Helloes :D Estoy de nuevo aquí, cumpliendo el horario perfectamente. Sé que es responsabilidad de los escritores mantener un ritmo razonable de publicación, pero esto es para mí sencillamente un logro. En mi archivo de Word, esta historia tiene ya 54 páginas que escribí en apenas 4 semanas (odio recordarles que en mi fic anterior escribí casi 80 en dos años), de modo que me siento sumamente orgullosa de que esto se esté dando de esta manera.

Respecto a este capítulo, como ya se lo he comentado a quienes me enviaron reviews, aún no se da el encuentro de Sakura e Itachi. Eso sucederá el próximo capítulo (no puedo esperar para publicarlo, espero que esta semana pase rápido). Como se habrán dado cuenta ya, este fic irá para largo, por lo que no siento ninguna urgencia de apresurar las cosas. Espero esto no les moleste. Tampoco quiere decir que irán a paso de tortuga, de hecho en este cap obtendrán la confirmación de algo que, a estas alturas, ya todas sospechan. Eso es lo único que diré por ahora.

Antes de seguir, quiero agradecer inmensamente a quienes me han apoyado por medio de sus reviews, leerlos se me hace sumamente agradable. También a quienes han agregado el fanfic a sus listas, más abajo estaré mencionando los nicks correspondientes.

Disclaimer: Naruto Shippuden y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Esta historia me pertenece a mí u_u. Queda prohibido publicarla sin mi autorización.

Ahora sí, ¡a leer!


CAPÍTULO IV: ALAS NEGRAS

Por Deirdried

Sakura observó las fotos en la pantalla de su computadora. Había googleado el lugar Gaia sólo para enterarse que quedaba del otro lado de la ciudad, en una zona un tanto tenebrosa durante la noche. No tardó en empezar a observar las fotografías que la gente asidua a los conciertos que se presentaban allí subía a las redes sociales. En la mayoría, las chicas iban vestidas con tacones de vértigo, faltas híper cortas sobre medias negras de red o pantalones de cuero sumamente ceñidos y diversos tipos de tops escandalosos que iban desde corsés de estilo gótico hasta camisetas rotosas con logos de bandas impresas en ellas, recortadas en lugares estratégicos para enseñar el estómago y el escote. Los accesorios no eran nada menos llamativos: camperas de cuero, guantes rasgados, collares negros con púas y pulseras llenas de dijes con símbolos poco ortodoxos.

Suspiró con preocupación. No tenía nada ni siquiera remotamente similar en su armario. Tampoco tenía cómo ir. Naruto jamás habría aprobado que ella fuera a un sitio como aquél. Se habría negado a llevarla de una forma tan rotunda que ni siquiera se atrevió a preguntarle.

La voz de Karin sonaba a través de los parlantes, por momentos se le hacía cansadora. También había googleado su banda, no quería ir sin saber siquiera qué clase de música tocaban. La primera canción que había oído era, desde luego, Gold Lion. Aquella no le pareció nada mala. De hecho le gustó bastante, pero había otras como que no le agradaron en absoluto.

Sacudió todo su armario en busca de algo que ponerse. Finalmente, decidió que lo más similar que poseía era unos jeans negros que casi nunca se ponía por ser demasiado ajustados, un top blanco con tirantes delgados y aquellos zapatos negros con tachas que tenía olvidados en una caja pues Ino la había prácticamente obligado a comprarlos para una fiesta de Halloween. Recordar a Ino le llevó a la mente la campera roja de cuero que su amiga había dejado entre sus cosas una noche en la que se había quedado a dormir.

Se maquilló con tanta sombra negra como fue capaz de colocar sobre sus párpados y luego se miró al espejo. Lucía como una persona totalmente diferente. Estaba segura de que, si se pusiera una peluca, ni siquiera su madre sería capaz de reconocerla.

Ya vestida, esperó hasta que fueran las 10 y pidió un taxi para salir hacia el dichoso pub. Se sentía tan incómoda que ni siquiera pudo mirar al hombre a los ojos. Llegó tras 15 minutos, y se bajó. Las personas que esperaban afuera vestían tal y como ella había visto en las fotos, y si bien la observaron durante unos instantes, después parecieron aprobarla y continuaron en lo suyo.

Sakura ingresó al lugar. La música era rock clásico, y había mucha gente allí. Escaneó la multitud en busca de una cabellera roja.

-Aquí estás –dijo la voz de Karin a sus espaldas- por un momento pensé que no vendrías. ¡Me encanta esa chaqueta!

-Hola Karin –Sakura saludó. Pronto notó que en aquel momento, la joven se encontraba sola.

-No me has dicho cómo te llamas –dijo la pelirroja, enlazando su brazo con el de ella de la misma manera en que lo había hecho el día anterior en la universidad. Ahora que ambas vestían tacones estaban casi a la misma altura, Karin todavía unos dos centímetros más alta.

-Soy Sakura Haruno –respondió la aludida.

-Es un nombre bonito –Karin respondió, guiándola a caminar hacia una mesa donde tres hombres se encontraban sentados.

Sakura los observó cuidadosamente. Uno de ellos era sumamente alto y fornido, de cabellos anaranjados, ojos pequeños y una nariz algo abultada. El otro tenía los cabellos blancos, le caían sobre la cara, perfectamente lisos. Sus ojos eran liláceos y tenía una peculiar sonrisa que no le agradó del todo. El último de ellos le puso los pelos de punta, pero se obligó a sí misma a seguir caminando en su dirección. Tenía los oscuros cabellos desordenados y la boca torcida en un gesto de extremo fastidio.

-¡Chicos! –Karin gritó, con emoción- Miren, esta es Sakura, es mi amiga y ha venido a vernos. Es nuestra fan –explicó en cuanto se hubieron acercado lo suficiente.

Había un bowl lleno de nachos en el medio de la mesa, y varios tarros con distintos aderezos. El chico de pelo blanco mojó uno de los nachos en un poco de queso fundido y se lo llevó a la boca, mordisqueándolo sin dejar de sonreír.

-Es un placer conocerla, señorita Sakura –habló el más grande de los tres, una sonrisa educada en su rostro- mi nombre es Juugo.

-Encantada –respondió ella, nerviosa. No podía dejar de sentir el peso de la inquisidora mirada oscura del otro muchacho.

-¡Vaya, Karincita! –el otro chico exclamó- hasta que por fin traes a una amiga a vernos. Ya pensaba yo que eras una pobre forever alone.

Karin le dio un golpe en la cabeza, sus ojos brillando con furia.

-Por supuesto que no –fue todo lo que dijo- No le hagas caso, querida, el tonto de Suigetsu no sabe de lo que habla –y le guiñó el ojo, implicando que sus amigos no estaban al tanto de la situación a la que ella se enfrentaba en la universidad.

-Gusto en conocerte, Suigetsu –Sakura murmuró.

-Oh, el gusto es todo mío, preciosa –él le guiñó el ojo, Sakura desvió la mirada rápidamente, haciendo como si no lo hubiese notado.

Sus ojos fueron a parar justo sobre el extraño hombre vestido de negro. Él la estaba mirando con el entrecejo ligeramente fruncido, como si la analizara a profundidad.

-Éste es mi novio Sasuke –la voz de Karin interrumpió su observación.

-Mucho gusto –masculló Sakura forzándose a sí misma a mirarlo a la cara otra vez. Seguía teniendo esa sensación inexplicable de que había algo terrible acerca de aquel hombre, y de que no quería permanecer cerca de él ni un segundo más. Pero resistió e intentó disimularlo como pudo.

-Hmp –fue su única respuesta. Y después de aquello, dejó de prestarle atención.

Sakura se sentó a la mesa con ellos, escuchando principalmente a Suigetsu y Karin pelear, a Juugo intentar calmarlos y tratando de no salir corriendo de la arrolladora presencia de Sasuke. En su estómago se revolvían el par de nachos con salsa picante que había probado únicamente porque Juugo le había insistido una docena de veces que comiera algo.

Sintió que estaba siendo observada por el pelinegro, y notó que le faltaba el aire. Peleó contra la urgencia de levantarse y salir tal como lo había hecho en el Burger King. Se obligó a sí misma a enfrentar la mirada de él, borrando de su rostro cualquier rastro de miedo. Frunció el entrecejo y volvió el rostro, observándolo.

Sus ojos lucían aburridos, se hallaba desparramado sobre la silla, con los brazos cruzados. A Sasuke no le llamaba la atención en absoluto aquella chica, aunque estaba al tanto del efecto que producía en ella, y por ello se le hacía extraño haberla visto de nuevo. Cualquiera habría supuesto que una persona tan aterrada se alejaría lo más posible de la fuente de su miedo. Algo en su mente le dijo que quizás ella estaba siguiéndolo, pero la idea le pareció un tanto absurda.

La voz de Karin subía y subía sus decibeles a medida que su estúpida discusión con Suigetsu se hacía más acalorada. Había ocasiones en las que esas peleas le parecían divertidas (aunque no lo demostrase), pero había otras en las que sencillamente tenía ganas de estrangularlos a ambos hasta que no quedaran rastros de sus voces sobre la faz de la tierra. Juugo les pidió que dejaran de hacer aquello porque estaban poniendo incómoda a Sakura. Fue entonces cuando ella dirigió su mirada hacia él, y Sasuke levantó la ceja, sorpresa y confusión en su expresión.

Ella lo había vuelto a ver con un ademán de completo enojo, como si le molestara su presencia, pero, ¿quién se creía que era? Aquello lo asombró principalmente porque la había notado bastante inquieta y asustada desde el momento en que lo había visto. No le sacó los ojos de encima. Endureció su mirada de ónice para intimidarla, pero, a pesar de que su postura se volvió un poco más tensa (si es que aquello era posible), no volvió el rostro como lo había hecho anteriormente. Casi le dieron ganas de abofetearla por su atrevimiento.

-¿Tienes algún problema? –le preguntó, su voz como un látigo aunque no levantó el volumen más de lo estrictamente necesario como para ser oído. Aquello bastó para que Juugo, Suigetsu y Karin le dieran toda su atención.

Sakura sintió los vellos de su nuca erizándose, las miradas de los cuatro presentes clavadas en ella como flechas. Todavía tenía el entrecejo fruncido.

-No –su voz sonó como el graznido de un ave asustada, buscando algo más que agregar, fallando estúpidamente.

-¿Entonces por qué miras a Sasuke de esa manera? –Karin interrogó.

Sakura la observó por unos segundos. No lucía molesta o celosa, sino extrañada. No tenía idea de qué responderle.

-Es sólo que… -murmuró, imprecisa- tenía la sensación de que me es vagamente conocido –se reprendió a mí misma ante la estupefacción de Karin, que pasó a mirar a su novio con ojos de reproche- No quiero decir que lo haya visto antes –se corrigió rápidamente- es más como que… me recuerda a alguien.

Aquella explicación pareció apaciguar a Karin, y contentar a Suigetsu y Juugo, pero Sasuke levantó las cejas todavía con más desconcierto.

-¿A quién? –preguntó, su voz grave y peligrosa como un estruendo.

Sakura se mordió el labio inferior, nerviosa. Observó que él abandonaba la posición de brazos cruzados y colocaba ambas manos sobre la mesa con excesiva lentitud, como si cada movimiento fuese previamente estudiado. Se preguntó cuántos segundos tardaría en estirar los brazos para asirla del cuello si eso deseara.

-No lo sé –respondió, suavemente- quizás sea sólo mi imaginación.

No lo convenció. No lo convenció en absoluto debido a la manera en que agachó la mirada y tamborileó los dedos sobre la mesa, y, sobre todo, la forma en que sus labios temblaron. Se quedó callado.

Sakura se hallaba tan increíblemente incómoda que, cuando les avisaron que era hora de subir al escenario, se sintió profundamente agradecida. Rechazó la invitación de Karin de subir al backstage diciéndole que prefería quedarse en la mesa pues podría verlos mejor. Juugo se colocó hacia la parte posterior del escenario, detrás de la batería. Suigetsu tomó un bajo blanco que descansaba sobre un soporte y Sasuke una guitarra roja con el logo de la banda. Karin se colocó detrás del micrófono.

La primera canción comenzó con unas notas del bajo. Sakura meditó la posibilidad de marcharse rápidamente mientras ellos estaban cegados por las luces fuertes y no podían verla, pero luego recordó lo emocionada que Karin había estado de poder llevar a una "amiga" a su concierto y desistió. No podía hacerle eso.

Se tomó la libertad de fijar sus ojos en el pelinegro que tocaba sumido en un estado de total concentración, moviendo ocasionalmente su cuerpo al compás de la música. Visto de ese modo no parecía tan extraño.

Sacudió la cabeza, riendo una ligera carcajada sin humor, sintiéndose una estúpida. No podía creer lo que había hecho. Había acosado, mentido y se había aprovechado de Karin sólo para volver a ver a aquel misterioso extraño del cual había pensado nada más y nada menos que ¡era un Karasu Tengu!

Se removió, incómoda. Aquel estúpido libro antiguo y su estúpida ilustración la habían sugestionado de una forma tal que había creído por unos momentos, ¡sí, creído!, que aquel ser mitológico era real y que ella había visto uno afuera de un Burger King. Volvió a reír ante lo disparatado que aquello sonaba, masajeándose las sienes y sintiéndose una cretina. El retrato la había hechizado de una forma tan obscura que, el sencillo hecho de ver a un hombre ligeramente parecido la había asustado profundamente.

Las siete canciones que tocaron le agradaron bastante, y se permitió a sí misma relajarse mientras las escuchaba. Se preguntó qué diría Naruto cuando se lo contara, y la carcajada escandalosa de su mejor amigo resonó de forma tan burlesca en su cabeza que decidió no decirle nada. Red Fury se bajó del escenario para dejar paso a Passenger, y Karin se colgó del cuello de Sasuke, que lucía ligeramente fastidiado pero tampoco la apartaba.

-¿Qué te ha parecido? –la voz de Suigetsu la sobresaltó, su enorme sonrisa puntiaguda deslumbrándola.

-Ha estado bien –respondió.

-¿Sólo bien? –insistió el muchacho, entrecerrando sus ojos violáceos en una expresión que sólo podía querer decir: "sé que estás ocultando algo"- Creí haber oído a la zanahoria decir que eras nuestra fan, deberías demostrar más entusiasmo si quieres que tu papel se vea convincente.

Sakura sintió el sudor deslizarse por su sien, bajando por su cuello y yendo a morir en su pecho.

-¿De qué hablas? –Atinó a preguntar- No estoy representando ningún papel.

-Oh, claro que lo estás –la sonrisa del muchacho se le borró del rostro tan sólo un instante, para reaparecer con más fuerza- Se nota a leguas que no eres una fan de nuestra música y que estás aquí esta noche por otra oscura razón...

-De verdad –Sakura lo interrumpió, poniéndose a la defensiva- lo que estás diciendo no tiene nada de sentido.

Suigetsu rió ligeramente, tomando asiento a su lado, inclinándose hacia ella de una forma que a Sakura le pareció un poco intimidante, pero trató de no demostrar lo nerviosa e incómoda que se sentía.

-Te haré una pregunta que sí que tiene sentido –Suigetsu profirió- ¿Cuánto te pagó Karin para venir aquí y fingir que eres su amiga?

Sakura no pudo evitar echar una carcajada, en parte divertida por la peculiar idea, y en parte aliviada por no haber sido descubierta.

-¿Por qué habría de pagarme? –respondió en lo que Juugo se sentaba junto a ellos a la mesa. Dio una rápida ojeada hacia Karin y Sasuke, que seguían hablando con unas personas.

Suigetsu ladeó el rostro, mirándola con genuino interés.

-¿Entonces no lo hizo?

-Por supuesto que no –Sakura contuvo las ganas de seguir riendo mientras se imaginaba la hipotética situación.

-En ese caso no te importará pasar el rato con nosotros en alguna otra ocasión, ¿eh?

-¿De qué están hablando? –Preguntó Juugo, antes de que ella pudiese responder- ¿Te ha gustado el concierto, Sakura?

-Oh, desde luego –le contestó, ganándose una sonrisa del enorme muchacho.

Meditó si responder a la pregunta de Suigetsu, pero una mirada hacia el oscuro guitarrista de la banda la hizo decantarse hacia el no. Lo aceptaba, a pesar de que aquel chico aparentemente no tenía nada fuera de lo normal, algo en él la repelía, y ella prefería hacer caso a sus instintos. Al menos ya se había asegurado de que, al parecer, Karin no corría ningún peligro.

La pelirroja y Sasuke caminaron hacia la mesa, ella todavía colgada de su cuello. Sabía bien que a él le molestaba que hiciera eso, pero había demasiadas razones por las cuales tenía que marcar su territorio. Cuando cruzó la mirada de sus ojos rojizos con los ojos verdes de Sakura, que los observaba con disimulo, sólo pudo esperar que ella no se convirtiera en una de esas razones. Había visto que Sasuke le había prestado significativamente más atención que la que daba a otras chicas y, si bien no se había mostrado demasiado interesado, aquello era una especie de signo de alarma para ella. Uno al que definitivamente tenía que prestarle atención.

*shushushushus*

El pergamino era viejo y olía a moho. Algunas de las palabras eran ilegibles por el paso del tiempo y las pésimas condiciones en las que había sido almacenado. Lo único que Itachi deseaba era que aquella información fuera verdadera, no como las pistas que él y Kisame habían perseguido infructuosamente hasta el cansancio. Levantó los ojos lentamente como respuesta al sonido de la puerta abriéndose. Su hermano entró, trayendo consigo el estuche de la guitarra que había visto y a una chica de cabellos rojos como el fuego y gafas de marco oscuro.

-Itachi –el menor pronunció, y la forma en que su expresión cambió, rápida como un destello, como si el atisbo de sonrisa que había curvado sus labios hacía instantes nunca hubiese existido envió una punzada de dolor en alguna parte de su pecho.

Sin demostrarlo en absoluto, Itachi se puso de pie, enrollando parsimoniosamente el pergamino para meterlo en el contenedor.

-¿Creíste que dormía? –preguntó como un fútil intento de romper la tensión.

-Sí –Sasuke contestó, visiblemente irritado.

Itachi posó sus ojos sobre la muchacha. Estaba vestida de una forma bastante provocativa y pudo notar a simple vista que le encantaba llamar la atención. Sus ojos rojizos lo observaron con asombro.

-¿Es tu hermano, Sasuke? –Karin preguntó, fascinada por el parecido del muchacho con su novio.

-Hmp –profirió él por toda respuesta.

-Mi nombre es Karin –la joven no cabía en sí de la alegría, si se presentaba ante uno de los familiares de Sasuke entonces quería decir, definitivamente, que su relación había alcanzado un nuevo nivel- Estamos saliendo –agregó con una sonrisa.

Itachi se esforzó por no levantar una ceja de forma inquisidora. A Karin una idea comenzó a gestársele en la mente con rapidez.

-Itachi –respondió sencillamente, asintiendo a modo de saludo- Volveré en dos horas –comunicó después para su hermano, dirigiéndose afuera sin esperar una respuesta.

No se dirigió a las calles vacías y tristes sino que decidió subir las escaleras a paso lento hacia la terraza del edificio. Aquella parte de la ciudad era especialmente oscura pasado cierto horario, pero las nubes que ocultaban todas las estrellas y hasta debilitaban el resplandor de la luna la hacían ver de un modo casi tétrico.

Itachi se sacudió y sintió su cuerpo cambiar. Rápido, como una flecha recién disparada, emprendió el vuelo, sus alas negras como dos trozos de cielo nocturno batiendo un par de veces para propulsarlo hacia adelante y hacia arriba.

Inspiró hondo y se impulsó con más fuerza, como si quisiera romper el viento con sus alas. El aire era frío y estaba lleno de humedad, e Itachi se sentía vivo, todas y cada una de sus células. Aquella sensación de libertad no podía ser comparada con nada. Durante aquellos breves momentos, sentía que estaba completo y que nada podía detenerlo. Nada podía apresarlo ni dictarle el rumbo. En esos fugaces instantes, nada podía obligarlo a tomar decisiones que lo encadenasen a un pasado más oscuro aun que sus espesas plumas.


¡Tararán! Eso ha sido todo por ahora. Espero que les haya gustado, y ya saben, el gran momento se dará en el próximo capítulo.

Se permiten (y requieren) reviews con sugerencias, impresiones, comentarios, críticas, vegetales destinados a estrellarse contra mi cuerpo y, en fin, todo lo que deseen.

Ahora sí, las más importantes menciones a quienes han dejado sus reviews para el capítulo anterior. Mil gracias a: Sin Nombre, sakkuharuu, Hiyoko-sama, Sakura Hatsu, MichelleLeeHan, vampire andrea, Sarumi y Emma3mikan.

También muchas gracias a quienes agregaron el fanfic a sus listas, espero leer de ustedes muy pronto: Evangeline K, Sasu Love For Ever, BleachNaruto2712 y Akshock

Bueno, sin más qué decir, me despido hasta el próximo jueves. Gracias por leer.

Cambio y fuera~

Deirdre.