-Historias entrelazadas-

Capítulo 4: La chica de la cafetería

─Hey – dijo Matt mientras tomaba asiento en uno de los taburetes de la barra tras dejar la mochila en el suelo. Se aflojó la corbata y pidió un refresco.

─Hey, ¿cómo va todo, Matt? – preguntó Sora tras servir el refresco que le había pedido el chico y dejarle un vaso vacío con hielo junto a la lata.

─Ayer no pude pasarme, lo siento – se disculpó el rubio sacudiendo la cabeza. Ella le restó importancia moviendo las manos – Me castigaron y después cuando volvía a casa una aprendiz de pastelera me tiró un saco de harina por encima.

La pelirroja intentó no reírse pero le fue imposible. Su amigo enarcó una ceja pero, al final, esbozó una media sonrisa. Contándolo tenía su gracia, que te pasase a ti, no tenía tanta.

─La verdad es que estuve bastante atareada y, si hubieras venido, no habría tenido tiempo de charlar contigo. Aunque, tampoco pasa nada, quedamos en que el sábado te llamaría cuando terminase de jugar.

─Solo quería asegurarme de que estabas bien – dijo él, mirándola atentamente con sus grandes ojos azules. Ella estiró el brazo por encima de la barra y tomó la mano de él, estrechándola suavemente entre sus dedos.

─Me encanta que te preocupes por mí y sabes que eres el mejor amigo que podría pedir. Pero, estoy bien, saldré adelante, un corazón un poco machacado no es algo de lo que no me pueda recuperar – respondió ella mirándolo con cariño.

─No tienes que esforzarte conmigo, Sora. Si tienes ganas de insultarle por imbécil, puedes hacerlo. Sabía lo que sentías por él y, aún así, cogió y se fue con otra. Pues que le aproveche, no sabe lo que se está perdiendo al dejar atrás a la mejor futbolista de la ciudad – lo decía serio, estaba constatando un hecho. Sora no sabía lo que hubiera hecho desde que aquel chico la dejó plantada si Matt no hubiera estado a su lado para apoyarla. Su amigo podía ser un poco distante y, a veces, frío. Sin embargo, se esforzaba por hacerla sentir mejor y eso que él no era una persona muy dada a expresar sus sentimientos pero con ella le resultaba más sencillo. Se conocían uno al otro y podían decirse las verdades a la cara, sin pensárselo dos minutos ni sonrojarse por ello – Sé que te dolió y no quiero que pierdas la confianza en ti misma.

─Sobre eso… Ayer conocí a un chico – nada más mencionarlo, las mejillas de Sora adoptaron un suave color rosado. El detalle no pasó desapercibido para el rubio que se inclinó un poco sobre la barra para ver qué tenía que contarle Sora – Vino ayer, estuvimos hablando un poco y… no sé.

─¿Cómo que… "no sé"? – replicó él con una media sonrisa burlona.

─Es que me pareció un chico muy divertido, alegre, nada presuntuoso… Juega al fútbol en tu escuela. Me paró un poco ese detalle porque…

─Tranquila, en mi escuela no ha circulado ningún rumor sobre Kei, ni sobre ti… Y dudo que nadie se entere, no te preocupes.

─Seguramente, nos enfrentaremos en el torneo.

─Bueno, pues ya me lo presentarás. ¿Qué iba a decirte? Tengo que ir a ver a un amigo, estará a punto de salir de la escuela, ¿a qué hora terminas el turno? – Sora miró el reloj, las siete de la tarde. Tendría que esperar a que llegase su compañera para relevarla. No obstante, tan pronto como lo pensó una chica con el pelo lila y los ojos de color ámbar apareció en el local y fue hacia la barra.

─Sora, ya puedes irte si quieres, me ocupo yo de todo.

─Muchas gracias, Yolei – Sora se desanudó el delantal y se lo pasó a su compañera de trabajo. Matt se dio cuenta de que llevaba todavía el uniforme del instituto.

─Vente conmigo, así te presento a mi amigo, ¿de acuerdo? Llevamos casi un trimestre de clase y aún no le has conocido.

─Está bien, tardaré un segundo. Voy a coger mi mochila.

Matt esperó a la pelirroja ya en la calle, con la mochila colgada del hombro y las manos en los bolsillos. Sora salió en menos de cinco minutos con la cartera en una mano y una bolsa de deporte en la otra. Matt se ofreció a llevarle la bolsa de deporte y, aunque ella insistió en que podía llevarla sin problemas, al final, él se la arrebató de las manos.

─Últimamente, te estás esforzando mucho.

─¿Qué quieres decir?

─¿Cómo te van los exámenes? ¿Estudias por la noche, verdad? – Matt la miró fijamente y Sora estimó que no era necesario contestar, el chico sabía la respuesta con tan solo un cruce de miradas – Sabes que si necesitas cualquier cosa, no tienes más que pedirla.

Los dos caminaron en silencio hasta la escuela de Matt. Sora echaba de menos ir con Matt todos los días a la escuela como habían hecho toda la vida pero al divorciarse los padres de él durante el verano, todo había cambiado. La madre de Matt, Natsuko, había encontrado pareja de nuevo, un importante hombre de negocios, que había insistido en matricular a los hijos de ella en una escuela de prestigio. El rubio se había resistido con uñas y dientes pero, finalmente, había acabado en aquella escuela. Mientras tanto, Sora se había quedado en su antiguo instituto donde permanecería hasta que intentase entrar en la universidad. No obstante, habían intentado por todos los medios no perder el contacto y lo habían conseguido aunque llevaran vidas completamente distintas en algunos aspectos. El rubio la condujo hacia la parte trasera de la escuela donde estaban los campos de fútbol y cuando llegaron a uno que estaba bastante apartado señaló con el dedo a su amigo.

─Ese es mi amigo, Tai – ella abrió los ojos de par en par. No podía ser que fuera el mismo chico.

Sin embargo, cuando el muchacho alzó la cabeza para saludar a su amigo, se le quedó la misma cara de pasmado que a Sora. Matt, sin entender lo que pasaba, los miró a los dos, alternativamente. Su cabeza empezó a atar cabos: Sora era la chica de la cafetería.