Ninguno de estos personajes me pertenece, son de Ryan Murphy y BRad Falchuk.

El ansiado día finalmente había llegado. Era 31 de octubre y afortunadamente Constance lo había dejado faltar a clases. Últimamente las cosas estaban tensas, no soportaba ver al amante de su madre en casa y las discusiones afloraban de cualquier cosa, por lo mismo cuando Tate le dijo que no iría a clases ella desistió de una nueva riña. Estaba nervioso, Violet dijo que lo pasaría a buscar, por lo que a penas sonó el timbre bajó la escala corriendo, una vez abajo esperó un poco, tampoco quería verse ansioso así que se relajó unos segundos antes de abrir.

En el umbral de la puerta estaba Leah, lucía descuidada, con un chaleco demasiado grande para ella y jeans gastados, hasta el aroma demostraba que incluso había desaseado de su persona.

-No sé cómo puedes seguir viviendo acá…-su voz era apenas un susurro- Tal vez piensas que controlas ese demonio que tienes en el sótano, pero la naturaleza lúgubre de esos seres hace que sólo obedezcan al caos original. Vete antes que acabe con todo Tate.

-Definitivamente estás loca, no hay nada en el sótano, la luz se quemó y actuaste de una manera histérica.- trató de sonar lo más tranquilo y casual que pudo, pero en el fondo también dudaba de lo que había pasado realmente.

-Yo sé que lo vi….y sé que lo viste también, esa cosa no es humana, y vive acá.

-Pensé que tendríamos una cita, pero si estas ocupado lo dejamos para otro día – La voz de Violet sobresaltó a la muchacha que se giró asustada, venía llegando con un gorro de bruja típico de la fecha.

-Tengo citas con chicas limpias e interesantes, como tú, Leah ya se iba…a no ser que quieras esperar en mi sótano de nuevo - La muchacha se tapó el rostro con las manos horrorizada y salió corriendo, se notaba que estaba llorando.

-Bien, no pienses que me olvidé de ti, ¿o crees que solo yo haré el ridículo?- Extendió su mano y le alcanzó a Tate un sombrero de vaquero, el muchacho se lo colocó de inmediato y le sonrió, con sus manos hizo la mímica de pistolas y disparó al aire.

-Pensé que no te iban los disfraces, eso fue lo que me dijiste antes- Tate se acercó y la tomó por la cintura para besarla.

-Tranquilo ahí vaquero, esto es solo el comienzo…aparte un simple gorro no cuenta como disfraz- Violet le dio una sonrisa pícara que encendió todos sus sentidos y lo besó mientras le tomaba la mano y lo guiaba fuera de su casa.

La cita fue mucho mejor de lo que habrían esperado, corrieron con los más pequeños que salían, se acercaron a alguna casa e incluso recibieron dulces, terminaron en la playa con unas latas de cerveza y una sonrisa tonta en el rostro, Violet fue la primera en romper el silencio.

-Extrañaba salir, el mundo ha cambiado bastante- Su mirada no se apartó del horizonte ni por un segundo – El aroma del mar siempre me ha tranquilizado, creo que es una de las cosas que más extraño –Su rostro se apoyó en el hombro del muchacho y cerró los ojos.

El sonido del celular los saco del mágico momento que estaban viviendo

-¿No vas a contestar? – la chica subió un poco el mentón para poder mirarlo a los ojos, solo eso bastó para que nada mas importara, el celular quedó en silencio y ambos se besaron, pero no con la urgencia de la vez anterior, en esta ocasión se tomaron su tiempo, ambos juguetearon con el otro, saboreando y recorriéndose como la primera vez, Tate enredó sus dedos en la rubia cabellera de la chica mientras sus respiraciones comenzaban a sincronizarse y a aumentar la velocidad, el teléfono sonó de nuevo pero esto no los detuvo, de pronto la ropa molestaba y el aliento se transformada en jadeos; sus miradas se encontraron y ambos sabían la dirección que esta cita estaba tomando por lo que el chico se levantó y le tendió la mano a Violet para ayudarla

-Será mejor que vayamos a casa, hay un punto en el que la arena nos va a comenzar a molestar. –El chico miró su celular y vio 7 llamadas perdidas de su madre – será mejor que la llame, no quiero problemas.

Al tercer intento la llamada entró, al otro lado su madre permanecía en silencio

-Constance, estoy por ir a la casa, voy con una amiga y…-los sollozos interrumpieron la conversación.

-Addie, ella- el hilo de voz a penas se sentía a través del celular.

-Le pregunté antes de salir si quería pedir dulces, ella me dijo que estaba demasiado grande para ese tipo de cosas y que una chica bonita como ella debería estar de fiesta con los muchachos.

-No lo entiendes hijo, ella salió, el auto…no lo vimos hasta que fue demasiado tarde, ven a asa Tate, te necesitamos.

Clikc….el sonido al cortar la llamada fue acallado por las olas rompiendo en la orilla. Violet sabía, conocía la mirada que ponen las personas cuando muere alguien, la misma mirada vacía que tuvieron sus padres cuando perdieron a su hermano nonato, cuando sabes que las cuencas están sosteniendo un par de ojos, pero estos no son capaces de mirar nada, de sentir nada.

-¡NOOOOOOOOOOOOOO!- varias personas que estaban en el lugar se sobresaltaron con el grito, Violet corrió a su lado y cuando trató de tomarle el brazo el chico la rechazó, se alejó corriendo de ella y la dejó sola en la playa, claro que de todas formas debería volver, ya no quedaba mucho de la noche de brujas.

Tate no se detuvo hasta que llegó a su casa, nuevamente se encontraba jadeando pero esta vez no había nada de placer, la patrulla seguía en su casa, las balizas daban tonos demasiado vivos para lo que se venía. Cuando intentó entrar a la casa fue detenido por un policía quien le pidió una identificación para pasar, adentro estaba Larry, el amante, sirviéndose una taza de café, en su rostro estaba dibujada la pena.

-Tate, al fin llegaste, Adelaide, ese pobre angelito, en auto salió de la nada, los paramédicos llegaron demasiado tarde, murió en los brazos de tu madre…Lo siento muchacho, deberá ser fuerte, tu…- No pudo terminar la frase, los puños de Tate chocaron de lleno contra la mesa.

-No te atrevas a dirigirme la palabra, no creas que con esto que pasó seremos amigos o algo y no sé por qué crees que puedes venir a mí a hablarme de lo que debo o no debo hacer, tu menos que nadie, que abandonaste a tus hijas y tu señora. ¿Sabes lo que tú deberías hacer? Volver con ellas y alejarte de nosotros para siempre.- Se volteó, no esperó una respuesta, sus manos temblaban de una manera incontrolable, tomó el celular mientras subía a la habitación de su hermana. A penas sintió que le contestaron no dio tiempo de hablar- Me vas a decir en estos momentos donde estas con mi hermana.

-Cariño, yo lo siento mucho, me habría gustado estar en casa para…-

-Mujer, estoy pidiéndote una simple dirección, quiero ver a mi hermana, no es muy difícil lo que te pido- Mientras hablaba el chico registraba la habitación de Addie, a penas supo en el hospital en el que se encontraban colgó y plantó la carrera de nuevo.

Ahí estaba, tendida con su dulce sonrisa en los labios, parecía dormida, pero el tono de la piel que ahora tenía, de un amarillo ceroso delataba que ya no estaba en este mundo. Le tomó la mano y la sintió fría, era obvio que estaría fría, en esa cama sin colchón colocada sobre la helada superficie. Sacó de su bolso los esmaltes de su hermana y le pintó las uñas como solía hacerlo, una a una hasta que terminó su tarea, mientras terminaba que se secara comenzó a sacar la ropa que había elegido para ella.

-Siempre me gustó como se te veía este vestido, claro que te veías bonita en todos, pero este definitivamente era tu color- Cuando estaba acercándose se abrió la puerta, era su madre.

-Me dijeron que estarías acá –inspeccionó la habitación con los ojos y supo lo que estaba haciendo –No es necesario que hagas eso ahora amor, los de la funeraria se encargarán, de hecho ya vienen en camino.

-Nadie que no sea de la familia tocará a mi hermana, no esperaba que tú lo hicieras, así que si me disculpas- La ignoró desde este punto, simplemente se enfrascó en su tarea de vestirla.

Como en los viejos tiempos, Adelaide fue velada en la casa en compañía simplemente de su familia, por esto mismo Tate se sorprendió al ver a Violet vestida de negro caminando por el jardín.

Cuando abrió la puerta la cara del chico era un desastre, se notaba que no había dormido y las ojeras le daban un aspecto enfermo.

-Lo siento mucho, no quise interrumpir, ya me iba –La muchacha se notaba nerviosa, miró sus pies y entrelazo sus manos inquieta, a pesar de haber estado en algunos funerales nunca era fácil, esto debe ser porque nunca nos preparan para la muerte.

Tate supo que la necesitaba, que necesitaba hundir su nariz en su pelo y que le hiciera olvidar toda la mierda que estaba viviendo. Se aferró a ella con fuerza y mientras la abrazaba comenzó a sollozar. No hubo más palabras, ella simplemente lo rodeó con los brazos y comenzó a acunarlo.

-No es justo, hay tantos que están demás en este mundo, porqué tenía que ser ella, porqué no el imbécil del amante de mi madre, o la incapaz de Constance, o yo…simplemente cualquiera debería haber sido menos ella, no había ningún ápice de maldad en su cuerpo- Violet lo acercó a la cocina donde la acompañó como zombie, lo sentó en una de las sillas y se dispuso a preparar un café.

-La muerte no siempre es el final, hay muchas culturas que hablan de nuevos caminos que no son perceptibles para nosotros- La muchacha le acercó la taza.

-No me venga con esas mierdas, no tu, ella no está acá, y me importa un carajo si está en algún otro lugar porque es acá donde ella debería estar, conmigo, siempre hemos estado juntos, desde siempre…- su voz no terminó la frase y las lagrimas comenzaron a caer por sus mejillas.

-¿Y si te dijera que eso no es del todo cierto? Si hubiera un modo de hacerla volver ¿pagarías el precio?

Si, han pasado años desde el capítulo anterior y la verdad también han pasado infinidad de cosas en mi vida, pero lo perdido no siempre está olvidado así que espero poder continuar este fanfic al que le tengo mucho cariño.

Espero sus comentarios para saber que mejorar o seguir con lo que va gustando.