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03 Coqueteo inocente
Deja de verla Kussun, deja de recordar sus labios rosados muy cerca de los tuyos, ¡Deja de pensar en ella!
-Ok, estoy comenzando a preocuparme… -Pile-chan tocó mi hombro. -¿Qué está pasando contigo?
-¿Eh? –Aparté la mirada del rostro concentrado de Nanjo-san.
-Has estado mirando a Nanjo-sensei desde hace un buen rato.
-¿Lo he estado haciendo?
Es difícil apartar mi mirada de ella, aún más cuando ella se encontraba haciendo gestos que llamaban mi atención.
Fruncía el ceño al no tener la inspiración necesitada, su labio inferior lo mordía cada vez que no podía encontrar las palabras adecuadas, sonreía de lado cuando tenía algo en mente.
-Kussun, las estas mirando de nuevo~ -Se burló mi mejor amiga. –Se supone que vinimos a hacer una tarea, no mirar a las senseis.
-Lo siento, es inevitable. –Susurré en vergüenza.
-Te entiendo, no todos los días tienes a una belleza como ella en clases.
-No solamente es una belleza… -Volví a mirarla, pero esta vez ella…
Levantó su mirada conectándola con la mía.
-U-Uh… -No podía apartar mi mirada.
Nanjo-san sonreía coquetamente y sin verlo venir, me guiño un ojo desde la distancia.
Acción que me hizo sonrojar hasta las orejas.
-Ya no lo soporto, haré tu parte del trabajo… Estas muy distraída. –Bufó Pile-chan. –Mientras ustedes dos juegan a las miraditas, yo me iré al salón. Nos vemos~
-A-Ah, Nos vemos Pile-chan~ -Ella solo asintió y se fue de la biblioteca. -¿Ahora qué hago? -Miré mi cuaderno en blanco.
-¿Puedo sentarme contigo? –Levanté la vista de mi cuaderno, encontrándome una mirada café.
-¡¿N-N-Nanjo-sensei?! –Mi grito hizo que media biblioteca me silenciara con un fuerte "Shh".
-Te dije que Nanjo-san estaba bien. –Sonrió despreocupadamente. –Además, ¿Por qué lo gritas? ¿A caso te asusté?
-Claro que si, ¿No ves que estaba muy metida en mi tarea? –Desvié mi mirada.
-Mm… -Ella por sobre mi hombro miró mi cuaderno. –No hay nada escrito ahí… Eres una alumna mentirosa… -Lo susurró en mi oreja.
-¿Q-Que haces? –Di un pequeño salto al sentir sus manos en mis hombros.
-Ne, ¿Necesitas ayuda con alguna materia? –Preguntó suavemente.
-¿Uh? –La miré con confusión. -¿Por qué la pregunta?
-Bueno, tu cuaderno en blanco me dio la sensación de que necesitas ayuda. –Rió divertida. –Me pregunto en que estabas pensando en la clase que no prestaste atención.
-En ti…
Oh dios, ¡¿Dije eso en voz alta?! ¡¿Qué hago?! ¡¿Qué hago?!
-Yo también estuve pensando en ti. –Su barbilla se apoyó en mi hombro.
-¿E-Eh? –No me esperaba esa respuesta.
-'Idiota, ¿A caso olvidaste que ella dijo estar interesada en ti?' –Mi conciencia me regañó.
-'¡Pensé que solo lo dijo para molestarme!'
-'Entonces… explícame el porque se está apoyando en ti'
-¿Entonces? –Sus fríos dedos rozaron los míos, como un intento de llamar mi atención.
-B-Bueno… T-Tengo una dificultad con física… -Dije con nervios.
-Estás de suerte… -Su pulgar derecho acarició mis nudillos.
Se siente tan bien su tacto, su suavidad, su calidez…
-Uhm… -Tragué saliva pesadamente.
-Soy buena en esa materia, ¿Quieres que te de asesorías?
-N-No me molestaría –Respondí quedamente.
-Excelente, ¿Qué tal si comenzamos en este momento? O ¿Tienes que ir a clases? –Nanjo-san se apartó de mí para sentarse en la silla que estaba enfrente de mí.
-Está bien para mí comenzar en este momento, tengo hora libre. –Respondí.
-Bien, enséñame los apuntes. –Sin dudar ni un segundo saqué mi cuaderno de mi maletín y se lo extendí. –Oh, están viendo el gasto del agua…
-Me confundo con las formulas, ¿En qué momento debo multiplicar? ¿Y cuando dividir?
-No te preocupes, te lo explicaré paso por paso ¿Si? –Me dio una sonrisa alentadora.
-S-Si…
Nanjo-san es mucho mejor que mi sensei, ella te explica con paciencia y resuelve cualquier duda que tengas, le entiendes perfectamente sin necesidad de repetir nuevamente tus dudas.
-¿Entendiste? –Preguntó con amabilidad.
-Sí, no tengo ninguna duda. –Sonreí agradecida.
-Me alegro, ¿Te parece bien si te escribo algunos problemas para que los hagas tu sola?
-Me parece bien… -Nuevamente le extendí mi cuaderno.
-Espero que le entiendas a mi letra. –Ella comenzó a escribir en mi cuaderno.
No tardó mucho en devolvérmelo.
-O-Oh… -Exclamé en cuanto miré una hermosa caligrafía. –Tienes una hermosa letra…
-¿Lo crees?
-S-Si… -Asentí con mi cabeza. –Y no solo tu letra… tú también eres hermosa.
-Gracias, me siento halagada Kusuda-san. –Sus dedos tocaron los míos. –Ahora a resolver esos problemas… ¿No te molesta si estoy escribiendo la letra de mi canción?
-No, adelante. Debe ser aburrido observarme y corregir mis problemas.
-Al contrario, es entretenido. De hecho, me gustaría ayudarte en todo lo que pueda Kusuda-san.
-Deja de decir cosas tan extrañas… -Me sonrojé otra vez. –Me haces pensar que en verdad estás interesada en mí.
-Kusuda-san, lo de ayer…Lo dije en serio. –El cambio de su voz me sorprendió.
-¿No lo decías para molestarme?
-Claro que no, debes saber que no me gusta mentir. No por nada te dije que parecías una niña de 14 años.
-Estoy próxima a cumplir 17. –Inflé mi mejilla derecha con molestia.
Y la cual fue pinchada por un dedo.
-No hagas eso, me recuerda a mi hermano. –Aquella sonrisa me inquieta.
¿Por qué sonríe tan melancólicamente?
-Oye…
-¿Hm?
-¿Por qué muestras esa sonrisa al hablar de tu familia? Se supone que cuando hablas de familia debes mostrar una sonrisa por tenerlos o un ceño fruncido por algo vergonzoso que te hicieron.
-No lo entenderías… -Susurró.
-Entonces explícamelo, si en verdad estas interesada en mí, desde este momento te digo que me encanta la honestidad… -Susurré.
-Si te cuento sobre mi familia… ¿No llorarás, verdad?
-No, ¿Tan malo es que me cuentes sobre tu familia?
-Para mí lo es…
-Por favor, quiero saber más de ti, quiero descifrar el porqué de tu mirada solitaria…Quiero comprenderte…
-Kusuda-san… -Miré como mordía sus labios como gesto de nerviosismo.
-Por favor…
-U-Uhm… -Nanjo-san asintió con su cabeza. –Es muy complicado, esa es la razón por lo que no me gusta hablarlo…
Suspiró pesadamente
-Mi madre me rechazó por ser… -Dejó inconclusa la oración, así que no fue necesaria que la dijera, ya que entendí perfectamente lo que quiso decir. –Ella me echó de casa, pero antes de que ocurriera eso mi padre lo impidió, ganándose el divorcio por parte de mi madre y que ella tuviera la custodia total de mi hermano gracias a que ella mintió descaradamente sobre que ambos teníamos problemas mentales. Me sentí tan culpable por aquello que intenté alejarme de mi padre y convencerlo de que me abandonara a mi suerte.
-Nanjo-san… -Tomé sus manos entre las mías.
-Él nunca se apartó de mi lado aunque yo se lo rogara miles de veces, el me demostró que a pesar de todo siempre me amaría sin importa quien fuera. –Apretó mis manos un poco. –En verdad lo amaba…
-¿Lo amabas?
-Kusuda-san… él murió cuando yo estaba en secundaria, le detectaron cáncer muy tarde.
-Lamento hacerte hablar sobre eso…
-No te disculpes, ya sabía que en cualquier momento tendría que decirlo. –Suspiró. –En cuanto supe la noticia, mi mundo se vino abajo, en ese momento nunca pensé que el hombre más fuerte del mundo se moriría de cáncer, era irónico e imposible de creer. Cuando papá murió, tuve que dejar mi niñez atrás para convertirme en adulta a los trece años, estaba perdida, no sabía qué hacer, ¿Qué haría una niña de trece años que es odiada por su madre, sin padre y sin amigos?
-… -La miré en silencio.
-La mejor solución para mí en ese entonces era suicidarme, ¿Qué más daba? No tenía a nadie que me extrañaría, pero todo cambió cuando conocí a mi banda. –Sonrió levemente. –Ellos me brindaron hogar hasta que yo consiguiera uno y como verás así lo hice, gracias al dinero que gané en las presentaciones de fripSide en bares muy reconocidos. Así fue como llegué hasta la preparatoria, conocí a Shika-chan y aquí actualmente contigo.
-Que injusta eres, no me contaste tus años de preparatoria… -Hice un puchero.
Sé que algo me oculta, su sonrisa no esta completamente en su rostro, pero no la presionaré.
-Lo siento, aún no estoy preparada para decírtelo –Se disculpó sinceramente.
-No te preocupes...
-Cambiando de tema, ¿Terminaste los problemas?
-Am, ¿No?
-Además de mentirosa eres lenta. –Me alegró verla sonreír con burla.
-Mejor deja de criticarme y ponte a terminar tu letra. –Dije de vuelta.
-Sí, Si, lo que digas.
Nos sumamos en un tranquilo silencio.
En cuanto terminé mis problemas, le extendí mi cuaderno.
-Uhm, todas están correctas.
-¿Qué puedo decir? Tengo a la mejor tutora –Sonreí agradecida.
-Nuevamente me halagas. Bueno es hora de irme~
-Espera Nanjo-san. –La paré en su actividad de recoger sus pertenencias.
-¿No entiendes a otra cosa? –Preguntó amablemente.
-No es eso...Me preguntaba si... ¿Estás libre después del club? Aún necesito algunas cosas que entender...
-Te dije que haré lo posible por ayudarte. Y si estoy libre después de la hora del club, ¿Eso es todo?
-Ah, si... –Agaché mi cabeza.
-En verdad que eres linda~ -Nanjo-san alzó mi rostro con su mano libre. –Nos vemos después, Kusuda-san. –Nuevamente me guiño el ojo antes de irse.
-'Aina, cariño, cierra la boca que se pueden meter las moscas'
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-Es imposible que hayas sacado diez en el examen sorpresa de Ishimura-sensei. –Reclamó Mimorin.
-Alguien me ayudó. –Respondí simplemente.
-¿Quién? –Preguntó con curiosidad mi mejor amiga.
-B-Bueno...
-Perdón por la tardanza, Irena-sensei. –La voz de Nanjo-san me distrajo por completo.
-No te preocupes...Espera, ¿Qué sucedió con tu ropa? Estaba segura que estabas vestida con otra.
-Mi amiga por accidente derramo refresco en mi ropa, así que tuve que cambiarme.
Esa camisa morada de cuadros y esos pantalones negros ajustados sí que la hacían resaltar.
-Nanjo-san me está mirando, debo limpiarme la baba antes de que lo note –Con discreción limpié mi baba con el dorso de mi mano.
Al parecer lo que hice le causo gracia a la recién llegada, ya que cuburió su boca con su mano.
Qué vergüenza...
Al término del club
-¿A dónde vamos? –Pregunté.
-A un salón que pedí prestado. –Me mostró las llaves.
-¿No era mejor quedarnos en el club?
-Me dijeron que lo limpiarían, Me imagino que no querías trabajr con ruido, o ¿Si?
-No, me gustan los lugares tranquilos y callados, de alguna manera encuentro paz.
-Te entiendo. –Paramos enfrente de una puerta. –Vamos entremos. –Abrió la puerta con las llaves dadas y nos adentramos al salón.
Al estar dentro, Nanjo-san solo me dio una hoja con varios problemas para resolver.
En cuanto acabé le extendí la hoja.
-Uh, me sorprendes... Todas están bien. –Sonrió nuevamente.
-¿En serio?
-¿Cuántas veces tengo que repetirte que no me gusta mentir? –Su sonrisa cambió a una coqueta.
-Tal vez unas cuantas veces más.
-Tienes agallas. –Rió divertida. –Creo que ya es hora de irnos a casa, está anocheciendo...
-Te doy la razón.
Cuando recogimos nuestras y estábamos a punto de irnos, unos ruidos extraños nos alertaron.
-E-Espera...Aquí en el pasillo no... –La oración fue acompañado junto a un gemido.
Ambas nos miramos sin saber que decir.
-Este salón está abierto...Apresúrate que quiero hacerte mía.
El pánico nos invadió al escuchar la puerta deslizarse.
De un momento a otro sentí una mano tomar la mía y arrastrarme hacia el armario de utilería del salón.
-H-Hey... –Reclamé en un susurro.
-Shh... Si haces ruido nos descubrirán... –Susurró con advertencia.
-¿Cuánto tiempo crees que estaremos aquí? –Pregunté asustada al escuchar ruidos no muy bonitos afuera.
-Depende de la calentura que tengan esos dos. –Respondió como si nada.
-Oh dios... –Murmuré con nervios.
Créanme no es bonito escuchar gemidos de dos personas teniendo sexo a unos cuantos metros cerca de ti.
-¡Más!
No pude evitarlo, escondí mi rostro en el cuello de mi superior.
-Pronto saldremos de aquí... –Susurró tratando de tranquilizarme.
Pero era imposible tranquilizarme con aquellos sonidos que parecían dos animales salvajes en celo.
Inhalé profundamente, sintiendo en mis fosas nasales el aroma a vainilla del perfume de Nanjo-san.
-Vainilla... –Murmuré.
-¿Hm? –Levanté mi mirada de su cuello.
-Hueles a vainilla. –Repetí. –Hueles rico...
-Y me dices a mí que no digas cosas raras... ¿Quién te entiende? –Preguntó suavemente.
Me está dando calor por tan solo tener tan cerca el cuerpo de la asistente de mi sensei. Mi vista se enfocó en sus labios semi abiertos que estaban enfrente de mí.
-¿Quieres probarlos? –Sentí el dedo pulgar de Nanjo-san en mis labios.
Con suavidad delineaba mis labios con su pulgar, gracias a eso sentí un escalofrío por mi espalda.
-Te prometo que no morderé... –Se fue acercando poco a poco hacia mi rostro.
-¿Quién diría que terminaríamos en un armario encerradas?
Solo faltaban unos cuantos centímetros más para probar sus labios.
-Hm... –Nuestros labios se rozaban. –Tal vez el destino lo quiso así...
Por fin pude probar sus labios y puedo asegurar que estos saben a cereza.
Este cosquilleo en mi estomago se siente tan bien, el pequeño sonido de mi corazón latiendo por segundo se siente muy calido.
Pero tener sus brazos rodearme la cintura y que ejerza más presión en nuestros labios...
Es indescriptible y maravilloso a la vez...
CONTINUARÁ...
