¡Aquí estoy yo otra vez, hijos del rebaño del señor! x3

¡De verdad que muchas gracias por sus comentarios, follows y favs, en serio! ;w; No saben lo feliz que me hace saber que esta historia le está gustando, alsdkjaldahjkl.

Muchos me dijeron que en el capítulo anterior, odiaron a la empleada, haha, no se preocupen, luego les compenso eso :v.

Vale, sin más, les dejo el capítulo. Y disculpen si tengo algún error ortográfico e incoherencia narrativa.


|| De Estrella a Sol ||

Pues ahí estaba, era miércoles y Bartolomeo odiaba más al mundo. Parecía una solitaria sombra o un perrito sin dueño, cosa que cambiaba cuando veía a su amado Luffy-senpai, pero el problema era que sentía no era lo mismo, sentía algo diferente.
Lo quisiera aceptar o no, que Cavendish no hubiera aparecido dos días a la escuela lo ponía… tenso. Ya no tenía a quién molestar, claro que seguía con sus bromas crueles, pero no eran tan seguidas con eso de los buenos modales y Ganbia no era bueno para distraerlo, no buscaba a Kid, porque luego, luego empezaba a joderlo.

Había espiado a Luffy durante una hora, todo emocionado, pensando en este, pero luego se acostó bajo la sombra de un árbol, con los brazos cruzados tras de su cabeza. Estaba bastante tranquilo, pero esa tranquilidad no le gustaba porque su mente empezaba a pensar y pensar cosas, demasiadas cosas que incluían al maldito rubio con aliento de rosas. ¿Por qué lo pensaba más de lo que debería?, ¿por qué justamente ahora? Es decir, cuando lo vio por primera vez en la Universidad, sí pensó que era alguien sumamente apuesto e inalcanzable, pero Bartolomeo jamás le daba importancia a la belleza exterior, no le interesaban esas cosas. En ese tiempo, Cavendish le era indiferente y solo a veces le veía, pocas en las que se dio cuenta de lo arrogante y egocéntrico que era. Eso le bastó para sentir desagrado por él.

Sin embargo, ahora ya no veía al rubio con ojos de desagrado. Quisiera o no aceptarlo, en estas semanas que estaba pasando con él, le sirvió para darse cuenta que el rubio no lo trataba como el concepto de mierda andante en que lo tenían todos los estudiantes que no eran sus amigos. Al contrario, lo trataba con camaradería, sin importar lo diferentes que eran y de eso se dio cuenta inconscientemente hace tiempo, la cosa era que con tanto tiempo libre hoy, ahora sí ya estaba pensando de verdad las cosas.
Pero eso no significaba que le dejara de gustar Luffy, su adorado senpai.

¡La puta suerte! No entiendo qué demonios le está pasando a mi cabeza, pensó con un gruñido, pasándose una mano por el rostro, moviendo ligeramente su piercing dorado.

Bartolomeo sabía bien que Cavendish no tenía comparación a su senpai, para nada. Aun así, de su mente no podía sacar a los dos, porque cuando pensaba en Luffy, siempre había alguna cosa que le terminaba recordando al rubio y entonces, esos hermosos ojos de cielo lo volvían loco.
Y nunca en su jodida vida se había sentido así. Lo que Cavendish estaba empezando a significar en su vida era algo completamente diferente a lo que Luffy significaba en la suya, pero no sabía cómo definirlo, siendo que a quién quería era al pelinegro.
Además, antes, ni siquiera había llegado a sentir algo como un gusto amoroso o fanático, hasta Luffy. Era un inexperto en ese tipo de cosas, he ahí el mayor problema.

—Bartolomeo, al fin te veo.

El mencionado chico abrió sus ojos y le miró serio, no estaba de buen humor.

— ¿Qué quieres, Farul? —no era muy cercano al chico, pero lo conocía gracias al rubio.

—Bueno, como estos dos días parecías esperar a Caven y como no está...

—Yo no tendría por qué esperarlo a él —gruñó Bartolomeo, desviando la mirada, incómodo, no estaba haciendo eso los días que se sentó en la cafetería, mirando por todos lados a ver si aparecía el rubio… ¿o sí?

Farul sonrió.

—Bueno, si tú lo dices —prefirió no insistir en el tema, ya que bueno, no quería problemas con el peliverde pareciendo así de estresado—. En todo caso, yo solo venía a avisarte que Caven no ha venido a la escuela porque esta lastimado.

— ¿Cómo dices? —a Bartolomeo le cambió el semblante. ¿Cuándo se lastimó? ¿Habrá sido el sábado que vieron o el domingo?

—Sí, verás… —Farul frunció el ceño— El domingo salimos a ver una película y…

—Eso no me interesa, deja los rodeos. ¿Qué le pasó a Cavendish? —esa fue la primera vez que Bartolomeo llamaba por su nombre al rubio, al menos tan abiertamente y no pasó desapercibido para el peligris.

—Terminó agarrándose a golpes con una padilla que molestaban a una chica.

— ¡¿AH?! —Bartolomeo explotó con eso. Por su mente se vio yendo a matar a aquellos malditos que lo habían lastimado— ¡¿Dónde está ahora?! —hasta se incorporó con prisa.

—En su casa, descansando. La pelea lo dejó cansado, pero está bien y… —intentó explicar Farul al ver al otro bastante cabreado, razón que no pensó tendría, pero el ajeno lo estaba ignorando.

—Dame su dirección —la mirada de Bartolomeo fue tan amenazante y seria, que el otro chico se quedó inmutado, para luego obedecerle.


Serías las once cuando Cavendish se despertó de su magnífico sueño, pero su día se ensombreció otra vez cuando se vio al espejo su ojo algo morado, así como la raspadura de su mejilla. No iba a dudar y la próxima vez que viera a esos tipos les partiría la cara por arruinar así su físico tan hermoso y perfecto. Aun así, no se arrepentía de haber defendido a aquella muchacha de cabellos rosados, porque como odiaba las injusticias.
Fuera de eso, su cuerpo estaba bien. Pese a que pareciera de porcelana por su belleza extrema, delicado e inútil no era, Cavendish sabía defenderse bien, solo que al ser tantos aquellos tipos, no defendió del todo su rostro, además estaba impidiendo que siguieran a Farul que llevaba fuera de ahí a Rebecca, la chica que salvó. Tenía algunos ligeros moretones en su abdomen, pero solo eso, aunque para él lo imperdonable era las lastimadas de su cara. ¡No podía permitir que el mundo lo viera así de dañado! Su imagen era primero, aún si faltaba todo un mes por esto, no dejaría que nadie viera su rostro así, NADIE.

Por eso, cuando abrió la puerta, pensando que su hermana Hancock había llegado temprano de la escuela, casi grita al ver a Bartolomeo ahí, pues él también estaba incluido en las personas que no quería que lo vieran así, ¡sobre todo él!

La primera reacción de Cavendish fue cerrarle la puerta en la cara al peliverde, pero este se lo impidió con el pie.

— ¡¿Q-q-qué estás haciendo aquí, Bartolomeo?! —por Dios, es que jamás esperó verlo frente a su casa.

—Vaya manera de recibir —Bartolomeo empujó la puerta y como todo un maleducado, entró a la casa, cerrándola y viendo al rubio taparse la cara con dramatismo—.Deja de hacer eso, Cabbage —impacientado por ese actuar, le sujetó de las muñecas con fuerza, pero aun así no conseguía poder verle la cara como quería—. Tu amigo me dijo que te lastimaron en una pelea, aunque no pareces tan mal, beh —su mirada trazó de pies a cabeza al otro.

— ¡Claro que no, no soy ningún débil!—gritoneó Cavendish, todavía tapándose la cara.

— ¿Entonces por qué mierda no has ido a la escuela? —preguntó Bartolomeo con el mismo tono, ahora jalándole de las muñecas con más fuerza.

— ¡Por qué no puedo dejar que me vean así!

— ¡¿Así cómo?! ¡No tienes nada!

— ¡Por esto!

Cavendish se destapó al fin la cara, señalándose el arañazo en su mejilla y el ojo ligeramente morado. Pero se dio cuenta que tenía demasiado cerca la cara del peliverde.
Solo que en ese momento, las risas de Bartolomeo llenaron el pasillo de su casa, haciendo que el rubio frunciera el ceño con algunas venitas de ira saltando en su sien.

— ¡Pero, behahahaha, eso no es nada! —a Bartolomeo incluso le estaban saliendo lagrimones de tanto reírse. Debió esperarse algo como esto del rubio, siendo como era de vanidoso y la verdad es que no le sorprendió; de repente su humor estaba mejor que nunca— Anda que eres un exagerado, Cabbage —le miró burlándose con ganas.

—Tú no lo entiendes, idiota, tú estás acostumbrado a lucir todo bestia, por eso —gruñó Cavendish, cruzándose de brazos.

—Oh, pero, si solo es un raspón y ya —Bartolomeo sonrió orgulloso por ser llamado bestia, porque lo era y la manera en que lo decía el ojiazul le gustaba.

—Tengo el ojo morado —Cavendish hizo un puchero infantil.

Entre risas, el peliverde extendió la diestra para apartarle el cabello ligeramente y ver mejor su ojo morado, pensó que el rubio rechazaría el contacto, pero como no, continuó con una sensación cómoda. Mas tampoco lo tocó, reconocía que era brusco con sus manos y no quería lastimarlo.

— ¿Eso qué? De todos modos, sigues viéndote lindo, Cavendish —esas palabras salieron por puro impulso de la boca de Bartolomeo y se dio cuenta demasiado tarde. Él no existía para aumentarle el ego al otro.

Sin embargo, aunque el ojiazul estuviera encantado con todos los halagos del mundo y no fuera tímido para nada, esas palabras le causaron una ligera sorpresa, además de… ¿eso era vergüenza? Pero esto último tenía más que ver con tener al otro tan cerca de su cara y porque era la primera vez que oía al peliverde llamarlo por su nombre.

—Ya lo sé, pero eso no quita que me moleste esto; no le daré una mala impresión a nadie —repuso Cavendish con el gesto digno y arrogante. Aun así, su ritmo cardíaco estaba acelerado.

Barto suspiró.

—Y de todos modos, ¿por qué estás aquí? —preguntó Cavendish viéndolo intensamente, curioso.

Ahora el peliverde sintió cierto nerviosismo apoderarse de él. ¿Por qué habría ido? No le iba a decir que porque se sintió preocupado, no le iba a aumentar el ego.

—Porque… —Bartolomeo se rascó una oreja y frunció todavía más el ceño— Se me hizo raro que faltaras y, ugh…, como no me avisaste quería saber si todavía seguirías ayudando…

Pésima mentira, pero fue lo único que se le ocurrió.

—Ah, pues no te avisé porque no pensé te interesaría, ya que normalmente en la escuela siempre estás solo viendo a Mugiwara —la acidez en la voz de Cavendish fue clara.

—No hables así de Luffy-senpai en mi presencia —Barto le vio con advertencia, esa mirada que intimidaba a cualquiera.

Pero con Cavendish eso no funcionaba para nada. Este solo bufó y le apretó la nariz con fuerza, sorprendiendo al ajeno.

—Ya, ya. Estás en mi casa, no me mires de esa manera —lo reprendió con suavidad, viéndole a los ojos y bastante cerca.

Ahora el avergonzado fue Bartolomeo. ¿Qué hacía que Cavendish lo tratara así de bien, si no lo conocía, aún con todas las cosas malas que se decían de él?

—No me des órdenes, Cabbage —gruñó y le apartó el agarre de un manotazo.

—Como sea, ya que estás aquí y yo si tengo buenos modales, ¿quieres algo de comer? Ya que te saliste antes del receso en la Uni —ofreció Cavendish, mientras le guiaba hasta el comedor de la casa.

—Sí —Bartolomeo se encontraba impresionado por la casa ajena. Él pensó que el rubio era una especie de ricachón dada la buena clase y finura que aparentaba siempre, pero viéndolo bien, sus recursos parecían los de una persona normal. Aunque eso sí, todo estaba muy limpio y ordenado—. ¿Sabes cocinar?

—No, pero Sanji me enseñó algunas recetas…

— ¡¿CONOCES A KUROASHI-SENPAI?! —Bartolomeo empezó a emocionarse y ponerse rojito.

Cavendish suspiró. Tal vez no debió decir eso.

—Por medio de Law y Hancock, tampoco es que seamos muy cercanos.

— ¡GYAAAAAAA!

Una gotita de sudor escurrió por su frente al ver el cambio tan radical que el peliverde tenía al tratarse de los amigos de Mugiwara y este mismo. Y aunque una punzada de celos apareció en su pecho, le pareció divertida la reacción del otro.

Y a mí me dice exagerado, pensó con una sonrisa irritada.

Al final los dos comieron juntos con alguna plática convencional referente a la ética, la educación y como saludar a las personas.

Luego de una hora y media, Bartolomeo estaba sentado en el sofá de tres personas, con la televisión encendida, mientras Cavendish le pasaba un poco de helado para después sentarse a su lado y comer igual de este.

—Bueno, ¿en serio te metiste a pelear por una chica? —preguntó Bartolomeo con fina curiosidad, tragando de su helado sin usar la cuchara, sino con los dedos todavía a sazón de la comida.

—Sí —Cavendish hizo caso omiso de la forma de comer ajena y comió de su helado con la cuchara—. La trataban de menos por ser una mujer y no sé qué más, porque ella les ganó en una carrera de autos —su voz se tiño de molestia y frunció el ceño, lo que causó que el peliverde le viera atento. Jamás había visto esa faceta de Cavendish—. Y naturalmente, yo no podía dejar que imbéciles como esos se salieran con la suya, pffft —sus piernas se cruzaron, mientras comía su helado todavía—. Detesto a la gente así, ignorante e inculta, como si tu género u otra cosa fuera impedimento para hacer las cosas, no depende de nada. Malditos superficiales.

—…

Repentinamente, Bartolomeo se sintió como un vil imbécil. Nunca creyó que el rubio siendo tan arrogante, pudiera enojarse con algo como eso, porque con solo oírle hablar en ese tono y con esa mirada, notaba a leguas que su ayuda para aquella mujer fue desinteresada. ¿En verdad Cavendish era un superficial egocéntrico interesado?

—Oye, no comas el helado con los dedos. Tienes ahí la cuchara.

—Pudieron herirte peor —Bartolomeo dijo algo completamente diferente al regaño que recibió del rubio.

— ¿Eh? —Cavendish parpadeó, sin entender.

—Los desgraciados esos. Pudieron hacerte algo peor, no es juego meterse en peleas así y…

—Oh, vaya. ¿Estás preocupado por mí, Bartolomeo? —los dientes de Cavendish relucieron en una sonrisa sin rastro de arrogancia, al contrario, salió cariñosa que hizo al otro enfurruñarse. Pero segundos después, se puso serio— Soy un hombre y sé bien en lo que me meto, tampoco podía dejar desamparada a una chica en esa desventaja. Y lo más importante, los Príncipes también sabemos pelear —ahora sí, un aura brillante y fabulous lo rodeó de tal modo, que al peliverde se le escurrió una gotita de sudor.

—Beh, deja de brillar así, joder —Bartolomeo desvió la mirada.

Entonces, sintió el dedo pulgar ajeno recorrerle la comisura de sus labios, que lo dejó helado unos segundos. Luego, miró al rubio.

—Tienes comida pegada en la mejilla —dijo Cavendish con inocencia y calma, viéndolo también.

El ojiazul iba a retirar el dedo para limpiarse en una servilleta, pero Bartolomeo lo atrapó entre sus dientes con algo de fuerza, pero sin lastimarlo.

— ¡N-no me muerdas así! —regañó Cavendish, con irritación. Puesto tomó aquello como una forma de molestar del otro.

Sin embargo, el peliverde no hizo aquello con la intención de molestar. Por eso, cuando el otro volvió a hacer ademán de apartar el dedo, lo sujetó de la muñeca para que no lo hiciera y chupó del dedo con despreocupación.

Pum. Pum. Pum. Pum. Pum.

Los latidos frenéticos se hicieron presentes en el pecho de Cavendish cuando entendió la situación en que se había metido ahora. A diferencia del otro chico, él ya tenía una ligera idea de la dirección que estaban tomando sus sentimientos

No dijo nada, solo se le quedó mirado con la lucha interna entre si sentirse halagado, enojado o apenado por esto. Pero de todas formas, no se iba a quedar atrás, no, no.
De nuevo intentó jalarse, pero Bartolomeo le jaló después, haciendo que ambos se acercaran más y dejaran olvidados sus helados. Este último aún tenía el dedo pulgar ajeno dentro de su boca.
Ambos tenían los ojos dilatados por la adrenalina del momento, que seguía sin ser sexual realmente, sino algo con más fuerza y eficacia. Y ninguno podía detenerse. ¿Cómo? Si para Barto ese maldito dedo sabía tan dulce y rico, así como para Caven la sensación de esas succiones le hacía estremecer y sonrojarse un poco. Pero aun así, este mismo intentó jalarse y fue cuando el peliverde sacó el dedo de su boca sin soltarle la muñeca y sujetó al rubio de la espalda baja para jalarlo también.

—…

—…

Ninguno se dijo nada otra vez. Y de no ser porque Cavendish se apoyó del pecho ajeno con la otra mano libre, sus rostros hubieran chocado.
Esta vez, sus narices se rozaban suavemente y ambos se veían a los ojos, así como a los labios. Lo que querían era más que obvio.

¿Para qué seguir negando esto? Él me gusta, esta tonta bestia me gusta mucho, pensó Cavendish, aceptándolo al fin y por fin entreabriendo sus labios.

Este maldito rubio, joder. ¿Por qué mierda siento que me está volviendo loco?, la mente de Bartolomeo tenía solo un objetivo ahora y del mismo modo, sus labios se abrieron ligeramente.

Los dos chicos fueron capaces de sentir rozar sus labios y cuando iban a profundizar el contacto…

— ¡Cavendish, ya estoy en casa! —la voz de Hancock resonó como si mil campanillas sonaran.

El rubio y el peliverde jadearon por la interrupción y nuevamente se separaron con brusquedad, con sus respiraciones agitadas. Se quedaron viendo mudos. Esta vez no podían ignorar lo que estuvo a punto de pasar, pero igual no sabía que decir más que verse.

— ¡¿Qué está haciendo este hombre tan vulgar en casa?! —Hancock sonó molesta y superior al ver al peliverde— ¿Y por qué estás rojo, Cavendish? ¿Tienes fiebre? —masculló preocupada.

Que el rubor del rubio fuera expresado tan claro por su hermana, solo intensificó la coloración de la cara de este, cosa que hizo sonreír sin pudor alguno al peliverde.

—Beh, nos vemos, Cabbage. Con dos princesas aquí creo que no podría pasar más rato cerca —dijo Bartolomeo riéndose, valiéndole pepino la mirada asesina que los dos hermanos brillitos le dedicaron.

—Idiota. Adiós —gruñó Cavendish, cruzándose de brazos.

Y cuando el peliverde se fue, la pelinegra se cruzó de brazos y vio con perspicacia a su hermano.

— ¿Me vas a seguir negando lo que sientes por ese hombre? —Hancock frunció el ceño— Pero lo más importante, ¿por qué alguien tan vulgar como él?

Cavendish hizo un mohín, pero después, sonrió de tal modo y deslumbró como nunca antes había deslumbrado por los halagos de la gente.

Y Hancock supo, que ahora ya no sería la única a quién el amor le diera más belleza.


Asdadafdfd, ¿y qué les pareció? No me odien por hacer que los interrumpieran otra vez ;w;(?), pero es necesario, JAJAJAJA, faltan algunas cosas todavía antes de que se den el besuqueo que todos quieren x'D, aunque tampoco falta taaanto.

Bueno, yo de verdad espero me hagan llegar sus comentarios; no saben lo feliz que es para mí el saber sus opiniones, de verdad ;-; ¡Motiva mucho leer al lector expresarse sobre la historia!

De acuerdo, ¡nos vemos el próximo viernes!