La Princesa Seremity


Capítulo cuatro "Amo Sesshoumaru"

Los bandidos entraron al salón, unos se fueron directo a los reyes, y otros a donde Susume y Shinta, mientras que Katsuyo y otros tres se quedaron con Ethan y Seremity.

—Esta vez, no te saldrá todo bien, Princesita —río el ladrón—. Yo ganaré.

—No lo creo —aseguró Seremity—, al igual que antes, no te llevarás nada de aquí.

—¿Quiénes son ellos? ¿Dónde están los guardias? —preguntó Ethan enojado al ver que lo tenían prisionero y ese hombre estaba molestando a Seremity.

—Tú no te metas niño, esto es entre ella y yo, ¿cierto Princesita? —Se burló mientras se acercaba a la mencionada y le tocaba la cara con el cuchillo para hacer enojar aún más a Ethan—. Vendrás con nosotros.

—Yo no iré a ninguna parte con ustedes que te…. —alcanzó a decir antes de ser interrumpida.

—Tú decides o vienes o lo matamos —le dijo mientras los que tenían a Ethan sacaron una daga y la pusieron en su cuello—. ¿Qué dices?

—Yo… —miró a su padre que no podía moverse, a su hermano que tenía de la mano a Susume quien lloraba, y a Ethan que le decía que no—. Yo me iré, pero si le hacen daño a alguien te juro que te arrepentirás, ya lo sabes.

—Vamos entonces Princesita, antes de que se nos haga tarde —dijo el ladrón con una sonrisa dibujada en su cara—. Espera nuestra carta, Makoto.

—¡Espera! —gritó y corrió donde su padre—. No importa lo que te digan no les des nada. ¡Prométemelo! —alcanzó a decirle antes de que la jalaran para llevársela. El Rey Makoto asintió.

—Nos vemos Principito —se burló Katsuyo al salir del castillo—, luego en tu boda.

La sacaron del castillo y salieron los ladrones, ya fuera del reino, al pasar la barrera de protección.

—Para qué me quieres si sabes que te hubieran dado lo que pedías para que nos dejaras en paz —dijo Seremity al ladrón para distraerlo un poco ya que estaba a punto de desatarse las manos, que se las habían amarrado a la montura del caballo.

—Lo sé, pero aunque tenga todo el dinero de tu padre no podré vengarme de ti —sonrió—, ¿o se te olvida lo que me hiciste?, por tu culpa casi muero, ¿recuerdas este lugar?, aquí fue donde me dejaste tirado a mi suerte.

—¿Tú creías que yo te iba a dejar entrar a mi reino y que robaras? —preguntó Seremity amenazante—. Yo creo que no, lo único que me quedó por hacer fue pelear para defender mi reino, pude vencerte, aunque me costó te dejé moribundo porque no me atreví a acabar con tu vida, yo no soy nadie para determinar eso, te abandoné lo más lejos del reino, aunque no fue mucho ya que yo también estaba herida y me costó trabajo regresar a mi casa.

—Pues, ahora te tocará vivir a ti lo que tú me hiciste a mí —se burló Katsuyo, riéndose de manera fuerte que los demás ladrones lo siguieran con la risa.

Llevaban horas cabalgando ya estaba amaneciendo, Seremity no había comido ni bebido nada durante casi todo un día y empezaba a tener fatiga, mientras los ladrones comían y bebían ella sólo miraba, pero a la vez pensaba en su padre, en su hermano y en Ethan, esperaba que estuvieran bien, pronto estaría de nuevo con ellos, se decía a si misma.

Algunos ladrones salieron a recorrer el lugar, habían escuchado algunos caballos y pensaron que los podían estar siguiendo y en efecto, el Príncipe Ethan no obedeció al Rey Makoto y salió con otros de sus soldados en busca de Seremity. Al escuchar esto la Princesa que ya había logrado desatarse, y al notar que sólo se habían quedado tres hombres, junto con el jefe, decidió irse de allí, así que le mandó un golpe a Katsuyo en el estómago, dejándolo con un dolor agudo y con un poco de tiempo para intentar subirse al caballo, con esfuerzo ya que no se sentía muy bien, los otros la atacaron y la botaron, se defendió y los dejó en el suelo, tomó el caballo de Katsuyo y empezó a subirse sin darse cuenta de que atrás estaba el jefe y le enterró un cuchillo.

—Lo que tú no te atreviste a hacer, lo haré yo contigo —le dijo mientras le sacaba el cuchillo sin antes darle una vuelta dentro del cuerpo de Seremity.

—Nunca … me ven…vencerás —le dijo con esfuerzo mientras se daba vuelta para darle un golpe en la cara que dio en el blanco, se subió al caballo y empezó a correr.

Sentía que la sangre le salía por todo el cuerpo y que se desmayaría en cualquier momento, después de un rato de cabalgar se dio cuenta de que Katsuyo la seguía muy de cerca. Intentó perderlo pero no lo logró, ella no conocía esos lugares y no sabía para donde ir hasta que llegó a un acantilado, aunque iba rápido alcanzó a frenar y doblar hacía la derecha, pero el ladrón le tiró un cuchillo al caballo que cayó cerca de la montura y la pierna de Seremity, asustando al caballo que se paró en dos patas botando a Seremity al acantilado.

Quedó colgando de una rama, la sangre seguía saliendo, la fatiga aumentaba cada vez más, sólo quería que alguien llegara a ayudarla.

—Vaya Princesita parece que tu única salvación soy yo —se burló el ladrón mientras le pasaba la mano para ayudarla.

Seremity no quería tomar la mano de Katsuyo, pero si no lo hacía caería por el acantilado hasta llegar al río. La parte de abajo del vestido se había enganchado con otra rama y ésta la tenía sujetada un poco más, ella pensaba que así lograría resistir hasta que llegara Ethan, pero el vestido empezó a romperse y su única salvación era aceptar la ayuda del ladrón.

—Vamos Princesa no querrás morir así, vamos dame el placer de acabar contigo con mis propias manos —Katsuyo aún seguía con la mano estirada.

El vestido no aguantó más y se rompió sólo quedó afirmada de la rama con sus manos, pero ya lo había decidido, no importaba cuanto durara, no le daría la mano al ladrón, no dejaría que él acabara con ella, no le daría ese gusto.

Aguantó unos instantes y empezó a sentir que se desmayaba hasta que cayó por el acantilado inconsciente.

—¡Maldición! —gritó mientras la veía caer.

—¿Qué pasó, jefe? —preguntó uno de los ladrones.

—Cayó por el acantilado sólo tenemos esto —respondió mientras le mostraba una parte del vestido que quedo enganchado en la rama—. Averiguaron si alguien viene siguiéndonos.

—No, no vimos a nadie.

—Estuve a punto de vengarme. ¡Maldición! Otra vez se salió con la de ella.

En esos momentos se escucharon unos caballos que se acercaban, eran Ethan y sus soldados que venían a rescatar a Seremity.

—Llegas tarde Príncipe —dijo Katsuyo que se vio rodeado—, ella acaba de morir —le enseño el trozo de vestido de Seremity—. Cayó por el acantilado, más bien dicho, se lanzó por el acantilado, parece que no quería casarse contigo ya que apenas supo que nos estaban siguiendo salió corriendo —dijo el ladrón con tono burlón.

—¡Mátenlos a todos! —gritó enfurecido Ethan y salió corriendo en dirección hacia el río—. Después se van donde el Rey Makoto y le informan lo que pasó.

La buscó por varias horas hasta que quedó agotado, durmió y al otro día continuó la búsqueda, así pasaron los días, las semanas, y los meses sin noticias de Seremity, hasta que llegaron los Reyes a buscar al Príncipe.

—Hijo —habló el Rey Phillip—. Es mejor que vuelvas a casa.

—Pero, papá yo se que ella está con vida —reclamó Ethan frente a la orden de su padre.

—Si ella está con vida volverá a casa —dijo el Rey Makoto—. Eso te lo aseguró siempre ha encontrado la manera de salir bien, en eso se parece a su madre.

—Está bien, pero… —suspiró sin poder decir más.

Mientras tanto en el río, Seremity se encontraba inconsciente después de haber caído del acantilado, cuando se despertó, en la orilla, la corriente la había arrastrado hasta allí, no sabía donde estaba y no conocía el regresó a casa, la herida del cuchillo ya había dejado de sangrar.

Se sentía débil, bebió un poco, se limpió la herida con agua y se puso un trozo de la parte del vestido de abajo que ya estaba toda rota, para que detuviera la sangre en caso de que sangrara mucho, y también para que se le fuera cerrando de a poco hasta cicatrizar, empezó a caminar en dirección río arriba y encontró un árbol con manzanas sacó algunas para comer y otras las guardó para después, luego buscó un lugar resguardado y se durmió.

Al otro día se despertó con los primeros rayos del sol y continuó su viaje, siempre había querido salir del campo, pero nunca se imaginó que lo haría de esa manera. Pensaba en su padre, en su hermano, en Susume, pero por sobre todo en Ethan, se preguntaba si estaría buscándola o si ya se habría rendido. Sin saber que la buscaba desesperadamente mientras ella apenas se podía mover para llegar a casa, fue sólo el destino que no los puso en el mismo camino durante los tres meses que Ethan estuvo buscándola.

Caminó durante unos días, no sabía cuantos, había perdido la noción del tiempo y cada vez se sentía más débil, no encontraba rastros de ningún reino y no sabía qué hacer.

A veces, veía en el camino extraños cadáveres unos más grandes que otros, ella sabía que se trataban de demonios o seres con poderes sobrenaturales, ya que conocía la historia del campo de energía que protegía los reinos, lo que no sabía era que su madre también pertenecía a esta raza y que ella llevaba algo de esa sangre en sus venas.

Caminaba casi todo el día sin saber a donde, a veces pasaban días sin que probara algo de comer y siempre atenta de que algún demonio pudiera atacarla.

Hasta que un día, llegó a un campamento abandonado, se notaba que hace tiempo, no encontró nada para comer, pero si unos uniformes de milicia, se puso el que mejor le quedó, se revisó la herida y volvió a ponerse un trozo de vestido para la sangre. Encontró también una espada, algo oxidada, pero se la dejó, aún le podría servir en caso de que algún demonio se le apareciera, esa noche durmió en el campamento.

Al otro día salió temprano con la idea de encontrar algo para comer, pero se encontró con otra cosa.

—Carne humana —dijo el demonio mientras se acercaba a Seremity—. Más bien ¡eres una híbrida! —gritó—, pero igual te comeré.

—¿Híbrida? —preguntó Seremity asombrada de ver a aquel demonio que parecía un oso gigante con tres ojos.

El demonio atacó a Seremity, pero ésta lo esquivó aunque le costó un poco ya que se sentía débil, sacó su espada y empezó a defenderse, logró cortarle una mano, pero el demonio la rasguñó el estómago dejándola lastimada gravemente ya que en sus garras tenía veneno, pero Seremity se había dicho que no moriría allí, que debía llegar a su hogar así que juntó toda su fuerza y en el momento en que el demonio oso fue a atacarla de nuevo le enterró la espada en el cuello acabando con éste, salió rápidamente de allí, pero no llegó muy lejos, en vez de seguir hacia el río, por donde la andaba buscando Ethan, se internó en el bosque donde cayó desmayada por la herida del demonio.

—Amo Sesshoumaru —dijo Jyaken—, ¿por qué se desvía? —pero éste no lo tomó en cuenta y siguió caminando.

Al rato después Jyaken vio más adelante que había una joven tirada y que de su estómago salía una especie de humo verde y sangre.

—Amo bonito ¿qué hace? —preguntó al ver que Sesshoumaru se dirigía hacia Seremity.

—¿Acaso no sientes? El olor de la sangre es igual a la de Seremity la hermana de mi padre, nada más que está mezclada con la sangre de humanos —Sesshoumaru miró a la joven con repugnancia por ser una híbrida—. Debe ser hija de Makoto con Seremity.

—Pero, amo bonito nosotros no tenemos nada que hacer aquí —refunfuñó Jyaken—. Es sólo una híbrida, no pertenece a nuestra familia.


Continuará....