Luego de que la enfermera le diera el alta, Sawamura retornó a su habitación sin muchas ganas. El consejo que ella había dado era el de guardar reposo y consumir Vitamina C que, por alguna razón que los científicos continúan investigando, solo ayuda a los deportistas. Como ya había oscurecido, y tenía prohibido tomar un baño a causa de la fiebre que lo aquejaba, no quedó más opción que ir a cambiarse y recostarse sobre la litera de abajo. Asada, que estaba estudiando algo, decidió regalarle algunos pañuelos de papel que guardaba entre sus cosas, algo que Eijun agradeció mucho pues tenía la nariz congestionada a causa de los mocos.
— No te importará que me duerma hoy aquí abajo ¿No? —Sawamura cerró los ojos percatándose de que el calor se encontraba retornando a su frente, algo que lo incomodó mucho—. ¡Maldición! ¡Siento como si mis brazos estuvieran hechos de gelatina! ¡AAAAGH! ¡Asada, cúrame!
Asada se atragantó con el agua que estaba bebiendo y, tras toser no muy escandalosamente, giró el rostro en dirección a su senpai ajustándose las gafas con dedos temblorosos.
— Lo siento, Sawamura-senpai, no hay mucho que pueda hacer al respecto. Lo mejor que usted puede hacer para sentirse mejor pronto es reposar y evitar darse un baño cuando sienta que tiene fiebre.
El de segundo año elaboró una mueca y cerró los ojos. Notó cómo Asada volvía a girarse para continuar estudiando, y él pensó que quizás debería pedir ayuda a Kanemaru con matemáticas, la materia que más estaba costaba comprender. Sabía que si fallaba en el examen, estaría suspendido de las actividades del club hasta que aprobara, una regla que odiaba con toda el alma, pero cuya importancia comprendía. Si tan solo hubiera nacido inteligente, pensó.
Se removió con incomodidad sobre la cama y trató de vaciar su mente de pensamientos para ser capaz de conciliar el sueño. Sin embargo, no lo logró, así que emitió un sonido cargado de frustración que sobresaltó a su pobre kouhai. Por alguna razón que desconocía, su mente se encontraba cargada de recuerdos, casi todos ellos de su primer año en Seidou, y todos (absolutamente todos) terriblemente vergonzosos. ¡Cuántas ganas de retornar en el tiempo y poder corregirse a sí mismo! Había sido tan idiota, pensando que se convertiría en el As con solo desearlo, pensando que podía derrotar a Furuya con facilidad, pensando que podría llegar a las nacionales con tanta facilidad. Había sido tan arrogante, por amor a todos los cielos, y ahora... Su relación con Okumura estaba echada a perder como karma a todo lo que había hecho ¿No? Fue tan inocente creyendo que las cosas ocurrirían con tanta facilidad.
Giró sobre sí mismo buscando un punto de apoyo para poder dormir.
Su mente repasó todos los incidentes que habían ocurrido hasta ese entonces durante el transcurso de ese año, desde su pobre participación en Koshien (lo cual lo obligó a golpear la almohada) hasta la vez que había discutido con Okumura por primera vez. ¡Deseaba tanto inventar una máquina del tiempo e ir hacia atrás para enmendar todos sus errores! Sentía el número del As tan lejos, incluso aunque había prometido arrebatárselo a Furuya, pero éste no hacía más que mejorar y él quedarse estancado en el mismo lugar de siempre. A ese paso jamás podría cumplir con sus palabras. Además, si se convertía en el As estaría demostrando a Okumura que no era un simple jugador de banquillo.
Sí, lo haría tragarse sus palabras.
Pero...
(No lo había notado hasta ese entonces)
¿No estaba su mente muy centrada en Okumura últimamente? Mientras más pensaba y pensaba, tarde o temprano éste acababa por aparecer entre sus reflexiones. Era como si el catcher de primer año se hubiera instalado de manera temporal en el interior de su cerebro. Probablemente eso se debía a que en el fondo continuaba dolido por las palabras que éste le había dedicado. Odiaba tener que admitirlo, pero él era un poco sensible respecto a algunas cosas, y no imaginó que algo así pudiera llegar a afectarlo hasta esas instancias. Tal vez todavía se encontraba rencoroso.
Tal vez su mente se estaba negando a olvidar.
Además ¿Qué ocurría con la actitud de Miyuki para obligarlo a ser acompañado por Okumura hasta la enfermería? ¿Qué pensaba el catcher de tercer año? ¿Creía que él y Okumura regresarían tomados de la mano?
Sawamura lanzó un grito de frustración que sobresaltó a Asada, y entonces decidió que iría a verlo sin importar la condición en la que se encontrara (Maldita fiebre ¡Vete!). Necesitaba serias respuestas de parte de Kazuya, y esperaba sinceramente que ya no se atreviera a cometer nuevamente el mismo error, porque sabía que hacer que Okumura lo acompañara fue algo completamente intencional.
Maldito cuatro-ojos sádico.
— ¡Asada, saldré un momento! —anunció poniéndose de pie—. Tengo asuntos urgentes que atender con el capitán.
Asada giró sobre su silla.
— ¿Está seguro de que es lo correcto, senpai? —inquirió éste con una clara nota de preocupación en su voz—. Es decir, usted necesita reposo...
— ¡No te preocupes por mí! Estoy bien. Además, regresaré en menos de lo que canta un gallo ¿Te parece bien?
— Oh, bueno, yo pienso que...
— ¡Nos vemos luego, Asada!
Sin decir más, Sawamura abandonó su habitación con rumbo hacia la de Miyuki.
Debido a que todavía se encontraban en primavera, la temperatura nocturna era bastante más fresca que el resto del día. Sawamura pudo sentir cómo lo gélido del clima exterior chocaba contra su rostro, que se encontraba caliente a causa de la fiebre. Guardó las manos en los bolsillos del abrigo y caminó con decisión percatándose de que tal vez había sido una mala idea salir (Y comenzando a arrepentirse de haberlo hecho), pero como el cabezota que era, prosiguió con su andar.
¿Qué diría a Miyuki una vez que se enfrentara a él tarde o temprano? Quizás comenzaría con un "Pedazo de" y culminaría con un "cabrón". ¡Pero no! ¡Eso no era suficiente! Debía tener un diálogo sostenible, hacerle saber que no era tan idiota como probablemente creía, pero por alguna razón solo era capaz de imaginarse la risita que Miyuki dejaría brotar de su boca mientras él trataba de hablar con él seriamente.
«No sé por qué siento que es algo que él definitivamente haría. ¡Argh! ¡Ese bastardo me molesta!»
Al llegar frente a la puerta, golpeó esperando a que el capitán abriera, pero un par de segundos después el que se asomó tras ella no fue otro más que Okumura (¡Precisamente la persona que menos quería ver!). Sawamura se cohibió y, tras levantar la mano en señal de saludo, notó que empezaba a sudar. La mirada gélida del menor lo acribilló como si fuera capaz de lanzar cuchillas a través de los ojos.
— B-Buenas... Vengo a hablar con Miyuki-senpai —dijo odiándose instantáneamente por haber tartamudeado.
— Él no se encuentra aquí.
— Eh ¿En serio? En ese caso lo esperaré afuera —Sawamura forzó una sonrisa (más porque no sabía cómo actuar frente a Okumura que por otra cosa) y se cruzó de brazos para protegerse del frío exterior.
Okumura lo contempló fijamente y, tras unos segundos del más puro silencio, hizo un gesto con la cabeza invitándolo a ingresar.
— Senpai, si te quedas allí, empeorarás tu condición, y no seré yo el que te cargue la próxima vez.
Sawamura lo observó por un instante, sopesando la posibilidad de ingresar al interior de la habitación, pero si Okumura estaba allí mientras que Miyuki no, seguro sería muy incómodo. Sin embargo, como si el clima leyera sus pensamientos, pronto una ráfaga de viento heló hasta su propia sangre, y no tuvo más elección que aceptar la invitación del menor a regañadientes. Ingresó encontrándose con una habitación bastante más limpia de lo que imaginaba, y que olía bien. Casi tenía deseos de arrojarse sobre una de las literas y dormir, pero no hizo nada más que permanecer de pie cruzado de brazos, con la mirada perdida en algún punto. Okumura se dirigió al escritorio para estudiar, pero Sawamura detuvo el andar de éste hablándole con una repentina confianza que Koushuu no había visto antes en él.
— Agradezco tu ayuda durante esta tarde, aunque lo hayas hecho por obligación. Pero... lo que dije antes es completamente cierto: Me aseguraré de hacerte tragar tus palabras —Okumura giró encontrándose con un senpai que sonreía mientras decía aquellas cosas—. Quizás no lo sepas, pero mi objetivo es llegar a convertirme en el As del equipo. Sí, ya sé que todavía me falta mucho camino por recorrer antes de alcanzar esa meta ¡Pero estoy seguro de que lo conseguiré! He luchado tan duro como todos para poder alcanzar mis objetivos desde el momento en el que ingresé a Seidou. E-Es verdad que he cometido muchos errores, pero siempre que caigo intento ponerme de pie otra vez, y yo... ¡Estoy seguro de que conseguiré sobrepasar a Furuya, o al menos moriré intentándolo!
Sawamura, con una sonrisa radiante, se frotó los cabellos que cubrían su nuca, pero al ver que Okumura se acercaba, él instintivamente caminó hacia atrás y, más pronto de lo que imaginaba, su espalda se encontró contra la pared. El menor, que era más alto que él, estampó la mano contra el costado de la cabeza contraria, impidiendo su posible escape.
— Hablas como si fuera así de fácil. Tus palabras son bastante arrogantes ¿Que conseguirás el número del As con tanta facilidad? Aún te falta mucho para alcanzar a Furuya-senpai.
Sawamura apretó los dientes mientras sus ojos dorados centelleaban.
— Yo...
En esos momentos, la puerta de la habitación se abrió y Miyuki ingresó murmurando algo. Las miradas de los dos se dirigieron rápidamente hacia el mayor, quien, tan pronto como los vio en esa posición, quedó atónito.
— ¿Eh?
Sawamura tardó un momento en percatarse de su situación actual. Con la presente posición, en la que Okumura no era bueno manteniendo la distancia, fácilmente cualquiera que ingresara a la habitación podría malinterpretar esa escena y hacerse ideas erróneas. Por ese motivo acabó pegando un grito que probablemente escucharon hasta en las habitaciones más lejanas, y apartó a Koushuu de un empujón, el cual, gracias a la fuerza que empleó Sawamura, cayó sentado sobre el suelo.
— Si querían algo de privacidad, debieron habérmelo dicho con antelación. ¡Nos vemos! —Tras decir aquellas palabras, Miyuki salió como una ráfaga, pero antes que la puerta se cerrara por completo, Sawamura corrió y la detuvo con rapidez ignorando olímpicamente las miradas asesinas de Okumura, quien se apartó unos mechones del rostro.
— ¡Capitán! ¡Lo estás malinterpretando! ¡LO ESTÁS MALINTERPRETANDO TODO!
Por fortuna no fue difícil alcanzarlo, pues Miyuki apenas había avanzado desde que salió de la habitación. En sus manos se encontraba una lata de café. Sin embargo, en algún momento la había apretado con tal fuerza, que ahora se encontraba completamente aplastada entre sus dedos, y el líquido oscuro se estaba derramando por todos lados. La mirada que le dirigió Miyuki heló incluso más que la temperatura del exterior.
— Sawamura...
— ¡Capitán! ¡Miyuki-senpai...! Yo solo había ido a tu habitación para hablar contigo ¡No es lo que te estás imaginando!
Miyuki se inclinó un poco hacia Sawamura, escrutándolo con la mirada y, con la mano que estaba libre y limpia tocó la frente del menor.
— Sawamura, estás ardiendo ¿¡Qué es lo que crees que haces afuera!? ¡Ve a dormir de inmediato! ¡Y ni se te ocurra acudir mañana al entrenamiento en estas condiciones!
— ¿Eh? Pero si estoy bi-
— ¡AHORA!
Miyuki lucía tan enfadado, que Sawamura se cohibió y asintió con la cabeza con torpeza mientras regresaba a la habitación. Sabía que Miyuki se preocupaba a su manera respecto a su bienestar físico, así que era normal que se enfadara, pero...
Sawamura se detuvo un instante y miró hacia atrás. Miyuki ya no estaba allí.
Se limpió los mocos y reanudó su andar.
Quizás era un idiota y estaba haciéndose ideas erróneas.
Okumura no consiguió conciliar el sueño esa noche. Contempló desde su cama la litera de arriba, donde Miyuki dormía y se preguntó qué habría ocurrido si éste no los hubiera interrumpido. Por supuesto que era muy probable que en esa situación, donde la tensión entre él y Sawamura se encontraba presente, se hubieran repartido unos cuantos golpes. Cerró los ojos por unos instantes y recordó las palabras de su senpai acerca de convertirse en el As del equipo. Casi tenía ganas de reír ¿Un debilucho como él realmente conseguiría alcanzar esa posición tan importante? Por supuesto que era imposible, especialmente porque contra quien competía era Furuya, quien resultaba ser un oponente formidable... Porque era un genio, a diferencia de Sawamura.
Recordó también las palabras de Kaoru Yui a la hora del almuerzo.
Pero ya daba igual, él ya había tomado una decisión: No atrapar jamás para Sawamura.
Sin embargo, a su mente llegó el partido que había tenido Seidou contra Teito, el partido contra Yakushi y el partido contra Kasugaichi.
Okumura apretó los labios y sintió un ligero cosquilleo en los dedos. Debía admitir que tenía ganas, muchas ganas, de atrapar los lanzamientos de su senpai incluso si eso dolía en su orgullo, pero no durante las prácticas, sino en un partido oficial. Quería descubrir por sí mismo el potencial de Sawamura. Quería escuchar el sonido del guante cuando la bola lo golpeaba justo en el centro. Quería, quería...
Pero no podía admitirlo.
