivelas, que indican agua caliente, fría, burbujas y chorros. Interesante.
Por un momento me da por mirar otra vez hacia la puerta y me fijo en el orificio por el que observé ayer a la oscura presencia que ahora campa libre en mi mente. Y de repente se ilumina, como si alguien se hubiese retirado convenientemente del otro lado. Así que es así como me pilló. Bueno, las probabilidades de que sea él son bastante altas. A lo mejor él baja sobre esta hora a bañarse y le he obstaculizado su ritual matutino. Y entonces rompo en carcajadas. Seguramente me haya oído.
—Ummh…—cuando me tranquilizo me desplazo y me pongo a jugar con el agua. Entro y salgo del agua como si fuese una nutria y me deleito en cada movimiento. Hago aparecer una esponja y me acerco al grifo de la leche de almendra y empiezo a frotar mi cuerpo formado y firme. Siempre me han dicho que soy una mujer curvilínea. Y me encanta. Me entretengo un poco con la espuma y las burbujas que se han formado y abro el grifo del champú de rizos definidos con olor a frutas y empiezo a lavarme el pelo. Lo enjuago y vuelvo a repetir el procedimiento. Vuelvo a enjuagar y me hecho la crema hidratante en las puntas. Nado hacia uno de los bordes y me apoyo con la cabeza y los hombros para elevar el cuerpo y quedarme flotando mientras hace efecto la crema. Mis pechos redondos y a escala de la mano se quedan al descubierto, al igual que mi monte de Venus.
Dejo la mente en blanco por unos minutos y salgo del baño para secarme, mientras lo hago lanzo una mirada a la puerta a ver si hay alguna presencia, pero no distingo nada.
Después de secarme me hecho mi crema por todo el cuerpo y otra para la cara y me preparo para salir y volver a mi cuarto.
Antes de salir le dedico una mirada más observadora al resto del baño y me doy cuenta de que en una de las paredes de la izquierda hay un cuadro del tañedor del laúd, sólo que esta vez sí es mágico, y no ha perdido cuenta de mis movimientos. También veo que hay un gran ventanal que surte de luz. Ya lo examinaré con más cuidado más tarde.
Llego a mis habitaciones y me cambio para bajar a desayunar, son las 9 de la mañana. Recuerdo que sobre las 11:30 es cuando el profesor Dumbledore me hará la prueba. Tengo que estar concentrada y relajada para entonces. Así que me dispongo a tomar un buen desayuno. Me meto por el pasadizo del niño del laúd y llego al Gran Comedor. Me acerco a la mesa en la que se encuentran Dumbledore y McGonagall conversando animadamente y Snape con gesto serio a su bola. Me pregunto dónde estará Hagrid. La profesora Trelawney apenas baja al comedor. Firenze medio vive en el bosque.
—Buenos días profesores— les sonrío y la pareja me devuelve el saludo y la sonrisa, mientras que el hombre oscuro sólo me hace un gesto con la cabeza. ¿Estará enfado conmigo?. Bah. Se le pasará.
Me siento y escojo unas tortitas a las que les hecho mermelada. Y bebo otra vez mi zumo de soja con sabor a vainilla. Snape bebe café solo y come tostadas con una especie de sirope de plátano. Dumbledore se deleita con un trozo de tarta de limón y la McGonagall con leche y galletas y algo de la tarta de limón. Cualquiera lo diría. Me río internamente.
Entonces oigo como algo grande se acerca y oigo los saludos de Hagrid y le correspondo. Me corro hacia un lado para que se siente y quedo justo enfrente del profesor Snape, que no me dedica ni una mirada.
Me vuelvo hacia Hagrid y veo que empieza a devorar con hambre unas salchichas con huevos rotos y con una jarra de un líquido dorado y con espuma que parece nata.
—¿Qué es eso Hagrid?— digo señalando su bebida
—¿Esto?—dice cogiendo la jarra—es hidromiel—añade riéndose—¿nunca la has probado?—
—No—digo escuetamente—¿me dejas probarlo?—
—¡Claro pequeña!— ríe bonachonamente
Entonces cojo la bebida y los demás profesores me miran
—No se permiten las bebidas alcohólicas a los alumnos en el colegio— interviene por primera vez el profesor Snape severamente
Entonces miro suplicante al profesor Dumbledore
—Todavía no ha empezado el curso—añado como para todos los presentes—además sólo voy a probar un poquito, no me voy a beber la jarra entera—
—Por esta ocasión puedes beber, pero no te acostumbres—dice Dumbledore
Entonces sonrío triunfalmente a Hagrid y agarro el asa, entonces me lo llevo a la boca y miro directamente a Severus a los ojos, con una expresión desafiante mientras bebo un sorbo medianamente grande y él me devuelve una mirada iracunda con una expresión impenetrable en su cara. Y se lo devuelvo a Hagrid.
—Gracias—murmuro
Oigo un sutil gruñido a mi lado izquierdo y me fijo en Mirto que me mira interrogante; me río cantarinamente mientras le rasco detrás de la oreja.
—Es raro ¿a que sí?—le dedico otra mirada—no solemos beber—afirmo con una mueca de felicidad dirigiéndome a los profesores.
—Está rico—le sonrío a Hagrid, que suelta unas risotadas
—Sois una pareja de los más característica—anota Hagrid—seguro que os llevais genial con Harry, Ron y Hermione—
—¿Quiénes son?—pregunto con curiosidad
—El trío de desobedientes y rompe normas de su generación—dice el profesor Snape con tono agrio
—Son tres compañeros tuyos de sexto curso, que siempre se están metiendo en líos, son muy característicos, como vosotros—añade afablemente Dumbledore
—Son de mi casa, Gryffindor, y me temo que Severus no simpatiza mucho con los alumnos que no pertenecen su casa, Slytherin—dice McGonagall con un gesto de complicidad dirigido a Snape.
Éste compone una mueca irónica con su rostro.
—Son unos de los alumnos que más reglas del colegio han roto, y se escudan en su inmerecida celebridad y actitud de protección por parte de nuestro director—sonríe sarcásticamente—son un mal ejemplo para todo el alumnado y suponen un desafío hacia la autoridad, escapándose por la noche y realizando sus travesuras—termina Snape con un deje de odio y una mirada de suficiencia.
—Severus, cálmate, sólo son unos niños—se ve obligado a intervenir el Director
Snape decide ignorarnos y seguir con su desayuno, mientras ajeno a que Dumbledore me dedica una sonrisa y un guiño de complicidad, que le devuelvo.
—Estoy deseando conocerlos—añado divertida
Entonces Snape suelta un gruñido, muy parecido al de Mirto y todos excepto él estallamos en carcajadas.
Minutos después termino de desayunar. El profesor Dumbledore se centra en mí.
—Señorita Sekhmet, le recuerdo que a las 11:30 la espero aquí para llevar a cabo su prueba— me sonríe
—De acuerdo profesor Dumbledore—asiento satisfecha
—Una pregunta—añado rápidamente—¿dónde está la biblioteca?—
—Definitivamente te vas a llevar genial con Hermione, frecuenta mucho la biblioteca—intercepta Hagrid y le sonrío en respuesta
—En la cuarta planta señorita—me informa Dumbledore
Mientras el profesor Snape se está levantando de su asiento y se dispone a irse cuando el profesor se dirige a él.
—Severus, ¿te importaría llevar a nuestra joven discípula a la biblioteca?, como es nueva podría extraviarse y llegar tarde a nuestra cita.
—¿Desde cuándo también ejerzo de niñera Dumbledore?—gruñó Snape con su voz ligeramente venenosa y suave como la lengua de una serpiente
—Te lo pido como favor, Severus, además así la tares de vuelta y evitas que rompa alguna norma muchacho—le pone en su sitio amablemente
El profesor se vuelve impenetrable y frío de nuevo, da la vuelta a la mesa, y tras dar unos pasos hacia las puertas del comedor se gira y me suelta en un tono autoritario
—¿Va a venir o no Señorita Sekhmet?—
—Sí claro profesor—le respondo rápidamente con una sonrisa en mis labios
—Hasta luego profesores—me despido divertida y ellos responden con lo propio, y sigo el acelerado paso de Snape, de modo que aumento mi ritmo para mantenerme a la altura de sus zancadas y empezamos a subir por las escaleras cambiantes.
—La biblioteca es donde parte del alumnado se dedica a estudiar y completar pocas veces exitosamente sus tareas—me habla Snape como si fuera tonta
—¿Y no tiene también una biblioteca única y exclusiva de su diseño de la que sólo usted puede disfrutar con una contraseña?—le contesto audazmente
De repente se para y me detengo a su compás
—Es usted una descarada Señorita Sekhmet—dice con cierto fastidio conectando sus oscuros ojos con los míos. Y siento que me hipnotiza y que me pierdo en sus increíbles ojos negros. Por un momento me quedo sin respiración. Segundos después y sin obtener respuesta verbal de mi parte reanuda la marcha y yo como atrapada por un magnetismo le sigo.
—Porque como muy bien ha dicho antes, no ha empezado el curso, que si no se lleva un buen castigo—sisea amenazantemente y con una mueca que no sabría identificar.
Milagrosamente recupero el habla y no me quedo atrás.
—¿Aunque estuviese en su casa profesor Slytherin?—le provoco con una sonrisa arrogante
Entonces sonríe con superioridad y escupe sarcásticamente.
—Ya veremos donde te ponen—y detiene la marcha.
—Ésta es la puerta de la biblioteca. Yo también voy a pasar debido a que soy su niñera. Cuando falten diez minutos para la hora la espero aquí—y sin más abre la puerta y se interna en la estancia.
Suspiro y sigo sus primeros pasos, me detengo y busco una sección en concreto, la de Pociones, y busco algo que me resulte interesante. Al rato siento una potente mirada sobre mí, y sutil y disimuladamente me giro con el libro como buscando luz, para identificar de donde viene la sensación. Lo cierro y me pongo a buscar otro, lo que me da una excusa para mirar a través de las estanterías y entre los libros. Estoy segura de que es él que me está observando desde algún punto que no identifico.
Entonces recuerdo una de las razones por las que quería subir aquí. Saco un pergamino doblado de mi pantalón y me dedico a mirar los libros que necesito para mis asignaturas:
Transformaciones Guía de la transformación, nivel superior
Defensa Contra las Artes Oscuras — Magia defensiva práctica y cómo utilizarla contra las artes oscuras
Encantamientos — Libro estándar de hechizos seis
Pociones — Elaboración de pociones avanzadas
Astronomía
Historia de la Magia — Historia de la magia moderna
Herbología — Guía de herbología de Goshawk
Aritmancia — Numerología y gramática
Runas Antiguas — Traducción de runas avanzadas
Oclumancia — Guía para la oclumancia avanzada
También he decidido aprender Oclumancia así que tengo que encontrar el libro.
Minutos después ya he reunido una pila de libros en una de las mesitas, y me dedico a memorizar las portadas y los nombres. Como asignaturas opcionales he escogido Aritmancia y Runas Antiguas, son las que más interés tienen, el resto parecen inocuas. Como decidí estudiar Oclumancia por mi cuenta le pregunté al profesor Dumbledore y me indicó ese libro. También me señaló que el profesor Snape es un experto oclumante, de lo que no he perdido cuenta, así que lo aprovecharé más adelante.
Me adentro aún más en la biblioteca para buscar el libro de la materia y lo encuentro. Vuelvo a mi sitio ojeándolo distraídamente y de repente me choco contra algo oscuro, caliente y fuerte. Miro hacia arriba y me encuentro con esos negros ojos; me siento caer por un pozo de oscuridad mientras un tenue olor masculino inunda mis fosas nasales y va ganando fuerza conforme los segundos pasan. Mis labios se abren lentamente según me extravío en esa travesía negra que constituye su mirada y lo que mi subconsciente lee en ella, pero la cual mi consciencia no puede desentrañar.
—¿Se ha vuelto enajenada o qué Sekhmet?—me suelta bruscamente.
Al ver que no contesto reacciona irritado.
—Le recuerdo que debemos bajar ya para su encuentro con el director—
Por fin recupero la compostura y con un movimiento de varita hago que los volúmenes vuelvan a su sitio, pero me quedo con el tomo de Oclumancia. Este detalle no se le escapa a Snape. Comenzamos a andar.
—De modo que le interesa la Oclumancia señorita—dice mirándome con interés. A lo que yo asiento abstraída. Le vuelvo a mirar a los ojos y noto como me encadena con esa mirada tan intensa—yo soy un maestro oclumante—añade sosegado.
—Ya estoy al tanto, profesor Snape—le sonrío con superioridad
Pone una mueca y continuamos descendiendo. ¿Está insinuando que quiere que le pida clases a és? Esto se está poniendo interesante. Le pediré clases, pero le haré esperar un poquito. Seguro que no le gusta esperar.
Me río levemente y continúo a su altura.
Al llegar al Gran Comedor me fijo en que ha retirado las mesas y el profesor Dumbledore junto con la profesora McGonagall me estaba esperando. Avanzamos hasta su posición.
—Señorita Sekhmet, Severus— nos sonríen—vamos a realizar su prueba—
—Sí profesor—
A partir de ahí me hizo una serie de preguntas sobre historia de la magia, le relaté la mejor forma de utilizar los números mágicos, le hablé sobre herbología y astronomía, le conté mi viaje a Egipto para estudiar las runas antiguas.
Llegó al punto de pedirme que realizase un encantamiento interesante, de modo que apunté mi varita al techo, y mirándole fijamente a los ojos susurré unas palabras, y el techo encantado empezó a cambiar, dejó de mostrar el cielo exterior y tomó y color azul verdoso, que fue oscureciendo e intensificándose; de repente tomó la forma de agua que cae por las paredes y teñían el comedor entero, de manera que en unos pocos minutos todo el comedor estaba sumergido bajo el agua, observábamos algas, anémonas y toda clase de vida marina que se puede encontrar en un lago. Entonces vimos aparece un gran calamar gigante que nadaba reposadamente a cien metros de nosotros.
—Es el Lago Negro, profesor—sonreí con satisfacción—pensé que como mostraba el cielo también podría mostrar el interior del lago—
Entonces los profesores bajaron la mirada hacia mí y pude observar la sorpresa de McGonagall y el agrado de Dumbledore, mientras que Snape me miraba con una expresión indescifrable pero con una expresión en los ojos que poco a poco leería.
—Enhorabuena señorita, es un encantamiento increíble—me felicita la profesora
—Desde luego, está demostrando un gran nivel señorita—me mira orgulloso
—Ahora quiero que realice alguna transformación—me pide la profesora con cierta expectación en su voz
Me concentro y pienso en algo que me interesase tener ahora mismo…
Tras unos minutos, me giro a mirar al profesor Snape, como pensando algo intensamente, y vuelvo a mirar al frente.
Me saco un frasquito de la túnica y lo lanzo al aire lo apunto con mi varita y tengo una idea bastante clara en mi cabeza. Entonces el frasco en el aire empieza a crecer y a cambiar de color, se torna negro mate y alcanza el tamaño de un perro grande, le salen alas y crece un poco más, alcanza el tamaño y figura de un caballo, le salen plumas negras brillantes y continua su trayectoria volando, planea y gira para descender y acercase a nosotros. Es un pegaso, con el cuerpo desarrollado de un caballo de pelo negro opaco y las alas de un águila gigante negra y centelleante.
Le hago una reverencia y me la devuelve, entonces me acerco y le acaricio la cara.
Por el rabillo del ojo veo como el director lo apunta con la varita y me pongo delante abrazándolo.
—¡No!, lo voy a llevar con Hagrid—gruño con cierto genio
—¡Menudo preciosidad!—oigo la voz de Hagrid, que en el momento que realicé el hechizo del techo había entrado en el comedor y no nos dimos cuenta
—¡Hagrid!— exclamo aliviada
—¿Es Mirto?—me pregunta
—No, es una transformación que acabo de hacer, me gustaría que lo cuidases si no te resulta una molestia, no quiero que vuelva a ser un frasco—digo un tanto nerviosa y esperando su respuesta
—Por supuesto, lo llevaré con mis hipogrifos—
—¡Genial!—
Miro a los profesores que parecen conformes.
—¿Cómo se llama?—
Pienso un momento detenidamente y recuerdo mi mirada hacia Snape.
—Ummh… tengo que pensarlo Hagid, no puedo ponerle cualquier nombre—digo pensativa.
—Ve con Hagrid bonito— le acaricio un lateral de la cabeza y él se acerca a Hagrid, que empieza a hablar con él mientras da unos pasos hacia la salida.
—Está claro que domina la transformación Señorita Sekhmet—me sonríe con ilusión McGonagall. Le sonría de vuelta y veo que está satisfecha.
Entonces oigo una voz aterciopelada.
—Estoy deseando ver lo que puede hacer con un caldero Señorita Sekhmet—es el profesor Snape, que hace aparecer un caldero y unos ingerdientes
—Lo que quiera—digo con una picardía velada y mirándole a los ojos
—Quiero que me diga qué puede hacer con estos ingredientes y lo cocine—habla con suficiencia, el director, que había permanecido todo el rato en silencio y observándome, rompe su silencio
—Para demostrar su habilidad en Defensa Contra las Artes Oscuras se batirá en duelo con Severus después de realizar la poción—añade con un brillo en los ojos
Asiento con diligencia y sin fijarme en la mirada fulminante que le lanza Snape al director, me centro en los ingredientes: ajenjo, asfódelo, raíces de valeriana, pereza cerebral, judía soporífera y granos de sopóforo.
—Si no me equivoco quiere que prepare un filtro de muertos en vida—digo como para mí misma.
Y me dispongo a calentar, echar ingredientes, exprimirlos, cortarlos, remover y al cabo de una hora llego a un líquido negro completamente.
Me enderezo y busco al profesor Snape y lo encuentro.
Acerca su narizota a mi poción y permanece unos momentos. Mira al director y dice:
—Perfecta—me vuelve mirar y encuentro algo extraño en su mirada
—De acuerdo, tiene unos minutos para descansar y realizará la última prueba—dice Dumbledore
Me separo unos pasos y me siento en el suelo. Al cabo de unos minutos empiezo a estirar mi cuerpo con gracia felina. Al terminar saco mi varita y la miro detenidamente. De alerce, 30 cm, núcleo de nervio de corazón de dragón, dura. Es una varita poderosa. Vamos a enfrentarnos a Snape y a hacerle sudar. Sonrío para mí misma y me pongo en pie. Le busco con la mirada y el me corresponde, nuestros ojos se encadenan para no soltarse.
Nos situamos uno enfrente del otro, hacemos un saludo con las varitas y una leve inclinación de cabeza, nos giramos y nos alejamos diez pasos. Rotamos al mismo tiempo y adoptamos la misma posición, con el brazo izquierdo extendido y el derecho con la varita formando un arco por encima de la cabeza y apuntándonos mutuamente.
No pierdo ni un segundo y lanzo un hechizo no verbal, pero no he sido la única en pensar así, y ambos hechizos chocan provocando chispas, las mismas que parecen salir del toque de nuestros ojos. Me agacho y le lanzo otro que el repele y me lanza, seguidamente me lanza otro y otro y otro en inacabables sacudidas y yo voy retrocediendo protegiéndome y sin posibilidad de atacar, cuando me lanzo hacia la derecha con una voltereta que le sorprende y tengo unos segundos para lanzar mi respuesta, que el vuelve a rechazar y continuamos así unos minutos; su juego es no verbal y yo no me quedo atrás, me sorprende con un nuevo maleficio y para esquivarlo me abro de piernas en el suelo, lo que deja tieso al profesor, y aprovecho para lanzarle otro hechizo que le pasa rozando en el último momento, me levanto y sigo aguantando sus envites mágicos hasta que lanzamos el mismo expelliarmus y los rayos de luz roja se funden, y empiezan a provocar chispas y llamas, las varitas conectadas mediante el hechizo, encadenadas al igual que nuestros ojos.
De repente oímos la voz del profesor Dumbledore que nos insta a que paremos y rompemos la conexión de las varitas y continuamos mirándonos a los ojos, resoplando a la par.
Entonces los otros dos profesores se acercan a mí y me dan palmaditas en la espalda mientras Snape se acerca.
—Señorita Sekhmet, ha demostrado su nivel, no cualquiera es capaz de resistir tanto tiempo en un duelo con Severus Snape, de modo que damos por concluida su prueba.
Yo asiento, tomando aire todavía. Entonces se hacer el profesor.
—Felicidades Señorita Sekhmet, como muy ha dicho el director, esto no lo hace cualquiera, estoy deseando ponerla a prueba en Pociones y en Defensa—añade con una sonrisa de suficiencia.
—Lo haré— no me quedo atrás.
—Bueno Señorita Sekhmet, he de decirle que será Premio Anual y que va a tener a su disposición unas habitaciones para usted sola. Sin embargo, también tendrá disponible la opción de dormir en el dormitorio común que el resto de alumnos y del uso de su sala común—dice el profesor con amabilidad
—Genial, gracias—le sonrío
—Vamos a ordenar que preparen la habitación y podrá ocuparla después de comer—
Asiento de nuevo me despido de los profesores y por último miro a Snape y me dispongo a ir a mi habitación.
Al salir del comedor paso por el retrato del niño del laúd y al ver la puerta del baño se me ocurre una idea. Subo rápidamente a por Mirto y volvemos a bajar.
—'Lágrimas de Nerina'—y entramos en el baño
Sacudo la varita y los grifos reaccionan, me siento en el borde mientras esperamos a que se llene, y me quedo mirando el cuadro mágico del tañedor de laúd. Ya no está. ¿Será que tiene otro cuadro en otra parte del castillo? Ya se ha llenado la bañera y Mirto y yo nos metemos. Nos relajamos en el agua y dejamos el tiempo pasar.
No digo que vaya a subir un capítulo cada día pero tengo más tiempo y creo que van a poder ser regulares
Es un poco más largo para compensar el anterior tan corto, aunque mi intención es que poco a poco pueda ir haciendo capítulo de este largo más o menos.
Saludos a mis lectores :D
